La pareja emocionalmente ecológica

Ecología emocional y relaciones

Formamos parte de un ecosistema físico resultado de la interacción de todos los sistemas mentales y emocionales que lo constituyen. Somos parte de un gran todo y, en este momento de la historia de la humanidad, ya padecemos mayor contaminación emocional que atmosférica.

Los grandes principios de la ecología del medio ambiente pueden ser aplicables a la gestión de nuestro mundo emocional y facilitan su comprensión. Así hablamos de energías emocionalmente ecológicas, reciclar emociones, clima emocional global, lluvia ácida, basuras emocionales, contagio emocional, contaminación emocional, desertización, vitaminas emocionales, espacios protegidos… La Ecología Emocional ofrece estrategias concretas para mejorar nuestra vida.

Definimos “Ecología Emocional” o Psico-eco-afectividad como el arte de gestionar nuestros afectos canalizando y dirigiendo creativa y amorosamente su energía para construir una vida más armónica y sostenible. Es un trabajo en equipo mente-emoción. El concepto “eco” hace referencia a la importancia de que ambas vertientes trabajen integradas para que nos muevan a efectuar acciones de mejora en nuestra persona y en los sistemas humanos y sociales en los que estamos inmersos. Incluye dos valores esenciales: la responsabilidad y la conciencia del impacto emocional global.

La gestión emocionalmente ecológica de nuestras emociones

Generamos basuras a diario. Imaginad que cada día cogemos las bolsas llenas de desechos, las atamos, las apilamos en una habitación de casa y cerramos la puerta. Así día tras día. ¿Qué ocurriría? Empezaría a oler mal toda la casa y llegaría un momento en que la vida allí sería imposible para nosotros y para nuestros vecinos.

Todos sabemos cuál es la conducta adecuada: llevar a diario nuestras basuras al contenedor más próximo para que sean recogidas, recicladas, quemadas o reutilizadas. Puro sentido común. Pero, ¿hacemos lo mismo con nuestras emociones? No siempre. Las escondemos, las apilamos, dejamos que “se pudran” y, al retenerlas permitimos que contaminen nuestro interior. Por eso es preciso reciclar o eliminar diariamente nuestras “basuras emocionales”. Como decía Gandhi:

Si cada día nos arreglamos el cabello… ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?”

Diferenciar las emociones que se pueden reciclar de las que son altamente tóxicas es un arte que forma parte de las competencias que la ecología emocional desarrolla. Uno de los muchos aspectos de la gestión emocionalmente ecológica de nuestras emociones consiste en aplicar las 4R de la sostenibilidad al territorio emocional. Reducir la emanación de tóxicos emocionales, Reciclar lo que sea reciclable (por ejemplo podemos convertir la ira en fuerza para encajar una adversidad, los celos en desprendimiento, la envidia en superación personal…). Reparar las heridas emocionales y las ofensas y Reutilizar nuestras capacidades dormidas.

La gestión de la energía emocional

Crisis climática, destrucción de los medios tradicionales de subsistencia, agotamiento de recursos…Estos retos del medio ambiente pueden extrapolarse al mundo emocional. ¿Qué clima emocional respiramos? ¿Cómo gestionamos nuestros recursos? Podemos conectarnos a fuentes de energía sostenibles, limpias y renovables o bien a fuentes emocionales insostenibles y contaminantes; canalizar correctamente nuestra energía y dirigirla a los objetivos que realmente queremos o bien perderla por el camino, invertirla incorrectamente y derrocharla sin ton ni son.

Ahí reside la explicación de por qué no conseguimos los objetivos deseados y por qué, a veces, nos sentimos cansados, desanimados y sin fuerzas para perseverar; sin ánimo para luchar por nuestros proyectos, sin ilusión para vivir nuestro día. La ecología emocional nos ayuda a comprender mejor que nos ocurre y a reconectarnos a fuentes emocionalmente sostenibles, renovables y ecológicas que nos permitan mantener un buen nivel de energía.

Fuentes de energía: de donde parte la energía que nos mueve a la acción

  • INSOSTENIBLE: coacción, obligación, necesidad imperiosa, prisas, deuda, culpa, resignación, venganza.
  • SOSTENIBLE: amor, alegría, compasión, cariño, gratitud, ternura, solidaridad, generosidad.
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Canalización: Cómo la orientamos, qué límites la sostienen

  • INSOSTENIBLE: fugas de energía: quejas, excusas, victimismo; fragilidad en la contención de la energía; direccionamiento inadecuado; intención sin acción coherente.
  • SOSTENIBLE: fuerza de voluntad, decisión, valentía, autoestima, espíritu crítico, disciplina, esfuerzo, perseverancia, atención, concentración.

Cómo nos relacionamos con la energía y donde la invertimos:

  • INSOSTENIBLE: avidez, retención, infrautilización, mezquindad; derroche, despilfarro; apostar por la seguridad; querer cambiar a otros; la rapidez como valor; seducir en lugar de educar; mantener las ofensas; vocerío mental.
  • SOSTENIBLE: solidaridad energética, compartir, colaborar, dejar fluir, aplicar las R: reciclar, reutilizar, reducir, restaurar, reparar; educar, desprendernos, autogestionar.

Flujo, renovación, intercambio:

  • INSOSTENIBLE: dirección única – dar sin recibir -; agotamiento del sistema por colapso del mismo; negación a aprender, egoísmo.
  • SOSTENIBLE: generosidad con nosotros mismos, con los demás y con el mundo tanto en el sentido de saber dar como de permitirnos recibir.

Una relación de pareja emocionalmente ecológica

La pareja emocionalmente ecológica es la formada por dos personas autónomas, independientes y enteras que se eligen en libertad y responsabilidad y que están dispuestas a trabajar en su proyecto individual a la vez que a construir un proyecto conjunto. Aportamos a la pareja lo que cada uno somos + nuestro potencial de mejora + el trabajo amoroso que estamos dispuestos a realizar. Para encontrar al otro, debemos estar abiertos a nuestra propia realidad.

El principio esencial para la convivencia armónica y construcción del buen amor parte de dos personas autónomas, independientes y enteras que se eligen en libertad y con responsabilidad. El primer reto es el propio crecimiento y mejora individual ya que será la base para éxito de los pasos siguientes. Si queremos compartir un camino es preciso tener “un camino para compartir”.

Elegir bien es clave, porque la compatibilidad de los valores y proyectos individuales de vida y la posibilidad de construir algo juntos condicionará el éxito de la relación.

Hay parejas que no tienen “proyectos amorosos”, solo pactos de primera necesidad y sabemos que una persona se convierte en la víctima de las víctimas cuando su necesidad de ser amada eclipsa a su necesidad de ser respetada. Una relación de pareja solo se justifica cuando es un espacio de crecimiento individual y conjunto. De no ser así, mejor solos.

Las 7 leyes de la gestión ecológica de las relaciones de pareja

  1. Ley de la autonomía: Ayúdate a ti mismo y tu pareja te ayudará.
  2. Ley de la prevención de dependencias: No hagas por tu pareja aquello que ella pueda hacer por sí misma.
  3. Ley del boomerang: Todo lo que haces a tu pareja, también te lo haces a ti mismo.
  4. Ley del reconocimiento de la individualidad y la diferencia: No hagas a tu pareja aquello que quieres para ti, puede tener gustos diferentes.
  5.  Ley de la moralidad natural: No hagas a tu pareja aquello que no quieres que te haga a ti.
  6. Ley de la autoaplicación previa: No podrás hacer ni dar a tu pareja aquello que no eres capaz de hacer ni de darte a ti mismo.
  7. Ley de la limpieza relacional: Tenemos el deber de hacer limpieza de las relaciones de pareja que son ficticias, insanas y que no nos permiten crecer como personas.
Por Mercè Conangla y Jaume Soler
Fundació Àmbit Ecologia Emocional
@EcoEmocional

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