“La verdad de una situación determinada”

Humberto Maturana señala que vivimos en un presente continuo, es decir vivimos ahora y nada más que ahora. Y en este ahora estamos con nuestro pensamiento, con nuestra emoción, con nuestra personalidad que seguramente están condicionados por experiencias e historias pasadas ocurridas tal vez en un tiempo cercano o lejano. Y es así como interpretamos un suceso que nos está ocurriendo ahora y esa es “mi verdad”, pero no es “la verdad”. Es lo que señalé con otras palabras en uno de mis documentos anteriores “el mapa no es el territorio”.

El problema surge justamente cuando pienso y creo que “mi verdad” es “la verdad” y no podemos comprender que la otra persona no lo vea, no lo entienda de mi manera, es por lo que de esta forma elaboramos interpretaciones y suposiciones respecto del otro o de la otra. Con la carga emocional que existe en ese momento, hacemos evaluaciones y juicios de la situación y/o de la otra persona lo que torna la comunicación en conflicto. Es por esto que se recomienda que cuando hay una situación estresante se deje pasar un tiempo ya que ese tiempo futuro será otro presente con un estado de ánimo diferente, lo que puede establecer una nueva relación con ese hecho del pasado.

Tradicionalmente se señala que las relaciones son recíprocas y bidireccionales. Pero actualmente se sabe que eso no es así, las relaciones entre dos personas no son recíprocas, Cuando A se relaciona con B lo hace desde A y B lo hace desde B, lo que sí puede decirse que son simultáneas, que ocurren en el mismo momento, sobre un mismo tema pero la Comunicación cada uno la hace desde sí mismo con la percepción que sólo él o ella ha tenido del asunto.

Muchas personas discuten para “tener la razón”. “Tener la razón” no garantiza resultados satisfactorios, es más pone en riesgo la relación.

Cuando se discute con la finalidad de llegar a un acuerdo se está movido por mantener la relación, ya que el objetivo es llegar a puntos de encuentro que puedan sostener la relación por largo tiempo.

Sintetizando: si estoy consciente que “mi verdad” es mía y la de la otra persona puede ser diferente; si me desprendo de los juicios y evaluaciones; si creo que podemos llegar a acuerdos, si “lo veo”, “lo escucho”, estoy actuando con respeto hacia el otro, hay reconocimento del otro, lo estoy valorando y como consecuencia transversal me estoy valorando yo, pues yo lo he elegido como pareja.

¡No me entiende!

¡No me siento feliz, realizada/o!

¡Me siento atrapada/o!

¡No se preocupa por mí!

¿Cuántas veces hemos dicho exclamaciones similares? o hemos escuchado a nuestras amistades decirlas. Es probable que más de una vez. Y yo me pregunto ¿cuántas veces he manifestado claramente mis necesidades?. ¿Pretendemos que el otro o la otra sea un adivino/a que percibe en el ambiente lo que no le decimos?.

¿Qué nos pasa si necesitamos o deseamos algo y no lo obtengo?, probablemente nos frustramos y eso conlleva una emoción y por ende un comportamiento, puede ser enojo, falta de ánimo, malas caras etc. Cuando la otra persona nos pregunta ¿qué te pasa? Le podemos decir ¡nada!, pero nuestro lenguaje no verbal dice otra cosa, o tal vez lo/la increpamos atacándolo/la o “sacando trapitos al sol” acumulados. Esto genera una discusión por lo general agresiva en el que uno ataca, el otro se defiende atacando también, probablemente la comunicación se pierde por un cierto tiempo y en cierta medida la relación se resquebraja.

¿Qué es más sano, señalar lo que necesitamos o deseamos o no manifestarlo?. A mí no me cabe duda que es más saludable expresarlo verbalmente en un ambiente de armonía, pero hay que tener muy claro que si pedimos algo debemos estar abiertos a que la respuesta sea Si, No o una situación intermedia, si no es así quiere decir que no estamos pidiendo sino que estamos “imponiendo” que lo que yo deseo se cumpla.

Según la Real Academia Española “Diálogo es una plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos “.

Pienso que debemos aprender a dialogar con nuestra pareja, teniendo presente que así como yo tengo mis necesidades, la otra persona también las tiene, que no puede adivinar mis deseos y que los suyos pueden ser diferentes, tenemos “mapas del mundo” distintos y la única forma en que él o ella conozca el mío es manifestándoselo como un anhelo mío no como una deficiencia del otro por no descubrirlo, así podemos ir sembrando el campo de la armonía.

Eliana Zlatar Z.

Consteladora Familiar Sistémica – Practitioner en PNL

www.comprendiendo.cl

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