Temas de Vacaciones: Tres Estrategias para Sobrevivir al Carrete Adolescente

Para quienes tenemos hijos adolescentes el tema de los carretes de verano no es menor. Es natural que en este período ellos quieran estar “donde las papas queman”, todo el tiempo posible, y es también muy legítimo querer una cierta regulación por la pura necesidad de cuidar nuestro descanso como adultos, algo que necesitamos, especialmente si seguimos trabajando.

Por otra parte, el abuso de alcohol y el consumo de marihuana, así como otras conductas riesgosas asociadas a la presión social en esta etapa, son un llamado de atención urgente a los padres para hacernos cargo y actuar para cuidar la salud y el bienestar de nuestros adolescentes. No podemos confiar en las políticas públicas que han demostrado ser absolutamente inoperantes. Ni en lo que otros padres hacen con sus hijos, porque no hay criterios comunes y uno sólo puede decidir por uno mismo.

Existe la percepción de que muchos padres no se preocupan suficientemente de sus hijos adolescentes, porque efectivamente hay poco control y conocimiento de lo que hacen, tal como muestran estudios del SENDA. Sin embargo, tengo un diagnóstico diferente. Por mi experiencia como educadora y coach parental creo que la gran mayoría de los padres aman profundamente a sus hijos y quieren lo mejor para ellos, pero en la adolescencia les cuesta cambiar hacia un rol más adecuado para guiar a los adolescentes. La adolescencia nos pilla muchas veces desprevenidos. Pienso que los padres de adolescentes no son flojos ni despreocupados, sino que se paralizan o actúan de forma errática más por falta de habilidades que por falta de amor y cariño.

Sería largo abarcar todas las habilidades, actitudes y cualidades que debe tener un papá o una mamá para ser un guía apropiado en la adolescencia (https://www.talleresama.cl/copia-de-talleres-ama-3), pero ya que estamos en una época de mucha presión de parte de nuestros hijos por carretear, quiero compartirles tres claves muy concretas que, como buenos guías, nos ayudarán a tener unas vacaciones con menos conflicto y más cercanía con  los hijos.

1. Presencia. Esto significa dos cosas. Por una parte establecer ciertos mecanismos de control y observación de las conductas de nuestros hijos, adecuadas a la edad. Por ejemplo, definir hasta qué edad será necesario irlos a dejar y a buscar a las fiestas, pedirles que pasen a despedirse cuando llegan o abrirles la puerta personalmente, ponerse de acuerdo con otros padres etc. También notar el olor con que llegan, si están consumiendo solos, conocer a los amigos, ofrecer la casa de vez en cuando, etc. No recomiendo hurgar en sus cosas o tomar una actitud de detective, sólo de alguien que se preocupan por el bienestar. En ese sentido, se sabe que este tipo de medidas son protectoras para retrasar el consumo de alcohol. Estar presentes además, y esta es la parte más importante, es dedicar tiempo al hijo o hija en conversaciones individuales. Cuando tenemos estas instancias tratar de que sean conversaciones agradables, sin sermones ni críticas. Preguntarles sobre cómo lo están pasando, sobre sus amistades, lo que esperan de las vacaciones, los propósitos y sueños. También contarles sobre tus vacaciones adolescentes, lo mucho que aprecias el descanso, o qué esperas tu de estas vacaciones. Nos podemos reír juntos, hacer algo como un deporte u otra actividad, lo importante es conectarse uno a uno y demostrar nuestro interés por él o ella. Hoy día sabemos que este tipo de interacciones producen una conexión emocional muy profunda que fortalece los vínculos; y al mismo tiempo, genera conexiones neuronales muy precisas que permiten el autocontrol y la capacidad de pensar antes de actuar. Es justo lo que necesitan en situaciones de riesgo.

2. Acuerdos. Con los adolescentes no podemos seguir imponiendo reglas sin escuchar su opinión. Y esto no se trata de hacernos amigos de los hijos ni de perder autoridad. Es simplemente respetar la etapa de desarrollo en que están. Entre los doce y los veinticuatro años se produce una “tormenta cerebral”, como ha descrito Daniel Siegel, (uno de los investigadores más relevantes del desarrollo de la neurociencia), los importantes cambios que se producen en el cerebro de los adolescentes. Hay una maduración acelerada y progresiva de su capacidad de pensamiento abstracto, razonar, fundamentar, empatía, entender las consecuencias de sus acciones, planificar el futuro, etc. Con alguien que puede tener juicios propios y con una mayor autorregulación emocional, es necesario dialogar. A su vez, dándoles la oportunidad de expresar sus sentimientos e ideas, cooperamos para que esta maduración del cerebro sea la mejor posible. A los más chicos, desde los doce hasta los catorce, podemos plantearles alternativas más acotadas: ¿qué prefieres, salir un día de semana y otro de fin de semana? ¿O viernes y sábado?, puedes elegir dos horas de play en la mañana o divididas en una hora en la mañana y otra en la tarde. Después de los catorce habrá un sistema mixto pero tendiente a darles a ellos la posibilidad de presentar sus propias alternativas, con las cuales podemos estar de acuerdo o no y luego negociar. Otra recomendación es establecer acuerdos sobre los permisos y límites, pero también sobre las consecuencias que conllevará el no cumplir acuerdos. ¿Qué pasará si no llega a la hora establecida, si toma o abusa del alcohol, si no cumple con las responsabilidades en la casa, etc.?

Hacer acuerdos requiere necesariamente que nosotros pensemos en lo que queremos de ellos y fundamentar nuestras expectativas. Ya no vale el porque yo lo digo. En consecuencia, seremos padres más seguros y eso para un adolescente significa autoridad. Ellos, a su vez, estarán obligados a fundamentar también sus ideas, excelente ejercicio para su capacidad de razonar.

3. Consecuencia. Si hay algo que nos valida como autoridad frente a los hijos, es la integridad. Los adolescentes están en una etapa en que quieren diferenciarse de los adultos y por eso están muy atentos a nuestros comportamientos. En primer lugar, ver qué tipo de modelaje hacemos con nuestra conducta frente al consumo de alcohol o cigarrillo, o incluso marihuana. Obviamente como adultos legalmente podemos tomar, pero no abusar, ni manejar, por ejemplo. Hay padres que piensan que los adolescentes debieran empezar a consumir antes de los dieciocho para que aprendan a tomar. Dados los conocimientos que hoy tenemos sobre las consecuencias del alcohol en el desarrollo es recomendable retrasar el consumo lo más posible, siendo realistas de que probablemente tomarán en algunas ocasiones antes de la edad legal. A los dieciocho podrán aprender a regularse mucho mejor que a los quince o dieciséis. También el ser consecuentes implica hacer lo que predicamos. Si digo que voy a estar presente y acordamos que nos vamos a juntar a conversar una vez a la semana, cumplir ese compromiso. Si ando diciendo a los cuatro vientos que siempre voy a buscar a mi hijo, no usar Uber o delegar esa responsabilidad cada vez que puedo, etc.

No es fácil hacer estas tres cosas, estar presentes, hacer acuerdos y ser consecuentes, pero vale la pena. Te sorprenderás de lo reflexivos que pueden ser los adolescentes y de lo agradecidos que se muestran cuando les mostramos aprecio y una real preocupación por su bienestar y felicidad.

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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Lecciones de un rotundo fracaso

No puedo estar más desilusionada con la derrota de Chile y su eliminación del Mundial. Menos puedo imaginar la desazón de los jugadores y el cuerpo técnico que deberán enfrentar a los medios de comunicación y a todo un país.

Sin embargo, el fracaso es una tremenda oportunidad para aprender. Nuestros hijos menores crecieron viendo triunfos y no habían presenciado una caída tan significativa de los bicampeones de América. Como padres podemos sacar provecho de esta derrota para mostrar a nuestros hijos cómo asumirla con resiliencia y contención. La psicología positiva revela que las personas felices no son las que menos fracasan o las que más ganan, sino aquellas que tienen una mirada positiva sobre su propia vida. No caigamos en el pesimismo diciendo que se acabaron los años de gloria ya que Chile ha crecido mucho futbolísticamente y no se retrocede veinte años de la noche a la mañana.

Enseñémosles a ser compasivos, ya que escucharán y leerán todo tipo de críticas destructivas hacia el entrenador y jugadores. El fracaso es parte de la vida, no es lo que determina nuestra felicidad y no se es menos valioso por haberlo sufrido. Creer que se puede vivir de éxito en éxito es una ilusión que tarde o temprano lleva a no arriesgar nada y a no disfrutar del triunfo por miedo a perder. Charles Dickens dijo que “cada fracaso le enseña al hombre algo que debe aprender“.    

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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Hijos adolescentes y castigos: ¿lo estamos haciendo bien?

Artículo publicado originalmente en El Definido

Para ningún padre es fácil lidiar con la adolescencia, sobre todo cuando de imponer límites se trata. Aquí una guía para entender por qué muchos castigos no funcionan.

No tengo hijos adolescentes, pero estoy básicamente a 5 minutos de convertirme en la mamá de uno. El tema de conjugar libertad, confianza y control en una edad en la que ya no le apagas la luz cuando quieres que se duerman, no le quitas el celular para que estudie o tampoco le prohíbes salir a jugar afuera, no es nada de fácil. ¿Qué se hace cuando el púber de tu casa no te pesca ni por si acaso? ¿Cómo logras hacerlos entender que se están equivocando y MAL? ¿Hay que castigarlos? ¿Funcionan los castigos? ¿Cuáles hay que aplicar?

La polémica autoridad

Debemos partir por analizar el concepto de autoridad y si efectivamente somos una para los jóvenes que nos rodean. La palabra autoridad no goza de buena fama, se asocia a rigidez y mala onda. Es lamentable, porque bien entendida puede ser la clave del éxito para la educación y los vínculosAdemás personalmente considero que sin ella, es prácticamente imposible llegar a buen puerto.

Por otra parte pretender transformarnos en voces respetables y con peso frente a nuestros hijos cuando el cabro ya tiene 15 años, es tan difícil como que Rodrigo Valdés se gane el título del empleado del mes. A esas alturas, estamos llegando más tarde que ENEL a resolver los problemas de sus clientes. Pero volvamos al concepto.

José Ramón Ayllón, licenciado español en Filosofía y Letras, en su libro 10 claves de la educación afirma que “en su esencia la autoridad no consiste en mandar, etimológicamente la palabra proviene de un verbo latino que significa algo así como ‘ayudar a crecer’”.

Bonita definición, porque escapa de ese papá tenebroso al que no se le puede discutir y nos acerca a esos padres amorosos que a veces tomarán decisiones difíciles para ayudarte a crecer de la mejor manera posible. Todo muy bonito, pero fíjate querida columnista que en este minuto tengo al adolescente condicional porque lo pillaron copiando en el colegio. Entonces ¿qué hago?

Reconsiderar el castigo

¿Por qué no funcionan? ¿Por qué no me hacen caso si fui severo? María José León, sicóloga de la Universidad Adolfo Ibáñez y magister en psicoterapia integrativa nos recalca que la palabra castigo no tiene mucho sentido con el adolescente.

“La idea es que las personas aprendan a hacerse cargo de sus propios actos y las consecuencias que tienen estos. Y es por esto que la palabra castigo no contribuye mucho con ese objetivo, porque la figura parental se transforma en un carabinero o sargento, que lo que hace es imponer algo por ley, porque sí, lo que no invita al desarrollo de la autorregulación, característica fundamental para unas relaciones sociales sanas y productivas”.

Para entrar en un diálogo en donde a los jóvenes entiendan que sus actos tienen consecuencias y que deben asumirlas, lo fundamental es que los padres hayan ejercido un rol de autoridad desde que el niño era chico y que ante todo, ese papá o mamá tenga una vida coherente con lo que predica. Sería raro que el papá castigue al cabro porque llegó borracho, cuando el fin de semana el mismo papá subió gateando las escaleras de la casa. La coherencia es una virtud que no pasa de moda y ante la cual los jóvenes están siempre atentos.

¿Y si ya quedó la embarrada?

Ahora cuando ya estamos frente a una situación complicada y los padres deben tomar medidas de todas formas (no podemos hacernos los locos) hay que tener ojo con qué tipo de castigos que imponemos.

Según nos dice Pilar Montero, sicóloga clínica de la Universidad Católica, “el típico error es la desproporción, los castigos tienen que ser proporcionales a la falta, no es lo mismo llegar 10 minutos tarde que haber sido sorprendido robando algo en un supermercado. Muchas veces los papás castigan todo con lo mismo y eso le quita peso a una conducta que evidentemente es más grave que otra”.

Otro error común en el que coinciden ambas profesionales, es en castigar con cosas que no se pueden cumplir: “te castigo 3 meses sin celular”, “Fregaste, no verás a tu polola en todo el verano”, “No podrás salir a carretear ningún fin de semana en el semestre”. Amenazas menos creíbles que el amor entre Trump y Melania. Lo más probable es que los papás no puedan efectuar lo anunciado, porque a esa altura ya no se acuerdan por qué el hijo estuvo castigado; y que el adolescente, cuando vea que sus papás no cumplen lo que dicen, la imagen de autoridad que tienen de ellos se verá desvanecida y con bajísima credibilidad.

El tema del castigo “justo” es clave. Primero, porque si no es de esa manera, el joven sí o sí va mentir por considerar que la pena aplicada no se condice con la falta y por ende no la cumplirá. Montero afirma que “los adolescentes tienen una capacidad de enjuiciar mucho más desarrollada que los niños pequeños y por supuesto que están pasando todo lo impuesto por el cedazo de la razón. Por ende, si lo perciben como injusto van a ir con seguridad al conflicto. Por el contrario, si los papás aplican sanciones proporcionales y especificas el adolescente considerará que sus padres son flexibles, que tienen los límites claros, pero que no son rígidos y finalmente confiarán mucho más en ellos”.

Castigar prohibiendo las “cosas buenas” también es una equivocación común según María José León. “Si te sigues sacando rojos no te dejaré más ir a la selección de fútbol” o “Juanita, si continúas siendo insolente no podrás ir al cumpleaños de tu mejor amiga”, no son medidas que aporten a mejorar la conducta. ¿Por qué?

“El castigo no está relacionado con el hecho. Es como que uno se equivocara en el trabajo presupuestando una actividad y como sanción nos impidieran ir al paseo de fin de año. El castigo debe ir orientado a reparar la falta y hacerse cargo de esa consecuencia. Además prohibirle al hijo instancias positivas como hacer deporte o ser un buen amigo, es contraproducente con valores que todas las familias debieran inculcar”, dice León.

Castigos más, castigos menos, ¿con qué me quedo?

Con que querer ganarnos la confianza de los hijos en la adolescencia, si cuando eran chicos no les dedicaste tiempo, oreja y una vida coherente con lo que exiges es francamente imposible (o requiere muchísimo trabajo especializado y con ayuda constante).

Con que las familias deben diseñar un proyecto en común en donde se establecen los límites y el ideario que las orienta. Dejar que todo fluya y esperar la tormenta sin un paraguas nunca ha sido una buena idea.

Con que todos fuimos jóvenes alguna vez y a veces nos olvidamos de eso, exigiéndole a los nuestros que nunca se equivoquen y se comporten como jubilados (con respeto a los jubilados).

Y con que conocer a nuestros hijos, a cada uno de ellos, es la gran pega para surfear la adolescencia sin morir en el intento. Porque aunque pongamos todos los esfuerzos y el amor posible, los padres tenemos que entender que es una temporada que no nos podemos saltar y que como dijo Shakespeare: “La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo”.

¿Te identificas con esta dificultad con tus hijos adolescentes? ¿Qué recomendarías?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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