Desconectarse para conectarse.

A más de 20 años del primer Smartphone en el mundo podemos ver las consecuencias que estos aparatos tienen en las relaciones. Me atrevería a decir que no hay persona que no se queje del uso excesivo que su pareja tiene de su celular, del mismo modo que no existe nadie que asuma con responsabilidad su adicción, más bien están todos intentando justificar una conducta que ya la han clasificado como nomofobia: miedo irracional a salir de casa sin el celular, y que afecta al 6% de la población mundial.

Algunos estudios han revelado que pasamos alrededor de 5 horas diarias al celular, y creo que esas horas están concentradas en la tarde, entre que uno sale de la oficina y se va a dormir. Es así como las personas llegan a sus casas a sentarse al sillón a ver redes sociales, organizar eventos sociales, coordinar tareas y estudios para los hijos, babyshower, despedidas de soltero/a, etc. Es que hoy en día si no tienes whatsapp te quedas fuera de todo. Ya nadie llama para invitarte a un asado, todo se coordina por chat.

Como que ya no hay espacio para fallar, la tecnología nos obliga a estar en todas partes menos donde estamos. Revisamos las fotos de los viajes de nuestros amigos que recorren el mundo, compartimos un pedacito de la emoción de cada una de sus aventuras, acompañamos el crecimiento de todas las guaguas, sabemos perfectamente cuando caminaron, su juguete favorito si comen solos o con sus papás y la realidad es que jamás hemos ido a conocer a esa personita. Algunas veces le dices hola a una persona en un asado y a los 20 minutos ya te está pidiendo amistad en Facebook y así suma y sigue la cantidad de plataformas que te “obligan” a estar en todas partes menos en el único lugar donde deberías estar, que por lo demás lo elegiste tu libremente.

Creo que toda pareja debe tomarse un minuto para poner reglas básicas de convivencia. Las que yo les suelo sugerir a los pacientes es que ojalá lleguen a sus casas con el celular adentro de la cartera o en el bolsillo para que puedan tener las manos libres para abrazar al que ya está adentro esperándolos. La segunda sugerencia es que ojalá puedan dejarlo en la entrada, junto a las llaves del auto y pueda permanecer ahí al menos la primera hora que ustedes estén en sus casas para poder hablar del día, de lo que van a comer, de si van a ver una serie o ir al cine, de los planes para las vacaciones y si tienen hijos, básicamente para que los dos estén conectados con sus hijos y puedan ir entendiendo a estos pequeños seres que solo necesitan tu presencia y tu mirada. El tercer consejo es que cuando salgan a comer estén sin celular y puedan conversar, es impresionante como algunas parejas ya no tienen tema y ahí entran algunas de las tareas que yo les asigno de sesión a sesión. Y por último, que entre los dos creen sus propias reglas respecto de la tecnología, puede existir el minuto de redes sociales, y “permitirse” ver 10-20 minutos todo lo necesario para calmar la ansiedad y que luego sigamos en los que estábamos, pero son algunos minutos no todo el tiempo.

El automático es ir a buscar el celular por la excusa que sea, siempre tendrás un pretexto para encubrir tu adicción “es que quedé de llamar a mi mamá”, “le tengo que responder a Pepito”, “se me olvidó mandar un mail”, “tengo que confirmar la hora al dentista”, etc. Sí, estoy segura que hay cosas importantes que hacer con el celular, pero te puedo garantizar que la persona que tienes al frente te quiere a ti, en carne y hueso para que tengan unos minutos de conexión, para sentirse, para mirarse, básicamente para conectarse.

Hay que aprender a desconectarse del celular para poder conectarse con las personas de carne y hueso que conviven con uno y que necesitan de uno (ya sea la pareja o los hijos).

No crean que yo les hablo desde fuera, soy una más de todas las descripciones que han leído, pero últimamente he hecho el ejercicio de soltar y entender que uno no puede participar de todas las conversaciones y decisiones que se toman virtualmente. He optado por llega a mi casa y dejar el celular lo más lejos posible (lo mismo que hago con el chocolate jajaja) porque sé que si lo tengo cerca, lo voy a agarrar, es algo absolutamente automático.

Intento nunca llegar hablando o respondiendo whatsapp (créanme que fallo muchas veces) y cada vez que me acuerdo de algo que creo que debo escribir inmediatamente, lo anoto en un papel y lo hago luego de que mis niños se duerman. Esa pregunta que me hago a mí misma ¿es necesario resolver esto inmediatamente? Casi siempre la respondo con un NO. Estoy segura que mis hijos prefieren a una mamá que los mira a los ojos y que esta emocionalmente disponible para ellos que una mamá desconectada de las necesidades de ellos y conectada a un aparato.

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

Notas:

28.115.115 celulares en chile mas de 10 millones de la cantidad de habitantes

5 horas diarias conectados al celular

Chile es líder en uso de redes sociales

El aumento de internet móvil ha sido del 500%

39% de los chilenos dice tener problemas con su pareja producto del celular

45% revisa el celular luego de haber tenido relaciones sexuales

(Entel y GFK Adimark)

 

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Tu hijo mayor también te necesita

Desde que nació mi hija más pequeña siento que tuve que empujar un poquito al mayor para madurar más rápido. El todavía era un bebé de 20 meses y yo le decía cosas como: “no grites que la bebe duerme”, “habla más despacio que la bebe llora”, “ahora no puedo porque tu hermanita está en la teta”, “camina solito porque tengo que cargar a tu hermana que es más chiquita” y cosas por el estilo. 

Ahora ella tiene dos años pero todavía es complicado porque sigue muy pegada a la teta y porque se pone muy celosa cuando mi hijo más grande me abraza o quiere estar encima mío y aún es muy pequeña para entender algunas cosas, entonces el pobre se frustra bastante por momentos y yo lo entiendo.

A mi me parte el alma la mirada de mi hijo en esos momentos porque en lugar de quejarse o llorar él, resignado, se mueve de mi regazo y se sienta a mi lado siempre compartiendo a mamá. 

Me di cuenta que injusta estaba siendo. La pequeña ahora tiene la misma edad que él tenía cuando ella nació y eso me movilizó porque a ella la veo y la trato como a un bebé pero cuando él tenía esa edad lo trataba como un niño más grande.

Entonces quise hacer algo para compensar un poco las cosas y decidí priorizar tiempo con mi hijo a solas, tiempo especial entre él y yo para conectar sin interrupciones y para que no tenga que compartir a mamá siempre. Resulta que desde hace unos meses tenemos una cita una tarde por semana, solos él y yo. Planificamos, vamos a donde quiere ir, nos abrazamos y nos damos besos “a demanda” sin que la más chica nos interrumpa. Ella se queda con papá y no hay ningún problema. 

A mi gordo le encantan nuestras “citas especiales” (y, hasta orgullosos, se las cuenta a sus amigos) pero debo decir que a mi me gustan más, porque tengo la oportunidad de darle todos los besos y abrazos que no le pude dar estos últimos dos años y me reconforta el corazón. 

 

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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