ENSEÑANDO LA AUTOCOMPASIÓN EN NUESTROS HIJOS

La mayoría de las veces hablamos de cómo mejorar la autoestima en nuestros hijos, cómo reforzarlos y con eso cómo ir formando en ellos esa ansiada autoestima positiva. Este último tiempo me he dedicado a leer y reflexionar acerca de cómo este es sólo uno de los pasos para poder ayudarlos en su formación. Al ver a mis adolescentes en la consulta, me he dado cuenta que quizás nos falta el paso nuclear y más importante: enseñar en la autocompasión.

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Si buscamos en google, todo aquello que se relaciona con el ser autocompasivos, se lee desde una mirada negativa. Normalmente se alude a que al serlo con nosotros mismos nos ponemos en un rol de víctima, como si esta palabra significara un constante lamentarse por uno mismo, que poco nos ayuda para movernos frente al sufrimiento. Vivimos en una sociedad que no nos permite estar mal, que nos empuja a tener una mirada positiva y salir adelante, y si bien esa es una parte fundamental para poder mirar mi realidad desde otra perspectiva, poco nos enseña de cómo debemos abrazar el sufrimiento. La autocompasión no se trata de sentir lástima por uno mismo o hacerse la víctima. La autocompasión nos enseña a comprender ese sufrimiento para poder avanzar. Pero, ¿cómo logramos abrazarla si solo nos criticamos a nosotros mismos? ¿cómo logramos superarlo si no logramos aprender y crecer de esos momentos difíciles? ¿cómo logramos sentirnos capaces de sobrellevar aquello que me toca vivir si mis auto diálogos van en la línea de no poder tolerar la frustración y fracaso?.

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No puedo dejar de pensar en lo poco nos han enseñado a tratarnos bien a nosotros mismos. Que poco hemos hablado de cómo debemos mirarnos, querernos y entendernos. Sabemos lo que le diríamos a un mejor amigo en una situación difícil, pero sin duda nos perdemos cuando se trata de hablarnos a nosotros mismos en un momento de vergüenza, tristeza o desesperación. Nuestra voz interna se vuelve juzgadora y crítica, y lo que es peor, aún pensamos y sentimos que todo aquél que nos mira, nos juzga y nos critica de la misma manera que lo hacemos con nosotros mismos. Nos hemos olvidado de enseñar una mirada vulnerable de nosotros mismos, una mirada amiga que no solo permite abrazar el sufrimiento, sino también revela nuestro verdadero ser. Una mirada que nos permite aceptarnos como somos, con nuestros defectos y virtudes, y que nos ayuda a avanzar para ser cada día una mejor persona.

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En mi consulta tiendo a ver a adolescentes, niños o padres paralizados frente a la mirada o juicio de otro, y entonces con tal de no exponerse a eso evitan todo tipo de situaciones. Adolescentes que no dicen lo que piensan, por miedo a que los otros los vean como tontos, mamás que no se atreven a decir que a veces están cansadas por miedo a esas otras madres que puedan verlas como malas madres, niños que no se atreven a decirles a sus mejores amigos que no molesten al de al lado porque ese mejor amigo puede reírse de ellos o apartarlo. Y entonces nos ponemos evasivos de esas situaciones, y con eso autocríticos al no sentirnos capaces de poder mostrarnos tal cual somos. Queremos ser perfectos a los ojos del otro, sin darnos cuenta que esos “ojos del otro” son mis propios ojos, mis propios miedos, mis propios juicios. Entramos en un círculo vicioso de evitar ser juzgado para juzgarnos de la manera más dura posible a nosotros mismos, que finalmente nos lleva a sentirnos incapaces de decir o mostrar lo que pienso o lo que soy. Terminamos paralizados frente al mundo, incapaces de abrazarnos, querernos y mimarnos a nosotros mismos, como lo haríamos probablemente con nuestro mejor amigo.

Las emociones y situaciones difíciles son parte del contrato que tenemos con la vida, no es posible tener un trabajo importante, construir una familia, hacer del mundo un mejor lugar, sin estrés y sin malestar, estas emociones son sin duda parte del recorrido y el aprendizaje para tener una vida significativa. Y como lidiar con ellas, como nos hablamos a nosotros mismos desde una mirada autocompasiva y como logramos mirarlas desde otro lugar es parte de poder sobrellevarlas y aprender.

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La autocompasión es poder cuidarse y ser amable con uno mismo. La investigadora Kristin Neff identifica tres componentes importantes. El primero es la amabilidad, ser comprensivo y compasivo con uno mismo al sentirse incompetente, inadecuado, poco atractivo, poco inteligente, etc. Sentimientos que uno tiene en el día a día y que no hay nada de malo en tenerlos y vivirlos, muchas veces luchamos porque nuestros hijos o nosotros mismos no nos sintamos de esa manera. Sin embargo, siendo autocompasivos se torna más fácil de sobrellevar y se aprende. El segundo componente es la humanidad, y consiste en revertir la tendencia a aislarnos cuando estamos sufriendo, pensando que “sólo a mi me pueden pasar estas cosas”. En la actitud auto-compasiva hacemos lo contrario, tomando perspectiva y recordando que nuestro sufrimiento es compartido por muchos, y más aun, que la imperfección y el dolor es parte de la experiencia humana. Finalmente, el último componente es el que ella denomina mindfulness, que se entiende como la capacidad de poder observar abiertamente nuestra experiencia sin identificarnos con ella. Desde una actitud auto-compasiva logramos tomar una perspectiva balanceada de nuestras emociones, de manera que nuestro dolor no es negado o reprimido, pero tampoco nos identificamos completamente con él sintiéndonos paralizados.

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Necesitamos trabajar en nuestra autocompasión y ayudar a nuestros hijos en ella. Aprendamos a decirnos a nosotros mismos frases cariñosas “todo va a pasar” “lo hice lo mejor que pude, aunque no resultó” “puedo equivocarme y con eso aprendo”, etc. Alejemos los juicios a nosotros mismos “no valgo nada” “soy muy mala mamá, amigo o jefe” “no sirvo para esto”, estas frases solo nos detienen y paralizan, nos dan miedo. Finalmente poder desarrollar la autocompasión, nos entrega mucho más estabilidad que nuestra autoestima, que tiende a oscilar frente a las distintas miradas del otro. Si logramos querernos y tratarnos a nosotros mismos como tratamos a nuestros mejores amigos, lograremos la aceptación y desde ahí podemos tener un punto de partida potente para poder querernos, con errores, sufrimientos, con pasar vergüenzas, enfrentando las distintas situaciones, sin miedo a equivocarnos.

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Porque, finalmente si nos equivocamos ¿qué sería lo peor podría pasar?. Si aprendemos a ser autocompasivos probablemente podríamos cuidarnos y ser comprensivos con nosotros mismos, aprendiendo del error y confiando que tengo las capacidades de salir adelante…..ineptamente, tontamente, inadecuadamente, genuinamente….como sea lo logro, me atrevo, me quiero.

“Si tu compasión no te incluye a ti mismo, es incompleta” -Jack Kornfield.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

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MI HIJO ESTÁ DISTINTO: ¿QUÉ HAGO?

Muchas veces, como padres sabemos que las cosas no andan bien, sentimos que no vamos por el buen camino y algo nos va indicando que deberíamos desviarnos para llegar a puerto seguro. Muchísimas veces nos sentimos perdidos en lo que le pasa a nuestros hijos. No sabemos leerlos, nos preocupan y no tenemos idea cómo llegar a ellos. Tenemos la imagen de que algo no camina, pero no sabemos por dónde partir para descubrir qué podemos hacer distinto. Vamos intentando distintas soluciones, dando palos de ciegos, los cuales en reiteradas oportunidades nos vuelven más inconsistentes como padres, lo que inevitablemente impacta en nuestros hijos, muchas veces, empeorando la situación. Porque con la inconsistencia de las soluciones intentadas ineficaces, viene la incertidumbre. No sabemos qué esperar y perdidos, intentamos de todo para ayudar a nuestros hijos. Este proceso de incertidumbre para nosotros como padres, solo va angustiando aún más a nuestros niños en sus emociones, haciéndoles casi imposible leer lo que les pasa y descubrir el camino que los llevará a estar mejor.

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En un mundo que nos exige tener hijos perfectos y ser padres perfectos, tendemos a escuchar los pedidos desesperados de profesores, amigos o pares, de que por favor alguien ayude a nuestro hijo. Y entonces nos sale natural preguntarnos ¿podré ayudarlo yo? ¿necesitará ayuda profesional? ¿cuándo realmente se hace necesario consultar?. La mayoría de las veces el mundo nos dirá que nos queda grande el problema y que tenemos que pedir ayuda a un profesional. Sin embargo, vale la pena poder detenerse y mirar el problema con perspectiva, ¿qué nos entrampa?  ¿qué nos hace a nosotros como padres y a ellos como hijos, estar paralizados frente a una situación?.

Bajo mi mirada, la mayoría de las veces buscamos distintas soluciones, pero que finalmente terminan siendo más de lo mismo y esto empeora el problema. Entonces me encuentro en la consulta con padres que me dicen “lo hemos intentado todo” “ya no sabemos que hacer” “nada de lo que hago resulta como espero“, y la verdad es que sin darnos cuenta estamos haciendo todo el tiempo más de eso que complica la situación. Mi hijo tuvo un año difícil el año pasado, empezó a tener conductas que no eran propias de él, estaba irritable, sensible, agresivo. Con mi marido sabíamos que algo no andaba bien, y nos perdimos en un sin fin de intentos que solo llegaron a empeorar la situación. Algunos días lo conteníamos, otros lo retábamos y también lo reforzábamos….solo inconsistencia. Fue necesario para nosotros como papás detenernos y darnos cuenta que necesitábamos ayuda. Una nueva mirada de lo que estaba pasando y una manera distinta de hacer las cosas por parte de nosotros como padres.

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Siempre el cambio en nosotros, repercute directamente en nuestros hijos, la vida es interacción y los problemas muchas veces se alimentan de esta interacción. Basta con que podamos mirar el problema y ver qué podemos hacer distinto para que se rompa ese círculo vicioso. ¿Cómo darnos cuenta? Lo primero es poder sentarnos y descubrir qué es lo que esta pasando con ellos, no basta con saber que algo anda mal. Averigüemos, conversemos con ellos, observémoslos con sus pares, miremos cómo se mueve en el mundo adulto y por sobre todo intentemos pensar qué es lo que me está queriendo transmitir con sus conductas, ¿qué es eso que esta necesitando y yo no estoy pudiendo entregarle?. Para mí, mi hijo estaba en un grito de ayuda desesperado a que algo en su vida tenía que cambiar y para eso tuvimos que tomar decisiones más radicales, el tema es que uno tiene que tener la entereza de mirar eso y hacerse cargo como papás, con o sin ayuda. La decisión de pedir ayuda depende del camino que ustedes como padres decidan recorrer. Nosotros decidimos pedir ayuda porque ya nos sentíamos demasiado perdidos en los intentos por ayudar a nuestro hijo, y nada estaba dando resultado para que él estuviera mejor.

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Somos como padres, el espejo de nuestros hijos, y muchas veces el cambio en nosotros se verá reflejado en ellos. Mirémonos en nuestros defectos, en eso que me hace ruido de mí misma y tratemos de pensar cómo eso se relaciona con cómo estoy viendo o relacionándome con mi hijo. Si cargo con miedos, exigencias y el perfeccionismo, no puedo pensar que eso no impacta en su manera de ser. De alguna manera lo veremos reflejado, quizás en niños autoexigentes, críticos, o cautelosos. Todo lo que somos los impacta, todo lo que trasmitimos de nosotros mismos los afecta y todo aquello que yo puedo cambiar es por lejos lo que más los ayuda al cambio.

¿Cuándo pido ayuda? Cuando veo sufrimiento en mi hijo, cuando me siento entrampada en mis soluciones como mamá  o papá, cuando necesito una mirada distinta que me haga reflexionar. Pero estemos claros, para consultar tenemos que estar dispuestos como padres a mirarnos, descubrirnos y por sobre todo a cambiar. Si no estamos dispuestos, nada de lo que hagamos, ni siquiera con ayuda, dará resultado. Porque finalmente nosotros somos los portadores del cambio, nosotros somos los que vamos construyendo camino y acompañando a nuestros hijos en construirse y descubrirse. Ojo!! Nunca, pero nunca lleven a sus hijos obligados a pedir ayuda, eso no sirve, eso solo les hace sentir incapaces y enojados frente al no entendimiento. Para poder pedir ayudar, es fundamental poder crear con ellos algo que los motive al cambio, y esa primera tarea es totalmente nuestra como padres. Si ellos no quieren recibir ayuda, no habrá ningún profesional que pueda lograrlo, nunca olviden que ustedes son los primeros actores del cambio en sus hijos y toda solución que encuentren debe ser co-construida con ellos.

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Muchas veces las decisiones más difíciles son las que darán más fruto y ese fue mi caso. Tenemos que atrevernos como papás y como personas a mirar la realidad desde un lado más flexible, porque solo esa actitud se nos abrirá la posibilidad de intentar algo distinto. Todos tenemos problemas, varios de nuestros hijos presentarán síntomas alguna vez en sus vidas, el tema está en poder tomar las decisiones necesarias y abrirse a las distintas posibilidades. Me encanta una frase que dice “el cambio nunca es doloroso, solo la resistencia al cambio lo es“…. ¿cómo podemos abrirnos al cambio?. Si necesitan ayuda, pídanla, siempre con la mente abierta a intentar cosas nuevas, ayudando a nuestros hijos a lograr su bienestar y abiertos siempre a que el cambio parte por nosotros….sobretodo por nosotros.

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Mecanismos de Defensa Inconscientes

Todos usamos mecanismos de defensa inconscientes para protegernos de amenazas reales o simbólicas o de cosas de las que evitamos ocuparnos o pensar.

Los mecanismos de defensa son tácticas desarrolladas por nuestro ego para protegerse de la ansiedad, o el rechazo social. Estos mecanismos fueron muy utilizados por Sigmund Freud en su teoría psicoanalítica.

Los principales mecanismos de defensa son:

1-Desplazamiento:

Con este mecanismo eliminamos nuestras frustraciones, o sentimientos sobre personas que creemos que son menos “peligrosos” o “amenazadores” para nosotros. De esta manera redireccionamos nuestros sentimientos e impulsos de una persona a otra. Este mecanismo se usa cuando no podemos expresar nuestros sentimientos de una manera segura a la persona a la que van dirigidos. Por ejemplo: Nos enfadamos mucho con nuestro jefe y lo “pagamos” con nuestra pareja, amigos o algún objeto.

2-Represión:

Es la eliminación de la información dolorosa o de un deseo de  nuestra conciencia y llevarlo a la parte inconsciente de nuestra mente. Aunque se repriman sigue estando y ejerciendo su influencia sobre nuestras vidas.

3-Supresión:

Cuando eliminamos conscientemente una información dolorosa. Aunque se cree que cuando pasa es de manera inconsciente.

4-Proyección:

Este mecanismo hace que tomemos nuestras propias cualidades, defectos, sentimientos o deseos y atribuirlos a otras personas que no tiene esos pensamientos, sentimientos o impulsos. Suele aparecer cuando los sentimientos o pensamientos se consideran inaceptables para que el individuo los exprese. En definitiva la proyección es la falta de reconocimiento de las propios sentimientos y motivaciones.

5-Negación:

La negación a aceptar la realidad. Es uno de los mecanismos de defensa más primitivos y es muy común en la infancia.

Muchas personas usan la negación para evitar el dolor que les puede causar afrontar una situación o alguna parte de su vida que no desean admitir.

6-Formación reactiva:

Ante una amenaza o situación no deseada la persona manifiesta comportamientos totalmente opuestos. Según Freud para ocultar sus verdaderos sentimientos comportándose de manera totalmente opuesta. Por ejemplo una madre que se queda embarazada sin desear al bebé, ante su sentimiento de culpabilidad puede reaccionar de una manera sobreprotectora  con el hijo, para convencerse a ella misma y al hijo de que es una buena madre.

7-Racionalización:

Implica explicar de una manera racional un comportamiento no aceptado y así se evitan los verdaderos motivos de ese comportamiento. Por ejemplo cuando un alumno ha suspendido un examen y culpa al profesor diciendo que le tiene manía, cuando en realidad no ha estudiado lo suficiente para aprobar

8-Sublimación:

Este mecanismo de defensa nos permite sacar nuestros impulsos no deseados o canalizarlos en comportamientos más aceptados.

Ejemplo: Cuando estás lleno de ira y para descargarla te pones a correr o hacer algún tipo de ejercicio extremo para liberarte de ella.

9-Regresión:

En este caso es cuando la persona regresa a comportamientos anteriores (comportamientos infantiles ) cuando se enfrenta a una o varias situaciones de estrés que no puede solucionar o no desea enfrentar.

10-Compensación:

La compensación es una manera de equilibrar psicológicamente las debilidades que percibimos al enfatizar la fuerza en otros ámbitos. Cuando nos enfocamos en una fortaleza estamos reconociendo que no se puede ser fuerte en todas las áreas. Por ejemplo, cuando decimos No soy bueno con los trabajos manuales e inmediatamente después decimos: Pero soy muy bueno con los números y las matemáticas.

11-Intelectualización:

La intelectualización es el énfasis excesivo en el pensamiento cuando nos enfrentamos a un impulso, situación o comportamiento inaceptable sin emplear ninguna emoción. En vez de enfrentarnos o aceptar las emociones que pueden surgir utilizamos este mecanismo para distanciarnos de la situación o impulso. Por ejemplo: una persona recibe un diagnóstico muy severo de salud y se centra en detalles médicos más que en expresar su dolor o tristeza.

12-Condensación:

Ocurre mientras dormimos. Algunos elementos inconscientes se unen en una sola imagen u objeto durante el sueño. En la condensación se concentran varios significados en un único símbolo y de esta manera el relato se hace mucho más breve. Parte del contenido inconsciente se une con parte del contenido consciente.

Los mecanismos de defensa pueden ser útiles para protegernos y proporcionarnos una salida saludable al estrés. Sin embargo en casos muy repetitivos o excesivos podrían impedirnos enfrentar la realidad. Debes prestar especial atención a cualquier signo de exceso en alguno de los mecanismos antes mencionados. Puedes pedir ayuda profesional si ves que necesitas acompañamiento en la solución de tus problemas.

Redacción Instituto Draco

www.facebook.com/InstitutoDraco

Extraido de www.institutodraco.com

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¿“Sempáticos”?

Todos hemos oído hablar de empatía, y muy a menudo se nos ha explicado como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, mano en el corazón, esto no suele funcionar tan bien en la práctica. Por supuesto es frecuente, que efectivamente logramos ponernos en la situación del otro, pero generalmente es porque estamos de acuerdo con esa persona, es decir simpatizamos con ella.

Así es que la simpatía exige consonancia, concordancia, coincidencia y muchas veces, ideas de valores similares. Simpatizamos con nuestras amistades y con quienes compartimos algo en la vida, por lo que nos parece más fácil “ponernos en su lugar.”

Sin embargo, no nos será tan fácil ponernos en la posición de cualquier persona, con la cual a primera vista no tengamos nada en común o diferencias abismales en algún ámbito. Por ello, no me gusta tanto la arriba citada definición simplificada y “vox populi” de empatía.

Más bien coincido con que la empatía es una postura comunicativa que nos permite respetar acciones interpersonales, y también sentirlas comprensivamente, independientemente de si estamos de acuerdo o no, si simpatizamos con esa persona o no.

Por lo tanto y tratando de hacer una mejor aproximación a la definición de empatía, propongo la siguiente: “la capacidad de expresar respeto y comprensión por la manera de actuar, pensar o sentir de la otra persona, ya sea que estemos de acuerdo o no.” En ese contexto, nuestra situación personal y opinión son indiferentes, ya que las posiciones incluso podrían ser contrastantes o antagónicas. De lo contrario, si las posiciones y opiniones son más bien coincidentes, simpatizamos con nuestra contraparte.

De la manera que lo explico arriba, lo he vivido muchas veces en mi vida, aunque debo reconocer, de que durante décadas actuaba más intuitivamente en ese sentido y no era tan consciente de ello. Cuando tomé real consciencia, fue hace unos doce o trece años atrás, cuando ahondé en una amistad con una persona por la cual sigo teniendo un inmenso afecto, quien muchos años antes de que la profundizáramos había sufrido el asesinato por razones políticas de su padre, en una época complicada y muy delicada de nuestra historia. Esta persona, de una posición política muy distinta a la mía, estaba pasando por un momento puntual especialmente sensible respecto de la pérdida de su padre. Efectivamente, a pesar de nuestras grandes diferencias ideológicas, la respeté honestamente y pude sentir comprensión por lo que había pasado y estaba pasando en ese momento, sin falsas posturas, tanto así, siento que en esos años incluso fui un buen apoyo, más allá de mi comportamiento al estilo del Río Guadiana: aparecer y desaparecer, el que nada tenía que ver con la situación señalada. Debo decir eso sí, de que simpatizábamos muy fuertemente en varios valores, diferentes a los meramente ideológicos políticos.

Por lo tanto, claramente sí somos capaces de llegar a sentir comprensivamente, si respetamos la posición y vivencia de la otra persona, sin condenarla o realizar un juicio de valor.

Para mostrar empatía, no es necesario expresar nuestra propia opinión sobre el tema, ya que ante todo la empatía requiere escuchar, observar y respetar la posición o situación de esa otra persona. Por supuesto, existen otras formas de hacer ver nuestra opinión y mostrar respeto, por ejemplo, a través de una comunicación tranquilizadora y deferentemente apropiada a la situación.

Pero por favor, no confundamos: a veces sentimos que somos empáticos, o incluso nos dicen que lo somos, pero cuidado, frecuentemente se trata sólo de querer complacer al otro o tratar de ser bien comportados, incluso a querer caer bien y obtener su aprobación. Tratamos de simpatizar, pero en realidad no empatizamos.

El respeto real, exige conocimiento y empatía. Ello, porque debemos conocer y observar a la otra persona para poder mostrarle nuestro respeto en su situación. El respeto requiere que todos tengamos el derecho de decidir cómo queremos vivir, pensar, actuar y sentir, sin ser juzgados por esas decisiones. Por supuesto, sin que ello ocasione daños a otros.

Cuando respetamos, comprendemos desde la posición en que habla, piensa o siente la otra persona, según sus propios valores, sin que necesariamente exista plena coincidencia en ellos. Además, si no pretendemos cambiarla a través del convencimiento racional o emocional.

Simpatizar significa compartir muchos valores, inclinaciones, etc. Empatizar significa mostrar respeto comprensivo por las diferencias sin juzgar.

Por lo tanto, no siempre puedes ser simpática(o) y empática(o) al mismo tiempo.

 

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Desata tu creatividad diciéndole sí a lo inesperado

En los últimos años hablamos mucho sobre cómo las mujeres debemos aprender a decir no. Bien, hoy me gustaría invitarte a considerar que nada desata tu creatividad como saber cuando NO decir no y aceptar lo inesperado. ¡Acompáñame!

Entre el 4 y el 6 de febrero de 2014, hubo una huelga de transporte en Londres durante la cual se cerraron algunas estaciones de metro. Durante dos días, el metro se detuvo y la gente tuvo que descubrir una ruta diferente para ir al trabajo.

Como es sabido, quienes usan a diario el transporte público son maestros de la eficiencia. Durante años estudiaron al milisegundo las mejores rutas, atajos y formas de ahorrar tiempo hasta que llegaron al “recorrido perfecto”. Por lo tanto, ver de pronto interrumpida su rutina les produjo frustración y bronca.

Cuando terminó la disputa, la mayoría de las personas volvieron a usar su antigua ruta. Pero un porcentaje sustancial no lo hizo. En lo que resultó ser un gran experimento social no planificado, el 5% de los viajeros descubrieron una forma nueva, más efectiva (o quizás más placentera) de ir y venir del trabajo todos los días. ¿Por qué te cuento esta historia? Porque revela que a veces, para desatar tu creatividad, necesitas una disrupción importante e inesperada del flujo de tu vida.

Practica el pensamiento lateral. Desata tu creatividad de una manera increíble!

Si quieres fomentar tu creatividad debes aceptar los cambios

Rechazar lo inesperado puede interferir con tu creatividad

La realidad es que una gran mayoría de nosotros resistimos aun las leves disrupciones. Implican cambios en nuestros planes, rutinas o expectativas. El tren llega tarde; tu cliente cancela una cita; llueve el día de tu picnic anual; tu cafetería favorita está cerrada justo cuando necesitas tomarte un café expreso y otro millón de circunstancias que enfrentamos a diario. De repente, nos convertimos en niños caprichosos a punto de entregarnos a un ataque de ira.

Pero, ¿qué pasaría si en el momento en que se produce la disrupción, justo cuando escuchas que el vuelo se cancela, por ejemplo, dijeses: “Que mala noticia… pero a ver, déjame pensar por un segundo cómo hacer algo inusual en estas circunstancias.”

No es fácil cambiar de dirección cuando las cosas no salen como esperas. A veces, el costo emocional es difícil de manejar. Pero el dicho “la necesidad es la madre de la invención” es muy cierto. Muchas grandes innovaciones nacieron de errores, de disrupciones o de situaciones extremas donde los individuos fueron forzados a salir de su zona de confort. Eso es lo que fuerza a tu cerebro a encontrar nuevas soluciones. Es por eso que las disrupciones pueden ayudar seriamente a desatar tu creatividad.

Hace unas semanas, tenía un viaje planeado a Europa. La noche anterior a mi viaje, la persona a la que estaba visitando tuvo una emergencia y me pidió que cancelara el viaje. Inmediatamente acepté que esta era la decisión correcta y llamé a la aerolínea para cancelar el vuelo. Me tomó un poco más de tiempo alinear mis emociones con la situación. Habíamos puesto un montón de energía y expectativas en la planificación de este viaje y el hecho de que estuviera de acuerdo con la cancelación no era suficiente para sacarme del shock.

Así que me di 24 horas para procesar el cambio de planes y luego compré un boleto para Seattle. A ver, tenía las maletas listas, mi calendario bloqueado, mi mente preparada para una semana libre. Una amiga acababa de mudarse allí y nunca había estado en esa ciudad, así que dije, ¿por qué no? Y 48 horas más tarde, estaba en la cima de la Space Needle, pasándolo de primera.

No solo compartí unos momentos increíbles con mi amiga sino que también recorrí Seattle y alrededores. Pero lo más importante es que el cambio de escenario me permitió pasar rápidamente de una gran decepción, a hacer nuevos planes. Tuve varias conversaciones sobre nuevos proyectos en los que había estado pensando. Y sobre todo el viaje esfumó la nube de mal humor que me sobrevino como resultado del inesperado cambio de planes. Permitió que volviera a fluir mi creatividad.

La técnica Da Vinci para fomentar la creatividad

Desata tu creatividad a pedido

Hay una historia sobre Keith Jarrett, el famoso y talentoso músico de jazz, que siempre es extremadamente meticuloso con sus instrumentos. Una vez en 1975, aceptó tocar un concierto en Colonia, Alemania, a pesar de que la Ópera le consiguió el piano equivocado, uno que se usa solo para ensayos. Sorprendentemente, la grabación de ese concierto se ha convertido en el álbum de piano más vendido de todos los tiempos. Lo que hizo Keith Jarrett ante una situación tan desastrosa fue mágico. Convirtió limones en limonada. ¿Qué tan lista y abierta estás para hacer lo mismo? ¿Cómo reaccionas de manera creativa ante situaciones adversas?

No hay duda de que cuanto más practiques, más fácil te resultará convertir las disrupciones inesperadas en fuentes de soluciones creativas. El problema es que nunca se sabe cuándo o qué saldrá mal, por lo que es difícil practicar con situaciones reales. Pero, ¿y si en cambio configuras tus propias disrupciones? Si estás buscando una excelente manera de fomentar la innovación en tu vida, prueba desatar tu creatividad a pedido con estas 5 ideas.

Desata tu creatividad con estas 5 disrupciones

1Asigna a alguien de tu grupo el rol de llevar la contra. Es natural que un grupo de personas que trabajan juntas intente llegar a acuerdos. Y está bien. Al fin y al cabo, tenemos que empujar hacia un objetivo o proyecto común. Pero ese proyecto común podría ser mucho más creativo si consideraran tantos puntos de vista diferentes como sea posible antes de que el grupo decida cuál es la mejor idea. Si se aseguran de que una persona tenga el rol de cuestionar aquello con lo que todos están de acuerdo, obligará al grupo a seguir mejorando la idea.

2Interrúmpete estratégicamente. En lugar de trabajar en un proyecto de principio a fin sin tomar un descanso, detente. Establezca una alarma cada tantos minutos y no importa dónde te encuentres, levántate, sal a caminar, tómate una taza de café o haz una llamada telefónica. (O en lugar de ignorarlo, ¡sigue las instrucciones de tu reloj inteligente y levántate a caminar 250 pasos cada hora!) Interrumpir tu flujo de pensamiento hace que regreses al proyecto con nuevos ojos. Ahora puede ser que te interrumpan un millón de veces los dispositivos electrónicos que te rodean. Pero no es lo mismo. Esas interrupciones son contraproducentes ya que no permiten suficiente tiempo para que te sumerjas en un proyecto. La idea es bucear en profundidad y luego parar. Así que silencia tus dispositivos y simplemente configura tu alarma. Puedes hacer esto con cualquier cosa: mientras escribes un blog, creas una presentación, desarrollas un producto, etc.

3Cambia de rol. Intenta rotar roles incluso por un día. Pídele a tu jefe la oportunidad de pasar un día, una semana o un mes en el puesto de otra persona. Podría ser en una función diferente, o en otra localidad.

4Sacude tu política de trabajo flexible. Una excelente manera de desatar tu creatividad podría ser invertir los días en que trabajas desde tu casa y desde la oficina. O, si nunca has aprovechado este beneficio, puede ser el momento perfecto de hacerlo. Es probable que este simple cambio altere tu rutina por completo y te obligue a encontrar soluciones creativas para problemas cotidianos.

5Elige una ruta o forma diferente de llegar al trabajo. Crea tu propia huelga de transporte y elige una ruta diferente para ir al trabajo o un nuevo modo de trasladarte. ¿Sueles tomar el tren? Usa tu bicicleta. ¿Normalmente conduces? Pídale a un colega que te recoja de tu casa.

Incluso pequeñas disrupciones a la rutina, como usar el baño de otro piso en tu oficina, pueden provocar nuevas conversaciones con personas a las que por lo general no ves. ¿Y quién sabe a dónde pueden conducir esas conversaciones?

Si realmente deseas liberar tu creatividad, es importante aceptar los cambios y decir sí a las cosas que te hacen sentir incómoda. Pueden llegar a ser la chispa que necesitas para pasar al siguiente nivel.

 

 

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Comportarse, simplemente, como un ser humano

Pocas veces las personas se paran a reflexionar sobre su verdadera naturaleza ni a hacerse preguntas sobre lo realmente importante en la vida. En general, esas preguntas solo aparecen ante crisis o reveses, ante los cuales seguir instalados en la rutina como si la existencia se redujera simplemente a eso, ya no resulta posible.

Quizás debiéramos aprovechar aprendizajes ajenos a través del ejemplo de otras personas, antes de vernos sumidos en una emergencia, y vernos forzados a sacar lecciones y tener que demostrar quiénes somos de verdad. A veces resulta más fácil comprender nuestras propias capacidades a través de la historia de otra persona, especialmente si la historia de esa persona es impactante. Un claro ejemplo de esto apareció hace un tiempo en un artículo del New York Times sobre cómo Alemania cambió el nombre de una base militar para honrar a un sargento de la Segunda Guerra Mundial. Este sargento en particular, Anton Schmid, era un electricista austríaco forzado a enrolarse en el ejército alemán durante la guerra, y fue enviado a Lituania. En el verano de 1941, los nazis lanzaron una campaña genocida de asesinatos en masa y deportaciones a campos de exterminio que, en tres años, asesinó sistemáticamente a unos 180.000 judíos, es decir, alrededor del 94% de los judíos que vivían en Lituania.

Schmid, siendo testigo de tan tremenda barbarie, decidió desobedecer a sus oficiales superiores y ayudó a más de 250 hombres, mujeres y niños a escapar, escondiéndolos y proporcionándoles documentos de identificación falsos. Terminaron por descubrirle, le arrestaron y fue ejecutado por los nazis debido a dichos actos.

Las acciones del sargento Schmid revelan el asombro y el dolor de lo que significa comprender la verdadera humanidad que yace en cada uno de nosotros. Mientras estaba en la cárcel esperando ser ejecutado, Schmid le escribió a su esposa el horror de ver a los niños golpeados mientras eran llevados a los guetos para ser fusilados: «Ya sabes, tengo un corazón blando. No podía pensar y tenía que ayudarlos». Estas palabras capturan el repentino florecimiento de una profunda madurez y altruismo, provocados por un reto al que ninguno de nosotros querríamos enfrentarnos jamás. En una de las muchas paradojas que tiene la vida, presenciar los actos de inhumanidad de los nazis fue la oportunidad que permitió que Schmid tuviera un comportamiento de una valentía y generosidad impresionantes.

Este impulso a la ayuda espontánea parece surgir de la esencia de la naturaleza humana. Sucede cada día entre familiares, amigos e incluso entre extraños. Pero la historia de Schmid se destaca porque muy pocos acudieron en ayuda de los judíos de Alemania en esos terribles años, y porque no solo conllevó su muerte, sino que también murió como traidor a los ojos de su gobierno y su país.

«Simplemente me comporté como un ser humano», escribió Schmid en su última carta a su esposa. Ojalá cada uno de nosotros podamos comportarnos con ese coraje, integridad y dignidad cuando nos enfrentemos a los desafíos que se encuentran en el camino de nuestra vida.

Roger Cohen, el periodista que escribió el artículo sobre Schmid, citó al ministro de defensa de Alemania en el discurso de dedicación de la base militar: «No somos libres de elegir nuestra historia, pero podemos elegir los ejemplos que tomamos de esa historia».

¿No se aplica esto igualmente a nuestra historia personal? No podemos elegir muchas cosas de nuestra historia personal: la genética, el azar, las circunstancias de nuestro entorno… Pero sí podemos elegir nuestras acciones, y esas determinarán en quiénes nos convertimos como seres humanos.

Para usar otro ejemplo de la Segunda Guerra Mundial, el psiquiatra Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido escribió: «Nosotros, los que vivimos en campos de concentración, podemos recordar a los hombres que caminaron a través de las chozas para consolar a los demás, regalando su último pedazo de pan. Pueden haber sido pocos en número, pero ofrecen pruebas suficientes de que todo puede ser quitado a un hombre, salvo solo una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir tu actitud y tu comportamiento ante cualquier circunstancia». En estos tiempos revueltos donde las personas se dejan arrastrar como si no tuvieran voluntad, estas palabras pueden ser de un valor incalculable.

Autora: Mónica Esgueva

Fuente: El Huffington Post

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Para entender tus relaciones, intenta entenderte a ti mismo

Acabas de tener una discusión con tu pareja y estás seguro de que no eres el culpable. Simplemente estabas tratando de sacar algo de tiempo para sentarte y terminar un proyecto en los pocos minutos que tenía antes de llegar a casa y tener que preparar la cena. Sin embargo, tu pareja exige que use este tiempo precioso para hablar sobre las finanzas familiares. El asunto no parece urgente, y parece que tu pareja solo quiere hablar. Esto es solo uno de una serie de incidentes en los que siente que su pareja está entrometiéndose en sus prioridades. La pregunta es, entonces, ¿estás siendo demasiado egoísta o tu pareja es demasiado exigente y controladora?

Las relaciones implican un constante dar y recibir entre los deseos de cada pareja, tanto para la autoexpresión como para la intimidad. Según un artículo reciente del psicólogo Christopher Hopwood de la Universidad de California Davis y Evan Good de la Universidad Estatal de Michigan, se producen relaciones problemáticas cuando las personas ponen en juego sus propias dificultades personales pero, al mismo tiempo, son demasiado sensibles a los problemas de sus parejas.

La calidad de la sensibilidad interpersonal, en opinión de Hopwood y Good, es una cualidad que los psicólogos de la personalidad rara vez examinan, pero que puede desempeñar un papel importante en las dificultades de relación. Como señalan los autores, “la literatura sobre la personalidad, el funcionamiento de las relaciones y el bienestar se ha centrado principalmente en las diferencias individuales en la forma en que se comporta una persona, prestando relativamente poca atención a los impactos percibidos del comportamiento de los demás”.

Los autores utilizan lo que se llama un modelo de circunflejo interpersonal (IPC) para comprender los problemas de relación desde las perspectivas de las cualidades propias de la persona y la percepción que la persona tiene de los demás. Para comprender el IPC, imagine un círculo con dos líneas rectas que se intersectan en el centro en ángulos de 90 grados. Una línea representa la dimensión del calor, que va desde lo afectivo a lo remoto, y la otra es el dominio, que va desde el control a lo pasivo. Un conjunto adicional de dos dimensiones se intersecta con estas, lo que produce otras cuatro cualidades (dos conjuntos de dos polos opuestos). Estas dos dimensiones van desde la mezquindad hasta la amabilidad, y desde el punto de vista social hasta la atención. En total, hay ocho cualidades de personalidad creadas por las cuatro dimensiones, y éstas forman el marco representado por el IPC.

Su personalidad, en los términos utilizados por el IPC, puede describirse exactamente donde se encuentra dentro de estas cuatro dimensiones. Esta es la personalidad que traes a tus relaciones y que forma parte de la ecuación para comprender la fuente de las dificultades interpersonales. Por ejemplo, es posible que tenga una racha media o que sea demasiado probable que ceda ante otras personas, al menos en la forma en que se describe a sí mismo. Sin embargo, su personalidad también incluye la sensibilidad que influye en cómo interpreta las formas en que otras personas interactúan con usted. Tal vez usted está especialmente molesto por la mezquindad de los demás. Como en el ejemplo, cuando su pareja quiere pasar tiempo con usted que siente que no puede perder, puede ser que sea hipersensible a ser controlado por otras personas, quienes, con toda probabilidad, no hacen ningún daño. . En este caso, se ubicaría en un lugar alto en el extremo de “sensibilidad al control” de la dimensión de sensibilidad de dominancia. El IPC, según se aplica a su sensibilidad hacia las personalidades de otros, identifica sus “botones calientes”.

Al usar medidas tanto de problemas de personalidad como de sensibilidad de la personalidad, Hopwood y Good esperaban poder explicar las variaciones entre las personas en sus puntajes en una serie de medidas que abordaban sus rasgos de personalidad , trastornos de personalidad y su propia salud , tendencia a la alexitimia. (dificultad para expresar emociones), experiencias en relaciones y tácticas de manejo deimpresiones. El primero de los dos estudios involucró a casi 1,000 estudiantes universitarios (80% mujeres) que completaron cuestionarios en línea.

El propósito de este estudio, más específicamente, fue determinar si la estructura de los rasgos de personalidad autoevaluados de las personas se correlacionaba con la estructura de sus sensibilidades. En otras palabras, ¿es probable que las personas con un alto dominio propio se irriten con las personas que perciben que son excesivamente controladoras? ¿Quiere decir que las personas se sienten enojadas cuando están en presencia de personas que perciben como antagonistas similares? Los participantes completaron las medidas de IPC tanto en términos de sus propias características como en términos de comportamientos en otras personas que los molestan.

Los hallazgos de este primer estudio confirmaron que las autoevaluaciones de IPC y las calificaciones de sensibilidades realmente encajan en la estructura circunfleja. Los hallazgos también mostraron que las personas que tenían más problemas interpersonales tenían más sensibilidades y que las personas tendían a ser más sensibles a las que tenían un estilo interpersonal opuesto al suyo. Esto significa que las personas dominantes pueden ser realmente molestadas por las personas que son agresivas. Las personas con alto dominio también obtuvieron puntuaciones relativamente altas en la medida del narcisismo , la extraversión , la depresión y la tendencia a ser extravagantes.

En el segundo estudio, una muestra que era similar en tamaño y composición completó cuestionarios en línea que incluían versiones “centradas en otros” de las medidas de rasgos de personalidad autoevaluadas del primer estudio. Por lo tanto, además de proporcionar calificaciones de acuerdo con el IPC, los participantes calificaron la medida en que ciertos rasgos y comportamientos les molestaban cuando se observaban en otras personas. Se le puede pedir, entonces, que indique qué tan molesto está por personas con altos rasgos tales como la conciencia y el neuroticismo , así como los rasgos aparentemente inocuos como la amabilidad y la apertura a la experiencia. Una medida también pidió a los participantes que califiquen qué tan molestos estaban con las personas con puntuaciones altas en el cuestionario de narcisismo. Los hallazgos mostraron que, como se predijo, las personas con alta sensibilidad interpersonal mostraron sensibilidad a esos rasgos como se ve en otras personas.

Los hallazgos globales apoyan la propuesta de los autores de que, en sus palabras, “conocer la forma en que una persona ve su propio comportamiento y cómo ve el comportamiento de los demás es importante para una comprensión integral de su personalidad, problemas de personalidad y funcionamiento de la relación”. Este estudio ha adoptado un enfoque novedoso para demostrar que los problemas en las relaciones representan una calle de doble sentido, o incluso una calle de tres vías. Usted contribuye a los problemas en virtud de sus propias características, pero también en virtud de su sensibilidad a los problemas. de las personalidades de otras personas. Finalmente, percibir que los compañeros tienen ciertos rasgos que pueden agregar a sus problemas interpersonales.

En resumen , la personalidad no es una cualidad que existe de forma aislada dentro de un individuo determinado. Proyectamos nuestros propios problemas de personalidad en otros, pero también interpretamos los rasgos de otras personas en términos de nuestras propias preferencias por las cualidades de los demás. La próxima vez que te sientas molesto por el comportamiento de tu pareja, este estudio sugiere que realmente debes preguntar “si eres tú o yo”.

Texto Psychology Today

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

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La lista que salvó el matrimonio de una mujer

Las relaciones humanas son complicadas. Más aún, si se trata de relaciones de pareja. Nunca terminamos de conocer a esa persona que convive con nosotros. Aunque, vivamos con ella todos los días. Cada día, descubrimos algo nuevo. Bueno o malo. Por lo tanto, no siempre resulta color de rosa la convivencia. Puesto que existen cosas que nos molestan y que muchas veces no soportamos. Nuestra actitud, ante esta situación es de rechazo.

Justamente, este fue el caso de Becky Zerbe una mujer con 29 años de casada. La cual, un día se dio cuenta que no soportaba la convivencia con su marido y tomó la decisión de dejarlo y divorciarse. En las siguientes líneas te contamos todo sobre esta historia de vida…

Antes de ver los errores del otro, debemos ver los propios

Exactamente esto fue lo que hizo Becky. Cuando esta mujer decide abandonar a su marido, simplemente tomó a su bebé y empacó sus cosas. Su determinación de divorciarse era total. Al dejar su hogar decide ir a pasar un tiempo en casa de sus padres. Su madre, una mujer con muchos años de experiencia en lo que respecta a la vida en pareja le propuso realizar un ejercicio, antes de dar por terminado su matrimonio.

El ejercicio consistía en realizar una lista con todos los errores y actitudes negativas que tenía su esposo y que ella ya no soportaba. Al terminar con la lista, la cual fue realizada muy rápidamente y de forma sencilla. La madre le dijo a Becky: Ahora, realiza una lista de tus reacciones y actitudes ante todas esas cosas que te molestan de tu marido.

Una respuesta inimaginable…

Becky, ante cada error del marido tenía una respuesta para nada adecuada. Por ejemplo: Cuando se sonaba la nariz, ella sentía vergüenza de estar a su lado. Cuando no le daba buenos regalos, la reacción de la mujer era hacerse la mártir. Y así con cada una de las cosas que a ella le molestaban.

Entonces, resultaba que Becky también cometía errores al igual que su esposo. Y, seguramente a este le molestaban sus reacciones tanto como a ella las actitudes del otro. Su madre, en ese momento, le dijo a Becky que rompiera la lista que ella había hecho de su compañero y se quedará solo con la lista de sus reacciones ante su marido.

En una relación no existe una única verdad. Esta es relativa y siempre tiene dos caras o puntos de vista. No podemos creer que tenemos en nuestras manos la verdad absoluta, porque estaríamos equivocándonos tanto o más que la otra persona a la que estamos juzgando.

La solución a todos los problemas…

Antes de juzgar o condenar a las personas debemos ponernos en los zapatos de otro. Además, de ver con objetividad los errores que nosotros también cometemos dentro de la relación. Resulta que en un matrimonio o relación de pareja la responsabilidad es compartida y las situaciones se presentan y empeoran gracias al comportamiento de ambos y no de uno solo.

Nada se gana con abordar negativamente y criticar a nuestra pareja. La verdadera solución es la comunicación. Intentar dialogar y entender el porqué de ciertas actitudes es fundamental. Sobre todo, para conocer el grado de responsabilidad que tenemos propiamente en ello. Esto, no significa que debamos echarnos la culpa de todo cuando las cosas andan mal. No. Se trata de saber en qué estamos fallando personalmente y cómo nuestras actitudes erradas están generando reacciones nocivas en la otra persona y viceversa.

Hoy en día, cuando las relaciones parecieran ser efímeras debemos apostar por el amor. Tomarnos en serio nuestro rol dentro del matrimonio y no intentar conseguir la salida fácil. Sino, la verdadera solución del problema. De esta manera, podrás dar siempre lo mejor de ti e intentar que tu pareja también lo haga.  Con una buena actitud se puede superar cualquier crisis y lograr salvar la relación. Tal cual como sucedió con el matrimonio de Becky Zerbe que, a través de esta lista logró superar las adversidades y aprendió una lección de vida que nunca olvidará.

Extraido de: Editorial Phronesis

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Buenos modales

“El ejemplo corrige más que una reprimenda”, así decía una cita que leí el otro día, y me parece tan acertada que me inspiró a escribir lo que les quiero comentar.

Los buenos y malos modales se aprenden en casa, eso es un hecho, por lo que no sería raro escuchar a nuestros niños utilizando los mismos diálogos y formas parecidas de relacionarse con sus pares que a lo que ven en casa. Si un niño reta constantemente o uno comparte dulcemente todo lo que tiene, será por lo que está acostumbrado a ver y oír en casa. Mis hijos cuando conversan entre ellos usan palabras que sin duda son sacadas de los diálogos que tienen conmigo y me da risa pues esas palabras no son muy infantiles y claramente deben venir de hasta tres o cuatro generaciones atrás, modos que yo repetí de mi mamá y ella de la suya.

Me parece súper importante que los padres tengamos la capacidad de ser receptivos y estar atentos a los comportamientos de nuestros hijos y estar chequeando y redireccionando los modales que sean necesarios; algunos habrá que reforzar y repetir, algunos otros premiar y otros explicar, pero para todos ellos necesitaremos de mucho tiempo y constancia, es un proceso que toma años hasta que les nazcan de manera natural.

Para ello les sugiero unos cuantos puntos a tener presente:

  • Ser un ejemplo SIEMPRE; si usted va a enseñar no se olvide de practicar.
  • Los malos modales generalmente suceden por falta de entendimiento de lo que se está pidiendo, o por el sueño o hambre que pueda tener un menor; o por la falta de congruencia en el actuar de los adultos que le rodean; o por falta de reconocimiento de sus avances o por descuido que de lo que los hijos escuchan cuando nosotros no estamos cerca. 
  • Hay que tratar de ser papás súper constantes y pedir ayuda al entorno familiar para que los niños reciban refuerzos de los modales que se les quieren inculcar; mientras más personas se los señalen, más diversas serán las formas de transmitírlos, y en consecuencia mejor será el aprendizaje de éstos.

Imagino cuántas veces todos los padres que ahora leen habrán tenido que repetir “¿cómo se le dice a la señora que te regaló esa galleta?“, o “¿cuál es la palabra mágica?“, o “si me dices la palabra que te falta yo te acerco el juguete..“, así es, porque a los niños debemos enseñarles y repetirles los buenos modales por años, es una tarea larga que dará frutos lentamente, hay que tener paciencia y disfrutar mientras vivimos el proceso, no hay que desesperar ni criticar al o la menor de que no aprende nunca! o que es porfiado, no, es niño y aun no ha incorporado realmente la necesidad de comportarse asi; hay que creer en ellos, transmitirles esa confianza en sus capacidades y felicitarlos ante los pequeños logros que vayan teniendo en estas materias.

  • Ser congruentes, no podemos decirle al niño que respete su turno si nosotros como adultos nos interrumpimos, o pedirles comer toda la comida del plato si nosotros no lo hacemos, o que no se griten o hablen con garabatos entre los amigos y hermanos si nosotros después lanzamos una palabrota con los amigos o al tipo del auto de al lado; a los niños no se les escapa ninguna!!
  • Expliquémosle a los niños lo que esperamos de ellos y por qué es tan importante que nos hagan caso con los modales que le enseñamos en tal o cual situación, de esa manera se evitará una pataleta y malos modos en una reunión social si ya sabe lo que se espera de ellos.

Evitemos un mal comportamiento de nuestros hijos producto de un niño con sueño o aburrido, es una gran solución salir preparados de casa con juguetes, comida, lápices y libros, siempre les parecerán más entretenidos esos juguetes fuera de casa.

  • Tolerar la frustración es una gran ayuda para evitar un mal momento y posterior porfía y malos modos de un hijo, ayudémosle a dejar ir la rabia, acompañémoslos en su frustración, calmemos el ambiente, no lo saturemos de normas y acordemos con ellos la mejor forma de resolver el problema.

 

claudiapaseteneClaudia Pastene Gorigoitía

Mamá de tres hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

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