​EL ARTE DE PELEAR LIMPIO: “SOY YO; NO ERES TÚ ”

Sin duda el matrimonio es un vínculo de amor profundo que es necesario alimentar todos los días. El amor para sostener este vínculo es necesario, sin embargo no suficiente. Hoy quiero compartir el conocimiento que adquirimos como pareja al asistir a un taller organizado por una agrupación de psicólogos clínicos especializados en temas de pareja llamada “Amar no Basta”. Este taller nos entregó herramientas concretas como pareja, para poder trabajar sobre el vínculo del matrimonio. Para poder profundizarlo, para cuidarlo y no dañarlo con las distintas situaciones a las que nos vemos enfrentados como matrimonio día a día. No puedo dejar de recomendarles este increíble grupo de terapeutas que está poniendo el énfasis en prevenir las crisis matrimoniales, entregando ejercicios y herramientas concretas. Para poder estar al tanto de los talleres y charlas pueden seguirlos por Facebook, Instagram o su página web http://www.amarnobasta.com.

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Podemos partir comentando datos duros acerca del matrimonio. Hoy el 50% de los divorcios se dan en los primeros siete años de matrimonio y se ha visto que con la llegada del segundo o tercer hijo las parejas experimentan una disminución en la sensación de satisfacción en conjunto con un aumento en los conflictos. Sin duda la llegada de los hijos se transforma en uno de los grandes desafíos de adaptación para la relación e inevitablemente comenzamos a pensar en otro ser humano más allá de nuestra pareja, aparecen las diferencias en la crianza e irremediablemente aparece aquello con lo que venimos cargado de nuestras historias familiares de origen. Probablemente con la llegada de los hijos además comienzan los conflictos acerca de los roles y tareas que cada uno debe cumplir en la crianza. Sobre todo durante los primeros años de crianza se torna más difícil la comunicación, aumenta el cansancio y los niños pasan a ser parte importante de los temas de conversación. Casi sin darnos cuenta la vida con hijos va consumiendo la vida de pareja, aumentando así los conflictos.

¿Por qué prevenir? ¿Qué pasa si nos ocupamos antes de que comiencen los problemas? ¿En qué aporta que podamos aprender estrategias concretas y comunicarnos mejor? Está comprobado que mantener una mala relación de pareja, no solo afecta tu salud mental sino que incluso puede afectar en una disminución en la expectativa de vida. Es por esto que sostener vínculos saludables y trabajar por ellos, promueve una mejor calidad de vida, una vida sexual más plena, un aumento de la comunicación, una mayor estabilidad de pareja y longevidad. Además de todo esto, promueve en nuestros hijos, mayores niveles de seguridad y desarrollo emocional. El que puedan vivir en un ambiente saludable, sin duda determinará sus relaciones con un otro. Si nuestros hijos tienen la vivencia de ver que sus papás se respetan, quieren, escuchan y resuelven sus conflictos, será un modelo para sus relaciones interpersonales tanto en el hoy como en el mañana. La capacidad de influir en nuestros niños se basa en lo que les reflejamos, como personas y como pareja.

La buena noticia es que podemos aprender a sostener un vínculo que sea de calidad y duradero en el tiempo. Solo necesitamos querer, poner el esfuerzo necesario y por sobretodo cultivarse como pareja. Para esto se torna vital aprender a conocérsenos profundamente y respetarnos en nuestras diferencias, además de poder desarrollar habilidades de comunicación efectivas y estrategias de enfrentamiento para nuestros conflictos. Sin duda el poder tornar nuestro ambiente en un ambiente positivo, ayudará. Poder reírnos de nosotros mismos, del otro, de nosotros como pareja, dejando que el humor forme parte de nuestro día a día, es muy importante. Poder darle vida a un ambiente donde haya música por ejemplo, tardes de deporte, paseos o noches de película, puede sumar mucho en la calidad y profundidad de nuestro vinculo de pareja.

Pero nos hemos preguntado ¿por qué discutimos?, la gran mayoría de las parejas pelea, esa es una realidad innegable. Y la verdad es que la respuesta puede ser a ratos bastante sencilla: SOMOS DIFERENTES. Partamos de la base que uno es hombre y otro es mujer, y aunque suene hasta casi tonto, por el simple hecho de ser hombre y mujer tenemos una mirada distinta de la vida y una distinta manera de enfrentar las situaciones. Cada uno tiene su propia historia de vida, su familia de origen, su biología, sus rasgos de personalidad, sus hobbies, sus minutos del día, ideología y opiniones. Es por esto que la mayoría de las veces que peleamos y que con esta pelea buscamos cambiar al otro, este cambio generalmente no se da. Y la verdad es que no es porque el otro no te quiera, no te escuche o quiera molestarte, sino que simplemente no puede ya que no está en su manera de ser.

En general las parejas tienden a pelear una y otra vez por los mismos temas. En ciertas ocasiones estas peleas pasan a temas más profundos y en otros momentos es tanto lo que hemos peleado por ellas, que ya simplemente las evitamos y nos vamos alejando silenciosamente como pareja. Entonces más importante que entender los problemas, que es lo que tendemos a hacer como respuesta natural, será poder ver como los manejamos.

Finalmente se ha visto que más que resolver los problemas, el poder regularlos hace que las parejas puedan mantenerse cercanas, con menos peleas y en un ambiente más positivo. Si logramos regular estos problemas y enfrentarlos juntos de manera constructiva, nos hará una pareja más feliz.

Una de las cosas que más me quedó marcada de este taller fue el saber, que existen problemas resolubles y no resolubles. Y que los no resolubles son el 70% de los problemas que tenemos como pareja, y por lo que tendemos a pelear una y otra vez. La realidad de esta cifra entonces, es que ese 70% de las peleas que tenemos, por más que las sigamos discutiendo, no van a cambiar. ¿Malas noticias?, la verdad es que uno podría dar vuelta la mirada y redefinir este número en nuestra cabeza, como algo bastante más aliviador. Finalmente este número nos da pie para entender y reflexionar, que más que nada debemos aprender a acomodarnos el uno al otro. Más que intentar cambiarlo, (porque simplemente eso no va a pasar) no quedan más opciones que bajar la bandera de lucha y poder ser aliados en esta batalla.

El querer cambiar a mi pareja, para que sea alguien distinto al que yo conocí, y del cual me enamore, lo hará sentirse poco querido y valorado dentro de la pareja. Uno elige al otro para ser él mismo, uno lo aprende a amar con sus defectos y virtudes, no sé qué va pasando en ese camino de ser pareja que comienzas a necesitar que el otro cambie, se acomode a lo que uno necesita o quiere de él. Comienzan las críticas y las decepciones porque lo que espero del otro, él o ella no ha sido capaz de cumplirlo. Y lo más importante aún es que por mucho que el otro esté dispuesto o quiera cambiar, el 70% de las veces le será imposible. Simplemente no es él, no está en su ADN, y no puede cambiarlo.

Finalmente cualquier cosa que te moleste demasiado del otro pasa a ser más un problema tuyo, y no del otro. Ver cómo podemos solucionar y lidiar con esos sentimientos es parte importante de lo que debo hacer para mejorar mi relación de pareja “soy yo, no eres tu”.

¿Y entonces que hacemos como pareja con ese 70%? Bueno no queda más que aprender a negociar, ceder y adaptarse. Buscar cómo ajustarse a eso que no cambia, aceptarlo, y acomodarte será la clave. Finalmente si logramos entender y sentir que no vale la pena pelear, quedas desprovisto de ese “para que” y de esa razón que te hace pelear, y encuentras una alternativa de solución mucho más positiva frente a las dificultades. Dejas de pelear por aquello que es incambiable.

Un ejercicio que podríamos hacer es pensar en qué peleas son frecuentes con mi pareja, qué es aquello por lo cual siempre discutimos sin llegar a ninguna parte. Si ya tienes una en mente, ahora puedes pensar si eso está en este 70%, si es así habrá que buscar otra manera: adaptarse, negociar, ceder o acomodarse. Finalmente las parejas que mejor se llevan, que son más felices y estables NO resuelven el 69% de sus problemas.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

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Ser pareja hoy en día…

La revolución femenina de los últimos años ha impactado en múltiples ámbitos de la vida, en Chile (y en otras partes del mundo también) hubo una presidenta mujer, más mujeres en el parlamento, mujeres convocando marchas por sus derechos, por nuevas leyes que las protejan, etc. Poco a poco la mujer ha tomado un rol más activo en la sociedad y dentro de todos los ámbitos que podemos apreciar, la pareja es uno de ellos.

Aunque nunca me tocó vivir en la era donde la mujer sólo daba el amén y funcionaba para los niños y su marido, creo que soy de la generación de transición, que abarca probablemente desde los años 70 a la fecha, donde se pueden ver cada vez más mujeres emprendiendo, ocupando altos cargos de empresas, viajando con  sus amigas, teniendo una vida independiente de su vida como pareja y como mamá, lo cual me parece muy sano siempre y cuando todas las áreas puedan estar equilibradas.

Como dije anteriormente, una de las áreas más afectadas con este rol más activo es en la pareja, donde probablemente el hombre aún no ha encontrado la forma de posicionarse en este nuevo rol. Cada día recibo a más pacientes hombres en la consulta con bajo deseo sexual o con alguna disfunción sexual como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil que se según ellos se generaron de un minuto a otro, sin motivos aparentes.

Mi teoría es que no han sabido sostener una relación con mujeres empoderadas, se sienten castrados real y simbólicamente, cada vez que ellos se sienten que no son capaces. Al mismo tiempo las mujeres empoderadas fácilmente cruzan el límite y se transforman en mujeres controladoras nivel extremo. Esta dinámica, tan típica en nuestra sociedad, pocas veces es consciente para la pareja. Nuestro trabajo como terapeutas es poder ponerla sobre la mesa para ir reparando en ciertos patrones que se van repitiendo hace meses, los cuales me imagino que han sido el ingrediente perfecto para mantener una relación lo menos erótica posible.

El excesivo control de las mujeres y la excesiva pasividad o poca proactividad en los hombres es lo anti afrodisíaco para una relación.

Y comienzan los problemas de deseo sexual, en hombres y mujeres. Porque la verdad es que nadie se excita si tiene a una “mamá” al lado, dando instrucciones una y otra vez. Y por el otro lado, a ninguna mujer le gusta tener que repetir las cosas 200 veces para que su pareja lo almacene y ejecute lo antes posible. Y rápidamente se empieza a establecer este círculo vicioso de “dar órdenes, porque si no, no hace nada” y la contraparte “no recibe órdenes (menos de una mujer) por lo tanto no hará nada”. Este mecanismo a veces es muy inconsciente, y nos toma un par de sesiones poder verlo y entenderlo.

Pienso que en esta sociedad machista en la cual nos ha tocado a todos crecer, el hombre está muy acostumbrado a que le hagan las cosas, desde la comida hasta sus trámites personales como pedir hora al doctor. Es cosa de ver a nuestras abuelas con nuestros padres y tíos, o en algunos casos a nuestras mamás con nuestros hermanos.

Tengo varios pacientes que me cuentan que ellos nunca hicieron nada en la casa, que eran sus hermanas y mamás quienes servían, hacían las camas, llevaban la ropa sucia a la lavadora, le hacían el almuerzo y colación para el colegio, etc. Nunca jamás tuvo que hacer nada, hasta que decidió casarse y al momento de vivir con su señora, no entendía nada (y ella menos). “Nunca hice nada en mi casa, entonces no sé qué cosas hay que hacer, le pido a mi señora que me explique o que me haga una lista y ella se niega, dice que yo averigüe pero que empieza ya, antes de que sea demasiado tarde”. Por su parte la señora dice “No puedo creer que no entienda que las cosas no se hacen por obra del espíritu santo en la casa. La ropa sucia no se va sola del suelo al canasto y del canasto a la lavadora. Tampoco se lava sola. El refrigerador no se llena solo todos los lunes, hay que pensar en un menú semanal además de ir al supermercado y comprar, y así sucesivamente”.

Estos son ejemplos muy concretos de lo que les estoy tratando de transmitir respecto del equilibrio, de empoderarse, de no tomar todo el control, de confiar en el otro, de respetar sus tiempos y sus formas, y que no porque las cosas no se hagan perfectamente como uno las hace, significa que se hacen mal.

Sí, algunas mujeres les toca lidiar con hombres menos proactivos que realmente no saben qué hacer, y no porque no quieran sino porque nunca nadie les enseñó ni tampoco ellos quisieron aprender. Estas son las parejas con las cuales uno parte con tareas básicas en la terapia y en muy poco tiempo se ven los cambios tanto en la dinámica relacional como en la vida sexual.

Se preguntarán por qué y solo puedo decirles que todo está relacionado. Cuando trabajamos las disfunciones sexuales tanto en mujeres como en hombres, pocas veces nos quedamos hablando solo de la vida sexual. Podemos ampliar la mirada y ver que lo que pasa en el día a día nos da pistas de lo que pasa en la cama. Podemos entender por qué les pasa ahora si la verdad es que nunca antes habían tenido ese problema, y la pareja logra ver que la manera en la que funcionaban, no era lo mejor para ellos.

El típico “nunca dije nada para no tener problemas” es el famoso Pan de hoy y hambre de mañana. Me cuesta entender la dificultad que tienen las parejas para hablar de los problemitas y los problemones, sé que no es fácil, sé que en muchas ocasiones algunos no logran escuchar o entender lo que el otro quiere decir, o sencillamente el golpe al ego es tan fuerte que entran en modo defensa y ataque. Cualquiera de los mecanismos es tremendamente dañino para cada uno y para la pareja.

Creo que si hay algo en lo que no están logrando ponerse de acuerdo puedan consultar con un profesional que los ayude a entenderse y les de herramientas para el manejo de situaciones complejas a futuro. Porque lo que se guarden, muchas veces se acumula y termina saliendo por otro lado, y si son problemas de pareja ese otro lado muchas veces son las disfunciones sexuales.

Veo lo mal que lo pasan las parejas, veo el dolor que hay en ambos por lo lograr una relación sexual placentera y natural y veo que a veces es tan poco lo que hay que hacer pero tanto lo que les cuesta pedir ayuda que los problemas se acentúan y la pareja a veces llega tarde. ¿Para qué seguir pasándolo mal si hay especialistas que te pueden ayudar a pasarlo bien y disfrutar? No le tengan miedo a la terapia de pareja, no es más que una ayuda para resolver ciertos temas que ambos no han logrado a ser por cuenta propia.

Foto portada:Imagen de Free-Photos en Pixabay

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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Escuchar es vivir dos veces

Cuando nos topamos con alguien excesivamente locuaz y verborreico nos solemos quejar de que «es una persona que habla mucho». Si además milita en el agotador egotismo, esa religión que convierte el ego en el único lugar de peregrinación al que siempre se acaba dirigiendo su discurso, solemos agregar que «es una persona que no para de hablar… de sí misma». Sin embargo, cuando nos cruzamos con otra que nos presta atención jamás la acusamos fiscalizadoramente como  «es una persona que escucha mucho». Yo no he oído a nadie la cantinela quejumbrosa de que «es insoportable, no me interrumpe nunca», jamás he visto enfadarse a alguien porque «esta persona no para de escuchar». El motivo es sencillo. A todos nos gusta hablar y nos halaga que nos escuchen porque en ambos casos se satisfacen enraizadas motivaciones del ser humano como el reconocimiento y el cariño. Escuchar es evidenciar interés por el otro, y a todos nos encanta esa muestra de consideración hacia nuestra persona.

Hace ya tiempo le pregunté a mi sobrina, que entonces sumaba siete años, qué diferencia existe entre escuchar y oír. Quería demostrarle que son dos verbos con significados muy distintos que sin embargo a veces empleamos erróneamente. Me contestó que escuchar es prestar atención a lo que se oye. Me dejó tan atónito que no agregué nada. Escuchar es un acto intencionado, oír, no, y en esa intención descansan todas las virtudes empáticas de la escucha. El refranero nos recuerda con conmovedor optimismo que «hablando se entiende la gente», pero yo creo que debería modificarse por «escuchando se entiende la gente». Realmente deberíamos aproximarnos a realidades más veraces matizando que «escuchando se puede entender la gente, y a veces así tampoco». En la novela El mundo que deslumbra de la gran escrutadora del alma humana Siri Husvedt se afirma taxativamente a través de uno de sus protagonistas que la mejor estratagema para seducir consiste en escuchar.  «No pretendo ser un cínico cuando digo que escuchar es la primera regla de la seducción», comenta un personaje al recordar cómo se ligó a su pareja. Nada nos magnetiza más que una persona nos conceda su tiempo, nos preste sus oídos y nos empuje ligeramente para facilitar que de nuestros labios salgan palabras abrazadas a otras palabras. Quizá sí hay algo que nos atrae más, y es que el que nos escuche nos regale un halago, esa caricia que sobreexcita al ego, siempre que esté bien fundado y sea merecido. Escuchar es seductor, escuchar permite conocer información novedosa frente a la que uno pueda aportar que ya se la sabe de memoria, escuchar está muy bien retribuido sentimentalmente, escuchar es la única forma de documentar el alma de nuestro interlocutor. Escuchar de verdad es vivir dos veces a la vez.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo
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¿“Sempáticos”?

Todos hemos oído hablar de empatía, y muy a menudo se nos ha explicado como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, mano en el corazón, esto no suele funcionar tan bien en la práctica. Por supuesto es frecuente, que efectivamente logramos ponernos en la situación del otro, pero generalmente es porque estamos de acuerdo con esa persona, es decir simpatizamos con ella.

Así es que la simpatía exige consonancia, concordancia, coincidencia y muchas veces, ideas de valores similares. Simpatizamos con nuestras amistades y con quienes compartimos algo en la vida, por lo que nos parece más fácil “ponernos en su lugar.”

Sin embargo, no nos será tan fácil ponernos en la posición de cualquier persona, con la cual a primera vista no tengamos nada en común o diferencias abismales en algún ámbito. Por ello, no me gusta tanto la arriba citada definición simplificada y “vox populi” de empatía.

Más bien coincido con que la empatía es una postura comunicativa que nos permite respetar acciones interpersonales, y también sentirlas comprensivamente, independientemente de si estamos de acuerdo o no, si simpatizamos con esa persona o no.

Por lo tanto y tratando de hacer una mejor aproximación a la definición de empatía, propongo la siguiente: “la capacidad de expresar respeto y comprensión por la manera de actuar, pensar o sentir de la otra persona, ya sea que estemos de acuerdo o no.” En ese contexto, nuestra situación personal y opinión son indiferentes, ya que las posiciones incluso podrían ser contrastantes o antagónicas. De lo contrario, si las posiciones y opiniones son más bien coincidentes, simpatizamos con nuestra contraparte.

De la manera que lo explico arriba, lo he vivido muchas veces en mi vida, aunque debo reconocer, de que durante décadas actuaba más intuitivamente en ese sentido y no era tan consciente de ello. Cuando tomé real consciencia, fue hace unos doce o trece años atrás, cuando ahondé en una amistad con una persona por la cual sigo teniendo un inmenso afecto, quien muchos años antes de que la profundizáramos había sufrido el asesinato por razones políticas de su padre, en una época complicada y muy delicada de nuestra historia. Esta persona, de una posición política muy distinta a la mía, estaba pasando por un momento puntual especialmente sensible respecto de la pérdida de su padre. Efectivamente, a pesar de nuestras grandes diferencias ideológicas, la respeté honestamente y pude sentir comprensión por lo que había pasado y estaba pasando en ese momento, sin falsas posturas, tanto así, siento que en esos años incluso fui un buen apoyo, más allá de mi comportamiento al estilo del Río Guadiana: aparecer y desaparecer, el que nada tenía que ver con la situación señalada. Debo decir eso sí, de que simpatizábamos muy fuertemente en varios valores, diferentes a los meramente ideológicos políticos.

Por lo tanto, claramente sí somos capaces de llegar a sentir comprensivamente, si respetamos la posición y vivencia de la otra persona, sin condenarla o realizar un juicio de valor.

Para mostrar empatía, no es necesario expresar nuestra propia opinión sobre el tema, ya que ante todo la empatía requiere escuchar, observar y respetar la posición o situación de esa otra persona. Por supuesto, existen otras formas de hacer ver nuestra opinión y mostrar respeto, por ejemplo, a través de una comunicación tranquilizadora y deferentemente apropiada a la situación.

Pero por favor, no confundamos: a veces sentimos que somos empáticos, o incluso nos dicen que lo somos, pero cuidado, frecuentemente se trata sólo de querer complacer al otro o tratar de ser bien comportados, incluso a querer caer bien y obtener su aprobación. Tratamos de simpatizar, pero en realidad no empatizamos.

El respeto real, exige conocimiento y empatía. Ello, porque debemos conocer y observar a la otra persona para poder mostrarle nuestro respeto en su situación. El respeto requiere que todos tengamos el derecho de decidir cómo queremos vivir, pensar, actuar y sentir, sin ser juzgados por esas decisiones. Por supuesto, sin que ello ocasione daños a otros.

Cuando respetamos, comprendemos desde la posición en que habla, piensa o siente la otra persona, según sus propios valores, sin que necesariamente exista plena coincidencia en ellos. Además, si no pretendemos cambiarla a través del convencimiento racional o emocional.

Simpatizar significa compartir muchos valores, inclinaciones, etc. Empatizar significa mostrar respeto comprensivo por las diferencias sin juzgar.

Por lo tanto, no siempre puedes ser simpática(o) y empática(o) al mismo tiempo.

 

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TRES CLAVES PARA ENFRENTAR UNA ERA DIGITAL

El año 2004 cambia nuestra vida y la manera de comunicarnos, nace Facebook y con esta poderosa red social, se genera una nueva forma de interactuar con el mundo. Comenzamos a exponer pedazos de nuestras vidas que nos parecen divertidos o trascendentes y aquello que le contaba a una amiga o a mi pareja, ahora pasa a ser “contado” a través de una foto. Busco compartir, pero también quiero generar un impacto en quien me sigue en redes sociales.

El 2010 nace Instagram, que solo nos daba la posibilidad de subir fotos, dejamos de solo comentar nuestro “estado”, para ahora mostrárselo a todos aquellos que aceptó entren a mi mundo virtual. Esta red social, pasó a ser una de las formas más importantes de exponer los momentos importantes, nuestras vidas y nuestras formas de ser. No solo cambió la manera de relacionarnos (para los que ya somos más viejos), sino que pasó a ser casi la única manera de vivir y compartir que tienen nuestros adolescentes hoy en día.

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Sin darnos cuenta y frente a la exposición que vivimos al ser parte de las redes sociales, comenzamos a hacernos cada vez más vulnerables a la mirada del otro, a los comentarios y -aunque no lo creamos- a los “likes” de quienes nos siguen. Nuestras relaciones se volvieron menos profundas y la mirada de nosotros mismos comenzó a pender de un hilo o siendo más específica, a depender de la mirada del otro o del impacto que mi vida pueda tener en esa persona que la observa. Si bien, me considero estar en una generación distinta a nuestros adolescentes o millenials, no puedo dejar de compartir que las redes sociales a ratos sí han impactado mi manera de verme. Y la realidad es que se necesita tener una identidad y autoestima sólida frente a tanta exposición y vulnerabilidad.

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El problema es que nuestros adolescentes están en el proceso de formar su identidad, recién se encuentran con lo que son y quieren ser, y entonces poder distinguir aquello que quiero mostrar o como quiero definirme frente al otro se encuentra aún muy difuso. El problema surge además cuando su lema oficial pasa a ser “comparto, luego existo” o si vamos aún más lejos “influencio, luego existo”. ¿debo primero compartir para sentir que estoy viviendo el momento? ¿Debo lograr impactar a otro para sentir que mi vida tiene sentido?.

Hoy sin duda nos encontramos frente a jóvenes a los que les preocupa la cantidad de likes y seguidores, que saben a qué hora postear sus fotos para tener un mayor impacto, jóvenes que están dispuestos a pagar por tener likes o conseguir más seguidores para sus cuentas. Si no tengo likes, seguidores o comentarios es como si yo mismo no valiera la pena. Si no comparto, si no influencio…no existo. ¿Cómo influencio? ¿Cómo consigo likes? Mostrando lo mejor de mi, el mejor engaño, mi yo perfecto, mi yo que no existe.

¿Por qué ella puede tener la vida perfecta, bonita, tener pololo y una carrera que le gusta y yo no puedo lograr todo eso? … lo más irónico de todo, es que esa misma persona que se lo pregunta puede ser vista por otros como poseedora de esta “vida perfecta”. La consecuencia: un menoscabo de mi autoestima y una sensación penetrante de decirnos día a día que no somos lo suficientemente buenos, que no somos capaces y que nunca llegaremos a ser “perfectos como ellos”.

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¿Qué podemos hacer con todo esto?, claramente no podemos exiliarnos de las redes sociales. El camino es enfrentar la situación, como todo aquello que nos da miedo en la vida, buscar nuestras herramientas e intentar salir parado de la mejor manera posible. ¿Cómo lo logramos? Para mí son tres palabras claves, las tres A de la supervivencia a un mundo virtual: Autoconocimiento, Autoestima y Autocompasión.

Autoconocimiento: Debemos conocer aquello que somos, de que estamos hechos, cuáles son nuestras cualidades, con sus luces y sus sombras. Saber qué nos define, para que nada ni nadie lo haga tambalear. Si sabemos quienes somos, lograremos conocernos en aquello que nos hace mal y que nos hace bien. Podremos pensar en nuestro autocuidado y así poder decidir que es lo que quiero mostrar de mi mismo, cuanto quiero interactuar en él y a quienes quiero darle acceso a esta “parte” de mi mundo.

Por ejemplo, si tenemos hijos inseguros, o más sensibles a la mirada del otro, si vemos que aún no han logrado definirse bien en lo que son, ayudémoslos a cuidarse. Hablemos con ellos de cuanto se exponen, de que es lo que necesitan con esa exposición, que es finamente lo que quieren mostrar, como van a manejar lo que ven, lo que dicen y también lo que reciben de aquello que deciden mostrar. No nos expongamos nosotros y ayudémoslos a ellos a no exponerse en un falso yo. Envalentonémoslos a mostrarse honestamente y con la tranquilidad de que aquello que digan o dejen de decir no los define y que podremos sobrellevar juntos el impacto de lo que esto tenga.

Y nunca olvidemos que su autoconocimiento, pasa por lo que les mostramos nosotros de ellos mismos. Ellos son lo que nosotros les reflejamos, somos su espejo, si les decimos que son empáticos, generosos, músicos, sensibles, humildes, sencillos, ellos se irán definiendo en torno a eso. La manera que tienen de conocerse nuestros hijos es a través de nosotros, eso los arma y los va definiendo en la vida.

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Autoestima: ¿Cómo logramos fortalecer nuestra autoestima cuando ella igual depende de la mirada de mí mismo y la del otro? La autoestima se define como el sentimiento profundo de sentirse querido, acompañado, valorado e importante tanto para nosotros mismos como para otros. Entonces no podemos pensar que lo que el otro piense de mí no importa, la realidad es que sí nos importa, el tema es que aquello que piensa el otro, no puede definirme. Entonces lo primero y que ya hablamos será conocernos, estar seguro de lo que me define y entonces atreverme a ser yo mismo.

En la adolescencia el decidir atreverse es un camino difícil porque implica equivocarse, y a esta edad no somos amigos ni del error, ni del fracaso, debemos ayudarlos y ayudarnos como papás a mirar los errores como una tremenda oportunidad de aprendizaje. Solo por medio de ellos sacamos nuestras mejores herramientas que también nos definen en lo que somos. Si me equivoco en algo que dije o hice, el como salgo adelante me arma de fortalezas que finalmente me definen y fortalecen mi autoestima. No solo me atrevo y me arriesgo, sino que si me equivoco puedo salir adelante. ¿Habrá algo más poderoso que eso para nuestra autoestima?

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Autocompasión: Siempre se nos enseña como fortalecer a autoestima, pero el mundo no nos ha preparado para hablarnos a nosotros mismos. Una cosa es como me veo y otra muy distinta es como me trato. Vivimos en una sociedad exigente que despierta en todo minuto nuestro critico interno. Siempre “podría haberlo echo mejor” “no soy tan buena en lo que hago” “nunca llegare donde me propongo si me sale mal”. Tendemos a hablarnos de manera poco amable y desde una mirada inquisitiva y poco cariñosa.

En una era en donde nos exponemos cada vez más a la mirada del otro, necesitamos aprender a tratarnos bien. Cambiar nuestros auto diálogos, por mensajes llenos de cariño, comprensión y apoyo. ¿Por qué si puedo ser compasiva con el otro no puedo serlo conmigo misma?. Comencemos a decirnos “salió mal, pero podemos aprender de eso” “la próxima vez podré hacerlo distinto” “es la primera vez que me salía mal, tenia permiso para equivocarme”. Necesitamos ser mucho más amables con nosotros mismos, abrazar el error y a nosotros en ese error o sufrimiento.

¿Cómo logramos trabajar nuestra autocompasión? Aprendamos a decirnos frases cariñosas, alejémonos de la autocrítica, de aquellos juicios negativos que solo nos destruyen, enfrentemos nuestros miedos y confiemos en nuestras capacidades para enfrentar las dificultades que aparezcan en el camino, querámonos más allá de la mirada del otro, conozcamos y creamos firmemente cuanto valemos como personas, pero por sobretodo seamos amables con nosotros mismos.

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¿Cómo nos fortalecemos en una era digital? ¿Cómo nos definimos un mundo virtual donde todo se muestra perfecto? Busquemos palabras poderosas que nos definan, conozcamos nuestras sombras y que estas nos construyan. Veamos el error como una oportunidad de crecimiento y dejemos de valorarnos y mirarnos a través de la mirada del otro. Y por último: Arriesguémonos y enfrentemos todo aquello que nos da miedo porque solo eso nos hará creer en nosotros mismos y nuestras capacidades. Y por favor, ayudemos a nuestros adolescentes a recorrer el mismo camino.

Nuestra tarea como personas, padres o jóvenes es poder aceptar que no somos perfectos, que el de al lado tampoco lo es y que nada de lo que veo o muestro en las redes sociales es real. Solo es una “parte” de mi vida, no es mi vida y es solo una “parte” de mi yo, no es mi yo en su totalidad. Porque las personas reales sufren, son imperfectas, pelean y luchan con sus sombras, y eso nos hace más humanos y mejores personas.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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MAMÁ TAMBIÉN TIENE NECESIDADES: ¿Cómo gestionarlas con los hijos de manera respetuosa?

Pau de 3 años quiere ir al parque, no quiere estar dentro de casa, se pone de mal humor si no sale. No quiere jugar ni pintar ni hacer nada dentro, solo salir toda la tarde, entonces insiste e insiste a su mamá que tiene mil pendientes, trabaja en casa y aún no ha almorzado. Si salen toda la tarde su mamá no podrá avanzar y terminará comiendo cualquier cosa y si no salen la tarde será difícil porque Pau seguirá insistiendo y su enojo tampoco permitirá que su mamá avance mucho. Entonces ella me pide consejos para adaptar a su hijo a sus necesidades y su realidad. 

No importa cuántas actividades le sugiera ni cuántos juguetes tenga a su alcance: Pau evidentemente quiere salir al parque a explorar el mundo lo cual es absolutamente normal para su edad. Si lo que pretendemos es críar a tiempo completo o trabajar desde casa (que implica pasar todo el día  con nuestro hijo) no será posible “adaptarlo a nuestra realidad” seremos nosotros quienes deberemos adaptarnos a la de el o ella. 

Yo se de primera mano lo difícil que puede llegar a ser y lo sobrecargada que una de siente, pero el tiene una necesidad concreta que es salir a explorar y quizás socializar, lo he visto con muchísimos niños de su edad incluso mi propia hija a la cual debo sacar a un parque, playa o ludoteca todas las tardes porque sino la tarde se torna poco feliz para ambas. Ella se quejaba y yo no podía trabajar entonces abrí mi consciencia ante la situación, me adapte a su necesidad, pare mi resistencia y deje que todo fluya.

Con un par de horas fuera la vibra cambia completamente y al regresar a casa ella ya se muestra mucho más dispuesta a jugar con sus juguetes o con su hermano y yo puedo avanzar con mis pendientes. 

Cuando hablamos con nuestros hijos sobre nuestras necesidades debemos ser cuidadosas y no recargar las palabras de modo que puedan ser confusas o generar culpas. En la primera infancia los niños recién están comenzando a entender el pensamiento lógico simple y no pueden procesar algo muy abstracto o irónico, entonces debemos utilizar pocas palabras y muy concretas: “ahora no podemos salir porque tengo hambre y voy a comer. Cuando termine salimos” en lugar de “Mama tiene mucha hambre porque no come desde el desayuno y así le faltaran fuerzas para seguir el día, tienes que esperar porque no sabes esperar” Recordar SIEMPRE hablar en primera persona: “yo quiero/siento/tengo” en lugar de “mama quiere/siente/tiene”. 

Por ultimo en las “negociaciones” no debemos olvidar que nosotros como adultos podemos esperar y tenemos noción del tiempo cronológico pero las criaturas aun no: ¿recuerdas cómo de pequeña viajar una hora en auto parecía una eternidad? 

Satisfacer las necesidades de los hijos aunque sea un ratito les permitirá clamarse y al sentirse satisfechos podrán redirigir su energía hacia otra cosa, pero si los hacemos esperar y esperar y esperar probablemente ese tiempo sea complicado y ellos insistan hasta satisfacer sus necesidad lo cual es normal.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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Imagen: Nathalie Jomard

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El arte del buen amor en las familias. Las Constelaciones Familiares (III Parte)

Las Constelaciones Familiares

A través de una constelación, una persona, una pareja o una familia que plantea problemas de relación, de comunicación, de conducta, de personalidad, de salud, de sufrimiento en su trabajo u organización, etcétera, logra comprender en un tiempo breve las dinámicas e implicaciones desfavorables que operan en su sistema alimentando lo problemático, y cambiarlas. La metodología, que habitualmente se practica en grupo, es asombrosamente simple y escénica. Se eligen representantes para las personas involucradas en el asunto, las necesarias para su comprensión y solución, ya sean de la familia actual o de la familia de origen, parejas anteriores, personas de nuestro sistema laboral, etcétera, y luego se posicionan en el espacio, de manera que el “cliente” exterioriza la imagen interior que tiene acerca de sus vínculos y su red de relaciones. Se plasma así una geometría que expresa como se perciben las conexiones y el lugar que ocupa cada quien en el sistema. A continuación, afloran las dinámicas que mantienen los problemas, generalmente muy sutiles, casi invisibles, y se generan imágenes alternativas de solución a través, por ejemplo, de la integración de excluidos, o reparaciones entre las personas, o se completan movimientos emocionales pendientes, o se expresan frases rituales que ordenan, estructuran y alivian a todos los miembros del sistema. El cliente o clientes suelen tener la sensación de haber liberado viejos pesos, culpas o destinos difíciles, y de orientarse mejor hacia lo bueno y hacia sus propios objetivos.

Personas que repetían patrones o destinos desdichados (suicidios, adicciones, fracasos, luchas, depresiones, traiciones, etcétera) de otras personas en las familias, siguiendo amorosas lealtades invisibles, quedan liberadas. Hijos que aman ciegamente a sus padres, y navegan en la sintonía de su sistema, asumiendo dinámicas terribles como seguir a la muerte a otras personas cuyo duelo no ha sido completado, o enfermar o asumir sacrificios o culpas o venganzas por otros, o tomar a su cargo esfuerzos y lugares que no corresponden (como ser la pareja invisible de uno de los padres, por ejemplo), se muestran por fin disponibles para estar más felices en su vida o en su pareja o su trabajo, etcétera. El efecto de una constelación suele ser el de una magna liberación porque lo meramente intuido es desvelado y enfrentado, y porque lo no resuelto es encarado por fin, a menudo acompañado de una fuerte emocionalidad que es catárticamente descomprimida. De modo que las Constelaciones actúan a la profundidad de los misterios sutiles de nuestro grupo familiar y de los requerimientos de su Alma colectiva. Pues las Constelaciones trabajan con esta Alma común, un ente gregario y colectivo al que pertenecemos y de cuyo orden y salud depende nuestro bienestar personal. Es equivalente a Mente Sistémica o Red de Vínculos y se asemeja de algún modo a la idea del Inconsciente colectivo de Jung. Es decir, pertenecemos a un Alma colectiva familiar que nos envuelve y nos acoge al mismo tiempo, dándonos identidad y satisfaciendo nuestra sed de pertenencia, que es el instinto más poderoso del ser humano, al tiempo que nos ata a lealtades y exigencias sacrificadas, que pueden y deben ser superadas para que la orientación a la vida y la felicidad triunfe sobre sus contrarios de muerte y desdicha.

 

Joan Garriga
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Extraido de www.joangarriga.com

 

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