La verdadera libertad

Estamos inmersos en una sociedad cautiva. Una sociedad en la que somos dominados y manipulados a través del consumismo, los medios de comunicación, las películas y las series, y ahora también a través de las redes sociales.  A veces lo podemos percibir de forma flagrante. Otras, es mucho más sutil e insidioso, es el poder de la masa que te arrastra sin que te des cuenta y tu te dejas llevar para poder satisfacer el deseo de pertenencia, que decía el gran psicólogo Abraham Maslow.

Todo eso desemboca en un condicionamiento de nuestra mente en función del entorno en el que nos movemos en forma de miedos, ansias, apegos, penas, insatisfacción, frustración… Una espiral de la que nos cuesta muchísimo salir, aún cuando tomamos consciencia de ella. Sobre todo porque nos hemos acostumbrado a convivir con estos monstruos internos que nos llenan de toxicidad y nos van marchitando por dentro sin darnos cuenta de que podemos liberarnos de ellos. Los hemos asimilado como hábitos automáticos y creencias internalizadas basadas en nuestra memoria y nuestra exposición continua a una enculturarización que termina determinando quienes creemos ser. Tomar consciencia de hasta qué punto actuamos de manera automática puede ser inquietante, pero es la puerta de entrada a la liberación.

En Occidente creemos que la libertad corresponde a la esfera de lo externo: poder expresarnos cuando y como nos dé la gana, y poder lograr todos nuestros deseos según nuestro plan. Es una perspectiva muy terciada de la libertad que en realidad nos ata a nuestros anhelos y aferramiento, siempre intentando colmar una copa que no se llena desde fuera y, que por lo tanto genera gran sufrimiento.

La verdadera libertad no proviene de poder llevar a cabo determinadas acciones a nuestro antojo. La verdadera libertad es un estado interno de paz, equilibrio y ecuanimidad que nadie ni nada puede coartar ni otorgar. La verdadera libertad no es consecuencia del dinero, el reconocimiento ni el poder. La verdadera libertad florece cuando cultivamos la sabiduría y el corazón, y así podemos madurar y transformarnos desde dentro.

Autora: Mónica Esgueva

 

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Mindfulness y el estrés cotidiano

Uno puede sentirse estresado mientras hace cola en el súper o en la oficina de correos, conduciendo en medio de un denso tráfico o por una carretera desconocida que cruza un bonito bosque, cuando se acerca una fecha importante o mientras se mantiene una conversación. ¿Te suena alguna de estas situaciones?

Además podemos experimentar una reacción de estrés anticipado, recordando este tipo de situaciones. Por más insignificantes que nos puedan parecer, todas las situaciones que valoramos como estresantes provocan una amplia variedad de síntomas, que van desde la tensión muscular hasta el dolor de cabeza, insomnio, problemas gastrointestinales, problemas en la piel… El estrés sostenido durante un largo periodo de tiempo, puede ser factor determinante para el desarrollo de enfermedades más graves, como las afecciones cardíacas, especialmente cuando nos enfrentamos al estrés con estrategias inadecuadas como el tabaquismo, el abuso de sustancias, la sobrealimentación o el exceso de trabajo.

Según el psiquiatra Víktor Frankl, “entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. Es ese espacio descansa nuestra capacidad para elegir una respuesta. Y en esa respuesta se asienta nuestra libertad y nuestro crecimiento”. Es decir, tenemos la capacidad para aprender el modo en que vamos a responder a las situaciones estresantes.

La conciencia nos proporciona la libertad de elección de nuestra respuesta. La clave está, entonces, en la conciencia. Evidentemente, reaccionar de la manera habitual en la que reacciono normalmente ante una situación similar a la que me acaba de ocurrir, es la manera más fácil de reaccionar, es la manera aprendida. Pero, ¿no te gustaría aprender nuevas maneras y deshacerte de viejos hábitos?

Es importante aprender a desconectar de nuestro piloto automático que nos empuja a viejos hábitos aprendidos, pero que no son respuestas eficientes en la mayoría de los casos. El hecho de ser plenamente consciente de los efectos del estrés en nuestra vida y el modo en que nos relacionamos con él, constituye el primer paso, paso imprescindible además, para la elección de nuevas respuestas y más adecuadas. ¿Te atreves a tomar este nuevo camino?

 

Irene Morales 

Coach Espiritual

 www.IrenePsicoBio.com

Extraido de www.institutodraco.com/es

 

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Entrena tu Corazón

Nuestro cerebro fue ajustado para cierto nivel de experiencia, la que creemos posible para nosotros. Esto ocurre desde niños, incluso sin que nos demos cuenta, y también sostenemos limitaciones y esquemas inconscientes que heredamos del entorno familiar.

Por eso es fundamental mantenernos alertas y presentes cuando observamos que estamos sosteniendo una actitud limitante, un patrón negativo, excusas, fantasías asociadas al miedo; y volvamos a enfocar la atención hacia lo que realmente queremos.

Las creencias primarias revelan la manera como respondemos a las primeras experiencias de vida, y se vuelven una regla para lo que nos ocurre después. No aparecen por casualidad: están basados en premisas y deducciones que en el momento nos parecen lógicas; incluso necesitamos creerlo para confirmar quienes somos o cómo son las cosas, ya que a nuestra mente le gusta tener razón. Es decir que las creencias se refuerzan, y una vez que hemos llegado a una conclusión sobre nosotros mismos tendemos a buscar evidencias que nos ¨confirmen¨ que es así, y a descartar cualquier idea que vaya en contra.

De la misma forma si creemos una idea que es coherente con nuestro Bienestar, tendremos una experiencia positiva que también se refuerza.

Estar alerta a los pensamientos, es un entrenamiento mental. Estando alerta, podemos tomar consciencia de lo que a veces nos decimos muy sutilmente, de los pensamientos detrás de pensamientos, de la historia que se esconde detrás de la historia, ¡esa ilusión que hay debajo de la punta del iceberg! Al darnos cuenta de cómo las creencias dirigen nuestras experiencias, tanto personales como colectivas, podemos comenzar a elegir qué ideas conscientemente sostenemos ya que la mente precisa de creencias, y de acuerdo a la percepción que tenemos sobre toda cosa y persona, es el tipo de relación que sostenemos con ella.

Generalmente cuando experimentamos un conflicto en cualquier aspecto de nuestra vida, esto es producto de la oposición entre un deseo consciente y una creencia o regla subconsciente. Deseamos una cosa o realizar algo, pero inconscientemente creemos lo contrario, o sostenemos una regla con la que nos privamos de ello.

Es como cuando una empresa contrata un nuevo CEO, que trae ideas diferentes y recursos para la evolución de la organización, y los operarios que llevan muchos años haciendo las cosas de la vieja forma, están ¨seguros¨ de que esa la única manera de hacer las cosas. Creen tener razón, por más que no alcancen los objetivos propuestos y el fallo esté a la vista en los resultados. Y se resisten al cambio, a aplicar la estrategia del nuevo CEO porque ¨hace años que vienen trabajando así, ya están grandes para cambiar¨.

Es simple. Cuando nos sentimos ¨atascados¨, hay una idea limitante para desactivar. Para hacerlo podemos empezar por preguntarnos:

¿Qué pienso acerca de esta situación?

¿Cómo me siento al pensar en esta situación?

¿Qué emoción/es se presentan?

¿Qué ¨recompensas¨ obtengo de mantener esta situación tal como está?

¿En qué ganaría si elijo tomar responsabilidad del cambio?

¿Qué puedo hacer hoy, dónde estoy y con los recursos que tengo para dar el primer paso?

Experimentar la prosperidad que merecemos, no sólo se trata de pensar en positivo, sino de creer en un nivel emocional profundo, es decir, tener certeza. En este sentido si esperamos no cometer errores, ya estamos en el primer error. Si estamos atentos esos errores pueden convertirse en valiosas lecciones de aprendizaje que nos llevan a dar un salto en nuestra evolución personal. No miremos a las equivocaciones como algo a evitar, sino más bien como oportunidades, en las que cuanto más aprendamos y más rápido lo hagamos, más simple será entonces encontrar la manera acertada de hacerlo. Muchas veces, las mejores cosas, suceden cuando persistimos, y trascendemos los primeros obstáculos.

Según la forma en que percibimos una situación, es decir el enfoque que le damos, la vemos como un problema, o como una lección de riqueza.

Del nuevo libro Entrena Tu Corazón.

Agustin Andrade

Autor y Comunicador

www.agustinandrade.com

Articulo extraido de www.InstitutoDraco.com

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El poder del fuego

En las últimas semanas nuestro país y miles de compatriotas han padecido las graves consecuencias ocasionadas por los incendios forestales. Intencionales o no, hemos visto la fuerza implacable del fuego que lo destruye todo a su paso, generando dolor y pérdidas.

Así también hemos visto como las redes sociales se han “incendiado” por momentos, llenándose de comentarios y juicios basados en el odio, muchas veces infundados, generando una atmosfera de desconfianza, temor y resentimiento.

Si bien la mayoría de nosotros no tenemos los medios para colaborar directamente apagando el fuego de los bosques, si podemos hacer una gran contribución al conocer y manejar nuestro propio fuego interno, para no terminar quemando aun mas nuestras confianzas, que son la base del tejido social que nos sostiene y que permitirá levantarnos una vez más como país.

Todos nosotros, por el hecho de estar vivos, tenemos fuego en nuestro interior. Las experiencias que nos suceden en la vida son las chispas que encienden nuestro fuego. Tenemos una pelea con nuestra pareja: una chispa enciende nuestro fuego. Tenemos un mal día en nuestro trabajo: otra chispa enciende nuestro fuego. Surge un peligro como el de los incendios recientes, y estos son una chispa más que enciende nuestro fuego interior.

En sí mismo, nuestro fuego interno no es el problema, sino lo que hacemos con él.  Manteniendo la analogía con el fuego exterior, podemos decir que el fuego en sí mismo, bien manejado, no es dañino. A lo largo de nuestra evolución como especie, nos ha permitido cocinar, temperar e iluminar nuestros hogares y mantenernos libres del peligro de los animales que nos acechaban. El fuego es constructivo cuando podemos hacerle un debido espacio y contenerlo. Pero cuando el viento sopla muy fuerte, las brasas pueden volar lejos y las llamas pueden crecer hasta provocar un incendio que lo destruye todo. Así también, cuando nos dejamos llevar por el odio, podemos usarlo para dañar a otros, como lamentablemente hemos observado en las últimas semanas.

Hay algo que podemos hacer para evitar que el fuego que tenemos en nuestro interior incendie nuestra vida y la de quienes nos rodean. Si bien, por el hecho de estar vivos no podemos evitar que nos ocurran ciertas experiencias dolorosas (como el dolor de la pérdida de un ser querido, o el perder todas las posesiones en el caso de los afectados por los incendios), ni tampoco podemos evitar que dentro nuestro surja una reacción a ese dolor, sí podemos elegir lo que hacemos con lo que surge en nosotros. No se trata de destruir la energía de nuestras pasiones y sentimientos, ni tampoco de negarla o reprimirla. Se trata más bien de darle un cauce consciente.

Por eso, estemos atentos a nuestro propio fuego interior en esta circunstancia de crisis. Que la chispa de tu dolor no encienda el fuego de tu odio. El odio es un fuego que lo destruye todo, comenzando por el corazón del que lo padece. Si criticamos a quienes supuestamente se han dejado llevar por el odio, e intencionalmente han iniciado estos incendios, no hagamos nosotros lo mismo con nuestra alma.

No se trata de ser ingenuos. Todos sentimos miedo, rabia, tristeza, impotencia. Más aun quienes han sido directamente afectados, y con toda razón. Estas son chispas que encienden nuestro fuego.  Pero si no las cuidamos con atención y conciencia, corremos el riesgo que terminemos quemando lo que más amamos.

Este fuego nos pertenece. Es responsabilidad de cada uno de nosotros conocerlo, cuidarlo y darle un cauce consciente. Es nuestra tarea cuidar como hablamos, como actuamos, a que elegimos ponerle énfasis: a la ayuda oportuna o a la crítica destructiva.

Observemos las chispas que encienden nuestro fuego hoy y no permitamos que arrasen con todo lo que amamos. Cuidar nuestro país también pasa por cuidar nuestro fuego interno y elegir como lo utilizamos.

Bárbara Porter J. Psicóloga Clínica PUC

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