La Culpa

 

 

“La culpa es el sentimiento más limitativo, porque genera en nuestra mente pensamientos de  vergüenza, dolor, sufrimiento, enfermedad, resentimiento, soledad y miedo.

Es un pensamiento escondido en el rincón más oscuro de la mente, no se ve, no se siente aparentemente, no se reconoce y al no reconocerlo no puede ser sanado a través del perdón que nos conduce de regreso al amor y a la libertad que nos fueron dadas desde el Origen.»

La culpa o falta de amor es el mecanismo inconsciente pero fulminante que utilizamos para destruir nuestra paz, es la sustentación de una de las mayores irrealidades de este mundo, la irrealidad del pecado. Es el primer obstáculo para la paz, que es el deseo oculto de deshacernos de ella a través de la atracción constante por la culpabilidad que nos genera miedo al amor y a Dios. Un obstáculo que construimos con dedicación día con día y ni siquiera somos conscientes de ello, no sabemos cómo se originó y se grabó en nuestras mentes, no sabemos quién participó en su origen, no conocemos su fuente y por lo mismo, no sabemos cómo deshacernos de ella.

El sentimiento de culpa se va formando en la mente del Hijo de Dios desde la infancia, cuando los mensajes, a través de frases y actitudes de los adultos, se ven en su momento aparentemente inofensivos. No se observan, no se sienten, se presentan sin darse cuenta de ello el niño que lo recibe, y sin percatarse de ello el adulto que lo transmite. Los mensajes familiares, se entremezclan con los culturales, los sociales y los religiosos y es así que ideas tan complicadas como «pecado original» o tan aparentemente inofensivas como «eres el más inquieto y travieso de tus hermanos», «Mira  lo bien que se comporta fulano», van dando formación al primer sentimiento de culpabilidad en el ser humano.

Este sentimiento de culpa genera en la mente de la persona, sin que se percate de ello, sin que sepa de dónde surge o cual es la causa de la que proviene lo que está experimentando en su vida, el sentirse separada, en soledad, por momentos resentida, como ausente de Dios. Sin esperanza y con una latente y oculta angustia de ser castigada, porque para el ego la culpa exige castigo, sea éste proveniente de una persona específica, de ella misma, la familia, la sociedad o de Dios.

 Ver ¿Por qué siempre acabo con el mismo tipo de relación de pareja?

Frases y actitudes van dando formación a este sentimiento de culpa y vergüenza que acompañará al Hijo de Dios toda su vida hasta que lo descubra, se haga responsable y consciente y decida modificarlo. Cuando acepte en su mente que la realidad es que no existen las culpas ni los culpables, no hay víctimas ni victimarios en el mundo, que todo esto no es más que una ilusión que el ego desea que se grabe en nuestra mente. Cuando llega a reconocer que todo depende del maestro que se elige para observar, tomar decisiones y caminar por la vida.

Los únicos maestros de que disponemos para aprender, para formar nuestra visión de la vida y del mundo son: el ego, o Espíritu Santo. Elegir como maestro al ego conduce a vivir con miedo, con sentimientos de culpa, vergüenza, resentimiento, ira, coraje, odio, enfermedad y muerte. Cuando se elige como Maestro al Espíritu Santo el resultado que se obtiene es felicidad, paz, amor y vida eterna, que es el estado natural en que fuimos creados por nuestro Padre.

En la medida que el Hijo de Dios se sienta culpable y siga eligiendo sentirse así, estará demandando un castigo, porque ésta es una ley básica del ego, que la culpa siempre demanda y espera castigo, para finalmente creer que es Dios Quien castigará. Sin embargo, cuando se elige el perdón y el amor, entonces es imposible tener ningún tipo de miedo o de culpa, porque el amor automáticamente desvanece la culpa. 

La culpa implica siempre la fabricación de víctimas y victimarios o sea, alguien que ataca y alguien que está dispuesto a recibir el ataque, pero ambas partes están jugando el mismo juego que se llama «relación especial». Ambos personajes están entrelazados y a la vez separados (paradoja de la dualidad del ego) por el sentimiento de culpa y desarrollando, sin darse cuenta de ello, de forma inconsciente, sentimientos de vergüenza y miedo. El victimario que ataca se siente culpable y debido a ello piensa que su víctima, en algún momento, le devolverá  el ataque. Esta condición lo mantiene en el miedo y totalmente paralizado.

La culpabilidad es la única necesidad del ego y cuando la persona no puede soportarla, la proyectará al exterior en forma de agresión, culpando a otros por lo que acontece en su vida. Cuando una persona, consciente o inconscientemente ataca, automática e inevitablemente en su mente piensa que debido a ello será contraatacada. Esto le generará sentimientos de soledad, miedo y separación, porque desde el mundo del ego el Hijo de Dios tiene la necesidad de atacarse uno a otro, devorarse uno a otro, violarse uno a otro, odiarse uno a otro, destruirse uno a otro. Las enseñanzas que nos ofrece el maestro ego, como ustedes podrán observarlo, realmente no son muy compasivas ni amorosas.

El extraño y oculto sentimiento de culpabilidad que confronta el ser humano en su vida siempre es asunto de alta importancia, porque va asociado a cómo se ve y se siente él, cómo ve y siente el mundo en el que vive y lo más importante, cómo ve, siente, se relaciona y vive a Dios. La culpa la podemos describir de diversas formas, pero las sensaciones que nos genera siempre son de duda de sí mismo, sentimientos de inferioridad, inseguridad, insatisfacción, aislamiento, soledad, desamparo, enfermedad y muerte. Todo esto, finalmente, no es más que un pensamiento que deforma la visión. Este pensamiento, en su visión externa, va a depender de si está conducido por la visión del ego o por la del Espíritu Santo.

Deshacer el sentimiento oscuro de la culpa requiere primero el darse cuenta de que está grabada en la mente de cada persona, en la mía, en la tuya, en la de cada Hijo de Dios. Para poder llegar a reconocer este oculto sentimiento se requiere de apoyo, de cierto entrenamiento mental para saber buscarlo, aceptarlo y encontrar la causa que lo generó. Esto en ocasiones puede ser doloroso al inicio, pero al final del proceso la liberación se presenta, la angustia y el dolor desaparecen y la sensación de paz, amor y felicidad, estado real en que el Padre Creó a Su Hijo, se convierte en parte de la vida diaria del ser humano.

La culpa o falsa idea de pecado, en realidad no es otra cosa que una falta de perdón y amor. Una idea equivocada que nos hace sentirnos separados del Creador, Quien es Amor. Esta idea, totalmente errónea, es generada por el ego o falso yo y su respuesta es negarla, tratar de borrarla de la mente de la persona fingiendo que no existe, que no está en ella. Esta es una manera poca adecuada de ver el problema porque así nunca va a desaparecer, solo será enterrado en el rincón más oscuro de la mente. Sin embargo la negación no es una defensa suficiente, porque en algún lugar permanecerá y seguirá causando dolor. Seguirá enajenando, casi enloqueciendo al Hijo de Dios que empezará a buscar, en todo lo externo a él, la fuente de su desgracia, victimarios culpables de su dolor (negación-proyección de la culpa). Nunca se dará la oportunidad de ver en el interior de su mente la verdadera causa que se la genera y, bajo esta visión,  darle solución, desvanecerla a través del perdón.

Cuando la culpa se transfiere a otra persona o a una situación externa no se está deshaciendo, solo se está reforzando, porque se inicia el ataque injusto a otros y con ello también una serie interminable de situaciones de ataque y contraataque. Esto de inmediato activa el ciclo vicioso de ataque-culpa, de negación y proyección y la cadena se vuelve interminable. Sin una esperanza de salida, sin esperanza de paz ni felicidad, porque la proyección siempre te hará daño.

La proyección refuerza tu creencia de que tu propia mente está dividida… no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos… te hace parecer mejor que tus hermanos y de esta manera empaña tu igualdad con ellos todavía más. (T.6.II.3:1-3)

Como la culpa ineludiblemente exige castigo, en el falso sistema de pensamiento del ego este castigo se puede llegar a observar, en la mayoría de los casos, como que proviene de Dios, que es Él Quien lo envía, Quien lo pone como prueba, Quien juzga y condena. Esto es un error total porque entonces se podría pensar que Él es un Ser vengativo, que está «allá» en el Cielo solo buscando las fallas de Su propia Creación y en espera de que Su Hijo se equivoque y haga algo inadecuado y «malo», para de inmediato poder mandarle «un rayo fulminante» para destruirlo y para castigarlo por su «gran pecado». Esto puede llegar a hacer que por momentos una persona pueda sentirse separada y sola, con un cierto miedo hacia Dios, lo que es totalmente inadecuado, ya que Dios es solo Amor y todas Sus Creaciones son Amor. Dios no Crea para luego destruir. Dios no juzga ni perdona a Su Hijo porque nunca lo ha considerado culpable.

La carga que representa la culpabilidad siempre será pesada. Es una sombra que obscurece la felicidad y que requiere que la observe uno, porque de otra manera se hará una costumbre ir cargando con ella sin poder darse cuenta. Hará que todo sufrimiento, dolor, enfermedad e infelicidad que se presente en la vida, se llegue a interpretar como proveniente del exterior y, bajo esta visión, se sienta uno impotente para darle solución. Representará un elemento que hará buscar siempre culpables en el exterior, proyectar falsas culpas, sentirse víctima y con ello, sumirse en una oscuridad que no permitirá gozar plenamente de la vida ni descubrir la belleza de nuestro verdadero Ser.

Pero cuando esta visión es transformada, cuando se da uno permiso y oportunidad de dejar de buscar, tratando siempre de encontrar culpas y culpables, jueces y verdugos, es que puede uno llegar a reconocer y aceptar que los seres humanos tomamos decisiones equivocadas, con miedo, pero que podemos corregirlo tomando una nueva decisión. El falso concepto de pecado y el tan esperado castigo se van anulando poco a poco de la mente, el perdón se hace presente, el amor empieza a entrar en la vida de cada Hijo de Dios y el caminar por la vida se vuelve placentero, lleno de esperanza, con un total sentimiento de unidad con la Creación.

Cada día nos brinda la oportunidad de tomar una nueva decisión que nos permita empezar a deshacer la culpa y su proyección si nos observamos, siempre compasiva y amorosamente, para descubrirlo y solicitamos al Espíritu Santo que nos apoye en el cambio de visión. Si le entregamos y ponemos en Sus manos cada uno, sin querer darle solo parte de ellos, de nuestros pensamientos erróneos para que Él los observe y los evalúe y le decimos:

Te entrego esto para que lo examines y juzgues por mí. No dejes que lo vea como un signo de pecado y de muerte, ni que lo use para destruir. Enséñame a no hacer de ello un obstáculo para la paz, sino a dejar que Tú lo uses por mí, para facilitar su llegada. (T.19.IV.C.11:8-10)”

 

Extracto libro La Culpa: un Pensamiento que Paraliza y Conduce al Desamor “, de Georgina Arteaga

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

 

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El arte del buen amor en las familias. Las Constelaciones Familiares (V Parte)

Los Órdenes del Amor
El primer orden del amor nos dice que, en esta red de vínculos, todos sin excepción, con independencia de si se les juzga positiva o negativamente, tienen el mismo derecho a pertenecer y a ser incluidos y dignificados, permitiendo y exigiendo que asuman su destino y sus culpas y las consecuencias de las mismas, cuando así fuera el caso. En la práctica ocurre que los sistemas familiares excluyen o apartan a algunos de sus miembros porque condenan su comportamiento, o porque su recuerdo es demasiado hiriente, vergonzoso o doloroso. A veces, hay personas que murieron pronto, o personas que se suicidaron, y esto ocasiona dolor o vergüenza en los descendientes, o bien incluso padres a los que se juzga por no haber hecho lo adecuado o por irresponsables, malos, maltratadores, abandonadores, alcohólicos, etc. En realidad, excluir es un movimiento de la mente personal que trata de protegerse de lo que le genera dolor. Pero la Mente Colectiva, el Alma común, no entiende el lenguaje de la exclusión y sigue un principio existencial que reza que “todo lo que es tiene derecho a ser tal como ha sido, y a ser reconocido de esta manera”. Cuando este principio es respetado, como fruto de cavar en el propio proceso emocional y asentir a los asuntos familiares, el pasado queda liberado y el futuro puede ser fuerte y real. Cuando hay exclusiones, la Mente Colectiva impone la consecuencia inevitable de que lo excluido será encarnado de nuevo por personas posteriores, que no tienen nada que ver con el asunto, y que muchas veces inconscientemente, sin saberlo, siguen el destino del excluido. Es el efecto de las habitaciones prohibidas que atraen inevitablemente a algunos en un intento fallido de elaborar y cerrar capítulos dolorosos de los sistemas. ¿Cuántos se hacen alcohólicos siguiendo a un padre despreciado por su alcoholismo? ¿Cuántos padecen un apego frágil a la vida cuando en el corazón de la familia se les vive como miembros que reemplazaron a alguien perdido por muerte temprana, por ejemplo, o se sienten atados a la persona que falleció, y con dificultades para tomar la vida en plenitud? ¿Cuántos sienten impulsos suicidas cuando otros, anteriores, también se quitaron la vida o bien se hicieron culpables de la muerte o la desgracia de otras personas?

El segundo orden del amor es de una simplicidad extraordinaria: las personas están mejor cuando ocupan el lugar que les corresponde y no otro, lo que, traducido a los sistemas familiares, significa que los hijos sean hijos y los padres sean padres, y que en la pareja ambos sean adultos, iguales en rango, y caminen lado a lado. Si enunciarlo es fácil, que se cumpla no lo es tanto. ¿Cuántos hijos no se ven llevados a tomar la posición invisible de padres de sus padres, especialmente cuando éstos los perdieron pronto o los rechazaron (y entonces, sin darse cuenta, buscan en los hijos lo que les falto de sus padres), y los hijos lo asumen por amor, al precio a veces de llevar mochilas y fardos que dificultan su propia vida y expansión? ¿Cuántos hijos se encuentran implicados con uno de sus padres en contra del otro, o se sienten la pareja invisible de uno de ellos, o están demasiado cerca de uno de sus progenitores y en contra del otro, o hacen malabarismos emocionales y enferman en un intento heroico de preservar un buen lugar a sus padres en su corazón? No debemos olvidar que el anhelo genuino de los hijos es aunar a ambos padres en su interior, con independencia de lo que pase o haya pasado entre ellos. Demasiados padres se comportan como pequeños y demasiados hijos se comportan como grandes y especiales, transgrediendo la regla del bienestar en las familias: cada quien en el lugar que le corresponde. Y esto significa también que los posteriores se apoyan en los anteriores y orientan su mirada hacia el futuro. Es lo que en sociedades más tribales se vive como apoyo en los ancestros, a los cuales se honra y venera.

El tercer orden del amor refiere reglas de intercambio entre el dar y el recibir, lo cual riega y sostiene la vida de todos. En lo que respecta al vínculo con los padres, por ejemplo, no podemos devolver lo mucho recibido y lo compensamos y equilibramos dando a nuestros hijos o sirviendo y cuidando a la vida con nuestros dones. El mandamiento bíblico reza: “honrarás a tu padre y a tu madre y de este modo tendrás una larga y buena vida sobre la tierra”, lo cual significa que hacemos justicia a lo recibido logrando una vida buena y, a ser posible, larga. También compensamos cuidándolos dentro de nuestras posibilidades cuando lo necesitan en el declive de su vida.

Al trabajar con los problemas de las personas, encontramos que muchas no están asentadas en lo que viene de los padres (que simbolizan la vida) y más bien se niegan a tomar lo que recibieron, para preservarse de lo negativo. Sin embargo, de este modo raramente se ponen en paz con ellos mismos y con la vida, entregándole lo que tienen para darle. Más bien se empobrecen y se escatiman, posicionándose en el victimismo o el resentimiento u otros lugares de sufrimiento. Tomar lo que viene de los padres, aunque incluya heridas dolorosas, y trabajar emocionalmente en ello parece ser una suerte de salvoconducto para el buen amor y un antídoto contra muchos males, que nos induce a tomar responsabilidad por la propia vida y la renuncia a jugar juegos psicológicos invalidantes, llenos de sufrimiento, por ejemplo con la pareja o con los hijos o en entornos profesionales.

Respecto a los iguales, la regla del intercambio es mantenerlo equilibrado, para asegurar la paridad y la igualdad de rango. Damos, tomamos, compensamos, equilibramos, y estamos libres, y si seguimos juntos es usando nuestra libertad, no por sentido de deuda o de ser acreedores. Es un clásico en conflictos de pareja que suela haber desequilibrios en este intercambio de manera tal que uno se siente deudor y acreedor y ya no son capaces de mirarse a los ojos con confianza y apertura de corazón.

En resumen, ayuda en mucho a las personas y las familias que haya un orden, ordenar el amor, plasmarlo en una buena geometría de las relaciones humanas, en la que estén todos sin excepciones e igualmente dignos de respeto y de consideración, cada uno en el lugar exacto que le corresponde y nutriéndose los unos a los otros de manera tal que logren crecer en lugar de padecer. He aquí, pues, el buen amor.

Quién mejor que un poeta podría explicar ideas tan evasivas para la mente y tan certeras para el corazón. Miguel Hernández, en un fragmento del poema “Hijo de la luz y de la sombra”, escribió:
No te quiero en ti sola, te quiero en tu ascendencia
Y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
La familia del hijo será la especie humana.
Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
Seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo, se besan nuestros muertos,
Se besan los primeros pobladores del mundo.

Joan Garriga
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Extraido de www.joangarriga.com

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Las Emociones tóxicas que te detienen

A menudo nos sentimos abrumados por emociones tóxicas de las que no somos conscientes la mayoría de las veces. Nos atrapan y nos manejan como marionetas.

La manera de volver a tomar el control de nuestra vida es haciendo una buena gestión de esas emociones, identificándolas, tomar consciencia de ellas y transformarlas en emociones positivas y potenciadoras que nos beneficien a nosotros mismos y a las personas con las que nos relacionamos.

Las  emociones tóxicas que debes identificar en tu día a día son: 

1-La Culpa: 

Sentirse culpable de una manera permanente hará que te auto castigues o que te dejes manipular por otras personas.

Deberás poner límites y no sentirte responsable por los sentimientos o acciones  de otras personas. Sólo así podrás irte liberando de la culpa.

2-El Apego: 

Si sientes que no puedes hacer nada sin que la otra persona esté presente y si piensas que el otro es más importante que tú y antepones todo por esa persona, olvidando tus propias necesidades, entonces es cuando estarás perdiendo tu identidad. Aferrarse a una persona u objeto sólo te traerá infelicidad. Deberás buscar qué actividades te hacen feliz, dedicarte tiempo y vivir tu propia vida.

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3-La Ansiedad: 

Sientes ansiedad cuando crees que tienes un peligro cerca de ti y te preocupas en exceso por el futuro, viéndolo de manera negativa. La ansiedad primero ocupa tu mente y luego invade tu cuerpo dando unos síntomas como taquicardia, sudación, etc… Una manera de poder librarte de la ansiedad es intentar mirar que ocurre en ese momento a tu alrededor para que te puedas centrar en el momento presente.

Practica con este ejercicio de Mindfulness: Espacio de Respiración de 3 minutos para eliminar tu ansiedad:

4-El Miedo: 

El miedo es una señal de nuestro cuerpo que nos avisa de un peligro para conservar nuestra supervivencia. Sentir miedo es normal pero vivir constantemente con miedo o el miedo irracional, no lo es. Éste miedo puede llegar a paralizarte y que dejes de vivir realmente, por estar anclado a algo que puede o no ocurrir pero que en realidad no ha sucedido. El miedo lo puedes vencer enfrentándote a él, trabajando tus fortalezas, y dándote cuenta que vivir con miedo no te lleva a ninguna parte.

5-La Depresión: 

Alguna vez nos hemos sentido tristes o de bajón, incluso lo verbalizamos diciendo que nos encontramos un poco “depres”. Pero la tristeza mantenida en el tiempo es lo que nos puede llevar a sufrir una depresión. Superar esta enfermedad es posible. Deberás permitirte expresar aquello que tanto daño o dolor te produjo en el pasado, quizás una pérdida, un duelo no realizado, etc..

6-La Ira: 

Sufrir ataques de ira frecuentes muestra tu incapacidad de autocontrol emocional. Deberás utilizarla para impulsarte en vez de atascarte en peleas y conflictos con las personas con las que te relacionas. Una buena gestión de la ira te ahorrará muchos disgustos.

7-El Rencor: 

El rencor es una de las emociones más tóxicas pues no te deja pasar página y te devuelve una y otra vez al pasado. No te deja avanzar. Te deja estancado en el sufrimiento y en el dolor de una experiencia pasada pudiendo ocasionar malestares y enfermedades.

Utiliza las técnicas del perdón para deshacerte del rencor.

8-Frustración: 

La frustración continua nos puede llevar a otras emociones tóxicas como la ira, la tristeza, e incluso la resignación. En casos extremos puede llevarnos a padecer adicciones.

9-Insatisfacción: 

Sentirse insatisfecho y quedarse estancado en esa emoción hace que no puedas cumplir tus sueños o sentirte realizado. El perfeccionismo es la expresión de la insatisfacción y nos lleva a exigirnos y castigarnos sin poder disfrutar de la vida.

Entra aquí para ver más sobre Estrategias Emocionales 

10-La Envidia: 

Esta emoción hace que la persona prefiera sufrir y pasarlo mal, antes de ser feliz y ver feliz a los demás. Hace que desee lo que tiene el otro y se sienta rabia por los que no ha alcanzado ella misma. Te sugiero que inviertas tu energía en lograr tus propios objetivos y sueños. Centrándote en ti y en tu evolución tendrás las claves para salir de esta emoción tóxica.

11-La Angustia: 

Esta emoción te puede producir malestar, depresión y te mantiene en la queja y el dolor. La angustia se refleja en el cuerpo en forma de dolores de cabeza, de estómago, etc.. limitándote  y condicionándote a cada paso que quieras dar.

12-El Victimismo: 

El victimismo te lleva a la autocompasión y te cierra las puertas para que tomes el control de tu vida y encuentres las fuerzas necessarias para resolver o enfrentarte a las dificultades. Hay personas que usan el victimismo para dar pena y lograr que el otro haga lo que ellos quieren.

13-Los Celos: 

Detrás de los celos está el miedo a perder lo que tenemos. Es una de las emociones más peligrosas y destructivas, relacionada en un alto porcentaje con la violencia de género. La persona celosa suele ser controladora e insegura. Si te concedes el permiso de tener, perderás el miedo a perder y así podrás controlar tus celos.

14-La Vergüenza: 

Es una de las emociones que más nos limitan en la vida. Dejamos de hacer cosas debido a ella. Te aleja de tus sueños y te hace sentir que  no vales. Deberás aprender a dar pequeños pasos para eliminar esta emoción, quitarle fuerza, y que saques todo el potencial que llevas dentro.

15-Rechazo: 

La persona que sufre rechazo emocional es porque siempre busca la aceptación de los demás en cada paso que desea dar. Busca validar sus acciones en las opiniones que los otros tengan sobre ella. Le convierte en una persona hipersensible y débil ante la opinión de los otros. Deberás quererte un poco más, valorarte y darte cuenta que eres un ser único y que cuando te des cuenta que disfrutar de la vida es más importante que las opiniones de los demás, habrás trascendido esta emoción.

 

Fuente: Emociones Tóxicas de Bernardo Stamateas

Redacción y Adaptación Instituto Draco

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¿Buscas culpables de tu enfermedad o desgracia?

Muchas corrientes de pensamiento, encabezadas por el psicoanálisis y seguidas por otras muchas, consideran a los padres como causa, o por lo menos, la vía principal, por donde los programas de pensamiento del ego llegan hasta la mente inconsciente, quedándose a vivir allí hasta que pueden ser detectados (o no), comprendidos, analizados, etc.

Muchas veces mediante largos procesos que duran toda la vida terrenal del cuerpo, llegando a formar parte, como no, del sistema de pensamiento del ego, con el cual éste está fuertemente entretenido. Una visita semanal o quincenal al analista para seguir ahondando en lo que se cree que son las causas de la infelicidad puede constituir, y de hecho lo hace a menudo, en parte importante de ese deseo de ser especial tan importante para la supervivencia del ego. Y al mismo tiempo lo mantiene sujeto a su ocupación favorita: Buscar preguntas y no respuestas. Se me ocurre que la típica imagen del psicoanalista en silencio mientras deja que su paciente se haga preguntas sobre el origen de sus males y su posible solución, sería una magnífica imagen gráfica que nos podría ayudar en la comprensión de ese pasatiempo del ego: Buscar causas en aquello que solo son efectos. Como dice UCDM:

“Sin causa no puede haber efectos, mas sin efectos no puede haber causa….El cuerpo puede curar gracias a los efectos de la pureza, los cuales son tan ilimitados como ella misma. No obstante, toda curación tiene lugar cuando se reconoce que la mente no está dentro del cuerpo, que su inocencia es algo completamente aparte de él y que está allí donde reside la curación. ¿Dónde se encuentra, entonces, la curación? Únicamente allí donde a su causa se le confieren sus efectos. Pues la enfermedad es un intento descabellado de adjudicar efectos a lo que carece de causa y de hacer de ello una causa.”

No niego el valor de todas las disciplinas que el hombre ha inventado para poder “descubrir las causas” y cambiar los efectos que éstas tienen sobre el estado mental del individuo. Pero todas fallan en lo mismo: En realidad solo cambian unos efectos a priori muy perjudiciales por otros que no lo son tanto. Y, por tanto, se sigue conviviendo con la causa, aletargada, pero presente como una bomba de relojería lista para estallar cada vez que encuentra un estímulo emocional que dispara la espoleta. Algo que ilustra maravillosamente Eckhart Tolle en El Poder del Ahora cuando habla del cuerpo-dolor:

“Toda emoción negativa que no enfrentemos y reconozcamos deja tras de sí un rastro de dolor…crea una impronta emocional/energética de dolor que queda almacenada en alguna parte del cuerpo físico/mental.

Todos los vestigios de dolor que dejan las emociones negativas fuertes y que no se enfrentan y aceptan para luego dejarse atrás, terminan uniéndose para formar un campo de energía residente en las células mismas del cuerpo. Está constituido no solamente por todo el sufrimiento desde la infancia hasta la vida adulta… Este campo de energía hecho de emociones viejas pero que continúan muy vivas en la mayoría de las personas, es el cuerpo del dolor.

El cuerpo del dolor no es solamente individual. También almacena el sufrimiento experimentado por un sinnúmero de seres humanos a lo largo de una historia de guerras tribales, esclavitud, violaciones, torturas, etc. Ese sufrimiento permanece vivo en la psique colectiva de la humanidad y se acrecienta día tras día como podemos comprobarlo viendo los noticiarios u observando el drama de las relaciones humanas.”

Y, claro está, padres y madres, calificados como “castradores”, “sobreprotectores”, “ausentes”, “maltratadores”, “torturadores” y un largo etcétera de etiquetas, son a menudo nuestros “culpables favoritos”, a los que les otorgamos interior y exteriormente el papel de villanos en nuestra percepción del sueño. Del despertar del cual nos alejamos cada vez más cuando el cuerpo-dolor reacciona una y otra vez a los pensamientos que refuerzan este guión. “No puedes despertar del sueño si crees que no eres el soñador.”

Si a esto le sumamos esa parte, tan bien guardada en nuestra sombra, del programa que tiene que ver con que “debemos honrar a nuestros mayores”, “cuidarles”, “amarles y respetarles”, etc., ya tenemos la máquina de generar y acumular culpa perpetuamente en marcha.

Y no solo eso: La lucha interna entre la proyección de la culpabilidad en ellos y el deseo de cumplir con las expectativas del programa del buen hijo o hija, mezclado con la cotidianeidad, la convivencia y, por tanto, con la frecuencia de que esas emociones y esas espirales de pensamiento negativo se disparan, retroaliméntadose constantemente, como busca siempre el sistema de pensamiento del ego, hacen que desemboquemos en enfermedades calificadas por la medicina como “crónicas” (puesto que crónico es el pensamiento tóxico que se solidifica en nuestra mente), “incurables” y “terminales” (pese a que no terminan nunca, puesto que la muerte no existe).

Extracto curso Ucdm

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El Lumbago o Lumbalgia en la BioEmoción

El lumbago es un dolor en la parte baja de la espalda (región lumbar) que le produce rigidez, disminución del movimiento en la zona y dificultad de ponerse derecho.

Las causas del lumbago pueden ser varias:

-Hernia de disco

-Espasmo muscular

-Ciática

-Tensión o desgarro de los músculos o ligamentos que sostienen la espalda producidos por mala postura, exceso de peso, falta de flexibilidad, etc..

-Fracturas por compresión de la columna debido a osteoporosis

-Estrechamiento del conducto raquídeo

-Curvaturas de la columna vertebral

-Enfermedades como la artritis, osteomielitis

-Infección en los riñones

-Enfermedades vasculares como aneurisma

-Problemas en el embarazo

-Algunas enfermedades del aparato reproductor femenino: miomas, endometriosis, quistes en los ovarios, etc..

Los síntomas son:

-Dolor agudo que aparece cuando se produce un espasmo de la musculatura lumbar. Suele aparecer cuando se realiza un movimiento brusco o alzamiento incorrecto de peso.

-Dolor que se propaga hacia las extremidades inferiores

-Incapacidad de moverse con libertad

Según la BioEmoción:

3a Etapa (Movimiento/valoración).
El Lumbago es una contractura muscular, y está dentro de un concepto de impotencia que afecta a una parte de la espalda.
Conflicto: El 80% Conflicto relacionado con la sexualidad más un Sentimiento de culpa.

Pierna izquierda = Colaterales, mujer, marido, amantes. El 20% Conflicto de dirección en la vida.

Cuando el dolor aparece al levantarse por la mañana seguramente ha habido un conflicto sexual la noche anterior.
El lumbago indica, que todo aquello que estamos haciendo lo hacemos con un sentido de culpa.

Cuando el lumbago se convierte en una enfermedad crónica  da paso a la Lumbalgia. En este caso hay un conflicto de desvalorización e impotencia central. Desvalorización de nuestros cimientos. “Soy el pilar de mi familia” “Llevo todo el peso y la responsabilidad familiar” “Me siento impotente y me doblego en los pilares de mi vida”

Los dolores en la parte baja de la espalda indican un problema económico, como me relaciono con los demás y mi personalidad.

Las personas que lo padecen suelen sentir una falta de apoyo en la vida. Suelen ser personas que se sobrecargan de trabajo y presión, más de la que pueden aguantar. Y sienten este exceso de tensión en forma de dolor de espalda. Cargar demasiada responsabilidad sobre nuestras espaldas revela un afán oculto de grandeza o quizás un complejo de inferioridad.
Sienten una falta de apoyo económico o se preocupan en exceso por sus finanzas.  No se sienten sostenidos o apoyados en sus necesidades afectivas o primarias y muestran gran rigidez en sus actuaciones.

Ahora que ya sabes las posibles causas emocionales del lumbago. ¿A qué esperas para recuperar tu bienestar?

 

Redacción Instituto Draco

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Extraido de Instituto Draco

 

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