Niños malcriados, adultos infelices: 3 claves para evitarlo

Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo. -Friedrich Nietzsche.

Una de las características de la posmodernidad de la cual son víctimas los “millennials”, es la pérdida del sentido de la vida, como producto del vacío Existencial, el cual comienza a desarrollarse desde la niñez. Y son nuestros niños sobreestimulados, llenos de juguetes, que no se conforman con nada, que no se divierten con nada y a los que no les damos la oportunidad de aburrirse, quienes muchas veces no desarrollarán esta resiliencia qué vemos en el niño de la foto y con el correr de los años comenzarán a experimentar un sinsentido de la vida. Los estamos condenando, aunque sea de manera inconsciente, a la desesperanza de los millennials.

RonaldoPareciera que a los padres actuales nos da pánico que nuestros hijos se aburran, es como si los quisiéramos dopar, porque si se aburre se quejan, si se quejan probablemente lloren, griten o demanden atención y estamos tan ocupados que mejor tratamos de apaciguar su ímpetu con estímulos que los entretengan (juguetes, Ipod) y de paso los vecinos no creerán que somos malos padres. Lo que no tenemos en cuenta es que frente a estas actitudes los niños podrían sentirse ignorados, afectando su autoestima y debilitando el vínculo con nosotros,  los padres. Y no solo podrían desarrollar una sensación de vacío, muchas veces experimentarán ira, rabia, bronca. No es de extrañar que el bulling y las matanzas colectivas en las escuelas sean un mal de esta época. Es evidente que estamos fallando no solo en la educación escolarizada sino también en la crianza en el hogar.

Esto no es un juicio de valor, ser padre es difícil y sobre todo en este tiempo de lo instantáneo, en el que hay tanta competencia, tanto ego, tanta despersonalización de las relaciones. Un tiempo en el que el sistema educativo está obsoleto tratando de educar trabajadores de fábricas como en la revolución industrial. Una época en la que los compromisos en las relaciones son muy frágiles, un tiempo en el que la jornada laboral es de hasta 12 horas con un franco semanal. Hay padres que malcrían porque creen que el poseer es sinónimo de felicidad y éxito (porque eso nos vendió la televisión) y otros que malcrían porque simplemente no-crían, porque están ausentes, cegados por su propia vida individualista del placer instantáneo, porque tienen hijos floreros. Hay de todo en la viña del señor.

En este sentido quiero citar a la Profesora e Investigadora de la Facultad de Filosofía de la FUNLAM Paula Grialdo, la cual menciona que para el individuo posmoderno la idea de felicidad y realización personal se traduce en términos del goce y el disfrute del momento presente y en el  anhelo de poseer ayudado aquí por los medios de comunicación. En esta idea de felicidad y al prevalecer los valores individualistas del consumo y del placer se ve muy afectada la dimensión relacional de las personas quedando subordinados los valores de la convivencia, el respeto mutuo y la solidaridad, entre otros. El efecto es el vacío existencial que, según el neurólogo Viktor Frankl, se definiría como “la pérdida del sentimiento de que la vida es significativa”, y ha dejado  e ser significativa al perder todo referente de humanidad, es decir, la relación con los otros y con el otro.

¿Qué podemos hacer los papás para cortar este ciclo? Debemos trabajar en facilitar y fomentar la resiliencia, la empatía, la gratitud y la amabilidad en nuestros hijos para que los niños puedan aprender a ser felices diariamente en las pequeñas cosas y no llenar sus vidas con la pseudo felicidad del poseer. Aqui les dejo 3 claves que pueden ayudarnos a lograrlo:

Practicar la Gratitud y los Actos aleatorios de Bondad diariamente:

Cuando somos agradecidos y practicamos actos aleatorios de bondad obtendremos como resultados una mayor calma interior, claridad de pensamiento, un corazón lleno de amor y felicidad. Les aseguro que si lo practican una semana seguida todos en la familia sentirán más felicidad y plenitud. Pero esto no es locura mía, la ciencia me respalda: Una investigación comprobó que las personas amables experimentan más felicidad y tienen más recuerdos felices. Simplemente al recordar los actos de bondad realizados durante una semana, las personas parecieron volverse más felices, más amables y más agradecidas. En este mismo estudio se citan tres investigaciones (Emmons and Crumpler, 2000; McCullough et al., 2002; Peterson and Seligman, 2004) que han demostrado que la Gratitud es una fortaleza humana muy importante la cual contribuye a la felicidad subjetiva.

En mi artículo 5 SECRETOS PARA CRIAR NIÑOS BUENOS Y FELICES” menciono varios tips para practicar la gratitud. Con respecto a los actos aleatorios de amabilidad (random act of kindness) serían, a grandes rasgos, realizar todos los días algún gesto amable o bondadoso con alguien al azar. Esto no tiene que ser algo excepcional, puede ser  muy simple y se dice que son “aleatorios” porque no los planificamos con anticipación, sino que surgen espontáneamente durante el transcurso del día. Algunos ejemplos: sostenerle las bolsas del super a una persona mientras abre el auto, llevarle comida a alguien en situación de calle, sentarse a hablar con un abuelo en la plaza, ceder el lugar en la fila a una persona que parezca muy apurada. Para facilitar y fomentar la amabilidad en los niños no hay nada mejor ni más efectivo que Predicar con el Ejemplo.

Ser Minimalistas con Nuestro Tiempo:

Y aquí lo que quiero decir es dejar de presionarnos por ser padres “pulpos”, priorizar actividades y dejar de tratar de hacer tantas cosas por día. Es necesario enfocarnos en lo que realmente importa y es crucial: crear y mantener un vínculo con nuestros hijos, sobre todo en la primera infancia y el principio de la adolescencia. Creo que es más importante una hora de juegos en el parque con papá/mamá que una hora en la clase de fútbol mientras papá/mamá hace magia para coordinar, la salida de la oficina, las compras y el tráfico. Y aquí también la ciencia me respalda: Según un estudio publicado por la Academia Americana de Pediatría, el tiempo con los padres es un factor significativo en la salud y el desarrollo de los niños. Las actividades compartidas promueven relaciones estrechas y caritativas que son críticas para el ajuste psicológico y conductual de los jóvenes y su capacidad para desarrollar relaciones. Yo sé que las largas jornadas laborales, las exigencias y el estrés de la vida diaria, sumado a la falta de políticas públicas y laborales que favorezcan el cuidado de las relaciones en el seno de la familia, son factores que limitan el tiempo que uno le dedica a los hijos, pero siempre podemos mejorar un poco, podemos elegir aun entre limitadas opciones. Quizás un par menos de horas extras por semana retrasarán la compra del auto nuevo pero le darán la oportunidad a papá/mamá de salir a andar en bicicleta al parque con los chicos.

Dejar de darles tantos Juguetes (Y menos horas en la pantalla):

Para que nuestros hijos construyan o reconstruyan el significado de felicidad, alejándose de la idea de que “poseer” es “ser feliz”, debemos dejar de echar leña al fuego, es decir, dejar de comprarles tantos juguetes. Aquí no hago referencia a ningún estudio sino mi experiencia propia: ¿No les has pasado de regalarle algo al niño y que a los diez minutos quiera otro juguete nuevo?. Poseer no nos hace felices, nos da placer, y este se evapora muy fácilmente cuando pasa la novedad. Según el exitoso psicólogo y autor Oliver James, los peques no necesitan muchos juguetes ya que “La mayoría de los niños solo necesita un objeto de transición, por ejemplo, su primer oso de peluche que llevan a todas partes, pero todo lo demás es una necesidad socialmente construida”. En general los MASS Media son los generadores de necesidades inventadas por excelencia. Pero no darles demasiados juguetes no significa dejar de jugar, por el contrario, las criaturas deben jugar imaginativamente y para ello basta y sobra con los juguetes que tienen o con objetos, lo importante es dejarlos liberar su imaginación. A nosotros nos ha resultado mucho dejarles a mano o presentarles una caja de cartón, cintas, sogas, ganchos de la ropa, utensilios de la cocina, armar tiendas de campaña con sábanas y almohadas. En este artículo EL PELIGRO DE TENER DEMASIADOS JUGUETES comparto varias recomendaciones.

Todos estos consejos y tips que comparto los implementamos en mi casa y mientras algunos han surgido de mi propia  lectura y análisis muchísimos han sido sugeridos por mi mejor amigo que es a la vez mi marido. Él ha cambiado radicalmente mi idea de crianza y me ha orientado en el Minimalismo. Es una inspiración, lo admiro no solo como padre sino como ser humano y le dedico este artículo.

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Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

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Los miedos infantiles

Serán de conocimiento de todo papá o mamá las despertadas de un hijo a medianoche, con encendida de luces, visitas al baño y desveladas por más de media hora…. Los niños sienten miedos y de eso quisiera contarles hoy, de los miedos infantiles, los niños perciben esta emoción desde muy temprana edad, para bien o para mal, es señal de que están comenzando a experimentar la realidad del mundo en que viven, pero no necesariamente significa que sea la realidad de su mundo inmediato.
Los miedos infantiles son normales, especialmente entre los 3 a 7 años, etapa en que la imaginación y el egocentrismo son rasgos preponderantes en la que Piaget llamó etapa Pre Operacional. Es por eso que la imaginación por un lado nos permite jugar con objetivos inanimados atribuyéndoles cualidades propias de los seres vivos; y el egocentrismo les ayuda a aumentar su actividad consciente de que es posible jugar de ese modo con tales objetos con los rasgos de personalidad que ellos deseen asignarles; por ende, estas características les estarán ayudando a construir monstruos, animales y brujas que no existen y que les causarán estos miedos infantiles de los que les comento. Por esa razón es que se recomienda, tanto que nosotros como adultos cercanos, no exageremos los peligros que algo o alguien nos puede causar, porque estaremos sin querer, creando un caldo de cultivo para que aquellos personajes lleguen a aparecer en sus sueños o en su vida cotidiana, interfiriéndoles su bienestar, a ellos que andan tan vulnerables a crearlos y creerlos.
Hay. por ejemplo, niños que se despiertan por las noches. La oscuridad les detona sus miedos y la etapa que están viviendo hace lo suyo. Pero los miedos no sólo se suscriben a la hora del dormir, sino que también afectan la vida consciente, dado que diariamente los podríamos ver revisando muebles y closets antes de irse a la cama, evitarán quedarse solos y en ocasiones, disimularán su temor para no parecer exagerado, hay menores que constantemente preguntan dónde está la mamá y se ponen nerviosos preguntando cada vez con más intensidad si se saben solos.
Es importante aclarar que los miedos infantiles no sólo podrían deberse a la etapa del desarrollo que viven, sino que podrían ser parte de algún episodio nefasto que hayan pasado, el cual también modificará su comportamiento y somos los padres los que debemos tener ojo e intuición para reconocer cada variación en su conducta. En el caso que el cuadro sea intenso, vale decir se prolongue el mes entero de manera diaria, y que su vida se vea afectada por tristeza o inseguridad y desconfianza extrema se deberá acudir a un Psicólogo infantil, sin embargo en esta columna quisiera sólo avocarme a los miedos producto básicamente de su imaginación y de la edad entre 2 a 6.
Quisiera compartir algunas medidas que les podrían ayudar a calmar los miedos de sus hijos:
-Conversar acerca de lo que sueña, al día siguiente o en el mismo momento del desvelo y tratar con ellos de llegar a la causa de sus miedos.
-Ayudarlo a calmarse dándole un abrazo y un beso.
-Utilizar una luz tenue en su dormitorio mientras duermen y dejar la puerta semi abierta.
-Hacer un recorrido juntos en familia por los lugares donde el niño o la niña crea que podría esconderse un monstruo o ser malo.
-Jamás negarle su temor, hacerlo sentir muy comprendido de lo que está viviendo.
-Manifestarles mucha confianza en que nada pasará. Mostrarse seguros frente a ellos.
-Evitar las pantallas y programas con dibujitos que tiendan a la maldad, violencia o mal trato en todas sus formas.
-Darles un baño con agua tibia, en un ambiente de relajo encendiendo velas en difusor con olor a lavandas y realizando una oración al Ángel de la Guarda en el caso de cada familia.
-Ir al baño antes de acostarse y no cenar demasiada comida, eso les hace dormir mal.
-Mantener su pieza ordenada, con sus juguetes más apreciados a su alcance.
-Leerles cuentos, y así estar con ellos hasta que estén a punto de caer dormidos.
-No subestimar sus temores ni mucho menos comentarlos a otros ridiculizándolos.
-Utilizar terapia Floral para equilibrar la emoción en cuestión.
Les enumero además algunas señales que nos podrían estar avisando que nuestro hijo o hija siente temor:
-Estar atentos a las temáticas de las historias y dibujos que producen de manera espontánea cuando juegan.
-Revisar la presión con la que escribe o toma el lápiz, si denota una postura tensa al trabajar.
-La falta de apetito y la distracción constante.
-Si sueña pesadillas por más de un mes seguido.
-La revisión constante de rincones o muebles donde podría esconderse alguien al punto que esa revisión ya le esté afectando su vida.
-Sobresaltarse cuando oye un ruido intenso e inesperado, rompiendo en llanto la mayoría de las veces.
-Los desvelos continuos.
Espero les sea útil confirmar que los miedos son transitorios cuando son al dormir y que tenemos muchas acciones a la mano para disminuirlos. La comprensión y la seguridad es fundamental.

Claudia Pastene Gorigoitía

Mamá de dos hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

Fotografia de la portada: Diseñado por Freepik

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