Para entender tus relaciones, intenta entenderte a ti mismo

Acabas de tener una discusión con tu pareja y estás seguro de que no eres el culpable. Simplemente estabas tratando de sacar algo de tiempo para sentarte y terminar un proyecto en los pocos minutos que tenía antes de llegar a casa y tener que preparar la cena. Sin embargo, tu pareja exige que use este tiempo precioso para hablar sobre las finanzas familiares. El asunto no parece urgente, y parece que tu pareja solo quiere hablar. Esto es solo uno de una serie de incidentes en los que siente que su pareja está entrometiéndose en sus prioridades. La pregunta es, entonces, ¿estás siendo demasiado egoísta o tu pareja es demasiado exigente y controladora?

Las relaciones implican un constante dar y recibir entre los deseos de cada pareja, tanto para la autoexpresión como para la intimidad. Según un artículo reciente del psicólogo Christopher Hopwood de la Universidad de California Davis y Evan Good de la Universidad Estatal de Michigan, se producen relaciones problemáticas cuando las personas ponen en juego sus propias dificultades personales pero, al mismo tiempo, son demasiado sensibles a los problemas de sus parejas.

La calidad de la sensibilidad interpersonal, en opinión de Hopwood y Good, es una cualidad que los psicólogos de la personalidad rara vez examinan, pero que puede desempeñar un papel importante en las dificultades de relación. Como señalan los autores, “la literatura sobre la personalidad, el funcionamiento de las relaciones y el bienestar se ha centrado principalmente en las diferencias individuales en la forma en que se comporta una persona, prestando relativamente poca atención a los impactos percibidos del comportamiento de los demás”.

Los autores utilizan lo que se llama un modelo de circunflejo interpersonal (IPC) para comprender los problemas de relación desde las perspectivas de las cualidades propias de la persona y la percepción que la persona tiene de los demás. Para comprender el IPC, imagine un círculo con dos líneas rectas que se intersectan en el centro en ángulos de 90 grados. Una línea representa la dimensión del calor, que va desde lo afectivo a lo remoto, y la otra es el dominio, que va desde el control a lo pasivo. Un conjunto adicional de dos dimensiones se intersecta con estas, lo que produce otras cuatro cualidades (dos conjuntos de dos polos opuestos). Estas dos dimensiones van desde la mezquindad hasta la amabilidad, y desde el punto de vista social hasta la atención. En total, hay ocho cualidades de personalidad creadas por las cuatro dimensiones, y éstas forman el marco representado por el IPC.

Su personalidad, en los términos utilizados por el IPC, puede describirse exactamente donde se encuentra dentro de estas cuatro dimensiones. Esta es la personalidad que traes a tus relaciones y que forma parte de la ecuación para comprender la fuente de las dificultades interpersonales. Por ejemplo, es posible que tenga una racha media o que sea demasiado probable que ceda ante otras personas, al menos en la forma en que se describe a sí mismo. Sin embargo, su personalidad también incluye la sensibilidad que influye en cómo interpreta las formas en que otras personas interactúan con usted. Tal vez usted está especialmente molesto por la mezquindad de los demás. Como en el ejemplo, cuando su pareja quiere pasar tiempo con usted que siente que no puede perder, puede ser que sea hipersensible a ser controlado por otras personas, quienes, con toda probabilidad, no hacen ningún daño. . En este caso, se ubicaría en un lugar alto en el extremo de “sensibilidad al control” de la dimensión de sensibilidad de dominancia. El IPC, según se aplica a su sensibilidad hacia las personalidades de otros, identifica sus “botones calientes”.

Al usar medidas tanto de problemas de personalidad como de sensibilidad de la personalidad, Hopwood y Good esperaban poder explicar las variaciones entre las personas en sus puntajes en una serie de medidas que abordaban sus rasgos de personalidad , trastornos de personalidad y su propia salud , tendencia a la alexitimia. (dificultad para expresar emociones), experiencias en relaciones y tácticas de manejo deimpresiones. El primero de los dos estudios involucró a casi 1,000 estudiantes universitarios (80% mujeres) que completaron cuestionarios en línea.

El propósito de este estudio, más específicamente, fue determinar si la estructura de los rasgos de personalidad autoevaluados de las personas se correlacionaba con la estructura de sus sensibilidades. En otras palabras, ¿es probable que las personas con un alto dominio propio se irriten con las personas que perciben que son excesivamente controladoras? ¿Quiere decir que las personas se sienten enojadas cuando están en presencia de personas que perciben como antagonistas similares? Los participantes completaron las medidas de IPC tanto en términos de sus propias características como en términos de comportamientos en otras personas que los molestan.

Los hallazgos de este primer estudio confirmaron que las autoevaluaciones de IPC y las calificaciones de sensibilidades realmente encajan en la estructura circunfleja. Los hallazgos también mostraron que las personas que tenían más problemas interpersonales tenían más sensibilidades y que las personas tendían a ser más sensibles a las que tenían un estilo interpersonal opuesto al suyo. Esto significa que las personas dominantes pueden ser realmente molestadas por las personas que son agresivas. Las personas con alto dominio también obtuvieron puntuaciones relativamente altas en la medida del narcisismo , la extraversión , la depresión y la tendencia a ser extravagantes.

En el segundo estudio, una muestra que era similar en tamaño y composición completó cuestionarios en línea que incluían versiones “centradas en otros” de las medidas de rasgos de personalidad autoevaluadas del primer estudio. Por lo tanto, además de proporcionar calificaciones de acuerdo con el IPC, los participantes calificaron la medida en que ciertos rasgos y comportamientos les molestaban cuando se observaban en otras personas. Se le puede pedir, entonces, que indique qué tan molesto está por personas con altos rasgos tales como la conciencia y el neuroticismo , así como los rasgos aparentemente inocuos como la amabilidad y la apertura a la experiencia. Una medida también pidió a los participantes que califiquen qué tan molestos estaban con las personas con puntuaciones altas en el cuestionario de narcisismo. Los hallazgos mostraron que, como se predijo, las personas con alta sensibilidad interpersonal mostraron sensibilidad a esos rasgos como se ve en otras personas.

Los hallazgos globales apoyan la propuesta de los autores de que, en sus palabras, “conocer la forma en que una persona ve su propio comportamiento y cómo ve el comportamiento de los demás es importante para una comprensión integral de su personalidad, problemas de personalidad y funcionamiento de la relación”. Este estudio ha adoptado un enfoque novedoso para demostrar que los problemas en las relaciones representan una calle de doble sentido, o incluso una calle de tres vías. Usted contribuye a los problemas en virtud de sus propias características, pero también en virtud de su sensibilidad a los problemas. de las personalidades de otras personas. Finalmente, percibir que los compañeros tienen ciertos rasgos que pueden agregar a sus problemas interpersonales.

En resumen , la personalidad no es una cualidad que existe de forma aislada dentro de un individuo determinado. Proyectamos nuestros propios problemas de personalidad en otros, pero también interpretamos los rasgos de otras personas en términos de nuestras propias preferencias por las cualidades de los demás. La próxima vez que te sientas molesto por el comportamiento de tu pareja, este estudio sugiere que realmente debes preguntar “si eres tú o yo”.

Texto Psychology Today

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

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MIS HIJOS TAMBIÉN NECESITAN INCLUSIÓN

Tengo emociones confusas al escribir esta columna… Y además es segunda vez que intento escribirla… Son tantas las emociones, que no sé como hacer para no traspasarlas al que lee sin caer en malas interpretaciones. Hace ya dos semanas tengo ganas de escribir sobre inclusión. Esto desde que varias mamás de niños con necesidades especiales comenzaron a levantar la voz. En este último tiempo se creó el movimiento #unaescuelaparatodos el cual apoyé explícitamente a través de un vídeo en Instagram. ¿Por qué sigo escribiendo de esto si ya hice un vídeo? Bueno, porque siempre he dicho que creo que escribo mucho mejor de lo que hablo, y entonces plasmar mis ideas en un papel es poder decirlas para mi en voz alta.

¿Por qué hablar de inclusión me genera tantas emociones? ¿Qué pasa conmigo cuando este tema entra en mi cabeza? Podría decir que mi primera emoción es miedo a hablar, temor a tomar la voz de madres con hijos con necesidades especiales, cuando yo no soy una de ellas. Miedo a hablar sin saber, a intentar plasmar ideas sin haber recorrido ese camino. ¿Por qué me atrevo ahora a hablar? Porque me di cuenta que no quiero usar la voz de esas mamás, porque ellas tienen su propia voz para gritar y mostrar lo que sienten. Hoy decido tomar mi propia voz y hablar de mis hijos y de lo que ellos, yo y nosotros como familia necesitamos.

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Soy una convencida, que tener un niño con necesidades especiales en la sala de clase los hará personas diferentes, los hará crecer y mirar el mundo desde otra vereda. Tengo una prima con necesidades especiales, tiene 29 años a pesar que dijeron que no llegaría a los 9 años. Quiero contarles la reacción de mi hijo cuando la conoció. Primero me hizo muchas preguntas sobre lo que le había pasado, por qué estaba así, qué podía hacer y qué no. Después me dijo que le daba mucha pena porque no podía hacer las cosas que a él le gustaban. Entonces le expliqué que ella disfrutaba de otras cosas que también la hacían feliz. Quedó muy afectado luego de conocerla.

El camino de mi tía ha sido duro, pero hoy quiero hablar de lo difícil que fue para mí aceptar o entender la reacción de mi hijo. ¿Por qué no pudo interactuar más con ella? ¿por qué no se acercó a abrazarla? ¿qué pasó que sólo le dio pena y no pudo conectar también con las alegrías de mi prima?. Después de varios meses, en una conversación de él con un amiguito en mi auto, le contaba que lo más triste que le había tocado era conocer a la Maca, así se llama mi prima, así le relató que ella no podía caminar, hablar, jugar y que eso le daba mucha pena. Yo escuchaba enternecida por un lado, porque mi hijo era capaz de empatizar con el dolor del otro, y con mucha pena por otro lado de pensar que este había sido su único acercamiento a la diferencia en sus 9 años de edad. ¿Por qué nunca había visto esta realidad? ¿qué pasa que el colegio finalmente se transforma en una burbuja de niños y vidas “normales”? ¿por qué nunca pudo acercarse a otras realidades y esta fue la primera? ¿Cómo le habría enseñado a interactuar distinto si hubiera estado cerca de la diferencia desde pequeño?.

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Hoy decido escribir, porque creo que mis hijos necesitan inclusión, ellos necesitan vivir y tocar otras realidades que no sea sólo la suya, por cuanto soy una convencida que mirar al otro en sus necesidades y poder empatizar con ellas te hace una persona más humilde, generosa, asertiva y empática. De mis hijos no espero grandes profesionales, con buenas notas y muchos diplomas, de mis hijos por sobre todo espero sean buenas personas… y hoy creo, sus colegios no les están enseñando eso. Porque el que es diferente, o se porta mal o tiene necesidades especiales no tiene un espacio ahí. ¿Por qué? Porque simplemente no cumple con los estándares de lo “esperado”. No puedo dejar de recordar a un querido paciente de tan sólo 10 años, que al comenzar a mostrar conductas más disruptivas en el colegio, dado su diagnóstico de trastorno del desarrollo cancelaron su matrícula. El colegio no estaba “preparado para recibirlo” y lo que es peor, todos sus compañeros entendieron que estaba “bien” que se fuera porque él era “diferente” y necesitaba “otro tipo de colegio”. Pena, frustración, rabia.

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Solo puedo darme cuenta que este sistema algo perverso, le está enseñando a mis hijos que si eres distinto no hay espacio para ti en este mundo, que esa persona diferente está en los rincones, en sus piezas, en “otros colegios”… segregados… lejos mío, lejos tuyo, lejos de nuestra realidad. ¿Y entonces cómo le enseño a mi hijo de respeto, humildad, generosidad, empatía, asertividad y diversidad si todos son “iguales” y sólo están preocupados de sacarse los ojos por ser los mejores?.

Mientras escribo, del miedo paso a la rabia y el enojo que me produce que un sistema y un país avale esto. ¿Por qué seguimos hablando de inclusión cuando en realidad esto no debería ser un tema? ¿por qué seguir peleando por algo que es un derecho?. Creo que no sólo le estamos quitando el derecho de educación a los niños con necesidades especiales, sino también le estamos quitando el derecho a nuestros hijos de aprender de ellos y con ellos. La vida es diversidad, todos tenemos distintas capacidades y habilidades, y todas ellas brillan en el contacto con el otro….¿Cuánto nos estamos perdiendo al desconectar a todos estos niños de nuestros hijos? Para mi son infinitas las posibilidades y oportunidades perdidas, y entonces me parece injusto desde donde se le mire.

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Y es aquí donde me viene la pena y frustración, pena de estar escribiendo esto y tener que visibilizar algo que no deberíamos estar siquiera mostrando. Como escuché alguna vez por ahí, de la inclusión no se habla, se vive y se hace.

Soy una convencida que el sistema educacional tiene que cambiar, la experiencia de la diversidad hay que vivirla, sentirla, abrazarla para poder hacer algo distinto. Si nuestros hijos no pueden siquiera ver esa realidad en sus salas de clases o en sus compañeros de colegio, entonces obligan a todos esos niños con necesidades especiales a quedar invisibles frente al mundo….¿y cómo aprenden mis niños a abrazar y amar a alguien con necesidades especiales si no están? ¿cómo mis hijos aprenderán a no sentir pena por ese niño “distinto” si no lo han visto reír en sus salas, aprender o si no se han sentado jamás a conversar o conectar con ellos? ¿cómo lograrán mirar que también son felices, tienen penas, rabias y miedos igual que ellos?. Difícil tarea enseñarles a nuestros hijos sin la posibilidad de la cercanía a esa realidad, es como querer aprender a hablar inglés en un país donde no existe el idioma.

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Miedo, rabia, frustración y pena, todo eso me provoca escribir estas líneas, también esperanza y fe de que ésto puede cambiar alzando nuestras voces. Me encantaría tener un país más inclusivo, donde ésto no fuera tema, en el que todos pudieran ir al colegio y eso se diera como un derecho real, no solo en el papel. Me encantaría vivir en un país donde no existieran los cupos de integración, sino que las puertas estuvieran abiertas a la diferencia, porque de la diversidad también aprendemos. Nuestros hijos no sólo necesitan aprender matemáticas, castellano, historia y arte… Nuestros hijos necesitan tocar la vida, y con mucha pena me doy cuenta y creo que sólo están tocando una parte de ella…esperanzada espero que esto cambie…y la toquen por completo.

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Insisto: la inclusión la necesitamos todos, mis hijos, tus hijos, nosotros como papás y nuestra sociedad. Y ojalá ya no hablemos más de inclusión y empecemos a hacer algo por ella y podamos empezar a hablar de sana convivencia, de VIDA.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

 

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