Como se desarrolla la presencia ejecutiva

Qué es la presencia ejecutiva

La reconoces en cuanto la ves en otros. Es ese “wow” que despiertan ciertas personas al entrar en una sala, o al subirse al escenario. Esa habilidad de inspirarte. Es lo que todo líder debe tener para influir a terceros y llamarlos a la acción.

Si quieres saber lo que es presencia ejecutiva, revisa estos conceptos! | Frase sobre la Presencia Ejecutiva

La presencia ejecutiva es el resultado de una combinación de elementos que contribuyen a que a una persona se la perciba como líder o potencial líder. Entre esos elementos figura la capacidad de mantener la calma en situaciones de alta presión, y de tomar decisiones rápido; asertividad, autoconfianza, confiabilidad y sentirte cómoda en conversaciones con altos ejecutivos.

Es obvio que si quieres seguir creciendo en tu carrera profesional necesitas proyectar presencia ejecutiva. Pero ¿y si estás en el campo creativo y sólo quieres diseñar avisos publicitarios encerrada en tu cubículo? (O si eres ingeniera o si no te interesa estar en una posición de liderazgo.) Si quieres persuadir a otros de cuán valiosa es tu idea o tu proyecto también te vendrá bien fortalecer aspectos que hacen a la presencia ejecutiva.

 Aquí tienes un breve video que hice para Yahoo Mujer sobre Presencia Ejecutiva.

Cuáles son los elementos que conforman la presencia ejecutiva

Según la experta en desarrollo de liderazgo Susan Bates existen tres dimensiones a tener en cuenta: El estilo, la sustancia y el temperamento de la persona.

Estilo: Suele ser lo primero que alguien ve de ti y es una combinación de tu apariencia, tus modales y tu interacción con los demás. Cuando hay disonancia entre tu estilo y tu rol (por ejemplo te vistes demasiado informal para tu posición de gerente) la gente tiende a dudar de tu efectividad.

Sustancia: Tiene que ver con tu presencia social, tu autoconfianza, compostura, capacidad de reacción y de mantener la calma en situaciones críticas, habilidad de tomar decisiones bajo presión, etc. Demuestra tu madurez y tu habilidad de integrar tus virtudes a tu liderazgo manteniendo bien presentes las necesidades de todas las partes interesadas.

Temperamento: Los rasgos personales y valores que te definen. Son tus creencias esenciales acerca de ti misma y de quienes te rodean. Es quién eres. Incluye tu optimismo, integridad, valentía, discreción y cuáles son tus prioridades.

¿Se puede desarrollar la presencia ejecutiva?

Siempre y cuando tengas una base de autoconfianza y la voluntad de lidiar con las situaciones impredecibles que se presentan a nivel ejecutivo, puedes desarrollar tu presencia ejecutiva.

Claro que hay aspectos que serán más fáciles de desarrollar que otros. Veamos algunos.

La capacidad de tomar decisiones acertadas bajo presión. Es una habilidad difícil de practicar por fuera de circunstancias reales pero cuanto más práctica en el mundo real tienes, mejor te vuelves.

Frase inspiradora sobre Presencia Ejecutiva de Mariela Dabbah. Averigua como desarrollar la presencia ejecutiva

“Dress the part” es decir lucir según tu rol. Mucho se ha dicho del rol de la apariencia en la presencia ejecutiva. La realidad es que cómo luces impacta la percepción que generas en otros y eso influye en las oportunidades que te darán. Si eres Gerente de Finanzas de un banco, debes proyectar una imagen de seriedad, seguridad, y solidez no sólo con tu actitud sino también con tu vestimenta y accesorios. Cuando alguien te ve desarreglada hace una asociación inconsciente de que ese descuido personal puede traducirse a un descuido en tu negocio. Eso es lo que debe interesarte a la hora de revisar tu vestuario.

Ser asertiva. La asertividad es el estilo de comunicación más efectivo ya que te permite demostrar tu respeto por la opinión ajena al tiempo que expones la tuya con seguridad. La mejor manera de ser asertiva es mantener un tono calmo, escuchar en forma activa, expresar con tranquilidad tus pensamientos y emociones para que los demás tengan claro tu punto de vista y tus expectativas. Es una destreza que puedes aprender. Justamente es una de las áreas en las que más trabajamos en el Programa Step Up del RSM.

Proyectar autoconfianza. ¿Cómo lograrlo? La realidad es que hay ciertas personas que proyectan gran seguridad en si mismas y otras no tanto. Pero siendo consciente de las situaciones en las que te sientes confiada (haciendo qué, con quién) puedes replicar esa sensación haciendo otras cosas. Pero requiere trabajo contigo misma y gran determinación para edificar tu autoconfianza. (Otro de los temas que tratamos en los Podcasts y sesiones de coaching online del Programa Step Up).

Proyectar confiabilidad. Una de las características típicas que ostentan las personas con presencia ejecutiva es que proyectan un aura de confiabilidad. Sientes que tienen bien presentes tus intereses y que harán lo mejor para aquellos que los siguen o trabajan para ellos. Puedes ir desarrollando credibilidad a lo largo del tiempo. ¿Cómo? Cumpliendo con lo que prometes. Convirtiendo a tu palabra en la piedra angular de tu marca personal. Demostrando que haces lo que dices. Que no te echas atrás. Que no abandonas un proyecto o a tu equipo a medio camino.

Manejo de presión. Busca oportunidades de mejorar tus dotes de presentadora. No sólo porque presentar en público es un requisito fundamental para los ejecutivos sino porque cuando logras dar una buena presentación demuestras tu capacidad de manejar bien situaciones de presión. El secreto aquí es practicar lo suficiente para aparecer relajada.

Capacidad de inspirar. Una de las características que mejor definen a una persona con presencia ejecutiva es su capacidad para inspirar a otros a ser las mejores versiones de sí mismos. A seguir una misión, cumplir sus metas, contribuir de manera relevante con el grupo y con la sociedad. Piensa en cuántas áreas de tu vida tu inspiras a otros. ¿Cómo se traducen en tu mundo profesional?

En el proceso de reforzar o desarrollar tu presencia ejecutiva lo más importante es que encuentres tu propia voz. La autenticidad es lo que te permitirá siempre pisar sólido. Identificar tus ventajas y afilarlas al máximo es lo que te hará más efectiva y se traducirá en un mayor éxito personal y profesional.

 

Mariela Dabbah es escritora, conferencista y coach. Como Coach por más de 20 años ha apoyado el desarrollo de carrera de hombres y mujeres latinos en USA , Mariela como integrante de la Red de Profesionales de Mundo Mujer comparte en esta web un material muy interesante para ti, todo basado en su experiencia.

Autora del libro “Poder de Mujer”

Extraido de http://redshoemovement.es/como-se-desarrolla-la-presencia-ejecutiva/

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El amor en la madurez (2da parte)

El amor de pareja en la madurez encaja con el descenso de la montaña y cuando se ha ascendido con sentido, el descenso supone mayor libertad, tranquilidad, ligereza, desapego y entrega al presente… Los grandes planes ya fueron trazados, los grandes logros ya fueron realizados, los hijos ya fueron criados, y ahora podemos ser de nuevo un poco niños y vivir de nuevo lo que hay y lo que cada día nos trae “con un nuevo corazón tembloroso” como diría Neruda. Por otro lado las adversidades naturales de la vida han limado las aristas de nuestras pasiones y nuestro carácter, las desdichas nos han sensibilizado a una luz que la prosperidad estricta nos mantenía velada, y empezamos a entender el lenguaje del ser y no sólo de tener, el sabor del misterio y no sólo el de la propia voluntad, el gozo de lo incierto y no sólo su temor.

Surge una perspectiva madura, sabia, ondulada del amor. La mayoría de estudios coinciden en reconocer que el índice de felicidad es mayor en persona de entre cincuenta y setenta años. ¿A qué se debe? A un cambio de actitud más que a un cambio de las circunstancias. Y esto impacta en el ámbito de la pareja de manera que la rellena con frutos nuevos. Veámoslos:

Mayor pertenencia y fusión. A las parejas que acumulan muchas millas de amor logrado se les premia con una gracia especial, la de “ser un solo cuerpo”. Así lo expresaba un matrimonio mayor, tocados ambos por un evidente gozo de estar juntos: “a veces no sé si su pierna es mi pierna o la suya”, decía él. Una antigua fábula asiática explica que, cuando Dios hizo al hombre y a la mujer, al principio les dio un único cuerpo, lo cual satisfacía su deseo de fusión pero no el de autonomía, y reclamaron pidiendo dos cuerpos, y Dios se los concedió. A él un cuerpo de hombre, a ella uno de mujer. Se cuenta que, desde entonces, experimentan un profundo anhelo de volver a ser uno, dando incansables bandazos entre libertad y simbiosis. Sea como sea, el anhelo de pertenecer, formar parte y estar vinculado profundamente, es el mayor instinto de los seres humanos. Al principio a nuestros padres, después a nuestras parejas y a las familias que creamos, y por supuesto a nuestra pareja en la madurez.

Mayor entendimiento, comprensión y respeto. Si el viaje propio y también el común, ha sido verdadero y se han aprestado a desarrollarse como personas auténticas, ambos han aprendido el código de la tolerancia y el aprecio de lo ajeno, a sentir tan importante al otro como a uno mismo. Han flexibilizado sus creencias y sus mapas de la realidad y abierto el corazón a lo distinto. Si además acumulan muchas millas de amor logrado disfrutan de un gran almacén de actos comunicativos fértiles y esquemas de relación previsibles, que les dan reconocimiento y la seguridad de sentirse nuevamente en casa una y otra vez.

Mayor alegría, gozo y sentido del presente. Una progresiva relajación de nuestras pasiones, responsabilidades y objetivos, franquea la entrada a un progresivo e inesperado regreso a la tierra prometida del “presente”, que nos hace resonar con el viejo paraíso perdido del “presente” de nuestra niñez, cuando vivíamos más en el vivir y menos en nuestros pensamientos sobre el vivir. Con suerte, en la madurez, la mente se vuelve más silenciosa y más abierta a la alegría por nada de cada momento, que la vida tal como decide ser, nos sigue regalando. En la pareja empieza a edificarse una dimensión del amor, en la que amamos al otro no tanto por lo que nos produce, nos mueve o nos satisface, sino por ser como es y por estar ahí. Y los días se llenan de una actitud más gozosa.

“Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos”, reza un poema de amor de Neruda. Quizá el amor maduro sea también un amor trascendente. En este amor, a través de los ojos oceánicos del otro, vamos más allá de él y abrimos esperanza, alma y corazón a un amor más amplio que abarca a todo y a todos. Y nos volvemos más y más altruistas y generosos. Y cerca del final sonreímos y seguimos plantando árboles de cuyos frutos otros comerán en nuestro lugar.

Esto es lo que hoy he imaginado, que no vivido, pues aún no siento que haya reunido méritos y años suficientes como para ingresar en plenitud en las filas de la madurez. Por lo que hace al  ámbito de la pareja, sí que acumulo cicatrices propias suficientes, y miles de horas con las luces y sombras de otras parejas, como para entender un poco las bravuras de estos oleajes y desear, eso sí, las aguas tranquilas.

Por eso lo he imaginado con optimismo, y tal y como lo he visto en algunas parejas afortunadas, con muchas o pocas millas de recorrido, con muchos hijos e historia detrás de sí, o con poca. He preferido obviar, en este relato, a los que se compactan con los años en lugar de algodonarse, a los que siguen conquistando en lugar de saber declinar con dignidad, a los que se imponen en la madurez y la vejez en lugar de saber morir un poco antes de morir del todo, y ganar en vida un poco de vida eterna –el presente maravilloso-, antes de que la eternidad nos engulla y acoja a todos por igual, con sus enormes brazos, como una gran madre.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Foto Portada: Diseñado por Freepik

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El amor en la madurez (1ra parte)

Déjenme imaginar la vida como una danza continua, en la que todos  sus movimientos sean creaciones y refinamientos de dos notas básicas: expansión y contracción, avance y retroceso, conquista y rendición, ganancia y pérdida, ascenso y descenso, vida y muerte.

Permítanme además imaginar una vida como la mía o como la suya, como un viaje completo en el que, evolutivamente, en cada momento, nos toca encarar y vivir distintos deseos, temores, voluntades y tareas.

Aunque sea obvio, recordemos que no es el mismo corolario de vida el que tenemos con veinte años que con sesenta, por ejemplo. Nos impulsan fuerzas y necesidades diferentes. Si a los 20 años nos estimula el futuro y el deseo de construir, a los sesenta la necesidad de dar sentido al pasado vivido y vivir gozosamente el discurrir de los días.

A veces, he imaginado a la vida, como un viaje de ascenso a lo alto de una montaña que culmina en la fase media de la vida, y luego nos queda el descenso. La primera es el tiempo joven de la conquista, en la que fecundamos la vida para que encaje con nuestros planes y deseos: fortalecemos nuestra identidad, edificamos un recorrido profesional, nos las vemos con los asuntos de pareja y criamos hijos o no, aportamos lo que tenemos a la vida, nos arrastra nuestra pasión por conocer y realizar, y seguimos con todas nuestras fuerzas los caminos por los que somos movidos. Con suerte, llegamos a lo alto de la montaña y gritamos a los cuatro vientos nuestros logros y éxitos, e invariablemente se nos devuelve un eco que nos dice que en verdad no tiene tanta importancia, que éste que llamamos Yo y al que consideramos el centro de todo, ahora se las va a ver con el descenso y con las perdidas, con la comprensión de que la vida es efímera y tiene un final, con la imagen dibujada en el horizonte de la propia muerte como estación de destino. Empieza el descenso y, con fortuna, si hemos cultivado un cierta sabiduría, entramos en una extraña paradoja: la de que perder y descender es suave y produce una sorprendente suerte de alegría y felicidad; la que viene de que ya no tenemos que preocuparnos tanto, y podemos exponernos al flujo espontáneo y confiado de la vida. Ya no tenemos que luchar y defender, y experimentamos la dulzura del desapego y una entrega mayor a la soberanía de la vida como es, por encima de nuestra voluntad personal.

Leonard Cohen dice que “Los pesimistas están muy preocupados porque quizá vaya a llover. Yo, en cambio ya estoy mojado”. A continuación añade: “Lo único que se acerca a un consuelo es el ‘Hágase tu voluntad’. Uno debe preguntarse hasta qué punto quiero convertir esto en el principio regidor de su vida: la idea de que todo se despliega en un mecanismo que te resulta imposible de entender. Y que lo tomas o lo dejas”.

Se suele decir que el amor joven es impulsado por la tiranía de la sexualidad con su imperativo certero de que disparemos nuestras flechas de vida hacia el futuro, que el encuentro de los amantes arde; que el amor de los adultos se convierte en un amor cuidado, que los amantes se han hecho padres y cuidan de su prole y del sostén; que el amor maduro es un amor que busca la compañía, el compartir y el cuidado, y goza de tranquilidad. Sin duda, la pasión, el cuidado y la compañía pueden estar siempre presentes en distinto grados en cualquier fase de la vida. También en el amor maduro importa, y mucho, el roce de los cuerpos, los cariños y la vivencia del placer. Y ya sería hora, además, de que pensáramos abiertamente que la sexualidad termina con la vida y que, incluso en la ancianidad, tiene su presencia en su forma particular y distinta del disloque hormonal juvenil.

Continuará…

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Foto portada: Diseñado por Freepik

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