Laboratoria, código que transforma

En Latinoamérica menos del 10% de las personas que trabajan en el sector tecnológico, son mujeres (Mozila Data) . En Chile la cifra es: 5% (ACTI), Irónico ya que la primera desarrolladora del mundo fue mujer y el equipo que creó el primer programa que corrió en una computadora sólo eran mujeres.

Según el “Informe GET, Género, Educación y Trabajo: la brecha persistente” de Comunidad Mujer, las niñas aprenden a proyectar su futuro bajo códigos que apuntan a la maternidad, lo estético y al cuidado de las personas. La sociedad y el sistema educativo actual no fomentan el interés en las ciencias y matemáticas. Los resultados en pruebas como PISA y SIMCE demuestran que a medida avanza la edad escolar, la brecha en los resultados de matemática aumenta entre niños y niñas, a pesar de que su desempeño no tuvo diferencias en edades menores. Esto trae como resultado que en la industria que demandará alrededor de 450,000 de profesionales para el 2019 en Latinoamérica, hoy sólo haya un 10% de mujeres trabajando.

 

Con profesEsta oportunidad de empleabilidad, la falta de mujeres en el sector y la gran cantidad de mujeres sin oportunidad de tener trabajos de calidad ni estudios formales, fue la fórmula para el origen de Laboratoria en 2015 en Latinoamérica. Un programa que forma a mujeres como desarrolladoras web y las inserta en el mercado laboral luego de 6 meses de formación, y las sigue capacitando por 1 año y medio más, mientras trabajan. Pero lo que hace especial a Laboratoria, más allá de los excelentes resultados de empleabilidad (79% de inserción laboral), es la metodología utilizada en nuestra sala de clases y el trabajo realizado con las empresas para que conozcan y se relacionen con este talento.

 

En paralelo, trabajamos para que las empresas de Latinoamérica conozcan esta fuente de talento. Al finalizar los 6 meses iniciales, organizamos el “Talent Fest” del cual participan empresas líderes del sector, quienes proponen retos específicos a equipos de developers (compuestos también por jefes de proyectos  de las empresas) para que sean resueltos en 36 hs aplicando los conocimientos adquiridos y evidenciando su capacidad técnica. Gracias al último Talent Fest en Chile, el 29% de las developers fueron contratadas al finalizar el evento por las empresas participantes.

Nuestras alumnas nos importan y queremos que sean las mejores en su campo. Por ello nuestra malla curricular cambia constantemente, adecuándose a los requerimientos del mercado, que conocemos por la comunicación constante que mantenemos con empresas líderes en el sector. Gracias al uso de metodologías ágiles, podemos descartar o implementar cambios, de manera tal que no afecte el aprendizaje de las alumnas, pero que nos lleve a mejorar constantemente, el que aplicamos también en clases, fomentando el trabajo en equipo, analizando resultados mejorando su productividad.

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Generamos contacto con otras empresas con necesidades digitales, y coordinamos procesos de entrevistas con nuestras egresadas, las cuales son preparadas por nuestro equipo de psicólogas. El proceso de inserción laboral finaliza cuando la alumna consigue trabajo con salario acorde a su talento, en una empresa que le permita crecer profesionalmente. El sueldo líquido promedio de nuestra última generación es de 650.000. Luego trimestralmente durante dos años, nos comunicamos con la empresa empleadora para conocer su satisfacción con los resultados de la developer; y con la alumna, para asegurarnos que está conforme con su situación laboral. En caso que durante esos dos años, la developer quede sin trabajo, la apoyamos para que vuelva a insertarse laboralmente en el menor tiempo posible.

En Laboratoria ya hemos graduado a más de 600 mujeres en cuatro ciudades de Latinoamérica, de las cuales más del 79% está transformando la industria digital desde sus puestos laborales. Para el 2021 esperamos crecer mucho más, impactando a 10.000 mujeres. Estamos seguros que lo vamos a lograr porque creemos firmemente en 1. El Talento de las mujeres, 2. En una educación transformadora, 3. En el impacto de acceder a un gran trabajo, 4. En generar impacto social con excelencia, y 5. En el potencial de América Latina.  

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HISTORIAS DE LABORATORIA

Compartimos dos historias en Chile que reflejan las transformaciones que mencionamos anteriormente. Isleby Pinto, de 27 años, proveniente de la comuna de Renca, desde que salió del colegio trabajó en diferentes oficios (atención de negocios, reponedora de minimarket, y otros). Conoció Laboratoria y a pesar de que inicialmente fue retador equilibrar su trabajo, su familia y el tiempo para dedicarle al estudio, siguió con perseverancia graduándose dentro de nuestra 3ra generación. Actualmente trabaja para una agencia digital dedicada a UX Design. Sigue asistiendo a sus clases de educación continua como parte del proceso de capacitación de 2 años de Laboratoria, para alcanzar mayor nivel técnico.

Susana Opazo, muy inteligente con un toque de personalidad dispersa, tuvo que cursar su colegiatura en varias instituciones, en la universidad paso por 2 carreras, las cuales no logró terminar, durante un tiempo fue peluquera. Conoció Laboratoria y se graduó dentro de la 2da generación, el equipo siempre la recuerda como una persona muy enérgica. Después de graduarse hizo prácticas en diferentes empresas, pero prefirió convertirse en profesora de Laboratoria, en marzo de este año recibió una propuesta de Thoughtworks, quienes la enviaron a capacitarse a la India y con los que actualmente trabaja. Representó a Thoughtworks en Orlando.

Como ellas, ya son más de 140 mujeres chilenas que se encuentran transformando la industria tech y su propia vida, luego de pasar por Laboratoria.

Nota realizada por Isabel Ordoñez <isabel@laboratoria.la>

Para más información visita laboratoria.la/

 

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Mujeres, reinas en la toma de decisiones

Este último tiempo me ha tocado ver muchas parejas en las que por diversas razones la fuerza femenina vuelve a aparecer. Es sabido que en América Latina es enorme la cantidad de mujeres que son jefas de hogar y que sacan adelante a sus hijos peleando todos los días además por iguales espacios de equidad. Mujeres que quedaron solas porque sus niños (as) nacieron con capacidades diferentes y esos hombres no pudieron o no supieron hacerse cargo.

Mujeres que está probado , somos mejores pagadoras de deudas que el hombre y más motivadas a crear Pymes que ofrezcan beneficios sociales además de los económicos.

Mujeres que enfrentan mejor la soledad, la viudez y el dolor haciendo sus duelos desde las emociones y estos últimos tiempos desde la acción.

Mujeres que intentan vencer la violencia de género con el movimiento ” ni una menos” y que esperan que algún día les paguen lo mismo que a los hombres por hacer el mismo trabajo.

No se porque razón , los hombres pueden vivir en estados de incomodidad y de dobles juegos por mucho más tiempo. Esto lleva a que las mujeres seamos en la mayoría de los casos las que tomemos las decisiones de pedir ayuda, de plantear las crisis y también las que aún sin quererlo tomemos el camino de la separación.

Es bien sabido que las mujeres somos muy lentas para dejar de amar, en parte porque necesitamos sentirnos necesarias y porque peleamos hasta el último el ” sueño ” de la relación perfecta pero cuando una mujer deja de amar no hay nada , ni nadie que resucite este amor la mayoría de las veces.

En fin nuestra vida está marcada por una serie de decisiones que terminamos tomando nosotras por la dificultad de lo masculino para enfrentar cambios que alteren el equilibrio que ellos sienten que tienen a pesar de los conflictos.

Aparentemente nos cuesta más la ambigüedad y no somos capaces de vivir demasiado tiempo no viviendo la relación como lo esperábamos. Nos demoramos, a veces mucho, en tomar las decisiones , de hecho en el maltrato en promedio podemos estar siete años guardando el secreto antes de romper el circuito de la violencia, pero al final somos nosotras las llamadas a tomar caminos distintos en el camino del amor.

Tenemos mucho que cambiar todavía, en principio a hablar cuando lo estamos pasando mal, generalmente lo hacemos más tarde de lo que sería sano . Nos falta dejar de hacernos cargo de situaciones que debieran ser responsabilidad de otros. Tenemos que aprender a decir que NO, No quiero y no puedo sin sentirnos culpable y además debemos estar despiertas y lúcidas para detectar aquellas pautas machistas que circulan bajo el agua y que siguen determinando nuestras conductas.

En este mes de la mujer, debemos felicitarnos por nuestra fuerza, por nuestra valentía y nuestra garra para salir adelante aún de las situaciones difíciles. Debemos aplaudirnos por nuestro aporte social en la acción y en lo emocional.

Sin embargo debemos aprender a cuidarnos, hacernos la mamografía y otros controles y aprender a soltar a dejar de hacer lo que nos hace mal y quedarnos con lo que nos hace bien.

Debemos aprender a delegar y a pedir ayuda para poder hacer más cosas que nos gustan y desde ahí dar lo mejor de nosotras a nuestros afectos y a la sociedad.

Seguramente este 8 de Marzo estará centrado en el movimiento ” ni una menos” y ojalá genere cambios en los hombres pero también en las mujeres para que aprendamos a comunicar ese maltrato y querernos lo suficiente para que nunca más nos hagan daño. Al final las decisiones igual parecemos tomarlas nosotras.

 

Escrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

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La mujeres de los presidentes como modelos a seguir

 

Hace apenas unos días  durante  un lluvioso día en la ciudad de Washington,  asumió el presidente n°45 de Los Estados Unidos. El empresario Donald Trump. En  la ceremonia,  rodeada de una fuerte seguridad debido a las protestas de los opositores al recién electo presidente,  en un clima electoral tenso y con  presencia de público menor a la de otras ceremonias similares, destacaba su  bella y joven esposa Melania Trump. Melania, de 46 años y nacida en Eslovenia,  durante la ceremonia sostuvo las biblias sobre las que juró el presidente. Vestida en un estilo que rememoraba a la glamorosa y elegante primera dama Jackie Kennedy.  Respecto de su nueva posición,  la nueva primera dama ha declarado desde el principio que su rol sólo será  acompañar a su marido y cuidar del único hijo de ambos Barron.

 

Este estilo contrasta poderosamente con la saliente primera dama Michelle Obama una joven abogada la que no sólo brilló por su elegancia en un estilo propio y que no se inspiraba en   ninguna de sus predecesoras, sino que también desempeñó un rol activo creando distintos programas de salud, bienestar y apoyo  para jóvenes,  niños y adultos de su país. Michelle quien es madre de dos hijas junto al ex presidente,  ha destacado además por su capacidad de mostrarse frente a sus compatriotas  como una norteamericana negra de clase media que asistió  a una escuela pública y fue capaz con mucho esfuerzo de progresar y sacar adelante una carrera profesional de primer nivel. Lo anterior  parece probar   entre otras cosas que una mujer puede ser  glamorosa y de apariencia cuidada,  una buena madre y esposa,  siendo al mismo tiempo alguien con ideas propias , con un desarrollo profesional exitoso sin necesariamente depender de su marido por mucho que éste sea el presidente del país más poderoso del mundo.

 

Porque  lamentablemente esto no sólo parece ser una cosa de estilos.  Roles tan importantes y de figuración publica como los mencionados,  se convierten,  quiérase o no, en modelos a seguir como pautas prefiguradas  de los comportamientos deseables para los ciudadanos corrientes.  En tiempos difíciles para el desarrollo de la mujer donde todavía existen   muchos problemas como  la falta de acceso a sueldos equivalentes a su formación,  el trato todavía desigual en muchos aspectos, políticas que todavía no logran conciliar el desarrollo laboral con el rol de la familia y peor aún cuando subsisten  graves problemas en el plano de la violencia hacia la mujer,  no es bueno el resurgimiento de modelos de vida donde el papel  de la mujer se muestra   reducido a un segundo plano en un rol tan tradicional como anticuado.

 

Macarena Urenda Salamanca

 

 

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“Yo, la peor de todas: Mujer y autocompasión”

Alejandra es madre de dos niños y trabaja jornada completa. Frecuentemente siente que está en el lugar equivocado. Siente culpa por el poco tiempo que puede dedicar a sus hijos, y al mismo tiempo siente frustración por no poder cumplir con todos los pendientes de su trabajo. En un día corriente de su vida, su mente podría decir algo así: “¿Ya son las 2 de la tarde? ¡Tengo que pasar a buscar al Tomy al colegio! ¡De nuevo voy a llegar tarde! ¡Soy pésima mamá, no me la puedo con tanta cosa! Y tengo que dejar esta pega terminada antes de salir… ¡pero no alcanzo! Seguro las otras mamás llegaron a la hora… ¡¿cómo lo hacen?! La Claudia siempre anda regia y, más encima, es la “mamá perfecta”… ¿¡Cómo lo hace!? Lo que pasa es que soy una volada, desorganizada… ¡ni siquiera puedo cumplir con lo mínimo que hacen otras mamás! ¡No tengo arreglo!”. Entonces apaga el computador, toma las llaves y sale de la oficina hecha un nudo de rabia, pena y nervios.

Esta avalancha de pensamientos, que quizás la mayoría de nosotras hemos tenido en algún momento, hace que se gatille en nosotros la respuesta de amenaza relacionada al estrés. Basta pensar la cantidad de veces al día que nos lanzamos este tipo de comentarios para darnos cuenta de la frecuencia con la que estamos generando una respuesta de alerta en nuestro organismo. No resulta raro, entonces, que nos sintamos estresadas, sobrepasadas o incluso deprimidas. Por más que nos esforzamos, no damos abasto. Tenemos material de sobra para tratarnos pésimo.

Habitualmente lo que nos decimos a nosotras mismas se parece más a lo que le diríamos a nuestro peor enemigo. Cuando cometemos un error o estamos en problemas, es raro que nos tratemos con amabilidad o comprensión, como lo haríamos sin dudar con nuestros amigos en las mismas circunstancias. La mayoría de las veces somos mordaces, descarnadas, hasta lapidarias.

La práctica de mindfulness nos invita a darnos cuenta de este discurso autocrítico y tóxico, reconociendo que podemos cultivar una forma diferente de tratarnos a nosotras mismas. La visión que fundamenta la práctica de mindfulness apunta a que todos, sin excepción, somos merecedores de compasión. En la intención de cuidar, aceptar y amar también estamos incluidas nosotras mismas. Esto no tiene nada que ver con lástima, egoísmo, autoindulgencia o negligencia. Ni siquiera tiene que ver con “autoestima”, un término que se ha asociado por muchos años al bienestar psicológico. Vamos a ver a continuación a que nos referimos cuando hablamos de “autocompasión”.

Kristine Neff, psicóloga e investigadora de la Universidad de Harvard nos explica que la autocompasión podría entenderse como la capacidad para ser cálidas y comprensivas con nosotras mismas en vez de criticarnos cuando estamos sufriendo. Es comprender íntimamente que podemos tratarnos como si fuéramos una amiga muy querida, en vez de nuestra peor enemiga. Ella cuenta que en cierto momento de su vida estaba sumamente exigida y estresada por la gran cantidad de tareas y responsabilidades que debía satisfacer. Fue entonces cuando decidió participar de un grupo de meditación. Y tamaña fue su sorpresa cuando comprendió que podía tratarse a sí misma con la misma amabilidad con la que trataba al resto. La sensación de paz que fue apareciendo en ella, fue lo que la motivó a investigar cómo se puede cultivar la autocompasión y cuáles son sus efectos.

Las mujeres solemos ser sumamente autoexigentes con nosotras mismas. Si a una la tildan de madre “promedio”, o tiene un cuerpo “promedio” o es una trabajadora “promedio”, podemos sentirnos profundamente insultadas, porque nuestra cultura ha ido incorporando la noción de que nuestra autoestima radica en destacar, en no ser parte del “promedio”. El nivel de autoexigencia y competitividad es tremendo. Solo merecemos ser amadas si somos exitosas. Si no cumplimos el estándar, nuestra autoestima cae por el suelo.

Un ámbito en el que solemos poner nuestra autoestima es nuestro atractivo personal. Si queremos destacar y ser especiales en ese ámbito, el nivel de exigencia es tremendo: todas las portadas de las revistas nos muestran mujeres que son más atractivas que nosotros. Entonces se justifican los miles de millones de pesos que se invierten cada año en cosméticos, ropa y cirugías plásticas. Qué decir del mundo de las dietas, suplementos y productos alimenticios. Podemos sentirnos mejor unos instantes, pero solo para volver a quedar insatisfechas al poco tiempo.

Otro ámbito en que solemos poner nuestra autoestima son las relaciones con los otros. Tener una relación de pareja o hijos es central. Las que han llegado a cierta edad y no tienen pareja o hijos pueden ser blanco de todo tipo de opiniones y críticas a nivel social, lo que sin duda afecta cómo nos sentimos con nosotras mismas. Por otro lado, las que sí tienen pareja e hijos pueden tener estándares tremendamente altos respecto a su “desempeño” como parejas y madres, por lo que siempre terminamos llegando al mismo lugar: no somos suficientes.

Por ello, el camino que apunta a aumentar nuestra autoestima a costa de destacar por nuestro atractivo, por nuestra eficiencia en el trabajo, nuestro desempeño como mamás o esposas, parece no ser una buena alternativa. Nos metemos en un saco sin fondo, en el cual nunca va a ser suficiente.

Una vía alternativa, que propone Neff, es el camino de la autocompasión. En el camino de la autocompasión ya no nos estamos comparando con los otros para destacar y comenzar a respetarnos y querernos. El respeto, aceptación y amor que sentimos no es condicional al logro de ideales inalcanzables. El foco es completamente distinto.

El primer elemento que define la autocompasión es la intención de tratarnos a nosotros mismos con amabilidad, sin enjuiciarnos, tal como trataríamos a un buen amigo. La bondad con uno mismo en contraposición al juicio crítico, sobre todo cuando estamos en problemas. El segundo elemento importante de la autocompasión es la humanidad compartida. Mientras la autoestima en ocasiones fomenta la competencia, y nos lleva a preguntarnos: ¿en qué me diferencio de los demás?, la autocompasión nos invita a preguntarnos: ¿en qué me asemejo al otro? Cuando nos damos cuenta de que todos, absolutamente todos, por el hecho de ser humanos somos imperfectos y sufrimos, la sensación de competencia y aislamiento disminuye. Puede empezar a surgir la sensación de interconexión, de complicidad, de sintonía con los otros. La necesidad de imponerse, de destacar por sobre los demás, pierde fuerza, porque la aceptación y el amor que podemos sentir por nosotros mismos ya no depende de ello. El tercer elemento de la autocompasión que propone Neff es la práctica de mindfulness, que permite reconocer nuestro sufrimiento y comprender sus orígenes. Podemos ver que gran parte de nuestro sufrimiento es causado por nuestra propia mente, en parte, porque nos identificamos con las críticas que nos hacemos a nosotros mismos. La práctica de mindfulness nos permite observar las críticas y juicios cuando aparecen, reconociendo que son pensamientos y no la realidad.

Ahora que se acerca el fin de año y aumenta exponencialmente el nivel de demandas y tareas (y por ende, también las posibilidades de “no dar abasto” o “hacerlo mal”) recordemos que podemos tratarnos con amabilidad. Hay una práctica muy simple, que en lo personal me ha ayudado mucho a tratarme mejor cuando las cosas se ponen difíciles. Esta práctica incluye los tres elementos de la autocompasión: tomar conciencia (mindfulness), humanidad compartida y amabilidad. En concreto, cuando estoy pasando por momentos difíciles, parto por reconocer que lo estoy pasando mal. Suelo detenerme y decirme “esto me está doliendo”.  Esto es lo contrario al “piloto automático”, seguir de largo, o convencernos de que “no pasa nada”. Si nos duele, partamos por reconocer que lo estamos pasando mal. Ojo que esto no tiene nada que ver con victimizarse o agrandar la situación. Es solo detenernos y darnos cuenta con lucidez y amabilidad que estamos heridos. Luego, me doy unos segundos para tomar conciencia de que el dolor es parte de la vida, y que no hay nada extraño, innoble o malo en él. De hecho, el dolor es algo que todos, sin excepción, hemos sentido y de seguro sentiremos en el futuro. Entonces podemos decirnos, “el dolor es parte de la vida, no soy la única, ni estoy sola en esto”.  Y el tercer punto, abre la posibilidad de tratarnos con calidez y amabilidad. Parte por decirnos simplemente, “lo estoy pasando mal Y puedo tratarme con amabilidad”. Esto es lo opuesto a no reconocer nuestro dolor, sentir que somos las únicas que lo padecemos y más encima, tratarnos pésimo por sentirnos así.

La próxima vez que notes que lo estás pasando mal y que te estas hiriendo aún más con tu discurso interno, por favor detente. Date una pausa y prueba decirte: “Me doy cuenta que esto me duele. El dolor es parte de la vida, no soy la única ni estoy sola. Y puedo elegir tratarme con amabilidad”.

Que tengamos un fin de año lleno de amor y compasión. Partiendo por nosotras mismas.

Bárbara Porter J. Psicóloga Clínica PUC

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NO quiero trabajar como “hombre”, tampoco dedicarme sólo a los niños

Todas las madres que estamos alrededor de los 30 a 35 crecimos escuchando que las mujeres éramos capaces de hacer muchas cosas al mismo tiempo. Somos, por naturaleza “multi task” y podemos “caminar y mascar chicle al mismo tiempo”. Con ese cuento es que intentamos seguir con nuestra vida luego de que llegan los niños a nuestra realidad y nos exigimos en todos los frentes. Intentamos trabajar y rendir al máximo, intentamos llevar la casa a la perfección, intentamos seguir sosteniendo nuestra vida social, y al mismo tiempo intentamos ser las mejores madres del mundo y para más remate la valoración social premia este tipo de vida, se nos valora y reconoce cuando nos exigimos así, ¿es realmente posible trabajar jornada completa, ser madre, amiga y amante en estos tiempos que corren?

Yo creo que no. Que intentarlo TODO en este estilo de diseño masculino no se puede y que por eso las consultas de los psicólogos y psiquiatras están llenas, llenas de mujeres que están “depre”, cansadas o con angustia. Porque a las mujeres “súper, súper” se nos van cayendo los hijos, se nos quedan en el camino.

Y, por otro lado, cuando decidimos quedarnos en la casa en dedicación exclusiva a los hijos, a varias nos pasa, que lo que se nos cae es la autoestima y echamos de menos echar a andar las neuronas del otro lado del cerebro. O bien, aunque seamos súper felices cuidando niños, lo que nos sucede es que el bolsillo no da.

¿Será mucho pedir, que nos queramos realizar equilibradamente en todos los aspectos?

En Chile, el mercado laboral tradicional no “premia” precisamente a las mujeres en edad fértil, embarazadas o con niños pequeños (específicamente menores de dos años) cuando en realidad, somos capaces de mucho, somos sensibles, sensitivas, intuitivas y también ejecutivas y resolutivas.

Las mujeres que “no queremos renunciar a nada” -cito textual esta frase tan movilizadora de Nohemí Hervada (recomiendo sus textos) – simplemente no podemos hacerlo en el mercado laboral tradicional chileno, aún no. Faltan leyes, falta teletrabajo, faltan puestos de media jornada, falta flexibilidad, faltan oportunidades laborales que sean capaces de medir el trabajo por resultados y no por horas presenciales… Fíjense, al mercado laboral formal le faltan, precisamente, virtudes femeninas. Nuestro mercado laboral formal está pobre de virtudes maternales.

¿Qué hacer mientras esta situación cambia? El llamado es a crear una realidad nueva, una vida propia, así como somos capaces de gestar, crear vida. Las mujeres somos fantásticas emprendedoras. Hay información, hay fondos, hay muchas oportunidades, hay una para ti, para todas las mujeres que quieren crear su propia maternidad-familia-realidad.

 

 

Daniela Parra

@daniparraperiodista en Facebook

www.themommy.cl

Imagen portada: Diseñado por Freepik

 

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Que vivan las dueñas de casa (y su derecho a serlo)

Dedicarse al propio hogar está muy estigmatizado en nuestra sociedad, donde se critica desde el prejuicio a quienes no tienen una labor profesional. Mane Cárcamo, sin ser personalmente una dueña de casa, alza su defensa de todas esas mujeres. ¿Cuáles son sus razones?

Queridísimos lectores; partiré esta columna aclarando que trabajo fuera de mi casa desde cuarto año de Universidad. Ininterrumpidamente. Incluso en mi primer postnatal trabajé porque la necesidad tiene cara de línea de crédito. Por ende, lo que escribiré acá está lejos de ser una defensa personal o una manera de exorcizar mis rabias. El tema no me toca. Pero sí me llega y me impacta todo lo que provoca cuando alguien con total orgullo se declara como una flamante dueña de casa (me referiré en especial a las mujeres).

Los prejuicios en torno a esta labor son muchísimos y es llamativo que en una sociedad que, como nunca, ha levantado la bandera de las libertades individuales y el respeto por la diversidad, sea tan cerrada frente a quienes no sólo han elegido una forma de vivir, sino que además realizan una pega que es tan heavy como cualquier otra.

“La que no hace nada”

Hablé con varias amigas que trabajan en sus hogares, como dueñas de casa, la mayoría fue enfática en decir que las críticas más duras vienen de las mismas mujeres. Que en un carrete cuando están conversando, muchas de las que trabajan fuera de su casa, hablan de “las que no”, como la mujer “que no hace nada”.

“¿Y qué hace Juanita?”, “Nada po, no trabaja”. Como si hacerse cargo de la casa (lo que no necesariamente siempre incluye niños) fuera sinónimo de ser una ameba que sólo gasta aire en el mundo en el que vivimos. O peor, si se piensa que hace algo, siempre se le relaciona con la adicción al café, el gimnasio, la peluquería o el consumo desenfrenado en el mall. Probablemente mientras lees esto, inmediatamente se viene a tu mente una mujer con todas esas características que lamentablemente ha caricaturizado a las que no tienen un contrato firmado. Obviamente que las hay. Pero la mayoría de las mujeres que han optado o simplemente han tenido que quedarse en sus casas, NO se levantan a las 12:00, ni tienen un doctorado en SQP, no se saben hasta el RUT del profe de Zumba y tampoco tienen con espasmos a la tarjeta de crédito del marido. Estar en la casa, manejarla con excelencia, administrarla, darle sentido a ese trabajo, ponerle amor a algo que aparentemente es igual todos los días y vibrar con las cosas cotidianas de la vida diaria, lo encuentro un desafío hardcore. No debiese ser sancionado socialmente asumir en público el que para muchas mujeres es fascinante dedicarse a las labores hogareñas, preocuparse de los detalles, gestionar el presupuesto familiar como una verdadera empresa y aplicar creatividad para hacerlo con profesionalismo y dedicación. Yo no podría ¿y? ¿Eso hace inferiores, machistas, sumisas, sin vida a las que lo viven en plenitud? No lo creo en absoluto.

Para las que se nos quema hasta el agua, no tenemos idea de cómo pegar un botón, leemos las instrucciones del puré en caja, miramos la plancha como si fuera un objeto de la NASA y muchas veces añoramos que llegue el lunes para descansar en el trabajo, el ser dueña de casa es una opción más, pero que debiera ser tan valorada y respetada como ser CEO de una trasnacional.

“Pídeselo a ella, no trabaja”

El mundo cree que la dueña de casa es un tipo de “junior boy scout” que siempre tienen que estar lista y disponible 24/7. Probablemente en el curso de sus hijos es a la que le pasan todos los cachos, tales como ir a comprar los palos taiwaneses teñidos de arcoíris al centro de la ciudad. La encargada vitalicia del stand de la Kermesse, del regalo del profesor, de la colación compartida para el Día de los Abuelitos, la jefa de cobranza de los gastos comunes del condominio, la que siempre tiene que llevar a la suegra al doctor, trasladar a los sobrinos y apagar incendios cuando la mujer que sí trabaja está metida en una reunión con muchos gráficos coloridos y planillas Excel más complicadas que la letra chica de las AFPs. Es un dato duro que la mujer que está en la casa puede manejar su tiempo sin marcar tarjeta, pero eso no quiere decir que tenga más tiempo que el resto (o le sobre) y que podamos disponer de su agenda sin delicadeza alguna. “Dile a la Periquita que te lleve las cosas po, si no trabaja y debe estar tomando café con las amigas”. Amiga no le manejas la agenda ni a tu marido y se lo quieres manejar a la vecina. Patuíta.

¡Qué desperdicio!

Conversando con varias de las que han elegido esta forma de vida, muchas han sentido que cuando los opinólogos de su círculo se enteran que además tienen una profesión, post títulos y una trayectoria laboral importante, la gente las mira con lástima y como si fueran el boleto millonario del loto tirado al Mapocho. “Qué pena que no hagas nada después de todos los años de Universidad que pagaron tus papás”, “Tan inteligente que eras en el Magíster y ahora dedicada sólo a los niños”, “ ¿Y cómo matas tu tiempo sin trabajar?”, son algunas de las simpatías que tienen que escuchar muchas veces de la boca de sus propios familiares y/o amigos. Además los que están obsesionados con la carrera profesional, juran que cuando el marido de esa mujer llega a la casa, ella no tiene otro tema que pañales, ollas, vacunas, piojos y lavalozas. Personalmente creo que cualquier persona que sólo habla de lo a que se dedica en su día a día es una lata. Así fuera liderar la compra de un banco, manejar un equipo de fútbol o preocuparse del menú diario de la familia. Una dueña de casa feliz debe no sólo ser apoyada en su elección, si no que es fundamental que sea admirada en esa labor por quienes conforman su núcleo familiar. Porque es una pega más. Y cada uno de nosotros necesita feedback en sus trabajos, palabras de aliento, felicitaciones y espíritu de equipo.

Sin llorar

Finalmente lo que pude concluir, es que la opción que tomemos (porque acá hablamos de las mujeres que libremente pueden elegir y no de una imposición machista del marido o la sociedad)trabajar fuera o al interior de la casa, debe ser sin llorar, con orgullo, alegría y choreza. Porque en los dos lados de la vereda apareció la culpa. De la que trabaja, porque no puede estar en todas, se pierde una reunión del colegio o llega cansada a hacer las tareas. La culpa de la que se queda en la casa porque sufre el juicio social de su entorno, que no sólo no la entiende, si no que la cataloga de “floja” “mantenida” “fome” y una larga lista de etcéteras bien dolorosos. Esas culpas que finalmente no sirven para nada y sólo nos hacen ser ciegas frente a las cosas simples que nos pueden hacer felices… con mucho y tan poco a la vez.

Mis redes sociales se llenaron de la potente campaña #NiUnaMenos, una causa en la que todas las mujeres estamos de acuerdo, sin matices. También podríamos solidarizar con todas aquellas que viven en libertad de un modo distinto al mío. Dejar de ridiculizarlas, de ponerles carteles y empezar a aceptar que las cosas cotidianas nos hacen más o menos felices, según el amor y el sentido que le otorguemos.

¿Qué otras cosas se dicen sobre las dueñas de casa? ¿Cuál es tu opinión respecto de ellas?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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