No te tomes nada Personal

Nuestro mundo interior se refleja en el exterior

Cuando nos sentimos ofendidos o agredidos por la actitud de alguna persona cercana realmente debemos darnos cuenta que tiene más que ver con nosotros mismos que con la otra persona. Lo que vemos que nos molesta en los otros es algo que está en nosotros mismos. Esto se explica muy bien en la ley del espejo, lo que veo en los otros es algo que me molesta, me falta o me sobra a mi.

En las relaciones tanto familiares como  laborales nos encontramos con situaciones desagradables. Si en el trabajo sentimos que un compañero nos ha dado una mala respuesta, o sentimos que nos intenta dejar mal delante del jefe, entonces debemos ver de qué manera intentamos tratar mal a otras personas o si nos tratamos mal a nosotros. Si algún familiar (normalmente sucede con las suegras) intenta inmiscuirse en nuestra vida de pareja y/o planificar nuestras actividades debemos parar y pensar cómo intentamos inmiscuirnos en la vida de otras personas o si debemos aprender a ser más flexibles, o a respetarnos a nosotros mismos, etc.

Nuestros hermanos, hijos, padres, etc.., son nuestros maestros pues llegan  a nuestra vida para mostrarnos o enseñarnos aquello que debemos sanar, liberar o aquello que nos negamos a ver o no nos permitimos hacer. Si somos personas demasiado permisivas, nos llegarán situaciones o personas intransigentes, intolerantes, o si por el contrario somos nosotros los intolerantes nos llegarán situaciones en las que debamos aprender a ser comprensivos o condescendientes. No se trata de aguantar todo lo que te venga, se trata de aprender de cada situación porque si no lo haces, la vida te estará trayendo lo mismo una y otra vez hasta que hayas “aprendido la lección”.

Piensa que cuando sientes que los otros te han hecho algo que no deberían es porque han actuado según sus valores, creencias o para cubrir una necesidad suya, que no es la misma que la tuya. Por eso también deberás aprender a aceptar a los demás tal y como son y no pretender que sean como tú eres.

Cuando nos encontremos ante una situación en la que nos sentimos incómodos debemos observar y pensar: ¿Qué es lo que esta persona o situación me está mostrando? ¿Qué significa lo que estoy viendo o viviendo?

Sólo así podremos hacer visible lo que está en nuestro interior y que esa persona nos está reflejando con su actitud. Tomando conciencia de lo que debemos solucionar en nosotros, todo cambia. Cambia nuestra percepción de las situaciones. Donde antes veías ofensas, intolerancias, ahora verás oportunidades de cambio, liberación y aprendizaje. Entonces es cuando te das cuenta que no debes tomarte nada personal y que debes agradecer cada situación conflictiva que llegue a ti, porque son las que te estarán mostrando el camino que debes seguir para cambiar y ser mejor persona cada día.

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

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POR EL BUEN TRATO

En unas pocas semanas habremos olvidado la trágica muerte de Katy Winter y quedarán guardados en la memoria de nuestros celulares los mensajes que que han circulado en redes sociales, con profundas reflexiones llamando a los padres y colegios a la acción en estos casos. Volveremos a la normalidad hasta que, por un nuevo caso trágico, se enciendan las alarmas sobre el bullying y maltrato escolar.

¿No será tiempo de ver el problema desde otra perspectiva?

No hablemos más de detener el bullying sino más bien de construir una cultura de buen trato. ¿Cómo hacerlo?

1. Creer. Tener la certeza de que sí se pueden cambiar las dinámicas o culturas que parecen tan arraigadas en las comunidades escolares. Obviamente no es fácil, pero los seres humanos estamos hechos para conectarnos, tenemos un cerebro diseñado para la empatía y el éxito de nuestro desarrollo como especie, se ha debido a la capacidad de colaborar en la búsqueda de soluciones a todos nuestros problemas. Hoy somos conscientes del daño que produce el mal trato escolar, vamos a la raíz del problema y empecemos el cambio.

2. Tolerancia cero. Nos escandalizamos cuando vemos un caso extremo de bullying, pero somos muy tolerantes con situaciones de mal trato cotidianas: insultos, empujones, burlas, sobre nombres, exclusiones, etc. Me tocó ver a la salida del colegio de mis hijos, cómo un alumno mayor le pegaba patadas en el suelo a uno bastante más chico, a vista y paciencia de un grupo de alumnos. Me acerqué para detener la situación, y el agresor me dice, “es mi hermano”, no en forma desafiante, sino con la certeza de que esa era una razón absolutamente válida para justificar su comportamiento. Asimismo, en los colegios, apoderados y profesores, minimizan algunas actitudes diciendo que “son cosas de hombres”, “las niñitas son dramáticas”, “esto siempre ha ocurrido”, etc. O lo que es peor, se busca alguna razón en la víctima, que atenúe la responsabilidad de sus agresores. “Es que igual es bien raro ese niño”, “los papás debieran llevarla a terapia porque es demasiado tímida”, “se auto excluye”, “cómo no hacen algo para que baje de peso”, “igual él molesta”, etc.

Los casos extremos de bullying no ocurren de la noche a la mañana, ni son cosa de una vez. De hecho, el bullying se constituye cuando hay un mal trato sostenido en el tiempo. Tolerancia cero no es castigar duramente a los agresores cuando descubrimos un caso de bullying. Si llegamos a ese punto, significa que pasamos por alto muchísimos actos de violencia desde que empezó el mal trato hasta la situación límite. Tolerancia cero implica estar atentos y atender de inmediato cualquier situación de violencia, discriminación o mal trato, por muy insignificante que nos parezca. Y no castigando, sino haciendo tomar conciencia del daño, del error, del significado de los propios actos, y tratando de entender qué hay detrás de estas agresiones. Debemos ser muy explícitos en cuanto a qué es mal trato y qué no.

3. Mirar a los niños y adolescentes. La serie 13 Razones, disponible en Netflix (No apta para menores de 16 años), muestra la enorme distancia qué hay entre los adultos y los adolescentes. Los adultos no son capaces de entender las dificultades que tienen sus alumnos y sus hijos, es como si ellos nunca hubiesen sido adolescentes. Recuerden el peso que tenía la opinión de los pares en esa época. Es una etapa en que los ojos están puestos afuera, buscando un lugar en el mundo. Con mirar me refiero a ir más allá de lo obvio. Padres y profesores conectados se darán cuenta de la tristeza en los ojos, la soledad del niño que se encierra en la biblioteca todos los recreos, las dinámicas de poder que se dan en un curso, la exclusión, las bromas pesadas, los sobrenombres, etc. También me refiero a mirar sin prejuicios. Existe la creencia de que tanto agresores como víctimas son niños con muchas dificultades, y aunque hay algo de cierto en esto, la evidencia muestra que bajos ciertas circunstancias cualquier niño o niña puede llegar a ser protagonista de una situación de mal trato y de bullying.

4. Trabajar con los observadores. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos que presenciar casos de al trato y no hacer nada, equivale a ser encubridores. Para eso hay que conectarlos con la compasión, pero también que tengan las garantías de que somos adultos que podemos resguardar un ambiente seguro. Como adultos, debemos preguntarnos, por qué estos casos no se denuncian. Es por el temor a ser víctimas también, por no meterse en problemas con los alumnos que tienen el poder. Y esto es consecuencia de que toleramos prácticas de mal trato cotidianas y no miramos con detención lo que ocurre con los niños en las salas, los patios y en nuestras propias casas.

5. El paso más importante es enseñar habilidades concretas para promover la compasión, la asertividad y la capacidad de aprecio por la diversidad. Esto implica un foco en el aprendizaje socioemocional, que no sólo ayuda a prevenir el bullying, sino que permite construir una cultura de buen trato, donde las conductas compasivas y el respeto son valoradas y no son vistas como signo de debilidad.

Tenemos que aumentar el lenguaje emocional, enseñando a reconocer emociones en uno mismo y en otros. Desarrollar la capacidad de expresar emociones de manera adecuada, sin herir. Ayudarles a reconocer sus propios límites y a expresarlos con firmeza pero sin violencia. Fortalecer la confianza para poder pedir ayuda cuando sea necesario. Que sean capaces de reconocer acciones de mal trato. Enseñarles a ser compasivos consigo mismo, cuando se equivocan o fracasan. Que aprendan a escuchar, favorecer los espacios donde puedan conocer más a sus compañeros y aprecien las características que a cada uno lo hacen diferente. Que sepan reconocer los signos de una amistad verdadera.

Trabajemos para cambios profundos y de largo plazo. Si bien tener reglamentos y protocolos, puede ayudar, no cambiará la raíz del problema. Necesitamos enseñar y modelar la compasión, el aprecio y la asertividad.

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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LA INNOVACIÓN ESTÁ EN LA MIRADA

Algunos piensan que la innovación está en la tecnología. No es cierto. La innovación está en la mirada. Al explorar, pensar e implementar soluciones que nacen de otra mirada. La tecnología puede ayudar, pero la capacidad de mirar de un modo diferente es lo que genera la innovación. ¿Y cómo podemos educar la mirada innovadora? Básicamente, aprendiendo a observar.

Si quiere innovar, no pregunte nada a nadie. Observe a los clientes, a los ciudadanos. No se fije tanto en lo que dicen, sino en lo que hacen, e intente crear valor en necesidades que aún no saben expresar.

La innovación se nutre de miradas diferentes que nacen de conexiones inesperadas. También de mezclar peras con manzanas, pero de forma que funcione. Inspirar estas miradas exige establecer conversaciones poco usuales. Y, sobre todo, requiere trascender la experticia.

Los expertos son muy buenos resolviendo los problemas cotidianos, aquellos que responden al “mainstream“ del negocio o de la tecnología. Pero la innovación con una cierta radicalidad es algo diferente. Muchas de las innovaciones que pueblan ahora nuestra vida no han salido de las grandes empresas de un sector, sino de aquellos que, por no saber que era imposible (para los expertos), se lanzaron y crearon valor de una forma diferente.

Cuando los creadores del huevo kinder deciden crear algo a medio camino entre una golosina y un juguete, aplican una nueva mirada. Cuando los creadores de Chupa-Chups ponen un palo a un caramelo redondo, no realizan una gran proeza tecnológica, pero aplican una mirada nueva, sencilla y muy práctica. Cuando la gente de Synek quiere servir cervezas con el mismo sistema que Nespresso (con cápsulas de cerveza en lugar de café), adoptan otra perspectiva. La lista es muy larga.

Entrenar la mirada es más fácil desde la innovación abierta. Cuando en las compañías se supera el síndrome del “No inventado aquí” y se busca complementar el talento interno con el talento externo. No se trata de que los de fuera vengan a decirnos qué tenemos que hacer en nuestras empresas u organizaciones, sino de estimular la inspiración para encontrar nuevas miradas a partir de experiencias de otras organizaciones de sectores muy diferentes al nuestro pero que pueden nutrirnos la creatividad.

Educar la mirada es un reto. Mi experiencia es que la gente mejora mucho sus miradas innovadoras cuando aprende a observar y a construir nuevas propuestas. Educar la mirada es absolutamente posible e imprescindible para aquellos que buscan ofrecer un perfil más innovador.

Xavier Marcet es profesor del Máster en Dirección de Comunicación de la UPF Barcelona School of Management.

Extraído de innovacionchilena.cl

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