​EL ARTE DE PELEAR LIMPIO: “SOY YO; NO ERES TÚ ”

Sin duda el matrimonio es un vínculo de amor profundo que es necesario alimentar todos los días. El amor para sostener este vínculo es necesario, sin embargo no suficiente. Hoy quiero compartir el conocimiento que adquirimos como pareja al asistir a un taller organizado por una agrupación de psicólogos clínicos especializados en temas de pareja llamada “Amar no Basta”. Este taller nos entregó herramientas concretas como pareja, para poder trabajar sobre el vínculo del matrimonio. Para poder profundizarlo, para cuidarlo y no dañarlo con las distintas situaciones a las que nos vemos enfrentados como matrimonio día a día. No puedo dejar de recomendarles este increíble grupo de terapeutas que está poniendo el énfasis en prevenir las crisis matrimoniales, entregando ejercicios y herramientas concretas. Para poder estar al tanto de los talleres y charlas pueden seguirlos por Facebook, Instagram o su página web http://www.amarnobasta.com.

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Podemos partir comentando datos duros acerca del matrimonio. Hoy el 50% de los divorcios se dan en los primeros siete años de matrimonio y se ha visto que con la llegada del segundo o tercer hijo las parejas experimentan una disminución en la sensación de satisfacción en conjunto con un aumento en los conflictos. Sin duda la llegada de los hijos se transforma en uno de los grandes desafíos de adaptación para la relación e inevitablemente comenzamos a pensar en otro ser humano más allá de nuestra pareja, aparecen las diferencias en la crianza e irremediablemente aparece aquello con lo que venimos cargado de nuestras historias familiares de origen. Probablemente con la llegada de los hijos además comienzan los conflictos acerca de los roles y tareas que cada uno debe cumplir en la crianza. Sobre todo durante los primeros años de crianza se torna más difícil la comunicación, aumenta el cansancio y los niños pasan a ser parte importante de los temas de conversación. Casi sin darnos cuenta la vida con hijos va consumiendo la vida de pareja, aumentando así los conflictos.

¿Por qué prevenir? ¿Qué pasa si nos ocupamos antes de que comiencen los problemas? ¿En qué aporta que podamos aprender estrategias concretas y comunicarnos mejor? Está comprobado que mantener una mala relación de pareja, no solo afecta tu salud mental sino que incluso puede afectar en una disminución en la expectativa de vida. Es por esto que sostener vínculos saludables y trabajar por ellos, promueve una mejor calidad de vida, una vida sexual más plena, un aumento de la comunicación, una mayor estabilidad de pareja y longevidad. Además de todo esto, promueve en nuestros hijos, mayores niveles de seguridad y desarrollo emocional. El que puedan vivir en un ambiente saludable, sin duda determinará sus relaciones con un otro. Si nuestros hijos tienen la vivencia de ver que sus papás se respetan, quieren, escuchan y resuelven sus conflictos, será un modelo para sus relaciones interpersonales tanto en el hoy como en el mañana. La capacidad de influir en nuestros niños se basa en lo que les reflejamos, como personas y como pareja.

La buena noticia es que podemos aprender a sostener un vínculo que sea de calidad y duradero en el tiempo. Solo necesitamos querer, poner el esfuerzo necesario y por sobretodo cultivarse como pareja. Para esto se torna vital aprender a conocérsenos profundamente y respetarnos en nuestras diferencias, además de poder desarrollar habilidades de comunicación efectivas y estrategias de enfrentamiento para nuestros conflictos. Sin duda el poder tornar nuestro ambiente en un ambiente positivo, ayudará. Poder reírnos de nosotros mismos, del otro, de nosotros como pareja, dejando que el humor forme parte de nuestro día a día, es muy importante. Poder darle vida a un ambiente donde haya música por ejemplo, tardes de deporte, paseos o noches de película, puede sumar mucho en la calidad y profundidad de nuestro vinculo de pareja.

Pero nos hemos preguntado ¿por qué discutimos?, la gran mayoría de las parejas pelea, esa es una realidad innegable. Y la verdad es que la respuesta puede ser a ratos bastante sencilla: SOMOS DIFERENTES. Partamos de la base que uno es hombre y otro es mujer, y aunque suene hasta casi tonto, por el simple hecho de ser hombre y mujer tenemos una mirada distinta de la vida y una distinta manera de enfrentar las situaciones. Cada uno tiene su propia historia de vida, su familia de origen, su biología, sus rasgos de personalidad, sus hobbies, sus minutos del día, ideología y opiniones. Es por esto que la mayoría de las veces que peleamos y que con esta pelea buscamos cambiar al otro, este cambio generalmente no se da. Y la verdad es que no es porque el otro no te quiera, no te escuche o quiera molestarte, sino que simplemente no puede ya que no está en su manera de ser.

En general las parejas tienden a pelear una y otra vez por los mismos temas. En ciertas ocasiones estas peleas pasan a temas más profundos y en otros momentos es tanto lo que hemos peleado por ellas, que ya simplemente las evitamos y nos vamos alejando silenciosamente como pareja. Entonces más importante que entender los problemas, que es lo que tendemos a hacer como respuesta natural, será poder ver como los manejamos.

Finalmente se ha visto que más que resolver los problemas, el poder regularlos hace que las parejas puedan mantenerse cercanas, con menos peleas y en un ambiente más positivo. Si logramos regular estos problemas y enfrentarlos juntos de manera constructiva, nos hará una pareja más feliz.

Una de las cosas que más me quedó marcada de este taller fue el saber, que existen problemas resolubles y no resolubles. Y que los no resolubles son el 70% de los problemas que tenemos como pareja, y por lo que tendemos a pelear una y otra vez. La realidad de esta cifra entonces, es que ese 70% de las peleas que tenemos, por más que las sigamos discutiendo, no van a cambiar. ¿Malas noticias?, la verdad es que uno podría dar vuelta la mirada y redefinir este número en nuestra cabeza, como algo bastante más aliviador. Finalmente este número nos da pie para entender y reflexionar, que más que nada debemos aprender a acomodarnos el uno al otro. Más que intentar cambiarlo, (porque simplemente eso no va a pasar) no quedan más opciones que bajar la bandera de lucha y poder ser aliados en esta batalla.

El querer cambiar a mi pareja, para que sea alguien distinto al que yo conocí, y del cual me enamore, lo hará sentirse poco querido y valorado dentro de la pareja. Uno elige al otro para ser él mismo, uno lo aprende a amar con sus defectos y virtudes, no sé qué va pasando en ese camino de ser pareja que comienzas a necesitar que el otro cambie, se acomode a lo que uno necesita o quiere de él. Comienzan las críticas y las decepciones porque lo que espero del otro, él o ella no ha sido capaz de cumplirlo. Y lo más importante aún es que por mucho que el otro esté dispuesto o quiera cambiar, el 70% de las veces le será imposible. Simplemente no es él, no está en su ADN, y no puede cambiarlo.

Finalmente cualquier cosa que te moleste demasiado del otro pasa a ser más un problema tuyo, y no del otro. Ver cómo podemos solucionar y lidiar con esos sentimientos es parte importante de lo que debo hacer para mejorar mi relación de pareja “soy yo, no eres tu”.

¿Y entonces que hacemos como pareja con ese 70%? Bueno no queda más que aprender a negociar, ceder y adaptarse. Buscar cómo ajustarse a eso que no cambia, aceptarlo, y acomodarte será la clave. Finalmente si logramos entender y sentir que no vale la pena pelear, quedas desprovisto de ese “para que” y de esa razón que te hace pelear, y encuentras una alternativa de solución mucho más positiva frente a las dificultades. Dejas de pelear por aquello que es incambiable.

Un ejercicio que podríamos hacer es pensar en qué peleas son frecuentes con mi pareja, qué es aquello por lo cual siempre discutimos sin llegar a ninguna parte. Si ya tienes una en mente, ahora puedes pensar si eso está en este 70%, si es así habrá que buscar otra manera: adaptarse, negociar, ceder o acomodarse. Finalmente las parejas que mejor se llevan, que son más felices y estables NO resuelven el 69% de sus problemas.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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CONSTRUYENDO VÍNCULOS PROTECTORES

Nuestros hijos adolescentes se ven expuestos hoy,  a una realidad de riesgos distinta a la nuestra, una realidad de la que sin duda necesitamos hacernos cargo como padres.  Hoy mi invitación es a pensar cómo hacerlo y descubrir qué es lo que podemos hacer como familia para protegerlos, guiarlos y acompañarlos en este camino hacia la adultez. Camino que cada día se torna más difuso y del que pareciera ser que nuestros adolescentes quisieran escapar.

Soy una convencida de que no existe la familia perfecta, y al mismo tiempo creo y trabajo día a día para que cada familia pueda detenerse a mirar, buscar y en definitiva encontrar su mejor versión con sus luces y sombras. Mi desafío hoy es a que nos detengamos a mirar qué factores protectores estamos desarrollando como familia. ¿A qué le estamos dando espacio? ¿Cómo hemos logrado modificar la relación de padres que teníamos con un niño que hoy es adulto?

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Está comprobado que la relación que construimos con nuestros hijos, es ÉL factor protector por excelencia. No porque sí, en Finlandia una de las políticas públicas creadas para disminuir el consumo de alcohol y drogas en adolescentes, tuvo que ver con aumentar las instancias familiares, generar más espacios de encuentro y buscar fortalecer vínculos. La realidad es que nuestros hijos adolescentes están más protegidos si nosotros logramos acercarnos a ellos y acompañarlos en el camino que implica crecer.

Voy a ser clara: el ir a buscar a fiestas, estar presente en los carretes en nuestras casas para ver qué está pasando, saludarlos cuando llegan para ver si están curados, normar horarios, saber con quién se devuelve, dónde está y con quién se está juntando, preguntar sobre la fiesta y hablar sobre el consumo de alcohol… para mí es el DESDE. Necesitamos ir mucho más allá para realmente protegerlos de los riesgos. Necesitamos hacer una transformación profunda en nuestras familias, cambiar patrones y realmente generar espacios de encuentro real, donde estemos conectados en el aquí y en el ahora para ellos. Sin celular, sin televisión, sin compañía externa…todos en familia. Es más, si lográramos instalar al menos una vez al día una instancia familiar de comer o tomar desayuno todos juntos, ya estaríamos logrando un gran cambio.

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¿Suena fácil cierto?, la realidad es que cuando planteo esto a amigos, familia o pacientes, tiendo a escuchar lo mismo “es que los horarios no calzan” “es que mi marido llega tarde” “es que los niños tienen distintas edades”, en fin…excusas y más excusas para dejar de hacer algo que nos fortalece como familia, que nos conecta y que nos hace detenernos en  este mundo que nos invita a vivir con el acelerador a fondo. Si solo lográramos darnos este tiempo podríamos trabajar miles de factores que protegen a nuestra familia.

¿Cuáles son esos factores que nos acercan como familia y que podemos buscar desarrollar para proteger a nuestros niños y adolescentes?

La conexión familiar, es el núcleo que alimenta todo el resto de aquello que buscaremos desarrollar, porque nos habla de vínculos, es decir, nos habla del más puro AMOR. Porque es en esa conexión emocional y vínculo con el otro, cuando realmente logro que mis hijos se sientan amados incondicionalmente y aceptados como personas únicas e irrepetibles. ¿Cuánto la logramos? ¿nos damos el tiempo de sentarnos y compartir en familia? ¿Cuánto salimos en el uno a uno con cada uno de nuestros hijos? La conexión es una invitación que podemos regalarle a ellos diariamente o tomar la que ellos nos hacen inconscientemente día a día “papá quédate un ratito acá” “mamá estudia conmigo” “¿mamá vamos a comprarnos ropa?” “¿papá juguemos cartas?”. Identifiquemos esas invitaciones y tomémoslas, o intentemos hacernos cargo de nosotros invitarlos a ellos a CONECTAR al menos por unos minutos al día.

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¿Somos un equipo como familia?, la cohesión familiar nos habla de la importancia de configurarnos como equipo. Sentirnos todos en el mismo barco y remando en la misma dirección. ¿Cuál es nuestra dirección? ¿tenemos clara nuestra flor de los cuatro vientos y hacia dónde queremos navegar? Necesitamos fortalecer los valores que nos identificarán como familia. ¿Humildad, generosidad, perseverancia, responsabilidad, honestidad, respeto, sencillez, empatía, solidaridad, justicia? Son miles las opciones, detengámonos en nuestra familia, elijamos tres y conversémoslo con nuestros hijos. Necesitamos tener nuestro mapa de navegación claro, porque al final estamos todos juntos en esta travesía y no mirarlo de esa manera nos aleja y a ellos los hace naufragar.

¿Cómo nos comunicamos día a día en nuestra familia?, la efectividad en la comunicación solo se logra cuando podemos eliminar palabras como “tú siempre” o “tú nunca”, cuando dejamos de quejarnos y aprendemos a pedir, cuando dejamos de juzgar y criticar los errores, y aprendemos a resolverlos y cultivar enseñanzas de ellos. Si lográramos abrir espacios de conversaciones, en la que invito al otro a la reflexión y a mirar las cosas desde distintas perspectivas, nuestros diálogos con nuestros hijos dejarían de ser unidireccionales y quizás comenzaríamos a escucharlos hablar más. Generemos instancias de conversaciones sin críticas y sin quejas, preguntando y abriendo la oportunidad de pedir lo que necesito y aprender también de la respuesta de nuestros hijos, sin juicios.

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Ser modelo, ¿somos realmente?, sé que esto suena obvio, incluso quizás no debería ni ponerlo… pero ¿realmente estamos siendo modelos a seguir para nuestros hijos? ¿dejo de mirar el celular cuando me habla, yo que le pido que use menos pantalla? ¿No bebo en asados familiares, yo que le pido que se regule con el consumo de alcohol? ¿No le grito cuando estoy enojado, yo que le pido buen trato? ¿Qué estamos dispuestos a transar nosotros para ser modelos? Solo les dejo esas preguntas, suena obvio,¿pero es realmente obvio lo que estamos haciendo?

¿Logramos respetar a nuestros hijos en lo que son diferentes a nosotros? La mayoría de las veces, miramos en ellos nuestros sueños inconclusos o les exigimos ser lo que nosotros somos o no fuimos. Las expectativas de lo que creemos que los hace felices los destruye y desprovee de sus propios sueños. Necesitamos comprender que nuestros hijos son distintos a nosotros, que tienen sus propios sueños y distintas habilidades. Necesitamos respetar su individualidad porque eso los hace ser personas únicas y amadas por ser lo que son… simplemente ELLOS.

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Entonces no nos aburramos de decirles cuanto los amamos, porque esa es la manera más simple y básica de sentirnos queridos. ¿Cuántas veces nos detenemos en esas dos palabras? ¿Cuánto los abrazamos? La expresión afectiva, que parece irse perdiendo en la medida que crecen, es algo que hace crecer las relaciones y que nos hace sin duda sentirnos amados. Y aunque pareciera ser que en la adolescencia se vuelven lejanos y esquivos, aún no conozco adolescente que no se sienta feliz, alegre o querido cuando lo abrazan, le dicen te quiero y lo llenan a besos. ¡¡¡Simplemente necesitamos hacerlo más!!! Cada te quiero es un cariño al corazón, es un paso más para acercarse a ellos.

Muchas veces, insertos en un mundo de exigencias, tendemos a ver lo que nuestros hijos no están haciendo y lo que les falta por mejorar. ¿Cuánto realmente valoramos sus cambios, sus esfuerzos y lo que si hacen? Basta de ver el vaso vacío, miremos sus recursos, valoremos sus esfuerzos, solo así ellos podrán tener la mirada en lo que si tienen. Nosotros más que nadie necesitamos tener la mirada puesta en sus conquistas diarias para poder celebrarlas.

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¿Cuánto confía mi hijo en mí? ¿me cuenta sus conflictos? El clima de confianza se forja cuando hemos logrado trasmitirles a nuestros hijos que todos somos humanos y nos equivocamos y que cuando ellos se equivoquen estaremos ahí para ellos. El clima de confianza se logra cuando hemos creado espacios de conexión e instancias de acercamiento, cuando somos un equipo donde todos nos ayudamos. La confianza la hemos logrado cuando dejamos de juzgar para poder abrazar los errores del otro y cuando hemos aceptado a nuestros hijos en su individualidad. Cuando valoramos sus esfuerzos y han escuchado un “te quiero” una y mil veces. Será esta confianza ganada la que nos permitirá proteger a nuestros hijos, porque solo si sabemos lo que les pasa podremos ayudarlos.

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Y finalmente normar, dejemos de mirar que normar es simplemente sancionar o imponer una conducta. Normar va mucho más allá. Normar es guiar, acompañar, proteger y prevenir a nuestros hijos. Normas basadas en vínculos profundos, valores familiares y confianza mutua.

Entonces: el control parental es el DESDE. Dejemos solo de controlar… ¡necesitamos ir mucho más allá! Intentemos construir vínculos realmente PROTECTORES, no necesitamos cumplir cada uno de estos factores, pero sí necesitamos decidir a cuales les pondremos fuerza en la relación con cada uno de nuestros hijos.

¿Qué  estamos cultivando hoy como familia y como padres? ¿Cuántas instancias estamos creando diariamente como familia para realmente proteger a nuestros hijos pequeños o adolescentes?. Dejemos de solo hablar de lo “mal” que están nuestros jóvenes y comencemos hoy, aquí y ahora un CAMBIO.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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El enemigo de muchos: ¿Por qué me duelen las rodillas?

Las lesiones y molestias de rodillas son un problema frecuente que puede presentarse a casi cualquier edad. Desde adolescentes que sufren con dolores en esta articulación durante el crecimiento, hasta deportistas que se enfrentan a importantes accidentes con altos riesgos de perder movilidad. Por ello, el jefe de traumatología de Centros Médicos Vidaintegra, Dr. José Miguel Luarte, explica a qué se debe esta tendencia y entrega recomendaciones para cuidar las rodillas a lo largo del desarrollo.

La rodilla es una articulación compleja, cuyo movimiento depende de que todas las estructuras que la componen estén en su posición adecuada. “Es intrínsecamente inestable y necesita del trabajo en conjunto de músculos, tendones, ligamentos, meniscos, cartílago y hueso para un funcionamiento óptimo”, detalla el traumatólogo de Centros Médicos Vidaintegra, Dr. José Miguel Luarte. De hecho, una lesión de cualquiera de estas partes genera una alteración, lo cual se traduce en uno delos principales síntomas por los que consulta un paciente.

Entre las lesiones más frecuentes, se encuentras los problemas relativos a meniscos y ligamentos en pacientes que practican deportes o han sufrido un accidente que involucre la rodilla. “También es común ver personas con dolor asociado al mal alineamiento de la rótula y, en mayores de 60 años, la artrosis de rodillas, enfermedad degenerativa que llega a ser muy invalidante”, explica el especialista en cirugía de rodilla.

¡Cuidado con las rodillas!

Los problemas en la rodilla pueden interferir con muchas actividades de la rutina diaria, desde practicar algún deporte hasta el simple acto de caminar. Es por esto que tomar las precauciones necesarias para mantener esta articulación sana es esencial para conservar un estilo de vida activo y evitar el sedentarismo. Para esto, es importante considerar que los deportes que presentan mayor riesgo para la rodilla son aquellos que requieren movimientos de cambio de dirección bruscos como fútbol, rugby y también los corredores”, advierte el traumatólogo.

No obstante, siempre es bueno realizar ejercicio físico de cualquier tipo, en especial aquel que conserve la potencia muscular y un adecuado balance entre las estructuras que componen las rodillas y otras articulaciones. “Todos los deportes de contacto son de riesgo para lesionarse la rodilla, por lo que mantener una musculatura entrenada ayuda a prevenir estos malestares”, afirma el Dr. Luarte.

Además debemos considerar que el sobrepeso y la obesidad impactan negativamente en nuestras articulaciones. Específicamente por la carga agregada que se genera sobre las rodillas, cadera y tobillos al aumentar la presión y la fuerza que se ejerce sobre el cartílago.El especialista agrega que en estos pacientes “también está asociado un bajo nivel de ejercicios, por lo que su musculatura no está bien entrenada”.

Dolor de crecimiento

La rodilla también suele ser un problema para aquellos adolescentes que se encuentran en pleno proceso de crecimiento. En estos casos, es frecuente la presencia de ciertas enfermedades relativas al hueso inmaduro, especialmente si se realiza ejercicio físico intenso. “Es importante que un paciente en este rango de edad consulte si tiene una molestia persistente con traumatología”, dice el Dr. Luarte.

 

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Los 4 trastornos tiroideos más comunes entre la población

En nuestro país, se estima que alrededor de 3 millones de personas padecen alguna alteración a la tiroides, una glándula que, por muy pequeña que sea, cumple una función esencial en nuestro cuerpo. El endocrinólogo de Clínica Vespucio, Dr. Rafael Ríos, se refiere a las principales alteraciones que afectan a este órgano, explica cuáles son los síntomas y entrega recomendaciones para prevenirlas.

El 25 de mayo se celebra el Día Mundial de la Tiroides, una glándula cuya función principal es secretar dos hormonas: la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), encargadas de controlar variadas actividades en el cuerpo. “Es responsable de regular el índice metabólico, es decir, asegura el correcto funcionamiento de las reacciones químicas dentro de las células del cuerpo. Asimismo, tiene incidencia en el funcionamiento de algunos órganos vitales como el corazón, intestino, músculos, entre otros”, explica el endocrinólogo de Clínica Vespucio, Dr. Rafael Ríos.

Es por esto que, un problema en este tejido situado por delante de la tráquea en la parte inferior del cuello, podría acarrear graves consecuencias, más aún en embarazadas y adultos mayores. No obstante, si se detectan de manera precoz y se indica un tratamiento inmediato, la mayoría de los pacientes se mantienen saludables y pueden llevar una vida normal. Según el especialista, los trastornos tiroideos más frecuentes entre la población son:

  1. Hipotiroidismo:Es un cuadro que se desencadena por la insuficiencia de hormonas tiroideas. Este trastorno es más frecuente en mujeres mayores de 40 años y sus síntomas son sentir frío,resequedad de la piel, cabello y uñas quebradizas,sobrepeso, falta de menstruación, infertilidad, problemas de digestión (estitiquez),tendencia a la depresión, calambres musculares y fatiga constante.
  2. Hipertiroidismo: Esta patología se origina a raíz del exceso de producción y secreción de hormonas tiroideas. Su incidencia es menos frecuente que en el caso del hipotiroidismo y se da en ambos sexos casi por igual. Esta enfermedad presenta síntomas como bajas repentinas de peso, ansiedad y palpitaciones. “Además produce calor y sudoración excesiva, temblor de manos, insomnio,falta de ánimo y fuerza física,deposiciones líquidas frecuentes, arritmias, falta de reglas y problemas de impulsividad”, detalla el endocrinólogo.
  1. Nódulo tiroideo:Es una parte de la tiroides que se diferencia del resto del tejido y que generalmente es de forma redondeada. Siempre están en el interior de la glándula y es importante detectarlos, porque en su interior puede generarse cáncer de tiroides. “No obstante, el riesgo no supera del 5 al 7% de todos los nódulos”, aclara el Dr. Ríos.

 

  1. Bocio: Aparece cuando la tiroides está sobre sus dimensiones normales, lo que origina un aumento de tamaño en la parte anterior e inferior del cuello. Aunque puede ser asintomático, cuando está asociado a nódulos, hipo o hipertiroidismo, se habla de bocio multinodular.

 

Factores de riesgo

Según la última Encuesta Nacional de Salud, se estima que casi un 7% de la población podría tener problemas a la tiroides. Estos tienden a ser más comunes en mujeres que en hombres y el riesgo se incrementa con la edad. “Si bien el predominio es en el segmento femenino, la aparición de un nódulo en el hombre, podría aumentar la posibilidad de que dicha formación resulte maligna”, sostiene el especialista.

Las alteraciones a la tiroides se pueden originar por diversos aspectos, pero principalmente por la falta de yodo en el organismo, antecedentes de cáncer de tiroides en la familia y, en otros casos, a causa del sobrepeso y la obesidad.

El especialista de Clínica Vespucio explica que “también influye el hecho de padecer alguna enfermedad endocrina o del sistema inmunológico, como la artritis reumatoidea; de la misma manera, el estrés y el tabaquismo también repercuten en el desarrollo de este tipo de afecciones”.

Prevención

El Dr. Rafael Ríos advierte que es fundamental someterse a exámenes para medir los niveles de la glándula tiroidea, en los siguientes casos:

  • Cuando hay elevados niveles de colesterol o calcio.
  • Si existen antecedentes familiares de diabetes o enfermedades tiroideas.
  • Si tiene más de 34 años de edad y, especialmente, si es mujer.
  • No olvide realizar un chequeo en caso de estar embarazada, ya que la hormona tiroidea es esencial para el desarrollo adecuado del feto.
  • Si padece problemas de infertilidad y trastornos menstruales.

 

 

 

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