QUÉ HACER PARA TENER LO QUE QUIERES PROFESIONALMENTE

¿Sabes qué hacer para tener lo que quieres profesionalmente?

El otro día leí en Medium un artículo muy interesante que decía que en 2005 la National Science Foundation había encontrado que una persona tiene entre 12.000 y 60.000 pensamientos al día.

De los cuales el 80% son negativos y el 95% son exactamente los mismos pensamientos repetitivos del día anterior.

Es decir, que la gran mayoría de lo que se te pasa por la mente es lo mismo que pensabas ayer. Y antesdeayer…

Que tus conversaciones internas son las mismas.

En el artículo Benjamin P. Hardy añade que ya sabes lo que quieres y que ya sabes lo que tienes que hacer. Que la cuestión es hacerlo.

Y averiguar qué te para, por qué no lo haces.

Yo tengo que decir que discrepo, porque hay muchas personas, a lo mejor a ti te pasa, que no saben lo que quieren o que no saben qué hacer.

Puede haber muchas razones pero una de las que menciona como más importante en el artículo y que yo he comprobado en mis clientes y lectoras es el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre.

El no saber qué va a pasar cuando hagas ese cambio.

Y prefieres quedarte con la malo conocido que con lo bueno por conocer. Aún sabiendo que no eres feliz (o no del todo), que no es lo que quieres, que podrías estar mejor.

Y así mantienes las mismas conversaciones mentales, los mismos pensamientos un día tras otro.

Y así te sientes segura.

Porque una cosa está clara el hecho de que sigas como estás es porque ganas algo. Y ese algo suele ser comodidad, estabilidad o seguridad.

 

Pero hay una importante contrapartida a eso…

Siempre te preguntaras qué podría haber sido. Y puede que te arrepientas de no cambiar, de haber podido elegir algo mejor para ti y haberte quedado con lo que ya tenías cuando no era lo que querías.

 

Y fíjate que aquí no hablamos de tener lo mejor. Sino de tener lo que quieres, lo mejor para TI.

Es el cambio lo que te da miedo, lo que hace que te quedes como estás.

 

¿Y cómo se supera eso?

Yo te recomiendo dos cosas:

Ábrete a los cambios.

Prueba cosas nuevas, exponte a situaciones distintas, a personas distintas; cambia tus rutinas, apúntate a algo que siempre hayas querido hacer.

Porque, por experiencia te digo, cuando empiezas a hacer cosas diferentes…

Actividades que te llaman la atención pero que quizá te ponen un poquito nerviosa porque te sacan de tu comodidad, descubres que puedes, que no es tan difícil.

Te sube la autoestima, la seguridad en ti misma, las ganas de probar y te das cuenta de que puedes intentar lo que quieras, no te da tanto miedo cambiar.

Y te pones manos a la obra. Y eso lo cambia todo : )

 

Déjate llevar por lo que te atrae.

Comentan en el artículo que hay dos tipos de motivación: en la que empujas y la que te empuja.

En la primera tú fuerzas la motivación, te obligas a hacer cosas y es duro.

En la segunda te sientes atraída, te dejas llevar porque tira de ti, sientes que es lo correcto para ti, lo que quieres hacer.

Y es eso lo que tienes que seguir. Eso de lo que siempre dices o piensas: “pero es que yo quiero...”, “me encantaría hacerlo“, “sé que me gustaría“, “me apetece mucho probarlo“.

Es, por ejemplo, lo que me pasó a mi con el coaching o con el doblaje o con la ciencia.

Leía, buscaba y me encantaba aprender sobre esos temas. Buscaba cómo sería dedicarme a eso, sacaba tiempo de donde fuera una vez que ya estaba  formándome y trabajaba las horas que hiciera falta. Porque me sentía atraída por eso.

 

Por tanto, lee bien este artículo, piensa qué es lo que de verdad quieres hacer en tu vida, haz una lista, elige aquello que te atraiga, que te llame y empieza por abrirte al cambio haciendo pequeñas acciones que te hagan cambiar y salir de la rutina.

Así le perderás el miedo al cambio y darás un paso más hacia esa reinvención profesional que estás buscando.

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La Dra. Aida Baida Gil, coach certificada y fundadora de www.coachdelaprofesional.com se dedica a ayudar a las mujeres profesionales que se sienten estancadas o insatisfechas y que están listas para avanzar profesionalmente, establecerse por su cuenta o redirigir su carrera.

 

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Mi vida como proceso, y un sentido para mi vida…

Cuando se dio cuenta de su rol como creadora de su mundo, ya no había vuelta atrás. Hasta no hace mucho tiempo, se veía (y sentía) la dueña de la verdad. Para todo tenía respuesta, frente a todo sentía sus fuerzas, nada ni nadie podía cuestionar su control sobre aquello que quisiera tener o hacer en la vida. Hacedora y líder, enfrentaba día a día los desafíos que se le presentaran. Hacedora, porque se enorgullecía de no hacerse un tiempo libre, no se permitía frenar y su agenda debía, día a día, estar colmada de actividades. Líder (o eso creía), pero dueña de un estilo autoritario, donde el otro sólo recibe órdenes, donde no hay espacios para interrogantes ni cuestionamientos, sólo búsqueda de resultados.

Así sus días, buscando hacer y tener. Necesitando reconocimiento en el afuera. Comparando, juzgando, dando, y de nuevo haciendo.

Así sus días, hasta que habló la vida.

Si ya el afuera y sus demandas no tenían sentido, ¿qué era necesario empezar a observar? ¿Qué significaría mirar hacia adentro suyo? ¿Cómo asumir el coraje de SER? ¿Cómo se iniciaría la búsqueda consciente del cambio?

Las preguntas se volvieron entonces sus guías, su rutina, sus criterios de decisión, su invitación a la inestabilidad, sus excusas para frenar. Una por día, muchas por día, infinitas, todos los días.

Aprender a convivir con la culpa fue otra gran tarea. Esta emoción aparece siempre que creemos que estamos o estaremos en falta con alguien o algo. Aparece nuestra conciencia para juzgar si hemos o no traspasado las “fronteras morales o sociales”, si actuamos o somos frente a lo que se espera de nosotros, y desde las etiquetas que nos auto-imponemos.

Esta convivencia (porque aún, cada cierto tiempo, vuelve a aparecer) la logró con el remedio de la autenticidad. Sincerarse con ella fue revelador. Cuestionarse y desaprender se volvió un hábito. Lo establecido, lo socialmente aceptado, las expectativas: el filtro de las preguntas invitaba a nuevas respuestas, a desconocidas posibilidades. Alivio y libertad, la consecuencia.

Cambió entonces el control por el fluir, la ansiedad por el futuro que nunca llegaba, ahora era la antesala de su presente cambiante. Eligió sentir, y experimentar, intentando no pensar. Aprendió sobre las ventajas de la paciencia, pero también de las sorpresas que te traen elegir a veces hacer desde el impulso. Se acercó más amigablemente a su cuerpo, eligiendo cuidarlo, en lugar de obligarse a hacerlo. Abrió espacios de conversación, y eso trajo nuevas amistades, grandes maestros, y mejoras en sus antiguas relaciones. Agradeció cada aprendizaje, y hoy abraza el error como posibilidad. Tiene una lista de actividades para experimentar por primera vez, y se siente libre cada vez que lo hace. Hoy juega más, pese a que hace rato que físicamente dejó de ser una niña. Respira y es consciente de ello, agradecida de poder hacerlo todos los días.

La vida es un proceso, sostiene y coincide ahora, y a ella se la diseña día a día. La vida, entonces, debería ser esa burbuja que nos aísla de los juicios de no posibilidad, ese espacio neutro, donde tu encuentro contigo te da todas las respuestas, esa tranquilidad que nos invita a soñar con lo imposible, y sabernos poderosos y capaces de todo lo que nos propongamos.

La vida, insiste, es un proceso. Y en ese proceso, ella aprendió a redefinir su liderazgo, que no es otra cosa que escucharse y conocerse, para desde allí transitar su misión de vida. Es ese, y no otro, el sentido de su SER.

En tu caso, ¿qué le da sentido a tu vida?

tatiana_Bregi2Tatiana Bregi – Coach ontológico certificada

 

 

 

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