¿Soy un Holograma?

En este artículo me gustaría explorar la posibilidad de que seamos creadores de nuestra realidad sin ser guionistas de ella, que nuestro cuerpo físico sea una proyección holográfica de nuestra consciencia que interacciona con el holograma de nuestra realidad en un multiverso.

Hace dos años el equipo del profesor Truscott de la Universidad Nacional Australiana puso en práctica el experimento de elección diferida de John Wheeler para concluir que nuestro universo, nuestra realidad, tan sólo existe cuando un observador la mide.

Este tipo de experimentos confirman que como mínimo a nivel atómico no existe nada hasta que nosotros observamos, y es quizá en este punto en el que no puedo compartir las ideas, teorías que defienden que somos creadores en su total magnitud de lo que experimentamos.

Es decir, partimos de un cerebro que actúa como proyector en un cine para generar una película, por lo tanto soy creador de esta película, pero hasta que punto puedo intervenir yo en lo que estoy proyectando, si así fuera tendría la capacidad de realizar cualquier cambio en la misma en tiempo real. Por lo tanto este tipo de experimentos físicos apunta a la idea que somos creadores del mundo que observamos pero en ningún momento ayudan a demostrar las teorías, o más bien opiniones, que defienden que tenemos la capacidad de crear conscientemente lo que queremos experimentar.

Podríamos entrar en este momento en la paradoja que surge cuando alegremente hablamos de nosotros como observadores, obviando que si el experimento apunta a la existencia de un mundo holográfico, nuestro propio cerebro también sería un holograma, por lo tanto ¿Quiénes somos nosotros cuando decimos “el observador”? ¿Podemos ser un holograma experimentando otro holograma?

Por lo tanto todo apunta a que es parece cierto que vivimos en un multiverso holográfico, que nosotros manifestamos la realidad, en ningún momento decidimos que podemos manifestar, es aquí donde paro para recordar a todos aquellos que aplicando ideas como las del “El Secreto” no consiguen manifestar aquello que desean, pese a esfuerzos descomunales, y no creo que hagan nada erróneo, tan sólo que esta idea es incompleta a la vista de los resultados. ¿Somos creadores de nuestra realidad? Casí seguro que sí. ¿Elegimos que realidad manifestamos? No hay ningún tipo de prueba que así sea.

Y es aquí donde el “libre albedrío” adquiere toda su belleza. El libre albedrío para nosotros decidamos cómo experimentar esta realidad que estamos creando, no podemos elegir lo que creamos, sí que tenemos todo el libre albedrío para elegir como vivir lo que creamos.

En esta maravillosa levedad del ser, no tenemos responsabilidad alguna en las olas que llegan a nosotros, tan sólo tenemos que vivir el instante para experimentar cada una de ellas con todo nuestro abanico de emociones. Dejando ir reconocemos que no tenemos capacidad alguna de cambiar nuestro entorno, sí tenemos todo el poder de cómo lo vivimos.

Para finalizar nos podríamos plantear infinidad de preguntas como ¿para qué tengo que vivir estas situaciones? ¿quién decide que las tengo vivir? Etc… Quizá nuestro Ego necesite todas esas respuestas, quizá se tranquilice con respuestas de filosofías y religiones que un plan para todo ello, para tanta sufrimiento, para tanto placer, quizá sea más fácil pensar que no hay destino, ni objetivo alguno que no sea embriagar nuestros sentidos escuchando cada una de las notas de esta magnífica obra, nuestra vida, que nadie volverá a tocar sin pensar en que sucederá después del último movimiento.

Francisco José Martínez

Conferencista y Co-Fundador I.Draco

Extraido de Instituto Draco

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Por qué tu trabajo no te está haciendo feliz (y qué hacer al respecto)

Los domingos es habitual que en las distintas plataformas, reuniones sociales y en el fuero íntimo familiar se escuche un gran concierto de lamentos porque se aproxima el lunes y eso es sinónimo de trabajo.

Según un estudio hecho en octubre de este año entre la Escuela de Sicología de la UAI y la Consultora Visión Humana, 1 de cada 2 chilenos está satisfecho con su trabajo y solo el 51% de los encuestados considera que en cinco años más su economía personal mejorará. Claramente el premio al optimismo no es nuestro galardón.

“Mi jefe es un chanta”, “Me explotan”, “Nunca me va a subir el sueldo”, “Toqué el techo en mi pega, no tengo para dónde crecer”, “Hay que matar a alguien en mi trabajo para que te asciendan”, “Son puros apitutados”, “En mi oficina hay menos onda que entre el PC y los demócratas cristianos”, son solo algunos de los comentarios que ya se ha transformado en frases típicas de los chilenos.

Basta con mirar las caras en el transporte público (que según el mismo estudio para un 47% representa la mayor causa de stress cuando hablamos de desplazarnos a nuestro trabajo) o el semblante de los trabajadores cuando llegan a su casa arrastrando los pies, ávidos de plantarse frente a una pantalla y no pensar más.

El desánimo, la falta de motivación y el paso de los días sin mucho sentido se han apoderado de muchos. Más de lo que quisiéramos. Es cierto que hoy, una importante cantidad de chilenos tienen trabajos agotadores, poco reconocidos, mal remunerados y sin un horizonte muy atractivo. Pero me niego a pensar que el 50% de los chilenos que trabajan lo hacen en pésimas condiciones.

Y aquí es donde postulo que la visión de trabajo se parece mucho a la del amor. Con eso me refiero a que hemos construido una idealización de la pega perfecta y cuando entramos al mundo laboral la frustración es potente y el pasto de al lado siempre es más verde. Porque cuando trabajamos en una empresa chica, queremos una grande. Cuando es una demasiado ordenada, queremos algo más hippie. Cuando nos desempeñamos en una organización tradicional, buscamos algo más cool o cuando ya nos sacamos el gusto de lo público, queremos escapar a lo privado. Nunca estamos satisfechos y si no cambiamos el switch les aseguro que realmente nunca lo estaremos.

Porque aunque te contraten en Disney, ahí también habrá un compañero de pega amargado; aunque te recluten en Apple, te toparás con gente estructurada y con resistencia al cambio; aunque hayas firmado con Redbull existirá un jefe poco motivado o seas la nueva en el staff de Adidas, incluso ahí, habrá gente floja. En conclusión… no existe ni existirá la pega perfecta. Obviamente que hay empresas mejores que otras, con visión de equipo, con cuidado del clima laboral, que intentan conciliar el trabajo, la familia y el tiempo libre, pero también soy una convencida que el sentido y la satisfacción en el trabajo depende mucho de cada uno.

Esperar siempre que los demás nos resuelvan nuestras dificultades, que otros generen los cambios, que el ambiente sea buena onda sin poner de nuestra parte y que el jefe adivine que necesitamos más y nuevos desafíos, es tan iluso como pretender ganarnos el kino sin al menos haber comprado el cartón.

Hay un proverbio chino que explica con maestría lo anteriormente dicho. “Si piensas que eres demasiado pequeño como para hacer una diferencia, es que no has dormido nunca con un mosquito en la habitación”. ¡Cuanta verdad!

Todos podemos ser ese mosquito y solo basta decidirse a serlo. Con esto no quiero animar a que nos transformemos en el personaje agotador o ruidoso de nuestros ambientes laborales, solo a que nuestra realidad, sí la podemos cambiar con pequeños gestos y actitudes.

Decir lo que pensamos con respeto y cariño en los momentos adecuados, estar dispuestos a perder algunas batallas y no empecinarse o frustrarse cuando eso sucede, esforzarse por ponerle onda y humor a las relaciones que construimos en la pega, tener un espíritu colaborativo real con nuestros compañeros, decir la verdad siempre y asumir con hidalguía los condoros, no perseguirnos y ser autocríticos con honestidad brutal, asumiendo que no toda la culpa es del “otro”; pueden ser pequeñas grandes cosas que nos hagan darle sentido a nuestro trabajo y manejar con fortaleza los tiempos difíciles.

Según una definición de los Chief Emotions Officers (o directores generales de emociones) para lograr una cultura positiva, de compromiso y que logre que los equipos trabajen mejor, hay tareas que un líder debe realizar si quiere despertar emociones positivas en su equipo. Una de ellas es: “establecer una visión: darle sentido al trabajo. ¿Cuál es el sueño? Debe ser algo que despierte emociones, que dé ganas de saltar de la cama todas las mañanas para trabajar”.

Aquí difiero tanto de estos señores. Porque las emociones son muy importantes en nuestra vida, pero no pueden ser el único motorLa frase anterior es justamente la que crea un mundo de fantasías en quienes están desmotivados y que tienen la expectativa de que algo tan improbable les pase. ¿Quién salta los 365 días del año motivado por esas emociones y ese sueño? NADIE. Hay que buscar un trabajo que obviamente nos guste, nos haga ser mejores personas, aporte a la sociedad y nos permita vivir con tranquilidad y dignidad. Pero nuestra relación con el trabajo, así como con el amor, tienen mucho de voluntad, cabeza y decisión. Y cuando comenzamos genuinamente a ver lo positivo y sacamos el foco en lo que nos falta, la pega adquiere otro rumbo y no solo nuestro desempeño será mucho mejor, comenzaremos también a disfrutar la vida… aunque eso hoy nos parezca imposible.

Fuente: www.eldefinido.cl

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