Aceptar o Aguantar, ¿en qué parte estás?

La realidad existe porque nosotros la aceptamos. Siempre que la realidad cambie, también cambiará esa aceptación.” Deepak Chopra

El ser humano busca seguridad como método de supervivencia y muchas veces nos aferramos al sufrimiento como si fuese un tesoro y no nos damos cuenta que estamos prolongando nuestro dolor. Esto sucede cuando perdemos a un familiar, cuando nos separamos de nuestra pareja, o simplemente  sale alguna persona de nuestra vida.  A muchos de nosotros nos impide dejar ir, un dolor, sufrimiento o persona, porque pensamos que éste dolor nos une más a la persona que queremos o hemos perdido. Nos aferramos a los recuerdos por temor a perder su amor o cariño y mientras más nos aferramos, más nos alejamos de quiénes somos realmente.

Aceptar es reconocer que no tienes que cambiar nada, que todo está bien tal cual está. Aceptar no  significa autocompadecernos, ni sacrificarnos por algo o alguien. Es aceptar lo que sentimos, permitiéndonos  ser conscientes de nuestras elecciones y actos. Sin sufrimiento. Recuerda que cuando el sufrimiento se prolonga en el tiempo se debe a la resistencia a la aceptación de ese sufrimiento. Es en ese momento cuando nos estaremos liberando de toda culpa y resentimiento.

En la aceptación experimentamos la comprensión, hacia nosotros mismos y hacia los demás, aceptando sus “defectos” y virtudes y sin esperar nada a cambio pues nos sentiremos abundantes y capaces de servir desinteresadamente al prójimo. Todo lo que hacemos es desde el amor y desde este sentimiento solo veremos la inocencia.

Experimentamos un cambio de percepción y desde este punto somos capaces de perdonar el pasado y sanar viejas heridas. Nos damos cuenta que cada experiencia negativa  vivida encierra una lección que debemos aprender. Ya no le daremos lugar a la inseguridad, ni a los juicios, eliminamos la culpabilidad que hasta entonces nos estaba bloqueando, y nos damos cuenta que todos los sentimientos que experimentamos son nuestra responsabilidad y que la solución a todos nuestros conflictos está dentro de nosotros mismos.

Al sentirnos tan seguros, se produce un cambio en nuestras relaciones con los demás, pues sentimos que todas nuestras necesidades están cubiertas. Eliminamos la dependencia hacia el otro, no vemos sus imperfecciones  utilizando el perdón con más frecuencia. Tampoco nos lamentamos por el pasado ni sentimos temor por el futuro, estamos más centrados en el momento presente disfrutando de cada momento que nos ofrece la vida.

Si crees que te resulta difícil aceptar situaciones o actitudes de alguna persona no dudes en buscar recursos que te ayuden a recuperar tu equilibrio emocional. Puedes consultar aquí

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

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Siete días sin celular…

Hace una semana mi hijo de 2 años tomó mi celular y se le ocurrió, con mucha creatividad, hacer como si fuese un barquito en el mar, hundiéndolo y sacándolo muchas veces en el WC, ups! Con harta fe lo dejé en arroz, lo sequé con secador, lo llevé al servicio técnico, sin embargo no tuvo arreglo…

Como siempre intento sacar el lado positivo de lo que me pasa, aún cuando de verdad es una sensación nueva, al borde de la abstinencia tecnológica y casi tiritona, estuve 7 días sin celular y pude comprobar lo liberador que es. Desde hace algún tiempo llevo a mis hijos a una doctora Antroposófica y ella me habla siempre de la importancia de regular el uso de pantallas (celulares, tv, computador, ipad, etc) en pos de la salud familiar, y me aplicado con el tema y lo hemos disminuido mucho, sin embargo ahora sí que tengo la convicción personal de lo diferente que es vivir conectados a la tecnología.

En estos 7 días obligadamente tuve que aprender a confiar. Confiar en que los niños están bien en el colegio; confiar que mis pacientes llegarían a la hora agendada; confiar en que si quedas con una amiga en hacer algo, sí pasará; y así millones de ejemplos más. La confianza y la responsabilidad van de la mano, pues es tener la alternativa de mandar un whatsApp para excusarme que llego tarde, o si se me queda la lista del supermercado llamar a la casa para que me la dicten de nuevo. Al no tener celular uno se debe hacer cargo de que lo que hay que hacer debe ser tal y cual lo planeado.

Otra cosa que me llamó la atención fue cómo mejoró mi comunicación con la gente que me rodeaba, en mi casa, en el supermercado, etc. Uno anda más abierta a entablar conversaciones. Me senté en una sala de espera de una consulta médica y obvio que le conversé a la señora de al lado, cosa que no hacía hace mucho tiempo. A la vez, te empieza a molestar que todo el mundo esté con el celular en la mano en una comida, en la calle, jugando con los niños, etc. Igual me daba algo de envidia jajaja estuve a punto de pedirle a la señora de la plaza que me lo prestara 5 minutos porque de verdad se echa de menos! Sin embargo estoy segura que mis niños nunca habían tenido una mamá más conectada con ellos, más entretenida y presente que en esta semana.

Parte de la abstinencia de la tecnología era no poder revisar las redes sociales y algunas noches a través de un computador las miré y para mi sorpresa, no había nada interesante. La sensación fue de una total decepción. Me metí esperando entretenerme, ver lo que me había perdido y en realidad, no había nada que valiera especialmente la pena. Todo podía esperar, al final uno las revisa como un hábito inconsciente.

Algo que también me pasó, es que uno deja de ser una sabelotodo, y la sensación también es liberadora. Con la tecnología uno lo sabe todo, lo encuentra todo, lo averigua todo. Sin celular si me preguntaban si iba a llover no sabía y no podía averiguar, simplemente contestaba no sé y ya está, y la verdad es que no pasa nada. Hoy uno se siente un poco obligada a saberlo todo!

Lo último que me pasó es que volví a mirar, sí a mirar. Encontré casas en el camino que nunca había visto. Cuando llegué antes (sin celular y sin reloj un día llegué 30 minutos antes) al jardín de mi hijo me bajé del auto y miré cómo estaban jugando en el patio, lo gocé, me conecté con el presente. Incluso manejé mucho mejor, sin el celular al lado y revisando los whatsApp en los semáforos.

De hecho pensé mucho en que rico debe haber sido criar antes, como lo hicieron mis papás: conectado en el presente; viviendo el día a día tranquilos; mirando; gozando lo que está pasando ahora y no sacando fotos de lo que está pasando y contándolo por facebook o whatsApp. Criar desde el instinto y no desde los que leemos en internet. Sin comparaciones más allá de los que los rodeaban. Sin grandes aspiraciones. Vivir, vivir simples, tranquilos, hacer las cosas bien y conectados con lo que realmente importa.

Sinceramente no volvería a estar 7 días sin celular por opción, sin embargo me propuse realmente usarlo mucho menos, guardarlo cuando esté con los niños (para estar con ellos en tiempo presente y además, para que no se vuelva a ir al WC jajajaj) Para así poder convivir con mayor conciencia y armonía entre la conexión y la desconexión tecnológica.

Paula Eugenia Fischer Levancini

Coach en Programación Neurolingúística

 

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5 hábitos que indican falta de confianza en ti mismo

El término confianza se define como “la medida en que pensamos que una acción determinada conllevará resultados positivos”, o en otras palabras: el grado en que creemos posible lograr nuestros objetivos. La falta de confianza es un problema mayor que deteriora nuestra calidad de vida, en tanto afecta la visión que tenemos de nosotros mismos e impide que nos desenvolvamos correctamente en sociedad.

Es muy común que nos sintamos ansiosos antes de tomar una decisión importante o emprender un proyecto esencial en nuestra vida personal o profesional. La duda asoma con facilidad y pronto nos cuestionamos acerca de la posibilidad de alcanzar nuestras metas. La inseguridad en momentos cruciales es un estado natural, muchas personas exitosas atraviesan instantes de duda y, no obstante, saben cómo sortear estos episodios de debilidad humana y seguir adelante con sus planes para, finalmente, sembrar bandera en la cima más alta.

Pero ¿qué ocurre cuando la falta de confianza transforma periodos normales de nerviosismo y duda en tormentos de orden superior? O más importante aún: ¿cómo saber si nuestros periodos de duda son realmente naturales o si, en cambio, hemos estado siendo víctimas de una desconfianza agravada que nos paraliza y perjudica nuestra relación con nosotros mismos y los demás?

Señales de que la falta de confianza está frenando tu vida

  1. Búsqueda constante de aprobación

Si con frecuencia te preocupa de forma exagerada el punto de vista de los demás, esto puede ser un indicio claro de falta de confianza que, a su vez, acarrea una necesidad latente de validación.

Las personas que requieren ser validadas por agentes externos se muestran incrédulas ante sus propias cualidades y se sienten inferiores en comparación con el resto, por lo que demandan que una persona de “status superior” le indique el camino a seguir, le revele la decisión correcta o, simplemente, le garantice que cuenta con las virtudes necesarias para desempeñarse en una tarea por sí mismo.

  1. Tendencia a desplazar la responsabilidad por los actos cometidos

La falta de confianza también se vincula con la inmadurez al momento de afrontar las consecuencias de nuestros actos. Cuando no contamos con un carácter sólido para hacernos responsables de nuestros errores, la desconfianza en nuestras habilidades personales nos lleva a culpar a los demás para que sean ellos quienes se hagan cargo de lo que nosotros nos sentimos incapaces de manejar.

El procedimiento es similar a la dinámica hijo-padre.

  1. Necesidad compulsiva de dar explicaciones

Las personas con poca confianza en sí mismas se sienten obligadas a dar explicaciones constantemente por las decisiones que toman, el comportamiento que adoptan o su forma de pensar. Temen que la impresión que los demás puedan hacerse de ellas sea negativa, así que previenen la posibilidad de quedar mal frente al resto dando cuenta en todo momento de las razones que les llevan a actuar de una manera determinada.

  1. Especulación negativa acerca de los sentimientos o pensamientos de los demás

Una frase común entre las personas que desconfían de sí mismas es: “Seguramente piensa…” o “Seguramente le parezco…”, seguida de una conclusión pesimista. Y es que la falta de confianza se traduce en una imposibilidad para creer que el resto de las personas pueda tener una impresión inmejorable de nosotros, a pesar de haber tenido encuentros favorables y amistosos en el pasado.

La especulación siempre es peligrosa, pero cuando ocurre dentro de una mente que se automutila con dosis precisas de negatividad, es desastrosa, ya que nos pinta el cuadro más mortificante posible y nos genera altos niveles de ansiedad.

  1. Descreimiento en las propias facultades

Finalmente, una señal contundente de falta de confianza es el menosprecio de las propias capacidades, o lo que podría llamarse duda irracional.

Lo que diferencia la duda racional de la irracional es que la primera atiende a parámetros lógicos, corroborables, como el temor a no cumplir con una asignación en el tiempo estipulado; la duda irracional, en cambio, proviene de la inseguridad personal y funciona como un mecanismo que suprime todos los logros alcanzados con anterioridad y toda capacidad de auto reconocimiento para convencer al individuo de que es incapaz de hacer algo (incluso si ha realizado una tarea similar o exactamente igual en el pasado).

Todos sentimos miedo alguna vez, todos experimentamos ansiedad antes de hacer algo que consideramos importante, pero si la falta de confianza te priva de llevar una vida alegre y equilibrada, es hora de tomar acción.

Ponte metas, desafíate, realiza cambios como practicar más seguido un pasatiempo o hacer ejercicio con más regularidad. Darte cuenta de que eres capaz de cumplir esos objetivos por ti mismo te ayudará a aumentar tu confianza y ser más feliz.

Referencias:

Raising low self-esteem – Live Well – NHS Choices. (2016). Nhs.uk. http://www.nhs.uk/Livewell/mentalhealth/Pages/Dealingwithlowself-esteem.aspx

Escrito por: Editorial Phronesis

www.elartedesabervivir.com

 

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Vivir el embarazo con equidad

Hace unos días atrás, un importante periódico nacional realizó un reportaje planteando que “Por salud, estética y presión social, hoy las embarazadas se preocupan más de su imagen”. Su contenido hacía alusión a la tendencia de algunas embarazadas de subir sus fotografías en las redes sociales mostrando un cuerpo muy entrenado y manifestando que, subir demasiado de peso está “pasado de moda”.

Probablemente sea una realidad que viven muy contadas mujeres durante su gestación y de muy determinado segmento socioeconómico, por lo tanto, no puede ser planteado como una nueva “tendencia” de nuestra sociedad. Lamentablemente, la mayoría de las mujeres de nuestro país está muy lejos de sentirse representada con estas afirmaciones. Chile, de base, tiene una alta prevalencia de exceso de peso entre las mujeres (sobre el 64.3% según Encuesta Nacional de Salud 2010), por lo tanto, es muy frecuente que las mujeres se embaracen ya con varios kilos extra, luego tienden a subir de peso más de lo recomendado (aún permanece la cultura de “comer por dos”), y después del parto, mantienen los kilos ganados; lo que sumado a la falta de ejercicio y de cuidado en la alimentación hace que las mujeres en Chile vayamos subiendo de peso a lo largo de los años.

Me pregunto, ¿cuál es la real presión social que viven la mayoría de las mujeres?: “M´hija, estás embarazada, tienes que alimentarte”, “No vayas a hacer un sobre-esfuerzo en tu condición”, “Está bien que te permitas los antojos”… etc.

Me pregunto entonces, ¿de qué Chile estamos hablando?, porque si nos referimos a casi 85% de la población que se atiende en el sistema público de salud, la realidad es distinta a la planteada en el artículo.

Lo ideal es que toda mujer tenga acceso a conocer que debe puede subir entre 7 y 16 kilos, dependiendo de cuál es el peso con el que inicia su embarazo. En promedio se habla de 10 a 12 kilos, idealmente distribuidos hacia el final del embarazo.

En cuanto al ejercicio, la evidencia plantea que es ideal que la mujer realice algún tipo de ejercicio aeróbico manteniendo una frecuencia cardíaca de 140 latidos por minuto en promedio. La dosis recomendada siempre va a depender de la condición física inicial, pero a modo general, la idea es acumular 150 minutos a la semana (media hora, 5 veces a la semana por ejemplo). Lo mejor es combinar el ejercicio aeróbico con ejercicio localizado, dando especial énfasis a la musculatura que se verá sobrecargada hacia el final del embarazo.

Y esto me lleva a otro importante punto: hay una gran inequidad respecto de la oportunidad de recibir este tipo información entre sistema público y privado: sobre consejos nutricionales individualizados, sobre acceso a una adecuada alimentación (por costo de los alimentos sanos), sobre acceso a realizar ejercicio personalizado, etc., que no es tarea fácil para la mayoría de las mujeres del país mantenerse “en forma”. Si no se tienen las facilidades, las oportunidades, el acceso… todo se hace cuesta arriba.

Tenemos aquí una importante tarea pendiente. Ahora contamos con un Ministerio de la Mujer. Espero que estos temas entren en su agenda en coordinación con el Ministerio de Salud, sin embargo, creo firmemente que la tarea también parte, literalmente por casa. Por casa de cada una de nosotras de ir aportando en cambiar las creencias instaladas sobre cómo vivir el embarazo, conversando con nuestros familiares, nuestras hijas (futuro del país), y, por supuesto, dando el ejemplo, no olvidemos que cada uno de nosotras es parte del todo, que es nuestro Chile.

 

Sonia Roa Alcaino. Kinesióloga

 

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Deberes y Derechos, Culpas y Responsabilidades

Últimamente, cuando nos movemos en el espacio público, los chilenos pareciéramos estar centrados solamente en exigir nuestros derechos,  olvidándonos de cumplir nuestros deberes. Eso hace que nuestro comportamiento en la sociedad sea como consumidores y no como ciudadanos entendiendo este último como un rol en el cual uno es consciente de que para convivir socialmente es preciso ceder,  negociar y compartir,  buscando siempre el bien común por sobre el bien individual. Esta actitud, centrada casi exclusivamente en los derechos, claramente nos perjudica como sociedad,  haciendo muy difícil nuestra convivencia ya que no promueve el entendimiento, son más bien el conflicto como producto del choque de intereses, que muchas veces desemboca no sólo en la intolerancia y la agresividad verbal, y a veces en la violencia la que se ve validada como una forma legítima de resolver los conflictos sociales.

Quisiera agregar al tema de los deberes y derechos, olvidados los primero, exigidos los segundos; los conceptos de culpa y responsabilidad.

Según Wikipedia tanto la culpa penal como la culpa civil se definen  por una omisión de la conducta debida para prever y evitar el daño. Se manifiesta por la imprudencia, negligencia, impericia o inobservancia de reglamentos o deberes. La responsabilidad en cambio debe entenderse, desde la perspectiva de una persona que ejecuta un acto libre, como la necesidad en la que se encuentra la persona de hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Debemos  distinguir entre ambos conceptos porque, más allá de  la culpabilidad respecto de una situación,   es necesario asumir la responsabilidad por los hechos ocurridos, es decir, asumir las  consecuencias de los mismos.

Leo en la prensa la noticia de una muerte ocurrida a balazos en una discoteca de Santiago por un tema de índole amorosa y es inevitable pensar que ocurre porque ambos contrincantes están centrados en sus derechos y le echan la culpa al otro. El caso se puede resumir en que un futbolista es sorprendido por el hermano de su novia en una infidelidad lo que genera un rompimiento de la relación. Se encuentran más  tarde en una discoteca y el futbolista lo amenaza para ser luego asesinado por un joven que intentaría escapar. No piensan en los deberes:  respeto por la otra persona incluyendo su derecho a la libertad y a la vida. Tampoco asumen las responsabilidades de sus actos: sea el rompimiento de una relación amorosa como consecuencia de una infidelidad y  entregarse a la justicia por haber cometido  un asesinato.

 

Macarena Urenda Salamanca

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Excusa: “la culpa es de los jefes”

 

MUCHOS QUIEREN “DESHACERSE” DE SU JEFE, O DE ALGUNOS JEFES, EN LAS ORGANIZACIONES EN LAS CUALES TRABAJAN.

PERO ENTONCES…, YA NO HAY NADIE EN QUIEN PODAMOS DESCARGAR LAS RESPONSABILIDADES…

 

No sólo donde  hoy trabajo sucede lo que hoy comentaré…. Lo he comprobado una y otra vez en muchas empresas y organizaciones en y con las que he trabajado a lo largo de mis 35 años de vida laboral: es evidente que hay una gran necesidad de muchas personas, en señalar con el dedo “a ese de allá arriba”.

Se reitera el hecho de buscar la culpa en los jefes, siendo la manera más fácil de sacarle la vuelta a los problemas reales, sin darle una mirada más detenida y cercana acerca de lo que realmente se trata.  Si cada cual se detuviera y se mirara a si mismo, sincerándose, quizás aparecerían las propias dudas al respecto.  Pero eso es incómodo y podría posiblemente llevar a un reconocimiento de los propios errores. Así es que…, mejor seguimos machacando sobre los jefes, lo que nos otorga un sentimiento de liberación.

¿Liberación de qué? Bueno, de todo el estrés, la presión, las exigencias. Sucede muy rápido, está muy cerca y no sólo hacemos responsables a los jefes, sino también a los colegas, los clientes, el sistema, la economía y quien sabe a quienes más, sin tomar conciencia que quizás nosotros mismos no estamos dando en el ancho…

Pero seamos coherentes. Si no nos gusta el jefe y esperamos su dimisión, o que cambie radicalmente, manifestando que en realidad no requerimos a alguien que nos lidere, dirija, oriente, corrija y controle, mejor demos una mirada que significa eso en realidad.

¡La libertad de la responsabilidad!

Más libertad y espacio. La auto-determinación ha tenido siempre dos aspectos: en primer lugar, la libertad “de algo” y en segundo lugar la libertad “para algo”.

La mayoría de las personas que esperan una mayor libertad en el trabajo, sólo tienen el primer aspecto en mente: la liberación del jefe molesto, de las limitaciones restrictivas, del paternalismo autoritario, la ausencia de reglas rígidas, liberarnos de la voluntad arbitraria de quienes detentan el poder y de las jerarquías, la liberación de las tareas molestas, aburridas o incómodas, la ausencia de una supervisión constante … ¡Sí, por ahí va la cosa!

Pero lo que a menudo queda en el camino es el segundo tipo de libertad: ¡la libertad de asumir la responsabilidad!

Después de todo, quién quiere más auto-determinación, también debe estar dispuesto a dar la cara por los resultados que logra, en las buenas y en las malas.

Demasiado a menudo se olvida que la auto-determinación y auto-responsabilidad son dos caras de la misma moneda. Y eso trae consigo algo desagradable, incómodo e inesperado, donde no se debiera apuntar con el dedo acusador: “mi jefe lo quería así …”, “pero usted me dijo que …”, “yo sólo hice mi trabajo “,” desgraciadamente no pude hacer nada, no estaba en mis manos … ”

No…, de pronto, el liberado es total y completamente responsable de los resultados obtenidos. Incluso para todo lo que ha asumido y no ha auto-infligido directamente.

Y de pronto, el sabor de la libertad se torna de dulce en amargo.

 

¡Comprometerse!

El precio de la libertad es la responsabilidad. La pregunta es, si el precio vale la pena. Para mí está claro: ¡cuanto más responsabilidad asumimos, tanto más cerca estamos de la vida, tanto más vivos nos sentiremos!

En última instancia, con la mirada puesta en nuestras vidas, la libertad “para algo” significa descubrir por qué queremos vivir, qué tarea es importante para cada uno de nosotros, el camino que deseamos seguir. ¡Nadie, ningún jefe, no un maestro, ningún gurú, ni padres, ni profesores, ni compañero de vida…, contestarán estas preguntas por nosotros!

Suena bien, es loable y digno de todo honor hablar de la libertad, de exigir libertad, de luchar por la libertad… Pero aún más respeto tengo por aquellas personas que realmente viven la libertad. Y eso quiere decir, sacarle el piso a la alfombra de las propias excusas, sin echarle la culpa al empedrado, sin mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Esto significa no sólo estar en contra de algo, sino de comprometerse realmente “para algo”, asumiendo todas sus consecuencias.

La libertad “de algo” que todos valoramos y apreciamos, difícilmente será posible sin libertad “para algo”, a la que  – erróneamente – a menudo muchos temen.

 

Por lo tanto: ¡Sí, de hecho, necesitamos más libertad en el trabajo!

Y necesitamos líderes y jefes que salgan de nuestro camino y nos otorguen más libertad. Pero lo que al menos necesitamos en la misma medida, son colaboradores que estén dispuestos y comprometidos a llenar la libertad con responsabilidad!

 

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Ricardo Gevert

texto extraído de www.gevert.com

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