LOS PADRES NO SE SEPARAN

Para los hijos, sus padres siguen siempre juntos como padres. Se separan como pareja, a veces incluso mientras viven bajo el mismo techo, pero no se separan como padres. Por eso, cuando hay hijos, es especialmente importante cerrar con atención y cuidado las relaciones anteriores.

Uno de los grandes anhelos de los hijos es tener a ambos padres juntos en su corazón, no importa lo que hicieran o lo que pasara, sin tener que tomar partido por uno de los dos o alinearse con uno en contra del otro (como por desgracia ocurre frecuentemente, con penosas consecuencias).

Hay frases o mensajes de los padres, explícitos o implícitos, que dañan terriblemente a sus vástagos: «hijo/a, no quieras a tu padre/madre, desprécialo/a como yo y, sobre todo, no seas como él/ella»; o «hijo/a, no logro entender cómo pude querer a tu padre/madre, tú eres mejor que él/ella». Aunque no se verbalicen, estos y otros pensamientos parecidos a veces son verdades interiores para los padres y nutren la atmósfera familiar de dinámicas fatales para la tríada relacional más importante de nuestra vida, la tríada padre-madre-hijo.

Hay que evitar herir al otro progenitor delante de nuestros hijos, eso es obvio, por muy enojados o cargados de razones que estemos, pero el gran reto va más allá: consiste en trabajar en uno mismo para restaurar el amor y el respeto, y darle al otro progenitor el mejor lugar frente a nuestros hijos, incluso cuando se trata de una pareja infeliz o de una separación dolorosa y turbulenta.

Recordemos que los hijos no atienden tanto a lo que los padres dicen, sino a lo que los padres sienten y hacen. La verdad de nuestros sentimientos puede ser negada o camuflada, pero no puede ser eliminada, y por tanto actúa y se manifiesta en nuestro cuerpo. Es importante que trabajemos con nuestra verdad y, si genera sufrimiento en nosotros o en nuestros hijos, que tratemos de transformarla. Para el futuro de los hijos, es clave que estén bien insertados en el amor de sus padres y que éstos logren amarse, al menos como padres de sus hijos. No es algo tan raro si pensamos que, en la mayoría de los casos, un día se eligieron y se quisieron como pareja, y los hijos llegaron como fruto y consecuencia de esa elección y ese amor.

Joan Garriga
Del libro “El buen amor en la pareja”

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Segundas relaciones

por JOAN GARRIGA

Son tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados para el amor en las parejas. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de “monogamia secuencial” que viene a anunciar lo que todos ya percibimos –unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de “la pareja para toda la vida”. Monogamia secuencial significa que, hoy por hoy, las personas tenemos estadísticamente muchas probabilidades de tener entre dos, tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida con la consiguiente complejidad de formatos familiares y de convivencia que acarrea y, sobre todo, con un alto precio en estrés emocional, afectivo y vincular. Nunca como ahora habíamos enfrentado de forma masiva tantas exigencias emocionales y tránsitos dolorosos. Amarse, unirse, vincularse, crear, separarse, desprenderse, volver a empezar, son cualquier cosa menos trámites desde la frivolidad. Golpean las cuerdas que más intensamente vibran en nuestras almas, las del amor y el desamor.

Son tiempos presididos por la libertad individual. Una premisa discutible pero no cuestionada por la mayoría de personas es que somos dueños de nuestra vida y no al revés, que también tendría sentido, a saber, que pertenecemos a la vida y a sus propósitos. Los designios individuales priman a los comunitarios. De hecho en sociedades tecnológicas se desdibuja el sentido de lo colectivo y de lo trascendente y las personas se refugian en un rabioso norte auto referencial. En la actualidad las personas nos sentimos sin esfuerzo el centro del universo, y la presencia de las dificultades que la vida trae nos empuja a salvar el propio barco, el yo tan preciado, olvidando el marco grande del nosotros, del destino común. Así ocurre también en la pareja.

Las parejas han perdido sentido comunitario y, en general, ya no se encuentran insertadas ni apoyadas por una comunidad significativa, ya sea familiar o de convivencia. Por tanto cuando rugen los conflictos y los desacuerdos, cuando surgen las desavenencias, cuando la trama de los hijos pone a prueba la fortaleza de la pareja, cuando las inclemencias económicas o de salud golpean, cuando los estilos afectivos aprendidos en la infancia colisionan, él y ella, no encuentran espacios de apoyo, sosiego y alivio en otros y en la comunidad, y es tanto lo que esperan el uno del otro que resulta demasiado. Ante la tensión, la frustración y el dolor, giran de nuevo hacia el yo, se escoran hacia el único refugio seguro, sí mismos. Consecuencia: la separación. Siempre dolorosa, hiriente, difícil de integrar.

¿Cómo soltar donde pusimos tanto?

¿Cómo replegar el corazón cuando fue tan expansivo?

En la mayoría de las culturas el vínculo de la pareja, especialmente de la pareja convertida en progenitores, tenía un valor sagrado, reverente, de culto y servicio a la vida. La pareja vista como realización en el amor y en la sexualidad al servicio de la comunidad y de la vida.

El peligro que se cierne hoy ante la incertidumbre y el estrés de lo afectivo es la pérdida del sentido de lo sublime y lo misterioso en el vínculo de la pareja. Ante el dolor que se avizora en el horizonte, ante la inseguridad de los modelos, la tentación es ceder a una materialización de lo humano y de los vínculos, en los que el otro es visto como bien de consumo, efímero y fungible. Pero el ser humano necesita completarse a través de lo que le falta que siempre es el otro y, generalmente, para el hombre la mujer y para la mujer el hombre. La pareja nos completa pero no el sentido de media naranja que encuentra su otra media sino que a través del otro conseguimos experimentar la plenitud. Y no sólo la pareja; cuando el otro es verdaderamente un Tú surge el Yo en su grandeza. Como lo decía el filósofo y rabino Martin Buber, el verdadero encuentro humano se da en el Yo-Tú y no en el Yo-ello. El verdadero ser de cada uno se encuentra a través del reconocimiento del Tú.

La trampa fácil es la desesperanza. La salida cómoda es despojar de alma lo humano. El camino difícil es el del amor y el dolor, justo lo que nos hace fuertes y verdaderamente humanos. Una separación casi nunca es un trámite, es un desgarro en el alma y nos aboca a la proeza de transitar sus tempestades emocionales y realizar nuevos aprendizajes para salir fortalecidos en dirección a una nueva relación si es lo que deseamos.

He optado por iniciar esta serie de artículos haciendo una reflexión más sociológica que psicológica en una primera línea de abordaje, pues hemos de reconocer que para aligerar culpas y auto reproches por nuestros fracasos amorosos ayuda que nos sintamos participes de un movimiento social que trae sus propia reglas y exigencias y nos aboca al actual caos amoroso en el cual no hay más brújula para orientarse que la sumisión a los procesos sentimentales y emocionales de cada uno, desdibujados los carriles sobre lo correcto o lo incorrecto. Trataré de iluminar algunos mitos o errores comunes que desembocan en separaciones y como cada uno de ellos puede ser una oportunidad de aprendizaje y reorientación para posteriores relaciones.

continuará….

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Padres que quieren a sus hijos

“Hijo, tú eres mucho más importante para mí que tu papá”. “Hija, tú eres mucho más valiosa en mi corazón que tu mamá”. “Hijo/a no quieras a tu padre, desprécialo como yo y sobre todo no seas como él”. “Hijo/a, no logro entender cómo pude querer a tu madre, pero sin duda tú me importas mucho, tú eres mejor que ella”. Aunque no se digan abiertamente en las familias, estas y otras frases parecidas a veces son verdades interiores para los padres y nutren la atmósfera familiar de dinámicas fatales en la tríada relacional más importante que vivimos a lo largo de la vida: la tríada padre, madre e hijo.

Conviene tener presente, en primer lugar, que los hijos no atienden tanto a lo que los padres dicen sino a lo que los padres sienten y hacen: los hijos se hacen sensibles a su verdad. Entre otras cosas, porque la verdad de nuestros sentimientos puede ser negada o camuflada pero no puede ser eliminada, y por tanto actúa y se manifiesta en nuestro cuerpo. Nos constituye.

Importa, por tanto, que trabajemos con nuestra verdad y la transformemos si es menester y genera sufrimiento en nosotros o en nuestros hijos. Es obvio que ayuda el abstenerse de expresiones hirientes para con el otro progenitor delante de nuestros hijos, por muy enojados o cargados de razones que estemos. No obstante es un logro todavía mayor el trabajar en uno mismo para restaurar el amor y el respeto, y darle el mejor lugar al otro progenitor frente a nuestros hijos, incluso cuando se trata de una pareja infeliz o de una separación dolorosa y turbulenta. Recordemos que los hijos no se separan de los padres. Para ellos, los padres siguen juntos como padres. Los padres se separan como pareja (vivan juntos o no), pero no es posible separarse como padres. En segundo lugar, conviene tener conciencia de que las vivencias y posiciones que tomamos en esta tríada fundacional con nuestros padres determinarán grandes consecuencias, favorables o desfavorables, en nuestra vida y en que vislumbremos unos horizontes afectivos felices o desdichados. Es clave para el futuro de los hijos que estén bien insertados en el amor de sus padres y que éstos logren amarse, al menos como padres de sus hijos, ya que en la mayoría de casos algún día del pasado se eligieron y se quisieron como pareja. Y los hijos llegaron después como fruto y consecuencia de esa elección.

Quizás no esté diciendo nada que no se sepa y, sin embargo, estas ideas que son de sentido común sorprenden por lo poco comunes que resultan en la realidad. De hecho, escribo sobre el amor entre padres e hijos después de regresar muy conmovido de mi último taller de constelaciones familiares. Siempre es impactante para mí observar los devastadores efectos emocionales que causa la inobservancia de una regla fundamental: los padres están primero frente a los hijos, y son más importantes que ellos. Además, tiene una gran importancia amar en el hijo al otro progenitor.

Me sorprendo una y otra vez al ver como los padres se dirigen y se orientan a los hijos por encima del otro padre. Y esta actitud, que puede parecer razonable en ocasiones –la desdicha suele llegar vestida con ropajes argumentales impecables pero exentos de amor-, no ayuda al hijo. Ellos no necesitan ser los más importantes; al contrario, necesitan sentir que la pareja del padre o la madre es más importante, y que los padres están juntos como pareja dándose una recíproca primacía frente a los hijos. Cuando un hijo es más importante que nadie para uno de los padres, no se le hace un regalo, sino que se le da una carga y sacrificio; no es abono, sino sequedad disfrazada de encantamiento. Los hijos no necesitan sentirse especiales ni tienen que ser el todo para los padres. Eso es demasiado.

Es frecuente que aquello que a un padre le falta de su pareja, o de sus propios padres, o aquello que le faltó en su familia de origen, o aquel sueño que no pudo cumplir, lo lleve a su hijo. Y que éste, por amor, acepte el reto. Al precio, claro está, de su libertad y de la plena fuerza para seguir su propio camino a su propia manera. Los hijos necesitan sentirse libres para cumplir su cometido en la vida. Y les va mejor cuando tienen el apoyo de sus padres y sus anteriores, y cuando se encuentran en orden con ellos. En cambio, sufren cuando uno de los padres desprecia al otro o ambos se desprecian mutuamente. Si los padres se desprecian, el hijo encuentra dificultades para no despreciarse a sí mismo y no parecerse a la peor versión diseñada por el padre o la madre sobre el otro progenitor.

Pensemos en hijos que casi tuvieron la función de pareja invisible de uno de los padres, o que significaron el todo para la madre o el padre, o que sintieron la prohibición de amar a un padre que cometió algún tipo de violencia o traición con la madre o viceversa… Tristemente, en constelaciones familiares es habitual identificar dinámicas y resultados fatales como enfermedades, delincuencia, violencia, pasotismo, dificultades en la pareja y mucho sufrimiento emocional. Pues, en lo profundo, un hijo no puede prescindir de amar a ambos padres y no deja de hacer acrobacias emocionales para ser leal a ambos, incluso imitando su mal comportamiento, o su alcoholismo, o sus fracasos y desatinos, etc.

“Hijo, en ti sigo queriendo a tu padre/madre, en ti sigo viéndolo y respetándolo a él”. “Hija tú eres el fruto de mi amor y mi historia con tu padre/madre y lo vivo como regalo y bendición”. “Hijo, respeto lo que vives y como es con tu otro padre/madre”. “Hija, yo solo soy el padre/madre, más es demasiado”. Estas son frases que apuntan al bienestar y el regocijo en los hijos. ¿Qué ayuda, pues? Que los hijos reciban uno de los mayores regalos posibles en su corazón: ser queridos tal como son y muy especialmente que en ellos se quiera a su otro progenitor, porque así se sienten completamente amados, ya que en fondo el hijo no deja de sentir que de alguna forma también es sus padres.

Ambos.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Consejos prácticos para superar el dolor de las rupturas

por Joan Garriga y Mireia Darder –  3ra parte y última (artículo anterior aqui)

LA RESPONSABILIDAD DE UNA RELACION ES DE DOS Y LA RUPTURA
TAMBIÉN
El aceptar la responsabilidad de que las relaciones son cosa de dos y lo que ocurre en ellas también. El poder ver qué parte de responsabilidad tiene uno en lo que está pasando en la ruptura es importante, no para culparse o juzgarse sino para ver cómo puede evitar más problemas y ayudar a que la ruptura sea más fácil. El hacerse responsable de que uno atrajo a esa persona determinada y que en un principio la amó y seguramente en algún lugar la sigue amando, nos puede ayudar para ver las cosas desde otro punto de vista, lo cual puede ser útil en los momentos difíciles. El satanizar al otro y culparlo de todo, sólo trae más conflicto y más dolor.

EXPRESAR LOS ASUNTOS PENDIENTES
Para poder superar una ruptura es importante expresar aquello que no hemos dicho anteriormente, tanto se trate de sentimientos como de acontecimientos puntuales a lo largo de la relación. La expresión de las cosas que quedan por decir puede ayudarnos a cerrar una gestalt y poder abrir otra. Si es posible la expresión con la persona delante mucho mejor, si no fuera posible, cualquiera sea el motivo, simplemente escribir todo lo pendiente e imaginar a la otra persona delante y decírselo.

EL DUELO TIENE DIFERENTES FASES Y REQUIERE TIEMPO
Como hemos descrito en el artículo en el duelo de una ruptura se pasa por diferentes fases y sentimientos. Una ruptura no concluye con la firma del divorcio. Este es un hecho importante que demarca unos límites precios. Sin embargo, en términos internos el tránsito de lograr una separación tiene su propio biorritmo emocional. Además, la
relación puede perdurar como padres quizá, con lo cual se requiere una transformación de las reglas de juego y un reconocimiento por parte de la pareja de que, como padres permanecerán juntos en sus hijos. En cierto modo el divorcio une en el reconocimiento de un pasado que fue relevante.

EL AMARNOS A NOSOTROS MISMOS AYUDA A SUPERAR LA RUPTURA
Cuando tenemos una ruptura el saber que tenemos un valor independiente de si el otro nos valora o no es muy importante. Nuestra capacidad de valorarnos a nosotros mismos se pone a prueba cuando vivimos el fracaso de una relación o nuestra pareja nos dice que no quiere continuar viviendo con nosotros. Ahí aparecen todos los fantasmas de que ya no servimos o que no encontraremos a otra pareja nunca más o a nadie que nos quiera. El saber que uno tiene valor para otras personas y que lo tiene por sí mismo por el solo hecho de existir nos puede ayudar con estos sentimientos.

PODER AGRADECER LO QUE HA HABIDO
Es también muy importante poder agradecer todo lo que nos ha dado la otra persona, lo que su presencia ha traído a nuestra vida. Una forma de hacerlo es creando una lista de las cosas concretas que tienes que agradecerle. Aceptar lo que nos ha dado el otro y poder decir gracias nos pone en disposición de valorar e integrar lo recibido y desde ahí
poder superar la ruptura. Un proceso de ruptura concluye cuando reencontramos la paz y la alegría y mirando atrás logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en esa relación. Sólo así podremos abrirnos a lo que esté por venir.

EN NUESTRA CULTURA CADA VEZ MAS SE HABLA DE MONOGAMIA
SECUENCIAL
En la sociedad en la que vivimos, a diferencia de otras culturas o en otros momentos históricos de la nuestra, el esquema establecido sobre cómo tienen que ser las relaciones es muy flexible. Lo previsible es que tengamos varias parejas estables a lo largo de una vida, con el consiguiente coste emocional. Sin embargo esto tiene la ventaja que de que podemos ser creativos con el tipo de relación que queremos. El inconveniente es que nos podemos perder en tantas opciones y no saber qué tipo de relación podemos establecer. Esta flexibilidad nos da la posibilidad de tener varias relaciones en una vida y de poder experimentar con cada pareja diferentes tipos de relación y de crecimiento.
Para ello también es necesario poder dar un lugar a cada relación que hemos tenido y reconocerlas como tales.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Ver artículo principal aquí (1ra parte)

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SUPERAR EL DOLOR DE LAS RUPTURAS – 2da parte

por Joan Garriga y Mireia Darder – continuación (artículo anterior aqui)

Cuando pasamos por una ruptura, iniciamos el proceso de duelo en el que es previsible pasar por diferentes estados o etapas que tienen unas características estudiadas. Al igual que estamos programados para vincularnos con los demás sintiendo placer y expansión también están en nuestra naturaleza los mecanismos y recursos para el proceso de despegarse de una persona. Este proceso del duelo, en lugar de expansión produce retracción y en lugar de placer, rabia, pena, culpa, estrés, etc. hasta que culmina en la alegría que regresa al final de un aciago túnel.

En el primer momento de una pérdida o separación las personas pueden entrar en shock o incredulidad o negar la situación con la esperanza mágica de que no está ocurriendo. Otras quedan insensibles, como congeladas durante un tiempo, sin poder sentir nada. Estos estados estarán en función de la sorpresa con la que nos pille la ruptura. Si es algo que llevamos largo tiempo esperando, no sufriremos mucho esta etapa, aceptaremos la situación sin mucha dificultad. Pero si nos pilló de sorpresa, podremos estar unos días, o a veces unos meses, que no nos podemos creer lo que ha ocurrido o nos diremos que “solo es pasajero, seguro que volvemos”, o “que no cambia nada la situación, que al fin y al cabo siempre hemos estado solos” o “esto a mi no me afecta y voy a poder con ello”. Todas ellas son maneras de no aceptar el cambio que supone perder una pareja y el dolor que conlleva. Esta fase puede durar más o menos tiempo aunque normalmente es corta y se acaba imponiendo la evidencia de la realidad. En el caso de que no fuera así, seria necesario buscar ayuda terapéutica.

En otros momentos, como en oleadas, nos entra un dolor profundo, casi desesperado, en el que podemos pensar que sin el otro no somos nada, que no podemos seguir nuestra vida sin él. Sentir este dolor también es necesario para poder desvincularnos. Es preciso elaborar con claridad el desgarro de la ausencia y lo que hemos perdido en la ruptura para soltarlo e ir recuperando nuestra individualidad. Este dolor será mas grande en la medida que sintamos que nosotros no queríamos esta ruptura o perdida. El dolor se acentúa en especial en casos de muerte de la pareja ante el vértigo de saber que no la volveremos a ver. También es más difícil cuando somos los dejados, al enfrentar la frustración de que las cosas no son como quisiéramos. En los momentos de más dolor es muy habitual caer en la tentación de buscar culpables o de culparnos sobre lo ocurrido. Se puede llegar a olvidar todo el amor que nos unió, para solo ver todo lo malo que tiene el otro o lo mal que actuamos nosotros. El hacer un análisis de lo que ha ocurrido es bueno para seguir creciendo y aprendiendo en la vida, pero juzgar, culpar, y criticar al otro a o nosotros mismos durante mucho tiempo sólo acentúa el sufrimiento. En general son intentos de hacer más soportable el dolor que con el tiempo pierden fuerza.

También es normal atravesar momentos de intenso enfado y rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y sacar tanto malestar. La rabia es producto de la frustración de ilusiones en proyectos comunes: la relación de pareja, el proyecto de la familia, la frustración de unas expectativas de vida. Es una manera de revelarse en contra de lo ocurrido y mostrar el desacuerdo con ello. En el caso de que nuestra pareja haya muerto es importante también poder mostrar ese enfado con el destino, con el mundo, con la pareja. Aunque esto no cambie la situación si que nos puede ayudar a la expresión de una emoción que sentimos. Algunas veces no nos permitimos la expresión de ese enfado por la culpa que nos crea enojarnos con el otro. Cuando actuamos así no permitimos que el duelo siga su curso y por tanto no nos podemos despegar de la persona. Debemos de saber que ninguna emoción en sí misma es peligrosa, tampoco la rabia. Lo que sí es disfuncional es quedarse anclado mucho tiempo en alguna de ellas. En verdad, la cualidad de los sentimientos es ir y venir; no permanecen parados y estables. Si un sentimiento dura mucho ya no es tal sino más bien una posición que hemos tomado para protegernos.

Sin embargo hay que cuidar que el enfado no sea más de lo mismo de lo que ya ocurría en la relación y un intento de atar al otro culpándolo. Así se mantiene el enganche a través del mal rollo y entorpecemos la evolución de una separación real. Para poder salir del enfado y la rabia es necesario saber rendirse, aceptar la situación y la ruptura y aceptar el dolor de la pérdida. Al final si somos capaces de sostener el dolor nos mantenemos en el amor, ya que dolor y amor son dos caras de la misma moneda.

Permanecer conscientemente en el dolor es una forma de poderlo y de traspasarlo. Aunque en nuestra cultura el dolor tiene mala prensa porque creemos que nos puede llevar a la depresión, más bien es al revés, nos deprimimos porque detenemos el flujo espontáneo de nuestros sentimientos o pretendemos pasar por alto lo que duele.

Un proceso de ruptura concluye cuando reencontramos la paz y la alegría y mirando atrás logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra ex relación y darle internamente las gracias a nuestra ex pareja por lo que fue posible y lo que nos aportó. Cuando podamos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida. Cuando podamos reconocer el amor que hubo y guardarlo como un regalo. Cuando somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor. En definitiva el gran reto para todos es aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos. Cuando esto es posible tomamos nuestros errores al servicio de la vida y de un camino feliz en pareja.

Continuará….

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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Ver artículo anterior aquí

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FAMILIAS ENSAMBLADAS (3)

LA PAREJA (1)

Como lo señalé en un artículo sobre parejas que escribí hace un tiempo atrás, la formación de una pareja NO es la unión de solo 2 personas, son 2 sistemas  los que se unen. Al formarse una Familia Ensamblada lo primero es la formación de la Pareja que tampoco  es la unión de solo 2 personas  sino de sistemas, ya que cada uno   forma parte de su sistema de origen y también lleva en sí el sistema de su primera familia nuclear o sea su primer/a esposo/a y los hijos e hijas que nacieron de esa unión.

 

Al formarse o al tener el proyecto de formar una Familia Ensamblada, es sumamente importante afianzar el vínculo que une a los miembros de la pareja entre sí, es la primera tarea ya que una pareja sólida y fuerte es la llave para la integración del resto de la familia.

 

Formar una Familia Ensamblada requiere conciliar los distintos estilos de vida y además muchas veces,  reciben algunas presiones externas provenientes de familiares o amistades que no aceptan la nueva unión.

 

Se debe tener muy presente la importancia, y por qué no decirlo, la necesidad de fortalecer la Pareja ya que:

  • Generalmente se dispone de poco tiempo para hacer los ajustes necesarios para la buena convivencia.
  • Cada miembro de la pareja tiene demandas y compromisos previos con hijos,  cónyuges anteriores, hijastros/as etc.
  • Algunos progenitores se preguntan ¿qué es primero, mis hijos o mi pareja.? Este es un falso dilema,  ya que ocupan posiciones diferentes en la estructura familiar.
  • A veces la pareja emplea tanto tiempo en organizar la familia que se olvidan de sus propias necesidades de esparcimiento y unión. Es importante que posean momentos placenteros con amistades o que realicen actividades fuera del hogar para alimentar la relación.

 

Factores de stress en las parejas ensambladas 

 

  • Obligaciones financieras con el otro hogar.
  • Diferencias en los criterios de crianza
  • Conflictos de lealtades ( hijos/as, hijastros/as, esposa/o etc.)
  • Divorcio emocional no resuelto
  • Presiones provenientes del interior y del exterior del sistema.

 

El stress disminuye cuando… 

 

  • La pareja posee habilidades para resolver el problema
  • Ambos están comprometidos con objetivos comunes.
  • Ambos se comunican con claridad.
  • Son empáticos.
  • Saben negociar

 

M. Eliana Zlatar

Consteladora Familiar  Sistémica

comprendiendomez@gmail.com

Fotografía: Designed by Freepik

 Ver artículo anterior: AQUI

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MITOS Y CREENCIAS SOBRE LAS FAMILIAS ENSAMBLADAS

FAMILIAS ENSAMBLADAS (2)

Los Mitos y Creencias sobre la Familia Ensamblada muchas veces interfieren con el proceso de integración ya que crea expectativas irreales, las que al no cumplirse facilitan la desilusión y por ende las dificultades. Todo tipo de familia tiene momentos felices y momentos difíciles, cuando estos últimos se enfrentan con un sentido de realidad y siguiendo algunos parámetros adecuados las crisis se superan transformándose muchas veces en oportunidades que fortalecen la relación.

Algunos de los Mitos o Creencias  pueden ser:

  • El amor lo resuelve todo. No cabe duda que el amor es muy importante, pero no resuelve todo. Existen pautas, comportamientos, esquemas que habrá que ensayar y practicar para generar la buena convivencia. Por otra parte, si damos vuelta esta creencia podríamos pensar que al no resolverse algo, hay falta de amor.
  • Tener la experiencia de un matrimonio anterior ayuda a que el próximo no fracase. La experiencia de una familia nuclear anterior es totalmente diferente a la de una familia ensamblada ya que son más personas las que entran en juego y en un contexto totalmente diferente.
  • La integración de los miembros de una Familia Ensamblada se puede lograr en poco tiempo. Esto es Falso, se ha estudiado que este proceso puede durar unos cuatro años ya que se depende de varios factores: la solidez de la pareja, la edad de los hijos, como haya sido la separación anterior etc.
  • La Familia Ensamblada puede ser igual de unida que una Familia Tradicional. Esto es Falso, la cohesión y lealtad familiar son menores en la Familia Ensamblada y eso está bien ya que puede facilitar que los menores circulen mejor entre sus dos hogares.
  • Padrastros y Madrastras no son confiables. Este concepto está muy condicionado por los roles de padrastros y madrastras en los cuentos infantiles, generalmente se les asocia con “ogros” o “brujas”. Es más, en nuestro país se utiliza muy poco estos términos los que a su vez pueden ser considerados ofensas. La realidad nos señala que pueden haber buenos y malos padrastros, como también buenas y malas madrastras.
  • La Familia Ensamblada funciona mejor cuando uno de los progenitores ha fallecido o simplemente cuando los hijos/as no ven al progenitor/a no-residente. Esto es Falso, ya que por el contrario, el o la progenitor/a fallecido o no – residente puede idealizarse en el recuerdo y esto puede ser una dificultad para establecer buenas relaciones.
  • La Familia Ensamblada funciona mejor cuando los hijos/as van “de visita” con poca frecuencia al hogar ensamblado. Esto es Falso pues cada vez que van de visita deben recordar o reaprender las reglas de esa casa o simplemente para ellos/as no hay reglas y esto puede generar problemas en los residentes.
  • La Familia Ensamblada funciona igual que la Familia Nuclear. Son sistemas diferentes, integrados por unidades provenientes de distintos sistemas por ende los contextos que se producen son muy disímiles y para lograr un funcionamiento armónico deben utilizarse estrategias diferentes.

Todo lo señalado anteriormente  da una cuota de realidad a la Familia Ensamblada que se desea formar, para evitar interpretaciones erradas de ciertos comportamientos o conductas, disminuir las discusiones o conflictos por temas que son naturales en este tipo de familia etc.

Sería interesante que en los próximos artículos  plantearan sus dudas e intereses en los Comentarios del sitio web de Mundo Mujer para así lograr satisfacer vuestras inquietudes

M. Eliana Zlatar

Consteladora Familiar  Sistémica

comprendiendomez@gmail.com

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