La muerte me viene a buscar ¿qué hago?

Este último tiempo he realizado unos encuentros con países de América latina aprovechando la enorme migración que ha llegado a mi país.

Nos hemos encontrado con dominicanos, argentinos, bolivianos, venezolanos, colombianos entre otros a conversar y compartir experiencias.

En uno de los últimos encuentros, se me ocurrió contratar un actor que entraba en el salón interrumpiendo la conversación y me decía que era LA MUERTE, y que me venía a buscar. Esto lo hice en el marco del último estudio para el libro que estoy escribiendo en estos momentos.

Obviamente la sorpresa de todos era enorme y las risas nerviosas no se hacían esperar. Al ver mi respuesta y decirle que no tenía ningún problema en irme al término del taller, le pedía a este personaje le hiciera el mismo comentario a cada uno de los integrantes del grupo.

Sin considerar que la mayoría son migrantes y obviamente frente a esa opción de partida todos querían estar en sus países y con su gente, esto no fue razón para que todos, incluidos los chilenos le pidieran prórroga a la muerte.

El 98% de todos los participantes que eran alrededor de 300 personas le decían a la muerte, “vuelve otro día” , “ven en una semana y me voy”, tengo que arreglar un tema con mi pareja, déjame decirle a mis hijos que los amo, entre tantos comentarios fueron las respuestas dadas por todos.

No importaba mucho la edad para pedir ese espacio, el tema es que al parecer todos tenemos cosas pendientes con las que nos dormimos todos los días sin resolver.

La gran mayoría tenía cosas que decir que no han dicho, expresar sentimientos y resolver conflictos que dilatamos todo el tiempo, tal vez pensando que somos eternos o con poca conciencia de muerte que la debiéramos tener hace mucho.

No deja de ser importante el ejercicio y si bien ustedes no están o no estaban en el taller, sería interesante hacerlo en familia y ver qué pasaría si la muerte nos viene a buscar y nos dice que tenemos que irnos con ella.

¿Estamos preparados para ese encuentro? ¿le pedirías prórroga si viniera a buscarte? O ¿podrías decirle que a pesar de tu pequeñez y de lo bien que lo estás pasando en tu vida, estas lista para irte con ella?

Tienes cosas pendientes, comidas que quieras comer, lugares que visitar, cosas que decir, etc.
En el libro nuevo escribía la historia de un viejito de 86 años que cuando la “muerte” se le acerca él dice sonriéndole y desafiándola un poco que la estaba esperando hace mucho pero que justo ese día no se podía ir con ella. Al preguntarle porque, me dice que era muy tonto y que llevaba varios días con ganas de comer un pescado frito y no lo había hecho y que al tener la muerte al frente se daba cuenta de que no podía irse sin ese gusto.

Fue tan encantadora la historia, que seguramente Don JORGE, ya se comió su pescado y no debe estar dejando demasiadas cosas pendientes para el próximo encuentro.

Quiero invitarlos a pensar en que la muerte, independiente de su posición, edad y etapa de vida los viene a buscar y les pregunta, cosa que no hará en relamidas si están listos para partir, ojalá que la respuesta sea que sí, sólo por no tener nada pendiente aunque siempre tendremos claro que podríamos haber hecho mejor las cosas de las que las hicimos.

Soy la MUERTE y te vengo a buscar ¿qué haces?

pilar_sordoEscrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

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La historia del hombre que salvó a 500.000 pobres en África

Rescató a 500.000 personas de la pobreza extrema y muy pocos saben de él.
COMPARTE el video para que todo el mundo conozca este EJEMPLO DE VIDA y obtenga el reconocimiento que merece!

padre_opeka

El hombre que puede salvar al mundo”

Publicado por Noticie.com
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Cómo vivir el qué

La mayoría de nosotros configura su vida en función de qué hacer. Nos desvela conseguir nuestros logros, alcanzar reconocimiento y ser exitosos en nuestros emprendimientos y tareas, con la expectativa que ello nos traerá felicidad y paz.

Destinamos muchas horas de nuestra vida a pensar cada detalle de qué hacer con la vida, ya sea en los estudios, la pareja, el trabajo, la familia, donde vivir, en una suerte de planificación estratégica de la vida personal. Este diseño de posibles logros se hace basado en las ideas valoradas socio-culturalmente, es decir, lo que otros dicen que debemos hacer. Casi todos asumimos mansamente ese camino, pues al momento de las primeras decisiones, en la adolescencia, nuestra seguridad emocional y pertenencia socio-afectiva aún depende de hacer lo que nuestros padres y nuestro grupo de referencia consideran adecuado.

En la etapa de configuración de la identidad establecemos las metas vitales, el qué queremos lograr. Lo interesante es que la forma para lograr esas metas, cómo hacerlo, opera por obviedad: hacer lo que hacen casi todos. Se abre un camino automático tras el supuesto que si a otros les ha ido bien haciendo “lo obvio”, a mí también me irá bien. Son escasas las personas que tienen la lucidez y la fortaleza emocional para evaluar la efectividad de los medios a través de los cuales se buscará el qué, y optar por caminos diferentes del estándar socio-cultural.

Cuando se estudia a personas “exitosas”, aquellas que hicieron el camino tradicional para alcanzar sus logros, es frecuente observar un gran desbalance entre el yo exterior y su yo interior. En el “afuera” les ha ido bien y “el interior” suele estar despoblado, mustio y con una profunda carencia de sentido. Todos conocemos el arquetipo del “millonario pero solo y detestado”. Esa caricatura extrema es aplicable al desbalance de la vida de muchos de nosotros.

El logro del qué está lejos de asegurar felicidad, cariño y tranquilidad. El bienestar personal no está en los resultados, en los logros ni en los aplausos de los otros. Los logros suelen ser efímeros y cambiantes, por lo que sujetar la felicidad propia a lo que es volátil es un error humano básico.

El qué da lo mismo, es irrelevante. Podrá ser evaluado por nuestro ego como mejor o peor, pero no es significativo en el proceso evolutivo personal de conectar y sostener felicidad. La clave es cómo se vive el qué. Lo relevante es el fundamento y la causa que me mueven y no lo que hago, pues cualquier quehacer puede ser puesto bajo la inspiración de una causa originaria.

La clave no es el resultado, son los pasos del camino, el paradigma desde el cual opero en la vida, sus fundamentos y la actitud con la que habito la existencia. Esta idea parece tan simple y tan conocida por nuestra mente, no obstante algo sucede que no se ancla en nuestra convicción ni nuestro actuar cotidiano.

¿Cuáles son las características de ese “cómo vivir la vida” que asegura paz, armonía y felicidad? Existe abundante literatura científica y espiritual al respecto, desde diferentes perspectivas y con énfasis muy variados. Dentro de esa diversidad de miradas y caminos, existe un núcleo compartido de unicidad, una suerte de acuerdo implícito de aquello esencialmente importante. Algunos lo llaman la Fuente, la sustancia universal, la gran inteligencia directora, Dios o la luz, entre muchas denominaciones para nombrar lo inabarcable, inmutable y eterno. Como dicen los apofáticos, eso Superior es innombrable. Se puede decir lo que no es y no se puede nombrar lo que es.

“Eso”, existe. Es. Sus características son el amor, la guía perfecta, la paz, el compartir su esencia con todo ser viviente, la impermeabilidad a lo humano y el cambio, la inmutabilidad, lo eterno.

“Eso” está dentro de cada uno, lo creamos o no. No importa si te declaras espiritual, creyente, agnóstico o ateo. Da lo mismo y es parte del propio proceso de consciencia. Esa sustancia universal está dentro de todos. Para acelerar el camino evolutivo, lo esencial es conectar con ese fundamento. Y eso es simple: con meditación.

Lo difícil es que la mente egocéntrica, que se cree más creadora que El Creador, entienda que existe “Eso” superior que lo abarca todo y que conduce inevitablemente a la paz. El ego tiene montado un sistema cerrado de pensamiento para desacreditar estas ideas, pues la solo presencia de “Lo Superior” deshace el ego. Y el ego lo sabe. Por eso existen tantas trampas de la propia mente en el camino espiritual.

Una vez que se conecta con “Eso” superior que vive dentro de mí es necesario dejar que haga su trabajo. Casi todos sabemos sobre el poder del ahora o el vivir viviendo cada instante, sin preocuparse del pasado, del futuro ni el presente. Este vivir es en flow, sin pensar, pues la sola intelectualización nos saca del instante conectado.

Conectar, aceptar, vivir el instante conectado, fluir en la paz y no juzgar. Poner como fundamento de la propia vida a “Eso”. Este cómo se puede vivir con cualquier qué. Lo esencial es poner la propia vida en sintonía con “Eso” y sostenerlo mediante el cómo.

Extraido del Blog de Ignacio Fernandez

Psicólogo, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Coach Ontológico Empresarial, Newfield Consulting.

Director Departamento de Psicología Organizacional, Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez.

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El regalo de la Vida

La semana pasada asistí al lanzamiento de un libro acá  en Viña del Mar. Se trataba de la novela Hermano, no tardes en salir del abogado y premio Nacional de ciencias y Humanidades, Agustín Squella. Leí el libro completo apenas llegué a mi casa. Confieso que el interesante diálogo que se produjo entre el autor y su editor durante la presentación me motivó  a hacerlo. Y a pesar de lo cansada que estaba ese viernes en la noche,  el recuerdo de la intensidad de esa conversación pudo más que mi sueño y lo acabé de un tirón. Lo he vuelto a leer durante la semana y he repasado algunos pasajes que me gustaron especialmente, reviviendo el placer y emoción que me produjo su lectura.

Básicamente el libro enlaza la historia de una amistad hípica con la muerte a causa de  un suicido,  de un hermano del autor. La historia me conmovió, por la sinceridad con que está escrita,   por la claridad de su escritura y muy especialmente por la profundidad de su mensaje. Porque en el fondo, el libro trata de  la belleza de la vida y aunque relata  lo dura y dolorosa que puede ser para los que quedan,  la muerte inesperada de una persona joven y que parecía disfrutar tanto de la existencia, el relato se centra  primordialmente  en el privilegio que implica para los seres humanos el simple hecho de estar vivo. Esa pérdida inesperada,  brutal,  dolorosa y tal vez en momentos incomprensible,  no disminuye para nada el valor que tiene  una vida bien vivida,  disfrutada y compartida y que sigue luego de 40 años en el recuerdo de los que lo amaron

Porque es cierto que la vida puede ser mirada como una sucesión continua de pequeñas y grandes pérdidas que  todos experimentamos. Pero también puede ser considerada como un gran regalo que se nos ofrece gratuitamente y sin darnos tregua para que la vivamos a plenitud,  la aprovechemos en su totalidad y  la gocemos y suframos con pasión

El hermoso mensaje que deja este  libro es que tanto la   fragilidad,  que  forma parte esencial de  nuestra condición humana como  el carácter efímero y temporal de nuestra existencia,   lejos de entristecernos y atemorizarnos,  nos debe hacer gozar del don  de la vida en todo momento,  para disfrutarla  en toda su inmediatez, incertidumbre  e intensidad.

 

Macarena Urenda Salamanca

 

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Conciencia de Muerte

El atentado a Francia hace algunas semanas, horrible y espantoso, nos hace preguntarnos en qué mundo vivimos hoy y que hace que estas cosas sucedan en un mundo donde se supone caminamos hacia otro lado.

Seguramente las explicaciones tienen que ver con las estructuras de poder que quedan muy lejos de mi conocimiento y que me aterroriza solo pensar en las redes que pueden estar ocultas en su explicación.

No debiéramos ver esto como algo lejano sino que independiente de la globalización todos somos afectados por estas situaciones y basta con mirar los tres chilenos que partieron en este acto y que sus familias tendrán que aprender a caminar con ese nuevo dolor en sus vidas, un abrazo para ellos y ellas. A cualquiera le puede pasar algo así en los tiempos que corren.

Sumemos a esto, todos los cambios climáticos y todos los problemas que la naturaleza nos ha traído, llevándose a muchos seres humanos este último tiempo, donde obviamente todos somos responsables de aquello al maltratar un planeta que en pos del mal llamado desarrollo económico no hemos sabido cuidar.

La corrupción y la posibilidad de conocerla públicamente y la sensación de desconfianza generalizada nos llevan a una sensación emocional de una fragilidad que hoy es compartida por mucha gente.

Esa sensación de fragilidad se está convirtiendo en algo compartido por mucha gente y que nos coloca frente a un tema que debiera ser muy asumido por todos: el tema de la fragilidad de la vida y por lo tanto de la muerte.

La vida es una enfermedad terminal y seguramente si tuviéramos conciencia de aquello seriamos seguramente mejores personas y cuidaríamos mejor el presente, lo gozaríamos más, nos amaríamos más y seriamos más agradecidos.

Muy poco de lo que acabo de mencionar lo podemos controlar los ciudadanos como nosotros que no nos movemos en las estructuras de poder, pero si tenemos el deber de usar nuestro mínimo o máximo espacio de elección para aportar todos los días a que este mundo sea un lugar mejor para vivir.

Creo que dada la vulnerabilidad manifiesta del mundo hoy en la que la globalización aporta y suma en agudizar el miedo, estamos invitados a desarrollar la oportunidad de aprender a disfrutar del presente, a amar y decir que amamos todos los días y poder agradecer desde el estar vivos hasta las cosas simples de lo cotidiano.

Quien tiene conciencia de muerte, aprendió a disfrutar de la vida, y siempre esta medianamente lista o listo para la partida.

Andar ligero de equipaje y con la sensación de poco peso en el corazón para estar siempre preparados para la única certeza que tenemos: nos vamos a morir todos y no sabemos cómo ni dónde. Debemos estar preparados viviendo bien la vida hoy y creo que estamos muy lejos de aquello.

Conversábamos con unos amigos que quienes despertamos al día siguiente de lo de Francia, debiéramos haber abierto un vino para celebrar la vida.

Esto no excusa asumir nuestros dolores, no existe el ser humano sin problemas y hay que aprender a disfrutar del presente CON ellos y no esperar a que pasen para desarrollarla, esto no ocurrirá jamás.

Me parece imperioso e importante desarrollar conciencia de muerte, me parece fundamental empezar cotidianamente a disfrutar y agradecer la vida.

 

Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

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