Basta leer hoy la prensa para reconocer que uno de los temas que preocupa hoy a los ciudadanos es sin duda el tema de la seguridad. En primer lugar y como todos sabemos, las leyes actuales son muy protectoras con los derechos de los delincuentes y es muy difícil mantener en la cárcel o incluso detener a alguien que haya delinquido. Este hecho indudablemente no contribuye a mantener la seguridad y en general aumenta la percepción de temor de la ciudadanía.
Un segundo factor que complica la mantención de la adecuada seguridad ciudadana, es la cantidad de personal con que cuenta la policía actualmente para atender las necesidades de la población dadas sus cada vez más numerosas demandas. En efecto, las fuerzas policiales, de cuyo desempeño y dedicación y profesionalismo indudablemente estamos muy orgullosos, en ocasiones no son suficientes en número para atender las necesidades de los vecinos por lo que muchas veces no logran satisfacer de manera eficiente y oportuna todos sus requerimientos.
Un último factor que no contribuye a la seguridad ciudadana, es el modo de vida y de convivencia propio de las grandes urbes y que empieza a instalarse con rapidez en nuestros barrios. Ese modo de vida se caracteriza por el escaso tiempo para compartir, por las grandes distancias entre el trabajo y el hogar y por la necesidad de que ambos padres deban trabajar en forma remunerada y lejos de sus hogares. Hoy día existen también muchos hogares unipersonales ya sea porque son jóvenes independientes o bien adultos mayores que han sido gradualmente abandonados por sus familias y no tienen a quien recurrir. Una de las consecuencias de estos estilos de vida es que la convivencia entre los vecinos del barrio se ve claramente deteriorada ya que tienden a aislarse unos de otros e incluso a veces ni siquiera se conocen y apenas se saludan. Este factor se constituye en una oportunidad para que los delincuentes siempre atentos a delinquir, se vean atraídos a los barrios y busquen hacer de las suyas con mayor libertad en casas o departamentos desocupados ya que los residentes al no compartir hábitos o rutinas, no notan nada raro en los hogares vecinos.
De los tres factores mencionados, donde tenemos más posibilidades de intervenir es sobre el tercero. Más allá de todas las consecuencias positivas de convivir con nuestros vecinos haciendo nuestras vidas y la de nuestros hijos más agradables y de habitar nuestros barrios de manera más humana, es indudable que hay una necesidad práctica de conocernos. Si sabemos quiénes son los que viven al lado, podremos compartir no sólo una taza de café y prestarnos otra azúcar, también podremos actuar alertándonos mutuamente. En eso también contamos con la ayuda de Carabineros y su Plan cuadrante, de la PDI y del Departamento Municipal de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de la comuna. Planes de apoyo vecinal, contar con los teléfonos de las instituciones mencionadas, postular a proyectos comunales de protección y alarmas comunitarias, son algunas de las estrategias que podemos implementar a través de nuestras organizaciones vecinales.
Las invito a organizarse aprovechando la gran capacidad natural que tenemos las mujeres para tejer redes a nuestro alrededor. Una comunidad organizada no sólo genera una sana y grata convivencia sino que además disminuye en una medida importante los riesgos actuales de la delincuencia.