Hace apenas unos días durante un lluvioso día en la ciudad de Washington, asumió el presidente n°45 de Los Estados Unidos. El empresario Donald Trump. En la ceremonia, rodeada de una fuerte seguridad debido a las protestas de los opositores al recién electo presidente, en un clima electoral tenso y con presencia de público menor a la de otras ceremonias similares, destacaba su bella y joven esposa Melania Trump. Melania, de 46 años y nacida en Eslovenia, durante la ceremonia sostuvo las biblias sobre las que juró el presidente. Vestida en un estilo que rememoraba a la glamorosa y elegante primera dama Jackie Kennedy. Respecto de su nueva posición, la nueva primera dama ha declarado desde el principio que su rol sólo será acompañar a su marido y cuidar del único hijo de ambos Barron.
Este estilo contrasta poderosamente con la saliente primera dama Michelle Obama una joven abogada la que no sólo brilló por su elegancia en un estilo propio y que no se inspiraba en ninguna de sus predecesoras, sino que también desempeñó un rol activo creando distintos programas de salud, bienestar y apoyo para jóvenes, niños y adultos de su país. Michelle quien es madre de dos hijas junto al ex presidente, ha destacado además por su capacidad de mostrarse frente a sus compatriotas como una norteamericana negra de clase media que asistió a una escuela pública y fue capaz con mucho esfuerzo de progresar y sacar adelante una carrera profesional de primer nivel. Lo anterior parece probar entre otras cosas que una mujer puede ser glamorosa y de apariencia cuidada, una buena madre y esposa, siendo al mismo tiempo alguien con ideas propias , con un desarrollo profesional exitoso sin necesariamente depender de su marido por mucho que éste sea el presidente del país más poderoso del mundo.
Porque lamentablemente esto no sólo parece ser una cosa de estilos. Roles tan importantes y de figuración publica como los mencionados, se convierten, quiérase o no, en modelos a seguir como pautas prefiguradas de los comportamientos deseables para los ciudadanos corrientes. En tiempos difíciles para el desarrollo de la mujer donde todavía existen muchos problemas como la falta de acceso a sueldos equivalentes a su formación, el trato todavía desigual en muchos aspectos, políticas que todavía no logran conciliar el desarrollo laboral con el rol de la familia y peor aún cuando subsisten graves problemas en el plano de la violencia hacia la mujer, no es bueno el resurgimiento de modelos de vida donde el papel de la mujer se muestra reducido a un segundo plano en un rol tan tradicional como anticuado.