Lenguaje impecable

Muchas veces nos cuesta lograr cambiar alguna situación, algo en lo cual permanecemos estancados sin poder avanzar. Desde la Programación Neurolingüística (PNL) la explicación recae en cómo pensamos y hablamos sobre el hecho. Así hay ciertas palabras que nos perjudican y mientras no las reemplacemos por las correctas sólo lograremos frustración, porque estaremos lejos de conseguir lo que deseamos.

Una de las palabras prohibidas para la PNL es el NO.

Hemos reflexionado alguna vez en ¿porqué cada vez que me digo que no voy a hacer algo hago justo lo contrario? El clásico ejemplo es: no pienses en un gato, y pues bien, ¿qué hace nuestra mente? Justamente lo contrario, seguro que la imagen de un gato vino a tu cabeza…

La respuesta a esto está en que en primer lugar es que el no es una palabra abstracta y en segundo, que son tantos los no que escuchamos en nuestra vida que nuestra mente ya no la registra, por lo que la orden que sí escuchamos es justo lo que viene a continuación, así tu mente capta el mensaje contrario y lo cumple.

Esto es aún más categórico en los niños. Se dice que ellos escuchan alrededor de 80 no al día, esta es la explicación a porqué cada vez que le digo a mis hijos, ¡no saltes en el sillón! ¡no rayes la pared! ¡no corras! ¡no te pararás hasta que yo diga! ¡no llores más! Y así podría seguir enumerando miles de ejemplos, sucede justo lo contrario: los niños siguen saltando; rayaron la pared; corrieron incluso más veloz; se pararon de la silla; siguen llorando, etc.

¿Cuál es la solución?

Para comenzar a generar el cambio debemos eliminar la palabra NO de nuestro vocabulario. Tomen conciencia de la cantidad de veces que la dicen, de forma casi automática. Así la reemplazaremos por palabras como prefiero; por otro lado o de otra manera. Y si queremos que algo nos resulte o que los niños nos hagan caso, debemos dar la orden inversa correcta, en positivo y directa.

Ejemplos:

  • Clásico es cuando nos ponemos ponemos a dieta y pensamos, voy a ir a comer y no me voy a comer el pan ni voy a pedir postre. Pues bien, qué pasa en realidad: llegamos nos comemos el pan y nos pedimos el postre. ¿Cómo lo hacemos para poder cumplir con lo que deseamos? Debemos pensar: que rico, voy a ir a comer, me pediré una ensalada y un vaso de agua y lo disfrutaré. Hagan la prueba y verán que es mucho más fácil lograr lo que quieren.
  • Un niño va corriendo y en vez de gritarle ¡no sigas!, dile para, detente, camina, la orden que quieras que obedezca.
  • Les ha pasado que se despiertan con la corazonada de que algo malo les va a pasar y efectivamente pasan cosas indeseadas! Ahí la solución es en evocar imágenes de lo que queremos que nos suceda. Voy a salir, todo me saldrá bien, llegaré a tiempo a la reunión, lo pasaré bien, etc.
  • Los chilenos tenemos una frase clásica cuando nos sentimos un poco congestionados o con frío: “parece que me quiero resfriar” Ojo! Esa es la orden que le estás diciendo a tu mente y ésta ya se imaginó con fiebre, con miles de remedios, sintiéndote pésimo, y efectivamente, te resfrías. La próxima vez piensa que el malestar es pasajero y que mañana amanecerás sano.

 

Los invito entonces a empezar a tener un lenguaje impecable, a eliminar el No y a pensar y decir lo que deseamos y les aseguro que el resultado será maravilloso.

Paula Eugenia Fischer Levancini

Coach en Programación Neurolingúística

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Compartir versus competir y otras cosas

Estoy en México y siempre que estoy en este país me pasan cosas extrañas donde aprendo cosas nuevas que me aumentan las ganas de volver.

Estoy aquí lanzando mi reciente libro “oídos sordos” y ya en esta frase hay un nuevo aprendizaje que se lo debo a los periodistas mexicanos. Escribí recién mi reciente libro; hasta llegar aquí decía mi último libro y no me daba cuenta de lo que decía, hasta que una periodista que conozco hace años me reta al aire en su programa de radio y me dice “ no digas el último, porque decretas que no vendrá otro después, tienes que decir mi reciente libro”.

Y me dejó pensando tanto en el cómo el lenguaje marca y genera realidades y que somos tan poco conscientes de esa importancia que efectivamente cambié la forma de expresarme.

Después me toca hacer la presentación y Jorge Bucay generosamente decide acompañarme en ella, en un país donde él es tremendamente seguido, reconocido y querido y me muestra cómo se parecen las palabras “competir” y “compartir” pero también como apuntan a lugares tan distintos en las relaciones humanas.

Todo lo anterior me ha hecho pensar en el cómo estamos todo el día mandando mensajes a través de las palabras, que terminan formando realidades en nuestras cabezas y también en nuestro mundo emocional más cercano.

Decirnos por ejemplo, “amanecí fea(o)”, “estoy cansada(o)”, “la gente buena no existe”, “estamos en un mundo inseguro”, “no se puede confiar en nadie”, “esto…. No va a resultar”, etc.

Todas estas frases y muchas más, al final determinan nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos, movilizando nuestros afectos y también nuestros cerebros para generar “profecías autocumplidas” que al final nos hacen sentir de verdad más feos, más cansados y más desconfiados o negativos entre otras cosas.

Creo que así como me ayudaron a ver la diferencia entre decir mi reciente libro a decir mi último libro, los quiero invitar a revisar cada una de las palabras que decimos en el día, sobre todo aquellas que repetimos sin darnos cuenta como el “estoy cansada”, que sin duda es un clásico en los tiempos que corren.

Aquí me enseñaron de decir “hoy estoy menos cansada que ayer” y repetir eso cada vez que me lo pregunten y me he dado cuenta que efectivamente mi cuerpo responde distinto y casi podría decir que resulta. Esto debe ser lo mismo que le pasa a mucha gente con los mantras que repiten en el día y que determinan otros estados de conciencia.

Quiero humildemente invitarlos a revisar el lenguaje que usan todos los días y a realizar el acto de voluntad de modificarlo por palabras más positivas y vean que les pasa. Se sorprenderán de cómo se sienten diferentes y cómo sus realidades en la forma en que se miran o miran el mundo irán cambiando junto con ustedes.

Gracias al pueblo mexicano y a otros pueblos de Hispanoamérica que me enseñan tanto en las caminatas que realizo y por sobre todo al mío que me hace ser lo que soy.

Disfruten mi reciente libro y aprendamos a compartir y no a competir en este camino que nos lleva a estar menos cansados que ayer.

Extraído de www.pilarsordo.cl
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