¿Las palabras hieren más que los hechos?

Las palabras importan más de lo que podríamos imaginar. Investigaciones previas explican cómo nuestro vocabulario habla de nuestra personalidad, y de hecho, se ha demostrado que la forma en que escribimos y nos expresamos puede revelar datos sobre nuestra identidad y carácter.

Algunos creen que las acciones están estrechamente relacionadas con lo que una persona realmente quiere comunicar, es decir, que las personas actuamos con base en nuestros deseos inconscientes. Por esto, muchos opinan que “las palabras se las lleva el viento” y que, para poder comprobarlas, debe existir una muestra que sustente lo que se ha dicho.

Un ejemplo común puede verse en las relaciones de pareja. “Rodrigo dice que ama a Carla, pero ella no siente que sea así. Él no le envía mensajes de texto ni le trae flores, por lo tanto, se pregunta: ¿cómo puede realmente amarla pero no hacer ninguna de estas cosas? Seguramente, es solo palabrería”. 

Pero el lenguaje no es solo un conjunto de palabras asociadas a significados que heredamos y aprendemos social y culturalmente. En realidad, el lenguaje es, ante todo, una forma de comunicar y transmitir emocionesEs ahí donde incluso el tono y la expresión facial comunican.

Las palabras tienen un gran impacto en la mente de las personas, bien sean positivas o negativas, pueden dejar una huella difícil de borrar. No obstante, este efecto solo tendrá poder si las palabras vienen de una persona significativa para nosotros, como nuestra pareja, un familiar o un amigo.

A lo largo de la vida, es muy posible que recibamos comentarios desafortunados o incluso maliciosos. La mayoría de ellos van y vienen, y no dejan huella alguna en nosotros. Los que sí dejan marca y cicatriz son los que vienen de boca de seres queridos, es entonces cuando las palabras parecen herir mucho más que los hechos. 

Cuando el arma letal está en la boca

Paul Watzlawick, un célebre psicólogo austríaco experto en comunicación y lenguaje, enunció una interesante teoría a la que llamó «desconfirmación». En ella, se refleja el poder destructor de las palabras en la comunicación humana y las formas más comunes en las que el proceso comunicativo, a veces dañino, se lleva a cabo:

  • La desvalorización: en este tipo de comunicación, se hace uso de un determinado tipo de palabras que buscan disminuir el valor (o autoestima) de la persona. Se le quita importancia a todo lo que hace o dice, se usa un lenguaje que la desacredita y que le resta valor a toda su figura, a toda su esencia. Es algo realmente destructivo.
  • La descalificación: en este caso, lo que se busca no es desvalorizar sino «invalidar». Se va un paso más allá y aparecen frases como «no sirves para nada», «eres la persona más torpe del mundo», «no le llegas a la suela de los zapatos a nadie».
  • La desconfirmación: tipo de comunicación que puede llegar a anular por completo a una persona. Si en las anteriores definiciones quitábamos valor y humillábamos a alguien, aquí se procede a «ignorarla», lo que se traduce en una negación de sus necesidades básicas y deseos más profundos.

Muchas personas que afirman que estos golpes invisibles duelen mucho más que cualquier tipo de maltrato físico, y muchos preferirían una paliza antes que tener que soportar el duro impacto del maltrato psicológico.

Lo cierto es que, ante la interrogante de si las palabras son más dolorosas que los hechos, todo es relativo y depende de nuestra estructura emocional, es decir, de qué tan relevante es el lenguaje verbal en nuestra vida en comparación con las acciones. Desde luego, no puede negarse que el uso del lenguaje es fundamental para nuestra vida social y cultural, razón por la cual los psicólogos y psicolingüistas han estudiado ampliamente los procesos involucrados en hablar y escuchar, leer y escribir.

Otro objetivo especial ha sido comprender cómo las personas con antecedentes educativos y culturales distintos difieren en su uso del lenguaje, por ello, vale la pena tener en cuenta que todos empleamos conceptos y expresiones diferentes para comunicar nuestras ideas o sentimientos, y esto no siempre significa lo mismo para todos. De ahí la importancia de cuidar especialmente las palabras que elegimos y recordar que cada una de ellas puede conmover realmente la vida de alguien, ya sea para bien o para mal. 

 

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10 claves para convencer y persuadir a tus clientes

Persuadir a comprar o contratar nuestros servicios es una de las habilidades más relevantes para aumentar nuestras ventas. 

“No slo actuamos de acuerdo a cmo somos, (y lo hacemos), tambin somos de acuerdo a cmo actuamos. La accin genera ser. Uno deviene de acuerdo a lo que hace”. Rafael Echeverría

Es común escuchar a emprendedores y emprendedoras que señalan que no saben vender, que no tienen las competencias y que les complica enfrentarse a un cliente. Pero, ¿qu pasara si en vez de pensar en vender, piensas en “comunicar ideas para convencer y persuadir a otras personas”? Persuadir es influenciar o motivar a alguien con argumentos, a querer hacer algo que queremos, pero incitando a que la decisión sea tomada por sí mismo. 

Prueba las claves que te entregamos a continuación para potenciar tu actividad comercial. 

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1.    Gestionate tú primero

Para comunicar con efectividad es necesario entrenar las habilidades comunicacionales (hablar, escuchar, empatizar, entre otras). Preocúpate de cómo expresas tus ideas en cualquier momento, fíjate en las reacciones de los demás y crea un plan de acción para potenciar una habilidad por semana. 

2.    Conoce los beneficios y las debilidades de tu producto 

Debes manejar mejor que nadie esta información. Estudia a la competencia, tu propuesta de valor, las tendencias del mercado, datos de la contingencia, todo lo que se pueda transformar en un argumento de venta. 

3.    Estudia el perfil de tu cliente e identifica lo que hacen 

Si hay algo que seduce a cualquiera es que nos interesemos por ellos. Prepárate antes de tu reunión buscando información, y en la cita, realiza preguntas para obtener más detalles y usarlos a tu favor. 

4.   Demuestra que eres experto en lo que haces 

Mostrar una imagen especialista y profesional, es vital para dar una buena impresión. Recuerda elegir tus palabras, tu vestuario y los elementos de marketing para transmitir seguridad, seriedad y solidez. 

5. Hazlos sentir especial, se  amable y respetuoso

Concéntrate en la conversación con ese cliente. Sonríe, mira a los ojos y utiliza frases como: “que interesante lo que comentas”, “eso te debe hacer sentir orgulloso”, “me encantara que hiciramos negocios”. Demostrarle empata y curiosidad har que conecte an ms contigo. 

6.    Escucha activamente, haz silencio y apaga tus pensamientos 

Para conocer realmente a una persona debes escucharla poniendo atención en sus palabras, en su cuerpo y en su forma de hablar. Todo esto te aportará información. Desconéctate de tus juicios y enfócate realmente en la persona que está hablando. 

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7.    Sintoniza con cada persona y utiliza sus palabras

Repetir algunas palabras o frases que ha dicho tu cliente, sobre todo cuando describes características de tu producto, además de hacerle sentir que lo escuchaste, percibirá que han sintonizado. Esto le hará sentirse más en confianza contigo.

8.    Cuida tu lenguaje no verbal y paraverbal 

Seguro has escuchado que el 90% del impacto comunicacional es no verbal, por eso debes usar gestos que transmitan seguridad, expresiones faciales amables y posturas corporales que comuniquen confianza. Debes hacer énfasis en palabras claves, asentir continuamente, y evaluar si es válido usar tecnicismos o si debes usar un lenguaje más simple. 

9.    Comunica las cualidades de tu producto con emoción

El 80% de las decisiones que tomamos son estimuladas por alguna emoción, tal como lo señaló el Premio Nobel de Economía del año 2002, Daniel Kahneman. Puedes usar palabas que motiven como: “descubrir”, “inspirar”, “ganar”, “crecer”, entre otras; mencionar cmo tu producto o servicio solucionar el dolor de ese cliente. Recuerda transmitir entusiasmo al decir lo que haces. 

10. Muestra testimonios o evidencia 

    La frase “ver para creer” es ms que cierta, es por eso que obtn testimonios de otros clientes, resultados, fotografas y videos que demuestren la experiencia que ofrece tu servicio, o ten a la mano cuadros comparativos con servicios similares. Mientras más preparado estés, mejor impresión dejarás en tu cliente.

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Por supuesto, no puedes olvidar que no hay nada más persuasivo que una sonrisa. No menosprecies el poder de una sonrisa, ya que como descubrió Robert Provine: “la risa tiene menos que ver con chistes e historias divertidas y ms con la creacin de relaciones; slo el quince por ciento de nuestra risa tiene que ver con chistes” (Pease, 2006). 

Y recuerda que, si tú crees en lo que dices, sabes lo que haces y comunicas lo que sientes, estas a un paso de recibir el SÍ de tú cliente.

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7 Consejos para una comunicación saludable en cuarentena

No cabe duda que la mayoría de las personas nos encontramos afectadas emocionalmente por los efectos de la pandemia del Covid-19. La cuarentena, el distanciamiento físico, las videollamadas y las diversas realidades, tanto laborales como sociales, están generando fuertes cambios en las personas. No sólo a nivel corporal, por la falta de ejercicio físico; o emocional, por la constante incertidumbre; sino que, a nivel cognitivo, se dificulta la concentración y la capacidad de retención; por lo que las interacciones se han visto más desafiadas en el último tiempo. 

 

“He aprendido que las personas perdonarán lo que digas, que las personas perdonarán lo que hagas, pero que jamás perdonarán cómo les hagas sentir”. Maya Angelou 

 

Cuando las personas experimentamos situaciones como la actual, nos vemos sometidos a la labilidad emocional, a la intolerancia, a la desconfianza, a un aumento en la irritabilidad y a posturas defensivas. Si bien estas reacciones se encuentran dentro de lo esperado, en situaciones como éstas, debes ser consciente que para minimizar los roces, y evitar agregarte más estrés en tiempos de crisis, es recomendable que actives tu autoliderazgo, tus habilidades sociales y una mirada compasiva con los demás. 

 

Es por eso que, mantener una comunicación saludable con las personas que te rodean, se vuelve necesario para cuidar las relaciones sociales y tu propio bienestar psicológico. Pues, no podemos perder de vista que: “una de las funciones ms importantes del vnculo social es proporcionar apoyo social en momentos de estrés, aflicción y trauma. El apoyo social puede ser tangible, emocional e informativo” (Lyubomirsky, 2008). 

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Te compartimos 7 consejos que puedes aplicar diariamente para comunicarte de manera saludable en tiempos de pandemia. 

  

1. Activa tu empatía 

Comprender que, tanto tú como los otros, pueden estar afectados por la contingencia, implica que debes ser más paciente, pero también interesarte realmente por la otra persona. Es momento de escuchar con el corazón y centrarte 100% en quienes te rodean. 

 

2. Utiliza la asertividad 

Ser asertivos significa que podemos manifestar lo que sentimos o pensamos, pudiendo estar o no de acuerdo con la otra persona, pero siempre lo haremos desde el respeto, sin pasar a llevar los derechos del otro; ni mucho menos, ser agresivos con nuestro lenguaje. Al usar la asertividad podrás decir lo que consideres en el momento oportuno, a la persona oportuna, en el lugar oportuno y de una forma oportuna. 

 

3. Conecta y sintoniza sinceramente 

El Rapport es una técnica de la Programación Neurolingüística que facilita la conexión entre personas. Puedes usar estratégicamente algunas palabras 

dichas por su contraparte o reforzar sus ideas. Del mismo modo, puedes asumir sutilmente posturas corporales y gestos similares, para que el cerebro de la otra persona se vea reflejado e identificado contigo; y así, empatizar. 

 

4. Prefiere la concesión y evita la confrontación 

En el caso que debas rebatir algún planteamiento, te sugerimos evitar frases como: “No, no tienes razn”, y preferir oraciones tales como: “S, ¿y si probramos tambin con…? Mientras ms inteligencia emocional apliques, disminuirs tu estrs e incrementars tus vnculos sociales. 

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5. Chequea y regula tus emociones 

Sobre todo, antes de iniciar una conversación difícil, tómate unos minutos para reconocer qué estas sintiendo, qué está expresando tu lenguaje no verbal y cuál es la disposición que tienes en ese momento. Inhala y exhala profundo si requieres calmar tu mente, tu cuerpo y tus emociones; y luego, decide una actitud positiva para comenzar a dialogar. 

 

6. Se consciente de lo que estas expresando 

Una vez que seas consciente de tus emociones, observa con atención el color de las palabras que estás usando, prefiriendo un lenguaje respetuoso y amable. Además, visualizando si tu corporalidad está demostrando algún gesto de tensión en el cuerpo o en el rostro. 

 

7. Disminuye factores estresores 

Ya sea en la comunicación presencial o virtual, podemos vernos afectados por otros estímulos externos o condiciones desfavorables para la interacción, verifica si puedes eliminar estos distractores, o transparenta con tu contraparte lo que está ocurriendo. Mientras más honesto somos en una conversación, más empatía generamos en las otras personas. 

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La Psicología Positiva ha demostrado, en innumerables estudios que, mientras más relaciones sociales tenemos y de mejor calidad, nuestra autoeficacia aumenta, nuestros pensamientos son más positivos, crece nuestro compromiso y nos volvemos más efectivos en nuestra comunicación. 

Al interesarnos realmente por las personas, nuestras competencias comunicativas y nuestros recursos personales, estarán al servicio de construir relaciones más empáticas, en las que el bienestar y la satisfacción de ambas partes, tienen el mismo valor. 

 

 

Sonja Lyubomirsky, La Ciencia de la Felicidad, Ediciones Urano, Barcelona, 2008  

 

 

Extraído del Blog de UNIVERSIDAD DEL EMPRENDEDOR – SIMÓN DE CIRENE

 

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CORPORACIÓN CULTURAL DE LAS CONDES ADHIERE AL DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO

Jueves 23 de abril

  • En su programa #QuedateEnCasa de www.culturallascondes.cl presenta audiolibro, cuentacuentos y taller de origami para niños.

 

  • También se encuentra disponible el Archivo Patrimonial de Catálogos de las exposiciones realizadas por la institución desde los años 60.

 

 

Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez”.

 

“Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas. Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuán hermoso podía ser también el lenguaje humano”.

 

Con estos fragmentos escogidos de Un viejo que leía novelas de amor (1989), del escritor chileno Luis Sepúlveda -fallecido recientemente en España víctima del Coronavirus-, la Corporación Cultural de Las Condes adhiere a la celebración del Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor, que se conmemora este jueves 23 de abril en todo el mundo.

 

En estos tiempos de cuarentena, los libros cobran un significado especial. Se convierten en nuestros tesoros más preciados y nos permiten seguir soñando con la vida y las costumbres que nos parecen detenidas.

 

Por ello se ha preparado, en el marco del programa #QuedateEnCasa, dos actividades de fomento lector para niños en el sitio web www.culturallascondes.cl:

 

  • Se presentará el audiolibro Bimbo, un tigre blanco en una selva de tigres amarillos, de la autora brasileña radicada en Chile Roberta Melo dos Santos, quien transmite un mensaje de esperanza a niños y adolescentes que han sufrido experiencias de segregación social, de falta de oportunidades y de bullying o acoso escolar.

 

  • La cuentacuentos Paulina Jéldrez narrará el cuento Winnie en invierno, de Korky Paul y Valerie Thomas, y además enseñará a confeccionar en origami un marcador de libros.

audiolibro

Además, se encuentra disponible en línea, para descargar y leer, el Archivo Patrimonial de Catálogos de las exposiciones realizadas por la Corporación Cultural de Las Condes, desde 1962 en adelante.

Biblioteca Centro Cultural Las Condes

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Qué dice tu lenguaje corporal sobre ti

La comunicación no verbal muchas veces pasa desapercibida y le restamos importancia cuando en realidad nos ofrece mucha información acerca de nuestro interlocutor.

Las empresas la utilizan mucho en las entrevistas de trabajo para obtener información no verbal del candidato sin que éste sea consciente.

El lenguaje corporal tiene una gran influencia también en nuestras relaciones sociales. Nos pueden llevar a ser una persona de mucho éxito entre nuestro círculo de amigos y familiares y por el contrario nos pueden alejar de ellos.

 

¿Qué es el lenguaje corporal?

Llamamos lenguaje corporal al conjunto de gestos, posturas y movimientos de nuestro cuerpo que realizamos de forma inconsciente para trasmitir información, normalmente todo este conjunto de comunicación no verbal indica nuestras emociones o estado emocional.

A continuación te presentamos algunas formas de lenguaje corporal:

1-Cruzarse de brazos

Puede indicar que estás a la defensiva o que no estás de acuerdo con lo que estás escuchando, op lo que te están comunicando otras personas.

2-Tocarse o frotarse la nariz

Puede significar que la persona miente, o que muestra rechazo hacia lo que escucha o está trasmitiendo.

3-Morderse las uñas

Este hábito puede mostrar estrés, ansiedad e incluso inseguridad.

4-Contacto visual

Indica que eres una persona de fiar y abierta. Aunque el contacto visual prolongado puede llegar a molestar y puede indicar que estás mintiendo a esa persona y no deseas ser descubierto.

5-Cabeza alta y barbilla hacia delante

Denota agresividad y poder

6-Manos en las caderas

Puede interpretarse como agresivo pero también es una señal de autoconfianza y seguridad

7-Golpear con la punta de los dedos en la mesa

Este gesto denota impaciencia o aburrimiento

8-Manos en las mejillas

Indica que la persona está considerando algo o está perdido en sus pensamientos

9-Entrelazar los dedos

Puede ser una señal de incomodidad o de estrés

10-Cruzarse de piernas

Significa que te encuentras a la defensiva y que no estás abierta a la situación o conversación

11-Apretar los labios

Denota que no te gusta lo que estás escuchando. Es un gesto de desaprobación

12-Fruncir el ceño

Indica disconformidad con lo que se está diciendo o con la situación que se está viviendo

Las siguientes posturas son más “positivas” por lo que te animamos a practicarlas conscientemente hasta que ya sean naturales en ti:

1-Mantener una postura relajada y con los brazos a los lados del cuerpo indica seguridad y autoconfianza

2-Sonreír mucho

Se interpreta como que eres una persona que busca que confíen en tí, si además la risa es conjunta con tu interlocutor, significa que estás interesado en la conversación

3-Sentarse con las piernas separadas indica una actitud dominante y relajada a la vez

4-Asentir con la cabeza tiene una connotación positiva e indica que se está de acuerdo con lo que se escucha

5-Palmas de las manos abiertas

Indica honestidad y lealtad.

6-Puntas de los dedos unidas

Indica confianza y seguridad

Es importante saber que si sólo analizamos el lenguaje no verbal podemos fallar en nuestras interpretaciones. Debemos analizar todo el contexto de la situación y tener en cuenta otros factores o indicadores que nos corroboren el lenguaje no verbal antes de sacar alguna conclusión.

Fuente: yourdictionary.com

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

www.facebook.com/InstitutoDraco

 

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Ayudar a los demás pensándolos bien

La escritora y pedagoga Nora Rodríguez recuerda en su ensayo Educar para la paz algo rotundamente medular en la experiencia humana. A pesar de su condición extraordinaria, rara vez es ensalzado como se merece: «Pocas veces o nunca se tiene en cuenta que, desde edades muy tempranas, a los seres humanos nos hace increíblemente felices ayudar a los otros».  No solo eso, encontramos mucha más delectación en dar ayuda que en recibirla, porque en el mundo de los afectos lo que se da no se pierde ni se desintegra en la nada, si no que retorna multiplicado mágicamente. No hay noticia más plausible y más enorgullecedora para cualquier persona que saber que los seres humanos encontramos profundas y voluminosas gratificaciones sentimentales inclinándonos a ayudar a los demás a construir bienestar en sus vidas. Es un hallazgo tan esencial que todos los días deberíamos repetírnoslo como un salmo. Por supuesto, después de enunciarlo con orgullo antropológico tendríamos que intentar practicarlo, interiorizarlo y domesticarlo en la sensibilidad y aprenderlo en la cognición. Es una obviedad aristotélica, pero aquello que consiste en hacer solo se aprende haciéndolo. La autora de Educar para la paz explica a lo largo de las páginas de la obra que el cerebro es un órgano que desarrolla sus estructuras a través de interacciones con las alteridades. Cita al neurocientífico Jonh Cacioppo para subrayar que «los seres humanos crecemos, aprendemos y nos desarrollamos en grupo». A Francisco Mora le he leído y escuchado insistir una y otra vez en que si queremos ser excelentes en una tarea, es nuclear que nos juntemos con aquellos que ya son excelentes en esa tarea. Aprendemos haciendo e imitando lo que hacen aquellos que son significativos para nosotros. Esta contaminación ambiental no solo es emancipadora, también puede tomar la dirección contraria y devenir en peligrosamente jibarizadora, posibilidad que debería animarnos al fomento de la reflexión y el discernimiento. A los padres que les preocupan las notas de sus hijos, José Antonio Marina les advierte que entonces se preocupen por las notas de los amigos de sus hijos. A pesar de que paradójicamente, como afirmaba el añorado Vicente Verdú, «el individualismo se ha convertido en un fenómeno de masas», el sentido de la experiencia humana se condensa y se experimenta en nuestra condición de existencias al unísono. No somos existencias insulares, tampoco colindantes, ni muchos menos adosadas. Somos existencias corales.

Es fácil sintetizar toda esta peculiaridad de la socialidad humana afirmando coloquial y aforísticamente que lo que más nos gusta a las personas es estar con personas. Las estadísticas sobre hábitos de ocio señalan reiteradamente que la actividad más apetecible para los entrevistados en su tiempo no retribuido es quedar con los amigos. Es puro activismo de la amistad. Existe un término muy bonito para definir esta práctica tan profundamente arraigada en el rebaño de hombres y mujeres. Cuando quedamos con alguien y nos encontramos y nos intervenimos recíprocamente sobre los afectos a través de tiempo y actividad compartidos, estamos experimentando la confraternidad. Festejamos mutuamente nuestra filiación humana, y al festejarla el individuo que somos (y somos individuo porque somos indivisibles) se va singularizando. La individuación, que no el individualismo,  solo es posible gracias a la interacción con el otro que facilita que el sujeto que somos se singularice. Los filósofos griegos vislumbraron esta interdependencia y entendieron pronto que para ser persona era indefectible ser antes ciudadano. La progresiva y escandalizable disipación de lo común en nuestros imaginarios hace que esta afirmación resulte cada vez más ininteligible. Es tremendamente paradójico que solo podamos subjetivarnos gracias a que no estamos solos. La presencia del otro me hace ser yo, la presencia del otro me impide ser nadie. Casi siempre se relee esta presencia en forma negativa. Ahí está el célebre apotegma de Sarte apuntando que el infierno son los otros. Es sencillo argüir que el infierno es una vida en la que no hay otros. Cito de memoria, y por tanto seré inexacto, pero recuerdo que Verdú definía la felicidad como esa sustancia que se cuela entre dos personas cuando interactúan afectuosamente entre ellas. La felicidad no es un estado, no crece en la yerma soledad, sino que brota en el dinamismo compartido.

Justo mientras bosquejo este texto escucho en la radio una entrevista a Laura Martínez Calderón. Después de recorrer junto a Aitor Eginitz durante diez años el planeta Tierra en bicicleta, ha literaturizado la experiencia de los tres primeros años, centrados en Asia, China, Asia Central, Irán y África, en un libro titulado El mundo es mi casa. La autora comenta que de su nomadismo planetario le han llamado la atención sobre todo dos cosas. La primera es la cantidad de gente buena que hay por todos lados. La segunda es advertir la ideas absolutamente absurdas y prejuiciosas que tenemos sobre las personas que habitan en lugares remotos y culturalmente disímiles (y el sinsentido y aversión que la expeditiva aporofobia acrecienta si además sus poblaciones son pobres, añado yo). No es peregrino recordar aquí que somos ocho mil millones de habitantes en el planeta Tierra y, a pesar de la hiperconexión que permite el mundo pantallizado, el número de vínculos sólidos que mantenemos con los demás por muy elevado que sea siempre rozará el patetismo en comparación con semejante y apabullante guarismo demográfico.

Recuerdo una exposición científica a la que acudí hace unos años. Uno de los espacios trataba de mostrar con clarividencia nuestra visión prejuiciada y estereotipada de los demás. Se habían colocado dos pantallas digitales frente a frente en mitad de un diáfano y angosto pasillo. En una de las pantallas se emitía la grabación en video de un chico madrileño vertiendo opiniones de Bogotá y sus habitantes. En la pantalla de en frente, un chico bogotano discurseaba sobre la idiosincrasia de Madrid y los madrileños. Lo estrecho del pasillo hacía que ambas imágenes y sus voces chocaran en el espacio de tránsito, pero simbolizaba perfectamente la estrechez de miras de los interlocutores. Todo lo que argumentaban ambos sujetos asomaba contaminado de tópicos y prejuicios sobreconstruidos a través de la mediación de un lenguaje nacido de la propaganda, la infobesidad, el monocultivo de clichés prefabricados, la anorexia discursiva y nominativa que supone el hablar por hablar, puro consumismo lingüístico que propende a la banalización y la fruslería.

La idea basal del experimento interpelaba a la autocrítica y al cuestionamiento de nuestra hermeneútica. Si alguien de otro lugar afirma semejantes frivolidades y superficialidades de nosotros, es más que probable que a nosotros nos ocurra lo mismo, que empleemos prácticas discursivas análogas cuando hablamos de lugares y personas de los que no tenemos conocimiento suficiente como para construir una opinión y menos aún para ponerla a circular por el espacio público. Nos relacionamos con la otredad tanto próxima como distal desde la abstracción que permite el lenguaje. Por eso es tan sustancial ser cuidadosos con lo que decimos, nos decimos, nos dicen y decimos que nos han dicho. Nos relacionamos con el otro a través de prácticas lingüísticas. Muchas de esas prácticas nos llegan mediadas políticamente por intereses velados y contrarreflexivos. Admitir la propia ignorancia, o la presencia antioxidante de la duda, es fundamental para que nadie nos la mezcle con miedo y logre que nuestros sentimientos destilen odio al que no conocemos de nada. Ayudamos al otro cuando nos cuestionamos y reflexionamos críticamente sobre el acto del lenguaje con el que lo construirmos y lo pensamos. Es una forma inteligente de autosalvaguardia. Instauramos una lógica para que ese otro se interpele cuando nos construya y nos piense a nosotros. Y hable o calle en función del resultado.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Foto portada: Fotografía de Serge Najjar

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Negociar es ordenar los desacuerdos

Negociar es el arte de ordenar la divergencia. Cuando dos o más actores negocian, no tratan de eliminar el disenso, sino de armonizarlo en una determinada ordenación para construir espacios más óptimos. Negociar es una actividad que se localiza en el instante en que se organizan los desacuerdos para dejar sitio a los acuerdos. En El triunfo de la inteligencia sobre la fuerza (ver) expliqué el dinanismo de toda negociación, que sustancialmente es el proceso que inaugura la civilización humana: utilizar una tecnología para que las partes se hagan visibles (el lenguaje), invocar una ecología de la palabra educada y respetuosa (diálogo) y urdir tácticas inteligentes para concordar la discrepancia (argumentación). Una de las primeras reglas axiomáticas en conflictología señala que los conflictos son consustanciales a la peripecia humana, y por lo tanto es una tarea estéril aspirar a su extinción. Pero otra de esas reglas afirma que no se trata de erradicar la existencia del conflicto, sino de solucionar bien su irreversible emergencia. Un conflicto solo se soluciona bien cuando las partes implicadas quedan contentas con la resolución acordada. En la jerigonza corporativa se emplea la expresión ganar-ganar para explicar en qué consiste un buen acuerdo bilateral, pero es un recurso dialéctico que a mí me desagrada porque esgrime la dualidad ganar-perder inserta en el folclore de la competición. Si utilizamos imaginarios competitivos inconscientemente inhibimos los cooperativos. Una negociación no estriba en ganar, sino en alcanzar la convicción mutua y recíproca de que las partes en liza han levantado el mejor de los escenarios posibles para ambas. Gracias a este convencimiento uno se puede sentir contento. Parece una trivialidad, pero es este impulso afectivo el que dona reciedumbre a cualquier proceso negociador. Y perennidad a lo acordado.

En una negociación no se trata solo de alcanzar un acuerdo, sino sobre todo de respetar el acuerdo alcanzado. Para lograr algo así es imperativo salvar permanentemente la cara al otro. Esta maravillosa expresión la acuñó Erving Goffman, el padre de la microsociología. Se trata de no acabar nunca un acuerdo con una de las partes dañada en su autoestima. Es difícil alcanzar una resolución cuando en el decurso de hallarla los actores se faltan al respeto, señalan aquello que degrada a la contraparte, son desconsiderados con cada propuesta, enarbolan un léxico y una adjetivación destinada a depreciar o directamente destituir la dignidad del otro. Hace unos días una buena amiga compartió en las redes un antiguo texto de este Espacio Suma NO Cero del que yo me había olvidado por completo. Para publicitarlo entresacó una frase que es la idea rectora de este artículo: «No podemos negociar con quien pone todo su empeño en deteriorar nuestra dignidad». Me corrijo a mí mismo y admito que sí se puede negociar con quien se empecina en devaluarnos, aunque convierta en inaccesible pactar algo que sea a la vez valioso y longevo. Cuando una parte libera oleadas de palabras con el fin de lacerar el buen concepto que el interlocutor tiene sobre sí mismo, se complica sobremanera que el damnificado luego coopere con él. Dirimir con agresiones verbales las divergencias suele ser el pretexto para que las partes se enconen, se enroquen en la degradación adversarial, rehúyan cualquier atisbo de acuerdo.

Es fácil colegir que nadie colabora con quien unos minutos antes ha intentado despedazar con saña su imagen, o se ha dedicado a la execración de su interlocutor en una práctica descarnada de violencia hermenéutica: la violencia que se desata cuando el otro es reducido a la interpretación malsana del punto de vista del uno mismo. El ensañamiento discursivo (yo inventé el término verbandalismo, una palabra en la que se yuxtapone lo verbal y lo vandálico, y que significa destrozar con palabras todo lo que uno se encuentra a su paso) volatiliza la posibilidad de crear lazos, de encontrar puntos comunes que se antepongan a los contrapuestos. Para evitar la inercia de los oprobios William Ury y Roger Fisher prescribieron la relevancia de separar a las personas del problema que tenemos con esas personas. Tácticas de despersonalización para disociar a los actores del problema que ahora han de resolver esos mismos actores. En este proceso es necesario poner esmero en el lenguaje desgranado porque es el armazón del propio proceso. Yo exhorto a ser cuidadosos con las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. La filósofa Marcia Tiburi eleva este cuidado a deber ético en sus Reflexiones sobre el autoritarismo cotidiano: «Es un deber ético prestar atención al modo en que nosotros mismos decimos lo que decimos». Esa atención se torna capital cuando se quiere alcanzar un acuerdo.

En el ensayo Las mejores palabras (actual Premio Anagrama de Ensayo), el profesor Daniel Gamper recuerda una evidencia que tiende a ser desdeñada por aquellos que ingresan en el dinamismo de una negociación: «Si de lo que se trata es de alcanzar acuerdos duraderos, entonces no conviene insistir en aquellos asuntos sobre los que sabemos que no podemos entendernos». Unas líneas después agrega que «los términos de la coexistencia no pueden ser alcanzados si todo el mundo insiste en imponer su cosmovisión a los otros». Justo aquí radica la dificultad de toda negociación, que a su vez destapa nuestra analfabetización en cohabitar amablemente con la disensión. Si negociamos con alguien y alguien negocia con nosotros, es porque entre ambos existe algún gradiente de interdependencia. La interdependencia sanciona que no podemos alcanzar de manera unilateral nuestros propósitos, y que pensarse en común es primordial para construir la intersección a la que obliga esa misma interdependencia. Este escenario obliga a ser lo suficientemente inteligente y bondadoso como para intentar satisfacer el interés propio, pero asimismo el de la contraparte, precisamente para que la contaparte, a la que necesitamos, haga lo propio con nosotros. Contravenir este precepto es ignorar en qué consiste la convivencia.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

 

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Medicina lingüística: las palabras sanan

En un mundo que aconseja reiteradamente el cuidado de la imagen, yo abogo por el cuidado de las palabras en sus tres grandes disposiciones: las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. Deberíamos acentuar un escrúpulo más acendrado a la hora de decantarnos en la elección de palabras, puesto que literalmente nos va la vida en ello. Somos seres narrativos, nuestra biografía son eventos esparcidos por los días que hilvanamos a través de un relato que nos vamos contando a nosotros mismos para introducir sentido y memoria en esa amalgama de sucesos. A Ulrich Beck le leí que no siempre coincide la historia de nuestra vida, entendida como cadena de acontecimientos reales, con nuestra biografía, que es la forma narrativa con la que escribimos esos acontecimientos en nuestro entramado afectivo.  Me alío junto a Emilio Lledó cuando en Elogio de la infelicidad postula que «en el habla se coagula nuestra intimidad, la mismidad que buscamos». La trama literaria en la que nuestra historia muda a biografía y nos va configurando como una entidad empalabrada modula nuestro estilo cognitivo y afectivo, y ambos el repertorio de nuestras accciones y omisiones, que nos van esculpiendo una existencia con su buril invisible.  Somos una corporeidad amenizada de palabras.

En su libro, hasta hace unos meses inédito, Extravíos, el atribulado aunque cáustico Emil Cioran afirma en uno de sus brillantes aforismos que «en cada uno de nosotros yace un profeta. La obsesión del futuro, que nos lleva a intervenir en la realidad para alterarla, vierte un falso contenido en las sensaciones del presente». Opino más bien que en cada uno de nosotros habita un novelista con el cometido de anotar lo que nos acontece para que nuestro pasado, presente y futuro respiren al unísono. Nos pasamos la vida relatándonos a nosotros mismos, contándonos nuestras peripecias y otorgando un sentido al cúmulo de días en los que se aglutina la eventualidad de vivir. El doctor Oliver Sack, célebre por su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, comentaba que cada persona se narra a sí misma la historia de su vida todo el tiempo. En Experimentos con la verdad, ese cazador de coincidencias que es el gran Paul Auster repasa su trayectoria y alude a sus primeros años de escritor recordando que en aquella época «me analizaba a mí mismo como si fuera un animal de laboratorio». Rimbaud resumió este malabarismo de recursividad mental con un tan contundente como enigmático «yo es otro». Dentro de nosotros se aloja un huésped con el que nos encanta hablar. En mis ensayos aparece repetida de forma totalmente deliberada mi definición acientífica de alma que conexa con esta imagen verborreica. «El alma es esa conversación que mantenemos con nosotros mismos a todas horas contándonos lo que nos ocurre a cada segundo». Lledó de nuevo susurra con su prosa envolvente que «en las palabras sabemos decirnos aquellos momentos en los que hemos sido algo más que el aire que se llevan los días». Las palabras dan vida a la vida vivida. En las palabras resucita el ayer digno de resurrección. La invención de la forma verbal del futuro logra que las palabras den ensoñadora morfología a lo que está por venir.

El lenguaje no solo describe el mundo, también lo crea. En la dilucidación y discriminación de la palabra que vamos a emplear y en cómo vamos a pronunciarla se encapsula el ser en cuya transitoriedad habitamos. Gozamos de plena soberanía para escoger qué palabras serán las que nos expliquen quiénes somos y en qué consiste nuestra instalación en el mundo. Se minusvalora la impregnación de nuestro lenguaje en la volatilidad anímica y afectiva, pero cada palabra que sale para afuera nos revela indicios de quién habita y cómo de la piel para dentro, y cada palabra que se adentra al interior desde fuera provoca mutaciones allí donde se aposenta. Es aquí donde el verbo alberga capacidad medicinal. El término medicina lingüística se lo leí hace tiempo a Dylan Evans en su obra Emoción. La ciencia del sentimiento.  «Hablar acerca de nuestros sentimientos funciona como una válvula de seguridad que permite la salida del vapor excedente de una tubería obstruida». Las palabras confieren efectos medicinales cuando son compartidas. Como apunta el propio Evans, «desahogarse significa hablar de emociones (sic) desagradables con el fin de hacerlas desaparecer». El lenguaje es una herramienta muy poderosa para inducir sentimientos, pero también lo es para contrarrestar aquellos que nos ulceran. El autosabotaje o la estabilidad de la autoestima se labran en el armamentario verbal con el que nos indagamos, nos retratamos y nos pronosticamos. Hay palabras hirientes, lesivas, vejatorias, lancinantes, jibarizadoras, pero asimismo las hay redentoras, lenitivas, analgésicas, energizantes, reparadoras, ansiolíticas. Podemos encontrar todo un repertorio lingüístico que correlaciona con la farmacopea destinada a la sanación del alma.

Siendo niño me llamaba mucho la atención el bálsamo bíblico en el que se demandaba la llegada del lenguaje porque «una palabra tuya bastará para sanarme». Entonces no lo entendía, pero ahora sé que la palabra permite la intersubjetividad, y es esa intersubjetividad la que acaricia y ayuda a sanar la subjetividad cuando está enferma o afligida. Los sentimientos fecundados por una situación adversa, una expectativa derrumbada, un momento de flaqueza en el que nos desencuadernamos, o la irrupción de un acontecimiento aciago (un acontecimiento es un suceso que interrumpe la cadencia de lo ordinario), pueden ser transformados o revertidos gracias al poder restaurador del lenguaje. Los sentimientos se elicitan pero también se derogan con la presencia de los argumentos. Aunque en el título de este artículo afirmo que las palabras sanan, no es exactamente así. No nos curan las palabras, sino los argumentos cuya argamasa está hecha de ellas. Los argumentos poseen capacidad sanadora, como si en su interior semántico llevaran un ungüento milagroso. Oyente y hablante se ensamblan curativamente a través de una siderurgia discursiva.  El ser que estamos siendo conecta con el otro, que es un ser que también está siendo, merced a la palabra, que es la síntesis en donde palpita la vida compartida. Sanan las palabras eslabonadas en el zigzagueo de los argumentos con los que acompañamos a nuestro interlocutor, o él nos acompaña a nosotros. A pesar de que llevo muchos años estudiando su mecanismo, me sigue maravillando la evidencia empírica de cómo la publicidad de la pena atenúa la pena. Es obvio que para publicitarla no nos queda más remedio que encajonarla en un léxico y en una sintaxis. De repente, el oyente deviene en una especie de curandero lingüístico. Cura la palabra expresada, pero sobre todo cuando es palabra escuchada. Hay algo rotundamente contradictorio en este apoteósico dinamismo. La pena al verbalizarse y compartirse se encoge, pero la alegría empalabrada y compartida se expande. Sentimentalmente, hablar siempre sale a cuenta.

Extraido de espaciosumanocero.blogspot.com

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Foto portada: Obra de Alyssa Monks

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Los lenguajes del amor, ¿cuál es el de tu hij@?

  • “Maria está rara, la siento enojada y distante. Ella dice que no la queremos. No entiendo que le pasa porque le he comprado la muñeca que tanto quería y le digo que la amo todo el tiempo”.

Eso me dijo una mami que solicito una consulta conmigo hace unos meses. Luego de hablar con ella e indagar sobre posibles cambios de importancia en la dinámica familiar o si había sucedido algún acontecimiento que pudiera haber herido a Maria me di cuenta que el problema era que la mamá  había tomado un trabajo extra ese mes y por lo tanto en lugar de pasar las mañanas con Maria la llevaba a la casa de su abuela para que esta la cuidara. Lo que a la nena le pasaba era que extrañaba tiempo de calidad con su madre, esos momentos de juego y conexión que no necesariamente debían ser salidas costosas ni planes muy elaborados. Le expliqué a esta mami que según todo lo que me habia contado el lenguaje de amor principal de Maria era el tiempo de calidad, entonces aunque la llenara de juguetes y de “te quiero” Maria no se sentía amada.

Qué es esto de los lenguajes del amor?

El Dr. Gary Chapman ha escrito una serie de libros sobre los lenguajes del amor enfocados en primera instancia a mejorar y fortalecer las relaciones de pareja y hace muy poco publicó una versión adaptada para los niños. Los enlaces de los libros los encontraras al final del articulo.

Según Chapman, existirían 5 lenguajes del amor. Reconocer y tomar conciencia de cual es el predominante en nuestros hijos será de gran utilidad para mejorar y afianzar las relaciones con ellos, ya que según este autor cada persona tiende a expresar su amor y prefiere recibirlo de maneras concretas y diferentes.

Los cinco lenguajes de amor que existen según Chapman son:

1. Palabras

Cuando del amor se trata las palabras si que tienen gran poder para hacernos sentir amados. Aunque quizás seas de los que piensan que a las palabras se las lleva el viento y que las acciones son mas importante tienes que saber que para muchas personas recibir estas afirmaciones positivas es elemental para sentirse amados. Estas palabras o frases verbalizadas (“te quiero”, “eres importante para mi”, “tu opinión es valiosa”, “me encanta estar contigo”, “siempre te voy a amar”) nutren el sentido interno de valía y seguridad del niño y aunque sean fugaces, no se olvidan pronto y algunas nunca se olvidaran que los beneficios de las afirmaciones positivas en los niños pueden durar toda una vida.  El autor recomienda usar frases directas y simples pero que sean creíbles para la persona que lo recibe y para ello es indispensable sentirlo de verdad

2. Tiempo de Calidad

Vivimos a las apuradas, con mil pendientes y a veces llegamos tan agotados a casa que nos quedamos como zombies frente al móvil  y mientras los niños comparten sus ideas o inquietudes los miramos de reojo y contestamos con monosílabos. Esto muchas veces genera desconexiones y, como en el caso de Maria, sentirse poco querido. Es importante saber que si el lenguaje predominante de tu hijo o hija es este, el compartir tiempo de calidad no tiene que ver con grandes salidas o planes muy lujoso sino con el disfrute y la plena consciencia de compartir un espacio y un acontecimiento con nuestro retorno sin prisas ni apuros y escuchando con verdadera atención, sin distracciones. El tiempo de calidad es uno de los regalos mas valiosos que un padre puede darle a sus hijos.

3. Regalos

Hay regalos que expresan mucho amor, dedicación y cariño por ser creados a mano o comprado con esfuerzo, pero lamentablemente este simbolismo de expresar amor mediante un regalo se ha perdido en nuestra sociedad consumista. Por eso no debemos confundirnos aquí: un niño cuyo lenguaje de amor predominante es este no se sentirá amado si le compramos juguetes y regalos todo el tiempo porque estos regalos tienen que ver con la forma en la que ellos se sienten cuando uno les hace un obsequio y no con el regalo en si, por ejemplo: regalarles un collar que usamos mucho y a ellos también o regalarles una espada de pirata hecha a mano. Para muchos padres los dibujos de los hijos o las fotos son los regalos mas preciados, memorables y hermosos que podamos recibir y de eso se trata este lenguaje de amor.

4. Actos de servicio

El masajito que nos piden cuando están cansados, o acercarles el vasito de agua por la noche o que los ayudemos a arreglar algún playmobil son los actos de servicio que tendrán gran valor si tu hijo o hija presenta este lenguaje del amor como el mas sobresaliente. Ellos no están buscando que seamos sus sirvientas o hagamos sus tareas sino que es la forma en la que ellos piden reafirmar el amor. Si el lenguaje de amor principal de tu hij@ son actos de servicio, no quiere decir vivir esclava de sus peticiones sino el estar extremadamente atenta y sensible a esas solicitudes y para darnos cuenta cuando detrás de estas hay un pedido de cariño.

5. Contacto físico

La manera por excelencia de comunicar amor es por medio de abrazos, besos y caricias. Sobre todo en bebés y niños pequeños que se muestran especialmente abiertos a darlos y recibirlos. Si tu hijo presenta este lenguaje de amor como el más predominante, el contacto físico comunicará de manera  más profundamente el amor que sientes por ellos que las palabras, los regalos o el tiempo de calidad y aunque el amor se recibe de diferentes formas el medio que mas les llega son los abrazos, besos, mimos y otras formas de contacto más lúdicas que si faltan provocarán una bajada en el nivel de combustible de amor de estos pequeños.

Sin embargo hay muchos detalles que tenemos que tener en cuenta para poner en practica lo que Chapman nos enseña y que tienen que ver, por ejemplo, con la edad del niño y con aspectos como el tipo de palabras, regalos y actividades que deberíamos escoger. Por eso recomiendo ampliamente su libro del que les dejo un enlace a continuación. Honestamente para esta pieza literaria la relación precio/calidad es espectacular (esta en promoción a 3,60) y como saben nunca recomendaría algo que no he leído o que no considero que se enmarque dentro de la crianza respetuosa y consciente. A disfrutar esta lectura!

Accede al libro en Amazon haciendo click en la siguiente imagen:

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Si quieres afianzar los lazos con tu pareja en estos momentos en los que la maternidad y la paternidad pueden distanciarnos un poco te recomiendo su otro libro (haz click en la imagen a continuación):

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Ana Acosta Rodriguez, Mama Minimalista

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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EL COACHING ESTÁ ORIENTADO AL FUTURO Y LLEVA A LA ACCIÓN PARA CONSEGUIR EL CAMBIO

Entrevista a Elena Espinal, Master Coach

“Los seres humanos nos olvidamos de que somos seres de manada; el lenguaje inventó el yo, que quiere decir no tú”. La afirmación pertenece a la Dra. Elena Espinal pionera en el uso y la creación de la cultura del Coaching Ontológico en diversos países latinoamericanos, así como de la popularización de la implementación del mismo para procesos de cambio en grandes organizaciones. Durante su última visita a Chile, Mundo Mujer tuvo el privilegio de acceder a una entrevista con esta master coach, reconocida en el mundo entero.

Nuestra conversación se inicia, como es de suponer, con la visión de Elena acerca de las características y orígenes del coaching. En forma fascinante, la licenciada en Psicología con un MásterSalud y Servicios Humanos, de la Universidad John F. Kennedy de Argentina, nos pasea por filósofos como Decartes, Kierkegaard y el psicólogo Freud para llegar a Heidegger, quien en 1927 plantea que el hombre no es un ser fijo, que se va modificando de acuerdo con sus circunstancias y al tiempo que le toca vivir. ” El coaching aparece como una profesión dentro de ese modelo de flexibilidad, porque justamente asiste a otros para que puedan romper con sus creencias  limitantes, generando así acciones que les ayuden a lograr lo que quieren”, indica Elena. El coaching no es un modelo, éste es el existencialismo.

 

Elena y ¿Por qué el Coaching Ontológico?

-Bueno, primero John Austin y John Searle, y después Fernando Flores, plantearon que el Hombre es Hombre desde que tiene lenguaje. El lenguaje del ser humano le permite hablar de cosas abstractas, y generar todos los cuentos en los que hemos vivido. Estos cuentos como la democracia o el dinero, antes no existían y los humanos vivían perfectamente. En sí no son buenos, ni malos, lo importante es darnos cuenta de que vivimos dentro del cuento, que éstos nos organizan la vida y que podemos llegar a cambiarlos.

El Coaching Ontológico creó las bases para reconocer que vivimos en un modelo paradigmático, generado por el lenguaje, y que nos podemos salir de ahí.

 

¿Qué tienen en común el Coaching Ontológico con los otros tipos como el coaching PNL o sistémico, por ejemplo?

-Por comenzar, cualquier clase de coaching está orientado al futuro, no está focalizado a arreglar el pasado, también todos llevan a generar una acción que hasta ese momento no se había realizado, por lo cual hay que atravesar barreras para conseguir algo nuevo. El coaching lleva a que el coachee tome sus propias decisiones, el coach no da consejos.

 

¿Cuál es tu visión acerca del coaching grupal, al estilo del que se da en las comunidades de Mundo Mujer?

Es más fácil encarar el cambio cuando no estás solo, sino de la mano de otros y sientes que hay más personas que están con el mismo desafío. El apoyo de la manada es fuertísimo para lograr el cambio. El coaching grupal funciona bien porque los estados de ánimo son biológicos y contagiosos, estos te relacionan con el futuro, abriendo o cerrando un espacio. Cuando el grupo está en un estado de optimismo, de alegría, sus integrantes se lanzan con fuerza para lograr sus propósitos, lo que es distinto si hay un estado de resignación o de rabia.

Todo estado de ánimo es complejo en cuanto a sus emociones que lo componen y en grupo surge la gratitud, que es una de las emociones fundamentales en una relación. Esta no significa estar en deuda con alguien, sino que es el reconocimiento de lo que significa el otro y todo lo que él ha dado.

Nota realizada por Macarena Velasco – Periodista UC

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