Qué hacer cuando tengo problemas con mi pareja

Los problemas en pareja pueden venir desde varias vías: puede ser por falta de comunicación, tomar decisiones, tener objetivos incompatibles entre sí, etc.

En esta ocasión vamos analizar con calma que se puede hacer cuando surgen problemas de pareja.

Una de las primeras observaciones que les dejo a mis pacientes a diario es que las diferencias con tú pareja no van acabarse con el fin de este problema. Siempre que nos enfrentamos a otra persona pueden aparecer roces, ideas que se oponen a las tuyas pero lejos de alarmarte hay que ser más creativos y respetar al otro antes de seguir criticándolo.

Entonces, debemos inicialmente preparar nuestra mente y buscar un espacio sano para conversar acerca de esa diferencia que tenemos. La mente así como cualquier otro musculo necesita que lo preparemos antes de una conversación.

Es importante destacar que las palabras en medio de una discusión para solucionar el problema son muy valiosas. Es necesario que tengamos mucho cuidado a la hora de expresarnos, no se trata de rebajar o menospreciar lo que opina tú pareja sino al contrario, tomar en cuenta lo que dice para poder negociar con asertividad.

Hay que ser valientes para mirar este problema que tenemos en pareja directo a la cara. No se puede seguir evadiendo porque cada vez que lo hacemos nos alejamos de la solución y posiblemente estamos sembrando la semilla del rencor.

Finalmente conversar, negociar y valorar al otro debe desencadenar en TOMAR DECISIONES. Estas serán la guía con las que podemos finalmente resolver el problema, por eso hay que ser valientes a la hora decidir y hacerlo siempre por el bien de AMBOS para que todo vuelva a la armonía.

Fray Martínez

Psicólogo, Autor y Conferencista

http://psiqueactiva.blogspot.com.es/

 Extraido de www.institutodraco.com

 

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Perdonar a Nuestros Padres: El Primer Paso de la Crianza Consciente

Cuando nació mi primer hijo mi marido, que ya tenía varios años de papá, me dijo que cuando empezó a leer sobre crianza lo primero que tuvo que hacer fue trabajar en algunos asuntos pendientes con sus propios padres. Nada más real y acertado. No es posible entablar una relación saludable con nuestros hijos si arrastramos rencores con nuestros padres, porque tarde o temprano estas emociones negativas llegarán a ellos de una u otra manera o les afectará en la relación con sus abuelos inculcándoles prejuicios inconscientemente.

Muchas familias que se acercan a consultarme me cuentan que ponen distancia con sus progenitores cuando los hijos empiezan a crecer, porque se sienten monitorizados, sienten que se les critica su estilo de crianza continuamente o no quieren repetir ciclos tóxicos. Muchas veces experimentamos un pequeño (o gran) resentimiento porque tal vez nuestros padres nos criaron de una forma en la que nunca criaríamos a nuestros hijos y como todo el mundo, con sus aciertos y errores, aunque el problema es la tendencia a enfocarnos en los errores.

Pero, ¿Podemos realmente culparlos? Te invito a reflexionar. Nuestros hijos se están criando en un mundo muy distinto al de nuestra infancia y para nuestros padres esto también fue así. Creo que ellos utilizaban las herramientas que tenían a mano. La información no era tan accesible como ahora, no se obtenía con un “click” implicaba más tiempo y mucha logística. También creo que ellos seguían paradigmas sociales y seculares de la época los cuales no eran tan debatidos como ahora. Por otra parte se transformaron en padres en promedio 10 años más jóvenes que la mayoría de nosotros, eran adolescentes. No quiero imaginar haber tenido un hijo a los 18 años, momento en el cual batallaba con un trastorno de la conducta alimentaria y no estaba, emocionalmente hablando, en mi mejor momento ni con una pareja con la cual hubiera sido fácil o hubiera querido criar hijos. Ellos hicieron lo que pudieron y como pudieron, al igual que nosotros.

Te invito a pensar en cómo fue o puede haber sido la infancia de tus padres. A mi madre, por ejemplo, no la dejaron tomar clases de ballet las cuales ella amaba y la obligaron a tomar piano, ¿Puedo culparla por querer que yo sea bailarina. ¿Puedo realmente culpar a mi papá por no haber sido muy demostrativo cuando a él lo mandaron a estudiar a un internado a los diez años y sólo veía a sus padres los fines de semana y debía tratarlos de “usted”? Cortemos ciclos, seamos valientes.

Pero arrastramos rencores, arrastramos arrepentimientos y dolor, quizás porque faltaron palabras por parte de ellos, quizás porque los tabúes de la época evitaron charlas que nos hubieran ahorrado problemas, quizás porque faltaron abrazos para no hacernos “blanditos” o porque sobraron críticas, retos o palabras crueles para “hacernos fuertes”. No queremos que les pase lo mismo con nuestros hijos, pero así como nosotros no somos los mismos que hace diez o veinte años, ellos tampoco. Aun así algunos aspectos negativos con los que fuimos criados están grabados en nosotros por lo que debemos ser conscientes permanentemente y tenerlos en cuenta para cortar el ciclo, por ejemplo, venir de una familia en la que se gritaba mucho por costumbre o idiosincrasia.

Tenemos que trabajar en los resentimientos y empezar por aceptar a nuestros padres como son, abandonando la idea de cambiarlos a ellos o sus opiniones. En el momento que los aceptamos y dejamos atrás esa guerra de egos todo fluye con más facilidad.

Un fin de semana con más dulces que los habituales, comer con la boca cerrada o tener que pedir permiso para hacer esto o aquello son detalles que NO modificarán la vida de nuestros hijos, quienes pasan muchísimo más tiempo con nosotros, pero crecer con abuelos presentes es una bendición y es también el regalo más grande que podemos hacerles a nuestros hijos. Elige tus batallas.

Como siempre les digo, las palabras mágicas son Perdón y Gracias. Perdonarlos, agradecerles y pedirles perdón a nuestros padres porque nosotros tampoco nacimos perfectos ni teníamos las herramientas que tenemos ahora. Esas acciones son la clave para sanar las heridas con nuestros progenitores y disfrutar su compañía, en esta nueva estampa y desde otro lugar.

Por supuesto que en familia con negligencia extrema o abusos es muchísimo más complicado perdonar, en esos casos yo recomiendo psicoanálisis, meditación y lectura (puedo recomendarte libros)

No podemos cambiar el pasado pero podemos cambiar el presente.

Ana Acosta Rodriguez, Mama Minimalista

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez autora del libro “La Crianza Rebelde”

 

Disponible: Europa y USA: https://bookgoodies.com/a/B07ZM8WMXN

LATAM: https://www.editorialbrujas.com.ar/Inicio/Libro/1518

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Soy suficiente

Quizás este debería ser nuestro mantra. Aprender a repetirnos una y otra vez que somos suficiente. Suficientemente linda, suficientemente buena mamá, suficientemente amiga, suficientemente hija, suficientemente mujer, suficientemente YO. Y dentro de todas mis imperfecciones soy lo suficientemente «perfecta».
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No necesito compararme porque no hay comparación que valga. Soy única y en esa unicidad, soy luz y soy sombra. Lo que me permite ser lo suficientemente humana y lo suficientemente buena y amada.
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No deberíamos dudarlo ni por un segundo. No deberiamos necesitar escucharlo. No deberíamos siquiera pensarlo. ¿Porque el amor propio tiene que ser una conquista cuando debería ser lo natural?.
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Somos demasiado perfeccionistas, exigentes y críticas con nosotras mismas, a veces somos nuestro peor juez. Y a ratos se siente como si la mayoría de las veces estuvieramos en deuda con algo. ¿La realidad? La realidad es que no estamos en deuda con nada ni con nadie, más que con nosotras mismas. Por a ratos dudar o no respetarnos o cuestionarnos si somos suficientes.
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Yo ya estoy más vieja y probablemente me siento mucho más suficiente y me quiero mucho más que hace años atrás. Me hubiera encantado leer antes estas palabras antes. Para sentirme libre y querida por mi! Que finalmente es donde el circulo virtuoso empieza.
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Se los dejo y esperanzada quiero tocar sus almas y que estas palabras resuenen diariamente: YO SOY SUFICIENTE.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

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La psicóloga infanto-juvenil María José Lacámara publica este libro que  busca ayudar a padres y madres a encontrar un método de crianza propio, que se ajuste a sus necesidades y les permita sintonizar con lo que requieren sus hijos.

Lo pueden encontrar en: Contrapunto, buscalibre, Antártica, que leo, editorial planeta y en formato digital.

 

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10 claves para convencer y persuadir a tus clientes

Persuadir a comprar o contratar nuestros servicios es una de las habilidades más relevantes para aumentar nuestras ventas. 

“No slo actuamos de acuerdo a cmo somos, (y lo hacemos), tambin somos de acuerdo a cmo actuamos. La accin genera ser. Uno deviene de acuerdo a lo que hace”. Rafael Echeverría

Es común escuchar a emprendedores y emprendedoras que señalan que no saben vender, que no tienen las competencias y que les complica enfrentarse a un cliente. Pero, ¿qu pasara si en vez de pensar en vender, piensas en “comunicar ideas para convencer y persuadir a otras personas”? Persuadir es influenciar o motivar a alguien con argumentos, a querer hacer algo que queremos, pero incitando a que la decisión sea tomada por sí mismo. 

Prueba las claves que te entregamos a continuación para potenciar tu actividad comercial. 

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1.    Gestionate tú primero

Para comunicar con efectividad es necesario entrenar las habilidades comunicacionales (hablar, escuchar, empatizar, entre otras). Preocúpate de cómo expresas tus ideas en cualquier momento, fíjate en las reacciones de los demás y crea un plan de acción para potenciar una habilidad por semana. 

2.    Conoce los beneficios y las debilidades de tu producto 

Debes manejar mejor que nadie esta información. Estudia a la competencia, tu propuesta de valor, las tendencias del mercado, datos de la contingencia, todo lo que se pueda transformar en un argumento de venta. 

3.    Estudia el perfil de tu cliente e identifica lo que hacen 

Si hay algo que seduce a cualquiera es que nos interesemos por ellos. Prepárate antes de tu reunión buscando información, y en la cita, realiza preguntas para obtener más detalles y usarlos a tu favor. 

4.   Demuestra que eres experto en lo que haces 

Mostrar una imagen especialista y profesional, es vital para dar una buena impresión. Recuerda elegir tus palabras, tu vestuario y los elementos de marketing para transmitir seguridad, seriedad y solidez. 

5. Hazlos sentir especial, se  amable y respetuoso

Concéntrate en la conversación con ese cliente. Sonríe, mira a los ojos y utiliza frases como: “que interesante lo que comentas”, “eso te debe hacer sentir orgulloso”, “me encantara que hiciramos negocios”. Demostrarle empata y curiosidad har que conecte an ms contigo. 

6.    Escucha activamente, haz silencio y apaga tus pensamientos 

Para conocer realmente a una persona debes escucharla poniendo atención en sus palabras, en su cuerpo y en su forma de hablar. Todo esto te aportará información. Desconéctate de tus juicios y enfócate realmente en la persona que está hablando. 

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7.    Sintoniza con cada persona y utiliza sus palabras

Repetir algunas palabras o frases que ha dicho tu cliente, sobre todo cuando describes características de tu producto, además de hacerle sentir que lo escuchaste, percibirá que han sintonizado. Esto le hará sentirse más en confianza contigo.

8.    Cuida tu lenguaje no verbal y paraverbal 

Seguro has escuchado que el 90% del impacto comunicacional es no verbal, por eso debes usar gestos que transmitan seguridad, expresiones faciales amables y posturas corporales que comuniquen confianza. Debes hacer énfasis en palabras claves, asentir continuamente, y evaluar si es válido usar tecnicismos o si debes usar un lenguaje más simple. 

9.    Comunica las cualidades de tu producto con emoción

El 80% de las decisiones que tomamos son estimuladas por alguna emoción, tal como lo señaló el Premio Nobel de Economía del año 2002, Daniel Kahneman. Puedes usar palabas que motiven como: “descubrir”, “inspirar”, “ganar”, “crecer”, entre otras; mencionar cmo tu producto o servicio solucionar el dolor de ese cliente. Recuerda transmitir entusiasmo al decir lo que haces. 

10. Muestra testimonios o evidencia 

    La frase “ver para creer” es ms que cierta, es por eso que obtn testimonios de otros clientes, resultados, fotografas y videos que demuestren la experiencia que ofrece tu servicio, o ten a la mano cuadros comparativos con servicios similares. Mientras más preparado estés, mejor impresión dejarás en tu cliente.

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Por supuesto, no puedes olvidar que no hay nada más persuasivo que una sonrisa. No menosprecies el poder de una sonrisa, ya que como descubrió Robert Provine: “la risa tiene menos que ver con chistes e historias divertidas y ms con la creacin de relaciones; slo el quince por ciento de nuestra risa tiene que ver con chistes” (Pease, 2006). 

Y recuerda que, si tú crees en lo que dices, sabes lo que haces y comunicas lo que sientes, estas a un paso de recibir el SÍ de tú cliente.

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El amor no tiene condiciones

Hoy escribo este post para levantar la voz y llamar al respeto, a la empatía y al derecho de vivir en paz con lo que uno es y con aquello que te define. .
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En ocasiones escuchar tu voz interna y ser fiel a lo que sientes, es sin duda el camino más difícil, cuando en realidad no debería serlo. .
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Confío en la capacidad humana de crear un mundo donde coexisten las diferencias…..de todo tipo. Donde la diversidad se respete y se abrace, entendiendo que es en esa diversidad que todos crecemos, y que nos permite mirarnos y conocernos como personas y como comunidad.
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La mirada, vida, y condición de un otro, aporta infinitamente en la mirada hacia mi mismo y el mundo. Es en esa diferencia que crecemos como sociedad y es en esa diferencia que logramos construir comunidad. Donde TODOS son aceptados por ser quienes son. .
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Estas líneas las escribo para todos aquellos que han decidido con libertad, y que nos ayudan a construir un mundo donde todos tenemos un espacio. A fin de cuentas TODOS somos distintos en innumerables aspectos!. Decidamos hoy respetar y abrazar a ese otro que siempre y sin duda será diferente a mi. .
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Todos amamos, todo es amor. En todas sus formas y colores. Toda diferencia suma a mi mundo y me ayuda a convivir en un universo basado en el respeto mutuo donde todos somos bienvenidos. .
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María José Lacámara – Conoce más AQUI

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Apego y Amor: Diferencias

Vivimos en un mundo donde la palabra apego parece sonar por todos lados: “Tienes apego” “Tú eres una persona apegada” “El apego te tiene destruida la relación” Pero realmente ¿Qué es el apego?

Es en esencia un mecanismo de defensa que busca controlar al amor. Por su misma naturaleza independiente, el amor no sabemos qué lo causa y determinamos muy tarde el motivo por el que se acaba. Entonces, surge el apego como una manera “ilusoria” de controlarlo, creyendo que si nuestra pareja no sale a la calle, por ejemplo, entonces tendremos menos posibilidades que nos abandone.

Resulta que lejos de crear unas condiciones saludables para que florezca el amor, cuando manifestamos apego lo que hacemos es marchitar esa hermosa flor que representa el amor. Es de vital importancia que entendamos rápidamente esto: Para que surja y se mantenga el amor hacen falta CONDICIONES.

Y seguramente te preguntarás ¿Cuál es la diferencia entre condiciones y apego? Es más sencillo de responder de lo que parece, resulta que cuando creamos condiciones tomamos en cuenta a la otra persona, nos interesa saber qué está dispuesta a ceder para que nos sintamos más seguro y las exigencias que tendrá contigo.

Es en este punto que te planteo varias ideas sobre cómo detectar el apego:

1. El apego intenta controlar

2. No toma en cuenta el criterio de la persona amada

3. Cree que en cualquier momento lo van abandonar

4. Considera en todo lo que hace a solas la pareja hay una amenaza.

Ante este panorama lo primero es acudir a terapia. Probablemente tu pareja esté atravesando por una crisis y es importante que la tratemos a tiempo. El amor requiere condiciones pues vamos a ser claros con cada una de esas exigencias y negociemos antes de imponerlas, lo cual es el fundamento del apego.

Relaciones sanas es la meta, para ello el camino pasa por: Respetar el criterio del otro aún cuando no lo comparta, comunicarme con la persona, crear una sensación de estabilidad y armonía entre ambos por medio de DECISIONES CONCRETAS.

 

Fray Martínez

Psicólogo, Autor y Conferencista

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Extraido de www.institutodraco.com

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Negociar es ordenar los desacuerdos

Negociar es el arte de ordenar la divergencia. Cuando dos o más actores negocian, no tratan de eliminar el disenso, sino de armonizarlo en una determinada ordenación para construir espacios más óptimos. Negociar es una actividad que se localiza en el instante en que se organizan los desacuerdos para dejar sitio a los acuerdos. En El triunfo de la inteligencia sobre la fuerza (ver) expliqué el dinanismo de toda negociación, que sustancialmente es el proceso que inaugura la civilización humana: utilizar una tecnología para que las partes se hagan visibles (el lenguaje), invocar una ecología de la palabra educada y respetuosa (diálogo) y urdir tácticas inteligentes para concordar la discrepancia (argumentación). Una de las primeras reglas axiomáticas en conflictología señala que los conflictos son consustanciales a la peripecia humana, y por lo tanto es una tarea estéril aspirar a su extinción. Pero otra de esas reglas afirma que no se trata de erradicar la existencia del conflicto, sino de solucionar bien su irreversible emergencia. Un conflicto solo se soluciona bien cuando las partes implicadas quedan contentas con la resolución acordada. En la jerigonza corporativa se emplea la expresión ganar-ganar para explicar en qué consiste un buen acuerdo bilateral, pero es un recurso dialéctico que a mí me desagrada porque esgrime la dualidad ganar-perder inserta en el folclore de la competición. Si utilizamos imaginarios competitivos inconscientemente inhibimos los cooperativos. Una negociación no estriba en ganar, sino en alcanzar la convicción mutua y recíproca de que las partes en liza han levantado el mejor de los escenarios posibles para ambas. Gracias a este convencimiento uno se puede sentir contento. Parece una trivialidad, pero es este impulso afectivo el que dona reciedumbre a cualquier proceso negociador. Y perennidad a lo acordado.

En una negociación no se trata solo de alcanzar un acuerdo, sino sobre todo de respetar el acuerdo alcanzado. Para lograr algo así es imperativo salvar permanentemente la cara al otro. Esta maravillosa expresión la acuñó Erving Goffman, el padre de la microsociología. Se trata de no acabar nunca un acuerdo con una de las partes dañada en su autoestima. Es difícil alcanzar una resolución cuando en el decurso de hallarla los actores se faltan al respeto, señalan aquello que degrada a la contraparte, son desconsiderados con cada propuesta, enarbolan un léxico y una adjetivación destinada a depreciar o directamente destituir la dignidad del otro. Hace unos días una buena amiga compartió en las redes un antiguo texto de este Espacio Suma NO Cero del que yo me había olvidado por completo. Para publicitarlo entresacó una frase que es la idea rectora de este artículo: «No podemos negociar con quien pone todo su empeño en deteriorar nuestra dignidad». Me corrijo a mí mismo y admito que sí se puede negociar con quien se empecina en devaluarnos, aunque convierta en inaccesible pactar algo que sea a la vez valioso y longevo. Cuando una parte libera oleadas de palabras con el fin de lacerar el buen concepto que el interlocutor tiene sobre sí mismo, se complica sobremanera que el damnificado luego coopere con él. Dirimir con agresiones verbales las divergencias suele ser el pretexto para que las partes se enconen, se enroquen en la degradación adversarial, rehúyan cualquier atisbo de acuerdo.

Es fácil colegir que nadie colabora con quien unos minutos antes ha intentado despedazar con saña su imagen, o se ha dedicado a la execración de su interlocutor en una práctica descarnada de violencia hermenéutica: la violencia que se desata cuando el otro es reducido a la interpretación malsana del punto de vista del uno mismo. El ensañamiento discursivo (yo inventé el término verbandalismo, una palabra en la que se yuxtapone lo verbal y lo vandálico, y que significa destrozar con palabras todo lo que uno se encuentra a su paso) volatiliza la posibilidad de crear lazos, de encontrar puntos comunes que se antepongan a los contrapuestos. Para evitar la inercia de los oprobios William Ury y Roger Fisher prescribieron la relevancia de separar a las personas del problema que tenemos con esas personas. Tácticas de despersonalización para disociar a los actores del problema que ahora han de resolver esos mismos actores. En este proceso es necesario poner esmero en el lenguaje desgranado porque es el armazón del propio proceso. Yo exhorto a ser cuidadosos con las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. La filósofa Marcia Tiburi eleva este cuidado a deber ético en sus Reflexiones sobre el autoritarismo cotidiano: «Es un deber ético prestar atención al modo en que nosotros mismos decimos lo que decimos». Esa atención se torna capital cuando se quiere alcanzar un acuerdo.

En el ensayo Las mejores palabras (actual Premio Anagrama de Ensayo), el profesor Daniel Gamper recuerda una evidencia que tiende a ser desdeñada por aquellos que ingresan en el dinamismo de una negociación: «Si de lo que se trata es de alcanzar acuerdos duraderos, entonces no conviene insistir en aquellos asuntos sobre los que sabemos que no podemos entendernos». Unas líneas después agrega que «los términos de la coexistencia no pueden ser alcanzados si todo el mundo insiste en imponer su cosmovisión a los otros». Justo aquí radica la dificultad de toda negociación, que a su vez destapa nuestra analfabetización en cohabitar amablemente con la disensión. Si negociamos con alguien y alguien negocia con nosotros, es porque entre ambos existe algún gradiente de interdependencia. La interdependencia sanciona que no podemos alcanzar de manera unilateral nuestros propósitos, y que pensarse en común es primordial para construir la intersección a la que obliga esa misma interdependencia. Este escenario obliga a ser lo suficientemente inteligente y bondadoso como para intentar satisfacer el interés propio, pero asimismo el de la contraparte, precisamente para que la contaparte, a la que necesitamos, haga lo propio con nosotros. Contravenir este precepto es ignorar en qué consiste la convivencia.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

 

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​EL ARTE DE PELEAR LIMPIO: “SOY YO; NO ERES TÚ ”

Sin duda el matrimonio es un vínculo de amor profundo que es necesario alimentar todos los días. El amor para sostener este vínculo es necesario, sin embargo no suficiente. Hoy quiero compartir el conocimiento que adquirimos como pareja al asistir a un taller organizado por una agrupación de psicólogos clínicos especializados en temas de pareja llamada “Amar no Basta”. Este taller nos entregó herramientas concretas como pareja, para poder trabajar sobre el vínculo del matrimonio. Para poder profundizarlo, para cuidarlo y no dañarlo con las distintas situaciones a las que nos vemos enfrentados como matrimonio día a día. No puedo dejar de recomendarles este increíble grupo de terapeutas que está poniendo el énfasis en prevenir las crisis matrimoniales, entregando ejercicios y herramientas concretas. Para poder estar al tanto de los talleres y charlas pueden seguirlos por Facebook, Instagram o su página web http://www.amarnobasta.com.

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Podemos partir comentando datos duros acerca del matrimonio. Hoy el 50% de los divorcios se dan en los primeros siete años de matrimonio y se ha visto que con la llegada del segundo o tercer hijo las parejas experimentan una disminución en la sensación de satisfacción en conjunto con un aumento en los conflictos. Sin duda la llegada de los hijos se transforma en uno de los grandes desafíos de adaptación para la relación e inevitablemente comenzamos a pensar en otro ser humano más allá de nuestra pareja, aparecen las diferencias en la crianza e irremediablemente aparece aquello con lo que venimos cargado de nuestras historias familiares de origen. Probablemente con la llegada de los hijos además comienzan los conflictos acerca de los roles y tareas que cada uno debe cumplir en la crianza. Sobre todo durante los primeros años de crianza se torna más difícil la comunicación, aumenta el cansancio y los niños pasan a ser parte importante de los temas de conversación. Casi sin darnos cuenta la vida con hijos va consumiendo la vida de pareja, aumentando así los conflictos.

¿Por qué prevenir? ¿Qué pasa si nos ocupamos antes de que comiencen los problemas? ¿En qué aporta que podamos aprender estrategias concretas y comunicarnos mejor? Está comprobado que mantener una mala relación de pareja, no solo afecta tu salud mental sino que incluso puede afectar en una disminución en la expectativa de vida. Es por esto que sostener vínculos saludables y trabajar por ellos, promueve una mejor calidad de vida, una vida sexual más plena, un aumento de la comunicación, una mayor estabilidad de pareja y longevidad. Además de todo esto, promueve en nuestros hijos, mayores niveles de seguridad y desarrollo emocional. El que puedan vivir en un ambiente saludable, sin duda determinará sus relaciones con un otro. Si nuestros hijos tienen la vivencia de ver que sus papás se respetan, quieren, escuchan y resuelven sus conflictos, será un modelo para sus relaciones interpersonales tanto en el hoy como en el mañana. La capacidad de influir en nuestros niños se basa en lo que les reflejamos, como personas y como pareja.

La buena noticia es que podemos aprender a sostener un vínculo que sea de calidad y duradero en el tiempo. Solo necesitamos querer, poner el esfuerzo necesario y por sobretodo cultivarse como pareja. Para esto se torna vital aprender a conocérsenos profundamente y respetarnos en nuestras diferencias, además de poder desarrollar habilidades de comunicación efectivas y estrategias de enfrentamiento para nuestros conflictos. Sin duda el poder tornar nuestro ambiente en un ambiente positivo, ayudará. Poder reírnos de nosotros mismos, del otro, de nosotros como pareja, dejando que el humor forme parte de nuestro día a día, es muy importante. Poder darle vida a un ambiente donde haya música por ejemplo, tardes de deporte, paseos o noches de película, puede sumar mucho en la calidad y profundidad de nuestro vinculo de pareja.

Pero nos hemos preguntado ¿por qué discutimos?, la gran mayoría de las parejas pelea, esa es una realidad innegable. Y la verdad es que la respuesta puede ser a ratos bastante sencilla: SOMOS DIFERENTES. Partamos de la base que uno es hombre y otro es mujer, y aunque suene hasta casi tonto, por el simple hecho de ser hombre y mujer tenemos una mirada distinta de la vida y una distinta manera de enfrentar las situaciones. Cada uno tiene su propia historia de vida, su familia de origen, su biología, sus rasgos de personalidad, sus hobbies, sus minutos del día, ideología y opiniones. Es por esto que la mayoría de las veces que peleamos y que con esta pelea buscamos cambiar al otro, este cambio generalmente no se da. Y la verdad es que no es porque el otro no te quiera, no te escuche o quiera molestarte, sino que simplemente no puede ya que no está en su manera de ser.

En general las parejas tienden a pelear una y otra vez por los mismos temas. En ciertas ocasiones estas peleas pasan a temas más profundos y en otros momentos es tanto lo que hemos peleado por ellas, que ya simplemente las evitamos y nos vamos alejando silenciosamente como pareja. Entonces más importante que entender los problemas, que es lo que tendemos a hacer como respuesta natural, será poder ver como los manejamos.

Finalmente se ha visto que más que resolver los problemas, el poder regularlos hace que las parejas puedan mantenerse cercanas, con menos peleas y en un ambiente más positivo. Si logramos regular estos problemas y enfrentarlos juntos de manera constructiva, nos hará una pareja más feliz.

Una de las cosas que más me quedó marcada de este taller fue el saber, que existen problemas resolubles y no resolubles. Y que los no resolubles son el 70% de los problemas que tenemos como pareja, y por lo que tendemos a pelear una y otra vez. La realidad de esta cifra entonces, es que ese 70% de las peleas que tenemos, por más que las sigamos discutiendo, no van a cambiar. ¿Malas noticias?, la verdad es que uno podría dar vuelta la mirada y redefinir este número en nuestra cabeza, como algo bastante más aliviador. Finalmente este número nos da pie para entender y reflexionar, que más que nada debemos aprender a acomodarnos el uno al otro. Más que intentar cambiarlo, (porque simplemente eso no va a pasar) no quedan más opciones que bajar la bandera de lucha y poder ser aliados en esta batalla.

El querer cambiar a mi pareja, para que sea alguien distinto al que yo conocí, y del cual me enamore, lo hará sentirse poco querido y valorado dentro de la pareja. Uno elige al otro para ser él mismo, uno lo aprende a amar con sus defectos y virtudes, no sé qué va pasando en ese camino de ser pareja que comienzas a necesitar que el otro cambie, se acomode a lo que uno necesita o quiere de él. Comienzan las críticas y las decepciones porque lo que espero del otro, él o ella no ha sido capaz de cumplirlo. Y lo más importante aún es que por mucho que el otro esté dispuesto o quiera cambiar, el 70% de las veces le será imposible. Simplemente no es él, no está en su ADN, y no puede cambiarlo.

Finalmente cualquier cosa que te moleste demasiado del otro pasa a ser más un problema tuyo, y no del otro. Ver cómo podemos solucionar y lidiar con esos sentimientos es parte importante de lo que debo hacer para mejorar mi relación de pareja “soy yo, no eres tu”.

¿Y entonces que hacemos como pareja con ese 70%? Bueno no queda más que aprender a negociar, ceder y adaptarse. Buscar cómo ajustarse a eso que no cambia, aceptarlo, y acomodarte será la clave. Finalmente si logramos entender y sentir que no vale la pena pelear, quedas desprovisto de ese “para que” y de esa razón que te hace pelear, y encuentras una alternativa de solución mucho más positiva frente a las dificultades. Dejas de pelear por aquello que es incambiable.

Un ejercicio que podríamos hacer es pensar en qué peleas son frecuentes con mi pareja, qué es aquello por lo cual siempre discutimos sin llegar a ninguna parte. Si ya tienes una en mente, ahora puedes pensar si eso está en este 70%, si es así habrá que buscar otra manera: adaptarse, negociar, ceder o acomodarse. Finalmente las parejas que mejor se llevan, que son más felices y estables NO resuelven el 69% de sus problemas.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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Fui infiel, me siento mal, ¿qué debo hacer?

En un mundo donde las relaciones entre hombres y mujeres cada vez están más convulsionadas y los vínculos cada vez más endebles, ser infiel es un hecho frecuente, que si es bien enfocado puede convertirse en una oportunidad de crecimiento y madurez en la pareja. Ser infiel y sentirse mal es un síntoma de que puedes emprender cambios para construir una relación de pareja más satisfactoria y estable.

La infidelidad en una relación tiene matices que la hacen más o menos grave. Puede tratarse de una aventura pasajera  y aun así generar culpa sobre todo si nuestra pareja permanece en desconocimiento de nuestra falta. Un examen de conciencia puede resultar positivo para recapacitar y reconocer que pueden haber aspectos de mejora en tu relación, en dicho caso puedes convertir el hecho en una oportunidad de cambio.

¡Una actitud de rectificación acompañada de acciones concretas te servirá de mucho para resarcir el daño causado!

Recomendaciones que tienen que ver contigo

Trátate con generosidad y autocompasión, una desacertada decisión circunstancial no te define como persona, ni puede terminar  con una relación de pareja estable. Así que no te fustigues.

  • Sincerate comunicándole a la otra persona que sólo fue un encuentro pasajero,  que tienes una relación estable que deseas cuidar.
  • Evita toda comunicación  o contacto directo o por redes sociales con esa persona,  si insiste en mantener contacto, sé tajante y como medida extrema elimínale de tus contactos o bloquéale.
  • Reflexiona en torno a qué te llevo a la infidelidad. ¿Curiosidad?, ¿insatisfacción?, ¿despecho?. Identifica cuál pudo ser el detonante o factor que te llevó a ser infiel para que puedas manejar la situación.
  • Debes sincerarte  en primer lugar contigo, pues si sientes culpa es porque la infidelidad es un antivalor para ti,  de modo que debes descubrir por qué fuiste infiel, si tu pareja tiene algo que corregir es la oportunidad de buscar la manera de hacérselo  saber sin ponerte en evidencia, esto solo agravaría la situación.

Recomendaciones para con tu relación de pareja.  

  • Aumenta la comunicación con tu pareja. Conversa de eso que te molesta o causa insatisfacción. Pregúntale sobre ti,  qué cosas puedes mejorar. Esto les ayudará a fortalecer la confianza.
  • Compartan momentos gratos.  Realicen actividades placenteras juntos.
  • Rompe con la rutina, busca momentos para compartir inesperados, cultiva el erotismo y el romanticismo .

Convierte la falta en una oportunidad de crecimiento y madurez.

Aprender de la experiencia para valorar la sinceridad, reconocer el valor de la pareja, la transparencia en el manejo de la relación, implementar cambios en la comunicación será clave para superar el escollo de la infidelidad. Insistimos en no caer en el mea culpa sin cambios de actitud y comportamiento.

Lo importante del arrepentimiento es que genere cambios una vez reconocida la falta. No es necesario dar cuenta de la infidelidada a tu pareja eso sólo empeorará las cosas,  quien se atreve a confesar una infidelidad es un sincericida, pero quien se atreve a reconocerla y proponer cambios para mejorar su relación es una persona digna de volver a confiar en ella.

Si tu pareja se entera debes ofrecer certeza de tu amor para que vuelva a confiar desde el compromiso de la rectificación, pedir perdón de forma  genuina y desde el corazón.

Superar una infidelidad para ambos miembros de la pareja es difícil, pero si hay arrepentimiento verdadero, se valora lo construido y hay votos por salvar la relación,  con un compromiso de honestidad por parte de quien cometió la falta, ésta pudiera ser una oportunidad para fortalecer la relación de pareja desde el amor, el respeto y la comprensiónSalva tu relación . ¡Estás a tiempo!

 

Extraido de: Editorial Phronesis

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