Destete

“Mi nene de 1 año 4 meses se chupa el dedo para dormir. Deje de amamantar a los 6 meses y suplimos con chupete”.

A veces veo niños que se meten los dedos en la boca para dormir o cuando están cansaditos y tengo mi teoría, creo que les faltó un tiempo más largo de teta. Con esto NO pretendo polemizar ni mucho menos juzgar, mi punto es que la mamila y el chupete estarían reemplazando a la teta en lo emocional y los niños, que muy sabios son, desarrollan estrategias para afrontar esa falta de succión de mamá, una es el chupete otra meterse el dedo en la boca. La succión no es solo un tema alimentario, es una de las pocas forma de coping que tenemos los humanos en la primerísima infancia como medio de auto-regulación emocional para calmarnos, tranquilizarnos, sentirnos seguros. Esto no quiere decir que a los niños que las utilizan les falte amor de su madre ni nada por el estilo sino que genuinamente necesitan succionar para satisfacer esta necesidad. Luego pasa que no quieren soltar ni la teta ni el chupete ni el dedo, ¿por qué? justamente porque no están listos para hacerlo.

Cada niño es único y nace con muchos “jarrones emocionales” de diferentes tamaños que tiene que ir llenando a su propio ritmo. Solo cuando el jarrón está lleno esa necesidad emocional estaría satisfecha, por eso mientras algunos toman teta y dejan solitos a los 2 años otros toman teta o se duermen con un dedo en la boca hasta los 6 o más años. Por eso es importante no presionarlos a dejar de hacerlo, no exigirles ni decirles que “están grandecitos” acompañarlos y dejarlos que llenen su jarrón emocional a su tiempo y como puedan.

Una estrategia que es valida utilizar a partir de los 2 años con chupete y mamila es la del destete respetuoso de “no ofrecer, no negar”, es decir, no usar estos objetos y ofrecerlos a nuestra conveniencia cuando necesitamos distraer a nuestro hijo o algo por el estilo y luego negarlos cuando no nos conviene y el nos lo pide sino dejar que el niño disponga de ellos cuando lo crea conveniente.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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BEBES DE ALTA DEMANDA

En la actualidad nos encanta etiquetar y ponerle carátula a todo. Resulta ser entonces que a los bebés o niños que intentan conectar con su mama o figura de apego y que buscan el contacto físico y contención emocional, que naturalmente no duermen de corrido los primeros meses e incluso los primeros años, que tienen “mucha energía” (o sea, que no son plantas) y que quieren ser porteados y cargados para sentirse seguros son “BEBÉS DE ALTA DEMANDA”.

Y yo me pregunto: ¿no será al revés?, ¿no seremos en realidad los adultos los de “alta demanda” con respecto a los hijos y la niñez?. Los adultos demandamos que duermen de corrido, que “no hagan ruido”, que “se porten bien”, que ya “no molesten”, que ya es hora de caminar, de hablar, de “jugar solitos”.

Nosotros, la sociedad, demandamos a las criaturas que sean mini adultos, regulados y controlados, independientes, tranquilos, quietos, “bien portados”.

Los padres compramos libros que nos den recetas mágicas para que la criatura de 3 meses duerma de corrido, para que el bebe de 1 año y medio deje el pañal y para que “no hagan berrinche”, queremos que los niños se adapten a nuestra vida y nuestras rutinas, pues así, todos serán de alta demanda y todos los padres nos frustraremos porque es una exigencia incoherente.

¿Que estamos haciendo con la niñez? Tenemos que comprender que lo natural y normal para una criatura es buscar conectar con los padres, sentirse seguro y contenido y hará lo que sea necesario y el tiempo que sea necesario para cubrir estas necesidades y es importante tener esto en cuenta a la hora de plantearse traer hijos al mundo. Los bebés y niños que buscan contención NO son “de alta demanda” son tan solo humanos.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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LA MAMÁ PERFECTA

Anoche se me paso la hora de la cama, porque quería contestar un mail que era muy importante para mi … y se desató el CAOS.

Y mientras el más grande quedó fundido en 5 minutos del agotamiento la más pequeña saltaba y saltaba en la cama y no se quería dormir. Primero pidió agua, luego otro cuento, luego su juguete y yo me la veía venir. Casi dos horas después empezó a llorar, estaba pasada de vueltas, muy cansada pero se negaba a dormirse, le corrí su rutina y todo se desmoronó… mala madre.

Mientras tanto yo que tenía que hacer aún mil cosas y se me terminaba el día ahí metida en el cuarto rogándole a la criatura que se durmiera. Al rato yo también terminé llorando, agotada y pasada de vueltas porque dos noches antes me desvelé con mis amigos de clase por primera vez en 5 años…mala madre

Y le explicaba a mi hija que estaba cansada, que ya necesitábamos las dos dormir. Se que a los hijos les duele ver llorar a las madres pero yo necesitaba sacar esa angustia, necesitaba que ella viera que soy humana. Al final agarró la teta que es su amuleto porque aunque ya no toma necesita tocarla para sentirse segura a veces y se durmió.

Termine agotada, saliendo de ese cuarto como si saliera de un campo de guerra.

Ser mamá a veces duele, cansa y consume a nivel emocional. Los miedos, las incertidumbres, las culpas y eso NADA tiene que ver con el infinito amor a los hijos pero debemos cortar con el exceso de adornos y romanticismos que envuelven a la maternidad porque solo generan culpas y comparaciones con parámetros inhumanos.

No cambiaria mi maternidad por nada, con mis hijos soy feliz cada día y lo celebro, pero eso no significa que mi amor y mi felicidad bloqueen todas las emociones negativas asociadas a mi rol de madre: No está mal sentirse mal debes en cuando. La presión que genera sentirse alerta y al mando del bienestar e integridad de otras vidas las 24 horas del día AGOTA.

Hablemos con nuestros hijos e hijas, sincerémonos, expliquémosles que a veces es difícil, que tenemos días malos, que en ocasiones el cuerpo está por demás cansado y que somos humanas. Dejemos de reprimirnos e intentar ser “perfectas”, liberémonos de toda esa carga que heredamos desde hace muchas generaciones .

Quizás de esta forma nuestras hijas no tengan que lidiar con tantas culpas impuestas por las excesivas exigencias de rol, por el estigma de la mamá perfecta que simplemente no existe.

Que la maternidad se aleje de estereotipos opresores para pasar a ser una vivencia más orgánica, humanizada y felizmente imperfecta.

Hagámoslo por ellas, por nosotras y por las que vendrán.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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La teta quiere dormir: Cuento para iniciar un destete nocturno respetuoso (18 meses a 4 años)

Este cuento es para contarle a los niños (> 18 meses) que se despiertan continuamente por la noche a pedir teta aunque ya no tomen (necesidad emocional). Debemos contarlo varias veces para que la criatura vaya comprendiendo las necesidades de sueño de mamá que, en muchas oportunidades, está agotada. Pasadas unas semanas y cuando el niño esté listo (una madre sabe), llegará el momento de decirle una noche que la teta está cansada y dormirá y si se despierta pidiendo teta repetirlo. Si el peque se muestra muy enojado y llora quizás no sea el momento de hacer el destete nocturno aún y debemos ceder, pero si el niño solo se enoja un poco y cede sin llorar quizás ha llegado el momento.

A Pau le encantaba tomar teta, era su actividad favorita. Sobre todo por las noches, cuando llegaba la hora de ir a la cama. Pero la pobre teta estaba muy cansada y decidió que por las noches dormiría como el resto de la familia. Ya no habría leche hasta la mañana siguiente cuando el sol saliera y los pajaritos cantaran.

Pau se enojó mucho y se le escaparon un par de lagrimitas. Estaba asustado porque no sabía dormir si no era con la teta en la boca. Entonces mamá le contó que él no necesita la teta para dormirse, porque el cuerpo de mami también tenía dos manos para acariciar, ojos para leer cuentos, labios para dar besitos y cantar y un par de brazos para hacer arrumacos. Todas esas partes del cuerpo de mamá estaban disponibles para darle mucho amor a Pau y ayudarlo a dormir.

Cuando se hizo de noche y llegó la hora de ir a la cama la teta muy cansada se fue a dormir. Por momentos Pau quiso despertarla, la tocaba y trataba de sacarla de entre las ropas de su madre, quien le recordó lo cansada que estaba la teta y le pido que la dejara descansar para que pudiera trabajar a la mañana siguiente. Entonces la dejo dormir. Se acurrucó entre los brazos de mamá y mientras ella le acariciaba suavemente su cabello y le susurraba su canción favorita al oído se quedó dormido.

A la mañana siguiente, cuando salió el sol y los pajaritos cantaban el peque se prendió a la teta, su desayuno favorito. Ya no la necesitaba para dormir porque todo el amor y el calor de mamá estaban disponibles por las noches, cuando llegaba la hora de ir a la cama.

 

 

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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Carta a mi bebé-niña de 2 años

Con tus 2 añitos recién estrenados, te veo transitar la delgada línea que separa la bebé de la niña. Formas frases con tus precarias palabras, inventas canciones, corres, trepas, saltas, dibujas objetos increíbles con rayas que solo tu entiendes, eliges tu ropa, me ayudas a lavar poniendo el jabón en polvo y a veces hasta te aventuras a ir solita al baño.

Al mismo tiempo y de la nada, pides que te cargue insistentemente, te prendes a la teta dejándome inmóvil por un rato bien largo, te me quedas abrazada cual koala y terminas por dormirte encima mío, con y tu cabecita en mi pecho como cuando eras una recién nacida. Y así fluimos las dos en esta dualidad de la pequeña que quiere ser grande pero que a la vez no quiere dejar de ser bebé.

Te debates entre la independencia tan atractiva y el consuelo y cuidado único de los brazos de mamá. Por momentos gritas que no eres una bebe, mientras en otros desea regresar al vientre y estás como perdida.

Y es en estos momentos que caigo en la cuenta de lo fugaz que es la niñez, de lo rápido que todo cambia y de lo agradecida que estoy de poder tener el lujo de acompañarte cada día, con presencia plena, con amor incondicional.

Y ahora es cuando también al fin entiendo que los hijos en una parte del corazón siempre serán para sus madres esos bebés vulnerables que solo en nuestro regazo sienten esa paz única y extremadamente especial, que los protege del mundo y los aísla de todo mal.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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LA LLEGADA DE LA HERMANITA

“No hagas ruido que la bebe duerme”, “ahora no puedo que la bebe quiere teta”, “no puedo cargar a los dos juntos y ella es más chiquita, tienes que esperar”👶

Cuantos “NO” le estás cargando en la espalda a tu hijo mayor? Revisa tu vocabulario, recuerda que tu hijo mayor también te necesita y que está poniendo todo de su parte para que su hermanit@ pueda estar contigo, pero te extraña. 👪

Para el hermano más grande (que a veces es aún también bebé) está llegada ha implicado un gran cambio y quizás por eso esté pasando por una etapa de rabietas más exacerbadas o llore más. Está procesando el duelo de “mamá solo para mi” y que hacemos en los duelos??: acompañamos, apoyamos, damos amor 💖 y consuelo.

Que la llegada del nuevo hermanito no nuble a tu hijo mayor ni llene de “no” tus diálogos. Consciencia.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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La Maternidad Dura y Cruda

Ya vas a poder, date tiempo.
Es válido sentirse desbordada, cuando nos convertimos en mamás la realidad nos cambia y no precisamente de la manera idílica con la que habíamos fantaseado en el embarazo. La realidad de la mamá los primeros años es DURA y CRUDA y debemos darnos el tiempo para florecer y el espacio para llorar o hacer catarsis.

Hay algo que aprendí ya con 5 años de mamá y es que el cuerpo se adapta. Los humanos nos hemos adaptado por milenios a diferentes alimentos, climas, ambientes, nuevas enzimas, al punto de modificar hasta los genes. Adaptarnos es algo que hacemos muy bien, pero requiere de TIEMPO! 

La oruga no se hace  mariposa de la noche a la mañana pero pasa que en esta “sociedad de las prisas” no nos dan ni nos damos el tiempo de adaptarnos a la maternidad a nivel fisiológico, emocional, laboral, anatómico, cerebral. 

Así que te pido nueva mamá: se paciente contigo misma y con tu camino, rodéate de gente que te tienda una mano, aleja a quienes solo critican y CONFÍA EN EL PROCESO. Te abrazo 

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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Tu bebé NO necesita clases de estimulación temprana

“Mi hijo se sentó/gateo/camino unos meses más tarde que sus amiguitos… el pediatra me dice que lo lleve a clases de estimulación temprana” 😱😱😱 

Si, y quizás luego cuando esté cursando los “terribles dos” te digan que tiene THDAH…

Que estimulación necesita tu bebe? Tiempo de calidad, presencia plena, Libertad para explorar el mundo, dejarlo meterse cosas en la boca (bajo supervisión), dejarlo intentar aunque se caiga, sacarlo mucho a explorar en la naturaleza, cantos, cuentos, mimos. 

Necesita un gimnasio de bebé de 100€ y mucho plástico? NO! Es suficiente dejarle a la mano objetos variados comunes y seguros de texturas y tamaños diferentes que agarrara cuando su cuerpo y su coordinación se lo permitan, impulsado por su propio deseo y curiosidad. 

Necesita ir a la guardería para socializar con otros bebés? NO! necesita el contacto amoroso de mamá y/o papá que es el primer tipo de socialización y sostén emocional ante la realidad… si lo sacan seguido a pasear seguro vera a otros niños e interactuara si así lo desea. 

Necesita clases programadas y armadas? NO! Necesita un ambiente cálido y adaptado a sus necesidades e intereses en su hogar. 

Necesita el último juguete de Fisher Price que le enseña palabras? NO!, necesita que le hables mucho. Escuchándote aprenderá, por lo que mientras más amplio sea tu vocabulario mejor para tu bebé. 

Entonces son malas las clases de estimulación temprana? No, simplemente NO SON NECESARIAS e incluso son mucho menos eficaces y orgánicas que lo que te mencione anteriormente para estimular. Además estamos forzando a la criatura a hacer cosas que quizás no quiere o no está preparado para hacer y a costa de que? De que camine a la misma edad que su primo? Para cumplir las expectativas de quien? 

Cada niño tiene sus tiempos, varían mucho. Quizás nunca termine gateando como en los comerciales y se arrastre como perrito, quizás hable antes que su hermano y se largue a caminar mucho después del año. Los parámetros son eso: parámetros y tienen márgenes saludables y mientras no se alejen demasiado de la media no hay porque intervenir, más bien hay que aprender a  ESPERAR. 

Procura contar con una pediatra que tenga en cuenta la particularidad de cada niño.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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Mamá no los apures…

Como cuesta disfrutar el presente cuando vivimos con una mentalidad futurista. Y que difícil entonces se hace decirle a los propios hijos que no se apuren en querer crecer si continuamente nos ven apurados y apurándolos en todo: los apuramos para cambiarse cuando ellos quizás quieren que los persigamos un rato para jugar, los apuramos para entrar en la ducha, para ir a la escuelita porque llegamos tarde. Los apuramos para que terminen de comer porque necesitamos limpiar, para irnos a la cama porque ya queremos un rato de tranquilidad. Los apuramos demasiado, siempre pensando en esa próxima actividad, siempre pensando en el futuro y mientras tanto ellos crecen a las apuradas y nosotros ni cuenta nos damos. 

Recién dimensionamos lo mucho que han crecido y caemos de golpe a la realidad cuando facebook nos trae uno de esos recuerdos de hace un par de años. Entonces nos quedamos atónitas porque no podemos creer cuanta diferencia pueden hacen un par de centímetros. Nos quedamos perplejas porque de golpe y porrazo ya no tenemos un bebé sino una “niña pequeña”. Y eso pasa porque al verlos diariamente dejamos de concentrarnos en los detalles y es en cierta forma normal si vivimos una vida muy acelerada. Pero cuando vemos a ese hijo de esa amiga que dejamos de ver por medio año no podemos creer lo grande que está: bueno, tenes que saber que tu hij@ está igual de grande!!

Por eso en casa tengo esta nueva rutina de sentarnos en el sillón antes de ir a dormir y mirarlos con la consciencia plena y abierta, observar cada uno de sus dedito, sus naricitas, hacer un scan consciente de sus mini cuerpecitos y sus brazos regordetes. Mirarlos a los ojos. Y por supuesto tratar de no apurarlos. 

Uno de los consejos más importantes que alguna vez me dieron fue que mirara y abrazara mucho a mis hijos porque la plancha puede esperar, los pendientes del trabajo pueden esperar, nuestro jefe puede esperar, los platos pueden esperar pero el tiempo, ese no espera, solo pasa y si no nos enfocamos en el ahora pasa mucho más rápido de lo que desearíamos. 

La niñez es solo una década y un cachito más, vívela con plena consciencia.

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Ningún libro te enseña a ser mamá

No es que las mamás busquemos a otras mamás porque queremos estar en ‘grupitos’ cerrado, armar ‘mini sectas’ o porque queramos aislar a las que no son madres. Las mamas de nenes chiquitos necesitamos estar con otras mamás porque la maternidad los primeros años es puro empirismo y por mas nutricionista, médica o psicóloga que seas ninguna Universidad te prepara para ser mamá.

Hay cosas que si no las experimentamos en carne propia ni la ciencia ni los libros nos pueden enseñar: el dolor de la lactancia cuando la técnica es incorrecta, el temor de las primeras fiebres, la ansiedad la angustia cuando los demás opinan sobre lo que debiera o no debiera hacer tu hijo. La incertidumbre cuando comienza la etapa de berrinches y rabietas, la culpa cuando se disciplina de una manera que no es la que una quisiera y toda una serie de sentimientos que son imposibles de entender si uno no los vives.

Es tan compleja la maternidad y estamos tan poco preparados para asumirla desde el respeto y aunque los libros si nos ayudan muchísimo hay una parte que no podemos experimentar desde la lectura o desde un video de youtuve, la tenemos que vivir. Por eso es que buscamos tan desesperadamente a otras personas que estén viviendo lo mismo, para encontrar ese hombro y ese oído que te escucha genuinamente sin juzgarte ni dándote consejos arcaicos o de manual que una sabe que no van a funcionar. A veces solo buscamos empatía, un abrazo, un “yo te entiendo” genuino.

A veces ni siquiera la propia pareja nos ofrece esa contención que necesitamos porque no es lo mismo, porque la relación que tienen los hijos con la madre no es la misma que tienen con el padre y esta comprobado. Me ha pasado en alguna oportunidad llegar a mi casa y ver a los niños jugando tranquilos mientras su papá trabaja en la compu sin interrupciones, una foto de portada de revista. Pero déjenme decirles que ese escenario nunca pasa cuando lo que está a cargo soy yo. Entonces luego cuando le hablo a mi pareja de mis emociones o algunos conflictos con los niños el no entiende y me mira como si estuviera loca.

Tu pareja, tus amigas que no tienen hijos o hasta las conocidas que tienen hijos pero ya grandes o hasta tu propio círculo familiar muchas veces piensan que son tus hormonas o que estás susceptibles o que estás exagerando o que te quejas demasiado o que “ a mi no me pasaba”.

Todos esos comentarios no te sirven ni te suman nada, lo único que necesitas es un “yo te entiendo”, “yo tampoco duermo bien desde hace cuatro años”, “A mi también la lactancia me tiene agotada”, “yo también quisiera tener un rato para mi sola”, “a mi también me duele el alma dejarlo en la guardería”. Eso es lo queremos escuchar, lo que necesitamos.

Por Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

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