Un Semestre Emocional

Se ha dado inicio al segundo semestre de este año escolar que ha estado lleno de tantos desafíos. El retorno a la presencialidad ha implicado un enorme esfuerzo de las comunidades escolares por recuperar aprendizajes, retomar hábitos, reestablecer vínculos y cumplir todas las exigencias que demanda el sistema escolar. Si, sabemos que es mucho, y que en todo este proceso las personas, niños, niñas, adolescentes y adultos, conviven con muchas emociones cada día, las cuales inciden en el comportamiento, el aprendizaje, en la toma de decisiones y en nuestro bienestar psicológico y físico.

 

Por eso, poner atención a nuestras emociones y aprender a regularlas es tan importante.

 

En las últimas mediciones socioemocionales que hemos aplicado en distintas comunidades escolares, se repiten algunas emociones como las más frecuentes. Pero no son iguales en todos los grupos.

 

Entre estudiantes, la emoción más frecuente es el aburrimiento, esta tendencia la hemos observado en todos los establecimientos y en todos los niveles educativos.

Entre docentes y asistentes de la educación, la emoción más frecuente es la ansiedad, claro correlato de los altos niveles de estrés que se reportan.

 
 

¿Para qué nos sirven estos datos?

 

Obviamente en cada comunidad hay contextos muy diversos, pero si hay una tendencia marcada de los estudiantes a experimentar aburrimiento, estamos con un problema para el aprendizaje. Y ayudan a entender algunos comportamientos de desidia, irresponsabilidad con el trabajo escolar, indiferencia o aletargamiento. El aburrimiento indica que los niños y niñas no se están conectando con los aspectos más inherentemente satisfactorios del aprendizaje, y por lo tanto no se está activando la curiosidad. Sin duda que hacer las clases más atractivas, activas, lúdicas, con entusiasmo, pueden ser un ingrediente para revertir este aburrimiento. Pero antes de iniciar cualquier acción o cambio, es importante tomar la perspectiva de los estudiantes. Escucharles a ellos y ellas hablar sobre qué les interesa, cómo les gusta trabajar y aprender, comentar qué clases les han llamado la atención y por qué, cómo les gusta que los traten, qué nivel de desafío esperan, etc. Cuando las escuelas consideran los intereses de sus estudiantes al planificar sus objetivos, metodologías y actividades, conectan mejor con la curiosidad y el asombro.

 

En el caso de los adultos, si la ansiedad es la emoción más frecuente (algo que no debiera ser muy novedoso), entonces hay una alarma encendida, aunque no la queramos oír o ver. El estrés crónico es un elemento muy nocivo para el buen desempeño, y esto es así para los docentes como para cualquier profesión. ¿Nos subiríamos a un avión si el piloto comenta antes de despegar que se siente cansado y estresado?

 

La ansiedad es una emoción compleja derivada del miedo, que se caracteriza por una excesiva preocupación por eventos futuros que pueden ocurrir. Esa voz que dice “no voy a poder”, “no voy a alcanzar”, “¿cómo voy a terminar esta semana?”, etc. Hay varias estrategias para regular la ansiedad, y una de las más recurridas es aprender técnicas de respiración profunda, que se pueden utilizar en cualquier momento y no se necesita demasiado tiempo. Parar unas 3 a 4 veces al día para respirar profundo durante unos minutos ha mostrado ser efectivo. Pero sabemos que la respiración ayuda a calmar nuestra fisiología, sin embargo, los problemas y las obligaciones, que a veces parecen excesivas, siguen ahí. Otras formas de manejar la ansiedad implican un poco más de esfuerzo, pero quizás es una oportunidad de hacer algo colectivo en la comunidad. Una propuesta es hacer grupos de conversación o reflexión entre colegas, con espacios especialmente reservados para ello. Hay escuelas que todas las semanas inician sus reuniones con 15 minutos de conexión. Hay sencillas actividades que favorecen el poder compartir las emociones del día o de la semana, sin necesidad de transformar esto en una terapia ni mucho menos. Se pueden hacer cosas lúdicas, cosas más reflexivas o simplemente de conocerse más a nivel personal. El hecho de sentirse parte de una red de relaciones de cuidado, es un factor que ayuda a manejar la ansiedad, porque una de las cosas que la provoca o la aumenta es la sensación de estar solo o sola contra el mundo, sentir que nadie te puede ayudar.

 

Pero no todo son malas noticias. las emociones negativas conviven con las emociones positivas. Y aunque la frecuencia del aburrimiento y la ansiedad en estos dos grupos son bastante altas, también hay algunas emociones positivas que se están manifestando con mayor frecuencia. Entre los estudiantes, vimos en nuestras mediciones como más frecuentes la alegría, seguida de la gratitud. Entre docentes y asistentes de la educación, la gratitud y el amor.

 

Si bien la frecuencia de emociones negativas ha resultado ser más alta que la frecuencia de estas emociones positivas, podríamos decir que aquí hay una semilla para ser regada frecuentemente. La gratitud es una emoción positiva que ha sido bastante estudiada por los efectos positivos que genera en las personas y las comunidades. Cuando cultivamos la gratitud se fortalece el optimismo, la confianza y la colaboración. Recomendamos mucho planificar las actividades escolares, sean clases, reuniones, recreos, celebraciones, etc. incorporando espacio para la gratitud. Pueden ser pequeños momentos donde estudiantes o docentes puedan expresar gratitud por algo o alguien, o actividades más planificadas que lleven a reflexionar sobre los beneficios de agradecer. En algunas escuelas los estudiantes tienen un diario en el cual escriben todas las cosas buenas o positivas, o en algunas salas de profesores han instalado un mural de gratitud en el que se pueden dejar mensajes que todos pueden leer. Quizás lo más significativo es que los adultos comiencen a mostrar su gratitud explícitamente. Basta con que todos los profesores se pongan de acuerdo para hacerlo cada día y se generará una ola expansiva.

 

Te invitamos este semestre a poner atención a las emociones de tus estudiantes y de docentes y asistentes de la educación. Busca estrategias para darle espacio y contención a las emociones negativas y otras para activar más intencionadamente emociones positivas. No se requiere convertir a la escuela en un parque de entretenciones, no te asustes. Las iniciativas que funcionan normalmente lo hacen más por la consistencia en la implementación que por la iniciativa en sí. A veces cosas sencillas practicadas con regularidad pueden ser tremendamente eficaces, en especial en el ámbito de lo socioemocional.

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Autocompasión: Una práctica para el Autocuidado

¿Por qué la autocompasión es una buena estrategia para el autocuidado?

Aunque a algunas personas la palabra autocompasión les puede sonar a tenerse lástima, en realidad es una práctica que tiene bastante evidencia sobre su eficacia como estrategia para mejorar el bienestar (Neff, 2007)

 

La profesión docente y de quienes trabajan con niños, niñas y adolescentes es muy exigente en términos emocionales, y en especial en contextos de mayor vulnerabilidad. Y muchas veces las exigencias del cuidado de otros puede llevar a la sensación de que nunca es suficiente la entrega, o de que hay problemas que afectan a las y los estudiantes de los cuales nada se puede hacer. Estas situaciones pueden ocupar mucho espacio en la mente, a través de pensamientos y emociones negativas, y sobre todo a la creencia de que ser suficientemente bueno o buena en el trabajo. Además, se suman las exigencias personales y familiares. Esto genera mucho malestar y estrés.

 

La práctica de la autocompasión es una estrategia para lidiar con estas emociones y preservar la creencia de que uno mismo es suficiente, de que lo que se hace es suficiente. En realidad sirve para todas esas veces en que nos sentimos criticados, fracasados, tristes, solos o incapapces de enfrentar los desafíos de la vida.

 

Consiste en tres pasos:

 
  1. Dar un espacio justo a las emociones dolorosas. Negar, minimizar o ignorar lo que sentimos no es una buena idea. Para regular las emociones lo primero es reconocerlas, identificando su manifestación en el cuerpo, su intensidad y sus causas. Pero no significa quedarse pegado. Tienes que dejarla ir y pasar al segundo paso.

  2. Reconocer la común humanidad. Cuando sentimos dolor o incomodidad es muy común sentirse solo o sola, creemos que nadie siente lo mismo, o que lo que te pasa te pasa solo a ti. Esto es una ilusión. Todos los seres humanos experimentamos la vergüenza, sentimientos de inadecuación, soledad, frustración. Si puedes reconocer esto, entonces podrás reconocer que no hay nada malo en tí. Eres sencillamente humano.

  3. Hablarte con bondad, tratarte como tratarías a un buen amigo o amiga. Muchas veces somos más críticos con nosotros mismos que con cualquier otra persona. En situaciones problemáticas nos decimos cosas como “no haces bien las cosas”, “nunca terminas lo que empiezas”, “siempre te equivocas”, “cómo pudiste ser tan….”, “nadie te va a entender”. ¿Le dirías lo mismo a alguien querido? Cambia la forma de hablarte cuando aparezcan estas ideas en tu cabeza. “Soy suficiente.” “Me equivoco, pero salgo adelante.” “Soy una buena persona.” “Hago lo mejor posible.”

 

La práctica de la autocompasión es una estrategia que te ayudará a enfrentar con más recursos emocionales los desafíos que se te presentan en la escuela. Estos pasos los puedes hacer en unos minutos, respirando profundo antes de cada uno.

 

Aprovecha estas vacaciones de ponerla en práctica, y si te animas, comienza cada día mirándote al espejo y diciéndote alguna palabra de aliento.

Referencias

 

Neff, K. D., Rude, S. S., y Kirkpatrick, K. L. (2007). An examination of self-compassion in relation to positive psychological functioning and personality traits. Journal of Research in Personality, 41(4), 908–916.

www.selfcompassion.org

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Equidad en educación: reconocer el impacto del trauma

El año 1998 el Centro de Control de Enfermedades de EE UU (Center for Disease Control, CDC) junto con la Fundación Kaiser Permanente, publicaron uno de los estudios más importantes realizados hasta ahora, sobre la relación entre las experiencias adversas en la infancia y la salud y el bienestar en la adultez. Con una muestra de más de 17.000 participantes, sus resultados marcaron el inicio de muchas investigaciones sobre el tema.

Los resultados de este estudio y de otros que le han seguido indican que:

  • Existe una relación de causalidad entre haber sufrido experiencias adversas en la infancia y peor salud física y mental en la adultez y muerte prematura.

  • Mientras más experiencias adversas se hayan experimentado, peor es el pronóstico para la vida adulta.

  • 2 tercios de la población ha sufrido al menos una experiencia adversa en la infancia o adolescencia.

  • 1 de cada 5 ha sufrido 4 ó más experiencias adversas.

 

¿Por qué este tema es tan importante para las escuelas?

 

Estos resultados indican que en cada sala de clases hay muchos niños, niñas y adolescentes que están viviendo o podrían sufrir, eventos potencialmente traumáticos. Y junto con ellos y ellas, hay muchos profesores y profesoras, que sufrieron eventos adversos en su propia infancia y que sin saberlo pueden estar afectando su salud mental.

 

Probablemente tú que estás leyendo has sufrido una experiencia adversa en la infancia o conoces a alguien que sí.

 

Este tema está tan presente en la sociedad en general que puede parecer inabordable. Pero la ciencia también nos muestra que hay esperanza, y en parte el aprendizaje socioemocional en la escuela puede jugar un rol importantísimo para cambiar la trayectoria del trauma en los niños, niñas y adolescentes. Las escuelas no deben pensar este tema como una necesidad por educación especial para estudiantes con trauma, porque no es su rol la atención terapéutica, y lo que puede hacer en términos reparatorios y preventivos, es algo que le hace bien a todos los niños y niñas, no sólo a aquellos que han vivido un trauma por experiencias adversas.

 

Por supuesto que a nivel de políticas públicas y como sociedad tenemos que hacer todo lo posible por evitar que los niños y niñas sufran experiencias adversas en la infancia, tales como la pobreza extrema, el abuso físico, sexual o emocional, la violencia en los barrios, la discriminación y otras que se relacionan con aspectos de la sociedad. Pero otras experiencias adversas serán inevitables como la enfermedad grave del cuidador, el divorcio, desastres naturales o una pandemia.

 

La escuela interviene en la vida de los niños, niñas y adolescentes en períodos cruciales de su neurodesarrollo, el cual se puede ver severamente afectado por el estrés tóxico que provoca el trauma, y que les dejará con menos oportunidades de aprender y desarrollar competencias cognitivas y de autorregulación.

Algunas cosas que las escuelas si pueden hacer para contribuir a la protección y la resiliencia son las siguientes:

 
  1. Identificar y reconocer qué prácticas escolares podrían estar re victimizando o generando mayor estrés en sus estudiantes. En especial poner atención a las prácticas disciplinares. Normas y consecuencias claras no es sinónimo de castigos. Los niños y niñas afectados por el trauma suelen no ser capaces de identificar claramente las causas de sus comportamientos, y suelen ser castigados por ellos. Buscar la manera de establecer una disciplina restaurativa, que entiende que las y los estudiantes están en un período formativo y deben poder tener la oportunidad de reflexionar sobre sus acciones y ser parte de las soluciones a los problemas.

  2. Proveer a las y los estudiantes el tener vínculos positivos con adultos. En especial a aquellos que no los tienen en sus familias o comunidades. Tener al menos un adulto incondicional es un factor protector reconocido por las investigaciones. Este vínculo no puede estar condicionado al buen comportamiento o las notas, pensar que para algunos estudiantes su identidad se ha formado en la creencia de que no merecen ser queridos tal y como son. Este vínculo es muy importante precisamente en sus peores momentos.

  3. Promover como foco prioritario el fortalecer el sentido de competencias de los y las estudiantes. Los niños y niñas que sufren experiencias adversas muchas veces desarrollan una desesperanza aprendida que les lleva a creer que no pueden hacer nada para mejorar sus circunstancias o que están indefensos ante los eventos que les rodean. Favorecer la experiencia de logro, en cualquier ámbito. También ayudarles a desarrollar habilidades de regulación emocional para que vayan poco a poco percibiendo que sí pueden enfrentar diferentes situaciones de mejor manera.

  4. Ayudar a docentes a desarrollar habilidades socioemocionales para que puedan modelar la autorregulación en la sala de clases. Un profesor que grita, una profesora que es irónica, pueden sin querer, gatillar una respuesta asociada al trauma. Y no es que tengan que andar “pisando sobre huevos”. Gritar y humillar no es bueno para ningún estudiante. Pero las y los docentes muchas veces tienen reacciones que también surgen por su propio estado socioemocional. Requieren apoyo y ser cuidados y cuidadas también.

 

No es fácil abordar el trauma en la escuela, pero es una realidad presente, que si no se aborda, perpetuará la inequidad que sufren muchos niños, niñas y adolescentes por no poder acceder a una educación que de verdad les entregue herramientas para su óptimo desarrollo.

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No a la positividad tóxica, si a la positividad equilibrada

Muchas de las intervenciones escolares que realiza Fundación ama+ están basadas en conocimientos que han surgido de los investigadores de la Psicología Positiva, un movimiento que surge en 1998, con un llamado de Martin Seligman a que la psicología volviera a mirar, no solo las causas del malestar sino también las causas del bienestar. Desde entonces la psicología positiva ha ganado popularidad, especialmente en EEUU, sin embargo hay también unas cuantas críticas a este movimiento (no es una rama de la psicología).

 

Resumiendo, estas críticas sostienen que la psicología positiva promueve la idea de que el bienestar sólo depende de uno mismo ignorando los factores contextuales de las personas, bastaría con cambiar nuestra forma de pensar o nuestros hábitos, para ser felices. Algunos le han llamado positividad tóxica, porque no reconocer que las emociones negativas son parte natural e importante de la experiencia humana, y que hay circunstancias de la vida, de la historia y del ambiente social que inciden en el bienestar de las personas, puede generar más malestar aún cuando empiezas a creer que hay algo malo en tí que no te permite ser feliz.

 

Estoy totalmente de acuerdo con la idea de fondo detrás de estas críticas, aunque pienso que surgen de un entendimiento superficial de lo que es la psicología positiva.Esta no pretende eliminar la investigación y los tratamientos que merecen la enfermedad mental, sino hacer esfuerzos paralelos por entender científicamente las causas del bienestar, que por supuesto también depende de aspectos contextuales. Por eso, la psicología positiva no estudia solo los factores personales, sino también factores de las organizaciones y comunidades que favorecen el mejor desarrollo de las personas.

 

En ese sentido, las familias y las escuelas como comunidades de desarrollo, no están ajenas a estos estudios. Lo que sucede es que las comunidades se componen por personas, entonces hay un círculo, que puede ser virtuoso o vicioso, en el que las personas aportan con sus cualidades y vulnerabilidades a construir un tipo de comunidad, la cual a su vez, incide en las cualidades y vulnerabilidades que desarrollan las personas. Atribuir el bienestar sólo a los factores personales es tan errado como atribuirlo sólo a factores del ambiente (social, cultural, histórico o político). Esta última opción deja a las personas indefensas cuando se enfrentan a grandes adversidades en su contexto, con la sensación de que nada pueden hacer por sus vidas más que sentarse a esperar a que algo cambie.

 

La neurociencia ha ido confirmando esta realidad. Se ha descubierto cómo el ambiente incide en la configuración del cerebro de cada ser humano, y también se ha descubierto que esa configuración es moldeable, y que las personas si pueden hacer muchas cosas para cambiar su configuración. No podemos ocultar esta información a las personas, finalmente cada uno debe poder decidir qué hacer con su vida en la mayor medida posible. La neuroplasticidad es un llamado al optimismo. Nunca, en ningún momento de la vida, se puede dar por perdida una vida. y en este sentido el contexto es fundamental. ¿Cómo ayudamos a las personas a ganar autonomía para su autodeterminación?

 

La escuela es un lugar privilegiado para dar este poder a los niños y niñas, porque interviene en un momento de la vida en el que la arquitectura cerebral es más plástica que nunca. Y en especial a aquellos niños y niñas que viven en contextos poco favorables para su bienestar, es un acto de justicia, permitirles desarrollar mejores competencias de autocuidado, manejo del estrés, autocompasión, desarrollo de habilidades sociales, mentalidad de crecimiento, etc. No se trata de decirle a los niños, piensa positivo sé feliz, o de llenarlos de experiencias placenteras que aumenten sus emociones positivas para que ignoren las emociones que viven en sus casas, ni menos de atribuirles la expectativa de que la felicidad sólo depende de ellos. Por el contrario, es mostrarles que pueden tener ayuda en la sociedad, que no están solos, que son importantes y que merecen ser queridos. Si sólo el contexto determina la felicidad, entonces qué sentido tiene la escuela.

 

No a la positividad tóxica, esa que pone todo el acento en el poder de la voluntad individual. No al pesimismo tóxico, ese que pone todo el acento en el poder de los contextos.

Si a la positividad equilibrada, esa que cree que el cambio personal y colectivo pueden ocurrir al mismo tiempo para que todas las personas puedan tener acceso al bienestar.

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EMOCIONES POSITIVAS: UNA CLAVE PARA LA RECUPERACIÓN ESCOLAR

Las lamentables noticias que se están difundiendo sobre trágicos eventos en distintas comunidades escolares del país nos pueden provocar sentimientos de horror, desesperanza y ansiedad. ¿Cómo no lamentar el suicidio de dos adolescentes? ¿O la violencia que sufren niños, niñas, adolescentes y docentes? ¿Cómo no preocuparnos por el retroceso en habilidades cognitivas y socioemocionales fundamentales para el desarrollo.

Hay mucho por hacer para la tan ansiada recuperación escolar, y una clave podría estar en la activación de emociones positivas en la escuela.
Barbara Fredrickson, una investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, se ha dedicado a estudiar el impacto de las emociones positivas en la capacidad de resiliencia y el bienestar, con interesantes hallazgos que pueden iluminar sobre el tipo de acciones que necesitamos para recuperarnos de dos años traumáticos en el sistema escolar. A través de sus estudios, Fredrickson ha podido observar que las personas resilientes no sufren menos estrés que aquellas menos resilientes, es decir, frente a un evento negativo, el dolor, la rabia, la incertidumbre, nos golpean a todas las personas por igual. Sin embargo, algunas logran recomponerse emocionalmente y volver a funcionar óptimamente más rápido. La clave estaría en la capacidad de poder activar emociones positivas, a pesar de las emociones negativas que están sintiendo. Al hacerlo, las emociones positivas cumplen una doble función para la recuperación. Por una parte, parecen revertir los efectos de las emociones negativas, que activan nuestro sistema nervioso simpático elevando el cortisol, acelerando el corazón, disminuyendo nuestro sistema inmune entre otras reacciones, que en la medida en que se van acumulando nos pueden producir un enorme daño a nuestra salud física. Al mismo tiempo, las emociones positivas, permiten al cerebro aumentar su capacidad de concentración y aprendizaje, la flexibilidad, mejora la memoria y la creatividad, todo lo cual nos ayuda a ir construyendo recursos cognitivos y sociales que sirven para afrontar los desafíos de la vida.
Cuando hablamos de activar emociones positivas nos estamos refiriendo a un amplio repertorio de eventos psicológicos que van mucho más allá de la realización de actividades placenteras o lúdicas. Pensamos no sólo en la alegría, sino también en la calma, la compasión, el altruismo, la esperanza, la gratitud, la curiosidad, la satisfacción, etc.
Hay muchas formas de activar o propiciar emociones positivas en una escuela. Acá te dejamos algunas ideas:
Establece prácticas de celebración creativas, donde se reflexione sobre todo los positivo que ha ocurrido en una clase, en una semana, en un semestre. Ya el hecho de volver a la presencialidad es un gran evento para celebrar.

Establece prácticas de gratitud, que lleven a estudiantes, docentes y funcionarios, a conectarse con lo bueno que han recibido de parte de otros, y que tengan el espacio para expresarlo.

Establece prácticas de recuperación de la calma, cuando haya estrés. Se puede hacer a través de sencillas rutinas de respiración, o asegurando un lugar físico en que habrá alguien que te puede contener. No esperar hasta que la situación se hace incontrolable, la práctica constante de la recuperación, facilita que nuestro sistema nervioso autónomo se regule con mayor flexibilidad.

Establece prácticas de bondad. Hablamos mucho de ser generosos, del buen trato y de la empatía, pero a veces faltan oportunidades de practicar. Piensa en formas de incentivar actos de bondad pequeños pero constantes al interior de la comunidad. Ayuda mutua entre compañeros para aprender, colaboración en la mantención del cuidado de la escuela, sentido de comunidad cuando alguien lo está pasando mal, y sobre todo, conversar sobre cómo nos sentimos cuando ayudamos a otros.

Establece prácticas de escucha. Cuando estudiantes y docentes se sienten vistos e importantes, se activa la motivación. Si tienes un rol directivo pregunta ¿qué piensas de esta decisión? ¿cómo te sientes al respecto?. Si eres docente, guarda momentos en tus clases donde los estudiantes puedan expresar si el contenido les parece entretenido o aburrido, fácil o difícil.

Establece prácticas de movimiento y juego. Atrévete a planificar actividades de aprendizaje activo, en que las y los estudiantes tengan que moverse y/o jugar. Lo mismo con los adultos, a quienes a veces nos cuesta más conectarnos con lo lúdico.

Es importante acoger y darle un espacio justo a las emociones negativas, pero no olvidemos que para favorecer la resiliencia es igualmente importante aprender a activar nuestras emociones positivas.
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Foto de Nathan Dumlao en Unsplash

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Parar, soltar, celebrar: 3 actitudes para enfrentar el retorno a clases.

Las últimas semanas han estado llenas de noticias sobre violencia escolar, riñas juveniles, apoderados furiosos, docentes heridos, desborde, desregulación. Todo suma para conformar un cuadro caótico de este retorno a clases, después de dos años pandémicos.

 

Sin duda que hay múltiples explicaciones a lo que está ocurriendo, y que no todos los casos son iguales, estamos frente a una realidad compleja, que por lo tanto no tiene una solución fácil y rápida.

 

Pensar que el retorno a clases 2022 iba a ser como aplicar una máquina del tiempo para volver a un marzo cualquiera previo al 2019, era sin duda una ingenuidad. Después de vivir un trauma (sí, la pandemia ha sido un evento traumático para toda la humanidad) nadie queda igual. Si para los adultos la pandemia ha sido feroz, tenemos que pensar que para los niños, niñas y adolescentes, quienes aún están desarrollando y madurando sus capacidades regulatorias y quienes han tenido mucho menor poder de control sobre sus vidas, quedando a la deriva de las decisiones que los adultos toman por ellos y ellas, estos dos años probablemente han sido aún más traumáticos.

 

El aprendizaje socioemocional, de acuerdo a la evidencia, parece ser la respuesta adecuada. Si bien durante estos dos años se ha hablado mucho, y relevado, el rol del aprendizaje socioemocional para el bienestar de las comunidades escolares y su impacto directo en el aprendizaje académico y la convivencia escolar, claramente no se han generado las estructuras ni los incentivos suficientes como para que las escuelas definitivamente le abran un espacio prioritario. Aún los equipos escolares se ven tensionados por todas las exigencias administrativas y de resultados académicos, sin saber muy bien cómo, más bien en qué minuto del día, se puede integrar el aprendizaje socioemocional. Es urgente que las autoridades, y que como país, se establezca una hoja de ruta clara hacia dónde queremos llevar el sistema educativo, que esté sustentada en la evidencia. Mientras eso no ocurra, ¿no hay nada que hacer?

 

Creemos que si, el ingenio humano y la creatividad siempre pueden encontrar caminos en medio de los obstáculos. Te dejamos algunas recomendaciones que podrían ayudarte a planificar el aprendizaje socioemocional en tu comunidad, y atender así a estas manifestaciones absolutamente esperables de tus estudiantes y docentes, tras dos años de trauma pandémico.

 
 

1. Parar. Por supuesto que no nos referimos a parar la escuela ni suspender las clases. Se trata de intencionar un tiempo en el cual se pueda mirar con perspectiva lo que esté ocurriendo en la escuela. En especial si observas mucho estrés, si los docentes tienen la sensación de que no les alcanza el tiempo, si ves agobio y ansiedad. Parar para respirar. No se puede correr todo el tiempo, es necesario tener momentos de recuperación. Este parar puede hacerse en jornadas de reflexión y encuentro, antes y después de cada reunión o clase. Es un parar para pensar, escuchar. Sabemos que es complejo, pero si no se hace intencionadamente la escuela seguirá corriendo a toda velocidad sin un destino claro ni muy auspicioso en el mediano plazo.

 
 
 
 
 

2. Soltar. Dejar ir lo que se fue. Es doloroso ver niños y niñas con tanto retroceso en sus habilidades académicas, pero estas no van a volver bajo presión. El estrés es el peor enemigo del aprendizaje porque desconecta zonas cerebrales que deben funcionar integradas, destruyendo la capacidad de memoria y retención. Trata de ver la situación como un nuevo comienzo, confía en la capacidad del cerebro de aprender toda la vida y enfócate en buscar las mejores estrategias para un aprendizaje significativo en vez de tratar de que ocurra en meses lo que no ocurrió en dos años.

 
 

3. Celebrar. ¡Estamos juntos otra vez! Este solo hecho es motivo de alegría. Hemos sobrevivido, sufrido, hay heridas y cicatrices, y también hemos desarrollado nuevas capacidades, motivaciones, propósitos. Las relaciones sociales se han transformado, porque ahora las valoramos tanto más. Cambiar el foco de atención hacia lo positivo, no significa desconocer las dificultades, pero es una estrategia de resiliencia porque sabemos que las emociones positivas revierten los efectos del estrés y nos permiten construir recursos sociales, cognitivos y hasta físicos. ¿Qué puedes apreciar en tu comunidad hoy?

 

Integrar el aprendizaje socioemocional en la cultura escolar no es algo fácil ni rápido, por eso, hemos diseñado una asesoría integral de acompañamiento a las comunidades escolares a llevar adelante este camino. Aquí puedes encontrar más información de este proceso y comunicarte con nosotros para tener una reunión.

 Foto portada de Davis Sanchez en Pexels
 
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Estrategias para manejar el estrés escolar

El retorno a la presencialidad total es sin duda un anhelo y un objetivo prioritario de las comunidades escolares. Durante los últimos dos años escuchamos a muchos docentes decirnos que echaban de menos el contacto físico con los estudiantes. Sin embargo, ahora que estamos en ese escenario, parecen haber bastantes dificultades. Volver a acostumbrarse a un colegio “lleno” de estudiantes, con la amenaza permanente de contagio y la efervescencia de niños, niñas y adolescentes que vuelven a reencontrarse en el espacio escolar, es un tremendo desafío.

 

Si en tu comunidad escolar estás viendo que el estrés sube, docentes cansados, estudiantes hiperactivos y equipos desgastados, entonces, te recomendamos darle prioridad a una planificación que tenga como foco el bienestar. Esto no significa dejar de darle importancia al aprendizaje académico, por el contrario, es la mejor inversión que puedes hacer para promover ambientes seguros y adecuados para la recuperación escolar. El estrés es el enemigo número uno de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

 

La pandemia ha sido un evento traumático para toda la humanidad, y esto es algo que es importante reconocer, para poder aceptar con compasión lo que esté ocurriendo en la comunidad escolar. Es normal y es adecuado que las personas estén reaccionando como lo hacen. Pero ¿cómo se puede ayudar a la comunidad a manejar el estrés y los efectos del trauma?

 

Proponemos a las comunidades escolares enfocarse en este objetivo durante el inicio del año escolar. Lo que inviertan en este momento para construir capacidades de autogestión emocional y prácticas de cuidado, tendrá un enorme impacto en el aprendizaje académico y en las relaciones dentro la comunidad en el corto plazo, y en la vida futura de las y los estudiantes en el mediano y largo plazo.

 

Estas capacidades de autogestión emocional y prácticas de cuidado se aprenden practicándose, y por lo tanto, requieren que primero los adultos las conozcan y las usen de manera personal. Hay muchas estrategias que puedes sacar de la Bitácora para el Autocuidado Docente, material entregado por el MINEDUC a todos los docentes del país, y que también está disponible en formato PDF.

Establecer tiempos de pausas activas o guiadas, en las que se hagan ejercicios de respiración, juegos o reflexiones en torno a temas no académicos. Que cada reunión tenga un inicio o un final significativo, que implique un ejercicio de autoconciencia o de conexión con otros. Hay prácticas tan sencillas como empezar una reunión planteando preguntas que conectan. ¿Cuándo fue la última vez que te reíste a carcajadas? ¿Qué país te gustaría visitar? ¿Con quienes vives? ¿Cuál es tu hobby favorito? Al intencionar estos momentos las personas tienen un espacio de conexión a nivel personal, sin entrar en una intimidad inapropiada, se favorece el que se conozcan más y aumenta la confianza, lo que se traduce en un aumento del trabajo colaborativo.

Otra idea es tener un mural de gratitud, en el que se van dejando mensajes de gratitud y todos pueden leerlos. Esto se puede hacer a nivel de adultos y también en la sala de clases.

Por último, es fundamental aprender a parar cuando haya situaciones caóticas o estresantes, cuando se tiene la sensación de que se pierde el control. Que sea válido y valioso el detenerse, reconocer lo que está sucediendo y buscar una forma de volver a recuperar la calma. Es la mejor manera de manejar el estrés y es un modelaje fantástico para los estudiantes.

 

Pero todo esto será muy complejo si no se planifica y si no se incluye en dicha planificación a docentes, asistentes de la educación e incluso los mismos estudiantes. Si inviertes hoy en bienestar, tendrás mejores resultados de aprendizaje y una comunidad fortalecida.

 
 
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Estonia: integrando aprendizaje y bienestar.

Un pequeño país está acaparando atención mundial por sus excelentes resultados en las últimas mediciones PISA que realiza la OCDE. Una nueva Finlandia, dicen algunos, por el impresionante avance tanto en competencias académicas como en niveles de bienestar de los estudiantes. Este último punto es muy destacable, ya que hay países como Corea del Sur, Japón o China; que consistentemente muestran buenos resultados académicos, pero con la misma consistencia, muestran estar al debe en relación al bienestar psicológico de sus estudiantes.

 

También es un sistema educativo que muestra altos niveles de equidad, reduciendo brechas entre estudiantes con distinto nivel socioeconómico, y brindando una atención muy oportuna a aquellos estudiantes que necesitan apoyos especiales. Otro dato que hace este caso especial es que el gasto en educación no ha aumentado significativamente, lo que habla de un buen uso de los recursos y de cambios que tiene que ver con implementar una nueva forma de hacer las cosas. (Ocde, 2018)

 

Al igual que lo ocurrido en Finlandia hace ya más de una década, las mejoras educativas se sustentan en un gran acuerdo nacional, con todo el espectro político, que da cuenta de una visión país compartida, y que permite el desarrollo de políticas de largo plazo.

Los cambios o mejoras siempre tienen causas múltiples. Dentro de las políticas que se han destacado respecto del caso de Estonia, sobresalen: cambios a la formación docente que ha permitido darles una gran autonomía en la toma de decisiones dentro de la sala de clases, así como una cobertura universal de la educación preescolar, que está enfocada en el juego y no en la escolarización. También se ha señalado como factor de éxito la instalación de una cultura del buen uso de la tecnología en la educación.

 

Lo interesante es que nos muestra que es posible transformar las escuelas en lugares donde los niños, niñas y adolescentes aprenden, lo pasan bien y se sienten seguros.


 

Referencias

 

Education GPS – Estonia – Student performance (PISA 2018). (2018). Education GPS. https://gpseducation.oecd.org/CountryProfile?plotter=h5&primaryCountry=EST&treshold=5&topic=PI

 
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¿Cómo encender la motivación de tus estudiantes?

Según una investigación (Deci, E. L., et. al., 1981), las y los docentes pueden impactar significativamente la motivación de sus estudiantes y en muy poco tiempo. En este caso se evaluó el estilo pedagógico de un grupo de docentes dentro de dos categorías: estilo controlador y estilo pro autonomía. Luego, se midió la motivación de sus estudiantes, antes del inicio de clases y después de ocho meses, dos meses y una semana. En los tres casos se comprobó que los docentes por autonomía mantenían o aumentaban la motivación intrínseca por aprender, y los docentes controladores la disminuían.

 

¡En una semana ya se notaban las diferencias entre ambos grupos!

 

¿Que hace la diferencia?

 

Al igual que una planta, la motivación intrínseca, tiene necesidades básicas, que si no se satisfacen hacen que la planta muera o no crezca lo suficiente o no de frutos. De acuerdo a numerosas investigaciones en el campo de la motivación los seres humanos tenemos necesidades psicológicas básicas, que en ambientes donde son satisfechas, nos sentimos más motivados y nos brindan mayor bienestar.

 

Estas necesidades son la autonomía, los vínculos positivos y tener sentido de competencia.

Los docentes por autonomía satisfacen estas necesidades mediante determinadas prácticas pedagógicas y evitando otras que disminuyen el amor por aprender y la curiosidad.

 

En la siguiente imagen te mostramos un resumen de las prácticas proautonomía v/s las prácticas controladoras.

 
 

Te recomendamos en espacial una de estas prácticas para el inicio de año: dar sentido a las normas.

 

Esto es tan sencillo como dialogar con los estudiantes sobre las expectativas que tienes sobre su comportamiento en clases, buscando que te den su opinión, mostrando aceptación de esas opiniones, explicar por qué has pensado en esas normas, preguntarles cuáles cambiarían y que ellos mismos propongan otras normas. Piensa en normas no sólo que los estudiantes deban cumplir, sino también en tus deberes y explicítalos, eso favorece un sentido de justicia. Luego plantea discusiones sobre las consecuencias de no cumplir las normas, buscando que ojalá sean consecuencias lógicas y naturales y no castigos. Y finalmente habla con ellos sobre prioridades y jerarquías, no todas las normas son iguales, hay algunas más flexibles, hay consecuencias más o menos graves, etc.

 

Si bien este proceso puede tomar tiempo, piensa en todas los problemas disciplinarios que te puedes ahorrar, y en todas las capacidades cognitivas y competencias socioemocionales que se estarán desarrollando.

 

Si te interesa capacitar a tus equipos sobre este tema mira el programa Ambientes AVC para la Motivación Escolar que hemos desarrollado en ama+.

 
 

Deci, E. L., Schwartz, A. J., Sheinman, L., Y Ryan, R. M. (1981). An instrument to assess adults’ orientations toward control versus autonomy with children: Reflections on intrinsic motivation and perceived competence. Journal of Educational Psychology, 73(5), 642–650.

 Foto portada:  de Mikhail Nilov en Pexels
 
 Mas información en www.aprendizajesocioemocional.cl/
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Un Nuevo Comienzo: ¿Cómo Capitalizar lo Aprendido en Pandemia?

Es de esperar que este año más y más comunidades escolares retomen las clases presenciales y al mismo tiempo, puedan capitalizar todas las ganancias que se produjeron en estos últimos dos años, quizás los más desafiantes en décadas.

 

¿Qué ganancias son esas?

 

En estos dos años, trabajando con comunidades de todo el país, escuelas rurales y urbanas, liceos, colegios, etc., hemos visto que el aprendizaje socioemocional ha pasado a ser relevante, visto, priorizado como nunca antes. Tanto directivos como docentes reconocen que es fundamental para lograr mejores aprendizajes académicos y mayor bienestar, de niños, niñas, adolescentes y adultos. Se ha visibilizado el rol de la escuela más allá de lo académico.

 

También hay un reconocimiento generalizado de la importancia del bienestar docente y del impacto que tiene el estrés crónico en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Hemos sido testigos de la necesidad sentida de fortalecer los vínculos, y cómo muchas comunidades dicen haber mejorado el trabajo en equipo. Las duplas psicosociales y asistentes de la educación, también han mostrado que su rol de apoyo a los docentes es esencial, y que requieren ser mirados.

 

Más que un retorno a la normalidad, debiésemos pensar en una renovación de la vida escolar, donde el cuidado colectivo sea un eje central en la toma de decisiones. Volver al mismo estado pre pandemia significaría retroceder a un sistema con foco prioritario en lo académico y en la obtención de resultados, sin mucha consideración a la importancia del bienestar psicológico de las personas en los procesos. Hoy podemos tener un nuevo comienzo en las escuelas.

 

De acuerdo a la evidencia, para instalar el aprendizaje socioemocional en los procesos formativos y en el quehacer de una comunidad escolar, hay cuatro elementos o pilares que son clave (Mahoney et. al., 2021):

1° Construir una visión de largo plazo, conocida, compartida y construida con toda la comunidad.

2° Desarrollar el aprendizaje socioemocional de los adultos.

3° Integrar el aprendizaje socioemocional al currículum académico y prácticas escolares, además de tener programas explícitos para el desarrollo de competencias en los estudiantes.

4° Medir el aprendizaje socioemocional de manera continua.

 

Para lograr tener una perspectiva amplia y que incluya la voz de todos los actores involucrados. Fundación ama+ tiene a disposición de las comunidades un instrumento que puede guiar una reflexión inicial para la planificación. Se trata de nuestro cuestionario IASE (Indicadores de una cultura de Aprendizaje Socioemocional) escolar. Es una rúbrica que puede ser contestada por directivos, docentes, asistentes de la educación, apoderados y estudiantes; es totalmente gratuito y online, y se puede pedir un informe con los resultados. También contamos con un cuestionario IASE sostenedor, que está pensado para comunas, servicios locales de educación o sostenedores que tienen varios establecimientos.

 

Parar, reflexionar y planificar es algo que involucra tiempo, en especial cuando se hace de manera participativa; pero los resultados de estos procesos merecen esta dedicación. Se logrará mayor motivación, compromiso y colaboración. Si quieres cotizar una asesoría para la gestión del aprendizaje socioemocional en tu comunidad escolar, en Fundación ama+ podemos ayudarte con el proceso.

 
 

REFERENCIA

Mahoney, J. L., Weissberg, R. P., Greenberg, M. T., Dusenbury, L., Jagers, R. J., Niemi, K., Schlinger, M., Schlund, J., Shriver, T. P., VanAusdal, K., & Yoder, N. (2021). Systemic social and emotional learning: Promoting educational success for all preschool to high school students. American Psychologist, 76(7), 1128–1142. https://doi.org/10.1037/amp0000701

 
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