Más allá de la Presencialidad…

Durante este año ha sido notoria y, pensamos también que desgastante, la polarización que se ha producido entre quienes llaman a abrir las escuelas a toda costa y quienes se oponen tajantemente a esta medida. Sin duda que ambas perspectivas son atendibles y tienen muchos fundamentos.

 

La realidad es que Chile es uno de los países con más tiempo sin clases presenciales en esta pandemia. En nuestra práctica, en diversas comunidades escolares, nos llama la atención la enorme variedad de situaciones en las escuelas. Algunas abren y tienen altas tasas de asistencia y otras, aún estando abiertas reciben a menos del 50% de sus estudiantes.

Creemos que esta polarización en el debate ha hecho que se omita una reflexión más profunda sobre lo que necesitan hoy los niños, niñas y adolescentes, de sus escuelas y de los adultos a su alrededor, para sobreponerse y florecer en medio de esta pandemia y todos sus efectos.

Sin duda, la presencialidad es una condición que puede favorecer el contacto más estrecho con adultos protectores, porque le permite a los docentes interactuar con sus estudiantes en un espacio estructurado y en una modalidad que es la que más manejan y conocen. Y queda claro que la presencialidad permite pasar más contenidos, especialmente en los cursos más grandes. Pero esa presencialidad es sólo una posibilidad, no una certeza, de garantizar a nuestros estudiantes lo que más necesitan para disponer su mente al aprendizaje significativo. Si las escuelas vuelven a abrir sus aulas y ponen su foco en tratar de pasar contenidos atrasados a presión, los resultados serán desastrosos en términos de desarrollo para el bienestar, más allá de los resultados académicos. Esto podría llevar a realizar acciones que sólo aumentarán el estrés en el sistema educativo, y ya sabemos que el estrés es el gran enemigo del aprendizaje.

 Sabemos que el cerebro de los niños y niñas se está desarrollando, con o sin pandemia, con o sin clases presenciales.Hay un diseño predeterminado, que se verá afectado por la interacción con el contexto de cada niño o niña. Ellos y ellas nacen con un prediseño fabuloso: sus neuronas saben dónde deben ponerse y con qué otras neuronas conectarse para ir conformando las bases estructurales que necesitarán para el aprendizaje y el logro de objetivos. Ya se han distinguido momentos especiales en que ciertas disposiciones están en su máxima capacidad para ser definidas, lo que algunos llaman ventanas de oportunidades. El problema es que este prediseño no es suficiente, y su ejecución depende de la interacción con el ambiente. Hay varias interacciones con el ambiente que pueden afectar negativamente este pre diseño, como la exposición a toxinas o una mala alimentación , por ejemplo. Pero un factor que es más común y tan tóxico como un veneno, para la construcción sólida de una arquitectura cerebral óptima para el aprendizaje, es el estrés tóxico.

En la infancia y la adolescencia, la plasticidad o la capacidad de modificarse y cambiar este diseño, para bien o para mal, es máxima. Son los adultos, padres y docentes, quienes deben proveer a los niños, niñas y adolescentes, sea cual sea la circunstancia que se esté viviendo, de un vínculo emocionalmente seguro y oportunidades de desarrollo cognitivo valiosas y significativas. Sabemos que estos dos elementos son esenciales para favorecer la resiliencia de la mente infantil y adolescente. Estos dos elementos promueven el adecuado desarrollo de las funciones ejecutivas del cerebro, en la corteza pre frontal; y la capacidad de autorregulación, que es esencial para la gestión del comportamiento y el logro de objetivos. Cuando los adultos no proveemos de los factores protectores a niños, niñas y adolescentes, en momentos de estrés, sus capacidades autorregulatorias se ven disminuidas, y a mayor edad esas alteraciones van siendo más difíciles de modificar. La arquitectura cerebral, en esas etapas no tiene las herramientas para sobreponerse.

 
 

En medio de una pandemia, en la que sabemos hay muchos estudiantes sufriendo tremendos niveles de estrés, por encierro, hacinamiento, pobreza, frío, hambre, soledad, violencia, etc.; es tiempo de preguntarnos cómo debemos diseñar las interacciones entre adultos y estudiantes, para proveer de los factores amortiguadores del estrés. Esta debiera ser la estrategia prioritaria, porque la presencialidad por sí sola no garantiza que ello vaya a ocurrir. Por supuesto que la presencialidad favorece la interacción entre docentes y estudiantes y genera más oportunidades para establecer un vínculo emocionalmente seguro y nutritivo. También, la presencialidad garantiza que los estudiantes recibirán un cierto grado de estimulación cognitiva. Pero no es la presencialidad en sí lo que protege o amortigua al cerebro infantil, sino el vínculo afectivo y las experiencias cognitivas valiosas.

 

En este momento, las y los docentes se ven bastante cansados, agobiados muchas veces, porque han tenido que adaptarse a nuevas formas de interactuar con sus estudiantes sin mucho apoyo y con altas exigencias, académicas y también administrativas. Muchos directores y sostenedores nos comentan que las escuelas no paran, están llenas de actividades, procesos que deben cumplirse y trámites con los cuales tienen que cumplir. ¿Están los adultos, en estas condiciones, capacitados de proteger lo que deben cuidar?

Es de esperar que estas vacaciones  sean, para las comunidades escolares, un respiro, un momento de calma, que permita gestionar este estrés escolar de mejor manera de cara al segundo semestre, y que abra un espacio para preguntarse cómo deben planificarse efectivamente, los espacios emocionalmente seguros que favorecen el desarrollo de mentes fuertes y optimistas en nuestros niños, niñas y adolescentes.

 
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Una Mentalidad para Florecer

Acaba de salir una nueva película de Pixar, que como ya nos tienen acostumbrados, es una joya para el aprendizaje socioemocional. En esta ocasión es una sencilla historia sobre la amistad y la determinación en el logro de objetivos. Luca, es el nombre de la película y del protagonista, trata de un niño/monstruo marino, que se deslumbra con el mundo humano y junto a su amigo Alberto, deciden recorrer el mundo y para ello deben encontrar la forma de conseguir una moto Vespa (con la cual creen van a lograr su objetivo). En Luca podemos ver cómo, con la ayuda de su amigo, se va transformando su mente desde una actitud temerosa, desconfiada y desesperanzada, hacia una actitud de esperanza, de confianza en sus capacidades y de perseverancia frente a la adversidad. Hay un momento que marca muy bien este proceso, cuando Alberto, al constatar que Luca empieza a flaquear con sus pensamientos pesimistas, le dice “¡silencio Bruno!”. Esta frase será el amuleto para que, cada vez que Luca se dé cuenta de que está teniendo pensamientos que lo hacen dudar de sí mismo, acalle esa voz interior que le dice “no puedes”.

La mentalidad de crecimiento, este constructo que ha elaborado la psicóloga Carol Dweck, y que está teniendo tantas repercusiones positivas en educación, es la actitud que le permite a los niños, niñas y adolescentes, y a todas las personas, enfrentar la vida y sus desafíos con una mente resiliente. Como bien dice la palabra mentalidad, es una forma de pensar, es una actitud y como tal es algo que podemos cultivar.

La mentalidad de crecimiento se opone a la mentalidad fija, que es la actitud o creencia de que “no podemos cambiar”, en cualquier ámbito o aspecto. La mentalidad de crecimiento es la creencia, sustentada en los estudios de que nos dicen que nuestro cerebro es maleable, plástico y que lo podemos modelar, que siempre podemos cambiar, mejorar, crecer, desarrollar nuevos talentos.

Uno de los primeros pasos para lograr esa mentalidad resiliente es darnos cuenta de cómo nos hablamos. Aunque a veces es algo bien inconsciente, si ponemos atención, en nuestra mente siempre nos estamos hablando. En la película Luca, Alberto le entrega una valiosa herramienta a su amigo para transformar ese diálogo interior en uno que lo ayudará a conseguir sus metas: “¡silencio Bruno!”. Luca, toma conciencia de cuándo se está diciendo cosas que no le ayudan y empieza a usar la frase consigo mismo. Ese es un buen comienzo. Pero no es suficiente.

 

Para reemplazar los pensamientos tóxicos tenemos que saber qué decirnos en vez de “no puedo”. Carol Dweck propone algo muy simple y poderoso a la vez, usar la palabra todavía.

 

“No puedo subir mis notas de matemáticas … .todavía”.

“No puedo usar bien el zoom para mis clases…todavía”.

“Soy pésimo para inglés…todavía.

 

Ese todavía abre un espacio enorme de posibilidades, sin desconocer que cuesta, que es difícil; y lleva el foco de nuestra atención hacia los recursos que pueden ayudarnos a cambiar una situación o alcanzar esos objetivos que se nos hacen muy difíciles.

¿Cuáles son esos recursos? La mentalidad de crecimiento no es magia, no se refiere a que por sólo pensar que puedo lograr algo eso va a ocurrir. La mentalidad de crecimiento entonces es conectarse con los recursos que me pueden ayudar a alcanzar los objetivos.

Esos recursos son básicamente 3 cosas:

  1. Practicar, practicar, practicar. La mentalidad de crecimiento nos hace ver que ni siquiera las personas más talentosas pueden lograr sus metas sin un gran esfuerzo constante en la ejercitación, la repetición, etc. Como adultos sería muy beneficioso que empezáramos a valorar lo que es la determinación y la práctica, muy por sobre el talento “innato”. Detrás de personas como Messi, Adele, Stephen Hawking, Serena Williams, etc. hay más trabajo que talento. Los ejemplos de personas con grandes discapacidades que logran tocar la guitarra con sus pies, jugar tenis en silla de ruedas, hablar a través de un computador, etc. son la muestra más patente de que la práctica constante es un recurso fundamental para nuestro desarrollo.

  2. Si bien la práctica es fundamental, puede no ser suficiente para alcanzar nuestros objetivos. Puedo pasar horas moviendo mis brazos como si fueran alas para volar como un pájaro, pero en realidad nunca me van a salir alas. Esa dosis de realismo nos ayuda a conectarnos con el segundo recurso que es buscar nuevas estrategias. Cuando algo no me resulta una, dos, tres veces, la mentalidad de crecimiento me impulsa buscar alternativas diferentes. Y es así cómo, si bien no hemos inventado la manera de tener alas en nuestra espalda, si podemos volar a diferentes lugares a través del ingenio, la creatividad y la innovación.

  3. Por último, la mentalidad de crecimiento potencia la conexión con otros para alcanzar las metas y enfrentar desafíos. Las personas con mentalidad de crecimiento saben pedir y aceptar ayuda.

 

Cultivar una mentalidad de crecimiento en este momento de pandemia puede parecer difícil, porque pareciera que las circunstancias nos condicionan de tantas maneras. Por ahí se dice que los aprendizajes perdidos serán casi irrecuperables, o que esta generación quedará marcada para siempre por no haber ido a clases presenciales. Esos mensajes son, sin ninguna duda, contrarios a la mentalidad de crecimiento.

¡Silencio Bruno!

No hemos aprendido todo lo que necesitamos….TODAVÍA.

¿Qué tenemos que practicar, practicar y practicar para recuperar a nuestros estudiantes?

¿Qué podemos hacer diferente para recuperar aprendizajes?

¿Cómo nos vamos a ayudar unos a otros para darles a nuestros niños, niñas y adolescentes la educación que necesitan en este momento?

Te recomendamos algunas películas y series, para diferentes edades, que pueden ayudar a conversar sobre este tema con los estudiantes de una manera entretenida:

Para los más chicos:

  • Monsters INC. (1 y 2)

  • Ratatouille

  • Kung Fu Panda

 

Para los más grandes:

  • El Último Baile (Netflix)

  • El Señor de los Anillos

  • 100 metros

 
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Éxito o Fracaso: ¿Cuál es mejor oportunidad para el aprendizaje?

Existe una idea generalizada de que el fracaso es una importante oportunidad para el aprendizaje. Parece ser que esto no es tan así.

Recientes investigaciones* han mostrado que aprendemos más de nuestros logros que de nuestros errores. En una de estas investigaciones se le pidió a un grupo de adolescentes que escribieran sobre una historia de fracaso y cómo habían aprendido de ella. A un segundo grupo se le pidió lo mismo pero en relación a una historia de éxito.Fue interesante observar que al escribir sobre sus logros los estudiantes contaban historias de resiliencia y de cuantas adversidades habían tenido que sortear en el camino, favoreciendo así su sentido de competencia. Los que escribieron acerca del éxito tuvieron mejores notas a lo largo del año.

Al parecer, cuando fracasamos en algo, y nos sentimos mal con nosotros mismos, tratamos de evitar ese dolor y por lo tanto sacamos el foco de atención de esa experiencia, y en consecuencia no podemos aprender demasiado.

Hace una semana las comunidades escolares recibieron una muy mala noticia: los estudiantes a partir de 6º básico han aprendido muy poco durante la suspensión de clases presenciales. Tanto en Lectura como en Matemáticas pocos son los estudiantes que superan la nota 4,0. ¿Pero qué pasó de 2º a 5º? Los resultados no fueron tan negativos. ¿Por qué fue noticia el mal resultado? ¿Por qué no amplificar la buena noticia y aprender de ella? ¿Es posible que las escuelas aprendan de los mejores resultados de los cursos más bajos para hacer cambios en los cursos más altos? ¿Qué otros logros se pueden reconocer en este tiempo tan adverso y difícil?

En nuestra experiencia trabajando con las comunidades hemos visto que algunas de ellas han aprendido a trabajar colaborativamente como nunca antes, otras dicen que se han acercado mucho más a las familias, docentes nos cuentan que ahora entienden mejor a sus estudiantes porque conocen de cerca sus condiciones de vida, han aprendido a usar nuevas tecnologías que podrán enriquecer las clases presenciales y la forma de aprender. En fin, en toda esta crisis hay mucho que aprender del éxito.

En Fundación ama+ estamos convencidos de que el foco en las fortalezas y en las historias de éxito es fundamental para lograr cambios positivos e inspirar a las personas para su trabajo. Por eso usamos la Indagación Apreciativa en nuestras asesorías a las comunidades escolares. La Indagación Apreciativa, es un proceso de estudio del éxito en las organizaciones para la gestión del cambio y el logro de objetivos. David Cooperrider, uno de los creadores del método, acuñó una frase de Peter Drucker: “el liderazgo efectivo consiste en alinear de tal manera las fortalezas en las organizaciones, que las debilidades pasan a ser irrelevantes.”

Te invitamos a hacer el ejercicio de reflexionar por unos minutos ¿cuál ha sido el mayor éxito de tu comunidad escolar este año? y ¿qué has aprendido de ello?

 

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*Lauren Eskreis-Winkler y Ayelet Fishbach, Not Learning From Failure—the Greatest Failure of All. Psychological Science, Vol 30, Nº 12, 2019.

Brady K. Jones, Effects of positive versus negative expressive writing exercises on adolescent academic achievement. Journal of Aplied Social Psychology, 4 de marzo, 2021.

 
 
 
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¿Cómo empezar a recuperarnos para una educación de calidad?

Los resultados de las pruebas de diagnóstico realizadas por la Agencia de la Calidad de la Educación han sido un balde de agua fría para el sistema educacional. Si bien es probable que nadie esperara buenos resultados, parece ser que lo obtenido es mucho peor de lo que todos imaginábamos. La conclusión inmediata y generalizada ha sido que la educación presencial es irreemplazable y que la educación a distancia no funciona. Sin embargo, sería importante mirar con más pausa y calma estos resultados para comprender bien por qué se han producido.

¿Será todo causa de la falta de presencialidad? ¿Acaso no existen modelos exitosos de educación a distancia?

Un tema que se ha hablado profusamente desde el año pasado son los altos niveles de estrés en docentes y funcionarios escolares en general. ¿Tendrá algo que ver con estos resultados la mala salud mental de nuestros docentes? ¿Es esperable que personas agotadas y con mucha ansiedad puedan tener un desempeño adecuado en su profesión? ¿Volver a clases presenciales, es la única solución a la calidad de nuestra educación? Este es un sistema que sufre de agotamiento mucho antes de la pandemia. Este evento traumático sólo ha asestado un golpe mortal a la enseñanza tradicional y academicista, los extensos currículos que impiden la autonomía y creatividad de las escuelas y sus docentes y la alta demanda de trabajo administrativo para los equipos escolares.

Hace unas semanas publicamos un artículo sobre el impacto del estrés en el proceso de enseñanza aprendizaje. La ansiedad que podría generar “pasar” contenidos atrasados en poco tiempo sería una pésima consejera para las soluciones que necesitamos para dar educación de calidad a las y los estudiantes.

En nuestra experiencia trabajando realizando encuentros de bienestar en las comunidades escolares, hemos recogido testimonios de docentes y asistentes de la educación, que dan cuenta del estrés crónico que abunda en el sistema.

“No me alcanza el tiempo para preparar el material que tengo que mandar a las casas y además llamar a los estudiantes que están más perdidos. Tengo que dedicarles tiempo para lograr una conversación que no sea sólo de notas, porque ahora necesitan mucho más que los escuchemos sobre sus problemas.”

“A veces nos quedamos hasta tarde repartiendo cajas de alimentación en la escuela, y cuando llego a mi casa tengo que seguir corrigiendo trabajos.

“Tengo apoderados que me han llamado a las 12 de la noche, porque es la hora en que ellos pueden revisar las tareas de sus hijos.”

 

“Es muy triste que a pesar de todo lo que estamos tratando de hacer se nos diga que trabajamos poco porque no hay clases presenciales. Yo ahora diría que trabajo el doble o el triple. Todo es diferente y nadie nos preparó para esto, pero parece que los profesores teníamos que ser expertos en clases online de un día para otro.”

“Lamentablemente algunas veces tengo que hacer clases con mis hijos al lado mío haciendo sus tareas o estando en clases, sé que es horrible y por una parte me da vergüenza porque es como poco profesional, pero he preferido eso a no aparecer para mis estudiantes.”

“Antes en la escuela conversábamos con los colegas en un café, a veces tomábamos desayuno juntos, celebrábamos los cumpleaños, etc. Ahora eso ha cambiado, todos andamos más metidos en lo nuestro y apenas nos saludamos, por lo estresados que estamos.”

Es urgente que las comunidades escolares aprendan a manejar el estrés, como primera prioridad antes de empezar a pensar soluciones creativas y de largo plazo para dar a nuestros niños, niñas y adolescentes la educación que se merecen.

Nuestra sugerencia es empezar instalando el concepto de recuperación como un hábito de la escuela. El estrés, es algo normal y recurrente, y no es malo en sí mismo. El problema es que cuando es crónico nos quita energía para funcionar y limita nuestras capacidades cognitivas y de regulación emocional. Entonces la clave está en no permitir que sea constante, y eso se logra con espacios de recuperación que nos permiten volver a calmarnos, tomar aire, conectarnos con fuentes de energía para enfrentar las demandas del ambiente.

Parece ser que las universidades han entendido esto mucho mejor que el sistema escolar. Varias han implementado un sistema de pausas periódicas para crear mejores condiciones de bienestar para sus estudiantes y docentes.

Proponemos instalar intencionadamente pausas para la recuperación de energía. No pensemos que esto es dar vacaciones más seguidas, porque aunque podría ser una medida, no necesariamente las vacaciones son sinónimo de recuperación.

Quizás algo más novedoso sería incorporar pausas guiadas para recuperar energía, pausas de calidad. Incorporar pausas de juego, de conexión emocional, de respiración y mindfullness, de arte, de actividad física; diseñadas para conectar a las personas con fuentes de energías sostenibles.

Aunque puede dar cierto temor a invertir tiempo en actividades para recuperar energía, la evidencia señala que los resultados académicos y el desempeño docente van a mejorar si las pausas son adecuadas y suficientes.

¿Cuántas pausas hacer? Las que sean suficientes para manejar el estrés. ¿Cómo saberlo? Midiendo. Midiendo indicadores de bienestar, evaluando cualitativamente en las conversaciones con las y los docentes, observando indicadores como cantidad de ausencias o licencias. Normalmente a mayor estrés serán necesarias más pausas, no existen los atajos.

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Ciudadanía y Aprendizaje Socioemocional

Después de un acto eleccionario tan importante como el que se desarrolló en nuestro país, es interesante preguntarnos ¿qué rol juega la educación en la sostenibilidad de la democracia y el respeto a los derechos humanos en una sociedad? Y en concreto, ¿cómo puede el aprendizaje socioemocional contribuir al desarrollo de una ciudadanía responsable en nuestra juventud?

 

La escuela es quizás el primer lugar en que niños y niñas experimentan la convivencia en diversidad, y participan también en un proceso de internalización de normas y expectativas sociales de una cultura determinada, fuera del hogar. Entonces hay una gran oportunidad de fortalecer, a través de estas experiencias de vida social, dos ámbitos fundamentales de competencias socioemocionales para el ejercicio responsable de la ciudadanía. Uno es la conciencia social y el otro, la toma de decisiones responsables.

 

La conciencia social, o que algunos llaman también conciencia de otros, tiene que ver con la capacidad de comprender que otras personas tienen perspectivas diferentes a las mías, entender las motivaciones y objetivos de otras personas, y respetar y valorar la diversidad. Esto parece bien alejado de lo que vemos hoy en los medios de comunicación y redes sociales, en las discusiones políticas. Parece ser que los adultos no nos estamos dando cuenta de la importancia que tiene nuestro comportamiento en la enseñanza implícita de estas competencias para la ciudadanía. Hemos observado comportamientos entre adultos, que bajo cualquier reglamento de convivencia escolar serían considerados violencia verbal o acoso. Este respeto y valoración de la diversidad, se sustenta en algo más profundo que los buenos modales, que es reconocer nuestra común humanidad. Cuando tomamos conciencia de que como seres humanos es mucho más lo que nos une que lo que nos divide, entonces las diferencias no son una amenaza. Así, cuando dos compañeros que son fanáticos de dos equipos de fútbol opuestos, descubren que ambos quieren estudiar lo mismo, o que disfrutan la misma música, o que han sufrido experiencias similares, encuentran un puente que los conecta, aún por encima de las diferencias que pueden tener, y eso permite que haya un respeto mutuo. ¿Pero cómo se pueden conocer dos estudiantes a un nivel tal, en que podrían encontrar esos espacios comunes? La escuela debe generar espacios de conexión a nivel personal, más allá de lo académico, con garantías de seguridad, para que las y los estudiantes puedan mostrarse auténticamente a sus compañeros sin sentirse amenazados. No basta con obligar a dos compañeras que se caen mal a hacer un trabajo, si eso no se intenciona de manera adecuada puede resultar en un desastre. Favorecer espacios de cuidado, no es lo mismo que forzar relaciones. Favorecer espacios de cuidado requiere tiempo, calma y paciencia; e idealmente empezar desde los primeros años. Nuestros niños y niñas viven experiencias muy fuertes en sus vidas, y cuando se minimizan creyendo que el mundo infantil no entiende o acepta las cosas como lo hacemos los adultos, sólo estamos profundizando el trauma. Al hacerlo modelamos precisamente lo contrario de la conciencia social, no siendo capaces de tomar la perspectiva de los niños, niñas y adolescentes.

Quizás lo más difícil para los adultos es lidiar con las emociones incómodas o dolorosas de las y los estudiantes, las cuales normalmente tratamos de arrinconar y dejar bien guardadas en un cajón, por temor al “desborde”. Es cierto que se requiere preparación, pero tampoco es algo tan complejo cuando de verdad somos capaces de ver estas emociones como naturales y parte importante de la experiencia humana. Puede ser que en el dolor sea donde más conexión sentimos con otros. Eliminarlo de la vida en comunidad, sea en la familia o en la escuela, es privar a los niños, niñas y adolescentes de oportunidades para practicar la empatía, la compasión y la colaboración.

 

La toma de decisiones responsables es quizás el ámbito más desconocido del aprendizaje socioemocional, porque parece como un ejercicio cognitivo alejado de las emociones.Hoy en día sabemos que no existe tal división entre cognición y emoción. La toma de decisiones responsables implica el uso de funciones ejecutivas muy importantes y que principalmente ocurren en nuestra corteza prefrontal, tales como la regulación emocional, la planificación y la decisión. Tomar decisiones responsables es tomar decisiones, analizando las consecuencias, y con criterios de cuidado por uno mismo, por otros y por el mundo. Esto requiere que tengamos conciencia de nuestros criterios éticos en primer lugar, y por lo tanto el desarrollo de una capacidad de analizar los valores sociales que me rodean, y un autochequeo para ver cómo los integro, hasta qué punto me identifican o no. La toma de decisiones responsables es un proceso autónomo, que los sistemas autoritarios en las comunidades escolares no favorecen plenamente. Cuando el foco está puesto en que los estudiantes obedezcan las normas por que si, y cuando el cuestionamiento es mirado como una falta de respeto, no hay espacio para la autonomía, para que los estudiantes tomen cierta distancia y examinen la norma y la hagan propia. Eso es un proceso de internalización, que acompañado por los adultos, puede ser muy beneficioso para la integración social. Lo relevante es que los estudiantes decidan acatar una norma porque les hace sentido. Por eso es muy recomendable que las normas sean explicadas siempre con una cierta lógica o racionalidad y que se conversen, sin temor al cuestionamiento, especialmente con los adolescentes. Pedirles a ellos que definan algunas normas que sí les hagan sentido. Al hacerlos partícipes de la construcción de la institucionalidad de su comunidad escolar, estarán ensayando el ejercicio de su ciudadanía con responsabilidad. Esto no se trata de un co gobierno ni que los estudiantes decidan todo, por el contrario, es buscar un cauce para las inquietudes, sueños y aspiraciones de las y los estudiantes, fortaleciendo su capacidad de pensamiento crítico, juicio y perspectiva.

 

La educación cívica es mucho más que hacer votaciones para elegir directivas de curso y centros de alumnos. La formación de una ciudadanía responsable requiere de dar muchas oportunidades para la práctica de competencias de conciencia social y toma de decisiones responsables. Elevar la voz de los estudiantes, tomar su perspectiva, involucrarlos en las decisiones y crear espacios seguros para el encuentro en la diversidad son prácticas fundamentales para formar ciudadanos responsables.

 
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La Recuperación como un Hábito para Manejar el Estrés

“¿Por qué las cebras no tienen úlceras?” Este es el título de un libro escrito por Robert Sapolsky, profesor de la Universidad de Stanford y un reconocido investigador del estrés. En él explica que las cebras, al igual que los seres humanos, tienen un sistema nervioso muy sabio. Por una parte, se activa y se pone en estado de alerta cuando percibe algún cambio en el ambiente que puede ser amenazante; y así por ejemplo, cuando la cebra ve a un león, la respuesta típica de estrés que su sistema nervioso activa, le permite correr a toda velocidad y escapar. Luego, ese mismo sistema nervioso, cuando el león desaparece, genera otra serie de cambios neurofisiológicos que “ponen paños fríos” al estrés activado previamente, y hacen que la cebra recupere la calma para seguir pastando tranquilamente. Este período de recuperación es sumamente importante para cuidar su energía, la que necesita para alimentarse, procrear y en algún otro momento en que su supervivencia se ponga a prueba nuevamente.

 

¿Qué pasa en los seres humanos que este sistema de recuperación parece no funcionar tan adecuadamente?

 

Nuestro sistema de recuperación funciona, en la medida en que se lo permitamos. La cebra que ha visto a un león está en alerta mientras el león está dentro su campo visual o perceptivo, una vez que desaparece la cebra no puede seguir pensando en el león como una potencial amenaza. Nosotros en cambio, debido a nuestra más sofisticada corteza prefrontal, aún cuando los leones desaparezcan de nuestra vista, podemos seguir pensando en ellos, y por lo tanto perpetuando la activación del sistema de alerta. Cuando esto ocurre, empezamos a sufrir daños en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo. Por ejemplo, se disminuye la regeneración neuronal y perdemos capacidad para el aprendizaje y la memoria. También se debilita el sistema inmune, y estamos más propensos a sufrir enfermedades.

 

En este momento complejo que estamos viviendo, en medio de una pandemia, es más importante que nunca aprender a gestionar nuestros mecanismos de recuperación para evitar los daños del estrés crónico. Hay muchas técnicas y actividades que la ciencia ha comprobado son muy efectivas para la recuperación. La actividad física, la respiración, el contacto con la naturaleza, los vínculos, activar emociones positivas, etc. Lo más difícil es tomar la decisión de incorporar el hábito de la recuperación en el día a día. Para eso sugerimos hacer una planificación con pequeños objetivos. Elige lo que te resulte más fácil y que sea de mayor agrado. Cuando ya hayas incorporado algún hábito avanza con otro, si es que crees que lo necesitas. Te recomendamos revisar en la Bitácora para el Autocuidado Docente, el capítulo 2, donde encontrarás actividades que te pueden ayudar a planificar tu recuperación. Este es un material puesto a disposición por el MINEDUC, y cuyos contenidos fueron elaborados por un equipo de Fundación ama+-

 

Para las comunidades escolares, sería bueno reflexionar cómo son las espacios de recuperación a nivel organizacional. ¿Hay momentos para parar y respirar? ¿Se respetan los horarios de trabajo? ¿Se podrían incorporar prácticas de recuperación colectivas dentro de las jornadas? Cultivar una cultura del cuidado del bienestar comienza por favorecer los mecanismos de recuperación.

 

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¿Cómo Cuidar la Mente para la Resiliencia en Tiempos de Crisis?

Fundación ama+, especialistas en aprendizaje socioemocional

Desde que empezó la pandemia los pronósticos sobre su impacto en la educación han sido cada vez más catastróficos. Organismos internacionales y nacionales de gran prestigio nos alertan sobre el aumento de la desigualdad, la deserción escolar, retrocesos enormes en los aprendizajes. En muchas ocasiones se usan términos como «determinantes», «irreversibles» e «irremontables» para calificar estas consecuencias tan negativas. A medida que pasa el tiempo (ya vamos por un nuevos semestre a distancia o a lo más semi presencial), el miedo a todo lo que se ha perdido crece y crece.

No cabe duda, y no podemos estar más de acuerdo, en que es muy deseable que los niños, niñas y adolescentes vuelvan pronto a acudir a sus escuelas de manera presencial. Sin embargo, no creemos que lo ocurrido durante esta pandemia sea determinante, y menos que no haya nada más que hacer que «aguantar» hasta que las escuelas abran sus puertas. Si así fuera, estaríamos contradiciendo numerosa evidencia que nos muestra que tenemos una mente resiliente , y que gracias a su plasticidad, frente a las adversidades, es capaz de reinventarse y salir incluso más fortalecida.

El mayor enemigo para la mente resiliente no es el no haber aprendido mucho, sino el estrés crónico o el estrés agudo paralizante. Este tipo de estrés causa daño a nuestro organismo, afectando desde nuestro sistema inmune hasta la regeneración celular. Una de las consecuencias más nefastas para el aprendizaje y la enseñanza es que «hackea» a la corteza prefrontal y el circuito del aprendizaje, y exacerba la activación de circuitos subcorticales. Esto significa que no nos deja pensar con claridad, poner atención, memorizar, planificar, analizar, crear e innovar. Cómo no preguntarse entonces ¿qué debiera ser la prioridad para este momento de la educación?

Sabemos que se dice que la contención debe ser prioridad, pero en la práctica, ¿cuántas horas del trabajo que están haciendo las comunidades es para el bienestar emocional y cuántas para pasar materia? ¿Cuántas horas se va a dedicar al bienestar emocional cuando se vuelva a la presencialidad y cuántas a recuperar aprendizajes? ¿Cuánto estrés más va a provocar la recuperación a presión?

 

Muchas comunidades escolares nos han estado contando que los docentes y todos los funcionarios están, cada día que pasa más agotados, a veces angustiados. ¡Y estamos recién terminando el segundo mes, de un año escolar que será complejo!

Existe la ilusión de que la presencialidad terminará con este largo mal rato que hemos pasado, y que por fin vamos a respirar, los estudiantes irán felices a clases y los docentes gozarán ejerciendo su profesión al retomar el contacto físico. Eso quizás podría ocurrir si es que hoy cultivamos la resiliencia, pero jamás lo hará si las mentes que vuelvan a estar físicamente en las salas de clases llegan extenuadas.

 

Sigamos trabajando para volver a la presencialidad, pero no agobiemos más a las comunidades escolares. Lo más importante es trabajar para que las mentes de nuestros estudiantes y sus docentes estén sanas y fuertes para resistir este momento y sobreponerse con éxito cuando esto pase. Es urgente combatir el miedo y la desesperación con muchos espacios de calma, conexión, contención, juego, humor, esperanza. Que las matemáticas y el lenguaje, sean vehículos para estos objetivos que son más prioritarios.

 

Las mentes resilientes, no sólo recuperarán con mayor facilidad los aprendizajes perdidos, sino también se adaptarán mejor a un panorama que será totalmente distinto al prepandemia. Las mentes resilientes no sólo llegarán preparadas de mejor manera a los desafíos del futuro, sino que serán las que crearán ese futuro.

 

Invitamos a aquellas comunidades escolares que quieran promover la resiliencia entre sus miembros, a conocer nuestros servicios, en especial los que se presentan en www.aprendizajesocioemocional.cl/

 

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UNA NUEVA MIRADA SOBRE LA AUTONOMÍA

La educación a distancia es una prueba mayor para la capacidad de autogestión del aprendizaje en los estudiantes. Con menos controles externos de la escuela física, los estudiantes menos autónomos probablemente están experimentando grandes dificultades para adaptarse a las nuevas estructuras y regulaciones de la escuela a distancia.

¿Entonces, cómo podemos ayudar a los estudiantes a desarrollar una mayor autonomía? Tal vez lo que está pasando puede ser una tremenda oportunidad para lograrlo.

La palabra autonomía viene del griego, y se compone con tres conceptos:
autos, que significa uno mismo, nomos, que significa norma o regla e ia, que indica acción o cualidad. Al unir estos conceptos entendemos que la autonomía se refiere a la capacidad de uno mismo de regular el propio comportamiento. Hay que distinguir este concepto de independencia, que es hacer las cosas sin depender de otro. Muchas veces se entiende que autonomía es hacer las cosas solo o sola, pero en realidad uno podría ser autónomamente dependiente, por ejemplo, cuando somos capaces de pedir ayuda o en el trabajo en equipo.

La autonomía tiene que ver con una experiencia interna, de sentir que yo soy el autor de mis comportamientos, que decido libremente lo que quiero hacer. Por eso la autonomía está íntimamente ligada a la motivación. Dos personas pueden mostrar un mismo comportamiento, por ejemplo, dos estudiantes que se terminan el libro que les dieron de tarea; y sin embargo, experimentar esta tarea de manera muy diferente. Uno puede leer motivado por la nota que le van a poner y otro motivado por el placer de la lectura. Esta experiencia interna, como demuestran las investigaciones de la Teoría de la Autodeterminación, está íntimamente ligada al bienestar y al desempeño, en concreto en las escuelas, al desempeño académico y la motivación con el aprendizaje.

Al ver la autonomía como un elemento central para el bienestar y el desempeño, se la entiende más como una necesidad básica que como una habilidad a desarrollar. Desde esta perspectiva, los educadores debemos considerar cómo generamos un ambiente que favorezca la autonomía de lo estudiantes, qué podemos hacer para satisfacer la necesidad de autonomía, y así aumentar la motivación por el aprendizaje.

En lo concreto esto se logra tomando la perspectiva de los estudiantes, ofreciendo opciones o alternativas para decidir por sí mismos y dando sentido a las normas y expectativas.

El tomar la perspectiva de los estudiantes se refiere a la capacidad de considerar las motivaciones, emociones y objetivos de los estudiantes para la toma de decisiones. Las personas que perciben que han sido consideradas en la toma de decisiones que les afectan están más abiertas a adoptar o asumir esas decisiones de manera libre. Esta capacidad se desarrolla a través de la escucha activa, es decir la habilidad de ponerse en el lugar del otro y entender cómo le impactarán las decisiones que se toman respecto de ella. Entonces, un profesor que, en este tiempo, se ha dado el tiempo para entender en qué realidad están operando los estudiantes, tomará decisiones más ajustadas a esa realidad y puede

flexibilizar sus decisiones. Así, si sabe que un determinado porcentaje de estudiantes no tiene acceso a internet, buscará la manera de llegar a ellos de otra forma. En esta toma de perspectiva, además, se va construyendo un vínculo más profundo con los otros, porque perciben que hay un interés y preocupación genuinos, logrando lo que los estudiantes se sientan mirados y considerados.

El dar opciones o alternativas para la acción satisface esa experiencia de poder tomar decisiones sobre la propia vida. Siempre podemos dar este espacio de decisión a los estudiantes. Los estudios hechos en contextos escolares indican que aún en cosas muy pequeñas o accesorias, el tener alternativas para decidir satisface la necesidad de autonomía y promueve la toma de decisiones responsables. Pueden ser alternativas tan sencillas como elegir en qué formato puedo hacer un trabajo, qué libro quiero leer, elegir con quién se quiere hacer un trabajo grupal, cómo ser evaluado, etc.

Por último, el dar sentido a las normas o expectativas, permite una mejor internalización de las regulaciones de los contextos sociales. Esto se traduce en una mayor adherencia a las normas, porque en realidad la persona con autonomía ha incorporado la norma como propia y la asume, independiente si hay castigo o no. El dar sentido a las normas implica un ejercicio reflexivo de parte de las autoridades, sean estas profesores, apoderados, jefes, etc. Es decir, preguntarse qué sentido tiene para uno mismo la norma antes de exigirle a otros que la cumplan. Muchas veces los adultos no son capaces de dar cuenta de esta reflexión y por eso ensalzan la obediencia ciega como una virtud. En términos de bienestar y desarrollo óptimo el obedecer por obedecer es un mal predictor. En cambio, la integración y adherencia voluntaria a las normas se correlaciona positivamente con indicadores de bienestar y desarrollo. Las discusiones que se han producido en este tiempo sobre por qué los estudiantes copian sirve para entender este tema. ¿Por qué hay estudiantes que actúan éticamente y con honestidad y otros no? Aquellos que copian, claramente no han incorporado o integrado el valor de la honestidad en el contexto escolar y probablemente están enfocados en la contingencia externa, la nota, más que en aprender realmente. Para dar sentido a una norma a otro, hay que usar nuevamente la toma de perspectiva del otro, para entender qué información necesita para cumplirla e incorporarla como propia.

Con la educación a distancia se presenta una buena oportunidad para que las escuelas puedan satisfacer de mejor manera esta necesidad de autonomía y así favorecer la motivación por el aprendizaje.

Hay muchas posibilidades de dar alternativas a los estudiantes en su gestión del aprendizaje, impulsando su creatividad y abriendo espacios para que puedan ir tomando decisiones sobre cómo quieren hacer las cosas.

La necesidad de redefinir normas o expectativas de comportamiento en el espacio virtual da la posibilidad de reflexionarlas junto con los estudiantes.

Y en relación a la toma de perspectiva, que sin duda ocurre mejor en el vínculo uno a uno, aunque la distancia física parece ser un obstáculo, estamos descubriendo que podemos llamar por teléfono, usar wapp, el correo o videoconferencias para comunicarnos con los

estudiantes, algo que antes no se consideraba como posible. Además, la pandemia ha hecho que la contención emocional sea una prioridad para casi todas las escuelas, que más que nunca, se dan cuenta que deben hacer todo el esfuerzo posible para que ningún estudiante se quede atrás. Esto ha provocado que se esté dando más espacio que nunca a ese contacto personal desde la escucha y la empatía con los estudiantes.

La motivación escolar siempre ha sido importante, hoy es una urgencia. Lamentablemente fue un tema descuidado por mucho tiempo, ya que la escuela física permitía supervigilar y controlar de manera externa a los niños y niñas, algo que es mucho fácil de hacer que dar espacios de autonomía. Hay que reconocer, eso sí, que la estructura del sistema educacional completo no está diseñada para favorecer la autogestión de los estudiantes, ni de los docentes, y tampoco de las escuelas. Pero hoy se han flexibilizado muchas cosas de esa estructura, con un currículo menos extenso, con flexibilidad para las evaluaciones, etc.

La puerta está abierta.

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.aprendizajesocioemocional.cl

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ESCUELAS QUE APRENDEN DEL ÉXITO

Durante estos días de home schooling con mis hijos, he reflexionado mucho sobre la importancia de la educación presencial a partir de mis experiencias en mi querido colegio St. John´s de Concepción. Tuve tantos aprendizajes ahí que, sin desconocer deficiencias, puedo decir que mi colegio fue muy exitoso conmigo.

Quizás este es un momento único para que las escuelas aprendan en qué han sido exitosas hasta ahora. Hay muchas escuelas que ya están pensando en cómo será la vuelta a clases, y con buenas razones, anticipan muchas dificultades de adaptación y de desregulación emocional de los estudiantes. Es legítimo prepararse entonces para dar contención.

Pero tal vez si escucháramos con más detención y profundidad a los estudiantes podríamos estar más preparados, no sólo para contener si no para ser una escuela mejor que la que habíamos sido antes de la pandemia.  Ellos y ellas podrían contarnos muchas historias de éxito ocurridas en nuestras salas y patios, si empezamos a preguntar ¿qué has echado de menos de la escuela?

Tal vez muchos educadores piensan que esto puede ser ingenuo, porque obviamente todos van a contestar que lo que más echan de menos es el recreo. Y aunque dudo que eso sea así, si ahondamos un poco más veremos que hay diferentes razones para echar de menos el recreo. Para conversar con los amigos y amigas, para tener espacio, para comer algo rico, para despejar la mente, para conversar con los profesores más relajadamente, para reír, etc. ¿Para qué puede servir esa información?

Por ejemplo, si en los recreos están ocurriendo cosas significativas para los estudiantes, ¿cómo podemos hacer que esa experiencia sea positiva para todos y todas? ¿O cómo podemos hacer que las clases incorporen el juego, la risa y el contacto con los amigos?

Creo que muchos estudiantes también dirán que echan de menos a algunos profesores y profesoras. Hay niños y niñas que tenían en la escuela al único adulto protector y cariñoso de su vida. Hay muchos que adoran aprender algunas materias por la pasión que mostraban sus profesores. Con toda esta información las escuelas podrían orientar mejor a sus docentes para entender cómo funciona la contención exitosa y cómo motivar mejor a los estudiantes.

Estamos demasiado acostumbrados a que hay que aprender del fracaso, y a tratar de solucionar los problemas enfocándonos en todo lo que nos falta. Esa perspectiva olvida que también podemos mirar todo lo que sí tenemos y aprender a usarlo de mejor manera, no para solucionar problemas, sino para alcanzar objetivos.

Podemos aprender del éxito, para eso es necesario conocer esas historias, grandes y pequeñas, que nos mostrarán cómo, cuándo y dónde estamos impactando positivamente a nuestros estudiantes, y amplificarlo para hacerlo mucho mejor a la vuelta a clases.

Te invitamos a compartir tus historias de éxito en la escuela, como estudiante, profesor o director. Pueden ser de este tiempo o del pasado, todas las historias nos conectan y nos enseñan. Puedes escribir en este link:

https://www.aprendizajesocioemocional.cl/forum

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.aprendizajesocioemocional.cl

 Foto portada: Imagen de AkshayaPatra Foundation en Pixabay
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