Escuelas de Optimismo

El bienestar psicológico tradicionalmente no ha sido un objetivo explícito y específico en los sistemas educativos. Generalmente las escuelas suelen detectar muy bien a los estudiantes que están con algún problema de salud mental, y pueden derivar y apoyar a las familias, pero en general, no parecen ser conscientes del poder que tienen en la prevención de la enfermedad si se enfocaran en fortalecer ciertas competencias, en especial el optimismo.

Así se puede desprender del primer Reporte de la Encuesta de Habilidades Socioemocionales de la OCDE., un estudio que ya comentamos en entradas anteriores. En este artículo queremos profundizar la fuerte correlación hallada entre optimismo y bienestar psicológico de las y los estudiantes. El estudio midió el bienestar psicológico con 3 indicadores: satisfacción con la vida, bienestar psicológico actual y ansiedad frente a las pruebas o exámenes, además de información recogida sobre aspectos del ambiente escolar y familiar, como incidencia de bullying, relación con los padres, entre otros. Esto se hizo en estudiantes de 10 y 15 años, de 10 ciudades de diferentes partes del mundo.

 

A nivel general se encontró que el bienestar psicológico disminuye en la adolescencia de manera bastante constante en todas las ciudades, y en especial en las estudiantes mujeres. También el factor socioeconómico aparece como importante, dado que en todas las ciudades y tanto a los 10 como a los 15 años, los estudiantes con mayor nivel socioeconómico tienen mayores niveles de bienestar psicológico.

 

Al mirar cómo las competencias socioemocionales se relacionan con el bienestar psicológico, el optimismo, resultó ser la competencia que con mayor consistencia, relacionándose con el bienestar de las y los estudiantes, tanto a los 10 como a los 15 años, así como en todas las ciudades donde se realizó el estudio.

Surge entonces la interrogante sobre cómo pueden las escuelas promover el optimismo, entendido como una competencia socioemocional que puede aprenderse.

Aunque existen diversas conceptualizaciones del optimismo a nivel académico, hay bastante consenso en aceptar que se trata de una disposición a esperar lo mejor de los eventos futuros. Esa actitud puede estar relacionada a las experiencias vividas (más éxitos que fracasos), al sentido de competencia o autoeficacia (creencia en las propias capacidades para enfrentar los eventos adversos) y a las explicaciones que nos damos de los eventos pasados. En estos tres niveles las escuelas pueden ser contextos especialmente valiosos para forjar el optimismo de sus estudiantes.

 

En relación a las experiencias que viven los estudiantes en la escuela, se debe poner atención a cómo se estructuran los desafíos que enfrentan niños, niñas y adolescentes. Si se quiere poner foco en el desarrollo del optimismo las escuelas deben procurar que cada estudiante tenga más experiencias de éxito que de fracaso. No significa que todos tendrán éxito en todo, el objetivo es diseñar estructuras de desafío que consideren las habilidades individuales, y que existan reales oportunidades de mejora. Muchas veces, se pasa un contenido, se hace una evaluación y se avanza al contenido siguiente. Así, a quienes les va mal en la evaluación, no tienen posibilidad de demostrar un aprendizaje o una mejora. El concepto de desafío óptimo se refiere a un desafío que implica un esfuerzo pero que es realmente alcanzable, con los apoyos adecuados y en un plazo razonable. Esto requiere de mucha creatividad en la planificación de las clases y las evaluaciones, considerando las diferencias individuales de los estudiantes.

El sentido de competencia, que también se relaciona con las experiencias de éxito y fracaso, se puede fortalecer a través de una retroalimentación formativa frecuente, específica y enfocada en las fortalezas de los estudiantes. No sirve el elogio frívolo y desconectado de la realidad, los niños y niñas son demasiado inteligentes para saber cuando un elogio es verdadero. La retroalimentación para mejorar debe darle información necesaria para que aprenda a usar sus capacidades en la solución de problemas y desafíos de clases. Y ese tipo de retroalimentación se sustenta en una total mentalidad de crecimiento de los profesores sobre los estudiantes. Esto es, la creencia férrea de que cada estudiante puede mejorar, en cualquier aspecto que se proponga y la consideración de que el aprendizaje es un proceso continuo y no algo que va a ocurrir instantáneamente.

 

Por último, en cuanto a las explicaciones de los eventos pasados, son relatos internos que se forjan en la infancia y la adolescencia, en gran medida desde los relatos externos que damos a los estudiantes. Las explicaciones que aumentan el optimismo son aquellas que frente a los eventos adversos, minimizan el alcance de estos y la personificación. Por ejemplo, si tuve un mal resultado en una prueba, una explicación optimista sería: “esta vez me fue mal, porque estuve distraída con otro problema y no alcancé a estudiar suficiente.” En contraste, una explicación pesimista seria: “siempre me va mal, soy pésimo estudiante.”

 

Es fácil darse cuenta cómo estas lógicas pueden conducir a comportamientos futuros que favorecen a la agencia en el control de los eventos. La explicación optimista deja mucho espacio de control al estudiante para hacerlo mejor la próxima vez. En cambio la explicación pesimista, profundiza una sensación de desesperanza, de incapacidad de controlar el resultado en el futuro.

 

En este sentido, los adultos pueden contribuir al optimismo eliminando los juicios categóricos y catastrofizantes cuando los estudiantes se equivocan o les va mal, aumentando un lenguaje muy específico y descriptivo para mostrar los errores y lo que se debe corregir, y también las fortalezas y los aciertos.

Según diversos reportes, Chile no tiene los mejores indicadores de salud mental, y las consecuencias de la pandemia podrían agravar este problema. El bienestar psicológico de nuestros NNA es algo demasiado importante y debiera ser un foco prioritario de nuestro sistema educativo.

 
 Mas información en www.aprendizajesocioemocional.cl/
 
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El efecto de “cuanto menos sabemos, más creemos saber”

En esencia el así llamado «Efecto Dunning-Kruger» explica porqué muchas personas, pero sobre todo muchos políticos demagogos y también periodistas del rubro, opinan de todo sin tener idea. En realidad, sucede bastante en lo cotidiano en personas comunes y corrientes como quienes leemos (o escribimos) estos artículos, pero el impacto en la sociedad, es insignificante en comparación al que tiene cuando se activa en los personajes ya citados.

Veamos, se trata de un sesgo cognitivo según el cual, estos políticos y periodistas con algunas habilidades retóricas, pero menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrestimar esas mismas habilidades, capacidades y conocimientos en ellos mismos.  Como resultado, suelen convertirse en ultracrepidianos, es decir, personas que opinan sobre todo lo que escuchan y les parece “relevante para su causa personal o ideológica”, pero sin tener idea y un alto convencimiento de que saben mucho, sobre todo más que los demás.

Peor aún, estas “víctimas” del efecto Dunning-Kruger no se limitan a dar una opinión, tampoco a sugerir, sino que intentan imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas, haciendo pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así. ¿Ya les resuenan algunos personajes así?

En una serie de experimentos, los dos renombrados psicólogos cuyos apellidos lleva este efecto, analizaron la competencia de las personas en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor. A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en cada uno de esos campos. A continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real. Entonces los investigadores notaron que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Aunque es paradójico, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos. Así surgió el efecto Dunning-Kruger.

Estos psicólogos concluyeron además que las personas incompetentes en cierta área del conocimiento:

– Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia.

– No suelen reconocer la competencia del resto de las personas.

La buena noticia para “mortales” como muchos de nosotros, a quienes también les aflora aquí y allá este efecto, es que se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia, ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones. En la mayoría de los políticos y periodistas de ese sector, es más difícil ver esa toma de consciencia…, más bien se aprecia una tendencia inversa.

En la práctica, ello conlleva a que estos personajes creen saber  todo lo que es necesario saber. Y eso los convierte en personas sesgadas, que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas. Reitero: bajo ciertas condiciones la incompetencia de estas personas tiende a ocurrir emparejada con una autoestimación elevada. El comediante británico John Cleese lo describe acertadamente de la siguiente manera: «El problema con las personas estúpidas, es que a menudo son demasiado estúpidas, para ver por sí mismas que son estúpidas».

Este efecto es realmente desagradable cuando viene p.ej. de jefes, de la pareja e incluso de los padres, pero en el impacto macrosocial es demasiado frecuente y alto en el ámbito político. Es posible, que tú o yo no sepamos en este momento, qué estupidez hemos hecho hoy o ayer.

La pregunta que surge es: ¿Qué podemos hacer para evitar caer en esta trampa nosotros mismos, de quedar atrapados en este efecto cuando caigamos en éste?

Karl Weick, profesor emérito de psicología organizacional de la Universidad de Michigan opina: «¡Discuta como si tuviera razón y escuche como si estuviera equivocado!»

Creo que es un consejo inteligente. Si tomas esto en serio y los siguientes cinco consejos adicionales también, a diferencia de los personajes del mundo político, aumentarás significativamente las posibilidades de no equivocarte por error y caer profundamente en el efecto Dunning Kruger:

1. APRENDE A CONOCERTE

Es parte de la naturaleza humana juzgar mal el alcance de la propia ignorancia. Platón ya reflejó esto en su alegoría de la caverna. El problema es que vemos ignorancia en otras personas, pero no en nosotros mismos. Una forma de corregir esto, es hablar con otras personas, y realmente escuchar e invitar a recibir comentarios críticos. Esto nos permite aprender cosas que no sabíamos o pasamos por alto, o obtener otras perspectivas que pueden ser extremadamente útiles.

2. RODÉATE DE PERSONAS QUE TE DESAFÍEN

Crea tu propia red de personas, la que consiste en un grupo seleccionado que te dice lo que no quieres escuchar… ¡Pero que a la vez necesitas escuchar con urgencia! En nuestro entorno, necesitamos personas que inicien procesos de autorreflexión, nos muestren nuestros puntos ciegos y revelen nuestro potencial de desarrollo.

3. IMAGINA EL PEOR ESCENARIO (“WORST CASE”)

Aunque soy un optimista practicante, con los años he aprendido que el optimismo tiene su lugar en la vida, pero no necesariamente cuándo hay que tomar decisiones importantes. Ahí me fui de bruces algunas veces. El optimismo y el éxito en el pasado, pueden llevarnos a caer en un exceso de confianza. David Dunning recomienda: “Si una decisión es importante, siempre pregúntese dónde podría estar equivocado. O cómo tus planes podrían terminar en un desastre «.

La herramienta para esto es incluir el peor de los casos o escenarios. Te protege contra el efecto Dunning-Kruger y los proverbiales lentes de ver todo color de rosa, así como contribuye a agudizar el estado de alerta. Las preguntas pueden ser: ¿Qué puede pasar en el peor de los casos? ¿Bajo qué circunstancias puede suceder esto? ¿Qué tan probable puede suceder esto? ¿Qué contramedidas puedo tomar para prevenir este escenario o mitigar sus efectos?

4. PIENSA EN PROBABILIDADES, NO EN CERTEZAS

David Dunning dice: «Las personas que piensan en términos de probabilidades en lugar de certezas, tienden a ser más capaces de predecir lo que sucederá en el futuro, que las personas que piensan en términos de certezas». En otras palabras: más expuestos al efecto Dunning-Kruger estamos cuando pensamos en categorías muy simples de blanco o negro, bueno o malo, incorrecto o correcto, sí o no. Estamos menos expuestos al efecto Dunning Kruger cuando pensamos en las probabilidades. Entonces, por ejemplo: «¿Cuál es la probabilidad de que pueda lograr este objetivo? – 20, 50 u 80 por ciento? «

5. APRENDE A DECIR «NO SÉ»

«Parece incómodo para la gente decir: ‘No sé’. Sí, admitir que no sabemos algo no sale fácilmente de nuestros labios, porque siempre existe la sensación de que es una admisión fatal de debilidad e incompetencia. Haremos un progreso significativo si no pasamos por la vida como supuestamente conocedores, porque de cualquier modo nuestra incompetencia nunca pasa desapercibida durante mucho tiempo.

Tener en cuenta estos puntos aumenta las posibilidades de no caer en la trampa Dunning Kruger. Las personas que pueden admitir ante sí mismas y ante los demás que sus suposiciones no pueden ser correctas, y que su conocimiento puede ser limitado, saben más que los autoproclamados proclamadores de la verdad, que están absolutamente convencidos de la exactitud de sus opiniones y sus conocimientos.

En este contexto, me gusta el término «humildad intelectual». Quienes cultivan la «humildad intelectual» aceptan que podrían estar equivocados. Esto no es coquetería, sino el resultado de la autorreflexión, el cuestionamiento crítico y la apertura intelectual. Y lo más importante, hagan como yo, que ya no señalo con el dedo a los  «candidatos Dunning-Kruger» – salvo a los políticos y periodistas de ese mundo, sino intento crecientemente estar consciente de  la primera regla del “Club Dunning-Kruger”, la cual es: “¡No sabes acaso, que ya eres miembro del Club!”

Este artículo posee extractos de un artículo acerca del Efecto Dunning-Kruger de la Psicóloga Jennifer Delgado Suárez vía Rincón de la Psicología

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Un Grito de Ayuda de la Naturaleza

No comparto la opinión de los pesimistas, de quienes ven enemigos y confabulaciones en todas partes, de aquellos intrínsecamente desconfiados y negativos, de los quejumbrosos, de quienes temen salir de su zona de pseudo-confort, de los que se centran en sus debilidades y arrastran culpas sin resolverlas, de aquellos que no perdonan y viven con rencores, de los que culpan al resto y no poseen autocrítica, de quienes no viven el presente y sólo en las inseguridades del futuro, de aquellos que se preocupan del “que dirán”…, de que estemos frente a una ignición intencional de proliferar el Coronavirus por parte del Hombre.

Por el contrario, pienso que es una reacción de la propia naturaleza, para que de pronto el mundo se detenga y muchos tengamos la oportunidad de comenzar a repensar nuestra vida, descubrir nuevos lados en nosotros mismos, tomar decisiones difíciles y lidiar con los miedos… Ello, independiente de los infaltables y aún numerosos irresponsables e inconscientes que abundan coludidos con su ignorancia y egoísmo. Sin embargo y por el contrario, parece ser que crecen a paso agigantado los despertares de consciencia, la compasión sincera y el sentido de cooperación y solidaridad.  Sí, estamos comenzando a presenciar muy nítidamente lo mejor y lo peor de los seres humanos y esta pandemia es el cristal que lo facilita.

De pronto, se vuelven importantes las cosas que hemos dado por sentado por mucho tiempo, entre ellos, comenzamos a extrañar la cercanía física con las personas, los contactos sociales, el privilegio de moverse libremente, los viajes, la vida sin u otras preocupaciones, la seguridad financiera donde ya existía y la “normalidad”…, aunque muchos ya vivíamos en un estado de anormalidad social destructiva. Probablemente, este efecto viral no será por sólo dos o tres semanas y su alcance real hoy es bastante impredecible.

¿Hay alguna razón por la cual todo está al revés? ¿Es un grito de ayuda de la naturaleza que necesita un descanso de nosotros? ¿Hemos perdido el valor de la vida y se trata de un recordatorio de la importancia de nuestras vidas?

En esta situación excepcional, tenemos la tremenda oportunidad de conocernos mejor y de ser un poco “mejores”, establecer prioridades de manera diferente, tratar a nuestros semejantes con respeto y amor y, en el mejor de los casos, volver a rescatar esos tiempos en los que “el otro” poseía un sitial más alto, por encima del hoy dominante Narciso, símbolo del sueño de los sentidos en el cual el Ego se sumerge y nos hipnotiza, generando fantasías y un alto centrismo en nosotros mismos. Asimismo, nuestro planeta descansa de tantos factores que lo han sobrecargado por décadas…

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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