Las Relaciones nunca Terminan…

Hace unos días atrás, recibí un llamado inesperado, acerca del cual ya les comento más adelante…

Mientras realizaba mis ejercicios de elongaciones y de fortalecimiento en medio de esta ya prolongada «cuarentena», espontáneamente pero gatillado por un llamado telefónico, comencé a recordar separaciones que he tenido en mi vida, ya sea de familiares muy cercanos, algunos que fueron importantes amigos en su momento, socios comerciales, parejas que tuve en mi juventud, jefes y colaboradores…, etc.

¡En menos de un minuto logré superar la veintena! Es impresionante como pueden llegar a trabajar de rápido y eficazmente las tres puertas de la mente: subconsciente, inconsciente y el consciente.

La vida es un desarrollo en el que a veces hay saltos y luego, son inevitablemente necesarias las separaciones. En muchos casos, estas separaciones no son un real drama, incluso si sucede a menudo. Distinto es si a raíz de ello se produjo un daño mayor, que deja heridas profundas y no sólo rasguños. Claro está: ¡heridas que llegan a las entrañas o parten el corazón, necesitan cirugía! Pero por lo general son sólo rasguños que sanan relativamente rápido y no dejan cicatrices notorias, salvo para quienes tienden a exagerar o dramatizar.

Pero, por otra parte, sabemos muy bien cuán vehementes pueden llegar a ser los intentos de justificarse y maltratar a los demás en estos procesos de separación, sean de la naturaleza que fueren. Es asombroso con la frialdad que proceden algunos y a la vez insultado, hiriendo, sin poseer real necesidad de hacerlo.

Pensemos también en personas que se aferran a su trabajo hasta que se vuelve indigno, lo que es muy común en políticos, también frecuente en las empresas, sobre todo en cargos superiores. Si la separación es inevitable, muchos realizan el intento a cualquier costo para salir sin perder la cara, para sacar el último céntimo, despotricando contra los demás, generalmente por detrás y sus niveles de responsabilidad propia tienden a cero.

Cuánto más respetuoso resulta ser el final de una relación con alguien que tuve muchas discrepancias durante un buen tiempo, de tipo laboral, al recibir sorpresivamente un llamado telefónico de esa persona, en el cual aparte de preguntar por mi estado de salud, sólo quería expresar su gratitud por aquello que valoró en nuestra relación laboral. ¡Humildemente!

Si te gusta recordar con agrado, incluso entablar o renovar una relación, depende de cómo terminaste. Si se desperdicia fuerza en la guerra de trincheras y en sacar a relucir un orgullo exacerbado, también se pierde la dignidad de la conexión, así como la creación y/o renovación de confianzas. Claro, hablo de rasguños, no de heridas profundas.

Sin embargo, con la veintena de casos que recordé hoy y que incluían lesiones de todo tipo, debo concluir, que las relaciones nunca terminan sino sólo cambian su forma.

 

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El efecto de “cuanto menos sabemos, más creemos saber”

En esencia el así llamado «Efecto Dunning-Kruger» explica porqué muchas personas, pero sobre todo muchos políticos demagogos y también periodistas del rubro, opinan de todo sin tener idea. En realidad, sucede bastante en lo cotidiano en personas comunes y corrientes como quienes leemos (o escribimos) estos artículos, pero el impacto en la sociedad, es insignificante en comparación al que tiene cuando se activa en los personajes ya citados.

Veamos, se trata de un sesgo cognitivo según el cual, estos políticos y periodistas con algunas habilidades retóricas, pero menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrestimar esas mismas habilidades, capacidades y conocimientos en ellos mismos.  Como resultado, suelen convertirse en ultracrepidianos, es decir, personas que opinan sobre todo lo que escuchan y les parece “relevante para su causa personal o ideológica”, pero sin tener idea y un alto convencimiento de que saben mucho, sobre todo más que los demás.

Peor aún, estas “víctimas” del efecto Dunning-Kruger no se limitan a dar una opinión, tampoco a sugerir, sino que intentan imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas, haciendo pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así. ¿Ya les resuenan algunos personajes así?

En una serie de experimentos, los dos renombrados psicólogos cuyos apellidos lleva este efecto, analizaron la competencia de las personas en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor. A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en cada uno de esos campos. A continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real. Entonces los investigadores notaron que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Aunque es paradójico, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos. Así surgió el efecto Dunning-Kruger.

Estos psicólogos concluyeron además que las personas incompetentes en cierta área del conocimiento:

– Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia.

– No suelen reconocer la competencia del resto de las personas.

La buena noticia para “mortales” como muchos de nosotros, a quienes también les aflora aquí y allá este efecto, es que se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia, ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones. En la mayoría de los políticos y periodistas de ese sector, es más difícil ver esa toma de consciencia…, más bien se aprecia una tendencia inversa.

En la práctica, ello conlleva a que estos personajes creen saber  todo lo que es necesario saber. Y eso los convierte en personas sesgadas, que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas. Reitero: bajo ciertas condiciones la incompetencia de estas personas tiende a ocurrir emparejada con una autoestimación elevada. El comediante británico John Cleese lo describe acertadamente de la siguiente manera: «El problema con las personas estúpidas, es que a menudo son demasiado estúpidas, para ver por sí mismas que son estúpidas».

Este efecto es realmente desagradable cuando viene p.ej. de jefes, de la pareja e incluso de los padres, pero en el impacto macrosocial es demasiado frecuente y alto en el ámbito político. Es posible, que tú o yo no sepamos en este momento, qué estupidez hemos hecho hoy o ayer.

La pregunta que surge es: ¿Qué podemos hacer para evitar caer en esta trampa nosotros mismos, de quedar atrapados en este efecto cuando caigamos en éste?

Karl Weick, profesor emérito de psicología organizacional de la Universidad de Michigan opina: «¡Discuta como si tuviera razón y escuche como si estuviera equivocado!»

Creo que es un consejo inteligente. Si tomas esto en serio y los siguientes cinco consejos adicionales también, a diferencia de los personajes del mundo político, aumentarás significativamente las posibilidades de no equivocarte por error y caer profundamente en el efecto Dunning Kruger:

1. APRENDE A CONOCERTE

Es parte de la naturaleza humana juzgar mal el alcance de la propia ignorancia. Platón ya reflejó esto en su alegoría de la caverna. El problema es que vemos ignorancia en otras personas, pero no en nosotros mismos. Una forma de corregir esto, es hablar con otras personas, y realmente escuchar e invitar a recibir comentarios críticos. Esto nos permite aprender cosas que no sabíamos o pasamos por alto, o obtener otras perspectivas que pueden ser extremadamente útiles.

2. RODÉATE DE PERSONAS QUE TE DESAFÍEN

Crea tu propia red de personas, la que consiste en un grupo seleccionado que te dice lo que no quieres escuchar… ¡Pero que a la vez necesitas escuchar con urgencia! En nuestro entorno, necesitamos personas que inicien procesos de autorreflexión, nos muestren nuestros puntos ciegos y revelen nuestro potencial de desarrollo.

3. IMAGINA EL PEOR ESCENARIO (“WORST CASE”)

Aunque soy un optimista practicante, con los años he aprendido que el optimismo tiene su lugar en la vida, pero no necesariamente cuándo hay que tomar decisiones importantes. Ahí me fui de bruces algunas veces. El optimismo y el éxito en el pasado, pueden llevarnos a caer en un exceso de confianza. David Dunning recomienda: “Si una decisión es importante, siempre pregúntese dónde podría estar equivocado. O cómo tus planes podrían terminar en un desastre «.

La herramienta para esto es incluir el peor de los casos o escenarios. Te protege contra el efecto Dunning-Kruger y los proverbiales lentes de ver todo color de rosa, así como contribuye a agudizar el estado de alerta. Las preguntas pueden ser: ¿Qué puede pasar en el peor de los casos? ¿Bajo qué circunstancias puede suceder esto? ¿Qué tan probable puede suceder esto? ¿Qué contramedidas puedo tomar para prevenir este escenario o mitigar sus efectos?

4. PIENSA EN PROBABILIDADES, NO EN CERTEZAS

David Dunning dice: «Las personas que piensan en términos de probabilidades en lugar de certezas, tienden a ser más capaces de predecir lo que sucederá en el futuro, que las personas que piensan en términos de certezas». En otras palabras: más expuestos al efecto Dunning-Kruger estamos cuando pensamos en categorías muy simples de blanco o negro, bueno o malo, incorrecto o correcto, sí o no. Estamos menos expuestos al efecto Dunning Kruger cuando pensamos en las probabilidades. Entonces, por ejemplo: «¿Cuál es la probabilidad de que pueda lograr este objetivo? – 20, 50 u 80 por ciento? «

5. APRENDE A DECIR «NO SÉ»

«Parece incómodo para la gente decir: ‘No sé’. Sí, admitir que no sabemos algo no sale fácilmente de nuestros labios, porque siempre existe la sensación de que es una admisión fatal de debilidad e incompetencia. Haremos un progreso significativo si no pasamos por la vida como supuestamente conocedores, porque de cualquier modo nuestra incompetencia nunca pasa desapercibida durante mucho tiempo.

Tener en cuenta estos puntos aumenta las posibilidades de no caer en la trampa Dunning Kruger. Las personas que pueden admitir ante sí mismas y ante los demás que sus suposiciones no pueden ser correctas, y que su conocimiento puede ser limitado, saben más que los autoproclamados proclamadores de la verdad, que están absolutamente convencidos de la exactitud de sus opiniones y sus conocimientos.

En este contexto, me gusta el término «humildad intelectual». Quienes cultivan la «humildad intelectual» aceptan que podrían estar equivocados. Esto no es coquetería, sino el resultado de la autorreflexión, el cuestionamiento crítico y la apertura intelectual. Y lo más importante, hagan como yo, que ya no señalo con el dedo a los  «candidatos Dunning-Kruger» – salvo a los políticos y periodistas de ese mundo, sino intento crecientemente estar consciente de  la primera regla del “Club Dunning-Kruger”, la cual es: “¡No sabes acaso, que ya eres miembro del Club!”

Este artículo posee extractos de un artículo acerca del Efecto Dunning-Kruger de la Psicóloga Jennifer Delgado Suárez vía Rincón de la Psicología

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Un Grito de Ayuda de la Naturaleza

No comparto la opinión de los pesimistas, de quienes ven enemigos y confabulaciones en todas partes, de aquellos intrínsecamente desconfiados y negativos, de los quejumbrosos, de quienes temen salir de su zona de pseudo-confort, de los que se centran en sus debilidades y arrastran culpas sin resolverlas, de aquellos que no perdonan y viven con rencores, de los que culpan al resto y no poseen autocrítica, de quienes no viven el presente y sólo en las inseguridades del futuro, de aquellos que se preocupan del “que dirán”…, de que estemos frente a una ignición intencional de proliferar el Coronavirus por parte del Hombre.

Por el contrario, pienso que es una reacción de la propia naturaleza, para que de pronto el mundo se detenga y muchos tengamos la oportunidad de comenzar a repensar nuestra vida, descubrir nuevos lados en nosotros mismos, tomar decisiones difíciles y lidiar con los miedos… Ello, independiente de los infaltables y aún numerosos irresponsables e inconscientes que abundan coludidos con su ignorancia y egoísmo. Sin embargo y por el contrario, parece ser que crecen a paso agigantado los despertares de consciencia, la compasión sincera y el sentido de cooperación y solidaridad.  Sí, estamos comenzando a presenciar muy nítidamente lo mejor y lo peor de los seres humanos y esta pandemia es el cristal que lo facilita.

De pronto, se vuelven importantes las cosas que hemos dado por sentado por mucho tiempo, entre ellos, comenzamos a extrañar la cercanía física con las personas, los contactos sociales, el privilegio de moverse libremente, los viajes, la vida sin u otras preocupaciones, la seguridad financiera donde ya existía y la “normalidad”…, aunque muchos ya vivíamos en un estado de anormalidad social destructiva. Probablemente, este efecto viral no será por sólo dos o tres semanas y su alcance real hoy es bastante impredecible.

¿Hay alguna razón por la cual todo está al revés? ¿Es un grito de ayuda de la naturaleza que necesita un descanso de nosotros? ¿Hemos perdido el valor de la vida y se trata de un recordatorio de la importancia de nuestras vidas?

En esta situación excepcional, tenemos la tremenda oportunidad de conocernos mejor y de ser un poco “mejores”, establecer prioridades de manera diferente, tratar a nuestros semejantes con respeto y amor y, en el mejor de los casos, volver a rescatar esos tiempos en los que “el otro” poseía un sitial más alto, por encima del hoy dominante Narciso, símbolo del sueño de los sentidos en el cual el Ego se sumerge y nos hipnotiza, generando fantasías y un alto centrismo en nosotros mismos. Asimismo, nuestro planeta descansa de tantos factores que lo han sobrecargado por décadas…

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

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Amanda: ¿por qué sufres tanto con esa decisión?

A partir de una situación en particular que ya describiré, me referiré a las decisiones verdaderamente difíciles que todos hemos tenido que enfrentar muchas veces en nuestras vidas. Pero, que una decisión te resulte en realidad difícil, probablemente no tiene que ver con miedos, inseguridades o asociado a temas valóricos o éticos, sino frecuentemente debido a pensamientos erróneos.

A continuación, describiré con bastante detalle la situación laboral de Amanda, la cual irremediablemente terminará en una toma de decisiones.

Desde hace un tiempo a esta parte, principalmente gatillado por situaciones laborales, las cuales también repercuten en su vida personal, Amanda pasa por diversos estados de ansiedad, angustia, estrés, confusión, decepción, frustración, impotencia y enojo. También ha vuelto a tener problemas de insomnio, o al menos de poco dormir, a pesar de la medicación que utiliza de manera no tan constante. El baile tropical que tan bien le hace, lo deja, retoma y vuelve a abandonarlo. El senderismo y otras actividades que le desocupan la mente de sus preocupaciones, tampoco las realiza de manera perseverante. Logra distraerse un rato, viendo algunas series o películas en Netflix casi a escondidas para no sentirse culpable, sumergida en su fiel acompañante de tantas batallas e intimidades: su teléfono celular. Hace rato que no dedica suficiente tiempo a unos buenos libros, y le encanta leer. También le gusta conversar, pero no mucho en aquellas reuniones sociales donde deba mostrar demasiado de su intimidad.

No sólo sus ojeras la delatan, también momentos de mal humor, el que no es parte de sus rasgos de carácter, ya que es más bien realista, seria y serena, características propias descritos para Virgo por los astrólogos. Eso sí, viene equipada con variadas altas inteligencias y una dulzura de carácter muy especial. No demasiado a menudo su autoestima anda por los cielos.

¡Es que no tiene tiempo para nada, ya que además de su trabajo, posee al menos otras cinco agendas que incluyen hijos, esposo, cosas que fallan en la casa, familia restante, amigos, entre otros, que implican otras preocupaciones y ocupaciones!

Desde que egresó de la universidad hace ya un cuarto de siglo atrás, casi toda su vida laboral Amanda la ha realizado en una importante asociación gremial, trabajando siempre en comunicaciones, inicialmente realizándolo casi sola en esa área, para luego crecer profesionalmente junto a la organización y la profesionalización. Hoy gerencia el área, posee un importante equipo de personas a su cargo y muchos desafíos y problemas con los cuales lidiar, porque la asociación seguirá creciendo y ello, trae consigo variados cambios y ajustes, no siempre sin dolor para las personas involucradas. En esta última década, la estructura de la asociación no sólo creció y profesionalizó, sino implementó procesos de gestión más propios de la empresa privada.

El anterior Gerente General de la asociación, quien lideró la mayoría de esos cambios estructurales profundos, si bien era orientado a la tarea, poseía un estilo de liderazgo con características transformacionales y “laissez-faire”. Su sucesor, si bien también manifiesta un estilo de liderazgo transformacional, lo materializa con un énfasis mucho más transaccional, a veces autocrático.

El estado de ánimo y con efectos en la salud de Amanda ya descrito anteriormente, es influenciado en buena medida por esta situación en el trabajo: el tipo de liderazgo de su jefe y con ello de paso, la enajenación del espíritu que debiera primar en una institución gremial. Si bien estas características autocráticas ella no las vive tan directamente, sí en su rol, porque afectan a otras personas en el estilo de comunicación, también interna, que trata de implantar su jefe.

Amanda no escribe listas con los “pro y contra”, pero si sopesa y trata de diferentes maneras para averiguar cuál sería la mejor decisión, es más, cuál debiera ser su comportamiento en ello. En su mente busca más opciones y soluciones, pero ninguna de ellas realmente la empuja hacia adelante.

Ruth Chang, una filósofa estadounidense de origen asiático, explica en pocas palabras cómo tomar decisiones difíciles, por qué nuestra búsqueda de la decisión correcta a menudo no funciona. Al menos no surte efecto con un cierto tipo de decisiones.

Ver video:  Ruth Chang

 

Lo que es real, es que hay decisiones donde ninguna alternativa es definitivamente mejor que la otra. Estas son las llamadas decisiones duras o difíciles, donde para una alternativa hay elementos de similar peso a favor y en contra, pero para otra alternativa también. Esas son las decisiones en donde, a pesar de la mejor de las intenciones, no puedes descubrir cuál es mejor.

Y eso no depende de ti, sino generalmente porque simplemente no hay una opción de decisión que sea claramente mejor que la otra. Si una opción fuese mucho mejor que la otra, ya no sería una decisión difícil.

La dificultad aparente para Amanda era que las opciones que había elucubrado en su mente, las valoraba de manera similar, en lo bueno y en lo malo. Las diversas alternativas de decisión representaban valores diferentes, que eran importantes para ella a la hora de tomar una decisión compleja.

Por ejemplo, sentía que tenía una necesidad ética de no abandonar el barco, ya que con los años que llevaba trabajando ahí,  había entusiasmado a muchos marineros, maquinistas y oficiales para que postularan y se subieran al buque. En contrapartida, estaba – en sus ojos – un “antivalor” que representaba el management autocrático, ya que en su forma de ver la vida, atentaba en contra de la finalidad del ser humano: la felicidad.

También la seguridad laboral y aún necesarios ingresos monetarios que requería para su familia chocaba con la libertad de expresar su opinión y postura con lo que sucedía y percibía en la asociación, tanto en el ambiente laboral como en la manera que se desdibujaban crecientemente los principios orientadores de la organización. Sin embargo, si no decía nada, quizás de igual manera podía perder su trabajo, por mostrar flaquezas en otro tipo de decisiones que ella no compartía, pero no exteriorizaba abiertamente, sino sólo en no avanzar o actuar como su jefe esperaba de ella. Así…, había algunos otros valores que estaban en contraposición en una u otra alternativa de decisión, acerca de qué hacer al respecto.

El dilema de Amanda…, sí, ahora sabía que las razones por las cuales le costaba tanto tomar una decisión:

  1. No poseía ninguna opción claramente mejor que la otra. Ninguna de las alternativas que había pensado eran casi igual de buenas o malas.
  2. En cada opción de decisión había algo distinto que para ella era muy importante en su esencia valórica. Y justamente ese valor o principio, no se lo ofrecían otras opciones, las que a su vez incluían otros valores distintos igual de importantes para ella.

¿Entonces…, qué?

Sí, claro, grandioso saber que ello era así, pero tampoco le ayudaba a resolver su dilema.

Ruth Chang dice, que en decisiones difíciles se trata de una pregunta totalmente distinta y determinante en la forma de abordar este cuello de botella:

NO: ¿cuál es la mejor decisión?

SI: ¿qué persona quiero ser?

¿Cómo es que esta pregunta le podía ayudar a Amanda respecto de su difícil decisión?

Amanda pensaba…: “Yo tengo claro qué tipo de persona quiero ser, justamente por esa claridad acerca de mis valores es que estoy en este dilema, esta encrucijada compleja y dolorosa, aunque en mi foro interno a veces igual me encuentro a mi misma demasiado estricta y rígida!”

Si Amanda se volvía a preguntar qué tipo de persona querría ser, sería posible encontrar las razones eran más importantes para ella. Al reflexionar y poner en evidencia lo que ella quería ser como persona, también era factible definir el tipo de decisiones que calzaban de mejor manera con esa persona.

Algunas de las alternativas posibles que pasaron por la mente de Amanda:

  • Exponer muy claramente sus argumentos, con lo cual sería fiel a sus principios y lealtad a los colaboradores, pero confrontando a su jefe.
  • Aguantar así varios años más: a) hasta poseer mayores reservas económicas, tratando de mantener su cargo, adaptarse a los posibles cambios estructurales venideros, e intentar reparar lo mejor posible los eventuales daños, b) con la esperanza que sean muy pocos y se produzca algún cambio de actitud a motu propio de su jefatura, o un cambio de persona en el cargo.
  • Buscar otro empleo y presentar su renuncia una vez que lo tuviese definido:
  • ¿Manteniendo el statu quo?
  • ¿Exteriorizando su malestar y diferencias?
  • Iniciar una actividad de manera independiente
  • ¿De tiempo completo o parcial?
  • ¿Trabajando fuera de su hogar o dentro de su hogar?

Ahí fue donde Amanda tomó consciencia de que en ese momento ya no estaba supeditada a definir cual alternativa era mejor, sino los motivos que eran más importantes para ella en cada alternativa. Y no racionalmente, sopesando los pros y los contras o bien, las ventajas y desventajas, sino decidiendo que persona prefería ser en el trabajo.

En una primera aproximación, Amanda resumió sus motivos en el tipo de persona que ella quisiera ser en el trabajo, definiéndola como una asociación donde los asociados sean el verdadero foco, que el aprendizaje continuo con un enfoque colaborativo sea un desafío permanente, un lugar en que confiemos en el trabajo de los colaboradores, pero a la vez responsabilizándonos de los resultados, promoviendo a la vez un equilibrio entre trabajo y vida personal”.

¿Eso es intimidante?

Tal vez.

Porque si admitimos que no hay una mejor alternativa, si somos honestos y decimos: sólo yo puedo decir que tipo de persona quiero ser. Luego nos hacemos responsables de nuestras decisiones. No la asociación, no la empresa, no la pareja o los padres, amigos, colegas, el jefe.

Eso puede ser un poco aterrador. Porque a menudo queremos pistas claras: correcto, incorrecto, bueno, malo, significativo, sin sentido…

Pero asumir la responsabilidad de estas difíciles decisiones también significa ser libre. Ser verdaderamente libre de dar forma a la vida. Amanda ya no es tan libre, porque perdió esa libertad si persevera en el statu quo, pero, es más, también perdió libertad en su vida personal, no tiene espíritu para bailar, entre otros…

Hoy, mientras escribo este artículo, Amanda aún está procesando sus definiciones muy auto-responsablemente, sopesando sus propios motivos en esta difícil decisión, tomando nuevamente las riendas para seguir dando forma a su vida. Y eso, la llevará la vida que ella realmente quiere llevar.

Tal como Amanda, pregúntate frente a una decisión difícil:

Si elijo la Alternativa A,

… ¿cómo sería mi vida?

… ¿cuánto me gustaría ser esta persona?

… ¿cuánto cambiaría eso mi vida? … ¿Qué persona me gustaría ser?

A medida que avances por cada una de las alternativas, te harás una idea más precisa de si quieres ser esa persona.

Pruébalo. Este pequeño experimento mental quizás te dé el impulso crucial para tomar con éxito una decisión difícil, de tal manera que vivas cada vez más y mejor la vida que realmente quieres vivir.

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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Dices que sí, aunque prefieres decir que no…

Un buen conocido que es psicólogo y orientador profesional, me habló de uno de sus clientes en coaching de carrera profesional, y de su problema. Fue como un déjà-vu: ¡Sí, algo conozco del tema! !

Su cliente es un líder de equipo en una gran empresa. Un tipo que se involucra, que siempre está ahí para su gente, que siempre está atento a los deseos de sus clientes… Un ejecutivo, como muchos sólo pueden desear. Con cada fibra proyecta y muestra que quiere progresar, aspira conseguir los proyectos interesantes, es consciente de que tiene que mostrar compromiso (o “engagement” como les gusta llamarlo a algunos hoy en día) y lo hace.

Pero sigue insatisfecho. Por eso que contrata a mi amigo como coach para su carrera profesional: pero no progresa. Su jefe siempre le da los proyectos interesantes a otros. Colegas son ascendidos y él marca el paso. Lo considera extremadamente injusto y no puede explicarse a sí mismo por qué es así.

Nuestro amigo, el psicólogo, finalmente trata de dilucidar otra arista: “¿Alguna vez le has preguntado a tu jefe sobre ésto? ¿No? ¡Entonces hazlo, por favor!”

Una semana después habló con su jefe y le respondió: “Ya veo que te involucras, te esfuerzas y siempre estás ahí para todos. Realmente, también aprecio eso de ti. Pero los que progresan aquí, no son aquellos que siempre dicen que sí a casi todo, sino los que trazan límites y pueden decir que no, aunque sea desagradable, incluso si termina en fuertes diferencias o conflictos.

Desafortunadamente, muchas personas no son muy buenos para decir que no. Pienso, que ello no sólo es válido en el trabajo, sino también con respecto a la vida privada.

Un supuesto pequeño favor de un vecino, pero que lleva mucho más inversión de tiempo si se examina más de cerca; una solicitud de último minuto del jefe poco antes de la finalización del horario de trabajo; un deseo especial de un hijo, que debería hacerse realidad de inmediato, etc.  Hay miles de momentos en los que uno dice que sí, aunque uno hubiera preferido decir que no.

Y exactamente sucede lo siguiente: decir sí, pero querer decir no, es la causa de frustración y estrés. Y cuanto más sucede, más aumentan los niveles de estrés y la insatisfacción con uno mismo. Porque básicamente todo el mundo lo sabe: hubiese sido mucho mejor trazar un límite claro y manifestar respetuosa pero firmemente el propio punto de vista.

En el entorno profesional, pero también en la vida en general, sólo se puede asegurar que no se corre en la dirección equivocada, o que no se carga con demasiadas cosas propias y de otros, si se establecen límites y se dice que no de forma consciente y decisiva. Sólo así es posible concentrarse en las cosas que son realmente importantes. Es por eso, que algunas de las personas felices con su vida y que poseen una inteligencia especial, manifiestan que en buena medida es el resultado de lo que NO han hecho, porque han dicho que no.

¿Pero qué pasa si te resulta terriblemente difícil? Tal vez lograste construir una carrera laboral y una vida familiar, donde al decir sí a casi todo, luego de alguna manera las cosas se arreglan medianamente bien. Pero quizás de vez en cuando se te pasa por la mente, de que sería mucho mejor establecer límites más consistentes.¡Es decir, cómo pasar de un frecuente “sí” a un no-consciente!

Decir no, sin justificación:  exactamente. Te sugiero que digas que no a algo y que lo dejes como está. ¡Porque está bien decir que no! No tienes que irte y decir “déjame pensarlo” o dar razones fingidas. Porque puedes expresar tu determinación sin necesidad de justificar tu “no”. Eso se puede vestir educadamente, si a pesar de todo sigues siendo coherente y sin justificaciones. Es decir, algo así como: “no, lo siento, pero no estaré allí para la cena.” Punto. Sin “Porque yo…” o “No puedo, porque…”

Así es que: “No, no puedo hacer este trabajo ahora.

“No, no llamaré allí en tu nombre”

“No, gracias. No quiero eso.”

Sí, es así de simple.

Simplemente aguanta el “chaparrón” y admite ante tu contraparte, que acepte tu no en esta franqueza. Por favor, no pienses en cómo puedes complacer al otro de alguna manera por la puerta trasera. No necesita largas explicaciones. ¡Eso no es necesario!

Por ejemplo, si – por cualquier razón – no tiene sentido responder a la petición de un cliente, la respuesta debería ser: “No. He decidido no hacerlo.

Eso es todo. ¿Por qué dar siempre largas explicaciones? Esto sólo abre la puerta a las renegociaciones: “Si no es ahora, ¿qué tal el mes que viene? ¿Y el año que viene? ¿Qué tal si lo piensas de nuevo?

Sólo di “no” sin razón: “He decidido no hacerlo”.

Pero también puedes decir “no”, con una justificación después de un cambio de perspectiva.

En el momento en que se establecen límites claros y se dice que no, siempre hay una tensión entre el poder y la relación. Con el “no” tomas una posición y te pones en un alto estatus. Sí, esto a veces es a expensas de la relación. Siempre es bueno para la relación si dices que sí: “sí, con mucho gusto, por supuesto, no hay ningún problema”. Eso significa: si siempre dices que sí, todo el mundo te quiere mucho. Pero honestamente, tampoco no te toman muy en serio cuando se trata de temas complejos. Así que siempre existe la tensión entre el ejercicio del poder y el cultivo de las relaciones.

Por eso es prudente buscar maneras de hacerle saber a la otra persona, que si nos preocupamos por ella, aunque le digamos que no.

¿Cómo puedes hacer eso si te niegas a un trabajo? – Por ejemplo, proponiendo a alguien que pueda aceptar el trabajo u ofrecer alguna otra forma de apoyo. Asegúrate, sin embargo, de que lo que ofreces sea fácil de realizar. De lo contrario, es mejor que aceptes la solicitud original.

Pero aquellos que no pueden o no quieren ofrecer ayuda alternativa, deben tratar de formular la respuesta de tal manera que el rechazo sea en el propio interés de la otra persona. Para hacer esto, necesitas hacer un cambio de perspectiva y no dar la razón por la que es bueno que te niegues, sino la razón por la que es bueno para el otro. Esta es una forma muy elegante de negarse.

Por ejemplo: Se le pedirá que participes en un panel de discusión en un evento que te parezca poco interesante y que simplemente te tomaría demasiado tiempo, la respuesta podría ser: “Lo siento, estoy muy ocupado profesionalmente en este momento, pero puedo sugerirte a XYZ que hará justicia al nivel de discusión que buscas”.

O la negativa a escribir un prólogo para un libro: “Siento no poder escribir el prólogo de tu libro. No soy lo suficientemente competente en el campo para hacerlo correctamente.”

Así que intentas formularlo en el mejor interés del otro.

Para ambos tipos de “no” – los que no tienen justificación y los que la tienen después de un cambio de perspectiva – vale la pena practicarlo. Porque de esta manera se puede desarrollar un “desafío a la mente, la capacidad de decir no en el momento oportuno”.

El resultado: más autoestima y una vida con menor estrés. ¡Sólo inténtalo!

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¿“Sempáticos”?

Todos hemos oído hablar de empatía, y muy a menudo se nos ha explicado como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, mano en el corazón, esto no suele funcionar tan bien en la práctica. Por supuesto es frecuente, que efectivamente logramos ponernos en la situación del otro, pero generalmente es porque estamos de acuerdo con esa persona, es decir simpatizamos con ella.

Así es que la simpatía exige consonancia, concordancia, coincidencia y muchas veces, ideas de valores similares. Simpatizamos con nuestras amistades y con quienes compartimos algo en la vida, por lo que nos parece más fácil “ponernos en su lugar.”

Sin embargo, no nos será tan fácil ponernos en la posición de cualquier persona, con la cual a primera vista no tengamos nada en común o diferencias abismales en algún ámbito. Por ello, no me gusta tanto la arriba citada definición simplificada y “vox populi” de empatía.

Más bien coincido con que la empatía es una postura comunicativa que nos permite respetar acciones interpersonales, y también sentirlas comprensivamente, independientemente de si estamos de acuerdo o no, si simpatizamos con esa persona o no.

Por lo tanto y tratando de hacer una mejor aproximación a la definición de empatía, propongo la siguiente: “la capacidad de expresar respeto y comprensión por la manera de actuar, pensar o sentir de la otra persona, ya sea que estemos de acuerdo o no.” En ese contexto, nuestra situación personal y opinión son indiferentes, ya que las posiciones incluso podrían ser contrastantes o antagónicas. De lo contrario, si las posiciones y opiniones son más bien coincidentes, simpatizamos con nuestra contraparte.

De la manera que lo explico arriba, lo he vivido muchas veces en mi vida, aunque debo reconocer, de que durante décadas actuaba más intuitivamente en ese sentido y no era tan consciente de ello. Cuando tomé real consciencia, fue hace unos doce o trece años atrás, cuando ahondé en una amistad con una persona por la cual sigo teniendo un inmenso afecto, quien muchos años antes de que la profundizáramos había sufrido el asesinato por razones políticas de su padre, en una época complicada y muy delicada de nuestra historia. Esta persona, de una posición política muy distinta a la mía, estaba pasando por un momento puntual especialmente sensible respecto de la pérdida de su padre. Efectivamente, a pesar de nuestras grandes diferencias ideológicas, la respeté honestamente y pude sentir comprensión por lo que había pasado y estaba pasando en ese momento, sin falsas posturas, tanto así, siento que en esos años incluso fui un buen apoyo, más allá de mi comportamiento al estilo del Río Guadiana: aparecer y desaparecer, el que nada tenía que ver con la situación señalada. Debo decir eso sí, de que simpatizábamos muy fuertemente en varios valores, diferentes a los meramente ideológicos políticos.

Por lo tanto, claramente sí somos capaces de llegar a sentir comprensivamente, si respetamos la posición y vivencia de la otra persona, sin condenarla o realizar un juicio de valor.

Para mostrar empatía, no es necesario expresar nuestra propia opinión sobre el tema, ya que ante todo la empatía requiere escuchar, observar y respetar la posición o situación de esa otra persona. Por supuesto, existen otras formas de hacer ver nuestra opinión y mostrar respeto, por ejemplo, a través de una comunicación tranquilizadora y deferentemente apropiada a la situación.

Pero por favor, no confundamos: a veces sentimos que somos empáticos, o incluso nos dicen que lo somos, pero cuidado, frecuentemente se trata sólo de querer complacer al otro o tratar de ser bien comportados, incluso a querer caer bien y obtener su aprobación. Tratamos de simpatizar, pero en realidad no empatizamos.

El respeto real, exige conocimiento y empatía. Ello, porque debemos conocer y observar a la otra persona para poder mostrarle nuestro respeto en su situación. El respeto requiere que todos tengamos el derecho de decidir cómo queremos vivir, pensar, actuar y sentir, sin ser juzgados por esas decisiones. Por supuesto, sin que ello ocasione daños a otros.

Cuando respetamos, comprendemos desde la posición en que habla, piensa o siente la otra persona, según sus propios valores, sin que necesariamente exista plena coincidencia en ellos. Además, si no pretendemos cambiarla a través del convencimiento racional o emocional.

Simpatizar significa compartir muchos valores, inclinaciones, etc. Empatizar significa mostrar respeto comprensivo por las diferencias sin juzgar.

Por lo tanto, no siempre puedes ser simpática(o) y empática(o) al mismo tiempo.

 

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Peligro: leer combate la ignorancia

Hay cuatro tipos de lectores: el que disfruta sin juicios, un tercero que juzga sin disfrutar, un cuarto que tiene problemas de comprensión y el segundo, que disfruta juzgando y juzga disfrutando. Los miembros de esta última clase de lectores no son muy numerosos.

A diario trato de pertenecer a los lectores que disfrutan juzgando y juzgo disfrutando, aunque no siempre me resulte. Detrás de esto no está es sólo hecho que me gusta escribir, sino me hace feliz leer, pero a la vez tengo claro que para muchos, una lectura consciente y bien organizada no sólo es importante, sino también se les hace difícil. Libros de temas que me gustan, los releo muchas veces, pero como libro de consulta, donde sistémicamente entrelazo temas que me ayuden a llevar a buen puerto diversas reflexiones, incluso proyectos.

La lectura es una de las habilidades clave en este siglo, mucho más que en cualquiera anterior. ¿Por qué? Porque con cualquier otra “técnica cultural”, no puedes absorber y procesar tanta información, conocimientos e ideas con la misma eficacia que con la lectura.

Esto es fácil de entender: con el pensamiento y algo de imaginación, simplemente elimina la lectura de la sociedad, e inevitablemente terminarás visualizando una sociedad agraria medieval. El progreso tecnológico y social es impensable, si no existe producción de información a través de la escritura y procesamiento de la información a través de la lectura.

¡Pero leer y leer es como poseer dos pares de zapatos distintos! Cuando pasamos al modo de vacaciones, para algunos siempre es sinónimo de leer. Hoy en día de manera muy diferente que hace unos 20 a 30 años atrás. En esencia, la diferencia es que muchos leemos más organizados, seleccionados y productivos. Y, sin embargo, la lectura sigue siendo puro placer, entretenimiento y alegría para muchos de nosotros. Y no sólo en verano, donde algunos tienen un poco más de tiempo para ello. En mi caso, prefiero dejar las vacaciones para “aventurar” y por ello, me inclino a ser productivo con el material de lectura durante todo el año.

¿Cómo lo logro? A continuación te lo explico…

Feedly

No sólo me nutro de libros, sino estoy suscrito a varias decenas de blogs, con bastante variados énfasis temáticos. En lugar de visitar regularmente estos blogs y ver las novedades, lo que sería una locura, utilizo Feedly. Esta herramienta agrega y clasifica las publicaciones de blog muy claramente en una página. Luego decido qué contribución leeré y cuál no. Para las publicaciones que más me interesan, hay dos opciones de lectura: leer inmediatamente o posponerlas para más tarde. Y mientras leo los artículos que decido posponer, Pocket me ayuda.

Pocket

Pocket es un lector offline. Realiza clic en la extensión de Pocket Chrome para guardar el artículo. Si luego te sientas a leer en un lugar de espera o de calma, observo más de cerca los artículos y elimino a aquellos que ya no me interesan. Lo mejor de Pocket: ¡Puedes usarlo sin conexión! Por ejemplo, en un vuelo u otro lugar con dificultades de conexión a Internet. Y la presentación suele ser mejor que la original, ya que Pocket elimina los anuncios molestos, videos e imágenes de sitios web de manera bastante confiable.
Cuando encuentro publicaciones que me parecen tan buenas que quiero volver a ellas más tarde, Evernote entra en juego.

Evernote

Evernote es un software que admite la recopilación, organización y búsqueda de notas, documentos y fotos en una variedad de formatos. Los artículos que quiero guardar los almaceno allí. Sin embargo, con una advertencia importante: Evernote no es un lugar de almacenamiento para todos los artículos o publicaciones que pueda querer leer. Sólo las cosas realmente buenas las almaceno aquí. Técnicamente, utilizo la extensión del navegador “Evernote Web Clipper” y lo guardo como “artículo sin formato” o uso en Pocket la función “Compartir vía …” para guardar el artículo en Evernote.
En Evernote tengo mi propio cuaderno llamado “Investigación” para estos artículos. Así que todo está en un solo lugar y luego puedo usar la función de búsqueda de Evernote para encontrar rápidamente los artículos. Lo que aún no hago, pero tendría mucho sentido, es etiquetar el contenido en Evernote con palabras claves. También leo mucho en las redes sociales. Twitter es particularmente interesante y en ello me ayuda Tweetdeck.

Tweetdeck

Twitter es un proveedor de noticias, así como el líder en las opiniones cortas y precisas entre todas las redes sociales. Más allá que este medio sea frecuentado por muchos atorrantes, aquí también hay muchos líderes de opinión bien informados y activos en las redes sociales. Yo aún no lo realizo tanto como quisiera, ya que la investigación en Twitter en sí es extremadamente tediosa. Con Tweetdeck, hay una aplicación basada en navegador que puede usarse de manera excelente para la investigación. Para esto utilizo “Lists” y “Search”:

Lists: se pueden agrupar diferentes cuentas de Twitter en listas para que se puedan mostrarse en su propia línea de tiempo. Por ejemplo, tengo listas como “periódicos chilenos”, “periódicos internacionales”, “expertos de habla …….”, “expertos internacionales”, “empresas” o “personas” cuyos tweets se muestran en una columna en Tweetdeck.

Search: esta búsqueda de tweets públicos para palabras clave o hashtags y los muestra en una columna de una manera concisa. Ideal para ser informado inmediatamente sobre nuevas publicaciones sobre un tema.

Nuevamente, si encuentro artículos que me interesen, o bien los leo de inmediato o los guardo en Pocket para leerlos más tarde. Lo mejor termina de nuevo en Evernote.

Volvamos a los libros…

opened book, lying on the bookshelf with a glasses

El genial humorista y escritor Groucho Marx, estaba convencido de que la televisión forma a las personas. Por ello, cuando estaba encendida, iba a otra habitación para leer. No soy tan extremo, pero pienso que algo tiene de cierto.
Hoy escribo mucho más que antes y leer libros pertenece, por así decirlo, a la descripción de cargo del autor. Es por eso que he pensado en cómo organizar la lectura para que sea lo más productiva posible. Preguntarte cómo lees realmente puede ser muy gratificante.

Ranking de Libros

Cada año aparecen miles de muy buenos libros en el mercado mundial. Dependiendo del tema de tu interés, en la web encontrarás diversos ranking de los mejores libros en ese ámbito. Como encontrarás rankings de distinta procedencia y lente con el cual se evalúan son de óptica distinta, te sugiero buscar rankings de varios países y buscar coincidencias, p.ej. que estén dentro de los top 10 o top 25 en tu tema de interés. Amazon y sus “listas de deseo” también pueden darte buenas pistas, así como la lectura de las reseñas de los compradores del libro.

Lee donde te sea posible y ponte metas

No importa a dónde vayas, siempre trata de llevar lectura contigo, ya sea como una edición impresa o en formato electrónico. Ese es mi consejo: si tienes un poco de tiempo de espera, úsalo para leer. El tiempo hasta que el la conexión del avión, hasta que aparece la persona con la que fuiste a reunirte, el atraso donde el médico…

Establecer un objetivo de lectura regular, es un buen truco que ayuda a dividir libros gruesos en partes más pequeños. Un libro con 400 o más páginas puede ser intimidante. Por lo tanto, establece un objetivo de lectura, por ejemplo, 20 páginas por día. O todos los días durante media hora. Durante la pausa del almuerzo. Antes de quedarte dormido. Cuando mejor te quede bien…

Sólo leo lo que me da la gana y además, no sigo leyendo libros aburridos…

Rara vez es una buena idea abrir un libro porque “debieras haberlo leído”, o bien, porque sería aconsejable tener siempre a ese autor a mano como libro de consulta. No inviertas ningún trabajo de lectura tedioso en un libro cuya lectura no te interese.

Hace muchos años atrás me sentía orgulloso de terminar de leer todos los libros que había comprado. Hoy pienso que es una mala estrategia. La vida es demasiado corta para invertir en libros que no logran captar mi atención y entusiasmarme. Hay tantos libros realmente buenos que esperan ser leídos. Si un libro no te convence en el primer tercio, guárdalo o lo regalas. Adiós y chao.
El leer es tu vehículo para aprender, mientras que aprender más eficazmente es oxígeno para la productividad en este siglo. Las condiciones en el trabajo están cambiando tan rápida y tan profundamente, que aquellos que no están extremadamente dispuestos a aprender, tienen un gran problema. Es por eso que las preguntas “¿Cómo leo realmente?” y “¿Cómo podría organizar mejor la lectura para mí mismo?”, son preguntas determinantes.

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Competencia Provocativa

El futuro necesita errores del sistema que creen la disonancia necesaria, que descomponga las rutinas y los patrones de pensamiento. El futuro de las empresas y de industrias completas ya no se configura mediante el aumento de la eficiencia, sino mediante la capacidad de innovación, el pensamiento transversal y el auto-cuestionamiento.

Fue sólo un comentario subordinado y con toda naturalidad, que escuché en una reunión informativa con el gerente de una interesante empresa, pero que me electrificó un poco: “….y es por ello que buscamos profesionales que también sean retadores, que cuestionen constantemente el status quo”.

Distorsiones, pero sabidas.

La competencia provocativa es la capacidad de “crear la discrepancia y la disonancia, lo cual logra que las personas se alejen de las posiciones habituales y los patrones repetitivos”. Significa “destruir estructuras para crear un nuevo orden”, alejándote de “tus propios hábitos profundamente arraigados y las formas y fórmulas que se te han impuesto”.

¿Disonancia? ¿Discordia? ¿Destruir estructuras? ¿Y eso debería ayudar a la empresa?

¡Precaución! No es tan simple. No me refiero a estar en contra, así no más, por principio.

1) No es suficiente ser SÓLO COMPETENTE.

Ser competente, permite realizar bien un trabajo normal, de manera sólida y profesional y sin errores, lo que está perfectamente bien, pero no logra que un corazón lata más rápido. No en el equipo y ciertamente no entre los clientes.

2) No es suficiente ser PROVOCATIVO SOLAMENTE.

Cuando todo el tiempo se anda provocando, el cuestionamiento olvida su propósito, se convierte en un fin en sí mismo y ya no sirve al propósito en sí mismo.

Entonces se trata de aceptar la dualidad:

Ser COMPETENTE: por ejemplo, minucioso, orientado a los negocios, responsable. Y al mismo tiempo PROVOCATIVO: desafiante, cuestionador, sorprendente, creativo.

Es por eso que me gustó el término “competencia provocativa” de Frank Barrett. Incidentalmente, el jazz es un ejemplo de esto: grandes como Duke Ellington o Miles Davis lograron repetidamente “burlar sus hábitos aprendidos, migrando a situaciones musicales desconocidas que exigían nuevas respuestas”. Eso, por lo demás no sólo ha pasado en el jazz, en el rock también, pero en muchas otras áreas del deporte, la ciencia, entre otros.

Tres pasos que lo tienen todo.

La competencia provocativa es mucho más que una metáfora. Es una metodología aplicable tanto en el jazz como en el liderazgo.

De todo lo que sugiere Barrett, hay tres puntos para la implementación, que quisiera resaltar particularmente:

EL PRIMERO ES DAR UN PASO POSITIVO

Es una tarea de liderazgo animar a las personas a ponerse a descubierto y hacer algo que de otra manera no harían. Dar este paso es necesario, porque en muchas empresas se aplica el conocimiento aprendido: siempre mantener la pelota a ras de piso. Cualquiera que salga del círculo “normal” está en peligro de chocar con el entorno castigador. Pero no es así como funciona el liderazgo en la era digital. Liderazgo significa repensar. Significa expandir el pensamiento y la zona de estrés positivo del equipo más allá de lo conocido e imaginable. Si sale bien, surge un nuevo marco de movimiento y desarrollo. Si no, volarás fuera de tu propia zona de confort y colisionarás fuertemente.

EL SIGUIENTE PASO, ES LAS INTERRUPCIONES CONVENIENTES DE LAS RUTINAS

La creación de valor no se produce porque seguimos desentrañando patrones antiguos, pero sí cuando reconocemos nuevos patrones y encontramos respuestas a preguntas desafiantes. Importante: se trata de alterar las rutinas lo suficiente como para estimularlo y no molestarlo. Los jefes que intentan ser provocativos todo el tiempo, generan molestias y finalmente  serán ignorados. Por lo tanto, el ritmo y el momento de la oportunidad son cruciales. A veces pequeños estímulos, por ejemplo cambios de puestos de trabajo. modificar la asignación de tareas, rotación de puestos, cambiar la asignación de clientes, nueva dinámica de las reuniones, modificar los equipos de trabajo…

Y FINALMENTE: CREANDO SITUACIONES QUE REQUIEREN ACTIVIDAD

Ese es el siguiente paso. Los colaboradores deben involucrarse activamente, probar algo y descubrir que el “caminante empuja y escribe el camino bajo sus pies”.

La competencia provocativa es una exigencia para todos.

En el centro de la creación de valor están los individuos que actúan de forma independiente, cuestionan  las rutinas, atacan los patrones convencionales de éxito, rompen las líneas de pensamiento, rastrean nuevas ideas, se atreven a experimentar, analizan fallas y comienzan de nuevo. La competencia provocativa en este contexto no es una utopía idealista para los chiflados, sino sólo lógica en función a nuestros tiempos.

Y nuevamente: ¡la competencia provocativa no es un requisito exclusivo para personas que de por si ya son creativos en alguna organización, como por ejemplo de marketing y publicidad, sino también para financieros y contables, administrativos, y por supuesto, para ti también!

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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¡Reduce el pensamiento circunscrito a tu propio silo!

Estoy trabajando con una organización, apoyándola en lograr hacer más eficiente y eficaz su trabajo, así como reducir su pensamiento en los propios silos. En todo caso, ese problema no es exclusivo de esta institución, ya que prolifera en muchas organizaciones. ¡Piensen que la manera de visualizar organigramas, ya sugiere un pensamiento en silos!

Si bien me ha tocado manejar e influir en muchos procesos similares en el pasado, no puedo decir que sea experto en el tema, ese de los silos… ¿Qué hago en este caso?

Tengo la facilidad de entrar en contacto con las personas y lograr que hablen acerca de sus problemas…., pero también de sus ideas acerca de soluciones. Entonces escucho…, activamente, pero también pregunto. Luego clasifico y resumo las informaciones recibidas. Esas informaciones las llevo con toda la crudeza que incluye a la más alta esfera de la organización. Pero lo más llamativo es que la plana ejecutiva no sólo se sorprende de las revelaciones, sino de que las respuestas y soluciones ya existen dentro de la propia organización. ¡El Directorio y las Gerencias superiores no tenían idea!  Su problema: no saben dónde, quienes y qué, pero tampoco como obtener esas infos. Sus hipótesis con olor a supuestas verdades, son síntomas de la deficiente comunicación entre altas esferas y las bases, ya sea porque los jefes no los escuchan o los colaboradores no poseen la confianza de comunicar. O ambos. Pero conmigo, el consultor externo, todo fluye…: los colaboradores hablan y los jefes escuchan. ¿Un poco loco, no creen?

La retroalimentación (“feedback”) debe ser mucho más temprana, no sólo a nivel formal, sino también informal, en un ambiente que genere confianza. Eso es responsabilidad y parte de la tarea del management. Si ello sucediera de manera eficaz, jamás me hubiesen tenido que contratar como consultor. Soy un convencido, de que las empresas u otro tipo de organizaciones, sólo deben traer consultores a su casa, cuando hayan agotado previamente las fuentes internas existentes. ¿No creen que es mejor intentar utilizar el conocimiento de los compañeros de trabajo en el día a día, en lugar de realizarlo una vez al año en reuniones de gestión del desempeño o de “feedback”?

Muchas veces, las organizaciones recién intentan reaccionar, cuando una crisis está desatada: luchas internas, pensamiento circunscrito a sus propios silos, egoísmos de las áreas, equipos de trabajo que no miran más allá del horizonte de su propio ámbito. ¿Les suena familiar?

Existen muchas caminos para mejorar la retroalimentación en procesos cotidianos. Uno de ellos pero no exclusivo, es que “las altas esferas” conversen de manera más abierta, empática y humilde con sus colaboradores, todos los días un poco, desarrollando confianzas sinceras y verdaderas.

Otro camino bastante eficaz y complementario, es utilizar las propuestas de mejora y/o crítica a los diversos procesos internos a través de un camino formal. Mejor por escrito, ya que da el tiempo a la reflexión y corrección. No lo he experimentado personalmente, pero conozco de cerca el caso, donde una exitosa empresa implementó “el día de la propuesta y de la crítica”.

Durante todo un día, las labores cotidianas se detuvieron. En lugar de ello:

Cada colaborador escribió al menos una propuesta o una crítica en el tema “trabajo en conjunto al interior de nuestra empresa”. El efecto que tuvo, es que los problemas no sólo fueron interpretados y descritos desde arriba, es decir desde la perspectiva de los altos mandos, sino también con la mirada de los involucrados en el día a día. ¡En el caso de esa empresa, fueron miles de retroalimentaciones!

Algunos ejemplos acerca de los silos funcionales, desde la perspectiva de los colaboradores:

  • “Estamos desconcertados acerca de las prioridades. Afirmaciones contradictorias no permiten visualizar una orientación verdadera”
  • “No hay suficiente intercambio de informaciones. No sabemos dónde están los problemas reales”
  • “Estamos tan lejos de las gerencias, que es difícil construir confianzas en base a las decisiones tomadas”
  • “Trabajamos realmente poco con las personas de otras áreas funcionales. No sabemos bien lo que realmente hacen en su trabajo”
  • “Necesitamos gerencias que sean un ejemplo y no demuestren su estatus de manera autoritaria”
  • “Diariamente y en promedio recibo y respondo 30 correos, 10 a 15 llamados telefónicos y al menos 1,5 horas en reuniones. La mitad de mi tiempo de trabajo no es de trabajo productivo, sino de organización de mi trabajo”

Una vez que las propuestas y críticas fueron clasificadas y resumidas por un equipo conformado por los propios colaboradores, cada cual podía seleccionar para sí mismo uno o más ámbitos temáticos de su interés, o donde pensaba poseer competencias. Posteriormente y más allá de ese día especial, esos equipos conformados voluntariamente comenzaron a trabajar en soluciones, en algunos temas, incluso pudo profundizarse. El efecto positivo fue tremendo y los resultados de la empresa mejoraron exponencialmente en el corto plazo, ya que el proceso de mejora continua fue gatillado escuchando las propuestas de quienes están “donde las papas queman”. Ni siquiera hace falta llegar a sistemas formales y estandarizados tipo Kaizen.

Los altos directivos que sólo ven costos en medidas como la descrita, desgraciadamente no comprenden mucho de lo que es costo-oportunidad.  Con este breve artículo, espero lograr algo de reflexión al respecto. Felicito a quienes ya posean procesos comunicacionales internos eficaces y confiables, que contribuyan eficientemente en el logro de mejores resultados.

Con esto no quiero decir que no sea bueno contratar consultores, muy por el contrario, pero para que las soluciones sean persistentes, ellas deben salir desde el interior de la organización, a veces, moderadas por un externo.

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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Interesante libro: “El monje que vendió su Ferrari” (2da parte)

Las Técnicas en el libro:

Control Mental

El corazón de la rosa. Es una conocida y muy antigua técnica de meditación, la cual utiliza la observación atenta y concentrada de la flor de una rosa. Se mira desde el centro, extrayendo detalles de la forma, color, aroma, textura. Si se nos vienen pensamientos que nos saquen del foco, volvemos a la rosa, disciplinando la mente. Con práctica, se puede llegar a mantener la concentración y el foco por hasta 20 minutos y sus efectos los notarás no antes de 21 días, si ejercitas a diario.

El pensamiento opuesto. Los pensamientos son cosas vivas, núcleos de energía. La mayoría de nosotros no nos paramos a pensar en la naturaleza de nuestros pensamientos y, sin embargo, la calidad de lo que pensamos determina la calidad de nuestra vida.

Miles de pensamientos irrumpen nuestra mente día a día, para algunos incluso, noche a noche. Estos suelen ser recurrentes y en muchas personas, predominan los pensamientos negativos, pesimistas, desagradables, así como temores por acontecimientos o situaciones imaginarias que pudiesen llegar a ocurrir. Estos pensamientos bloquean nuestra mente, con lo cual reducimos su real potencial. Como en principio es imposible tener dos pensamientos simultáneos, la técnica apunta a substituir de inmediato uno malo por uno bueno. Toma tiempo dominar esta faceta de la mente o nuestro mundo interior, pero con práctica, voluntad y disciplina es posible lograrlo de manera sistémica.

El secreto del lago. En una tónica similar y que refuerza la técnica anterior, se trata de potenciar la capacidad de contrarrestar pensamientos negativos, ya que esas ideas preocupantes son un embrión que crece y luego tiene vida propia. Al igual que un lago en total calma forma nuestro reflejo como un genial espejo de agua, así nuestra mente refleja en el exterior nuestros pensamientos.

Esta técnica utiliza la visualización de imágenes positivas, para así tomar influencia sobre nuestra mente. La idea es visualizar lo que nos gustaría realizar, como nos gustaría ser, nuestros sueños y lo que nos hace felices. La mente trabaja con imágenes y éstas afectan a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Ello en definitiva afecta nuestros sentimientos y la manera en que actuamos. Si nuestra auto-imagen nos dice que no seremos capaces de lograr ciertas cosas, lo más probable es que no lo logremos. Pero a la inversa, si nuestra vida está llena de objetivos interesantes, mejorará nuestra salud, seremos más felices y las probabilidades que se cumplan esas imágenes son infinitamente más altas. Einstein dijo que “la imaginación es más importante que el saber” y tenía razón.

 

Cumplir los objetivos

El poder de la autoevaluación. Tener un propósito en la vida (dharma en sánscrito) es una premisa para lograr la consecución de la felicidad. Ello implica poseer objetivos en distintos planos, sean emocionales, espirituales, físicos o materiales. Muchos quizás los posean, pero no de manera suficientemente consciente, por lo cual es aconsejable un honesto auto-análisis. El libro describe una metodología utilizando el medio escrito, el cual me parece muy práctico y eficaz.

Quizás también podrías apoyarte en las Fases 1-4 descritas en el siguiente artículo: Las 7 Fases del Desarrollo Estratégico

El método de cinco pasos para conseguir objetivos:

  • Formarse una imagen clara de los resultados.
  • Conseguir una fuente de presión positiva (por ejemplo, prometer en público que se desea alcanzar el objetivo determinado).
  • Establecer unos términos de realización.
  • Comprometerse por escrito: apuntar en una libreta los objetivos, deseos y sueños. Acompañarlo de imágenes sugestivas y representativas referentes a estos objetivos, y repasar la libreta diariamente.
  • “Regla del 21”: para que un comportamiento nuevo se convierta en hábito, debe ser seguido durante 21 días.

Además, a quienes posean un poco de esa inquietud emprendedora, los invito a leer el siguiente artículo, que también incluye un vídeo: “No encuentro el trabajo soñado o anhelado” ¿Emprender algo propio?

 

Practicar el “Kaizen” (= mejora continua)

Estas dos técnicas parten de la base de que es imprescindible lograr un buen dominio propio, tomando las riendas propias de la vida y no “culpar” a otros de perder esas riendas, aunque sea en parte. Con esos triunfos internos, será mucho más eficaz salir a ganar afuera.

Hacer lo que tememos hacer. Las personas “crecen” cuando entran en terreno desconocido, cuando salen de la zona de confort: es entonces cuando pueden descubrir aspectos de sí mismos que les resultaban desconocidos o que no habían sido suficientemente desarrollados. También sugiero leer el siguiente artículo: Consejos no solicitados para “Espíritus Críticos” y “Pensadores Transversales Constructivos”

Los 10 rituales de la vida radiante. Por si sola, esta técnica que incluye 10 “rituales” ya es bastante exigente para recién iniciados, pero sistémicamente podría ser un buen punto de partida. Lo que aconseja el libro, es llevar a cabo estas prácticas durante treinta días consecutivos.  Recién entonces se podrán constatar los resultados y comenzaría a transformarse en un hábito:

  • Ritual de la soledad: reservarse un espacio de tiempo de paz y silencio para uno mismo (de 15 a 50 minutos, preferiblemente siempre a la misma hora), para conseguir la expansión mental y espiritual. Se aconseja destinar un espacio determinado para esta práctica, de carácter meditativo (ver la técnica “El corazón de la rosa”). Alternativamente, yo sugiero considerar el entrenamiento autógeno. Entrenamiento autógeno: audio sesión guiada
  • Ritual de la energía, mediante la práctica del ejercicio físico: caminar por la naturaleza realizando “trekking”,  Además de lo anterior, se me ocurre que también serviría trotar en un entorno tranquilo, o realizar ejercicios de Pilates o gimnasia funcional, entre otros.
  • Ritual de la alimentación viva: seguir una dieta eminentemente vegetariana.
  • Ritual del saber abundante: leer con regularidad (30 minutos al día), ampliar nuestro campo de conocimiento, aprender continuamente.
  • Ritual de la reflexión personal: dedicar un espacio de tiempo a la contemplación interior, al autoconocimiento; reflexionar sobre lo que ha ocurrido a lo largo del día, lo positivo, lo negativo… Reflexionar sobre las acciones llevadas a cabo y tomar medidas para corregirlas (si se da el caso) y mejorar el autocontrol.
  • Ritual de levantarse temprano: para ello es necesario incidir en la calidad del sueño por encima de la cantidad. Se deben observar algunos hábitos que facilitan un buen sueño: no cenar excesivamente ni muy tarde, relajarse (o meditar) antes de ir a la cama…
  • Ritual de la música: escuchar cada día algún tipo de música que nos emocione, relaje o active, o que, en definitiva, nos guste.
  • Ritual de la palabra hablada: consiste en la repetición de mantras (ya sean orales, mentales o escritos), afirmaciones positivas, que pueden ser realizadas en cualquier momento y casi en cualquier situación.
  • Ritual del carácter congruente: llevar a cabo acciones diarias de acuerdo a los principios de laboriosidad, compasión, humildad, paciencia, honradez y coraje. Vivir de este modo conduce al bienestar espiritual.
  • Ritual de la sencillez: vivir una vida sencilla, centrada en aquello importante y reducir las necesidades, que en el fondo no son tantas como nos pensamos.

 

Vivir disciplinadamente

En el libro se postula, que para llevar a cabo estas prácticas, es imprescindible poseer o desarrollar disciplina y la fuerza de voluntad.

Mantras y visualización creativa. Propone la repetición, un mínimo de 30 veces al día, de la frase: “Soy mucho más de lo que parece; dentro de mí está toda la fuerza y el poder del mundo”. Puede realizarse en un lugar tranquilo, sentado con la espalda recta, repitiendo el mantra en voz alta mientras nos imaginamos que somos una persona disciplinada, firme, que controla la mente, el cuerpo y el espíritu.

Voto de silencio. Pasar un tiempo prolongado en silencio (hasta un día entero), con la finalidad de reforzar la disciplina. Aquí no se trata de reflexionar o pensar de más, sino ser capaces de disciplinaros en el silencio.

 

Aprender a respetar nuestro tiempo

La antigua regla del veinte. Parte de la idea de que el 80 % de las cosas que conseguimos en la vida son el resultado de actividades a las que sólo dedicamos el 20 % de nuestro tiempo. Debemos, pues, organizar el tiempo y centrarnos en las actividades que comporten una elevada repercusión. Con ello seríamos mucho más eficaces (y tendríamos que trabajar menos horas).

Recuerda el bien conocido “Principio de Pareto” , pero sobre todo me hizo mucho sentido con principios que me han acompañado por más de 30 años: Principios Básicos ESC

El coraje de decir “no”. Para proteger nuestro propio tiempo (y salud mental), a veces es necesario expresar un claro no a los “ladrones de tiempo”, sean personas, situaciones y compromisos adquiridos innecesariamente, las cuales ocasionalmente requieren de nuestra atención para cosas que en realidad resultan de escasa importancia o no prioritarias.

La mentalidad del lecho de muerte. Saborear cada día como si fuera el último, vivir plenamente cada instante, no posponer.

 

Servir desinteresadamente

El libro hace hincapié, que cuando ayudamos a otra persona, realizamos el bien, nos sentimos bien con nosotros mismos. El hecho de cultivarlo contribuirá al crecimiento consciente y nos hará ser mejores personas.

La práctica diaria de actos de bondad. Realizar actos desinteresados, sin buscar beneficio, nos permitirá experimentar una vida más llena y con sentido. En realidad, los beneficios nos llegarán sin haberlos buscado.

Dar a aquellos que nos piden. Se trata de una práctica directamente relacionada con la anterior.

Cultivar relaciones enriquecedoras. Cultivar las amistades, y todas aquellas relaciones que nos proporcionen beneficios espirituales, las que nos hacen crecer.

 

Vivir el presente

El pasado ya no existe, y el futuro es una proyección que tampoco existe. Sólo existe el presente. Mientras nos distraemos en el pasado o nos preocupamos por lo que no ha ocurrido, nos estamos perdiendo lo único que tenemos, el presente.

Vivir la infancia de los hijos. Para aquellas personas que tengan hijos, evidentemente: los hijos crecen, se hacen mayores, y un día abandonan el nido sin que casi nos demos cuenta. Los años mágicos de la infancia no vuelven, y debemos evitar que llegue un momento en que miremos atrás lamentando no haberlos aprovechado. Vivamos, disfrutemos de cada instante con nuestros hijos: vivamos el presente.

Practicar la gratitud. Dar gracias por lo que tenemos, tanto si se trata de bienes materiales como espirituales. Buscar siempre el lado positivo de las cosas.

Cultivar el destino. Una vez tenemos el objetivo de vida definido, debemos seguir el camino de nuestros sueños, pues la recompensa llegará por sí sola.

Con ello concluyo un resumen de este libro, por supuesto, desde mi óptica. Espero lograr motivar a muchos otros a leerlo, pero más que ello, aplicar gradualmente la mayoría de las técnicas y tomar las consiguientes decisiones.

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

 

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