Amanda: ¿por qué sufres tanto con esa decisión?

A partir de una situación en particular que ya describiré, me referiré a las decisiones verdaderamente difíciles que todos hemos tenido que enfrentar muchas veces en nuestras vidas. Pero, que una decisión te resulte en realidad difícil, probablemente no tiene que ver con miedos, inseguridades o asociado a temas valóricos o éticos, sino frecuentemente debido a pensamientos erróneos.

A continuación, describiré con bastante detalle la situación laboral de Amanda, la cual irremediablemente terminará en una toma de decisiones.

Desde hace un tiempo a esta parte, principalmente gatillado por situaciones laborales, las cuales también repercuten en su vida personal, Amanda pasa por diversos estados de ansiedad, angustia, estrés, confusión, decepción, frustración, impotencia y enojo. También ha vuelto a tener problemas de insomnio, o al menos de poco dormir, a pesar de la medicación que utiliza de manera no tan constante. El baile tropical que tan bien le hace, lo deja, retoma y vuelve a abandonarlo. El senderismo y otras actividades que le desocupan la mente de sus preocupaciones, tampoco las realiza de manera perseverante. Logra distraerse un rato, viendo algunas series o películas en Netflix casi a escondidas para no sentirse culpable, sumergida en su fiel acompañante de tantas batallas e intimidades: su teléfono celular. Hace rato que no dedica suficiente tiempo a unos buenos libros, y le encanta leer. También le gusta conversar, pero no mucho en aquellas reuniones sociales donde deba mostrar demasiado de su intimidad.

No sólo sus ojeras la delatan, también momentos de mal humor, el que no es parte de sus rasgos de carácter, ya que es más bien realista, seria y serena, características propias descritos para Virgo por los astrólogos. Eso sí, viene equipada con variadas altas inteligencias y una dulzura de carácter muy especial. No demasiado a menudo su autoestima anda por los cielos.

¡Es que no tiene tiempo para nada, ya que además de su trabajo, posee al menos otras cinco agendas que incluyen hijos, esposo, cosas que fallan en la casa, familia restante, amigos, entre otros, que implican otras preocupaciones y ocupaciones!

Desde que egresó de la universidad hace ya un cuarto de siglo atrás, casi toda su vida laboral Amanda la ha realizado en una importante asociación gremial, trabajando siempre en comunicaciones, inicialmente realizándolo casi sola en esa área, para luego crecer profesionalmente junto a la organización y la profesionalización. Hoy gerencia el área, posee un importante equipo de personas a su cargo y muchos desafíos y problemas con los cuales lidiar, porque la asociación seguirá creciendo y ello, trae consigo variados cambios y ajustes, no siempre sin dolor para las personas involucradas. En esta última década, la estructura de la asociación no sólo creció y profesionalizó, sino implementó procesos de gestión más propios de la empresa privada.

El anterior Gerente General de la asociación, quien lideró la mayoría de esos cambios estructurales profundos, si bien era orientado a la tarea, poseía un estilo de liderazgo con características transformacionales y “laissez-faire”. Su sucesor, si bien también manifiesta un estilo de liderazgo transformacional, lo materializa con un énfasis mucho más transaccional, a veces autocrático.

El estado de ánimo y con efectos en la salud de Amanda ya descrito anteriormente, es influenciado en buena medida por esta situación en el trabajo: el tipo de liderazgo de su jefe y con ello de paso, la enajenación del espíritu que debiera primar en una institución gremial. Si bien estas características autocráticas ella no las vive tan directamente, sí en su rol, porque afectan a otras personas en el estilo de comunicación, también interna, que trata de implantar su jefe.

Amanda no escribe listas con los “pro y contra”, pero si sopesa y trata de diferentes maneras para averiguar cuál sería la mejor decisión, es más, cuál debiera ser su comportamiento en ello. En su mente busca más opciones y soluciones, pero ninguna de ellas realmente la empuja hacia adelante.

Ruth Chang, una filósofa estadounidense de origen asiático, explica en pocas palabras cómo tomar decisiones difíciles, por qué nuestra búsqueda de la decisión correcta a menudo no funciona. Al menos no surte efecto con un cierto tipo de decisiones.

Ver video:  Ruth Chang

 

Lo que es real, es que hay decisiones donde ninguna alternativa es definitivamente mejor que la otra. Estas son las llamadas decisiones duras o difíciles, donde para una alternativa hay elementos de similar peso a favor y en contra, pero para otra alternativa también. Esas son las decisiones en donde, a pesar de la mejor de las intenciones, no puedes descubrir cuál es mejor.

Y eso no depende de ti, sino generalmente porque simplemente no hay una opción de decisión que sea claramente mejor que la otra. Si una opción fuese mucho mejor que la otra, ya no sería una decisión difícil.

La dificultad aparente para Amanda era que las opciones que había elucubrado en su mente, las valoraba de manera similar, en lo bueno y en lo malo. Las diversas alternativas de decisión representaban valores diferentes, que eran importantes para ella a la hora de tomar una decisión compleja.

Por ejemplo, sentía que tenía una necesidad ética de no abandonar el barco, ya que con los años que llevaba trabajando ahí,  había entusiasmado a muchos marineros, maquinistas y oficiales para que postularan y se subieran al buque. En contrapartida, estaba – en sus ojos – un “antivalor” que representaba el management autocrático, ya que en su forma de ver la vida, atentaba en contra de la finalidad del ser humano: la felicidad.

También la seguridad laboral y aún necesarios ingresos monetarios que requería para su familia chocaba con la libertad de expresar su opinión y postura con lo que sucedía y percibía en la asociación, tanto en el ambiente laboral como en la manera que se desdibujaban crecientemente los principios orientadores de la organización. Sin embargo, si no decía nada, quizás de igual manera podía perder su trabajo, por mostrar flaquezas en otro tipo de decisiones que ella no compartía, pero no exteriorizaba abiertamente, sino sólo en no avanzar o actuar como su jefe esperaba de ella. Así…, había algunos otros valores que estaban en contraposición en una u otra alternativa de decisión, acerca de qué hacer al respecto.

El dilema de Amanda…, sí, ahora sabía que las razones por las cuales le costaba tanto tomar una decisión:

  1. No poseía ninguna opción claramente mejor que la otra. Ninguna de las alternativas que había pensado eran casi igual de buenas o malas.
  2. En cada opción de decisión había algo distinto que para ella era muy importante en su esencia valórica. Y justamente ese valor o principio, no se lo ofrecían otras opciones, las que a su vez incluían otros valores distintos igual de importantes para ella.

¿Entonces…, qué?

Sí, claro, grandioso saber que ello era así, pero tampoco le ayudaba a resolver su dilema.

Ruth Chang dice, que en decisiones difíciles se trata de una pregunta totalmente distinta y determinante en la forma de abordar este cuello de botella:

NO: ¿cuál es la mejor decisión?

SI: ¿qué persona quiero ser?

¿Cómo es que esta pregunta le podía ayudar a Amanda respecto de su difícil decisión?

Amanda pensaba…: “Yo tengo claro qué tipo de persona quiero ser, justamente por esa claridad acerca de mis valores es que estoy en este dilema, esta encrucijada compleja y dolorosa, aunque en mi foro interno a veces igual me encuentro a mi misma demasiado estricta y rígida!”

Si Amanda se volvía a preguntar qué tipo de persona querría ser, sería posible encontrar las razones eran más importantes para ella. Al reflexionar y poner en evidencia lo que ella quería ser como persona, también era factible definir el tipo de decisiones que calzaban de mejor manera con esa persona.

Algunas de las alternativas posibles que pasaron por la mente de Amanda:

  • Exponer muy claramente sus argumentos, con lo cual sería fiel a sus principios y lealtad a los colaboradores, pero confrontando a su jefe.
  • Aguantar así varios años más: a) hasta poseer mayores reservas económicas, tratando de mantener su cargo, adaptarse a los posibles cambios estructurales venideros, e intentar reparar lo mejor posible los eventuales daños, b) con la esperanza que sean muy pocos y se produzca algún cambio de actitud a motu propio de su jefatura, o un cambio de persona en el cargo.
  • Buscar otro empleo y presentar su renuncia una vez que lo tuviese definido:
  • ¿Manteniendo el statu quo?
  • ¿Exteriorizando su malestar y diferencias?
  • Iniciar una actividad de manera independiente
  • ¿De tiempo completo o parcial?
  • ¿Trabajando fuera de su hogar o dentro de su hogar?

Ahí fue donde Amanda tomó consciencia de que en ese momento ya no estaba supeditada a definir cual alternativa era mejor, sino los motivos que eran más importantes para ella en cada alternativa. Y no racionalmente, sopesando los pros y los contras o bien, las ventajas y desventajas, sino decidiendo que persona prefería ser en el trabajo.

En una primera aproximación, Amanda resumió sus motivos en el tipo de persona que ella quisiera ser en el trabajo, definiéndola como una asociación donde los asociados sean el verdadero foco, que el aprendizaje continuo con un enfoque colaborativo sea un desafío permanente, un lugar en que confiemos en el trabajo de los colaboradores, pero a la vez responsabilizándonos de los resultados, promoviendo a la vez un equilibrio entre trabajo y vida personal”.

¿Eso es intimidante?

Tal vez.

Porque si admitimos que no hay una mejor alternativa, si somos honestos y decimos: sólo yo puedo decir que tipo de persona quiero ser. Luego nos hacemos responsables de nuestras decisiones. No la asociación, no la empresa, no la pareja o los padres, amigos, colegas, el jefe.

Eso puede ser un poco aterrador. Porque a menudo queremos pistas claras: correcto, incorrecto, bueno, malo, significativo, sin sentido…

Pero asumir la responsabilidad de estas difíciles decisiones también significa ser libre. Ser verdaderamente libre de dar forma a la vida. Amanda ya no es tan libre, porque perdió esa libertad si persevera en el statu quo, pero, es más, también perdió libertad en su vida personal, no tiene espíritu para bailar, entre otros…

Hoy, mientras escribo este artículo, Amanda aún está procesando sus definiciones muy auto-responsablemente, sopesando sus propios motivos en esta difícil decisión, tomando nuevamente las riendas para seguir dando forma a su vida. Y eso, la llevará la vida que ella realmente quiere llevar.

Tal como Amanda, pregúntate frente a una decisión difícil:

Si elijo la Alternativa A,

… ¿cómo sería mi vida?

… ¿cuánto me gustaría ser esta persona?

… ¿cuánto cambiaría eso mi vida? … ¿Qué persona me gustaría ser?

A medida que avances por cada una de las alternativas, te harás una idea más precisa de si quieres ser esa persona.

Pruébalo. Este pequeño experimento mental quizás te dé el impulso crucial para tomar con éxito una decisión difícil, de tal manera que vivas cada vez más y mejor la vida que realmente quieres vivir.

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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Ser fiel es una opción, no una obligación

Hace pocos días hice una encuesta en mi cuenta de Instagram @hoy.me.toca respecto de la infidelidad, quería saber el porcentaje de personas que había perdonado una infidelidad y que me contaran un poco más de su historia.

De 1.166 personas que vieron la pregunta, sólo 437 la respondieron, es decir un 37,5% (me pregunto qué le habrá pasado al resto que no quiso responder). El 59% de las personas no había perdonado la infidelidad y el otro 41% sí.

A pesar de que las historias eran bien variadas, el factor común para quienes perdonaron la infidelidad (y contaban que se había arrepentido de hacerlo, con excepción de un par), fue que la conducta se repitió en el tiempo no una, sino varias veces hasta que finalmente la relación terminó de pésima manera. Y para quienes no perdonaron, el factor común de todas las historias fue que en las futuras relaciones de su ex se enteraron que también lo hacía, por lo que jamás se arrepintieron de la decisión que tomaron, inclusive en los casos que había mucho amor de por medio.

En mi opinión, y como siempre lo digo, creo que no hay reglas establecidas ni un manual de cómo actuar frente a una situación así. He acompañado procesos de mucho dolor, desilusión, desamor, rabia y frustración seguidos de un perdón genuino y real, de un perdón que nace del amor y que se construye todos los días. No es fácil, creo que es el camino más difícil y desafiante que una pareja puede optar y creo que sólo es posible si va acompañado de una terapia.

No lo digo por ser terapeuta, lo digo porque a veces las voces de las personas en general toman fuerza y te ves inmerso en una situación que está controlada por tu cabeza y por la gente que te rodea y no logras escuchar tu corazón y conectarte con lo que realmente sientes. Es casi instintivo decir que no perdones, que nadie te puede hacer algo así, por lo general es una forma de cuidarte y protegerte.

Perdonar una infidelidad no es olvidar que paso, no es hacer cómo si nada ha pasado y seguir adelante, no es fingir un bienestar para el mundo mientras estás muriendo por dentro. Perdonar una infidelidad requiere de mucho coraje, fuerza y valentía. Es una apuesta, es confiar en algo que está quebrado en mil pedazos, es volver a confiar en quien te traicionó, es apostar por quien no apostó por ti. Perdonar una infidelidad es un acto de amor profundo que creo que pocas personas pueden lograr.

Yo siempre digo que hay tipos y tipos de infidelidad, otros podrán decir que no importa lo que haya sido, es traición igual. Estoy de acuerdo, pero creo que somos humanos y todos podemos cometer errores en la vida, unos en lo económico, otros en el amor, otros se caen a la drogas, otros al alcohol y así. No quiero justificar, sólo quiero que ampliemos la mirada.

Está lo que pasa solo una noche (o un día), en una oportunidad y que no vuelve a haber contacto ni se vuelve a repetir la situación, puede ser sólo un beso o sexo, da igual. En el mejor de los casos quien fue infiel se le da vuelta el mundo y logra pedir ayuda para entender qué fue lo que le pasó y cómo llegó hacer lo que hizo. Se da cuenta de que al parecer la relación perfecta que él o ella creía que tenía no era tan así y decide iniciar un proceso de cambios tanto individuales como de pareja. No siempre se confiesa la infidelidad y esto hace que el proceso sea difícil porque finalmente quien fue infiel es quién lleva la parte más pesada, él debe cargar solo con lo que pasó. A veces confesarlo es simplemente para poder sacarse esta carga y sentirse más aliviado, sin considerar el daño que puedo causar con la confesión. En otra encuesta que hice hace un par de meses, muchas personas respondieron que si fue algo de una noche y nunca más va a ocurrir, mejor no enterarse.

Luego está la infidelidad que ocurrió una vez pero sigue habiendo contacto y muchas ganas de volver a repetirlo, pero un sentimiento de culpa tremendo que no permite una nueva reunión pero sí hay una intención. En la mayoría de los casos la pareja intuye algo, revisa celulares, correos, redes sociales o sencillamente enfrente a la persona hasta que hay una confesión, seguida por un quiebre. Algunos perdonan y ahí viene el trabajo como pareja. Otros tantos (leía en las historias que me mandaban por DM) prefieren pagar con la misma moneda para sentir que están iguales y poder volver a construir la relación, con muy poco éxito.

Y el tercer caso y el más grave a mi juicio es mantener encuentros esporádicos o de frentón una relación paralela. Desde mi visión creo que es muy patológico ya que es vivir en un mundo de mentiras, de traiciones, de planificar todo, coordinar encuentros, no estar ni aquí ni allá, vivir sin conexión emocional, perseguidos todo el tiempo sin lograr disfrutar de la vida, y si lo logran creo que la patología es aún más grave.

Por lo general, para que ocurra una infidelidad es porque hay algo que no está funcionando en la relación y que ninguno de los dos lo había visto o si alguien tenía alguna idea, no había sido capaz de hablarlo, por el motivo que sea. Y por eso es que insisto tanto en que apenas tengan ideas o fantasías rondando en la cabeza pueda hablarlo, tal vez no con la pareja pero con alguien (amigo, primo, hermano, psicólogo, etc). Porque si se lo guardan, les puedo garantizar que eso terminará creciendo y creciendo hasta que llegue a ser insostenible.

Ser fiel es una opción y para mantener esa opción viva hay que trabajar en la relación todo el tiempo, hay que hablar, hay que compartir momentos, hay que buscar apoyo cuando lo necesites, hay que procesar y elaborar situaciones de la vida que han sido complicadas y que fácilmente invitan a escapar para no contactarse con las heridas del pasado. Ser fiel contigo, con tus valores, con tus ideales, con tu familia, con lo que alguna vez prometiste frente a la gente que querías y por sobre todo con el hombre o la mujer que elegiste para que te acompañe el resto de la vida.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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Ser mamá: opción, no imposición

Ser mamá no es la panacea, no es la clave para la felicidad y no nos hace mejores personas que el resto. Ser mamá no llena vacíos, no retiene hombres ni nos vuelve súper mujeres per se.

Ser mamá es una labor para toda la vida, una responsabilidad y un compromiso que no todo el mundo está dispuesto a afrontar lo cual debe ser visto con el respeto que se merece y no como algo antinatural porque no lo es: ser mamá es opción y no imposición. 

La maternidad es un sinfín de aprendizajes y una experiencia única y maravillosa pero no es el fin último ni la meta en la vida de una mujer y por supuesto que no encaja con el plan de vida de todas y es absolutamente válido y comprensible. Ser mamá implica siempre alguna renuncia del yo. 

Si sos mujer y hoy decides no tener hijos yo te aplaudo, te admiro y te respetos porque me parece mucho más honesto y justo para con las partes pararse ante el mundo y decir: “no me interesa la maternidad” a ir por la vida siendo una madre frustrada, arrepintiéndose de lo que no pudo ser o criando hijos a medias o pasando necesidades. También me atrevo a pedirte que si estás absolutamente segura y sin vuelta atrás procures evitar quedar embarazada.

Me consta que la mayoría de las mujeres que deciden no tener hijos en general no se levantan de la cama un día  diciendo: “no voy a ser mamá”, gran parte de las que conozco que conozco son mujeres que han analizado mucho la situación, tienen argumentos bien plateados y han meditado, evaluado y proyectado llegando a su conclusión. Respetémoslas como así ellas también deben respetar a la mujer que encontró su vocación o su plenitud en la maternidad. 

Por otro lado hay congéneres que no pueden tener hijos y adoptar a veces no es opción o es un proceso largo y complicado: bajemos el nivel de presión y comentarios sugerentes. Nunca sabes lo que hay en la cabeza y el corazón de los demás como tampoco sabes las pérdidas y el sufrimiento  por el que han atravesado.

Amar al prójimo es también tener los ovarios para ir en contra de los mandatos sociales si no sentimos la certeza de que queremos ser mamás. 

Ana Acosta Rodríguez, Mamá Minimalista

 

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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Cómo encontrar más opciones para resolver tu estancamiento

Me escribió hace tiempo una persona preguntado justo eso, cómo encontrar más opciones para resolver su estancamiento.

Y aquí tienes mi respuesta…

Normalmente encontrar más opciones lo que va a hacer es estancarte más. 

Ya he hablado alguna vez de un famoso experimento que se hizo con mermeladas en el que en el puesto donde se ofrecían más mermeladas se compraba menos porque la gente acaba agobiada por las opciones y tenía mucho mejores resultados un puesto con menos variedades.

Así que, en general, para resolver tu estancamiento no necesitas más opciones sino menos.

Necesitas conocerte mejor y concretar mucho más lo que quieres.

Pero hay otra opción..

Una opción en la que tener más opciones sí es útil…

Y me refiero a considerar opciones que hasta ahora tú no habías tenido en cuenta. Por decirlo de alguna manera, abrirte más opciones mentales.

Porque muy frecuentemente solemos pensar en blanco/negro y somos bastante cuadrados.

O es esto o es lo otro.

Y a mi siempre me ha gustado añadir  ¿y si hubiera más opciones? ¿Y si pudieras combinar esto y lo otro?

Es una pregunta que uso muchísimo con mis clientes y en mi propia vida:

 

¿Cómo puedes combinar ambas cosas?

 

Está claro que no siempre se puede, pero ya solo pensar así hará que tu creatividad encuentre otras alternativas que pueden ayudarte a salir del estancamiento.

Por ejemplo, hace poco leía en Facebook a una de mis primeras coaches que había pasado un momento de estancamiento en su negocio y tenía (o mejor dicho, veía) dos opciones:

  • Hacer algo que le encantaba pero que no parecía tener mucho éxito.
  • Seguir haciendo lo que hacía y que ya no le entusiasmaba pero que sí le funcionaba muy bien.

Y sólo veía esas opciones.

Hasta que una coach amiga suya le hizo una pregunta genial:

 

¿Qué haría que lo que ya haces y sí funciona volviera a ser divertido y desafiante?2

 

Esa pregunta le dio un giro total a su estancamiento.

Porque muchas, muchas veces hay más opciones de las que podemos ver.

Así que ya sabes, en lugar de buscar más información u opciones, amplia tus opciones “mentales”, tu manera de pensar sobre la situación.

Pregúntate si estás asumiendo que las cosas tienen que ser así o si tienes una disposición más abierta.

Lo pensaba yo hace poco (respecto a algo que ahora no recuerdo) y llegaba  a la conclusión de que, por ejemplo, que a alguien le parezca mal algo no quiere decir que esté mal. Solo quiere decir que a esa persona le parece mal.

Y es una gran diferencia…

O, por ejemplo, en el libro de Murakami “De qué hablo cuando hablo de escribir” él comenta algo muy relacionado con esto de asumir ciertas cosas.

Comenta que se asume que un escritor es un artista, con lo que eso conlleva. Y que él no quiere ser un artista y dice: ¿Por qué un escritor tiene que ser o comportarse como un artista? ¿Quién lo ha decidido así?

Tú puedes hacer con tu vida lo que quieras y si, como en su caso, ser un artista te agobia y no serlo supone un gran alivio, entonces, no lo seas.

La cuestión es dejar de asumir cosas porque sí y empezar a preguntarte lo que te ayuda, te divierte, te hace sentir realizada, cómo podrías hacer lo que de verdad quieres hacer.

Abre la mente a nuevas opciones y deja de asumir por asumir  : )

Espero que te haya ayudado este artículo-reflexión. Cuéntame en los comentarios qué estás asumiendo o, mejor aún, qué pregunta te vas a hacer para resolver tu estancamiento.

 

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La Dra. Aida Baida Gil, coach certificada y fundadora de www.coachdelaprofesional.com se dedica a ayudar a las mujeres profesionales que se sienten estancadas o insatisfechas y que están listas para avanzar profesionalmente, establecerse por su cuenta o redirigir su carrera.

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