Tristeza y Melancolía según la Medicina Tradicional China

Como hemos señalado en estos artículos, las emociones en MTC, se relacionan con nuestros órganos internos, en esta oportunidad me referiré a la Tristeza, Melancolía, que se relacionan principalmente con el Corazón, Pulmón, aunque como ya se ha dicho, en Medicina China, los órganos actúan en estrecha relación, participando todos, en los distintos procesos, considerando siempre que la mente y el cuerpo forman una unidad inseparable.

Comúnmente, la tristeza y el dolor causan enfermedades que derivan de pérdidas y duelos, pero en Medicina China, son manifestaciones del sentimiento del Pulmón, porque éste órgano gobierna el Qi o energía y los sentimientos de Tristeza y Pena agotan el Qi, produciendo una insuficiencia de Qi de Pulmón, que se manifiesta con disnea, cansancio, depresión o llanto. En las mujeres puede provocar insuficiencia de sangre o amenorrea.

Por lo tanto, la Tristeza prolongada produce la deficiencia del Qi de Pulmón y también la preocupación excesiva bloquea su energía, provocando rigidez en cuello, hombros elevados o arqueados y respiración superficial, manifestaciones características del bloqueo de Qi de Pulmón por preocupación crónica. [1]

Es importante señalar que el Pulmón envía energía al Corazón, para que éste, realice su función de impulsar la sangre a todo el cuerpo. De manera, que si la persona presenta una deficiente energía o Qi de Pulmón, fácilmente se sentirá triste y melancólica debido a que la sangre será insuficiente para nutrir la mente, la cual se volverá infeliz e inquieta.

Así mismo, el Pulmón gobierna la energía defensiva, haciendo que se movilice y se distribuya por todo el cuerpo, por lo tanto, la insuficiencia de Qi de Pulmón afectará el sistema defensivo, el cual no será suficientemente fuerte para asegurar su función de protección y el cuerpo podrá ser fácilmente invadido por factores patógenos, entre los cuales se encuentran, los endógenos o emocionales como la Tristeza y Melancolía entre otros.

La tristeza implica sensación de derrota, pesimismo, depresión, falta de entusiasmo, apatía e indiferencia., sentimientos que afloran ante una pérdida o sufrimiento. Estas sensaciones son normales ante hechos trágicos, pero cuando duran por tiempo muy prolongado o son demasiado intensas se convierten en causa de enfermedad generando procesos de aislamiento y de introversión, además de los síntomas físicos referidos anteriormente. También la melancolía, es una emoción asociada al Pulmón, en que la persona se siente atada a un pasado, que considera mucho mejor que el presente y el cual no volverá.

Hay que destacar la importancia de estos sentimientos en un ambiente de pandemia, en que el aislamiento y la falta de conexión con sus pares ha causado un daño enorme en el estado psico-emocional de adultos y muy notoriamente en menores, quienes han presentado manifestaciones de fatiga, tristeza y soledad en importantes porcentajes. Según el proyecto “Cuidemos a nuestros niños”, el 19% de los menores están tristes sin razón aparente, el 20% tienen fatiga o desgano y el 14% no quiere participar en juegos. Se ha recomendado la contención, como una manera de lograr que los menores se sientan validados y así su cerebro se predispone a desarrollar los mecanismos adaptativos para subsanar este estado, evitando el estrés y la introversión.

Para la Medicina China, es muy importante descubrir, si existe un desequilibrio energético en la persona, que está desequilibrando el Pulmón o es el entorno, el que ejerce tristeza sobre el individuo. Según sea el caso, mediante acupuntura, se podrán equilibrar los órganos responsables de este desequilibrio o se ocuparán puntos de acupuntura, que ayuden a mitigar las influencias recibidas desde el exterior, para paliar las consecuencias físicas.

En textos clásicos de Medicina Tradicional China, existen numerosos reportes de éxito de la Acupuntura, en el manejo de condiciones mentales y emocionales, siendo una opción importante de tratamiento, especialmente en los casos que el uso de medicamentos esté contraindicado o sea ineficaz.

Asimismo, es recomendable para fortalecer nuestra energía defensiva, tonificar el Pulmón, es decir, estimular las funciones del Pulmón que se encuentren debilitadas y mantener el equilibrio energético de nuestro organismo. Con este objetivo, se pueden realizar acciones sencillas como mantener una dieta alimenticia balanceada y rica en nutrientes, cuidar el sueño, evitar el estrés, tener respiraciones profundas y mantener hidratados los pulmones. Igualmente, con este mismo objetivo, una combinación de actividad física y reposo que facilite la circulación de energía y sangre, serán de mucha ayuda para obtener el equilibrio entre emociones y órganos internos.

[1] Giovanni Maciocia ¨Los Fundamentos de la Medicina China´¨.

M. Elisa Benaprés – Terapeuta en Acupuntura – Conoce a M. Elisa AQUI

Foto portada de Keenan Constance en Pexels

 

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Pasos para eliminar el resentimiento

Cuando te sientes herido por alguien o alguna situación es muy posible que si no lo superas se convierta en resentimiento.

El resentimiento crece cuando en tu interior hay mucha ira acumulada. Ira que no has podido soltar o expresar en su momento. Cuando esto sucede puede que en tu interior se haya creado mucho dolor, decepción y también frustración que te impide olvidar lo que pasó. La ira acumulada te puede convertir en una persona tóxica y esto lo pueden notar las personas más cercanas a ti. Es importante que te plantees el perdón para solucionarlo, aunque no desees perdonar a las otras personas deberás hacerlo por tu propia salud.

Está demostrado que la ira y el resentimiento acumulado y sostenido en el tiempo crean enfermedades cardíacas, problemas digestivos, enfermedades del hígado, etc..

Así que lo mejor es perdonar y empezar de cero para que tu salud física y sobre todo mental no se encuentren en peligro. Con esto no quiere decir que te tengas que convertir en “amigo inseparable” de las personas que te hicieron daño sino  que puedas sobrellevar la situación con la comprensión y aceptación de lo que te sucedió en el pasado.

¿Cómo saber que ya no tienes sentimientos de ira hacia ellos? Cuando los vuelvas a ver y les puedas mirar  a los ojos y que nada te remueva por dentro, entonces sabrás que lo has superado.

 

Aquí te mostramos algunas estrategias para ayudarte en este proceso:

1- Exprésalo

Puedes expresarlo por escrito como una especie de cuento, relatando todo lo que sucedió, las personas implicadas, cuando ocurrió y por qué te dolió tanto. Escribirlo en un papel te dará una visión de lo que pasó y encontrar el punto por donde empezar a trabajar.

 

2-Identifica la raíz del problema.

En este punto deberás buscar la causa de lo que te hace tanto daño. Encuentra la razón por la que te sientes ofendida/o  y si es debido a una persona en concreto y has tenido graves consecuencias entonces sabrás que deberás trabajar en la reconciliación con esta persona.

 

3-Identifica tu participación en el problema

Identifica tu posición en el problema o la situación que te causó tanto daño todos tenemos un rol ya sea activo o pasivo y deberás identificar el tuyo en la situación.

 

4-Identifica el lugar de tu ira.

A veces te puedes enfadar con la situación más que con las personas por ejemplo esto puede ocurrir si te has tenido una situación de despido en el trabajo o no te han ascendido de puesto y se lo han dado a tu compañera, quizás si no has logrado llegar a una meta o a un objetivo concreto o porque tu relación de pareja esté pasando un mal momento. En este caso el problema lo tienes tú contigo mismo puedes ir tus sentimientos hacia otra persona aunque no tenga nada que ver con ellas cuando el problema lo tiene dentro de ti.

 

5-Permitete tener sentimientos

Sentir ira y odio no es bueno para ti y te puede causar mucho daño.Puedes tener problemas en tu relaciones sociales pero debes darte un momento para abrazar esos sentimientos siempre bajo control y luego soltarlos.

 

6-Habla con personas de confianza

Habla con las personas de tu círculo cercano y coméntales sobre tu situación es importante que te expreses antes de enfrentarte a la persona o personas que te hicieron daño o qué crees tú que te han hecho daño. Tus amigos y tu familia pueden darte un punto de vista que hayas pasado por alto  y te pueden ayudar a reconducir la conversación que puedas tener en el futuro con las personas que te hirieron.

 

7-Pasa la acción.

Este punto es muy importante porque aquí es cuando te enfrentas a  la persona o personas que te hicieron daño y pueden resurgir en ti los sentimientos de ira y rabia pero debes dejarlos a un lado para poder hablar tranquilamente y expresarte. Quizás ellos ni siquiera sabían que te habían hecho daño y aquí es donde deberás ser comprensiva/o.

Deberás perdonarlos tanto si se disculpan como si no lo hacen.

Pasos para soltar el resentimiento:

1-Deja de mirar al pasado

Si sigues mirando atrás tu herida no se cerrará. Vive el presente, busca el lado positivo de las cosas.

2-Cambia tus pensamientos

Si te vienen ideas negativas a la mente deberás trabajar en ello. Busca frases positivas para anular los pensamientos negativos. Puedes escribir 10 frases positivas y repetirlas varias veces durante el día: por la mañana, por la tarde y antes de dormir. Puedes hacerlo más veces si es necesario. La idea es que empieces a cambiar tu mentalidad. Este pequeño ejercicio deberás hacerlo por un mínimo de 3 semanas.

 

3-Perdónate y perdona a los demás

Pérdona a las personas que te hicieron daño y perdónate a ti mismo si has formado parte de la situación que te causó tanto dolor.

El perdón es curativo, así que enfráscate en esta tarea para lograrlo. No te preocupes por el tiempo que puedas tardar, lo que importa es que lo logres. El camino del perdón no es corto ni fácil pero sí gratificante.

En la vida nos encontramos con situaciones difíciles, estresantes y personas que nos harán daño pero es nuestra responsabilidad de tener los recursos para lidiar con todo esto. Hoy eres la que recibes el perdón pero otro día quizás eres tú quién has hecho daño a alguien incluso sin ser consciente de ello. Te recomiendo que dejes a un lado el orgullo y que cultives el amor, la comprensión y la compasión. Todo esto sólo te traerá cosas buenas. Vive y deja vivir!

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Redacción Instituto Draco

Fuente: powerofpositivity

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Signos de que absorbes mucha negatividad

A diario nos relacionamos con diferentes tipos de personas que ejercen algún tipo de influencia en nosotros. Si estás rodeado de las personas equivocadas, aquellas que no te ayudan a crecer, entonces tendrás más posibilidades de tener problemas.

Aquí te mostramos algunas señales de que puedes estar rodeado de personas tóxicas: 

1-Te  deprimes con facilidad

Si te sientes muy sensible acerca de cualquier acontecimiento que ocurra a tu alrededor

2-No te sientes tan feliz como antes

3-Reaccionas más ante las malas noticias que ante las buenas

4-Tienes síntomas de ansiedad y estrés

5-Te dejas influenciar  fácilmente por estas personas

6-Te ha cambiado el carácter, sueles estar de mal humor muy a menudo

7-Tu vocabulario ha cambiado, te centras en palabras con connotaciones negativas

8-No ves nada positivo en tu futuro

9-Te centras más en lo negativo

10-Te quejas por todo muy a menudo

¿Qué puedes hacer si estás absorbiendo mucha negatividad de otras personas?

-Primeramente deberás identificar tus emociones o sentimientos negativos y darte cuenta cuando afloran: ¿en qué situación te encuentras? ¿con quién estás en ese momento? ¿qué es lo que te hace sentir así o comportarte de esa manera?

-Identifica las personas que te hacen sentir mal, así te será más fácil tomar medidas y protegerte de ellas.

Si son tus amigos, no tengas miedo en alejarte de ellos pues no te aportan ningún beneficio y es muy posible que sigas sus pasos y te conviertas tú mismo en una persona tóxica.

-Repasa tu escala de valores, qué cosas estás dispuesto a aceptar y qué cosas no. Piensa en lo que realmente necesitas para estar en paz y feliz contigo mismo. Una vez lo tengas claro podrás enfocarte plenamente en ello.

-Pon límites a los comportamientos que te deprimen o te estresan como críticas, personas que sólo hablan de sí mismas, personas que asumen el rol de víctimas, narcisistas, controladores, etc.. Piensa que el tiempo que pasas con ellos es tiempo que te roban y que no podrás recuperar nunca.

-Evita las situaciones que te estresan o que te hacen sentir incómodo. Es una manera de protegerte de absorber negatividad de situaciones o de otras personas.

-Dedica tiempo para ti, para relajarte y pasarlo haciendo las cosas que realmente te gustan. También puedes practicar la meditación o cualquier otra técnica para recuperar tu equilibrio mental.

-Rodéate de personas positivas, optimistas que te hagan reír, que te escuchen, te halaguen y te empoderen.

 

A nadie le gusta estar rodeado de personas negativas o tóxicas, aunque alguna vez todos hemos tenido que lidiar con este tipo de situaciones. Salir de estos de comportamiento sólo está en tus manos. Toma acción hoy mismo y comienza a vivir la vida que realmente quieres y deseas. Puedes utilizar diferentes técnicas como el mindfulness, afirmaciones, coaching, etc… para ayudarte a conseguir tu objetivo. Simplemente pasa a la acción.

 

Fuente: https://hackspirit.com/

Redación Instituto Draco

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El sobrepeso según la BioEmoción: ¿Qué te sobra en realidad?

¿Te has dado cuenta que te sobran algunos kilitos y no sabes cómo hacer para desprenderte de ellos? Todos, en alguna ocasión, es posible que nos hayamos encontrado en esta situación. El problema viene cuando, después de hacer dieta y ejercicio físico, nuestro peso “ideal” se esfuma al poco tiempo.

Es fácil que esta situación nos lleve a un estado de desmotivación, baja autoestima… En definitiva, a no estar a gusto con uno mismo.  ¿Por qué no te funciona la dieta? ¿Por qué recuperas el peso perdido? No te funciona porque hay un conflicto emocional activo. Este conflicto te impide mantener tu peso ideal. Debemos hallar qué sentido biológico tiene ese conflicto, qué me aporta y por qué lo mantengo.

¿Cuál es el sentido biológico del sobrepeso?

Nosotros acumulamos grasa en nuestro cuerpo como una solución biológica de adaptación, que nos permite sobrevivir. La grasa nos ayuda a protegernos del frío. De alguna forma, vivimos una necesidad de ser vistos (por eso me hago más grande), de reconocimiento. Otro sentido biológico es hacer reservas energéticas para momentos de carencias, siempre desde nuestra percepción, ya que para nuestro inconsciente, lo real y lo imaginario es lo mismo.

 

¿Qué conflicto se esconde detrás del bloqueo emocional? 

Normalmente encontramos un conflicto estructural de abandono y de separación. De forma arcaica, estar solo es sinónimo de estar en peligro. La función de aumentar el peso debe ser entendida como una prevención a algo que va a ocurrir, por lo tanto debemos buscar el conflicto en el futuro.

 ¿Qué emoción biológica se oculta?

Las personas con sobrepeso suelen tener sentimientos de miedo y se suelen sentir desprotegidas, en muchos casos suelen ser personas con carencias afectivas e insatisfacción sexual. La comida se convierte en un paliativo de su insatisfacción, del tipo que sea. El sobrepeso también lo favorece la soledad, el aburrimiento, la tristeza, el rechazo, un sentimiento de fracaso, la sensación de impotencia y las ideas negativas¡Cuida tus interpretaciones y tus pensamientos! Porque creer es crear.

El exceso de grasa se almacena entre mi ser interior y el medio exterior, me indica que inconscientemente quiero aislarme en mi comunicación con el exterior. Hay un vacío entre yo y el mundo exterior. Así escondo mi inseguridad al estar expuesto, al ser vulnerable y así, quiero evitar estar herido. El alimento terrestre representa también un alimento emocional. Por lo tanto, como excesivamente para colmar un vacío interior

¿Cómo libero esa emoción biológica?

En primer lugar,  hay que estar dispuestos a cuestionarnos nuestras creencias. Es el primer paso para poder cambiarlas. Eso nos ayudará a poder ver una determinada situación de otra manera. A partir de ahí es cuestión de hacer un cambio profundo de creencias. Las personas con sobrepeso suelen tener creencias muy desvalorizantes como “no soy suficiente”, “no valgo”, “necesito estar a la altura”, “tengo que luchar”… En la medida que cambiemos nuestras creencias de base, podremos ver la vida de otra manera y encontrar nuevos recursos para cada situación.

Recuerda: la causa probable del sobrepeso es el miedo, necesidad de protección, la huida de los sentimientos, la inseguridad y el rechazo de uno mismo. El nuevo modelo mental que debes adquirir es “Estoy en paz con mis sentimientos. Estoy a salvo donde estoy. Yo creo mi propia seguridad. Me amo y me apruebo”.

Si deseas leer más artículos parecidos a El sobrepeso según la BioEmoción: ¿Qué te sobra en realidad?, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Estudio de las emociones

 

Irene Morales

Coach Espiritual 

 Extraido de www.institutodraco.com

 

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¿Proyectas tus emociones?

¿Te has encontrado alguna vez en una situación en la que alguien te culpa de sus propios problemas?

La proyección o transferencia es una estrategia de defensa muy común en las personas que no se quieren hacer responsables de sus actos, culpan a otros y de esta manera alivian el estrés, la ansiedad o el rechazo al que se sienten sometidos.

Esta estrategia daña psicológicamente a las personas que lo reciben. Pueden sentir baja autoestima, sentirse desvalorizados, etc. Son personas que hablan mal de las demás personas y critican las mismas cosas que forman parte de ellos y a las que se niegan a enfrenarse.

¿Por qué  usamos la proyección?

Nuestro inconsciente es el encargado de protegerte de situaciones peligrosas o “incómodas” para ti. Pero en alguna situación puede que te sientas culpable o tengas otras emociones desagradables y para  evitar reconocer tu propio problema, tu inconsciente transfiere estos problemas o emociones negativas a otras personas. De esta manera encuentras un cierto alivio acerca de tus fallos cuando proyectas estas emociones negativas en los demás.

 

Las personas con muchas inseguridades, y problemas de autoestima son las más propensas de usar la proyección de forma continua. Si eres capaz de reconocer tus propios problemas y te haces responsable de ellos, entonces te estarás liberando de usar la proyección. Aunque es normal que en algún momento proyectemos algo en los demás sin ni siquiera darnos cuenta.

Detener la proyección no es tarea fácil pero no imposible. Minimizar esta estrategia está en tus manos. He aquí unos cuantos tips para ayudarte a lograrlo:

 

1-Conócete a ti mismo

Cuando sabes quién eres, y te aceptas tal como eres, con tus defectos y virtudes serás capaz de no sentirte débil ni mostrarte tal cómo eres ante los demás.

 

2-Deja de sentirte una víctima

Cuando juegas el papel de víctima culpabilizas a los otros de tus propios problemas. Deberás hacerte responsable de tu actos y ser consecuente con ellos.

 

3-Exprésate

Expresa tus sentimientos y emociones. Será más fácil si expresas tus miedos, frustraciones a las personas de tu confianza. Ellos te entenderán y para ti será una liberación.

 

4- Aprende de tus errores

Intenta recordar las situaciones en las que culpabilizabas a otros de tus problemas. Busca qué se repite en cada una de ellas. ¿Qué emociones proyectabas? ¿Eran siempre las mismas? ¿Con las mismas personas o con diferentes? Esto te puede dar una pista del patrón que sigues y lo puedes utilizar para mejorar tu conducta.

 

5-Rodéate de personas constructivas

Cuando te rodeas de las personas correctas, aquellas que te ayudan a crecer, las que están dispuestas a escuchar y a ayudarte entonces todo cambia. Aprende a comportarte como ellas, date cuenta de cómo solucionan sus conflictos sin culpar a los demás.

Admitir tus errores será un gran paso para el cambio. No seas duro contigo mismo, deja de juzgarte y avanzarás. Simplemente reconoce que eres humano y que estás en el camino hacia el cambio. Te deseamos toda la suerte del mundo.

Redacción Instituto Draco

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AUTOCONOCIMIENTO, primer paso a tu Propósito

“Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”

Esta frase de Lao – Tse nos invita a reflexionar: que aunque el camino parezca largo y extenso el primer paso siempre fue el inicio.

¿Cuál es el primer paso que quieres dar hoy?

Si te encuentras en una encrucijada ya sea personal o profesional, el primer paso debes decidirlo en consciencia y para ello conectarlo con tu propósito. Si tu duda es en lo laboral, este sendero te llevará a las respuestas que necesitas.

Cuando pensamos en un comienzo, a veces no nos centramos en ese primer paso, pensamos en solo en la llegada a nuestra meta, o imaginamos y fantaseamos en lo que encontraremos en el camino. Sin embargo, ese primer paso, será fundamental para saber la dirección que le daremos a nuestra esa aventura.

Si lo que buscas es claridad en tus decisiones personales y profesionales, y aún no defines tu propósito, empezar por el autoconocimiento te dará herramientas para comenzar a ver la luz en tu camino y con ello seguridad en lo que comenzarás.

¿Qué es el autoconocimiento?

El autoconocimiento, en palabras simples, trata de conocerse a sí mismo. Saber quién eres y qué te representa. Pareciera fácil, sin embargo, vivimos en un mundo donde el tomar consciencia de uno mismo y saber realmente quienes somos, resulta más difícil de lo que pensamos.

 Quiero compartirte una breve historia para reflexionar

“¿QUIÉN ERES?” Cuento de Anthony de Mello Una mujer estaba agonizando en la sala de un hospital. De pronto, tuvo la sensación de que era llevada al cielo y presentada ante un Tribunal. “¿Quién eres?”, dijo una Voz. “Soy la mujer del alcalde”, respondió ella. “Te he preguntado quién eres, no con quién estás casada.” “Soy la madre de cuatro hijos.” “Te he preguntado quien eres, no cuántos hijos tienes.” “Soy una maestra.” “Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión.” Y así sucesivamente. Respondiera lo que respondiera, no parecía poder dar una respuesta satisfactoria a la pregunta “¿Quién eres?” “Soy cristiana”, respondió ella. “Te he preguntado quién eres, no cuál es tu religión.” “Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres y necesitados.” “Te he preguntado quién eres, no lo que hacías.” Evidentemente, no consiguió pasar el examen, y fue enviada de nuevo a la tierra. Cuando se recuperó de su enfermedad, tomó la determinación de averiguar quién realmente era y su vida cobró otro sentido…

Pareciera que la respuesta a ¿Quién eres? podría resultar más complicada de lo que pensamos. Sin embargo, la respuesta está en ti, solo falta que le dediques tiempo para encontrarla.

El camino del autoconocimiento no acaba nunca, siempre estaremos descubriéndonos y explorando nuevos límites. El mundo nos invita a ello constantemente, por ejemplo: partes un nuevo proyecto, conoces a una persona nueva, te despiden de tu trabajo, o cuando decides viajar.

Tal vez inicialmente te pueda sonar cansador pasar una vida conociéndose, pero a modo personal, encuentro que es lo maravilloso de la vida. Cada día un descubrir, cada día una oportunidad.

¿Cómo comenzar?

Te recomiendo que para este primer paso tomes un tiempo para ti, comenzar a tomar consciencia de ti mismo, de lo que vives cada día y que puedas registrar objetivamente: tus emociones, sentimientos, reacciones, decisiones, etc. Toda esta información te ayudará a comenzar a contemplar quién eres y te llevará a comprender tu propósito de vida, y también tu propósito laboral.

Necesitarás un cuaderno/diario donde registres tus actividades y puedas indicar las emociones que te acompañaron, las reflexiones que realizaste y aquello que te movilizó a hacerlo. Lo más difícil al inicio será tomar el hábito de hacer estos registros por lo que te recomiendo, poner una alarma al medio día y realizar el primer registro, y otra por la noche para realizar el siguiente y tal vez completar el del medio día.

Con estos dos registros al día y en unas tres semanas aproximadamente tendrás información suficiente para comenzar.

Cuando decidas iniciar tu análisis, revisa e identifica por ejemplo: emociones dominantes, sentimientos, acciones, etc. Reflexiona que dice esta información de ti y hazte las siguientes preguntas:

– ¿Qué siento ahora al identificar estas emociones?

– Cuando reviso mis comportamientos y reacciones, ¿Cómo me veo?

– ¿En algunas situaciones, cambiarías algo?

– ¿Esta es la versión de ti mismo, que te hace feliz?

Si aún es complejo para ti y estás en algún proceso de acompañamiento, mentoría o coaching, comparte esta información con el profesional que te asesora. Con su ayuda podrás tomar distancia y ser más objetivo contigo mismo.

En ti tienes todas las respuestas, y el camino hacia lo que anhelas te está esperando, solo debes entregarle a tu brújula la información necesaria para dar ese primer paso hacia donde quieres ir.

Bon voyage!

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Cuando tu eliges…

¡FELIZ NAVIDAD! Les dejo este arbolito cargado de un mensaje con tanto sentido:
«Cuando tu eliges la alegría, te sientes bien y cuando te sientes bien, haces el bien. Cuando haces el bien les recuerdas a otros lo que se siente la alegría. Y puede ser que incluso los inspires a hacer el bien también»
Todo lo bueno se contagia y en estas fechas tenemos la posibilidad de elegir regalar hacer el bien, contagiando la alegría que eso produce. Hoy más que nunca y en esta navidad tan distinta puedes regalar más abrazos, más tiempo, más risas, más perdón, más tolerancia, más humildad, más amabilidad, más compasión, más cariño, más significado y más amor.
Démosle el sentido que necesitamos para que esta navidad sea distinta y significativa. Agradece a los que estuvieron ahí este año, perdona a los que desaparecieron, respeta y se compasiva con los que lo vivieron distinto. Regala tiempo y risas, recuerda a los que no están como si estuvieran, y rodéate de todo o todos los que hicieron de este año un mejor año.
¡Muy feliz navidad! Y que esta navidad sólo se trate de mirar a todos aquellos que estuvieron ahí este año y a través de cualquier gesto elijamos regalar gratitud.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

Los invitamos a conocer nuevo libro de María José Lacámara

Más conectados: La conexión emocional como eje central de la crianza

 

La psicóloga infanto-juvenil María José Lacámara publica este libro que  busca ayudar a padres y madres a encontrar un método de crianza propio, que se ajuste a sus necesidades y les permita sintonizar con lo que requieren sus hijos.

Lo pueden encontrar en: Contrapunto, buscalibre, Antártica, que leo, editorial planeta y en formato digital.

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Los afectos son la manera de ubicar lo que nos afecta

Ayer mantuve una entretenida conversación con un amigo que imparte clases en primaria. En un determinado momento me confesó con cierto tono apesadumbrado algo que activó mis sensores: «Por lo que estoy viendo en los lugares por los que me muevo, creo que la pandemia no va a cambiar a muchas personas». Como un resorte salté y le respondí: «La pandemia no va a cambiar a nadie. Ni la pandemia ni la pospandemia. Nada nos cambia. Nos cambiamos nosotros. Sólo hay movilización en aquellos que utilizan lo que ocurre y lo que les ocurre como instrumento de análisis y palanca de transformación. Da igual la magnitud o la irradiación de las circunstancias que suceden en derredor, si uno prescinde de incorporarlas a su reflexividad primero y a su campo valorativo después». Mi amigo asintió, y aproveché para lanzar un interrogante: «¿Por qué te crees que hay tantas personas que se mueren a los 27 años, pero no las entierran hasta pasados los 72?». Al soltar esta invectiva pensé en la afectabilidad humana. Conviene recordar que todos tenemos afectabilidad como especie, pero la afectividad como entramado, además de depender de causas multifactoriales ajenas al sujeto, también está atravesada de criterios personales. La afectabilidad es la capacidad de que nos afecten las intervenciones del mundo en nuestro mundo. La afectividad es la forma de ubicar sentimentalmente en la particularidad de nuestro mundo lo que nos afecta de nuestro trato con el mundo.

La afectabilidad faculta que el mundo nos afecte en tanto que somos la compaginación rotatoria de relaciones tanto electivas como no escogidas con las que nuestra biografía no ceja de jalonarse. Esa recepción y afectación se traduce en afectividad. No es extraño que Hume denomine afecciones a los sentimientos. En Ciudad princesa leo a Marina Garcés que «los afectos no son solamente los sentimientos de estima que tenemos hacia las personas o las cosas que nos rodean, sino que tienen que ver con lo que somos y con nuestra potencia de hacer y de vivir las cosas que nos pasan, las ideas que pensamos y las situaciones que vivimos». Algo se presenta ante nuestra atención, interfiere en la inercia en la que solemos armonizarnos, nos zarandea, lo pensamos y lo alojamos en el juego de preferencias y contrapreferencias con el que establecemos las valoraciones afectivas de lo que nos sucede y de lo que hace que estemos sucediendo. De repente, brota un afecto que nos acomoda en una manera concreta de apostarnos en el mundo. En la conversación entre yo y yo acaba de implosionar una mutación destituyente y constituyente a la vez. No necesariamente ha de ser un acontecimiento aparatoso y catedralicio que percute con sus turbulencias en las narraciones de todas nosotras simultáneamente, o en el entramado afectivo de cualquiera de nosotros. Lo sabemos de sobra aunque somos renuentes a aprenderlo: la vida suele estar agazapada en los detalles que nos hacen sentir vivos.

Un afecto puede impugnar o recalcar la cosmovisión que tenemos de nosotros mismos. Puede alcanzar la inauguración de un yo que inopinadamente se lee inédito y renovado. La presencia hipnótica de un tú puede lograr metamorfosis en otro tú, que unas palabras entrelazadas con silencios y otras palabras tanto proferidas como escuchadas nos hagan menos borrosos o incluso mucho más nítidos. Todo esto es posible gracias a la afectabilidad con la que se imprimen nuestros afectos en una gigantesca trama de evaluaciones en la que intervienen la memoria (como llave de acceso al pasado), las expectativas (como herramientas para dar forma al futuro), los relatos sobre la definición de lo posible (como material para construir presente). A pesar de que secularmente se ha segregado el mundo de los afectos del mundo de la racionalidad, los afectos no son inmunes a los argumentos. La argamasa discursiva tiene capacidad transformadora sobre los sentimientos, y a la inversa, en una deriva de retroalimentación en la que no existe un antes y un después, sino simultaneidad. Aquí radica la relevancia de abrir espacios para confrontar narrativas disonantes y tomar el riesgo de ser afectado por ellas. En mis conversaciones más confidentes repito mucho que todo de lo que se da uno cuenta después está sucediendo ahora. A la incesante valoración de ese ahora en continuo curso sobre sí mismo la llamamos sentimientos, es decir, lo que recogemos de afuera para ordenarlo de nuestra piel para dentro. Al afectarnos nos muta y al mutarnos nos afecta. Bienvenidas y bienvenidos a la circularidad sin fin en la que habitamos mientras no dejamos de estar sucediendo.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Imagen portada : Obra de Petra Kaindel

 

  

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Volver a la vida cotidiana

Hoy desperté con unos deseos enormes de ver el mundo otra vez y por extraño que suene para una mujer como yo, más dada al recogimiento, con muchas ganas de ver gente, harta gente. Hasta pensé en ir a la peluquería, uno de mis lugares menos favoritos. De hecho, voy cada dos años, si es que voy. No me gusta el olor de los químicos, ni la música que ponen en ninguno de los salones de belleza que alguna vez he conocido y menos que alguien intente o sugiera un cambio en mi pelo. No me agrada el lavado, siempre me siento incómoda, y encuentro que la imagen en el espejo de todas las que estamos allí sentadas es deprimente. Unas parecen extraterrestres, entre papeles plateados y gorros de goma por donde sacan mechones de pelo, y otras nos vemos tan mal, que parecemos la madrastra de Blancanieves ofreciéndole la manzana envenenada. Yo preferiría que ese despliegue de fealdad involuntaria no fuera público, que uno entrara a un box privado y sufriera lo que hubiera que sufrir ahí dentro, para luego salir como una diosa, la encarnación misma de Venus.

No se enojen quienes lean estas líneas, sé que a la mayoría de ustedes les encanta ir y las comprendo. Porque hoy muero por visitar mi salón y soportar todas esas incomodidades con tal de escuchar a otras personas hablar nimiedades y verlas sonreír. Al entrar, esperaría mi turno leyendo el diario, aceptaría una mineral y disfrutaría de la música. Sí, la misma que no me gusta. Luego pediría un masaje craneal después del lavado y que la chica me cuente qué planes tiene para sus vacaciones. Después, subiría al segundo piso envuelta en la bata que siempre me ha quedado medio rara, pero que en esta ocasión me parecería un Versace original, y me sentaría en uno de los sillones de cuero blanco a leer una de esas revistas españolas para saber con quién fue a las Baleares Isabel, o a Marbella, Paloma. Después de un rato, el colorista, amoroso como de costumbre, me pondría un producto natural para terminar con mis canas en rebeldía. Y luego de permanecer media hora asándome bajo una especie de casco sacado de la Guerra de las Galaxias, bajaría al primer piso a esperar a mi peluquero, el más simpático del mundo, el único que me entiende y aguanta, para que me corte sólo un centímetro.

Que fascinación cuando conversemos sobre nuestras penurias y empobrecimiento causados por la cuarentena. Compartiremos nuestras penas, pero también la alegría de volver a la vida normal. Y comentaremos entre todos que echados a perder estamos, algunos más gordos y todos más viejos por las preocupaciones. Y definitivamente más pobres. ¡Pero tan felices de vernos!

Un entorno que puede parecer superficial y prosaico, toma un cariz completamente distinto cuando lo llenamos de seres humanos, sus emociones y buenos sentimientos. Necesitamos del contacto directo con otras personas, necesitamos el saludo cariñoso de los cercanos, sí, pero además de quienes no lo son tanto. Y por qué no, de los desconocidos también. Vivimos en sociedad, y con nuestras diferencias nos amamos. O desde ahora en adelante, al menos, deberíamos amarnos. Porque el síndrome de aislamiento y sensación de abandono que estamos padeciendo estos meses de cuarentena, va a dejar una profunda huella en nosotros. Hasta el punto de que poder ir nuevamente a la peluquería se ha transformado para mí en un verdadero sueño.

Myriam O – Artista multidisciplinaria (conoce mas de ella aquí)

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¿Donde van a morir los pájaros?

Las emociones son respuestas físicas e instintivas ante estímulos externos, programadas en nosotros a lo largo de millones de años de evolución. Son irracionales, pues no se generan en el neocórtex como los pensamientos conscientes, el razonamiento y la toma de decisiones, sino que en un sistema separado llamado sistema límbico, que es como su centro procesador. En sicología, se ha estudiado la existencia de cuatro a seis emociones básicas y hasta más de veinte categorías distintas. Y aunque es prácticamente imposible hacer un listado exacto, he aquí algunas: la tristeza, la ira, la repulsión, la sorpresa, el miedo y la alegría. Pero existen varias otras más complejas, tales como la desilusión, la melancolía, el asombro e incluso la fascinación. Los sentimientos, por otro lado, son asociaciones y reacciones que se producen en nuestra mente frente a determinadas emociones. Ellos difieren de persona a persona, pues son producto de la experiencia adquirida a través del tiempo, del aprendizaje y temperamento. Así, frente a idéntico estímulo emocional, los sentimientos de dos individuos pueden ser muy diferentes.

Quiero invitarles, entonces, a leer uno de mis cuentos y jugar a identificar emociones y sentimientos, a ver qué sucede.

¿DÓNDE VAN A MORIR LOS PÁJAROS?

Los pájaros son como peces, surcan el cielo a toda velocidad para luego zambullirse en el jardín. Y parece que nadaran, sobretodo los zorzales. Un aleteo y pausa, un aleteo y pausa, hasta que aterrizan sobre el pasto creyéndose los dueños del lugar, pues como capitanes de puerto, corretean con sus gritos a unos y desafían a otros. Aún así, los pequeños chercanes se las arreglan para evadirlos, instalándose todos los años en la casita entre las hojas del magnolio. La llenan de ramitas que se asoman por el agujero de entrada, tan finas como sus propias patas, y se paran vigilantes en un gancho del árbol. Luego vuelan hasta la punta del techo deteniéndose ahí, miran hacia la izquierda, hacia la derecha y girando en el aire, se meten para adentro. Otros se visten de monjas, son grises con un velo blanco y hasta Octubre estuvieron dando picotazos en la ventana cortejando a su propia imagen. Yo diría que les dio buenos resultados, pues hicieron sus nidos en la enorme buganvilia. Ayer me acerqué, sigilosa, apenas pisando para no meter ruido. Me agaché por debajo de sus floridos ganchos rojos, hasta entrar al túnel de ramas y espinas, buscando con la mirada de dónde venía ese, a ratos incesante, piar agudo. Que sorpresa fue ver que un polluelo estaba de pie, erguido en el borde del nido, derechito, casi marcial, mirando hacia adelante sin moverse. Y sentí un enorme deseo de tocarlo, aunque fuera un imposible. Pero sólo permanecí atenta, aguantando la respiración a ver qué pasaba. Que difícil no moverse, estar ahí apenas, casi levitando, tratando de no pensar siquiera por si un pensamiento ruidoso lo pudiera asustar. Es que los pensamientos se cruzan por la mente como aviones fuera de control, como ideas que se estrellan en la frente explotando en mil colores. O tal vez son imágenes que viven ahí dentro, esperando su turno para aparecer como fantasmas, y suenan, retumban, y yo lo que menos quería era espantarlo. Como pude, me agaché más aún y me atreví a acercar mi mano al nido, poco a poco. Estiré el dedo índice y, muy lentamente, llegué al borde. El polluelo no se movía, no pestañeaba. ¿O estaría durmiendo, como los peces, con los ojos abiertos? Finalmente, lo toqué. Acaricié su pecho de arriba a abajo, sintiendo sus frágiles huesos y la suavidad de sus plumas. El seguía en posición firme, cual guardia del Palacio de Buckingham, mirando al frente, sin prestar la más mínima atención a esta turista de jardín. Y sentí el calor de su cuerpo, rogando que mi osadía no le fuera a dejar algún trauma, nunca se sabe. Pensé que el corazón se me iba a salir del pecho cuando me alejé en silencio, preguntándome dónde van a morir los pájaros, dónde terminan sus cuerpos a la hora de partir.

Así pasaron los días hasta que una mañana supe la respuesta, al ver a un zorzal joven que yacía muerto al final de la escalera. Los ojos siempre abiertos, las alas un poco lacias, las plumas de la cabeza medio revueltas como si hubiera habido una batalla. Los zorzales son grandes, incluso cuando polluelos, de modo que no se si este volaba siquiera. Tal vez murió de un susto al caer de su nido. No había sangre, no había testigos. O quizás el hambre lo hizo saltar al vacío, resultando en un salto de fe que salió mal. A lo mejor era un zorzal inexperto explorando el mundo a pie, con el deseo de acabar con la soledad de un nido que había dejado de ser visitado por los padres. Cualquiera que haya sido el motivo, ahora sé dónde van a morir los pájaros: terminan en el suelo, como el sentimiento.

Myriam O – Artista multidisciplinaria (conoce mas de ella aquí)

 

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