Frena la curva

Para mi todo lo que está pasando hoy es la forma que tiene Dios o el Universo de frenarnos. De frenarnos y detenernos forzadamente a reflexionar: para poder volver a lo esencial, para conectar con nuestra familia y para por fin poder darnos cuenta de ese mensaje que hoy está más claro que el agua, acá TODOS co-existimos. Lo que yo decido afecta directamente en la vida de un otro.
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Espero que hoy podamos decidir conscientemente por la vida, por cuidar a esos que si están en grupos de riesgo, por cuidarnos entre todos y ser solidarios. Ser solidarios ya sea en la manera de comprar, en salir a carretear, en no dejar a nuestros papás cuidando a nuestros hijos o en no sacar a nuestros niños a plazas públicas, cines, malls o casas de amigos. Necesitamos frenar la curva de contagio, pero por sobretodo necesitamos construirnos y cuidarnos como COMUNIDAD. Estamos TODOS juntos en esto, y lo que hoy decides o decido impacta directamente a los que nos rodean.

Esta es también una tremenda oportunidad para nuestros hijos de aprender que la vida es prestada, que todo lo que eligen implica a un otro y que existen tiempos donde no todo es inmediato y no pasa por nuestra decisión.

Este tiempo también los llevará a ellos descubrirse en el aburrimiento y hacerse cargo de sus procesos de aprendizaje escolar. Todo depende de el significado y el sentido que le demos a esta FRENADA forzada. Si tu le das sentido y significado, se lo dará tu hijo, tu señora, tu mamá, tus amigos y así estaremos contagiando. Y no estaremos contagiando un virus sino el significado y el sentido de vivir en COMUNIDAD. .

Esta es también una frenada que implica revisar nuestros valores, repensar en la empatía y conectar con lo esencial de lo que queremos construir para nuestras vidas. .

¡Solo espero que todos lo tomemos en serio! ¡besos y abrazos virtuales para todos!! …. ¡porque pucha que hacen falta cuando uno ya no los tiene!

Yo por mi parte estaré atendiendo vía video llamada! Sumando un granito de arena a este inmenso universo que nos DETIENE. 

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

 

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Amanda: ¿por qué sufres tanto con esa decisión?

A partir de una situación en particular que ya describiré, me referiré a las decisiones verdaderamente difíciles que todos hemos tenido que enfrentar muchas veces en nuestras vidas. Pero, que una decisión te resulte en realidad difícil, probablemente no tiene que ver con miedos, inseguridades o asociado a temas valóricos o éticos, sino frecuentemente debido a pensamientos erróneos.

A continuación, describiré con bastante detalle la situación laboral de Amanda, la cual irremediablemente terminará en una toma de decisiones.

Desde hace un tiempo a esta parte, principalmente gatillado por situaciones laborales, las cuales también repercuten en su vida personal, Amanda pasa por diversos estados de ansiedad, angustia, estrés, confusión, decepción, frustración, impotencia y enojo. También ha vuelto a tener problemas de insomnio, o al menos de poco dormir, a pesar de la medicación que utiliza de manera no tan constante. El baile tropical que tan bien le hace, lo deja, retoma y vuelve a abandonarlo. El senderismo y otras actividades que le desocupan la mente de sus preocupaciones, tampoco las realiza de manera perseverante. Logra distraerse un rato, viendo algunas series o películas en Netflix casi a escondidas para no sentirse culpable, sumergida en su fiel acompañante de tantas batallas e intimidades: su teléfono celular. Hace rato que no dedica suficiente tiempo a unos buenos libros, y le encanta leer. También le gusta conversar, pero no mucho en aquellas reuniones sociales donde deba mostrar demasiado de su intimidad.

No sólo sus ojeras la delatan, también momentos de mal humor, el que no es parte de sus rasgos de carácter, ya que es más bien realista, seria y serena, características propias descritos para Virgo por los astrólogos. Eso sí, viene equipada con variadas altas inteligencias y una dulzura de carácter muy especial. No demasiado a menudo su autoestima anda por los cielos.

¡Es que no tiene tiempo para nada, ya que además de su trabajo, posee al menos otras cinco agendas que incluyen hijos, esposo, cosas que fallan en la casa, familia restante, amigos, entre otros, que implican otras preocupaciones y ocupaciones!

Desde que egresó de la universidad hace ya un cuarto de siglo atrás, casi toda su vida laboral Amanda la ha realizado en una importante asociación gremial, trabajando siempre en comunicaciones, inicialmente realizándolo casi sola en esa área, para luego crecer profesionalmente junto a la organización y la profesionalización. Hoy gerencia el área, posee un importante equipo de personas a su cargo y muchos desafíos y problemas con los cuales lidiar, porque la asociación seguirá creciendo y ello, trae consigo variados cambios y ajustes, no siempre sin dolor para las personas involucradas. En esta última década, la estructura de la asociación no sólo creció y profesionalizó, sino implementó procesos de gestión más propios de la empresa privada.

El anterior Gerente General de la asociación, quien lideró la mayoría de esos cambios estructurales profundos, si bien era orientado a la tarea, poseía un estilo de liderazgo con características transformacionales y “laissez-faire”. Su sucesor, si bien también manifiesta un estilo de liderazgo transformacional, lo materializa con un énfasis mucho más transaccional, a veces autocrático.

El estado de ánimo y con efectos en la salud de Amanda ya descrito anteriormente, es influenciado en buena medida por esta situación en el trabajo: el tipo de liderazgo de su jefe y con ello de paso, la enajenación del espíritu que debiera primar en una institución gremial. Si bien estas características autocráticas ella no las vive tan directamente, sí en su rol, porque afectan a otras personas en el estilo de comunicación, también interna, que trata de implantar su jefe.

Amanda no escribe listas con los “pro y contra”, pero si sopesa y trata de diferentes maneras para averiguar cuál sería la mejor decisión, es más, cuál debiera ser su comportamiento en ello. En su mente busca más opciones y soluciones, pero ninguna de ellas realmente la empuja hacia adelante.

Ruth Chang, una filósofa estadounidense de origen asiático, explica en pocas palabras cómo tomar decisiones difíciles, por qué nuestra búsqueda de la decisión correcta a menudo no funciona. Al menos no surte efecto con un cierto tipo de decisiones.

Ver video:  Ruth Chang

 

Lo que es real, es que hay decisiones donde ninguna alternativa es definitivamente mejor que la otra. Estas son las llamadas decisiones duras o difíciles, donde para una alternativa hay elementos de similar peso a favor y en contra, pero para otra alternativa también. Esas son las decisiones en donde, a pesar de la mejor de las intenciones, no puedes descubrir cuál es mejor.

Y eso no depende de ti, sino generalmente porque simplemente no hay una opción de decisión que sea claramente mejor que la otra. Si una opción fuese mucho mejor que la otra, ya no sería una decisión difícil.

La dificultad aparente para Amanda era que las opciones que había elucubrado en su mente, las valoraba de manera similar, en lo bueno y en lo malo. Las diversas alternativas de decisión representaban valores diferentes, que eran importantes para ella a la hora de tomar una decisión compleja.

Por ejemplo, sentía que tenía una necesidad ética de no abandonar el barco, ya que con los años que llevaba trabajando ahí,  había entusiasmado a muchos marineros, maquinistas y oficiales para que postularan y se subieran al buque. En contrapartida, estaba – en sus ojos – un “antivalor” que representaba el management autocrático, ya que en su forma de ver la vida, atentaba en contra de la finalidad del ser humano: la felicidad.

También la seguridad laboral y aún necesarios ingresos monetarios que requería para su familia chocaba con la libertad de expresar su opinión y postura con lo que sucedía y percibía en la asociación, tanto en el ambiente laboral como en la manera que se desdibujaban crecientemente los principios orientadores de la organización. Sin embargo, si no decía nada, quizás de igual manera podía perder su trabajo, por mostrar flaquezas en otro tipo de decisiones que ella no compartía, pero no exteriorizaba abiertamente, sino sólo en no avanzar o actuar como su jefe esperaba de ella. Así…, había algunos otros valores que estaban en contraposición en una u otra alternativa de decisión, acerca de qué hacer al respecto.

El dilema de Amanda…, sí, ahora sabía que las razones por las cuales le costaba tanto tomar una decisión:

  1. No poseía ninguna opción claramente mejor que la otra. Ninguna de las alternativas que había pensado eran casi igual de buenas o malas.
  2. En cada opción de decisión había algo distinto que para ella era muy importante en su esencia valórica. Y justamente ese valor o principio, no se lo ofrecían otras opciones, las que a su vez incluían otros valores distintos igual de importantes para ella.

¿Entonces…, qué?

Sí, claro, grandioso saber que ello era así, pero tampoco le ayudaba a resolver su dilema.

Ruth Chang dice, que en decisiones difíciles se trata de una pregunta totalmente distinta y determinante en la forma de abordar este cuello de botella:

NO: ¿cuál es la mejor decisión?

SI: ¿qué persona quiero ser?

¿Cómo es que esta pregunta le podía ayudar a Amanda respecto de su difícil decisión?

Amanda pensaba…: “Yo tengo claro qué tipo de persona quiero ser, justamente por esa claridad acerca de mis valores es que estoy en este dilema, esta encrucijada compleja y dolorosa, aunque en mi foro interno a veces igual me encuentro a mi misma demasiado estricta y rígida!”

Si Amanda se volvía a preguntar qué tipo de persona querría ser, sería posible encontrar las razones eran más importantes para ella. Al reflexionar y poner en evidencia lo que ella quería ser como persona, también era factible definir el tipo de decisiones que calzaban de mejor manera con esa persona.

Algunas de las alternativas posibles que pasaron por la mente de Amanda:

  • Exponer muy claramente sus argumentos, con lo cual sería fiel a sus principios y lealtad a los colaboradores, pero confrontando a su jefe.
  • Aguantar así varios años más: a) hasta poseer mayores reservas económicas, tratando de mantener su cargo, adaptarse a los posibles cambios estructurales venideros, e intentar reparar lo mejor posible los eventuales daños, b) con la esperanza que sean muy pocos y se produzca algún cambio de actitud a motu propio de su jefatura, o un cambio de persona en el cargo.
  • Buscar otro empleo y presentar su renuncia una vez que lo tuviese definido:
  • ¿Manteniendo el statu quo?
  • ¿Exteriorizando su malestar y diferencias?
  • Iniciar una actividad de manera independiente
  • ¿De tiempo completo o parcial?
  • ¿Trabajando fuera de su hogar o dentro de su hogar?

Ahí fue donde Amanda tomó consciencia de que en ese momento ya no estaba supeditada a definir cual alternativa era mejor, sino los motivos que eran más importantes para ella en cada alternativa. Y no racionalmente, sopesando los pros y los contras o bien, las ventajas y desventajas, sino decidiendo que persona prefería ser en el trabajo.

En una primera aproximación, Amanda resumió sus motivos en el tipo de persona que ella quisiera ser en el trabajo, definiéndola como una asociación donde los asociados sean el verdadero foco, que el aprendizaje continuo con un enfoque colaborativo sea un desafío permanente, un lugar en que confiemos en el trabajo de los colaboradores, pero a la vez responsabilizándonos de los resultados, promoviendo a la vez un equilibrio entre trabajo y vida personal”.

¿Eso es intimidante?

Tal vez.

Porque si admitimos que no hay una mejor alternativa, si somos honestos y decimos: sólo yo puedo decir que tipo de persona quiero ser. Luego nos hacemos responsables de nuestras decisiones. No la asociación, no la empresa, no la pareja o los padres, amigos, colegas, el jefe.

Eso puede ser un poco aterrador. Porque a menudo queremos pistas claras: correcto, incorrecto, bueno, malo, significativo, sin sentido…

Pero asumir la responsabilidad de estas difíciles decisiones también significa ser libre. Ser verdaderamente libre de dar forma a la vida. Amanda ya no es tan libre, porque perdió esa libertad si persevera en el statu quo, pero, es más, también perdió libertad en su vida personal, no tiene espíritu para bailar, entre otros…

Hoy, mientras escribo este artículo, Amanda aún está procesando sus definiciones muy auto-responsablemente, sopesando sus propios motivos en esta difícil decisión, tomando nuevamente las riendas para seguir dando forma a su vida. Y eso, la llevará la vida que ella realmente quiere llevar.

Tal como Amanda, pregúntate frente a una decisión difícil:

Si elijo la Alternativa A,

… ¿cómo sería mi vida?

… ¿cuánto me gustaría ser esta persona?

… ¿cuánto cambiaría eso mi vida? … ¿Qué persona me gustaría ser?

A medida que avances por cada una de las alternativas, te harás una idea más precisa de si quieres ser esa persona.

Pruébalo. Este pequeño experimento mental quizás te dé el impulso crucial para tomar con éxito una decisión difícil, de tal manera que vivas cada vez más y mejor la vida que realmente quieres vivir.

 

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

www.gevert.com

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ADOLESCENTES: CARRETES … LA DISTORSIÓN TOTAL

“Fuimos a una fiesta donde iban todas mis amigas y un grupo de amigos de otro colegio. Llegamos y partió como siempre… todos previando. Ese día tenía ganas de tomar y de curarme para poder pasarlo bien. Fueron varias piscolas, algunos fumaban mota y la cosa empezó a prender. Sin darme mucha cuenta cruce el límite…..y me borré.  Solo me acuerdo que antes de estar borrada estaba coqueteando con un mino de los del grupo. Bailamos un par de canciones y de ahí no me acuerdo más. Solo flashbacks, vomite varias veces mientras una amiga me cuidaba y no sé cómo llegue a estar sola con él en el estacionamiento de la casa donde estábamos. Yo no entendía nada, no podía hablar, recuerdo que me desvestía, sentí que él estaba arriba mío y al otro día solo se me venía a la mente la imagen de su cuerpo sin ropa, encima mío….sin tener claridad de lo que pasó. No se que hicimos, solo se que no pude hablar. Al otro día me sentí abusada, transgredida, no pude decir que no….pero tampoco le dije que sí. Lo tuve que llamar para preguntarle que había pasado realmente. No me podía quedar con la duda. Cuando le pregunté, el me dijo “si pos, tiramos, si tu no dijiste nada” y ahora no se como avanzar. Me siento fea, vulnerada y no confío en nadie…ni siquiera en mi misma”

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Esta semana fue dura, escuché vivencias de adolescentes realmente demoledoras… de esas que rompen el alma y te hacen cuestionarte dónde estamos parados y qué estamos haciendo mal.  Al comentar el tema , me pidieron  que por favor escribiera de esto, porque es algo que uno ni siquiera se imagina. Jóvenes en descontrol total frente a carretes sin memoria. Consumo de droga, alcohol en exceso, abuso sexual entre compañeros o conocidos y la extraña manera de compartir esta distorsión a través de Stories en Instagram mostrando a “amigas” o “amigos” tomando en exceso o dándose besos en una fiesta. Un abismo al riesgo y vulnerabilidad extrema, de la que ni siquiera tienen consciencia.

¿Qué ha ido pasando con nuestra sociedad que los carretes de los adolescentes han virado al descontrol absoluto? No digo TODOS los carretes y con esto no quiero crear una especie de pánico colectivo, al mirar a lo que nuestros jóvenes se ven expuestos cada fin de semana. Lo que quiero es que nos demos el espacio y tiempo de pensar ¿qué está pasando? ¿por qué se ha perdido el respeto por el otro y por mí mismo? ¿qué pasa que el exceso de alcohol se ha normalizado y no tomar representa a los valientes? ¿Qué pasa que mujeres adolescentes toman hasta quedar borradas y sus mismo amigos, conocidos o compañeros abusan sexualmente de ellas?

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Sé que suena duro, incluso irreal. Sé que piensan que esto no pasa con sus hijos, que pasa en otros lados, otros colegios, con otro tipo de personas. Pero por un segundo necesito que piensen ¿qué pasaría si fuese tú hijo el que abusó de una compañera de colegio? ¿Qué pasaría si tu hija llega a contarte (si tienes la suerte de que lo haga) que sin acordarse bien de la noche anterior, tiene flashbacks de que la desvistieron y amaneció sin saber lo que había pasado? Sé que tu mundo se derrumbaría, y probablemente pensarías qué hice mal, o quizás desvariarías en preguntas como: ¿qué hago a ahora? ¿Es real? ¿cómo pasó algo así? o simplemente seguirías negando bajándole el perfil como si nunca hubiera pasado o fuera algo normal de estos tiempos.

Lamentablemente esto es algo que está pasando, carretes sin control en los que nuestros adolescentes quedan absolutamente vulnerables frente a la vida. Hoy ya no solo existe el peligro del asalto, que le peguen, que se pierda borracho caminando por ahí o que choquen curados….hoy lamentablemente el peligro está entre ellos mismos, hoy son ellos los que han perdido la mirada del otro por estar inconscientes  por el alcohol y a ratos las drogas. Los pololos pelean a niveles desorbitantes y los jóvenes que se coquetean a veces termina en un abuso sin memoria, con niñas tiradas intentando recordar lo que pasó.

 

¿Qué hacemos? Lo primero es intentar no caer en el juicio o crítica, porque esto no construye y no ayuda a acercarnos a la realidad que están viviendo nuestros hijos. Tampoco se trata de no dejarlos salir nunca más o sobreprotegerlos llenándolos de mensajes para que se reporten de cómo, dónde y con quién están. Quizás simplemente se trata de poder sentarse a tener conversaciones sinceras y pensar CON ellos ¿cómo se están cuidando? ¿Qué pasa con el cuidado de su cuerpo, el valor por ellos mismos y el respeto a su vida? ¿Hasta qué punto se permiten tomar y pasar al abismo del sin memoria? ¿Cuánto están dispuestos a transar al estar en ese abismo? ¿Qué pasa que adolescentes leen un sí como respuesta  a una propuesta sexual cuando tienen a una persona sin consciencia al frente que simplemente no puede decir que no?

A mí me genera una profunda tristeza ver como adolescentes llenos de recursos y sueños se van transformando por el abuso de alcohol y drogas, en personas que no se respetan, ni a ellos mismos, se transforman a ratos en jóvenes sin sentido común… lo más desesperanzador es ver como lo que va pasando en estos carretes descontrolados y distorsionados, va lamentablemente definiendo su vida y muchas veces haciéndolos cada vez más frágiles emocionalmente “no me acuerdo de lo que pasó anoche” “no puedo pasarlo bien si no tomo” “me quedé borrada” “me fui a dar la pala” “peleamos muy fuerte porque estábamos los dos muy mal, habíamos tomado mucho”.

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¿Cómo volver a que tengan consciencia de su cuerpo y de sus límites? ¿Cómo hacer que puedan elegirse a ellos y cuidarse porque su cuerpo y su alma son lo más preciado y único que realmente tienen? Como papás necesitamos abrir los ojos: son nuestros hijos los que están frente a esta realidad, tenemos que acompañarlos, preguntarles qué pasa en los carretes y definitivamente acercarnos mucho más. No pasa por prohibir porque lo harán escondidos, en eso tienen un máster. Saben cómo ocultar borracheras, Uber  a solas, Stories de carretes en sus Instagram…..definitivamente si no hay confianza sabrán como hacerlo para que ustedes no se enteren. Y entonces los dejamos solos frente a un mundo de riesgos.

Muchos podrán decirme que nosotros cuando fuimos adolescentes pasamos por ahí, que peco de exagerada y que estoy sobredimensionando la realidad. Pero la verdad es que no es la misma adolescencia, nuestros jóvenes hoy viven mucho más expuestos frente la arremetida de las redes sociales, mucho más solos frente a papás más ocupados, mucho más exigidos frente a un sistema educacional que los estrangula con estándares por cumplir, mucho más aislados de sus amigos y con una extraña necesidad de compararse con aquel que es “mejor” que ellos. Pareciera que estuvieran en un mundo donde las relaciones profundas son mucho más difíciles de construir, donde lo importante es como te ves, que notas tienes o cuantos followers o likes tienes en Instagram. Se ha perdido profundidad, valores, respeto y ellos sin decirlo los añoran. Porque cada adolescente que conozco padece del mismo mal: la necesidad de sentirse querido, viviendo en un mundo que pareciera perfecto, pero que dista mucho de ser vivido por ellos como tal. Carencias y más carencias.

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NO, definitivamente no es nuestra misma adolescencia. Necesitamos hacer algo y lo primero y más importante es poder construir un lazo profundo de confianza donde exista la certeza de que sin importar lo que tengan para contar o hasta donde metieron las patas  pueden llegar a pedir auxilio. No basta con ser controladores, y estar encima… necesitamos estar cerca, pero de corazón. Reflexionar con ellos, preguntar, preguntar y preguntar. Abrir espacios de conexión donde exista hablar de valores, respeto, amor, autocuidado y como aprendemos a través del error.

Si queremos que nuestra hija no sea abusada por estar borracha, o que nuestro hijo NO sea el que abusó sin siquiera mirarlo como un abuso. Si queremos que nuestros jóvenes no estén comprando droga a través de Grinder, o que no se tomen una botella de pisco en un carrete para terminar en la ambulancia, dispuestas por los organizadores de las mismas fiestas necesitamos ACERCARNOS, CONSTRUIR, HABLAR.

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Y no digo que esto les asegure no pasar por estas vivencias… porque lamentablemente nuestros jóvenes están expuestos a muchos más riesgos de lo que nosotros estuvimos…pero si les aseguro que si han construido esa relación, al menos tendrán la oportunidad de saber por lo que están pasando, serán de los pocos padres a los que les pedirán rescate y por lo tanto de los pocos que podrán ayudar a sus hijos a aprender de eso que ocurrió: PROTEGERLOS DE VERDAD. Si no hemos construido esta relación ni siquiera podremos estar ahí para cuando lo necesiten, porque como ellos bien saben hacerlo lo ocultarán por miedo al castigo o a la decepción que pueda traerles.

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Si queremos formar, necesitamos estar!!! Estar de corazón: cerca y abiertos a abrazarlos en cada descontrol, en cada riesgo y en cada situación de vulnerabilidad… esto solo podrá pasar si abrimos los ojos y nos transformamos en papás cercanos y abiertos al error, todos nos equivocamos cuando fuimos adolescentes, esperemos y soñemos por ser esos padres a los que nuestros hijos recurren.

Crea, construye, acompaña, habla, pregunta, norma… no juzgues, critiques, niegues, o des por perdida esta relación. Solo de ella construirás hijos sanos, conscientes y respetuosos del otro y de ellos mismos. Y lo más importante: EMPIEZA HOY…..incluso si son chicos.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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¿CUÁL ES TU LUNA?

Esta última semana que pasó, se cumplieron 50 años desde que el hombre pisó la luna. Pudimos ver programas inéditos, relatos en primera persona e imágenes de algo único, histórico y grande para la humanidad.

Al ver las primeras imágenes de la Tierra desde la Luna, da una extraña sensación de lo pequeños que somos en esta inmensidad: recogimiento absoluto. Tendemos a pensar que somos el centro del universo, que el mundo gira en torno a nosotros cuando en realidad solo estamos inmersos en una órbita inimaginable de incertidumbre, inmensidad y vulnerabilidad. Cuánto cuesta a veces aceptar esta pequeñez. ¿Será acaso difícil de aceptar porque finalmente esta es MI vida y no quiero verla así de pequeña? ¿Qué tenemos que hacer para sentirnos grandes, importantes y únicos en esta inmensidad del universo?.

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Soy una convencida que para poder atesorar la importancia de nuestras vidas necesitamos tener claro nuestro norte, ese objetivo grande y único: nuestra luna. ¿Hacia dónde queremos llegar? ¿Qué recorrido necesitamos hacer para llegar a ella? ¿Cuál es el sentido que le doy a la búsqueda del camino que me llevará a ella? La vida solo deja de ser ínfima en esta inmensidad del universo cuando le damos sentido, cuando sentimos que nosotros mismos vamos camino a nuestra luna. A ese objetivo importante que nos hace vibrar, que nos genera disfrute y nos hace felices. No importa lo grande del universo, ni los misterios que esconde, necesitamos atesorarla, valorarla, agradecerla y quererla como tal… con su GRAN inmensidad y al mismo tiempo con el diminuto universo en el que orbitamos.

Neil Armstrong, logró sus sueños y llegó a la Luna, pero no fue solo su esfuerzo el que lo llevo a ese satélite. Miles de individuos, en su pequeñez, se juntaron para que este GRAN sueño ocurriera. Sin duda, fue un trabajo incansable de un equipo, que con perseverancia, trabajo duro, responsabilidad, miedo y compromiso lo lograron. Cada uno dentro de su vida encontró su norte y logró llegar a él con mucho trabajo y dedicación.

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Y entonces…¡Si el hombre pisó la luna!, nosotros podremos alcanzar la nuestra. Démosle sentido a eso que queremos, pongámosle la fuerza que necesita, seamos perseverantes y  seguro que con ese trabajo arduo, no solo llegaremos a ser felices, sino que probablemente lograremos tocar almas y corazones, y, finalmente, aportar al mundo desde NUESTRA vida. El universo es grande, pero nuestra vida lo es mucho MÁS.

No necesitamos ser Neil Armstrong o Presidente de los Estados Unidos para cumplir nuestros sueños, solo nos hace falta tener la convicción de que podemos llegar a ellos. Requerimos tener la claridad de trazar un camino, y la perseverancia para hacer incansables pruebas, aprender a caer y equivocarnos millones de veces para lograrlo. Necesitamos que nuestros seres queridos nos guíen y acompañen en el camino, porque sin ellos todo se torna mucho más difícil, sin sentido y cuesta arriba. Debemos abrazar y comprometernos a nuestro sueño y desafiarnos a cumplirlo.

Dejemos de hacer pruebas o simplemente pensar en un plan porque siempre existirán los: “y que pasa si…” o “cuando termine…podré..”. Entonces renunciemos a pensar, practicar o planear y vamos por ese sueño, por esa luna, por ese cambio, por eso que finalmente es lo que le da significado a nuestra vida. No lo soltemos, solo soltemos el miedo que nos impide avanzar. No dejemos que se escape, y hagamos que cada minuto y momento de esta vida cuente.

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En esta inmensidad del universo, solo depende de ti encontrar qué quieres aportar, y hacerlo. ¿Los sueños se hacen realidad? Sí!… con paciencia, templanza, perseverancia, responsabilidad, tolerancia a la frustración y equivocación, alegría, sentido y por, sobre todo, una cuota inmensa de trabajo duro y mucha, pero mucha convicción. El hombre llegó a la Luna… ¿ya sabes cuál es la tuya?

Yo ya voy camino a la mía…

Por ahora, tu solo “pregúntate si lo que estás haciendo hoy, te acerca al lugar en el que quieres estar mañana” (Walt Disney).

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¿“Sempáticos”?

Todos hemos oído hablar de empatía, y muy a menudo se nos ha explicado como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, mano en el corazón, esto no suele funcionar tan bien en la práctica. Por supuesto es frecuente, que efectivamente logramos ponernos en la situación del otro, pero generalmente es porque estamos de acuerdo con esa persona, es decir simpatizamos con ella.

Así es que la simpatía exige consonancia, concordancia, coincidencia y muchas veces, ideas de valores similares. Simpatizamos con nuestras amistades y con quienes compartimos algo en la vida, por lo que nos parece más fácil “ponernos en su lugar.”

Sin embargo, no nos será tan fácil ponernos en la posición de cualquier persona, con la cual a primera vista no tengamos nada en común o diferencias abismales en algún ámbito. Por ello, no me gusta tanto la arriba citada definición simplificada y “vox populi” de empatía.

Más bien coincido con que la empatía es una postura comunicativa que nos permite respetar acciones interpersonales, y también sentirlas comprensivamente, independientemente de si estamos de acuerdo o no, si simpatizamos con esa persona o no.

Por lo tanto y tratando de hacer una mejor aproximación a la definición de empatía, propongo la siguiente: “la capacidad de expresar respeto y comprensión por la manera de actuar, pensar o sentir de la otra persona, ya sea que estemos de acuerdo o no.” En ese contexto, nuestra situación personal y opinión son indiferentes, ya que las posiciones incluso podrían ser contrastantes o antagónicas. De lo contrario, si las posiciones y opiniones son más bien coincidentes, simpatizamos con nuestra contraparte.

De la manera que lo explico arriba, lo he vivido muchas veces en mi vida, aunque debo reconocer, de que durante décadas actuaba más intuitivamente en ese sentido y no era tan consciente de ello. Cuando tomé real consciencia, fue hace unos doce o trece años atrás, cuando ahondé en una amistad con una persona por la cual sigo teniendo un inmenso afecto, quien muchos años antes de que la profundizáramos había sufrido el asesinato por razones políticas de su padre, en una época complicada y muy delicada de nuestra historia. Esta persona, de una posición política muy distinta a la mía, estaba pasando por un momento puntual especialmente sensible respecto de la pérdida de su padre. Efectivamente, a pesar de nuestras grandes diferencias ideológicas, la respeté honestamente y pude sentir comprensión por lo que había pasado y estaba pasando en ese momento, sin falsas posturas, tanto así, siento que en esos años incluso fui un buen apoyo, más allá de mi comportamiento al estilo del Río Guadiana: aparecer y desaparecer, el que nada tenía que ver con la situación señalada. Debo decir eso sí, de que simpatizábamos muy fuertemente en varios valores, diferentes a los meramente ideológicos políticos.

Por lo tanto, claramente sí somos capaces de llegar a sentir comprensivamente, si respetamos la posición y vivencia de la otra persona, sin condenarla o realizar un juicio de valor.

Para mostrar empatía, no es necesario expresar nuestra propia opinión sobre el tema, ya que ante todo la empatía requiere escuchar, observar y respetar la posición o situación de esa otra persona. Por supuesto, existen otras formas de hacer ver nuestra opinión y mostrar respeto, por ejemplo, a través de una comunicación tranquilizadora y deferentemente apropiada a la situación.

Pero por favor, no confundamos: a veces sentimos que somos empáticos, o incluso nos dicen que lo somos, pero cuidado, frecuentemente se trata sólo de querer complacer al otro o tratar de ser bien comportados, incluso a querer caer bien y obtener su aprobación. Tratamos de simpatizar, pero en realidad no empatizamos.

El respeto real, exige conocimiento y empatía. Ello, porque debemos conocer y observar a la otra persona para poder mostrarle nuestro respeto en su situación. El respeto requiere que todos tengamos el derecho de decidir cómo queremos vivir, pensar, actuar y sentir, sin ser juzgados por esas decisiones. Por supuesto, sin que ello ocasione daños a otros.

Cuando respetamos, comprendemos desde la posición en que habla, piensa o siente la otra persona, según sus propios valores, sin que necesariamente exista plena coincidencia en ellos. Además, si no pretendemos cambiarla a través del convencimiento racional o emocional.

Simpatizar significa compartir muchos valores, inclinaciones, etc. Empatizar significa mostrar respeto comprensivo por las diferencias sin juzgar.

Por lo tanto, no siempre puedes ser simpática(o) y empática(o) al mismo tiempo.

 

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MI PAPÁ ME ENSEÑÓ…

Hay días que me pregunto ¿por qué el rol de los padres siempre queda relegado a segundo plano?. Es como si las mujeres nos adueñáramos de la crianza y educación de nuestros hijos e inconscientemente, los fuéramos dejando cada día más de lado y a ratos nos jactáramos de todo lo que sí hacemos. Encontramos a veces las “razones” para alejarlos: o porque vemos que están menos en el día a día o porque creemos que no se involucran “lo suficiente”. ¿Cuánto necesitamos que estén ahí? Y más importante aún ¿en qué necesitamos que verdaderamente estén? ¿Queremos que sean iguales a nosotros? ¿Cómo abrimos la puerta para que ellos sean parte de manera distinta a la nuestra?. Quizás podríamos empezar por mirar y valorar lo que sí hacen, lo que aportan en la crianza y lo mucho que enseñan con su mirada de la vida… diferente a la nuestra.

Si pienso en mi papá no puedo dejar de mirar todo eso que me aportó en la vida. Me entregó la contención y tranquilidad en momentos de duda. Me enseñó la importancia de mantener el equilibrio, y dentro de su simpleza, siempre me ayudó a no angustiarme antes de que los problemas pudieran ocurrir. Siempre lo escuché decir “no intentes solucionar problemas que no existen” (frase que uso con casi todos mis pacientes). Con esas quizás, simples palabras, me entregó la certeza de que siempre tuve y tendré las herramientas de enfrentar lo que venga. Si la vida se pone cuesta arriba, no necesito tener todo bajo control antes de que eso ocurra, porque eso es enredado y básicamente imposible. Me enseñó a ser simple, y confiar en mí y en mis recursos por sobre todas las cosas. Nunca dejó ni una mínima ventanita de duda, de que yo era capaz de hacer y enfrentar lo que me trajera y propusiera en la vida.

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Mi papá me enseñó el valor de la austeridad y la humildad, que no necesitamos adornarnos de cosas materiales para hacernos valer, ni para valorarnos a nosotros mismos. Tengo grabado a fuego que podemos ser felices con tan poco y que no necesitamos “tener” para buscar la alegría. Porque la felicidad se encuentra en los lazos de amor, en los vínculos y en cómo ponemos al otro como una pieza fundamental en nuestras vidas.

Con su pragmatismo me ayudó a ser realista cuando yo quizás solo quería soñar, me ayudó a buscar objetivos claros y alcanzables, siempre confiando en que yo lograría todo aquello que me propusiera con trabajo y empeño. Me enseñó de la perseverancia y de como con responsabilidad, compromiso y trabajo duro se logra todo aquello que te propongas… aunque en el proceso cueste y te caigas mil veces. Mi papá me enseñó que existe espacio para el error y que de ellos aprendemos, que de las crisis salimos fortalecidos y que es ahí cuando podemos encontrarnos con nuestras sombras, abrazarlas y quererlas.

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Mi papá me enseñó la cautela, pensar bien las cosas antes de actuar, tener un plan y alternativas. Su racionalidad me permitió mirar que en el universo existen miles y miles de alternativas y es uno la que elige cual tomar. Siempre dejaremos una por otra y entonces tenemos que asumir lo que eso conlleva. Me enseñó a crecer y a volar, siempre con la cautela de no estrellarme. Me enseñó a cuidarme, quererme y respetarme, y en mi adolescencia pude cuidarme desde el cuidado incanzable de él, que nunca bajó los brazos. Mi papá me enseñó el respeto, el respeto profundo por el ser humano, el nunca pasar a llevar al otro y siempre poder mostrar tu punto de vista pero sin críticas o juicios. Logré aprender de la tolerancia y mucho me enseñó en aceptar y valorar la individualidad y diversidad.

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Hoy veo al papá de mis hijos y se también cuánto les está enseñando: simpleza, autonomía, respeto, perseverancia, compromiso, el valor del deporte y el juego, la empatía, el regalo del tiempo y el respeto por el ser humano. Mi papá y mi marido no se diferencian en casi nada. Quizás solo que mi papá es más “machista” y nunca se metió en las labores del día a día de la crianza, por otro lado mi marido cumple el mismo rol que yo. Existe un equilibrio pleno entre lo que yo hago y lo que el va asumiendo en la crianza. Y entonces creo que al final, si bien ha sumado infinitas enseñanzas para mis hijos tener un papá más inmerso en las labores domésticas, creo que lo más importante, verdadero y profundo es todos aquellos valores que nos entrega la figura de nuestros padres. Finalmente su amor incondicional, su alegría, su respeto, su cariño y su conexión emocional es lo que vienen a regalarnos en nuestra vida. Todos necesitamos mamá y papá, ambos nos entregan distintas enseñanzas, valores y maneras de ver la realidad.

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Dejemos de relegar el rol del hombre al trabajo y sostén económico, ellos son muchísimo más importantes. Son fundamentales en los lazos de amor que van construyendo con nuestros hijos. Hoy solo puedo agradecer: agradecer al papá que tengo y me enseñó tanto, agradecer al papá de mis niños que me sigue enseñando día a día, agradecer que somos dos en esta tarea de hacer familia y que nos equilibramos en nuestras miradas, formas, valores y maneras de hacer familia.

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El desafío está en dejar espacio para que cada uno, en su rol e individualidad, aporte desde ahí a nuestros hijos. Ninguno es más importante que otro, ninguno hace más que el otro. Somos distintos y en esa diversidad crecemos como personas y hacemos crecer a nuestros hijos en su mirada al mundo. Y a ti, ¿qué te enseño tu papá? ¿qué quieres que tus hijos aprendan de su papá?. Y tu papá, ¿Qué quieres dejar marcado a fuego en tus hijos?…..solo les digo: ¡que nada los detenga!.

¡Feliz día a todos los padres! (SOBRETODO AL MÍO)

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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SER PADRES: UN MUNDO DE DUDAS

¿A quién no le ha pasado tener un día difícil, un despertar duro, un nudo en la garganta? ¿dudas y preguntas sin respuesta?. Sin duda los malos momentos nos hacen cuestionarnos ¿Lo estoy haciendo bien?. Y cuando estas situaciones o peleas ocurren a nivel familiar nuestras dudas crecen: ¿soy realmente la mamá que quiero ser? ¿Soy un buen padre? ¿Qué pasa que a ratos sentimos que no merecemos que nuestros hijos nos traten mal?, ¿cuánto de lo que hacemos para ellos como papás está bien?, ¿no será mucho? ¿en qué cedemos y en qué no? ¿soy realmente la “peor mamá o papá del mundo”? o ¿es realmente una injusticia lo que a veces entre peleas y discusiones escuchamos como padres?.

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Probablemente muchos de estos cuestionamientos son sólo preguntas sin respuesta. Solo tengo la convicción de que cada uno en su rol de padre o madre, intenta hacerlo lo mejor posible. Intentamos escuchar a nuestros hijos, conectar con sus necesidades, equilibrar nuestros tiempos con los suyos, cuidarnos para poder cuidarlos mejor, intentamos, a ratos, gozar la parentalidad y su niñez, porque sabemos que se pasa rápido. Sé que la mayoría de las veces, nos proponemos ser la mejor versión de nosotros mismos para entregárselas como un valioso regalo a nuestros hijos, al mundo y a los que nos rodean. Pero, a veces, la vida en ciertas situaciones difíciles y peleas se torna injusta, unilateral o triste. Escuchar que “eres la peor mamá (o papá) del mundo” rompe el alma, sobretodo porque uno intenta ser “la o el mejor” dentro de las propias posibilidades.

A veces pensamos que somos muy duros, que los niños tienen que hacer lo que uno piensa, porque estamos convencidos que es lo mejor para ellos. ¿Cuánto realmente es lo que necesitamos escucharlos?. A ratos, al menos a mi, me baja esta duda, casi existencial, de si realmente lo que yo creo es definitivamente lo que ellos tienen que hacer ¿Por qué ellos no pueden tener razón? ¿Por qué yo creo tener la mirada correcta o la experiencia para no escucharlos?.

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Siempre suena más fácil decir: “las reglas se siguen y si no quieren tienes que contenerlos en su enojo”, es la receta de psicología que nos enseñan, que leemos, que sabemos…. pero es tan difícil ponerlo en marcha y lograrlo en situaciones de discusión, enojo y cansancio. Cuando el enfado de nuestros hijos nos traspasa a nosotros como padres, quedamos absolutamente desprovistos de herramientas para poder leerlos, saber qué es lo mejor para ellos, escucharlos, contenerlos y decidir en conjunto de una manera constructiva. Es tan difícil escuchar sus voces cuando uno como papá piensa que el camino correcto es el contrario a lo que ellos necesitan. Más difícil es aún, cuando la situación se torna tensa, comienzan los gritos y las descalificaciones. Ahí solo nos destruimos siendo incapaces de mirarnos en lo que todos necesitamos.

Este verano, por ejemplo, mis hijos se inscribieron a unas clases de fútbol, estábamos fuera de chile, por lo que optamos por inscribirlos solo a dos días para probar, porque como papás sabíamos que sería difícil y nuevo para ellos. Después de la primera clase llegaron felices, lo pasaron bien, les gustó el profe y en definitiva fue una experiencia de crecimiento para ellos. Sin embargo, al día siguiente ya no querían ir. La clase estaba pagada, y creíamos como papás, que debían terminar aquello en lo se habían comprometido y sabíamos que si iban sin duda llegarían contentos con la experiencia.

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¿El costo de que fueran? Una pelea enorme, escuchando frases como “son los peores papás del mundo“, “No entienden nada“, “Siempre nos obligan“, “No nos están escuchando” … rabia, rabia, rabia. En ese momento, es cuando empezamos a buscar como padres, la teoría o la guata o al menos tus valores familiares. Nosotros tenemos claro que no queremos crear una niñocracia, pero tampoco nos gusta la dictadura como papás. En algún minuto de la pelea, y después de un momento de calma, recuerdo haber logrado entrar en mi modo zen -que a ratos aparece- me senté al lado de ellos y les pregunté: Ya explíquenme, ¿qué pasa, por qué no quieren ir si ayer fueron felices?, ¿me cuesta entender?, y entonces solo escuché vaguedades, excusas, palabras como “lata”, “es que son malos” o “es que no conozco a nadie”. Con mi marido, seguíamos pensando que tenían que ir y entonces la respuesta en modo Zen fue “no nos parece, creemos que lo van a pasar bien, es sólo una clase más, ya se comprometieron, hay que terminar lo que uno empieza, etc., etc., etc….”. Y ellos con su misma rabia siguieron tirando frases para el bronce y ahí definitivamente nos ganó la rabia:”van y se acabó”. ¿Dictadura? ¿lo estaremos haciendo bien? ¿los escuchamos más? ¿pasamos por sobre lo que pensamos? ¿dónde está el límite de lograr leer y satisfacer sus necesidades, pero al mismo tiempo llevarlos a que hagan eso que nosotros como papás sabemos los hará crecer? El costo: una gran pelea, todos llorando, frustración por todas partes y finalmente quedándonos con la duda, ¿realmente está bien lo que estamos haciendo como papás?.

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¿Qué pasó finalmente? FUERON ¿cómo llegaron a la vuelta de sus clases? ¡¡Felices!!, contentos, llenos de experiencias nuevas. ¿Fuimos papas que leímos sus necesidades? Quizás no. ¿Valió la pena? Quizás sí. La parentalidad es un mundo de dudas, no hay recetas, no hay teorías, sólo está tu manera y esa tendrá que ser la mejor posible. Claramente la pelea no fue algo que buscamos, pero la realidad es que pasa y tuvimos que estar en ella para aprender algo nuevo.

Los aprendizajes fueron varios: hay valores familiares que no se transan, no siempre podemos satisfacer sus necesidades porque a veces la necesidad es solo evitar eso que les cuesta y eso los daña y, por supuesto, que nuestro mejor intento es también el de ellos. Todos necesitamos poner de nuestra parte para construir un acuerdo y NO destruir nuestros vínculos.

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Finalmente, todos nos pedimos perdón, nos abrazamos, y lloramos. ¿Será que de eso se trata ser y hacer familia? ¿por qué a ratos duele tanto? Me imagino que es porque en el dolor crecemos, nos acompañamos y aprendemos a ser empáticos. Porque en los momentos difíciles y reales se profundizan los lazos, porque después de las peleas aprendemos a reparar, querer y respetar. Hoy todos reparamos, y eso es algo que mis niños al menos aprenderán para la vida. Todos nos equivocamos y de eso aprendemos también.

¿Cuánto empujo a mis hijos a eso que creo que les hará bien? Sólo sé que tiene que ser negociable, acompañado, mirado y contenido desde lo que ellos necesitan también. Ese día todos podríamos haberlo hecho distinto, no les pregunté por ejemplo qué necesitaban de mi para ir a sus clases, quizás querían que los acompañara las dos horas de fútbol. Nos ganó la rabia y la frustración, sin embargo al menos nos sirvió como papás para cuestionarnos cómo todos lo haríamos distinto la siguiente vez, quizás nos equivoquemos de nuevo. ¡Y bueno de eso se trata la vida, la familia y el amor!

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Comportarse, simplemente, como un ser humano

Pocas veces las personas se paran a reflexionar sobre su verdadera naturaleza ni a hacerse preguntas sobre lo realmente importante en la vida. En general, esas preguntas solo aparecen ante crisis o reveses, ante los cuales seguir instalados en la rutina como si la existencia se redujera simplemente a eso, ya no resulta posible.

Quizás debiéramos aprovechar aprendizajes ajenos a través del ejemplo de otras personas, antes de vernos sumidos en una emergencia, y vernos forzados a sacar lecciones y tener que demostrar quiénes somos de verdad. A veces resulta más fácil comprender nuestras propias capacidades a través de la historia de otra persona, especialmente si la historia de esa persona es impactante. Un claro ejemplo de esto apareció hace un tiempo en un artículo del New York Times sobre cómo Alemania cambió el nombre de una base militar para honrar a un sargento de la Segunda Guerra Mundial. Este sargento en particular, Anton Schmid, era un electricista austríaco forzado a enrolarse en el ejército alemán durante la guerra, y fue enviado a Lituania. En el verano de 1941, los nazis lanzaron una campaña genocida de asesinatos en masa y deportaciones a campos de exterminio que, en tres años, asesinó sistemáticamente a unos 180.000 judíos, es decir, alrededor del 94% de los judíos que vivían en Lituania.

Schmid, siendo testigo de tan tremenda barbarie, decidió desobedecer a sus oficiales superiores y ayudó a más de 250 hombres, mujeres y niños a escapar, escondiéndolos y proporcionándoles documentos de identificación falsos. Terminaron por descubrirle, le arrestaron y fue ejecutado por los nazis debido a dichos actos.

Las acciones del sargento Schmid revelan el asombro y el dolor de lo que significa comprender la verdadera humanidad que yace en cada uno de nosotros. Mientras estaba en la cárcel esperando ser ejecutado, Schmid le escribió a su esposa el horror de ver a los niños golpeados mientras eran llevados a los guetos para ser fusilados: «Ya sabes, tengo un corazón blando. No podía pensar y tenía que ayudarlos». Estas palabras capturan el repentino florecimiento de una profunda madurez y altruismo, provocados por un reto al que ninguno de nosotros querríamos enfrentarnos jamás. En una de las muchas paradojas que tiene la vida, presenciar los actos de inhumanidad de los nazis fue la oportunidad que permitió que Schmid tuviera un comportamiento de una valentía y generosidad impresionantes.

Este impulso a la ayuda espontánea parece surgir de la esencia de la naturaleza humana. Sucede cada día entre familiares, amigos e incluso entre extraños. Pero la historia de Schmid se destaca porque muy pocos acudieron en ayuda de los judíos de Alemania en esos terribles años, y porque no solo conllevó su muerte, sino que también murió como traidor a los ojos de su gobierno y su país.

«Simplemente me comporté como un ser humano», escribió Schmid en su última carta a su esposa. Ojalá cada uno de nosotros podamos comportarnos con ese coraje, integridad y dignidad cuando nos enfrentemos a los desafíos que se encuentran en el camino de nuestra vida.

Roger Cohen, el periodista que escribió el artículo sobre Schmid, citó al ministro de defensa de Alemania en el discurso de dedicación de la base militar: «No somos libres de elegir nuestra historia, pero podemos elegir los ejemplos que tomamos de esa historia».

¿No se aplica esto igualmente a nuestra historia personal? No podemos elegir muchas cosas de nuestra historia personal: la genética, el azar, las circunstancias de nuestro entorno… Pero sí podemos elegir nuestras acciones, y esas determinarán en quiénes nos convertimos como seres humanos.

Para usar otro ejemplo de la Segunda Guerra Mundial, el psiquiatra Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido escribió: «Nosotros, los que vivimos en campos de concentración, podemos recordar a los hombres que caminaron a través de las chozas para consolar a los demás, regalando su último pedazo de pan. Pueden haber sido pocos en número, pero ofrecen pruebas suficientes de que todo puede ser quitado a un hombre, salvo solo una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir tu actitud y tu comportamiento ante cualquier circunstancia». En estos tiempos revueltos donde las personas se dejan arrastrar como si no tuvieran voluntad, estas palabras pueden ser de un valor incalculable.

Autora: Mónica Esgueva

Fuente: El Huffington Post

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SER PADRES INSPIRADORES

Cuando pienso en nosotros como padres, tengo la convicción que debemos ser modelo para nuestros hijos. Sin embargo, por momentos siento que me quedo corta en esa definición, porque me encantaría llegar a  ser una figura de inspiración para ellos. ¿Cómo logro ser modelo?, ¿cómo llegar a inspirarlos? La respuesta es sencilla, pero quizás mucho más profunda de lo que pensamos e imaginamos. Está claro que debemos comportarnos según lo que queremos que nuestros hijos aprendan. No vale solo el discurso, ya que éste no tiene consistencia por sí solo. Si nuestros niños escuchan una cosa, pero ven otra, obviamente no habrá claridad en lo que queremos trasmitir. Si creemos en valores profundos y queremos que estos sean parte de nuestra construcción familiar, debemos actuar de acuerdo a ellos.

¿Qué valores quiero enraizar en mis hijos?, ¿cuáles son aquellos conceptos profundos que serán la guía para cuando naufraguen por lo incierto?.  En realidad, ¿alguna vez nos hemos realizado esa pregunta o sólo vamos haciendo camino al andar…?

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Desde mi experiencia como madre, y también desde la familia que hemos querido formar con mi marido, ha sido un lindo desafío ir encontrando qué es lo que queremos entregarle a nuestros hijos. ¿En qué queremos apoyarnos? ¿qué valores sentimos que son fundamentales en este mundo? ¿qué buscamos que nos defina como familia y a ellos?. Uno como padre quiere entregarle a sus hijos infinitos valores, porque finalmente queremos que sean personas buenas y felices, pero la duda que permanece con esas buenas intenciones, es que si podremos entregarles todos esos valores, o más bien debemos elegir tres o cuatro fundamentales que serán los que nos definan como familia.

Nosotros hemos ido decidiendo y finalmente acordamos que serían cuatro los valores que definirán el camino de nuestros hijos en su futuro: respeto incondicional al otro ser humano, la humildad, la honestidad y el disfrute. Creemos que estos valores nos definen como pareja y personas, además de nacer de la historia familiar que cada uno trae en su mochila. En este camino, cada uno ha ido poniendo en la mesa respetuosamente todo eso que soñamos para ellos y hemos logrado una buena mezcla de nuestros sueños. Así de esta forma hemos comenzado a construir familia, además de ir consolidando dos conceptos que ya mencioné antes, como son: modelar e inspirar a nuestros hijos.

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Ahora nuestra tarea será transmitir estos valores que hemos elegido. ¿Qué debemos hacer en el día a día para lograrlo? Les quiero contar como nosotros vamos intentando vivir cada uno de estos valores. Por ejemplo, si para nosotros el respeto por el otro es fundamental, debería ser una persona que logre conectar con mis hijos, dejar las distracciones cuando me habla, no gritarles ni tratarlos con palabras destructivas, respetar sus intereses y sus gustos, y aceptar sus diferencias. Si quiero que sean honestos ante todo, debo ser un padre que no se excusa con mentiras, que no esconde lo que siente, que pide perdón cuando se equivoca. Si busco la humildad y sencillez, deberé vivirla en el día a día, poniendo el valor en los momentos y recuerdos, dando importancia a crear instancias de conexión familiar y generando ritos de amor, más que poniendo el ojo en lo material o lo accesorio. Por último, si queremos que el disfrute sea un valor importante, debemos dar espacio al humor, a las risas, poner el ojo en el proceso y no en las metas, mostrar el goce en las cosas sencillas de la vida y en eso que amamos hacer.

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¿Cuáles son sus valores como padres? Respeto, humildad, perseverancia, compromiso, responsabilidad, espiritualidad, empatía, solidaridad, honestidad, optimismo, gratitud, voluntad o paciencia. ¿Qué quieren grabar a fuego en sus hijos? ¿Lo han conversado entre ustedes? Todo está en darse el tiempo de descubrirlo, para luego ser coherentes y consistentes en aquello que queremos modelar. Y, lo más importante, no solo será reconocerlos, sino el decidir cómo queremos trasmitirlos. No sirve solo hablar de ellos, serán palabras vacías. Tenemos que ser modelo, pero más que nada, padres inspiradores.

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¿Inspirar? ¿no serán demasiadas las expectativas?… la verdad es que no!. Debemos convencernos que podemos ser figuras inspiradoras. ¿Cómo? es simple pensemos si  alguna vez un profesor, tío, amigo o abuelo nos inspiró en la transmisión de sus valores. La respuesta probablemente será sí. Todos hemos tenido a esa persona única y especial, que dejó grabado en nuestros corazones sus enseñanzas. Seguramente si nos ponemos a pensar en cómo fueron trasmitidos, lo más probable es que esas enseñanzas estén cargadas de actos y comportamientos significativos, conexión infinita de amor con esa persona, cariño incondicional y escucha activa hacia nosotros. En esa persona seguramente nos encontramos con esa luz, que siempre deseamos poder trasmitir en un futuro a nuestras personas significativas.

El desafío de ser inspiradores, sin duda, es grande. Sin embargo, pienso que si nos conectamos con entregarles valores importantes a nuestros hijos y logramos transmitirlos a través de actos, proyectando la enorme felicidad que implica hacer lo que te hace sentido, ellos pasarán a hacerlos suyos. En un ambiente de amor incondicional, escucha activa y conexión con nuestros hijos, estos valores serán siempre bienvenidos y llegarán a definirlos como adultos. ¿Un lindo desafío no creen?… comencemos a hablar de lo queremos construir y luego desde ahí, vamos inspirando en el camino.

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Consejos para detectar a tiempo el maltrato psicológico en la pareja. ¡No permitas que te pase a ti!

El problema del maltrato psicológico radica en cuando se desestima su dimensión y pasa a verse de forma corriente en las parejas. Es menester reconocer que es una forma de violencia y por más insignificante que sea el acto, genera problemas en el afectado. Comenzar por entender que existe un límite entre la franqueza y la ofensa será determinante para dar un curso a la relación. Aunque tanto victimario o victimaria, así como la víctima, quieran pasar por desapercibidos los actos, las consecuencias siempre serán perjudiciales.

La progresión del maltrato psicológico puede desencadenar en depresión e incluso la muerte del afectado. Pero, para prevenir estas situaciones decidimos traer para ustedes un artículo que les permitirá tomar medidas sobre el asunto. Por supuesto, identificar claramente si estás siendo víctima de este tipo de violencia y a qué solución puedes llegar. Además, estas letras son aliciente para sobrepasar para que te armes de valor y salgas a flote positivamente de aquello que no mereces vivir.

Dar alerta a tiempo

En primer lugar, busca ayuda inmediatamente si la comunicación verbal ha pasado a ser violencia física. No existe ningún motivo para que atenten contra tu cuerpo como consecuencia de determinados actos. Si los golpes, empujones, puños, etc., han hecho parte de los reclamos, es necesario que abandones cuanto antes la relación. De lo contrario, alguna acción inesperada por parte de cualquiera de los dos puede poner en peligro la integridad e, incluso, la vida. Por lo tanto, comunícalo a tu familia y amigos cercanos, e inmediatamente toma medidas sobre abandonar esta relación.

Tu aporte no es tan importante

Cuando se está restando valor a tu aporte económico, lo cual podría estar afectando la relación para ambos. Este es un factor determinante, ya que el estatus económico puede determinar patrones de comportamiento decisivos. En muchos casos, subestimar el desempeño laboral y desestimar las ganancias económicas, derivan en violencia psicológica. Si tu trabajo es infravalorado, además de que esto esté afectado tu desempeño laboral, busca ayuda. Toma medidas sobre el futuro de la relación y decide entre tu bienestar laboral y económico, y el sentimental

Te faltan libertades

Si tus horarios se están viendo controlados, manteniendo una predisposición del tiempo que tardas en determinada acción, presta atención. Puede que tu pareja esté controlando tu horario laboral, a qué hora sales y a qué hora entras, por qué el motivo de llegada a determinada hora y demás. Si esto pasa, tu libertad se está viendo afectada y puede desencadenar en comportamientos que te retraigan. Si esto sucede, toma cartas sobre el asunto y define cómo replantear la situación para el beneficio de ambos.

Te falta al respeto ante los demás

Cuando te hace quedar mal en público y terminas por ser víctima no solo de tu pareja, sino de quienes están percibiendo y apoyando el acto. Esto sucede constantemente entre reuniones de amigos y, en caso más difíciles, en reuniones familiares. Poco a poco, pasarás de ser la pareja de tu novio o novia, a ser reconocido o reconocida como personaje vulnerable ante los comentarios. Esto, debido a que los presentes apoyarán y continuarán faltándote el respeto cuando se den los momentos apropiados. Aprovecha si esto es desestimado por parte de alguno de ellos, denuncia ante los demás y contempla a estas personas a tu favor para desarrollar positivamente el caso.

Abusa de tu ayuda

Atiende a cuando has pasado de ser su pareja a ser su sirviente y te esté usando para el beneficio de sus necesidades. Esto ocurre cuando las labores en el hogar, las tareas personales o las obligaciones laborales han pasado a ser únicamente realizadas por ti. Encuentra el límite entre ser una persona ayudadora, a satisfacer las necesidades que son exclusivamente de tu pareja. Al menos, que las acciones sean compartidas o haya un trabajo equitativo demostrará que vale la pena darle su espacio y qué él o ella puedan actuar por sí mismos.

Extraido de: Editorial Phronesis

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