La importancia del pH

El pH es un parámetro que se encuentra presente en todos los ecosistemas de nuestro mundo, de una manera u otra. Al igual que sucede con la temperatura, los seres vivos se adaptan a un determinado grado de pH, y desarrollan su actividad vital condicionados a un mantenimiento de ese nivel de pH establecido.

Mientras ese pH se mantiene dentro de unos límites adecuados, la vida sigue su curso de manera normal. Cuando el pH varía fuera de esos límites, se produce un desequilibrio, causando problemas para el normal desarrollo de la actividad y llegando a poner en peligro la vida en ese ecosistema.

Para hacer un paralelismo del factor pH con el factor temperatura, si tomamos el ejemplo del oso polar, éste está perfectamente adaptado a vivir en climas muy fríos, su metabolismo y su piel hacen que vivir a una temperatura de -30 ºC no sea ningún inconveniente, pero sin embargo es incapaz de vivir mucho tiempo en un clima caluroso. Aunque el valor pH es mucho más desconocido que el valor temperatura, también condiciona el tipo y condiciones de vida de nuestro entorno.

 

Las letras pH son una mera abreviación de “pondus hydrogenii“, traducido del latín como potencial de hidrógeno. (Sorensen 1909). Puede decirse en términos muy básicos, que las sustancias capaces de liberar iones hidrógeno (H+) son ácidas y las capaces de ceder grupos hidróxilo (OH-) son básicas o alcalinas.

El pH en el mundo vegetal.

Podemos observar, cuando subimos una montaña, como la vegetación va cambiando a medida que ganamos altura sobre el nivel del mar y varía la temperatura. De la misma manera el pH es considerado como una de las principales variables en los suelos, ya que controla muchos procesos químicos que tienen lugar en éstos. Afecta específicamente la disponibilidad de los nutrientes de las plantas.

El servicio de Conservación de Recursos Naturales  de  EEUU clasifica los rangos de pH del suelo en:

Denominación           Rango de pH

Ultra ácido            < 3.5

Ácido extremo        3.5–4.4

Ácido muy fuerte        4.5–5.0

Ácido fuerte            5.1–5.5

Moderadamente ácido    5.6–6.0

Ligeramente ácido        6.1–6.5

Neutro                6.6–7.3

Ligeramente alcalino        7.4–7.8

Moderadamente alcalino    7.9–8.4

Alcalino fuerte        8.5–9.0

Alcalino muy fuerte        > 9.0

Los suelos que están cercanos al pH neutro (7) ofrecen los beneficios de tener en general la mayor disponibilidad de nutrientes.

Los organismos que habitan en el suelo son importantes para la degradación de los materiales orgánicos que servirán posteriormente como abono. Estos organismos trabajan mejor en un pH por encima de 6,0. Las lombrices de tierra prefieren el pH por encima de 6,5. Un pH por debajo de 6,0 disminuye la fijación de nitrógeno, haciendo más lenta la descomposición de la materia vegetal.

Ríos y lagos

El agua de los lagos, lagunas y ríos sanos tiene un pH entre 7 y 8.

La mayoría de los peces tolera el agua con pH entre 6 y 9. Los peces generalmente mueren en pH más bajos y más altos.

Los sapos y otros anfibios son más sensibles al pH que muchos peces. Es por ello que el estudio de anfibios se utiliza como parámetro básico en el estudio de la calidad medioambiental del agua de ríos y lagos.

La lluvia ácida ayuda a acidificar el pH del agua dulce de lagos y ríos.

Mares y océanos

Los océanos regulan el clima, ayudando a producir la lluvia necesaria para que haya agua en los ríos. La vida en la Tierra simplemente no existiría sin los océanos. Más de la mitad del oxígeno que respiramos es producido por el fitoplancton del océano. Los “bosques azules”: praderas marinas, humedales y manglares, absorben más CO2 que los bosques en la Tierra. Estos bosques azules son vitales para el clima en el planeta.

El mar es un medio ligeramente alcalino. El pH del agua oceánica está entre 7.5 y 8.4.

 

¿Qué pasa con nuestro organismo?

Nuestra sangre es ligeramente alcalina, su pH fluctúa entre 7.35 a 7.45. En cambio nuestro estómago es ácido, 1.5 a 3.5. Lo cual es necesario para que pueda realizar bien la digestión y destruir cualquier germen que entre con los alimentos.

Los órganos encargados de mantener el pH correcto en nuestro organismo son los pulmones y los riñones.

1-Pulmones: Controlan el equilibrio del pH liberando dióxido de carbono que es el desecho producido por nuestras células. Las células lo liberan en la sangre y de ahí pasa a los pulmones.

Cuando exhalas estás liberando el dióxido de carbono que acidifica tu cuerpo. En este proceso los pulmones ayudan a reducir la acidez.

2-Riñones: Liberan el ácido a través de la orina o excretando los desechos a la sangre. Su sistema es más lento que el de los pulmones pero no menos importante.

 

Enfermedades producidas por la acidocis:

-Piedras en los riñones

-Fallo renal

-Problemas en los huesos

-Crecimiento lento

-Diabetes

-Resistencia a la insulina

-Pérdida de apetito

-Diarrea

-Dolores de cabeza

Fatiga y cansancio

-Nauseas y vómitos

Ansiedad

-Dificultades respiratorias

-Taquicardias

-Etc..

Estudios recientes han confirmado la relación entre la acidosis y el cáncer. Los altos niveles de acidosis en el cuerpo provocados por el alto consumo en carnes rojas, (proteína animal) y el consumo excesivo de sal pueden llegar a provocar cáncer.

Se hace entonces necesario un equilibrio del pH en nuestro organismo. La dieta variada, o mediterránea puede ayudarte en conseguir balancear tu pH. Consumir verduras, frutas, aceite de oliva, legumbres en más cantidad que la carne roja es clave para tener una dieta equilibrada y alejar las enfermedades de nuestra vida.

 

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Tips para superar la hipocondría

La salud es una de las preocupaciones más importantes en el ser humano. Tal es así que causa ansiedad en muchas personas sólo el hecho de pensar que no tienen una buena salud.  La hipocondría afecta a un 6% de la población mundial y se estima que cuesta millones de dólares de gasto innecesario en la sanidad.

¿Qué es la hipocondria?

Básicamente es la preocupación excesiva o el miedo a padecer alguna enfermedad grave. Siempre desde la perspectiva o análisis personal de la persona que lo sufre que se somete a un análisis  minucioso de sus síntomas creyendo que éstos son sin duda la manifestación de una grave enfermedad. Muchas veces un simple mareo o dolor de cabeza puede desencadenar una ansiedad excesiva sobre el individuo llevándole a pensar en lo peor. Incluso si el médico, después de haberle hecho pruebas certifica que está sano, la persona puede seguir insistiendo en sus síntomas y llegar a crear alteraciones reales en su cuerpo lo que se llama fenómeno psicosomático, producto de su estado psíquico y emocional.

En realidad la persona hipocondríaca sufre. Su estado emocional es negativo y le lleva a centrar su atención en alguna parte del cuerpo donde cree que tiene su enfermedad, creándole ansiedad  e incluso fobia. Cuando entra en pánico tiene palpitaciones, sudoraciones e incluso dolor en la parte del cuerpo que le preocupa.

Es evidente que este trastorno impide que lleves una vida laboral, familiar y social con normalidad, por lo que es importante tenerlo bajo control. A todos nos preocupa nuestra salud, pero obsesionarnos o temer a la enfermedad no nos hará más sanos. Por eso aquí os compartimos unos tips para que puedas eliminar tu ansiedad y llegar a superar la hipocondría.

 

Tips para superar la Hipocondría:

1-Limita tu búsqueda en internet

Cada vez que sientas un síntoma diferente y te lleve a la búsqueda en internet te creas más ansiedad. En la red hay mucha información y mucha de ella no es auténtica ni está comprobada. Un simple dolor de cabeza puede tener miles de interpretaciones. Sé positivo y espera siempre un diagnóstico médico que es lo más fiable en cualquier caso.

2-Mantén tu mente ocupada

Si te mantienes ocupada podrás evitar caer en el bucle de pensamientos negativos que no te benefician. En cambio puedes dedicar el tiempo a realizar lo que más te gusta: leer, ir al cine, incluso quedar con amigos es una buena terapia para desestresarte y alejar la temida ansiedad.

3-Descansa lo suficiente

Un buen descanso te ayudará a despejar la mente y a reducir la ansiedad.

4-Ejercita tu cuerpo

El ejercicio también te ayudará a mantenerte ocupada y a relajarte. Piensa que con ello estás realmente contribuyendo a tener un buen estado de salud. Puedes realizar paseos, montar en bici, andar, etc..

5-Lleva una dieta balanceada

No te saltes ninguna comida. Incluye en tu dieta frutas, verduras, plátanos, frutos secos, cereales, proteínas saludables. Bebe mucha agua y evita el alcohol, la cafeína o cualquier bebida excitante.

6-Pide ayuda

Si ves que te sientes abrumado por tus síntomas, visita a un médico para que realice un diagnóstico claro y te puedas quedar más tranquila. Es posible que todo lo que sientes sea porque sufres de depresión y conviene tenerla bajo control.

Incluso un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a superar tus miedos si ves que no puedes salir por ti misma.

 

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Si no expresas te enfermas

En este mundo hay muchos tipos de personas: extrovertidas, introvertidas, sensibles, habladoras…cada una tiene un tipo de personalidad y manera de ser, que nos convierte en únicos, pero todos tenemos algo en común, la necesidad de expresarnos.

Somos humanos y somos seres sociales, seres que necesitan a los demás para comunicarse y expresar sus sentimientos. Para muchas personas expresar la verdad y los sentimientos no es fácil, abrirse y volverse frágil puede ser complicado pero… es necesario.

Cuando no expresamos lo que sentimos y lo guardamos para nosotros el dolor nos va pudriendo el alma y se manifiesta en nuestro cuerpo terrenal. Nuestro cuerpo se expresa cuando no sabemos comunicarnos.

Habitualmente, esta incapacidad tiene su origen en un sistema de comunicación familiar inexistente o deficitario. Muchas de las enfermedades nos dan una pista sobre las necesidades no cubiertas en la infancia como el cariño o la empatía.

Somatizar significa transformar un dolor emocional en otro físico, quizás por la incapacidad de expresarse. Una incapacidad que se debe entender y tratar como el origen de un problema que cumple una función: comunicar con el cuerpo lo que nuestra mente quiere expresar y nuestra voz no es capaz de reproducir.

En la depresión por ejemplo, es normal un cambio en el patrón de sueño habitual, tener menos hambre y menos ganas de hacer cosas se está somatizando la tristeza.

 

Deja de ser fuerte siempre, sé tu mismo 

 

Cuando no nos comunicamos, implícitamente asumimos que no seremos escuchados, que no contamos con las estrategias sociales para hacernos entender o que directamente seremos rechazados.

De repente, un día nos sentimos paralizados. Nos preguntamos de dónde surge tanto dolor y porque mi cuerpo no da motivos claros que lo expliquen. Los motivos están en la mente, pero están anestesiados.

El inconsciente no diferencia entre una imagen exterior o interior. Esto nos lleva de manera inevitable a protegernos continuamente. Como nos da miedo a sufrir, cuando nos sentimos amenazados ponemos en marcha mecanismos de protección.

 

Señales de nuestro cuerpo ante las emociones: 

 

Caída del pelo

• Representa el nexo entre lo físico y lo espiritual

• Una persona pierde su cabello cuando vive una pérdida o tiene miedo de perder algo o a alguien.

• Se identifica demasiado con aquello que corre el riesgo de perder o con lo que perdió, y experimenta un sentimiento de impotencia.

• Es una persona que se preocupa demasiado por el aspecto material de su vida y tiene miedo de la opinión de los demás.

 

Caries 

 

• Es la manifestación de un dolor interior extremo.

• No consigo expresar este mal que me corroe y la inflamación hace su aparición.

• La caries se refiere al aspecto “mental”. ¿Es odio o rencor frente a alguien?

 

Apnea del sueño 

 

• Si ronco, debo preguntarme: ¿Me agarro yo a mis viejas ideas, actitudes, bienes materiales? ¿Me obstino a mantenerme en una situación o en alguna situación que no me es beneficiosa?

• Busco acercarme a alguien

• Debo aprender a soltar y dejar sitio a lo nuevo.

 

Dolor de rodillas 

 

• Debo interrogarme para saber si soy testarudo, rígido, orgulloso.

• ¿Vivo quizás un conflicto con la autoridad (mi jefe, mis padres, etc.)? ¿Tengo miedo de tomar cierta acción para ir hacia delante? ¿Tengo yo la sensación de que debo “doblar” en cierta situación o deba “doblarme” delante de alguien o algo?

• Si tengo fluidos al nivel de las rodillas (me inhibo emocionalmente contra el flujo natural de los acontecimientos (resistencia al movimiento)

 

Ansiedad

 

• Tiene como efecto en la persona que la sufre el bloqueo de la capacidad de vivir el momento presente.

• Se preocupa sin cesar. Habla mucho de su pasado, de lo que aprendió, vivió, o de lo que le sucedió a otro.

• Esta persona tiene una imaginación fértil y pasa mucho tiempo imaginando cosas que ni siquiera es probable que ocurran.

• Se mantiene al acecho de señales que prueben que tiene razón para preocuparse.

 

Tu puedes transformar tu futuro

 

Enfermarse, sentirse desgraciado o encontrarse en una situación desagradable no es una cuestión de mala suerte ni una casualidad o un castigo divino; no es más que el resultado de sintonizarnos con determinada frecuencia. Solo hay que cambiar de frecuencia negativa a una positiva para que el malestar, el dolor o la enfermedad desaparezcan, para transformar una situación difícil o para mejorar nuestra relación con los demás.

En cada momento creamos nuestra realidad mediante los pensamientos que sintonizamos, las palabras que pronunciamos y las elecciones que hacemos. Cuanto más ampliamos el campo de nuestra conciencia, más podemos intervenir para transformar favorablemente nuestro mundo y mejor podemos gobernar nuestra vida.

Cuando se quiere huir de una situación que conlleva a una importante lección para nuestra evolución, la enfermedad puede obligarnos a afrontarla. Podemos tratar de huir de nosotros mismos anestesiándonos o angustiándonos. Pero huir no es la solución porque aquello que nos da miedo y de lo que queremos escapar nos persigue constantemente.

Hay que dejar sentir las emociones y expresar lo que sientes. Hay que intentar encontrar la emoción o sentimiento en la cual nos hemos quedado atascados: duda, abandono… Reconocer que somos los creadores de lo que vivimos. Esto supone aceptar que nuestros pensamientos han dado lugar a las situaciones que hemos encontrado en nuestra vida ¡Ábrete a ser quien eres, verás el cambio!

 

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Cómo tus pensamientos y emociones afectan a tu salud

Tenemos más de 60.000 pensamientos cada día: pensamos en el trabajo, en la familia, en nuestras tareas… miles de pensamientos que pueden ser positivos o negativos, de nosotros depende como queramos enfocar la vida.

Lo que nos sucede en la vida es un reflejo de lo que pensamos, si queremos tener una vida maravillosa donde nos sintamos felices, tenemos que agradecer y ser positivos todos los días. Los humanos tenemos el maravilloso poder de decidir cómo queremos vivir, si queremos una vida llena de felicidad o una vida donde el miedo y las enfermedades reinen nuestro cuerpo.

Cuando nos enfermamos o nos sentimos sin fuerzas son señales de nuestro cuerpo que nos avisa de algo negativo. Muchas veces estas señales negativas tienen que ver con nuestro mundo emocional.

 

El poder de la mente

 

Cada pensamiento que pasa por nuestra cabeza influye en nuestra vida y cuerpo, en nuestra realidad. Por eso tenemos que aprender a calmarnos y a pensar de manera positiva ¿Nunca te ha pasado que has pensado mucho en un problema, lo has imaginado como lo peor de tu vida y luego no era para tanto? Cuando sufrimos ansiedad o estrés magnificamos nuestros pensamientos y el miedo se apodera de nosotros.

Los pensamientos que más nos influyen son aquellos a los que prestamos más atención y alimentamos con nuestras reacciones.

Si los pensamientos afectan nuestra realidad y cuerpo, entonces pensar en positivo podría ayudar a solucionar los problemas. Para cambiar esos pensamientos e interpretar de manera diferente lo que vivimos tenemos que parar y conectarnos con nuestro ser interior, con nuestras emociones.

Hay miles de posibilidades para aprender a cambiar tu pensamiento y ser más feliz, una de ellas es la BioEmoción, un método holístico nos enseña a pensar de manera positiva, a aprender cómo se desarrollan las enfermedades y a recuperar el equilibrio y bienestar.

 

Los pensamientos y las enfermedades 

 

Una enfermedad puede reflejar que nuestra mente está haciendo algo que no queremos. Para cambiar esto, habría que observar con qué tipo de programaciones trabaja nuestra mente y de qué manera las hemos adquirido y la estamos ejecutando mediante conductas.

Algunas dolencias o enfermedades tienen que ver con cierto grado de infelicidad o  insatisfacción. Todo ello, resultado del apego, el exceso de control, la ira negada o no entendida, etc. Se dice que en el fondo toda enfermedad es algo que ocultamos. El cuerpo es el reflejo más inmediato de la forma en cómo pensamos y sentimos la vida.

 

Transforma tus pensamientos

 

Louise Hay ayudó a miles de personas con sus libros y conferencias sobre gestión emocional, sus afirmaciones positivas ayudaron a cambiar los pensamientos de las personas y ser mucho más felices.

Las afirmaciones positivas ayudan a mejorar la calidad de vida, tan solo tienes que identificarlas y transformar todos los pensamientos negativos en acciones y palabras positivas e interiorizarlas ¡Pruébalo al menos durante 40 días, verás la diferencia en tu forma de vivir!

Todo en esta vida pasa por algo, si estás pasando por un momento difícil la vida te está poniendo a prueba para que te superes y crezcas como ser humano. Tienes que confiar en ti, amarte, tener más paciencia contigo mismo y creer que el universo te ha puesto todo a tu alcance para que seas feliz.

 

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La importancia de las organizaciones comunitarias

Durante la pandemia, en uno de los grupos de whatsapp en los que estoy, una mañana apareció una ex colega pidiendo ayuda: Luis, el marido de la trabajadora doméstica de su casa tenía COVID, le habían indicado aislarse, por lo tanto estaba solo es su casa ubicada en un cité del barrio Franklyn. Sintiéndose mal y muy débil, de modo que no le daban las fuerzas para preparase comida. Habían intentado enviarle delivery, o un Uber, de forma de hacerle llegar comida todos los días, pero esos servicios no llegaban a ese sector. Ellos son venezolanos, por lo tanto tampoco tienen familiares o personas en quien apoyarse en Chile.

Parecía bastante poco eficiente enviarle comida desde el otro lado de Santiago, y me parecía nefasta la idea de que una persona enferma estuviese abandonada a su suerte. Sin saber mucho empecé a preguntar en las redes de fundaciones y corporaciones a través de los distintos chat, y algunas mencionaron que había ollas comunes organizadas por los mismos vecinos y que salían a repartir en bicicleta a quienes no podían retirar la comida. Al poco rato de preguntar tenía el contacto directo de Natalia, una dirigenta comunitaria del sector de Plaza Bogotá, y también el Facebook de la junta de vecinos, donde aparecía el contacto de su presidente Rodrigo. Hablé con ellos y me ofrecieron ayuda. A las 14 horas, Luis ya había recibido dos colaciones y una caja de productos de primera necesidad que le llevó la “Pollo”, líder de otra organización. Habíamos también organizado un calendario para que tuviera alimentación todos los días de la semana. Yo no conocía a ninguno de ellos.. pero ellos estuvieron dispuestos a ayudar.

No escribo esto para decir que el chileno es solidario. Lo cuento porque estoy convencida que vale la pena relevar el rol del vecindario. Vivimos encerrados, no conocemos al del lado, no existe vida de barrio. Esto es transversal a todos los sectores, pero se torna aún peor si vives en un lugar donde hay droga y vives con temor a salir, entonces no puedes generar redes. Pero en las crisis nos damos cuenta que el contar con apoyo en los territorios puede llegar a ser de vida o muerte, es una cuestión se subsistencia. ¿Cuántos de nosotros nos hemos parado a conversar con el de la casa de más allá? ¿Cuántos sabemos si hay un adulto mayor viviendo solo? ¿Cuántos tenemos el teléfono del vecino?

 

Hay mucho trabajo por hacer, y apoyar a las organizaciones de las comunidades y sus líderes es parte de ese trabajo. Ellos son quienes pueden llegar a conocer a las personas que viven en los territorios, identificar al que está solo, al que no tiene trabajo, al que sufre alguna enfermedad. Sin generar una estrecha colaboración con ellos no será posible avanzar para solucionar ésta y muchas crisis más. Aplaudo y me sorprendo una vez más por lo que están haciendo las distintas organizaciones en las comunidades, hoy puedo dar fe que son necesarias, ¡fundamentales! Por eso hay que cuidarlas y fortalecerlas, porque el tener una red de buenos vecinos puede cambiar la vida de muchos.

Foto portada de Andrea Piacquadio en Pexels

 

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QUÉ HACER CUANDO NO PUEDES LLEVAR A CABO TU PASIÓN O VOCACIÓN POR ENFERMEDAD.

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Nuevo tópico: el coronavirus nos ha recordado nuestra vulnerabilidad

En estos días de confinamiento nos están martilleando con una misma idea en la conversación pública, una apreciación tan falaz que provoca estupor que no haya sido cuestionada o incluso caricaturizada, puesto que habla muy mal de nuestra condición de animales racionales. También confirma cómo los lugares comunes a pesar de su absurdidad cohabitan a sus anchas en nuestros imaginarios. La idea que se ha instalado cómoda y acríticamente en las ágoras mediáticas y en el folclore del hablar cotidiano es que el coronavirus nos ha hecho tomar conciencia de que somos seres vulnerables e interdependientes. Siento disentir. En mi caso, pero asimismo en el de muchas personas a las que conozco muy bien, llevamos muchos años siendo muy conscientes de que somos seres muy vulnerables e interdependientes, exactamente igual que todos los demás. En mis cursos y conferencias es una idea que zigzaguea por todos lados al margen de cuál sea el contenido específico del que vaya hablar. En mis artículos ocurre lo mismo. Mi primer ensayo lo bauticé como La capital del mundo es nosotros, y foma parte de una trilogía cuyo título patentiza cómo la vulnerabilidad y la interdependencia son dos de los yacimientos filosóficos en los que más veces irrumpo para entender algo la vida y entenderme un poco a mí: Existencias al unísono. Soy tan consciente de la vulnerabilidad que para no destrivializarla suelo repetir que no hay nada más excitante que la tranquilidad. La tranquilidad es el momento en el que la vulnerabilidad se remansa y relaja su incordio. Relajarlo no significa que desaparezca. La vulnerabilidad no desaparece jamás porque es una condición constituyente de la vida humana.

En una entrevista realizada hace unos días en La Marea le preguntaban algo parecido a la filósofa y activista Marina Garcés. «¿La alerta sanitaria no ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad humana?». «Me sorprende que haya tanta gente repitiendo esta frase, desde filósofos hasta Antonio Banderas. Me pregunto qué vidas tenían y qué realidades conocen quienes lo afirman. ¿No tienen personas mayores dependientes en sus familias? ¿No conviven con personas discapacitadas o con trastornos mentales? ¿No conocen la realidad altamente vulnerable de muchos barrios y territorios de nuestras ciudades? ¿No sufren el impacto de los cánceres y otras patologías debidos a factores ambientales y sociales? La vulnerabilidad y la interdependencia ya estaban, cada día, como realidad cotidiana para la mayoría. ¿Qué nos impedía verlas y pensarnos desde ellas?», es la contestación de la siempre lúcida Marina Garcés. Vulnerabilidad es la cualidad de vulnerable, y vulnerable significa que uno puede ser herido o lesionado tanto física como moralmente.  La vulnerabilidad es muy palmaria en los primeros y en los últimos tramos de la vida, en la desprotegida infancia y en el desvalimiento de la senectud, pero en el vasto tracto de tiempo que transita de la cuna a la tumba afloran múltiples episodios en la biografía de las personas para advertir nuestra condición de sujetos que podemos ser heridos, lesionados, magullados, desamparados, afectados, traumatizados, o directamente finiquitados.

Basta con padecer una enfermedad, la avería de alguna parte del cuerpo, la propia e imparable decrepitud de la carne, o sufrir un capítulo que malogre nuestras expectativas y las convierta en desmerecidas para nuestros planes, para sentir muy vívidamente cómo la vulnerabilidad se apropia de nosotros como praxis humana y nos asedia con un despotismo que desoye nuestras súplicas, se burla de nuestra autoridad y a veces incluso nos puede causar tanto daño que nos provoque la inapetencia de vivir. La vida humana es vida compartida porque muy pronto nuestros ancestros advirtieron que los hitos en los que se presenta descarnadamente la vulnerabilidad se combaten mejor con recursos cooperativos. Precisamente la cooperación entre actores para construir tejido conjuntivo delata una de las paradojas más increíbles y más fabulosas de la agenda humana. Gracias a que somos seres interdependientes podemos aspirar a ser seres autónomos. La interdependencia nos ayuda a la satisfacción de las necesidades, y precisamente poder satisfacerlas abre paso al territorio de los fines, aquello que uno elige y articula para orientar y brindar de sentido su propia existencia. Solo podemos acceder al reino de la libertad si tenemos colmado el de la necesidad. En este tránsito siempre provisorio la interdependencia es medular como estrategia de maximización para contrarrestar nuestra vulnerabilidad. Para verlo se necesita visión de conjunto. Esa visión inalcanzable para la miopía individidualista y los credos que la profesan.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Imagen portada : Obra de Carmen Pinart

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Cómo evitar las enfermedades crónicas y autoinmunes

Las enfermedades crónicas y autoinmunes van en aumento año tras año. Miles de personas son diagnosticadas y tratadas de  por vida pero aún son más las que no lo son.

En consulta los médicos se encuentran cada día con personas que padecen múltiples  síntomas, muchos de ellos sin una explicación clara. Hay varios factores que contribuyen al desarrollo de las enfermedades crónicas. Entre ellos tenemos el sobrepeso, la mala alimentación, malos hábitos (fumar, consumir alcohol, drogas, etc..), la polución, abuso de medicamentos como los antibióticos, el estrés..

Los malos hábitos acumulan toxinas en nuestro organismo, y el hígado que es el encargado de limpiar todos los compuestos tóxicos, se colapsa. Es entonces cuando éstas toxinas pasan al torrente sanguíneo dando paso a la inflamación crónica y luego a enfermedades crónicas y autoinmunes.

 

¿Qué es una enfermedad crónica?

Es aquella que dura más de 6 meses, que no tiene cura y que suele empeorar o traer complicaciones con el tiempo.

 

Enfermedades crónicas más comunes:

1-Cardiopatías

2-Hipertensión

3-Lumbalgia

4-Osteoporosis

5-Parkinson

6-Alzheimer

¿Qué es una enfermedad autoinmune?

Cuando nuestro sistema inmune ataca a células y órganos de nuestro cuerpo porque las identifica como agresoras.

 

Enfermedades autoinmunes más comunes:

1-Artrosis Reumatoide

2-Diabetes tipo 1

3-Esclerosis Múltiple

4-Lupus eritomatoso

5-Miastemia grave

6-Celiaquía

 

Las enfermedades autoinmunes tampoco tienen cura y a su vez son enfermedades crónicas.

Para evitar en lo posible este tipo de enfermedades es necesario un cambio en el estilo de vida.

Tips para evitar enfermedades crónicas y autoinmunes:

1-Minimizar el estrés

El estrés es el responsable de la mayoría de las enfermedades que sufrimos en la actualidad. Los altos niveles de cortisol sostenidos en el tiempo dan lugar a diferentes desajustes en nuestro organismo. Para minimizar el estrés debemos practicar algún tipo de ejercicio como el yoga o practicar el Mindfulness o meditación.

2-Realizar cambios en la alimentación

Es imprescindible evitar ciertos alimentos que pueden ser agresores para nuestro sistema inmune y aumentar la ingesta de otros más beneficiosos.

sustancias y alimentos agresores para el sistema inmune:

-alcohol

-café

-azúcar

-refrescos

-sal

-productos lácteos

-carnes rojas

alimentos, complementos y vitaminas que ayudan a fortalecer el sistema inmune:

-kefir

-yogur de producción ecológica

-ajo

-arándanos y frutos rojos

-chocolate negro

-huevos

-vitamina C

-vitamina D

-magnesio

-zinc

-selenio

 

3-Descansar lo necesario

Necesitamos dormir al menos 7 u 8 horas al día para que nuestro sistema inmune tenga la oportunidad de fortalecerse.

4-Beber suficiente agua

La hidratación es fundamental para el correcto funcionamiento de todos nuestros órganos y para todos los procesos que en él ocurren. Debemos beber de 8 a 10 vasos diarios de agua, al ser posible agua de calidad.

5-Tomar probióticos naturales

Los probióticos ayudan a reparar la microbiota y a la vez fortalecer el sistema inmune.

Algunos probióticos naturales son las algas, el miso, el chocolate negro, el chucrut, kombucha, tempeh.

Poner en práctica todas las recomendaciones antes mencionadas te ayudará a minimizar el riesgo de contraer alguna enfermedad crónica y autoinmune o en el caso de que ya la padezcas mejorar tu calidad de vida.

No esperes más y ponte manos a la obra: tu salud es lo primero.

Redacción Instituto Draco

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¿Buscas culpables de tu enfermedad o desgracia?

Muchas corrientes de pensamiento, encabezadas por el psicoanálisis y seguidas por otras muchas, consideran a los padres como causa, o por lo menos, la vía principal, por donde los programas de pensamiento del ego llegan hasta la mente inconsciente, quedándose a vivir allí hasta que pueden ser detectados (o no), comprendidos, analizados, etc.

Muchas veces mediante largos procesos que duran toda la vida terrenal del cuerpo, llegando a formar parte, como no, del sistema de pensamiento del ego, con el cual éste está fuertemente entretenido. Una visita semanal o quincenal al analista para seguir ahondando en lo que se cree que son las causas de la infelicidad puede constituir, y de hecho lo hace a menudo, en parte importante de ese deseo de ser especial tan importante para la supervivencia del ego. Y al mismo tiempo lo mantiene sujeto a su ocupación favorita: Buscar preguntas y no respuestas. Se me ocurre que la típica imagen del psicoanalista en silencio mientras deja que su paciente se haga preguntas sobre el origen de sus males y su posible solución, sería una magnífica imagen gráfica que nos podría ayudar en la comprensión de ese pasatiempo del ego: Buscar causas en aquello que solo son efectos. Como dice UCDM:

“Sin causa no puede haber efectos, mas sin efectos no puede haber causa….El cuerpo puede curar gracias a los efectos de la pureza, los cuales son tan ilimitados como ella misma. No obstante, toda curación tiene lugar cuando se reconoce que la mente no está dentro del cuerpo, que su inocencia es algo completamente aparte de él y que está allí donde reside la curación. ¿Dónde se encuentra, entonces, la curación? Únicamente allí donde a su causa se le confieren sus efectos. Pues la enfermedad es un intento descabellado de adjudicar efectos a lo que carece de causa y de hacer de ello una causa.”

No niego el valor de todas las disciplinas que el hombre ha inventado para poder “descubrir las causas” y cambiar los efectos que éstas tienen sobre el estado mental del individuo. Pero todas fallan en lo mismo: En realidad solo cambian unos efectos a priori muy perjudiciales por otros que no lo son tanto. Y, por tanto, se sigue conviviendo con la causa, aletargada, pero presente como una bomba de relojería lista para estallar cada vez que encuentra un estímulo emocional que dispara la espoleta. Algo que ilustra maravillosamente Eckhart Tolle en El Poder del Ahora cuando habla del cuerpo-dolor:

“Toda emoción negativa que no enfrentemos y reconozcamos deja tras de sí un rastro de dolor…crea una impronta emocional/energética de dolor que queda almacenada en alguna parte del cuerpo físico/mental.

Todos los vestigios de dolor que dejan las emociones negativas fuertes y que no se enfrentan y aceptan para luego dejarse atrás, terminan uniéndose para formar un campo de energía residente en las células mismas del cuerpo. Está constituido no solamente por todo el sufrimiento desde la infancia hasta la vida adulta… Este campo de energía hecho de emociones viejas pero que continúan muy vivas en la mayoría de las personas, es el cuerpo del dolor.

El cuerpo del dolor no es solamente individual. También almacena el sufrimiento experimentado por un sinnúmero de seres humanos a lo largo de una historia de guerras tribales, esclavitud, violaciones, torturas, etc. Ese sufrimiento permanece vivo en la psique colectiva de la humanidad y se acrecienta día tras día como podemos comprobarlo viendo los noticiarios u observando el drama de las relaciones humanas.”

Y, claro está, padres y madres, calificados como “castradores”, “sobreprotectores”, “ausentes”, “maltratadores”, “torturadores” y un largo etcétera de etiquetas, son a menudo nuestros “culpables favoritos”, a los que les otorgamos interior y exteriormente el papel de villanos en nuestra percepción del sueño. Del despertar del cual nos alejamos cada vez más cuando el cuerpo-dolor reacciona una y otra vez a los pensamientos que refuerzan este guión. “No puedes despertar del sueño si crees que no eres el soñador.”

Si a esto le sumamos esa parte, tan bien guardada en nuestra sombra, del programa que tiene que ver con que “debemos honrar a nuestros mayores”, “cuidarles”, “amarles y respetarles”, etc., ya tenemos la máquina de generar y acumular culpa perpetuamente en marcha.

Y no solo eso: La lucha interna entre la proyección de la culpabilidad en ellos y el deseo de cumplir con las expectativas del programa del buen hijo o hija, mezclado con la cotidianeidad, la convivencia y, por tanto, con la frecuencia de que esas emociones y esas espirales de pensamiento negativo se disparan, retroaliméntadose constantemente, como busca siempre el sistema de pensamiento del ego, hacen que desemboquemos en enfermedades calificadas por la medicina como “crónicas” (puesto que crónico es el pensamiento tóxico que se solidifica en nuestra mente), “incurables” y “terminales” (pese a que no terminan nunca, puesto que la muerte no existe).

Extracto curso Ucdm

Redacción y Adaptación Instituto Draco

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Naturaleza y cultura

En la costa: queltehues y conejos comparten el prado. La luz del sol se refleja en las hojas del pequeño bosque de liquidámbares cerca del ventanal. Aire. Buen genio, felicidad. Y aquí en Santiago, de vuelta, veo por la ventana de mi oficina las paredes y ventanas de los edificios cercanos. Escucho bocinas, a veces una alarma.

¿Cuántas enfermedades se gestan en Santiago que afuera no se presentarían? ¿Qué rol juegan nuestras actitudes, nuestras ideas, nuestras acciones, en el debilitamiento de nuestra vitalidad? ¿Qué mundo hemos recibido, de qué mundo participamos, qué mundo creamos para quienes nos siguen? ¿Cómo vivir de tal modo que todo esto que nos concierne se traduzca en más salud para nosotros y para quienes nos rodean? ¿Siendo más generosos, reverentes, humildes, creativos, asertivos con los dones que la naturaleza nos dio?

Hago un alto en el camino y pregunto cosas fundamentales. Total, es nuestro trabajo. Por cada persona que se presenta en nuestra oficina con una enfermedad (una depresión, una angustia, un cáncer) volvemos a cuestionar el escenario en que aparece esta o aquella desgracia. Y hay de todo, por cierto, estilos de vida cuestionables, tensión continua a través de las décadas, mitos y anhelos irracionales, dependencias, sufrimiento a todas luces pero reprimido de la conciencia, sometimiento a las condiciones dadas, oscuridad en el corazón, falta de sentido, falta de luz.

Unos 120 años atrás vivió el joven poeta Rilke con unos pintores y escultores en una comunidad cercana a Bremen en el norte de Alemania. Le impresionaron estos artistas – algunos de los cuales abandonaron puestos altos y privilegiados en la academia del arte para convertirse en cesantes e ingresar en el ámbito duro de un clima frío, ventoso, de otoños e inviernos pesados y oscuros – le impresionaron su dedicación a una verdad que sobrepasaba su oficio y su resolución a buscar y expresar verdad al margen de los cánones de la cultura en que se habían desarrollado sus vidas. Con claridad ingenua y valiente destacó Rilke la diferencia entre llevar una vida inmersa en la naturaleza y sujeta a sus leyes, una vida con sentido existencial, y una vida sujeta a las tensiones asociadas a prestigio, jerarquías y privilegios basados en ideas y conceptos culturales según la moda del momento.

5000 años atrás los proto-indoeuropeos en las estepas del sur de Rusia iban a morir en el combate para conquistar la supuesta gloria imperecedera, al igual que más tarde los ejércitos del país que quieras nombrar. Hay variaciones modernas al tema: quiero ser la madre más sacrificada, el gerente más productivo, la persona más solidaria, la pianista perfecta, etc.

Somos libres. Podemos elegir cómo llevar nuestras vidas. Podemos buscar la aniquilación de nuestra vitalidad para bien de alguna idea, de algún valor, o en forma más humilde y realista podemos cuidar y nutrir nuestra vitalidad para bien de nuestra salud, nuestra creatividad, nuestro pensar y para bien del mundo que nos rodea.

¿Reverenciar y agradecer el hecho de estar vivos? ¿O gastar nuestra preciosa vitalidad para demostrar que el otro está equivocado y que merece el desprecio de todos quienes pensamos «bien»? ¿Respirar y ser feliz? ¿O desconfiar, temer, odiar?

Queltehues y conejos no tienen tanta libertad como nosotros, pero sus vidas son una referencia válida para quienes así lo elegimos.

Jens Bücher – Ingeniero Comercial, Fellow, American Institute of Stress y miembro del Colegio de Ingenieros – Chile, dirige el Centro de Desarrollo de la Persona Bücher y Middleton Ltda.

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