Un Semestre Emocional

Se ha dado inicio al segundo semestre de este año escolar que ha estado lleno de tantos desafíos. El retorno a la presencialidad ha implicado un enorme esfuerzo de las comunidades escolares por recuperar aprendizajes, retomar hábitos, reestablecer vínculos y cumplir todas las exigencias que demanda el sistema escolar. Si, sabemos que es mucho, y que en todo este proceso las personas, niños, niñas, adolescentes y adultos, conviven con muchas emociones cada día, las cuales inciden en el comportamiento, el aprendizaje, en la toma de decisiones y en nuestro bienestar psicológico y físico.

 

Por eso, poner atención a nuestras emociones y aprender a regularlas es tan importante.

 

En las últimas mediciones socioemocionales que hemos aplicado en distintas comunidades escolares, se repiten algunas emociones como las más frecuentes. Pero no son iguales en todos los grupos.

 

Entre estudiantes, la emoción más frecuente es el aburrimiento, esta tendencia la hemos observado en todos los establecimientos y en todos los niveles educativos.

Entre docentes y asistentes de la educación, la emoción más frecuente es la ansiedad, claro correlato de los altos niveles de estrés que se reportan.

 
 

¿Para qué nos sirven estos datos?

 

Obviamente en cada comunidad hay contextos muy diversos, pero si hay una tendencia marcada de los estudiantes a experimentar aburrimiento, estamos con un problema para el aprendizaje. Y ayudan a entender algunos comportamientos de desidia, irresponsabilidad con el trabajo escolar, indiferencia o aletargamiento. El aburrimiento indica que los niños y niñas no se están conectando con los aspectos más inherentemente satisfactorios del aprendizaje, y por lo tanto no se está activando la curiosidad. Sin duda que hacer las clases más atractivas, activas, lúdicas, con entusiasmo, pueden ser un ingrediente para revertir este aburrimiento. Pero antes de iniciar cualquier acción o cambio, es importante tomar la perspectiva de los estudiantes. Escucharles a ellos y ellas hablar sobre qué les interesa, cómo les gusta trabajar y aprender, comentar qué clases les han llamado la atención y por qué, cómo les gusta que los traten, qué nivel de desafío esperan, etc. Cuando las escuelas consideran los intereses de sus estudiantes al planificar sus objetivos, metodologías y actividades, conectan mejor con la curiosidad y el asombro.

 

En el caso de los adultos, si la ansiedad es la emoción más frecuente (algo que no debiera ser muy novedoso), entonces hay una alarma encendida, aunque no la queramos oír o ver. El estrés crónico es un elemento muy nocivo para el buen desempeño, y esto es así para los docentes como para cualquier profesión. ¿Nos subiríamos a un avión si el piloto comenta antes de despegar que se siente cansado y estresado?

 

La ansiedad es una emoción compleja derivada del miedo, que se caracteriza por una excesiva preocupación por eventos futuros que pueden ocurrir. Esa voz que dice “no voy a poder”, “no voy a alcanzar”, “¿cómo voy a terminar esta semana?”, etc. Hay varias estrategias para regular la ansiedad, y una de las más recurridas es aprender técnicas de respiración profunda, que se pueden utilizar en cualquier momento y no se necesita demasiado tiempo. Parar unas 3 a 4 veces al día para respirar profundo durante unos minutos ha mostrado ser efectivo. Pero sabemos que la respiración ayuda a calmar nuestra fisiología, sin embargo, los problemas y las obligaciones, que a veces parecen excesivas, siguen ahí. Otras formas de manejar la ansiedad implican un poco más de esfuerzo, pero quizás es una oportunidad de hacer algo colectivo en la comunidad. Una propuesta es hacer grupos de conversación o reflexión entre colegas, con espacios especialmente reservados para ello. Hay escuelas que todas las semanas inician sus reuniones con 15 minutos de conexión. Hay sencillas actividades que favorecen el poder compartir las emociones del día o de la semana, sin necesidad de transformar esto en una terapia ni mucho menos. Se pueden hacer cosas lúdicas, cosas más reflexivas o simplemente de conocerse más a nivel personal. El hecho de sentirse parte de una red de relaciones de cuidado, es un factor que ayuda a manejar la ansiedad, porque una de las cosas que la provoca o la aumenta es la sensación de estar solo o sola contra el mundo, sentir que nadie te puede ayudar.

 

Pero no todo son malas noticias. las emociones negativas conviven con las emociones positivas. Y aunque la frecuencia del aburrimiento y la ansiedad en estos dos grupos son bastante altas, también hay algunas emociones positivas que se están manifestando con mayor frecuencia. Entre los estudiantes, vimos en nuestras mediciones como más frecuentes la alegría, seguida de la gratitud. Entre docentes y asistentes de la educación, la gratitud y el amor.

 

Si bien la frecuencia de emociones negativas ha resultado ser más alta que la frecuencia de estas emociones positivas, podríamos decir que aquí hay una semilla para ser regada frecuentemente. La gratitud es una emoción positiva que ha sido bastante estudiada por los efectos positivos que genera en las personas y las comunidades. Cuando cultivamos la gratitud se fortalece el optimismo, la confianza y la colaboración. Recomendamos mucho planificar las actividades escolares, sean clases, reuniones, recreos, celebraciones, etc. incorporando espacio para la gratitud. Pueden ser pequeños momentos donde estudiantes o docentes puedan expresar gratitud por algo o alguien, o actividades más planificadas que lleven a reflexionar sobre los beneficios de agradecer. En algunas escuelas los estudiantes tienen un diario en el cual escriben todas las cosas buenas o positivas, o en algunas salas de profesores han instalado un mural de gratitud en el que se pueden dejar mensajes que todos pueden leer. Quizás lo más significativo es que los adultos comiencen a mostrar su gratitud explícitamente. Basta con que todos los profesores se pongan de acuerdo para hacerlo cada día y se generará una ola expansiva.

 

Te invitamos este semestre a poner atención a las emociones de tus estudiantes y de docentes y asistentes de la educación. Busca estrategias para darle espacio y contención a las emociones negativas y otras para activar más intencionadamente emociones positivas. No se requiere convertir a la escuela en un parque de entretenciones, no te asustes. Las iniciativas que funcionan normalmente lo hacen más por la consistencia en la implementación que por la iniciativa en sí. A veces cosas sencillas practicadas con regularidad pueden ser tremendamente eficaces, en especial en el ámbito de lo socioemocional.

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Equidad en educación: reconocer el impacto del trauma

El año 1998 el Centro de Control de Enfermedades de EE UU (Center for Disease Control, CDC) junto con la Fundación Kaiser Permanente, publicaron uno de los estudios más importantes realizados hasta ahora, sobre la relación entre las experiencias adversas en la infancia y la salud y el bienestar en la adultez. Con una muestra de más de 17.000 participantes, sus resultados marcaron el inicio de muchas investigaciones sobre el tema.

Los resultados de este estudio y de otros que le han seguido indican que:

  • Existe una relación de causalidad entre haber sufrido experiencias adversas en la infancia y peor salud física y mental en la adultez y muerte prematura.

  • Mientras más experiencias adversas se hayan experimentado, peor es el pronóstico para la vida adulta.

  • 2 tercios de la población ha sufrido al menos una experiencia adversa en la infancia o adolescencia.

  • 1 de cada 5 ha sufrido 4 ó más experiencias adversas.

 

¿Por qué este tema es tan importante para las escuelas?

 

Estos resultados indican que en cada sala de clases hay muchos niños, niñas y adolescentes que están viviendo o podrían sufrir, eventos potencialmente traumáticos. Y junto con ellos y ellas, hay muchos profesores y profesoras, que sufrieron eventos adversos en su propia infancia y que sin saberlo pueden estar afectando su salud mental.

 

Probablemente tú que estás leyendo has sufrido una experiencia adversa en la infancia o conoces a alguien que sí.

 

Este tema está tan presente en la sociedad en general que puede parecer inabordable. Pero la ciencia también nos muestra que hay esperanza, y en parte el aprendizaje socioemocional en la escuela puede jugar un rol importantísimo para cambiar la trayectoria del trauma en los niños, niñas y adolescentes. Las escuelas no deben pensar este tema como una necesidad por educación especial para estudiantes con trauma, porque no es su rol la atención terapéutica, y lo que puede hacer en términos reparatorios y preventivos, es algo que le hace bien a todos los niños y niñas, no sólo a aquellos que han vivido un trauma por experiencias adversas.

 

Por supuesto que a nivel de políticas públicas y como sociedad tenemos que hacer todo lo posible por evitar que los niños y niñas sufran experiencias adversas en la infancia, tales como la pobreza extrema, el abuso físico, sexual o emocional, la violencia en los barrios, la discriminación y otras que se relacionan con aspectos de la sociedad. Pero otras experiencias adversas serán inevitables como la enfermedad grave del cuidador, el divorcio, desastres naturales o una pandemia.

 

La escuela interviene en la vida de los niños, niñas y adolescentes en períodos cruciales de su neurodesarrollo, el cual se puede ver severamente afectado por el estrés tóxico que provoca el trauma, y que les dejará con menos oportunidades de aprender y desarrollar competencias cognitivas y de autorregulación.

Algunas cosas que las escuelas si pueden hacer para contribuir a la protección y la resiliencia son las siguientes:

 
  1. Identificar y reconocer qué prácticas escolares podrían estar re victimizando o generando mayor estrés en sus estudiantes. En especial poner atención a las prácticas disciplinares. Normas y consecuencias claras no es sinónimo de castigos. Los niños y niñas afectados por el trauma suelen no ser capaces de identificar claramente las causas de sus comportamientos, y suelen ser castigados por ellos. Buscar la manera de establecer una disciplina restaurativa, que entiende que las y los estudiantes están en un período formativo y deben poder tener la oportunidad de reflexionar sobre sus acciones y ser parte de las soluciones a los problemas.

  2. Proveer a las y los estudiantes el tener vínculos positivos con adultos. En especial a aquellos que no los tienen en sus familias o comunidades. Tener al menos un adulto incondicional es un factor protector reconocido por las investigaciones. Este vínculo no puede estar condicionado al buen comportamiento o las notas, pensar que para algunos estudiantes su identidad se ha formado en la creencia de que no merecen ser queridos tal y como son. Este vínculo es muy importante precisamente en sus peores momentos.

  3. Promover como foco prioritario el fortalecer el sentido de competencias de los y las estudiantes. Los niños y niñas que sufren experiencias adversas muchas veces desarrollan una desesperanza aprendida que les lleva a creer que no pueden hacer nada para mejorar sus circunstancias o que están indefensos ante los eventos que les rodean. Favorecer la experiencia de logro, en cualquier ámbito. También ayudarles a desarrollar habilidades de regulación emocional para que vayan poco a poco percibiendo que sí pueden enfrentar diferentes situaciones de mejor manera.

  4. Ayudar a docentes a desarrollar habilidades socioemocionales para que puedan modelar la autorregulación en la sala de clases. Un profesor que grita, una profesora que es irónica, pueden sin querer, gatillar una respuesta asociada al trauma. Y no es que tengan que andar “pisando sobre huevos”. Gritar y humillar no es bueno para ningún estudiante. Pero las y los docentes muchas veces tienen reacciones que también surgen por su propio estado socioemocional. Requieren apoyo y ser cuidados y cuidadas también.

 

No es fácil abordar el trauma en la escuela, pero es una realidad presente, que si no se aborda, perpetuará la inequidad que sufren muchos niños, niñas y adolescentes por no poder acceder a una educación que de verdad les entregue herramientas para su óptimo desarrollo.

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Estonia: integrando aprendizaje y bienestar.

Un pequeño país está acaparando atención mundial por sus excelentes resultados en las últimas mediciones PISA que realiza la OCDE. Una nueva Finlandia, dicen algunos, por el impresionante avance tanto en competencias académicas como en niveles de bienestar de los estudiantes. Este último punto es muy destacable, ya que hay países como Corea del Sur, Japón o China; que consistentemente muestran buenos resultados académicos, pero con la misma consistencia, muestran estar al debe en relación al bienestar psicológico de sus estudiantes.

 

También es un sistema educativo que muestra altos niveles de equidad, reduciendo brechas entre estudiantes con distinto nivel socioeconómico, y brindando una atención muy oportuna a aquellos estudiantes que necesitan apoyos especiales. Otro dato que hace este caso especial es que el gasto en educación no ha aumentado significativamente, lo que habla de un buen uso de los recursos y de cambios que tiene que ver con implementar una nueva forma de hacer las cosas. (Ocde, 2018)

 

Al igual que lo ocurrido en Finlandia hace ya más de una década, las mejoras educativas se sustentan en un gran acuerdo nacional, con todo el espectro político, que da cuenta de una visión país compartida, y que permite el desarrollo de políticas de largo plazo.

Los cambios o mejoras siempre tienen causas múltiples. Dentro de las políticas que se han destacado respecto del caso de Estonia, sobresalen: cambios a la formación docente que ha permitido darles una gran autonomía en la toma de decisiones dentro de la sala de clases, así como una cobertura universal de la educación preescolar, que está enfocada en el juego y no en la escolarización. También se ha señalado como factor de éxito la instalación de una cultura del buen uso de la tecnología en la educación.

 

Lo interesante es que nos muestra que es posible transformar las escuelas en lugares donde los niños, niñas y adolescentes aprenden, lo pasan bien y se sienten seguros.


 

Referencias

 

Education GPS – Estonia – Student performance (PISA 2018). (2018). Education GPS. https://gpseducation.oecd.org/CountryProfile?plotter=h5&primaryCountry=EST&treshold=5&topic=PI

 
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¿Cómo encender la motivación de tus estudiantes?

Según una investigación (Deci, E. L., et. al., 1981), las y los docentes pueden impactar significativamente la motivación de sus estudiantes y en muy poco tiempo. En este caso se evaluó el estilo pedagógico de un grupo de docentes dentro de dos categorías: estilo controlador y estilo pro autonomía. Luego, se midió la motivación de sus estudiantes, antes del inicio de clases y después de ocho meses, dos meses y una semana. En los tres casos se comprobó que los docentes por autonomía mantenían o aumentaban la motivación intrínseca por aprender, y los docentes controladores la disminuían.

 

¡En una semana ya se notaban las diferencias entre ambos grupos!

 

¿Que hace la diferencia?

 

Al igual que una planta, la motivación intrínseca, tiene necesidades básicas, que si no se satisfacen hacen que la planta muera o no crezca lo suficiente o no de frutos. De acuerdo a numerosas investigaciones en el campo de la motivación los seres humanos tenemos necesidades psicológicas básicas, que en ambientes donde son satisfechas, nos sentimos más motivados y nos brindan mayor bienestar.

 

Estas necesidades son la autonomía, los vínculos positivos y tener sentido de competencia.

Los docentes por autonomía satisfacen estas necesidades mediante determinadas prácticas pedagógicas y evitando otras que disminuyen el amor por aprender y la curiosidad.

 

En la siguiente imagen te mostramos un resumen de las prácticas proautonomía v/s las prácticas controladoras.

 
 

Te recomendamos en espacial una de estas prácticas para el inicio de año: dar sentido a las normas.

 

Esto es tan sencillo como dialogar con los estudiantes sobre las expectativas que tienes sobre su comportamiento en clases, buscando que te den su opinión, mostrando aceptación de esas opiniones, explicar por qué has pensado en esas normas, preguntarles cuáles cambiarían y que ellos mismos propongan otras normas. Piensa en normas no sólo que los estudiantes deban cumplir, sino también en tus deberes y explicítalos, eso favorece un sentido de justicia. Luego plantea discusiones sobre las consecuencias de no cumplir las normas, buscando que ojalá sean consecuencias lógicas y naturales y no castigos. Y finalmente habla con ellos sobre prioridades y jerarquías, no todas las normas son iguales, hay algunas más flexibles, hay consecuencias más o menos graves, etc.

 

Si bien este proceso puede tomar tiempo, piensa en todas los problemas disciplinarios que te puedes ahorrar, y en todas las capacidades cognitivas y competencias socioemocionales que se estarán desarrollando.

 

Si te interesa capacitar a tus equipos sobre este tema mira el programa Ambientes AVC para la Motivación Escolar que hemos desarrollado en ama+.

 
 

Deci, E. L., Schwartz, A. J., Sheinman, L., Y Ryan, R. M. (1981). An instrument to assess adults’ orientations toward control versus autonomy with children: Reflections on intrinsic motivation and perceived competence. Journal of Educational Psychology, 73(5), 642–650.

 Foto portada:  de Mikhail Nilov en Pexels
 
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Encanto: ¿cómo liberar a nuestros niños y niñas del peso de las etiquetas?

Una nueva joya de Disney Pixar, Encanto, nos enseña a los adultos sobre el peso que imponemos a los niños y niñas a través de las etiquetas, y lo difícil que nos resulta hablar de lo imperfecto, lo doloroso y nuestra vulnerabilidad.

 

Encanto cuenta la historia de una familia, que podría ser cualquiera, en la que cada miembro recibe un don que lo hace excepcional, salvo una niña, que sufre en silencio la vergüenza de ser la única que no recibió su don. Y su forma de ocultar ese dolor es expresando un falso orgullo por ser parte de la familia más importante del pueblo, y tratando de encontrar una forma de ser apreciada y sentirse valiosa.

 

Categorizar a los niños y a las personas en general, es un mecanismo frecuente de nuestra mente. Como educadores (padres o docentes) resulta fácil manejar las relaciones desde las categorías. El brillante, la responsable, el flojo, la linda, los populares, los rechazados, la deportista, el payaso, etc. Y también están los invisibles, esos niños y niñas que no destacan en nada especial. Todas estas categorías, aún las positivas, pueden imponer un gran peso durante el desarrollo, generando ansiedad al tratar de siempre cumplir con las expectativas de otros, o desesperanza, al constatar que no hay nada que hacer para poder ser visto de otra manera. Clásico es el relato de muchas personas que cuentan que fueron castigados por algún profesor aún estando ausentes.

 

¿Cómo podemos liberar a nuestros niños de las etiquetas?

 

Una práctica o estrategia que es muy útil para evitar etiquetar es cambiar el lenguaje de los juicios por un lenguaje descriptivo. Por ejemplo, en vez de elogiar diciendo “eres tan inteligente”, describe: “respondiste bien todas las preguntas”. En vez de, “eres tan divertido”, describe: “me alegraste el día con tu humor”. Al evitar el eres, el juicio personal, liberamos al niño o niña de la exigencia de comportarse de una determinada manera todo el tiempo. Así, quien no responde bien todas las preguntas la próxima vez, no pierde su inteligencia, sencillamente cometió un error y está bien.

 

En el caso de una etiqueta negativa, el lenguaje descriptivo no exagera ni catastrofiza las situaciones. En vez de decir “eres tan irresponsable”, describe: “se te olvidó traer los materiales hoy”. Al enjuiciar estamos diciendo que la persona es el problema, al describir decimos que ha ocurrido un problema y la persona puede ser parte de la solución, puede hacerlo diferente en otra oportunidad.

 

Un paso más allá es desafiarse a describir cuando vemos que el niño o niña se comporta de manera diferente a su etiqueta. Así, si “el payaso” de la clase hace una buena (y seria) pregunta en clases, describe: “¡Excelente pregunta! Se nota que reflexionaste sobre este tema”. O si “la buena y conciliadora” tiene un conflicto con algún compañero, en vez de decirle “me extraña que te hayas peleado”, describe: “veo que estás enojada y está bien que puedas defender tu punto de vista, lo importante es hacerlo de buena manera”.

 

Como muchas veces las etiquetas están súper instaladas, y por lo mismo, los niños se comportan frecuentemente de acuerdo a su etiqueta, al principio puede ser difícil, encontrar oportunidades para describir comportamientos contrarios a las etiquetas. Entonces también podemos tratar de generar situaciones que los harán verse de una manera diferente. Un ejemplo muy bonito es de una profesora que se dio cuenta de que una compañera nueva en el curso, muy tímida, estaba siendo molestada por un grupo de compañeras muy “populares”. Llamo personalmente a la “líder” del grupo, le explicó su preocupación, y le pidió que como ella tenía una gran influencia en el curso y era tan sociable se preocupara de integrar a la nueva compañera. Le dijo también que estaría chequeando con ella una vez a la semana como iba todo. Así esta “líder negativa”, asumió el desafío y el maltrato cesó rápidamente. La profesora la elogiaba en cada avance, diciéndole cosas como “veo que has sido muy acogedora”, “te agradezco lo que estás haciendo, es una muestra de tu buen corazón”, “lo que haces muestra una gran generosidad”, etc. así le dio una tremenda oportunidad de verse de manera diferente.

 

Lo interesante del lenguaje descriptivo es que le damos información a los niños con la cual ellos mismos, internamente interpretan y hacen su propio juicio. Elimina los siempre, nunca, hasta cuando, todo o nada, libera a los niños y abre para ellos todas las posibilidades, incluso la de equivocarse. El lenguaje descriptivo es una forma de mostrar que aceptamos a los demás tal y como son, con sus luces y sombras, generando un real sentido de pertenencia.

 
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EDUCACIÓN: ¿Hacia dónde vamos?

Asistí a un seminario, organizado por la Asociación Gremial de Empresas de Tecnologías en Educación en Chile (AGETECH), en el que representantes de los candidatos presidenciales expusieron sobre sus propuestas. Se agradece la instancia porque la educación ha estado prácticamente ausente de los debates y ha habido poca información de los programas para quienes creemos que es uno de los temas más importantes para el progreso de las naciones.

 

Desafortunadamente durante este encuentro se habló mucho sobre libertad de enseñanza, derecho a una educación de calidad, derecho de los padres, y si es más efectivo que el Estado sea el gran sostenedor o si conviene que sean las familias quienes regulen eso. Digo desafortunadamente, no porque estos temas no sean importantes, pero no son lo más importante para avanzar en calidad. Lo más importante, donde se juega la calidad, es en lo que ocurre en la sala de clases, y en los ambientes escolares, y de eso, hace mucho que no se habla.

Curiosamente es donde se ve mayor consenso entre diversos especialistas. La evidencia nos dice que las clases en que los estudiantes son protagonistas (hablan más que los profesores), hay movimiento y conversación, hay vínculos afectivos y espacio para hablar de todas las emociones, los profesores tienen un ambiente profesional estimulante y que apoya su bienestar y hay altas expectativas sobre los estudiantes, favorecen aprendizajes más significativos, el aprendizaje socioemocional y la construcción de comunidades con alto sentido de pertenencia.

 

Pero los cambios en educación son de largo aliento, quizás por eso no son tan interesantes para los políticos. Para un proyecto de largo aliento es fundamental lograr acuerdos nacionales amplios, que involucren a todos los actores del sistema. Desde expertos, sostenedores, docentes, directivos, asistentes de la educación, estudiantes y apoderados.

 

Si bien parece ser que estamos todavía lejos de lograr algo de esa envergadura, aún las escuelas, colegios, liceos y jardines infantiles, tienen algo de autonomía para empezar a cambiar lo que ocurre en la sala de clases. Como estamos cerrando el año, y en muchos establecimientos vienen tiempos de planificación, proponemos una reflexión en tres pasos, respondiendo a tres preguntas cruciales:

 

¿Qué tipo de clases queremos tener en nuestro establecimiento? Tratar de pensar en todo, desde lo más general a los detalles más mínimos. Esta etapa es para soñar, no pensar aún en las barreras. Las imágenes de futuro guiarán las acciones del presente. Revisa este video si quieres ver una clase que integra el aprendizaje socioemocional y el aprendizaje académico.

 

¿Qué tipo de clases tenemos hoy? Usar la mayor cantidad de datos que apoyen los juicios es fundamental. Revisar las brechas, pero también identificar los aspectos más logrados y los recursos con que se cuenta.

 

¿Qué tiene que pasar para ir desde la clase actual a la clase que soñamos? Esta pregunta debe responderse como si estuviésemos construyendo una escalera de arriba hacia abajo. Es decir, imaginar que ya el sueño está logrado, y revisar qué secuencia de acciones fueron ocurriendo en el hipotético pasado, hasta llegar al primer peldaño. Este proceso permitirá tener mucho mayor claridad sobre plazos, condiciones habilitantes, recursos necesarios, etc.

 

Muchas veces existen buenos objetivos en los planes escolares, pero las acciones que se definen no son planificadas en escalera, y generalmente no se ven resultados por problemas de implementación más que de calidad de las ideas. Este proceso permite identificar una secuencia de pasos más fácil de seguir, y en caso de que algo no resulte como se esperaba, se puede corregir ese peldaño y no eliminar toda la secuencia.

 
 

Si quieres tener una reunión para una asesoría de Fundación ama+ en la planificación, escríbenos: fundacionama@aprendizajesocioemocional.cl.


 
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Un poco más sobre la motivación…

Durante esta semana queremos seguir reflexionando sobre la motivación. Esta vez, comentándoles 2 producciones de Netflix que tienen que ver con dos caras de este tema. Por una parte el documental Athlete A, que se refiere al escándalo de abusos en el equipo olímpico de gimnasia artística de los Estados Unidos, y por la otra, una maravillosa película que nos cuenta la historia de Antonia Brico, una de las pocas mujeres que ha llegado a ser directora de orquesta.

Ambas producciones se refieren a historias de mujeres con fuertes pasiones, unas pequeñas e indefensas que caen en un sistema abrumador y que logran todas las medallas del planeta pagando un precio muy alto. Y otra pequeña con una dura infancia, pero que tiene la libertad de luchar por su pasión, y aunque no logra ser reconocida, en gran parte por su género, vive la vida plenamente, no sin dificultades, pero haciendo lo que ama.

 

Quizás sería bueno comentar que el documental sobre las gimnastas, aunque nos informa sobre todo de los abusos sexuales cometidos por el doctor de la selección, lo que nos interesa es lo que muestra sobre el sistema de entrenamiento de estas niñas, que desde edades muy tempranas, eran fuertemente controladas, aisladas de sus familias por largos períodos, castigadas, llegando a extremos como hacerlas competir con fracturas, pegarles cachetadas, etc. Al parecer muchas personas, o pasaron por alto o directamente encubrieron estas situaciones, porque estaban teniendo logros. Lo más importante era ganar las medallas olímpicas. Por los testimonios de las propias gimnastas, muchas de ellas ganadoras olímpicas, estas situaciones las marchitaron por dentro, y fueron perdiendo la pasión y el entusiasmo con que se iniciaban a los 3-4 años.

 

Hay ambientes fuertemente controladores y competitivos, que pueden tener altos desempeños, pero a costa de la felicidad de las personas. Quizás es por eso que en este último tiempo hemos ido sabiendo de tantos deportistas que más que gozar sus disciplinas dicen sentirse angustiados, tener depresión, etc. Esto es válido para la educación también. Podemos tener buenos resultados académicos, según pruebas estandarizadas, presionando a los niños con castigos y recompensas, pero dudo que sea eso el propósito de la verdadera educación integral. Pero además, hoy día sabemos, por estudios e investigaciones, que cuando las personas actúan por temor a ser castigadas o sólo por una medalla, sus desempeños a la larga, no son tan buenos o terminan con algún malestar psicológico, esto porque necesitamos sentir que hacemos lo que queremos y amar lo que hacemos, necesitamos que lo que hacemos tenga sentido o sea una contribución para este mundo. Eso sólo ocurre cuando tenemos autonomía, cuando nos sentimos conectados con otros y cuando tenemos un sentido de competencia o eficacia.

 

Por su parte la película Antonia, nos muestra a una jovencita y luego una mujer, con una determinación sin límites para lograr una meta prácticamente imposible: ser directora de orquesta en los años 30. Ni siquiera hoy existen muchas mujeres que dirijan, en esa época era un escándalo. Es una historia admirable por la mentalidad de crecimiento, la asertividad, la disciplina y por supuesto, excelente modelo para nuestras niñas y adolescentes.

¿Cómo encender ese tipo de motivación en cada niño o niña que está en nuestra sala de clases? Creo que la historia de Antonia, aunque su vida familiar no fue fácil, tuvo siempre mucha libertad para dedicarse a la música, tuvo mentores, profesores que creyeron en ella y amigos que la apoyaron de una u otra manera. Ella, a pesar de que recibió muchos «no» a cada paso en el camino, se mantiene con una entereza sorprendente. En contraste con lo que se ve en el documental, Antonia es una mujer enfrentada a inmensos desafíos desde pequeña también, pero plena, llena de energía por su pasión que es la música.

De ambas historias podemos aprender que la motivación intrínseca es algo que es frágil, hay que cuidarla no está garantizada. También podemos aprender que no es algo creado desde afuera de la persona, a cada niño o niña, le saltará su corazón por diferentes cosas. Descubrir esos intereses y permitirles cultivarlos es fundamental, para eso darles autonomía, para tomar decisiones, para involucrarse con la actividad en sí y no enfocarlos hacia el logro o las medallas. A veces les decimos a los niños y las niñas que «no importa lo que hagas, debes ser el/la mejor». Esa es una frase peligrosa porque lo más importante de la motivación intrínseca, que lleva a altos desempeños pero también a mucho bienestar, es que el foco de atención esté puesto en el disfrute de la actividad en sí y no en algo externo.

Si quieres saber más sobre este tema, te invitamos a inscribirte en una sesión introductoria de nuestra capacitación Ambientes AVC para la Motivación Escolar.

 
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¿Cómo empezar a recuperarnos para una educación de calidad?

Los resultados de las pruebas de diagnóstico realizadas por la Agencia de la Calidad de la Educación han sido un balde de agua fría para el sistema educacional. Si bien es probable que nadie esperara buenos resultados, parece ser que lo obtenido es mucho peor de lo que todos imaginábamos. La conclusión inmediata y generalizada ha sido que la educación presencial es irreemplazable y que la educación a distancia no funciona. Sin embargo, sería importante mirar con más pausa y calma estos resultados para comprender bien por qué se han producido.

¿Será todo causa de la falta de presencialidad? ¿Acaso no existen modelos exitosos de educación a distancia?

Un tema que se ha hablado profusamente desde el año pasado son los altos niveles de estrés en docentes y funcionarios escolares en general. ¿Tendrá algo que ver con estos resultados la mala salud mental de nuestros docentes? ¿Es esperable que personas agotadas y con mucha ansiedad puedan tener un desempeño adecuado en su profesión? ¿Volver a clases presenciales, es la única solución a la calidad de nuestra educación? Este es un sistema que sufre de agotamiento mucho antes de la pandemia. Este evento traumático sólo ha asestado un golpe mortal a la enseñanza tradicional y academicista, los extensos currículos que impiden la autonomía y creatividad de las escuelas y sus docentes y la alta demanda de trabajo administrativo para los equipos escolares.

Hace unas semanas publicamos un artículo sobre el impacto del estrés en el proceso de enseñanza aprendizaje. La ansiedad que podría generar “pasar” contenidos atrasados en poco tiempo sería una pésima consejera para las soluciones que necesitamos para dar educación de calidad a las y los estudiantes.

En nuestra experiencia trabajando realizando encuentros de bienestar en las comunidades escolares, hemos recogido testimonios de docentes y asistentes de la educación, que dan cuenta del estrés crónico que abunda en el sistema.

“No me alcanza el tiempo para preparar el material que tengo que mandar a las casas y además llamar a los estudiantes que están más perdidos. Tengo que dedicarles tiempo para lograr una conversación que no sea sólo de notas, porque ahora necesitan mucho más que los escuchemos sobre sus problemas.”

“A veces nos quedamos hasta tarde repartiendo cajas de alimentación en la escuela, y cuando llego a mi casa tengo que seguir corrigiendo trabajos.

“Tengo apoderados que me han llamado a las 12 de la noche, porque es la hora en que ellos pueden revisar las tareas de sus hijos.”

 

“Es muy triste que a pesar de todo lo que estamos tratando de hacer se nos diga que trabajamos poco porque no hay clases presenciales. Yo ahora diría que trabajo el doble o el triple. Todo es diferente y nadie nos preparó para esto, pero parece que los profesores teníamos que ser expertos en clases online de un día para otro.”

“Lamentablemente algunas veces tengo que hacer clases con mis hijos al lado mío haciendo sus tareas o estando en clases, sé que es horrible y por una parte me da vergüenza porque es como poco profesional, pero he preferido eso a no aparecer para mis estudiantes.”

“Antes en la escuela conversábamos con los colegas en un café, a veces tomábamos desayuno juntos, celebrábamos los cumpleaños, etc. Ahora eso ha cambiado, todos andamos más metidos en lo nuestro y apenas nos saludamos, por lo estresados que estamos.”

Es urgente que las comunidades escolares aprendan a manejar el estrés, como primera prioridad antes de empezar a pensar soluciones creativas y de largo plazo para dar a nuestros niños, niñas y adolescentes la educación que se merecen.

Nuestra sugerencia es empezar instalando el concepto de recuperación como un hábito de la escuela. El estrés, es algo normal y recurrente, y no es malo en sí mismo. El problema es que cuando es crónico nos quita energía para funcionar y limita nuestras capacidades cognitivas y de regulación emocional. Entonces la clave está en no permitir que sea constante, y eso se logra con espacios de recuperación que nos permiten volver a calmarnos, tomar aire, conectarnos con fuentes de energía para enfrentar las demandas del ambiente.

Parece ser que las universidades han entendido esto mucho mejor que el sistema escolar. Varias han implementado un sistema de pausas periódicas para crear mejores condiciones de bienestar para sus estudiantes y docentes.

Proponemos instalar intencionadamente pausas para la recuperación de energía. No pensemos que esto es dar vacaciones más seguidas, porque aunque podría ser una medida, no necesariamente las vacaciones son sinónimo de recuperación.

Quizás algo más novedoso sería incorporar pausas guiadas para recuperar energía, pausas de calidad. Incorporar pausas de juego, de conexión emocional, de respiración y mindfullness, de arte, de actividad física; diseñadas para conectar a las personas con fuentes de energías sostenibles.

Aunque puede dar cierto temor a invertir tiempo en actividades para recuperar energía, la evidencia señala que los resultados académicos y el desempeño docente van a mejorar si las pausas son adecuadas y suficientes.

¿Cuántas pausas hacer? Las que sean suficientes para manejar el estrés. ¿Cómo saberlo? Midiendo. Midiendo indicadores de bienestar, evaluando cualitativamente en las conversaciones con las y los docentes, observando indicadores como cantidad de ausencias o licencias. Normalmente a mayor estrés serán necesarias más pausas, no existen los atajos.

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¿Cómo Cuidar la Mente para la Resiliencia en Tiempos de Crisis?

Fundación ama+, especialistas en aprendizaje socioemocional

Desde que empezó la pandemia los pronósticos sobre su impacto en la educación han sido cada vez más catastróficos. Organismos internacionales y nacionales de gran prestigio nos alertan sobre el aumento de la desigualdad, la deserción escolar, retrocesos enormes en los aprendizajes. En muchas ocasiones se usan términos como «determinantes», «irreversibles» e «irremontables» para calificar estas consecuencias tan negativas. A medida que pasa el tiempo (ya vamos por un nuevos semestre a distancia o a lo más semi presencial), el miedo a todo lo que se ha perdido crece y crece.

No cabe duda, y no podemos estar más de acuerdo, en que es muy deseable que los niños, niñas y adolescentes vuelvan pronto a acudir a sus escuelas de manera presencial. Sin embargo, no creemos que lo ocurrido durante esta pandemia sea determinante, y menos que no haya nada más que hacer que «aguantar» hasta que las escuelas abran sus puertas. Si así fuera, estaríamos contradiciendo numerosa evidencia que nos muestra que tenemos una mente resiliente , y que gracias a su plasticidad, frente a las adversidades, es capaz de reinventarse y salir incluso más fortalecida.

El mayor enemigo para la mente resiliente no es el no haber aprendido mucho, sino el estrés crónico o el estrés agudo paralizante. Este tipo de estrés causa daño a nuestro organismo, afectando desde nuestro sistema inmune hasta la regeneración celular. Una de las consecuencias más nefastas para el aprendizaje y la enseñanza es que «hackea» a la corteza prefrontal y el circuito del aprendizaje, y exacerba la activación de circuitos subcorticales. Esto significa que no nos deja pensar con claridad, poner atención, memorizar, planificar, analizar, crear e innovar. Cómo no preguntarse entonces ¿qué debiera ser la prioridad para este momento de la educación?

Sabemos que se dice que la contención debe ser prioridad, pero en la práctica, ¿cuántas horas del trabajo que están haciendo las comunidades es para el bienestar emocional y cuántas para pasar materia? ¿Cuántas horas se va a dedicar al bienestar emocional cuando se vuelva a la presencialidad y cuántas a recuperar aprendizajes? ¿Cuánto estrés más va a provocar la recuperación a presión?

 

Muchas comunidades escolares nos han estado contando que los docentes y todos los funcionarios están, cada día que pasa más agotados, a veces angustiados. ¡Y estamos recién terminando el segundo mes, de un año escolar que será complejo!

Existe la ilusión de que la presencialidad terminará con este largo mal rato que hemos pasado, y que por fin vamos a respirar, los estudiantes irán felices a clases y los docentes gozarán ejerciendo su profesión al retomar el contacto físico. Eso quizás podría ocurrir si es que hoy cultivamos la resiliencia, pero jamás lo hará si las mentes que vuelvan a estar físicamente en las salas de clases llegan extenuadas.

 

Sigamos trabajando para volver a la presencialidad, pero no agobiemos más a las comunidades escolares. Lo más importante es trabajar para que las mentes de nuestros estudiantes y sus docentes estén sanas y fuertes para resistir este momento y sobreponerse con éxito cuando esto pase. Es urgente combatir el miedo y la desesperación con muchos espacios de calma, conexión, contención, juego, humor, esperanza. Que las matemáticas y el lenguaje, sean vehículos para estos objetivos que son más prioritarios.

 

Las mentes resilientes, no sólo recuperarán con mayor facilidad los aprendizajes perdidos, sino también se adaptarán mejor a un panorama que será totalmente distinto al prepandemia. Las mentes resilientes no sólo llegarán preparadas de mejor manera a los desafíos del futuro, sino que serán las que crearán ese futuro.

 

Invitamos a aquellas comunidades escolares que quieran promover la resiliencia entre sus miembros, a conocer nuestros servicios, en especial los que se presentan en www.aprendizajesocioemocional.cl/

 

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Aprendizaje online en tiempos de pandemia

La crisis que provocó el Covid-19 llegó a cambiar todo: distancia social, reuniones, negocios, competencia entre las empresas y también cómo aprendemos en el área de educación.

De hecho, el aprendizaje hace años cambió de paradigma y dejó de ser solo presencial. Ahí encontrábamos un grupo de alumnos que se reunían para asistir a una clase sincrónica, donde un profesor enseñaba a la audiencia sus conocimientos y experiencias de un tema determinado. Esta instancia solemne de aprendizaje ocurría en un horario único y era una clase irrepetible.

Desde la aparición de nuevas tecnologías de información, el acceso a Internet y un computador en la palma de tu mano, la educación a distancia supo ganar terreno progresivamente a lo largo del tiempo. Y ahora con el confinamiento ha llegado para quedarse definitivamente en el sistema educativo.

La educación en línea no se trata solo de adaptar una clase presencial al formato online ni de reemplazar al profesor con vídeos, sino que es mucho más que eso. De hecho, este formato de aprendizaje tiene varias ventajas que marcan la diferencia con respecto al modelo presencial, como por ejemplo:

• Variadas posibilidades de formación: al no tener que depender de concurrir a un centro de formación, el estudiante puede formarse en diversas materias e instituciones sin tener que desplazarse de ciudad o país.
• Comodidad: puedes aprender desde tu computador, notebook, tablet, teléfono y puedes hacerlo cuando y donde quieras, tan solo debes procurar tener acceso a Internet.
• Tiempo: al no tener que desplazarte ni depender de horarios puntuales, tu manejas el tiempo que destinas a aprender y cuando lo haces.
• Ritmo de estudio personalizado: poder avanzar a tu propio ritmo es una de las grandes ventajas de la educación online y uno de sus motivos de éxito.
• Fomenta tu autonomía: ayuda a fomentar tu propia autonomía y responsabilidad. Todo avanzará según tu ritmo por lo que el progreso dependerá completamente de ti.

La educación en línea nunca se va a ser igual a la presencial, son sistemas totalmente distintos y tampoco buscan ser iguales, ni siquiera debiesen compararse, sin embargo, ambas metodologías buscan lo mismo, que el usuario aprenda. Y es por esto, que es bueno comenzar a pensar en subirse al tren de la educación online, acercarse y experimentar, equivocarse y aprender.

Nos permitirá aproximarnos a nuevos conocimientos lejos de las aulas de clase y a solo un clic de distancia.

El conocimiento está cada vez más cerca de nosotros, el acceso es casi instantáneo, está a la vuelta de la esquina. Ahora depende de nosotros querer aprender.

Escrito por JUAN RAMON MUÑOZ – UNIVERSIDAD DEL EMPRENDEDOR – SIMÓN DE CIRENE

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