Estonia: integrando aprendizaje y bienestar.

Un pequeño país está acaparando atención mundial por sus excelentes resultados en las últimas mediciones PISA que realiza la OCDE. Una nueva Finlandia, dicen algunos, por el impresionante avance tanto en competencias académicas como en niveles de bienestar de los estudiantes. Este último punto es muy destacable, ya que hay países como Corea del Sur, Japón o China; que consistentemente muestran buenos resultados académicos, pero con la misma consistencia, muestran estar al debe en relación al bienestar psicológico de sus estudiantes.

 

También es un sistema educativo que muestra altos niveles de equidad, reduciendo brechas entre estudiantes con distinto nivel socioeconómico, y brindando una atención muy oportuna a aquellos estudiantes que necesitan apoyos especiales. Otro dato que hace este caso especial es que el gasto en educación no ha aumentado significativamente, lo que habla de un buen uso de los recursos y de cambios que tiene que ver con implementar una nueva forma de hacer las cosas. (Ocde, 2018)

 

Al igual que lo ocurrido en Finlandia hace ya más de una década, las mejoras educativas se sustentan en un gran acuerdo nacional, con todo el espectro político, que da cuenta de una visión país compartida, y que permite el desarrollo de políticas de largo plazo.

Los cambios o mejoras siempre tienen causas múltiples. Dentro de las políticas que se han destacado respecto del caso de Estonia, sobresalen: cambios a la formación docente que ha permitido darles una gran autonomía en la toma de decisiones dentro de la sala de clases, así como una cobertura universal de la educación preescolar, que está enfocada en el juego y no en la escolarización. También se ha señalado como factor de éxito la instalación de una cultura del buen uso de la tecnología en la educación.

 

Lo interesante es que nos muestra que es posible transformar las escuelas en lugares donde los niños, niñas y adolescentes aprenden, lo pasan bien y se sienten seguros.


 

Referencias

 

Education GPS – Estonia – Student performance (PISA 2018). (2018). Education GPS. https://gpseducation.oecd.org/CountryProfile?plotter=h5&primaryCountry=EST&treshold=5&topic=PI

 
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¿Cómo encender la motivación de tus estudiantes?

Según una investigación (Deci, E. L., et. al., 1981), las y los docentes pueden impactar significativamente la motivación de sus estudiantes y en muy poco tiempo. En este caso se evaluó el estilo pedagógico de un grupo de docentes dentro de dos categorías: estilo controlador y estilo pro autonomía. Luego, se midió la motivación de sus estudiantes, antes del inicio de clases y después de ocho meses, dos meses y una semana. En los tres casos se comprobó que los docentes por autonomía mantenían o aumentaban la motivación intrínseca por aprender, y los docentes controladores la disminuían.

 

¡En una semana ya se notaban las diferencias entre ambos grupos!

 

¿Que hace la diferencia?

 

Al igual que una planta, la motivación intrínseca, tiene necesidades básicas, que si no se satisfacen hacen que la planta muera o no crezca lo suficiente o no de frutos. De acuerdo a numerosas investigaciones en el campo de la motivación los seres humanos tenemos necesidades psicológicas básicas, que en ambientes donde son satisfechas, nos sentimos más motivados y nos brindan mayor bienestar.

 

Estas necesidades son la autonomía, los vínculos positivos y tener sentido de competencia.

Los docentes por autonomía satisfacen estas necesidades mediante determinadas prácticas pedagógicas y evitando otras que disminuyen el amor por aprender y la curiosidad.

 

En la siguiente imagen te mostramos un resumen de las prácticas proautonomía v/s las prácticas controladoras.

 
 

Te recomendamos en espacial una de estas prácticas para el inicio de año: dar sentido a las normas.

 

Esto es tan sencillo como dialogar con los estudiantes sobre las expectativas que tienes sobre su comportamiento en clases, buscando que te den su opinión, mostrando aceptación de esas opiniones, explicar por qué has pensado en esas normas, preguntarles cuáles cambiarían y que ellos mismos propongan otras normas. Piensa en normas no sólo que los estudiantes deban cumplir, sino también en tus deberes y explicítalos, eso favorece un sentido de justicia. Luego plantea discusiones sobre las consecuencias de no cumplir las normas, buscando que ojalá sean consecuencias lógicas y naturales y no castigos. Y finalmente habla con ellos sobre prioridades y jerarquías, no todas las normas son iguales, hay algunas más flexibles, hay consecuencias más o menos graves, etc.

 

Si bien este proceso puede tomar tiempo, piensa en todas los problemas disciplinarios que te puedes ahorrar, y en todas las capacidades cognitivas y competencias socioemocionales que se estarán desarrollando.

 

Si te interesa capacitar a tus equipos sobre este tema mira el programa Ambientes AVC para la Motivación Escolar que hemos desarrollado en ama+.

 
 

Deci, E. L., Schwartz, A. J., Sheinman, L., Y Ryan, R. M. (1981). An instrument to assess adults’ orientations toward control versus autonomy with children: Reflections on intrinsic motivation and perceived competence. Journal of Educational Psychology, 73(5), 642–650.

 Foto portada:  de Mikhail Nilov en Pexels
 
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Encanto: ¿cómo liberar a nuestros niños y niñas del peso de las etiquetas?

Una nueva joya de Disney Pixar, Encanto, nos enseña a los adultos sobre el peso que imponemos a los niños y niñas a través de las etiquetas, y lo difícil que nos resulta hablar de lo imperfecto, lo doloroso y nuestra vulnerabilidad.

 

Encanto cuenta la historia de una familia, que podría ser cualquiera, en la que cada miembro recibe un don que lo hace excepcional, salvo una niña, que sufre en silencio la vergüenza de ser la única que no recibió su don. Y su forma de ocultar ese dolor es expresando un falso orgullo por ser parte de la familia más importante del pueblo, y tratando de encontrar una forma de ser apreciada y sentirse valiosa.

 

Categorizar a los niños y a las personas en general, es un mecanismo frecuente de nuestra mente. Como educadores (padres o docentes) resulta fácil manejar las relaciones desde las categorías. El brillante, la responsable, el flojo, la linda, los populares, los rechazados, la deportista, el payaso, etc. Y también están los invisibles, esos niños y niñas que no destacan en nada especial. Todas estas categorías, aún las positivas, pueden imponer un gran peso durante el desarrollo, generando ansiedad al tratar de siempre cumplir con las expectativas de otros, o desesperanza, al constatar que no hay nada que hacer para poder ser visto de otra manera. Clásico es el relato de muchas personas que cuentan que fueron castigados por algún profesor aún estando ausentes.

 

¿Cómo podemos liberar a nuestros niños de las etiquetas?

 

Una práctica o estrategia que es muy útil para evitar etiquetar es cambiar el lenguaje de los juicios por un lenguaje descriptivo. Por ejemplo, en vez de elogiar diciendo “eres tan inteligente”, describe: “respondiste bien todas las preguntas”. En vez de, “eres tan divertido”, describe: “me alegraste el día con tu humor”. Al evitar el eres, el juicio personal, liberamos al niño o niña de la exigencia de comportarse de una determinada manera todo el tiempo. Así, quien no responde bien todas las preguntas la próxima vez, no pierde su inteligencia, sencillamente cometió un error y está bien.

 

En el caso de una etiqueta negativa, el lenguaje descriptivo no exagera ni catastrofiza las situaciones. En vez de decir “eres tan irresponsable”, describe: “se te olvidó traer los materiales hoy”. Al enjuiciar estamos diciendo que la persona es el problema, al describir decimos que ha ocurrido un problema y la persona puede ser parte de la solución, puede hacerlo diferente en otra oportunidad.

 

Un paso más allá es desafiarse a describir cuando vemos que el niño o niña se comporta de manera diferente a su etiqueta. Así, si “el payaso” de la clase hace una buena (y seria) pregunta en clases, describe: “¡Excelente pregunta! Se nota que reflexionaste sobre este tema”. O si “la buena y conciliadora” tiene un conflicto con algún compañero, en vez de decirle “me extraña que te hayas peleado”, describe: “veo que estás enojada y está bien que puedas defender tu punto de vista, lo importante es hacerlo de buena manera”.

 

Como muchas veces las etiquetas están súper instaladas, y por lo mismo, los niños se comportan frecuentemente de acuerdo a su etiqueta, al principio puede ser difícil, encontrar oportunidades para describir comportamientos contrarios a las etiquetas. Entonces también podemos tratar de generar situaciones que los harán verse de una manera diferente. Un ejemplo muy bonito es de una profesora que se dio cuenta de que una compañera nueva en el curso, muy tímida, estaba siendo molestada por un grupo de compañeras muy “populares”. Llamo personalmente a la “líder” del grupo, le explicó su preocupación, y le pidió que como ella tenía una gran influencia en el curso y era tan sociable se preocupara de integrar a la nueva compañera. Le dijo también que estaría chequeando con ella una vez a la semana como iba todo. Así esta “líder negativa”, asumió el desafío y el maltrato cesó rápidamente. La profesora la elogiaba en cada avance, diciéndole cosas como “veo que has sido muy acogedora”, “te agradezco lo que estás haciendo, es una muestra de tu buen corazón”, “lo que haces muestra una gran generosidad”, etc. así le dio una tremenda oportunidad de verse de manera diferente.

 

Lo interesante del lenguaje descriptivo es que le damos información a los niños con la cual ellos mismos, internamente interpretan y hacen su propio juicio. Elimina los siempre, nunca, hasta cuando, todo o nada, libera a los niños y abre para ellos todas las posibilidades, incluso la de equivocarse. El lenguaje descriptivo es una forma de mostrar que aceptamos a los demás tal y como son, con sus luces y sombras, generando un real sentido de pertenencia.

 
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EDUCACIÓN: ¿Hacia dónde vamos?

Asistí a un seminario, organizado por la Asociación Gremial de Empresas de Tecnologías en Educación en Chile (AGETECH), en el que representantes de los candidatos presidenciales expusieron sobre sus propuestas. Se agradece la instancia porque la educación ha estado prácticamente ausente de los debates y ha habido poca información de los programas para quienes creemos que es uno de los temas más importantes para el progreso de las naciones.

 

Desafortunadamente durante este encuentro se habló mucho sobre libertad de enseñanza, derecho a una educación de calidad, derecho de los padres, y si es más efectivo que el Estado sea el gran sostenedor o si conviene que sean las familias quienes regulen eso. Digo desafortunadamente, no porque estos temas no sean importantes, pero no son lo más importante para avanzar en calidad. Lo más importante, donde se juega la calidad, es en lo que ocurre en la sala de clases, y en los ambientes escolares, y de eso, hace mucho que no se habla.

Curiosamente es donde se ve mayor consenso entre diversos especialistas. La evidencia nos dice que las clases en que los estudiantes son protagonistas (hablan más que los profesores), hay movimiento y conversación, hay vínculos afectivos y espacio para hablar de todas las emociones, los profesores tienen un ambiente profesional estimulante y que apoya su bienestar y hay altas expectativas sobre los estudiantes, favorecen aprendizajes más significativos, el aprendizaje socioemocional y la construcción de comunidades con alto sentido de pertenencia.

 

Pero los cambios en educación son de largo aliento, quizás por eso no son tan interesantes para los políticos. Para un proyecto de largo aliento es fundamental lograr acuerdos nacionales amplios, que involucren a todos los actores del sistema. Desde expertos, sostenedores, docentes, directivos, asistentes de la educación, estudiantes y apoderados.

 

Si bien parece ser que estamos todavía lejos de lograr algo de esa envergadura, aún las escuelas, colegios, liceos y jardines infantiles, tienen algo de autonomía para empezar a cambiar lo que ocurre en la sala de clases. Como estamos cerrando el año, y en muchos establecimientos vienen tiempos de planificación, proponemos una reflexión en tres pasos, respondiendo a tres preguntas cruciales:

 

¿Qué tipo de clases queremos tener en nuestro establecimiento? Tratar de pensar en todo, desde lo más general a los detalles más mínimos. Esta etapa es para soñar, no pensar aún en las barreras. Las imágenes de futuro guiarán las acciones del presente. Revisa este video si quieres ver una clase que integra el aprendizaje socioemocional y el aprendizaje académico.

 

¿Qué tipo de clases tenemos hoy? Usar la mayor cantidad de datos que apoyen los juicios es fundamental. Revisar las brechas, pero también identificar los aspectos más logrados y los recursos con que se cuenta.

 

¿Qué tiene que pasar para ir desde la clase actual a la clase que soñamos? Esta pregunta debe responderse como si estuviésemos construyendo una escalera de arriba hacia abajo. Es decir, imaginar que ya el sueño está logrado, y revisar qué secuencia de acciones fueron ocurriendo en el hipotético pasado, hasta llegar al primer peldaño. Este proceso permitirá tener mucho mayor claridad sobre plazos, condiciones habilitantes, recursos necesarios, etc.

 

Muchas veces existen buenos objetivos en los planes escolares, pero las acciones que se definen no son planificadas en escalera, y generalmente no se ven resultados por problemas de implementación más que de calidad de las ideas. Este proceso permite identificar una secuencia de pasos más fácil de seguir, y en caso de que algo no resulte como se esperaba, se puede corregir ese peldaño y no eliminar toda la secuencia.

 
 

Si quieres tener una reunión para una asesoría de Fundación ama+ en la planificación, escríbenos: fundacionama@aprendizajesocioemocional.cl.


 
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Un poco más sobre la motivación…

Durante esta semana queremos seguir reflexionando sobre la motivación. Esta vez, comentándoles 2 producciones de Netflix que tienen que ver con dos caras de este tema. Por una parte el documental Athlete A, que se refiere al escándalo de abusos en el equipo olímpico de gimnasia artística de los Estados Unidos, y por la otra, una maravillosa película que nos cuenta la historia de Antonia Brico, una de las pocas mujeres que ha llegado a ser directora de orquesta.

Ambas producciones se refieren a historias de mujeres con fuertes pasiones, unas pequeñas e indefensas que caen en un sistema abrumador y que logran todas las medallas del planeta pagando un precio muy alto. Y otra pequeña con una dura infancia, pero que tiene la libertad de luchar por su pasión, y aunque no logra ser reconocida, en gran parte por su género, vive la vida plenamente, no sin dificultades, pero haciendo lo que ama.

 

Quizás sería bueno comentar que el documental sobre las gimnastas, aunque nos informa sobre todo de los abusos sexuales cometidos por el doctor de la selección, lo que nos interesa es lo que muestra sobre el sistema de entrenamiento de estas niñas, que desde edades muy tempranas, eran fuertemente controladas, aisladas de sus familias por largos períodos, castigadas, llegando a extremos como hacerlas competir con fracturas, pegarles cachetadas, etc. Al parecer muchas personas, o pasaron por alto o directamente encubrieron estas situaciones, porque estaban teniendo logros. Lo más importante era ganar las medallas olímpicas. Por los testimonios de las propias gimnastas, muchas de ellas ganadoras olímpicas, estas situaciones las marchitaron por dentro, y fueron perdiendo la pasión y el entusiasmo con que se iniciaban a los 3-4 años.

 

Hay ambientes fuertemente controladores y competitivos, que pueden tener altos desempeños, pero a costa de la felicidad de las personas. Quizás es por eso que en este último tiempo hemos ido sabiendo de tantos deportistas que más que gozar sus disciplinas dicen sentirse angustiados, tener depresión, etc. Esto es válido para la educación también. Podemos tener buenos resultados académicos, según pruebas estandarizadas, presionando a los niños con castigos y recompensas, pero dudo que sea eso el propósito de la verdadera educación integral. Pero además, hoy día sabemos, por estudios e investigaciones, que cuando las personas actúan por temor a ser castigadas o sólo por una medalla, sus desempeños a la larga, no son tan buenos o terminan con algún malestar psicológico, esto porque necesitamos sentir que hacemos lo que queremos y amar lo que hacemos, necesitamos que lo que hacemos tenga sentido o sea una contribución para este mundo. Eso sólo ocurre cuando tenemos autonomía, cuando nos sentimos conectados con otros y cuando tenemos un sentido de competencia o eficacia.

 

Por su parte la película Antonia, nos muestra a una jovencita y luego una mujer, con una determinación sin límites para lograr una meta prácticamente imposible: ser directora de orquesta en los años 30. Ni siquiera hoy existen muchas mujeres que dirijan, en esa época era un escándalo. Es una historia admirable por la mentalidad de crecimiento, la asertividad, la disciplina y por supuesto, excelente modelo para nuestras niñas y adolescentes.

¿Cómo encender ese tipo de motivación en cada niño o niña que está en nuestra sala de clases? Creo que la historia de Antonia, aunque su vida familiar no fue fácil, tuvo siempre mucha libertad para dedicarse a la música, tuvo mentores, profesores que creyeron en ella y amigos que la apoyaron de una u otra manera. Ella, a pesar de que recibió muchos «no» a cada paso en el camino, se mantiene con una entereza sorprendente. En contraste con lo que se ve en el documental, Antonia es una mujer enfrentada a inmensos desafíos desde pequeña también, pero plena, llena de energía por su pasión que es la música.

De ambas historias podemos aprender que la motivación intrínseca es algo que es frágil, hay que cuidarla no está garantizada. También podemos aprender que no es algo creado desde afuera de la persona, a cada niño o niña, le saltará su corazón por diferentes cosas. Descubrir esos intereses y permitirles cultivarlos es fundamental, para eso darles autonomía, para tomar decisiones, para involucrarse con la actividad en sí y no enfocarlos hacia el logro o las medallas. A veces les decimos a los niños y las niñas que «no importa lo que hagas, debes ser el/la mejor». Esa es una frase peligrosa porque lo más importante de la motivación intrínseca, que lleva a altos desempeños pero también a mucho bienestar, es que el foco de atención esté puesto en el disfrute de la actividad en sí y no en algo externo.

Si quieres saber más sobre este tema, te invitamos a inscribirte en una sesión introductoria de nuestra capacitación Ambientes AVC para la Motivación Escolar.

 
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¿Cómo empezar a recuperarnos para una educación de calidad?

Los resultados de las pruebas de diagnóstico realizadas por la Agencia de la Calidad de la Educación han sido un balde de agua fría para el sistema educacional. Si bien es probable que nadie esperara buenos resultados, parece ser que lo obtenido es mucho peor de lo que todos imaginábamos. La conclusión inmediata y generalizada ha sido que la educación presencial es irreemplazable y que la educación a distancia no funciona. Sin embargo, sería importante mirar con más pausa y calma estos resultados para comprender bien por qué se han producido.

¿Será todo causa de la falta de presencialidad? ¿Acaso no existen modelos exitosos de educación a distancia?

Un tema que se ha hablado profusamente desde el año pasado son los altos niveles de estrés en docentes y funcionarios escolares en general. ¿Tendrá algo que ver con estos resultados la mala salud mental de nuestros docentes? ¿Es esperable que personas agotadas y con mucha ansiedad puedan tener un desempeño adecuado en su profesión? ¿Volver a clases presenciales, es la única solución a la calidad de nuestra educación? Este es un sistema que sufre de agotamiento mucho antes de la pandemia. Este evento traumático sólo ha asestado un golpe mortal a la enseñanza tradicional y academicista, los extensos currículos que impiden la autonomía y creatividad de las escuelas y sus docentes y la alta demanda de trabajo administrativo para los equipos escolares.

Hace unas semanas publicamos un artículo sobre el impacto del estrés en el proceso de enseñanza aprendizaje. La ansiedad que podría generar “pasar” contenidos atrasados en poco tiempo sería una pésima consejera para las soluciones que necesitamos para dar educación de calidad a las y los estudiantes.

En nuestra experiencia trabajando realizando encuentros de bienestar en las comunidades escolares, hemos recogido testimonios de docentes y asistentes de la educación, que dan cuenta del estrés crónico que abunda en el sistema.

“No me alcanza el tiempo para preparar el material que tengo que mandar a las casas y además llamar a los estudiantes que están más perdidos. Tengo que dedicarles tiempo para lograr una conversación que no sea sólo de notas, porque ahora necesitan mucho más que los escuchemos sobre sus problemas.”

“A veces nos quedamos hasta tarde repartiendo cajas de alimentación en la escuela, y cuando llego a mi casa tengo que seguir corrigiendo trabajos.

“Tengo apoderados que me han llamado a las 12 de la noche, porque es la hora en que ellos pueden revisar las tareas de sus hijos.”

 

“Es muy triste que a pesar de todo lo que estamos tratando de hacer se nos diga que trabajamos poco porque no hay clases presenciales. Yo ahora diría que trabajo el doble o el triple. Todo es diferente y nadie nos preparó para esto, pero parece que los profesores teníamos que ser expertos en clases online de un día para otro.”

“Lamentablemente algunas veces tengo que hacer clases con mis hijos al lado mío haciendo sus tareas o estando en clases, sé que es horrible y por una parte me da vergüenza porque es como poco profesional, pero he preferido eso a no aparecer para mis estudiantes.”

“Antes en la escuela conversábamos con los colegas en un café, a veces tomábamos desayuno juntos, celebrábamos los cumpleaños, etc. Ahora eso ha cambiado, todos andamos más metidos en lo nuestro y apenas nos saludamos, por lo estresados que estamos.”

Es urgente que las comunidades escolares aprendan a manejar el estrés, como primera prioridad antes de empezar a pensar soluciones creativas y de largo plazo para dar a nuestros niños, niñas y adolescentes la educación que se merecen.

Nuestra sugerencia es empezar instalando el concepto de recuperación como un hábito de la escuela. El estrés, es algo normal y recurrente, y no es malo en sí mismo. El problema es que cuando es crónico nos quita energía para funcionar y limita nuestras capacidades cognitivas y de regulación emocional. Entonces la clave está en no permitir que sea constante, y eso se logra con espacios de recuperación que nos permiten volver a calmarnos, tomar aire, conectarnos con fuentes de energía para enfrentar las demandas del ambiente.

Parece ser que las universidades han entendido esto mucho mejor que el sistema escolar. Varias han implementado un sistema de pausas periódicas para crear mejores condiciones de bienestar para sus estudiantes y docentes.

Proponemos instalar intencionadamente pausas para la recuperación de energía. No pensemos que esto es dar vacaciones más seguidas, porque aunque podría ser una medida, no necesariamente las vacaciones son sinónimo de recuperación.

Quizás algo más novedoso sería incorporar pausas guiadas para recuperar energía, pausas de calidad. Incorporar pausas de juego, de conexión emocional, de respiración y mindfullness, de arte, de actividad física; diseñadas para conectar a las personas con fuentes de energías sostenibles.

Aunque puede dar cierto temor a invertir tiempo en actividades para recuperar energía, la evidencia señala que los resultados académicos y el desempeño docente van a mejorar si las pausas son adecuadas y suficientes.

¿Cuántas pausas hacer? Las que sean suficientes para manejar el estrés. ¿Cómo saberlo? Midiendo. Midiendo indicadores de bienestar, evaluando cualitativamente en las conversaciones con las y los docentes, observando indicadores como cantidad de ausencias o licencias. Normalmente a mayor estrés serán necesarias más pausas, no existen los atajos.

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¿Cómo Cuidar la Mente para la Resiliencia en Tiempos de Crisis?

Fundación ama+, especialistas en aprendizaje socioemocional

Desde que empezó la pandemia los pronósticos sobre su impacto en la educación han sido cada vez más catastróficos. Organismos internacionales y nacionales de gran prestigio nos alertan sobre el aumento de la desigualdad, la deserción escolar, retrocesos enormes en los aprendizajes. En muchas ocasiones se usan términos como «determinantes», «irreversibles» e «irremontables» para calificar estas consecuencias tan negativas. A medida que pasa el tiempo (ya vamos por un nuevos semestre a distancia o a lo más semi presencial), el miedo a todo lo que se ha perdido crece y crece.

No cabe duda, y no podemos estar más de acuerdo, en que es muy deseable que los niños, niñas y adolescentes vuelvan pronto a acudir a sus escuelas de manera presencial. Sin embargo, no creemos que lo ocurrido durante esta pandemia sea determinante, y menos que no haya nada más que hacer que «aguantar» hasta que las escuelas abran sus puertas. Si así fuera, estaríamos contradiciendo numerosa evidencia que nos muestra que tenemos una mente resiliente , y que gracias a su plasticidad, frente a las adversidades, es capaz de reinventarse y salir incluso más fortalecida.

El mayor enemigo para la mente resiliente no es el no haber aprendido mucho, sino el estrés crónico o el estrés agudo paralizante. Este tipo de estrés causa daño a nuestro organismo, afectando desde nuestro sistema inmune hasta la regeneración celular. Una de las consecuencias más nefastas para el aprendizaje y la enseñanza es que «hackea» a la corteza prefrontal y el circuito del aprendizaje, y exacerba la activación de circuitos subcorticales. Esto significa que no nos deja pensar con claridad, poner atención, memorizar, planificar, analizar, crear e innovar. Cómo no preguntarse entonces ¿qué debiera ser la prioridad para este momento de la educación?

Sabemos que se dice que la contención debe ser prioridad, pero en la práctica, ¿cuántas horas del trabajo que están haciendo las comunidades es para el bienestar emocional y cuántas para pasar materia? ¿Cuántas horas se va a dedicar al bienestar emocional cuando se vuelva a la presencialidad y cuántas a recuperar aprendizajes? ¿Cuánto estrés más va a provocar la recuperación a presión?

 

Muchas comunidades escolares nos han estado contando que los docentes y todos los funcionarios están, cada día que pasa más agotados, a veces angustiados. ¡Y estamos recién terminando el segundo mes, de un año escolar que será complejo!

Existe la ilusión de que la presencialidad terminará con este largo mal rato que hemos pasado, y que por fin vamos a respirar, los estudiantes irán felices a clases y los docentes gozarán ejerciendo su profesión al retomar el contacto físico. Eso quizás podría ocurrir si es que hoy cultivamos la resiliencia, pero jamás lo hará si las mentes que vuelvan a estar físicamente en las salas de clases llegan extenuadas.

 

Sigamos trabajando para volver a la presencialidad, pero no agobiemos más a las comunidades escolares. Lo más importante es trabajar para que las mentes de nuestros estudiantes y sus docentes estén sanas y fuertes para resistir este momento y sobreponerse con éxito cuando esto pase. Es urgente combatir el miedo y la desesperación con muchos espacios de calma, conexión, contención, juego, humor, esperanza. Que las matemáticas y el lenguaje, sean vehículos para estos objetivos que son más prioritarios.

 

Las mentes resilientes, no sólo recuperarán con mayor facilidad los aprendizajes perdidos, sino también se adaptarán mejor a un panorama que será totalmente distinto al prepandemia. Las mentes resilientes no sólo llegarán preparadas de mejor manera a los desafíos del futuro, sino que serán las que crearán ese futuro.

 

Invitamos a aquellas comunidades escolares que quieran promover la resiliencia entre sus miembros, a conocer nuestros servicios, en especial los que se presentan en www.aprendizajesocioemocional.cl/

 

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Aprendizaje online en tiempos de pandemia

La crisis que provocó el Covid-19 llegó a cambiar todo: distancia social, reuniones, negocios, competencia entre las empresas y también cómo aprendemos en el área de educación.

De hecho, el aprendizaje hace años cambió de paradigma y dejó de ser solo presencial. Ahí encontrábamos un grupo de alumnos que se reunían para asistir a una clase sincrónica, donde un profesor enseñaba a la audiencia sus conocimientos y experiencias de un tema determinado. Esta instancia solemne de aprendizaje ocurría en un horario único y era una clase irrepetible.

Desde la aparición de nuevas tecnologías de información, el acceso a Internet y un computador en la palma de tu mano, la educación a distancia supo ganar terreno progresivamente a lo largo del tiempo. Y ahora con el confinamiento ha llegado para quedarse definitivamente en el sistema educativo.

La educación en línea no se trata solo de adaptar una clase presencial al formato online ni de reemplazar al profesor con vídeos, sino que es mucho más que eso. De hecho, este formato de aprendizaje tiene varias ventajas que marcan la diferencia con respecto al modelo presencial, como por ejemplo:

• Variadas posibilidades de formación: al no tener que depender de concurrir a un centro de formación, el estudiante puede formarse en diversas materias e instituciones sin tener que desplazarse de ciudad o país.
• Comodidad: puedes aprender desde tu computador, notebook, tablet, teléfono y puedes hacerlo cuando y donde quieras, tan solo debes procurar tener acceso a Internet.
• Tiempo: al no tener que desplazarte ni depender de horarios puntuales, tu manejas el tiempo que destinas a aprender y cuando lo haces.
• Ritmo de estudio personalizado: poder avanzar a tu propio ritmo es una de las grandes ventajas de la educación online y uno de sus motivos de éxito.
• Fomenta tu autonomía: ayuda a fomentar tu propia autonomía y responsabilidad. Todo avanzará según tu ritmo por lo que el progreso dependerá completamente de ti.

La educación en línea nunca se va a ser igual a la presencial, son sistemas totalmente distintos y tampoco buscan ser iguales, ni siquiera debiesen compararse, sin embargo, ambas metodologías buscan lo mismo, que el usuario aprenda. Y es por esto, que es bueno comenzar a pensar en subirse al tren de la educación online, acercarse y experimentar, equivocarse y aprender.

Nos permitirá aproximarnos a nuevos conocimientos lejos de las aulas de clase y a solo un clic de distancia.

El conocimiento está cada vez más cerca de nosotros, el acceso es casi instantáneo, está a la vuelta de la esquina. Ahora depende de nosotros querer aprender.

Escrito por JUAN RAMON MUÑOZ – UNIVERSIDAD DEL EMPRENDEDOR – SIMÓN DE CIRENE

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Liderar desde “lo femenino”

Sumergidos en la mitad de la crisis sanitaria Covid-19, pandemia mundial y primera de nuestra generación, nadamos en la incertidumbre sobre el futuro inmediato y se va poniendo luz a realidades que, aunque siempre supimos que estaban, se habían vuelto invisibles.

Las crisis son las grandes incubadoras de nuevas oportunidades, nos obligan a sacarnos el piloto automático y a movernos en aguas desconocidas. Nos enfrentan a lo que nos desafía, a los miedos más profundos y también nos dan la posibilidad de mirar lo que funciona o no en nuestra vida. Nos obligan a hacer cambios, derribar obstáculos -la mayoría mentales- que nos detienen el avance y también sacan lo mejor de cada persona. Sólo miren a su alrededor: ¿Cuánta fuerza, pasión, amor, creatividad, determinación, solidaridad y colaboración, entre otras virtudes y emociones positivas, han detectado en medio de la actual crisis sanitaria? Seguramente muchas. Personalmente, me emociona observar a las personas, sobre todo a las mujeres en su reinvención, poniendo todas sus capacidades al servicio y enfrentando la incertidumbre desde su máximo potencial.

 

Una de las manifestaciones que abre posibilidades en el mundo, es la noticia que destaca el trabajo de varias mujeres jefas de Estado durante esta pandemia. Países dirigidos por mandatarias como Nueva Zelanda, Islandia, Alemania, y Dinamarca, entre otros, han sido reconocidos por iniciativas que han resultado más efectivas en el manejo de la crisis del COVID-19, señal significativa, teniendo en cuenta que menos del 10% de todas las naciones del mundo están lideradas por mujeres.

Observamos cómo ellas, quienes lideran países, han tenido una particular disciplina, sensibilidad y capacidad de respuesta frente a la crisis sanitaria y, desde ahí, están desarrollando mejores políticas para atravesar la situación actual y también para el futuro.

¿Y por qué sucedió esto? Una de las respuestas, es que las mujeres que están en cargos de decisión tienden a enfocarse en los bienes más esenciales, como la salud y la educación, y en observar con amplitud de mirada a las personas más vulnerables. No quiere decir que los hombres no tengan esta sensibilidad, sin embargo, en un escenario como el actual y con escasas mujeres ocupando espacios de liderazgo, se nota la ausencia y cabe preguntarnos: ¿Requerimos más líderes mujeres para enfrentar las crisis? ¿Qué hace que nosotras abordemos un problema tan grande de manera tan efectiva? ¿Por qué las mujeres, a pesar de tanto avance, seguimos sin ocupar lugares de liderazgo?

Estas preguntas son complejas y largas de contestar, no obstante, creo importante mantenerlas vigentes y hacer el ejercicio de responderlas en nuestra propia experiencia.

Abordar estas interrogantes comenzó a convertirse en una misión personal en estos días, porque, si nosotras ocupamos más espacios de liderazgo, el mundo ganará, hay evidencia suficiente de que así será. Es urgente inspirar, fortalecer y despertar el liderazgo de las mujeres, no podemos seguir esperando, las crisis vienen cada vez más seguidas.

Esta convicción me ha llevado a iniciar reflexiones, especialmente sobre el ejercicio del liderazgo, pero en este caso,  desde  “lo femenino” más allá del “liderazgo femenino” en sí, de esta manera nos salimos de la caja con las etiquetas estereotípicas y se deja el espacio para que los hombres también lideren desde ese estilo, forma, o como se le quiera llamar.

Las conversaciones acerca del tema con decenas de mujeres líderes me han permitido mirar más allá de mis propias ideas y vivencias y, además, descubrir cómo cada una de ellas ha ido forjando una manera particular de liderar, la mayoría sin grandes apoyos, sacando lo mejor de sí. ¿Cómo hacemos eso? ¡Igual que cuando enfrentamos las crisis! Claro, porque no es habitual movernos en este mundo de liderazgo que ha sido reservado históricamente para los hombres, entonces, cuando a nosotras nos toca sentarnos en la punta de alguna pirámide, nos movemos, al principio al menos, en la incertidumbre total.

Uno de los mayores obstáculos que las mujeres tenemos para dar el primer paso es la auto declaración: Soy una mujer líder. A la mayoría nos da miedo decirlo, aunque lo estemos sintiendo, incluso aunque estemos ejerciendo el liderazgo. Para esto, como para tantas cosas, necesitamos que nos den permiso, o nos proclamen y, ese obstáculo, aunque creamos que es propio y personal, es colectivo en nuestro género porque es cultural, viene desde antes de nuestro nacimiento y es invisible.

Como dijo el Principito: “He aquí mi secreto que no puede ser más simple”. Todas estamos capacitadas para liderar en cualquier momento de nuestra vida. Margaret Thatcher lo verbalizó perfectamente en 1979, cuando se convirtió en primera ministra británica, con su frase: “Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa estará más cerca de entender los problemas de llevar un país”, poniendo en la mano de las mujeres la llave para abrir las puertas que están cerradas por la construcción social y la cultura, entre otras razones, pero, más que todo, cerradas por nuestras propias limitaciones y autocensuras que no nos permiten levantar la mano cuando se hace la pregunta ¿Quién va a liderar hoy?

La invitación es a construir una base sólida de auto confianza, que se elabore con fuertes convicciones y, por sobre todo, un compromiso a toda prueba, pues éste nos da la fuerza para levantarnos, sacar la voz y ser líder en un mundo con códigos masculinos, que sólo se podrán intervenir si nos internamos con valor y apoyo mutuo para desarrollar este nuevo liderazgo “desde lo femenino” y que se valore cada día más,  para que contribuya ampliamente a crear un país y un mundo mejor para las nuevas generaciones.

Mai-Nie ChangMai-Nie Chang – Empresaria

 

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Contribuyendo con el telecolegio de nuestros hijos

Es sabido que para poder recordar algo se debe generar algún grado de emoción.
Segun mi experiencia como especialista en aprendizaje aprender es: entender y memorizarlo que entiendo hoy debo ser capaz de memorizarlo “mañana” para aplicarlo, de lo contrario no se habrá producido el aprendizaje. No hay aprendezaje si no logro aplicar ese conocimiento en el futuro cuando lo necesite. Por lo tanto si necesito de la memoria para aprender, es imprescindible que esa informacion o contenido pase por la emoción.
Pero ¿cómo hacer que algo nos emocione? Lo que primero necesitamos hacer es ver cómo nos sentimos, para eso existen listados o ruedas con una larga lista de emociones divididas en 6 grandes grupos de emociones: sorpresa, felicidad, tristeza, disgusto, ira y miedo. Ahora como padres-profesores tenemos que ayudar a nuesros hijos a expresar y comunicar constantmente cómo se van sintiendo con este encierro, distanciamiento de amigos y falta de independencia debido a esta inesperada pandemia. Una vez que logramos hacer que definan cómo se sienten, y cual es la emocion, podremos trabajar en ella. (como expliqué en una columna anterior)
 
 
Las emociones que rondan en los niños y niñas por estos dias me atreveria a decir que son la ansiedad, la tristeza, la desesepracion, la soledad, confusion y abandono, lo que seguramente los podria estar llevando a una actitud de inatencion, impulsividad y hasta molestia frente al colegio y proceso de aprender.
La ansiedad (del grupo de la tristeza) en los niños se traduce en conductas impulsivas, a presentar un mal humor, se ven problemas para concicliar el sueño, insomnio a mitad de la noche, inapetencia, dolor de cabeza, entre otras.
Entonces, ya definida la emocion (la mas comun tristeza y ansiedad) es ayudarles a gestionarla. La ansiedad se puede trabajar con el manejo de certezas. Si nosotros como padres-profesores, les explicamos de manera clara y precisa lo que esperamos de ellos en términos de aprendizaje, si les definimos bien sus horarios para estudiar, horarios para ver tv o jugar, si les describimos la recompensa, si practicamos un refuerzo positivo lo mas inmediato posible al logro por muy pequeño que sea, los niños-estudiantes tendrán mas certezas y seguridades, lo que les ayudará a disminuir si ansiedad.
Lo veo con mis alumnos e hijos, las reglas en casa son claras y raramente se modifican (sólo si hubo una conducta destacada en algun ámbito o circunstancia que ameritara). Se estudia todas las mañanas, la television sólo se prende desde las 3 pm hasta las 6 pm. Les pido que estén en conctacto con el aire libre todos los dias*, idealmente en las mañanas en espacios libres. Se hacen 2 tareas a diario. Se trabaja en silencio, bien sentados, buena iluminacion y presentacion. Todo eso trae consecuencias positivas, refuerzos y certezas. Los esfuerzos son reconocidos y premiados. Es una enseñanza para la vida todo este sistema de orden, no se visualiza de inmediato pero en unas semanas ya es posible visualizar que se han incorporados nuevos habitos, los niños se adaptan rapidisimo a los cambios. Como asi mismo los pequeños tienen escasa conciencia de cantidad y tiempo por lo que señalarles desde la fecha en que estamos cada dia, hasta las horas con un reloj o temporizador de cuánto estarán frente a la tv les ayuda infinidad.
 
Eso por el lado de las emociones y su relacion con una mejor disposicion para aprender, pero eso no es suficiente, otro aspecto importante que contribuye con tener una mente abierta para aprender es el movimiento, el juego y la creatividad*. De lo cual les comentaré en la próxima columna.

 

Claudia Pastene – Psicopedagoga – Conoce más de Claudia aqui

Imagen de portada : Foto de August de Richelieu en Pexels

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