Negociar es ordenar los desacuerdos

Negociar es el arte de ordenar la divergencia. Cuando dos o más actores negocian, no tratan de eliminar el disenso, sino de armonizarlo en una determinada ordenación para construir espacios más óptimos. Negociar es una actividad que se localiza en el instante en que se organizan los desacuerdos para dejar sitio a los acuerdos. En El triunfo de la inteligencia sobre la fuerza (ver) expliqué el dinanismo de toda negociación, que sustancialmente es el proceso que inaugura la civilización humana: utilizar una tecnología para que las partes se hagan visibles (el lenguaje), invocar una ecología de la palabra educada y respetuosa (diálogo) y urdir tácticas inteligentes para concordar la discrepancia (argumentación). Una de las primeras reglas axiomáticas en conflictología señala que los conflictos son consustanciales a la peripecia humana, y por lo tanto es una tarea estéril aspirar a su extinción. Pero otra de esas reglas afirma que no se trata de erradicar la existencia del conflicto, sino de solucionar bien su irreversible emergencia. Un conflicto solo se soluciona bien cuando las partes implicadas quedan contentas con la resolución acordada. En la jerigonza corporativa se emplea la expresión ganar-ganar para explicar en qué consiste un buen acuerdo bilateral, pero es un recurso dialéctico que a mí me desagrada porque esgrime la dualidad ganar-perder inserta en el folclore de la competición. Si utilizamos imaginarios competitivos inconscientemente inhibimos los cooperativos. Una negociación no estriba en ganar, sino en alcanzar la convicción mutua y recíproca de que las partes en liza han levantado el mejor de los escenarios posibles para ambas. Gracias a este convencimiento uno se puede sentir contento. Parece una trivialidad, pero es este impulso afectivo el que dona reciedumbre a cualquier proceso negociador. Y perennidad a lo acordado.

En una negociación no se trata solo de alcanzar un acuerdo, sino sobre todo de respetar el acuerdo alcanzado. Para lograr algo así es imperativo salvar permanentemente la cara al otro. Esta maravillosa expresión la acuñó Erving Goffman, el padre de la microsociología. Se trata de no acabar nunca un acuerdo con una de las partes dañada en su autoestima. Es difícil alcanzar una resolución cuando en el decurso de hallarla los actores se faltan al respeto, señalan aquello que degrada a la contraparte, son desconsiderados con cada propuesta, enarbolan un léxico y una adjetivación destinada a depreciar o directamente destituir la dignidad del otro. Hace unos días una buena amiga compartió en las redes un antiguo texto de este Espacio Suma NO Cero del que yo me había olvidado por completo. Para publicitarlo entresacó una frase que es la idea rectora de este artículo: «No podemos negociar con quien pone todo su empeño en deteriorar nuestra dignidad». Me corrijo a mí mismo y admito que sí se puede negociar con quien se empecina en devaluarnos, aunque convierta en inaccesible pactar algo que sea a la vez valioso y longevo. Cuando una parte libera oleadas de palabras con el fin de lacerar el buen concepto que el interlocutor tiene sobre sí mismo, se complica sobremanera que el damnificado luego coopere con él. Dirimir con agresiones verbales las divergencias suele ser el pretexto para que las partes se enconen, se enroquen en la degradación adversarial, rehúyan cualquier atisbo de acuerdo.

Es fácil colegir que nadie colabora con quien unos minutos antes ha intentado despedazar con saña su imagen, o se ha dedicado a la execración de su interlocutor en una práctica descarnada de violencia hermenéutica: la violencia que se desata cuando el otro es reducido a la interpretación malsana del punto de vista del uno mismo. El ensañamiento discursivo (yo inventé el término verbandalismo, una palabra en la que se yuxtapone lo verbal y lo vandálico, y que significa destrozar con palabras todo lo que uno se encuentra a su paso) volatiliza la posibilidad de crear lazos, de encontrar puntos comunes que se antepongan a los contrapuestos. Para evitar la inercia de los oprobios William Ury y Roger Fisher prescribieron la relevancia de separar a las personas del problema que tenemos con esas personas. Tácticas de despersonalización para disociar a los actores del problema que ahora han de resolver esos mismos actores. En este proceso es necesario poner esmero en el lenguaje desgranado porque es el armazón del propio proceso. Yo exhorto a ser cuidadosos con las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. La filósofa Marcia Tiburi eleva este cuidado a deber ético en sus Reflexiones sobre el autoritarismo cotidiano: «Es un deber ético prestar atención al modo en que nosotros mismos decimos lo que decimos». Esa atención se torna capital cuando se quiere alcanzar un acuerdo.

En el ensayo Las mejores palabras (actual Premio Anagrama de Ensayo), el profesor Daniel Gamper recuerda una evidencia que tiende a ser desdeñada por aquellos que ingresan en el dinamismo de una negociación: «Si de lo que se trata es de alcanzar acuerdos duraderos, entonces no conviene insistir en aquellos asuntos sobre los que sabemos que no podemos entendernos». Unas líneas después agrega que «los términos de la coexistencia no pueden ser alcanzados si todo el mundo insiste en imponer su cosmovisión a los otros». Justo aquí radica la dificultad de toda negociación, que a su vez destapa nuestra analfabetización en cohabitar amablemente con la disensión. Si negociamos con alguien y alguien negocia con nosotros, es porque entre ambos existe algún gradiente de interdependencia. La interdependencia sanciona que no podemos alcanzar de manera unilateral nuestros propósitos, y que pensarse en común es primordial para construir la intersección a la que obliga esa misma interdependencia. Este escenario obliga a ser lo suficientemente inteligente y bondadoso como para intentar satisfacer el interés propio, pero asimismo el de la contraparte, precisamente para que la contaparte, a la que necesitamos, haga lo propio con nosotros. Contravenir este precepto es ignorar en qué consiste la convivencia.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

 

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4 Acciones Para Aumentar la Autoconfianza

¿Cómo aumentar la autoconfianza?  Esa seguridad de que sabes lo que haces,  puedes lograr lo que te propongas, y que nada te sacuda esa certeza. Es la pregunta del millón de dólares, ¿no? Bueno, no necesariamente. Aquí te doy unas sugerencias de fácil aplicación y grandes resultados.

Es útil reconocer que todos en algún momento necesitamos que alguien nos recuerde nuestro valor. Alguien que te diga: “tú puedes”, “te lo mereces”, “qué bien lo has hecho”. Ese empujoncito puede venir de nuestra familia, amigos, colegas o hasta de desconocidos que te siguen por redes sociales.

Pero una cosa es tener un momento de inseguridad y otra albergar una duda constante respecto de tu valor, de tus conocimientos, o de tu capacidad. Cuando empiezas a dudar de todo, estás frente un sentimiento que genera ansiedad y puede impedirte desarrollar tu carrera profesional de manera satisfactoria. Si este es tu caso, quizá necesites ayuda profesional para salir adelante.

Cuatro formas efectivas de aumentar la autoconfianza

Es sabido que la confianza en ti misma es un motor que ayuda a mejorar tus resultados.  Por eso, es fundamental que tengas una autoconfianza sana que te permita planificar, perseverar y lograr lo que te propones. Lo bueno es que hay formas efectivas de darte un shock para aumentar la autoconfianza cada vez que lo necesites. Aquí te propongo cuatro acciones simples para fomentarla.

1Apariencia poderosa

Si a menudo experimentas falta de autoconfianza, es común escuchar la recomendación de que explores el por qué. Que hagas una introspección e identifiques qué circunstancias en tu vida te han llevado a desvalorizarte. Y ese es un buen camino a seguir. Pero hoy te propongo que empieces por el camino inverso. Es decir, por afuera. Por lo que generalmente se considera “superficial”: La apariencia.

Hay numerosos estudios que indican que la ropa afecta cómo te sientes. Y sentirte bien es un paso importante a la hora de reforzar la autoconfianza. Elige un look que te favorezca y con el cual sientas que puedes conquistar el mundo. Eso afectará tu actitud, te dará el coraje que tal vez te falte para enfrentar ciertas situaciones o para aceptar un desafío para el cual no te sientes lista. Considera con cuidado cada detalle de tu vestimenta, incluyendo accesorios, zapatos (¡y si son rojos mejor!) bolsa, maletín, y demás.

Lo mismo va para tu arreglo personal. Un buen corte de pelo puede renovar tu imagen y ayudar a levantar tu autoconfianza.  Un poco de maquillaje, lápiz labial, y una buena manicura pueden tener un efecto muy positivo. Estos cambios que parecen superficiales, tienen un impacto muy favorable en cómo nos vemos a nosotras mismas y por ende, cómo nos sentimos. ¡Pruébalos!

2Posturas poderosas

Tal vez escuchaste hablar de ciertas posturas que envían al cerebro el mensaje de auto empoderamiento. Si bien los resultados de los experimentos que dieron origen a esta teoría no se han podido repetir, y los autores de dicho estudio corrigieron sus declaraciones iniciales, hay algo que se puede rescatar de esta idea.   Sostener una pose por cierto tiempo puede contribuir a aumentar tu autoconfianza y hacerte sentir capaz de conquistar el mundo. Aunque no haya un cambio hormonal, del que en su momento hablaba Amy Cuddy en su Ted Talk, asumir ciertas poses te hace también asumir cierta actitud. Y con frecuencia, todo lo que necesitas para creer que puedes lograr algo es tener la actitud correcta. Entonces, pruébalas todos los días al levantarte y también justo antes de un evento en el que te quieras destacar. Esto incluye esos momentos en que debes presentar frente a un grupo, antes de reunirte con tu jefe para pedir un aumento, o antes de tener una conversación importante con tu equipo.

  • Manos a la cintura, piernas separadas al estilo superhéroe.
  • Brazos arriba en V, las piernas separadas al estilo ganador de una carrera de 100 metros llanos.
  • De pie frente a un escritorio o mesa, manos sobre la mesa, piernas separadas, mirada desafiante al frente al estilo el jefe que te dice “Esto es lo que hay que hacer”.

De la misma manera que estas posturas pueden contribuir a que te sientas bien, hay muchas otras que refuerzan sentimientos de inseguridad y duda. Por ejemplo, caminar con la cabeza gacha, sentarse con la columna vencida, arrastrar los pies, o dejar caer los hombros. Es bueno que te mantengas alerta y observes tu postura en todo momento. Cuando te descubras en alguna de estas, enderézate, echa los hombros hacia atrás, sonríe, párate derecha y camina con determinación.

3Palabras poderosas

Los seres humanos somos seres verbales. Somos las historias que nos contamos a nosotros mismos y a terceros. Las palabras que usamos para definirnos, explicar situaciones, y darle sentido a la vida determinan quiénes somos y qué resultados obtenemos. Si quieres sentirte más segura de ti misma,  observa tus palabras y elimina las que te desempoderan. Presta atención a cómo te hablas a ti misma, qué te dices, cómo te criticas o te felicitas. Cómo justificas lo que te pasa, las reacciones que tienen otros para contigo y las que tienes tú en diversas situaciones. Y considera opciones como estas. En lugar de decir: “Yo no sirvo para esto”, puedes decir: “Elijo asumir este nuevo reto y aprender lo necesario para conquistarlo”. En vez de decir: “No puedo” por qué no decir: “Si me lo propongo lo lograré”. Y a cambio de criticarte a ti misma cuando ves tu reflejo en el espejo, di en voz alta: “Me encanta lo que ven mis ojos. ¡Qué mujer más atractiva, fuerte, segura!” Se tan creativa con tus elogios como quieras. El secreto es eliminar la música de fondo que tienes dentro que se pasa el día juzgándote, criticándote, menospreciándote.

Usa las palabras a tu favor para fortalecer tu autoconfianza y presta atención a las que debes descartar de inmediato.

4Mantras poderosos

Y siguiendo con el tema de las palabras, es muy valioso crear un mantra que puedas repetir a diario y sobre todo justo antes de una ocasión en la que quieres lucirte. Es una técnica simple pero, igual que asumir una postura poderosa, puede fomentar tu autoconfianza. Hace a tu actitud para contigo misma y al reto frente al cual te encuentras.

Nuevamente, puede ser justo antes de una negociación con tu jefe, de una presentación en una conferencia profesional o de un discurso en una ceremonia de graduación.

Algunos ejemplos:

  • Logro todo lo que me propongo
  • Elijo ser exitosa
  • Soy una excelente negociadora
  • Me doy permiso para cometer errores y aprender de ellos
  • Soy receptiva al feedback de los demás

Te aseguro que si repites de manera consistente estas cuatro acciones cosecharás una sólida autoconfianza.

Y considera sumarte al Step Up Plus, nuestro programa de desarrollo de liderazgo, que te ayudará a desarrollar todo tipo de destrezas para crecer en tu carrera. También te pondrá en contacto con una comunidad global de mujeres que se apoya mutuamente para el éxito profesional.

 

mariela_dabbahMariela Dabbah es escritora, conferencista y coach. Como Coach por más de 20 años ha apoyado el desarrollo de carrera de hombres y mujeres latinos en USA , Mariela como integrante de la Red de Profesionales de Mundo Mujer comparte en esta web un material muy interesante para ti, todo basado en su experiencia.

Autora del libro “Poder de Mujer”

Extraido de http://redshoemovement.es/

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Escuchar es vivir dos veces

Cuando nos topamos con alguien excesivamente locuaz y verborreico nos solemos quejar de que «es una persona que habla mucho». Si además milita en el agotador egotismo, esa religión que convierte el ego en el único lugar de peregrinación al que siempre se acaba dirigiendo su discurso, solemos agregar que «es una persona que no para de hablar… de sí misma». Sin embargo, cuando nos cruzamos con otra que nos presta atención jamás la acusamos fiscalizadoramente como  «es una persona que escucha mucho». Yo no he oído a nadie la cantinela quejumbrosa de que «es insoportable, no me interrumpe nunca», jamás he visto enfadarse a alguien porque «esta persona no para de escuchar». El motivo es sencillo. A todos nos gusta hablar y nos halaga que nos escuchen porque en ambos casos se satisfacen enraizadas motivaciones del ser humano como el reconocimiento y el cariño. Escuchar es evidenciar interés por el otro, y a todos nos encanta esa muestra de consideración hacia nuestra persona.

Hace ya tiempo le pregunté a mi sobrina, que entonces sumaba siete años, qué diferencia existe entre escuchar y oír. Quería demostrarle que son dos verbos con significados muy distintos que sin embargo a veces empleamos erróneamente. Me contestó que escuchar es prestar atención a lo que se oye. Me dejó tan atónito que no agregué nada. Escuchar es un acto intencionado, oír, no, y en esa intención descansan todas las virtudes empáticas de la escucha. El refranero nos recuerda con conmovedor optimismo que «hablando se entiende la gente», pero yo creo que debería modificarse por «escuchando se entiende la gente». Realmente deberíamos aproximarnos a realidades más veraces matizando que «escuchando se puede entender la gente, y a veces así tampoco». En la novela El mundo que deslumbra de la gran escrutadora del alma humana Siri Husvedt se afirma taxativamente a través de uno de sus protagonistas que la mejor estratagema para seducir consiste en escuchar.  «No pretendo ser un cínico cuando digo que escuchar es la primera regla de la seducción», comenta un personaje al recordar cómo se ligó a su pareja. Nada nos magnetiza más que una persona nos conceda su tiempo, nos preste sus oídos y nos empuje ligeramente para facilitar que de nuestros labios salgan palabras abrazadas a otras palabras. Quizá sí hay algo que nos atrae más, y es que el que nos escuche nos regale un halago, esa caricia que sobreexcita al ego, siempre que esté bien fundado y sea merecido. Escuchar es seductor, escuchar permite conocer información novedosa frente a la que uno pueda aportar que ya se la sabe de memoria, escuchar está muy bien retribuido sentimentalmente, escuchar es la única forma de documentar el alma de nuestro interlocutor. Escuchar de verdad es vivir dos veces a la vez.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo
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Medicina lingüística: las palabras sanan

En un mundo que aconseja reiteradamente el cuidado de la imagen, yo abogo por el cuidado de las palabras en sus tres grandes disposiciones: las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. Deberíamos acentuar un escrúpulo más acendrado a la hora de decantarnos en la elección de palabras, puesto que literalmente nos va la vida en ello. Somos seres narrativos, nuestra biografía son eventos esparcidos por los días que hilvanamos a través de un relato que nos vamos contando a nosotros mismos para introducir sentido y memoria en esa amalgama de sucesos. A Ulrich Beck le leí que no siempre coincide la historia de nuestra vida, entendida como cadena de acontecimientos reales, con nuestra biografía, que es la forma narrativa con la que escribimos esos acontecimientos en nuestro entramado afectivo.  Me alío junto a Emilio Lledó cuando en Elogio de la infelicidad postula que «en el habla se coagula nuestra intimidad, la mismidad que buscamos». La trama literaria en la que nuestra historia muda a biografía y nos va configurando como una entidad empalabrada modula nuestro estilo cognitivo y afectivo, y ambos el repertorio de nuestras accciones y omisiones, que nos van esculpiendo una existencia con su buril invisible.  Somos una corporeidad amenizada de palabras.

En su libro, hasta hace unos meses inédito, Extravíos, el atribulado aunque cáustico Emil Cioran afirma en uno de sus brillantes aforismos que «en cada uno de nosotros yace un profeta. La obsesión del futuro, que nos lleva a intervenir en la realidad para alterarla, vierte un falso contenido en las sensaciones del presente». Opino más bien que en cada uno de nosotros habita un novelista con el cometido de anotar lo que nos acontece para que nuestro pasado, presente y futuro respiren al unísono. Nos pasamos la vida relatándonos a nosotros mismos, contándonos nuestras peripecias y otorgando un sentido al cúmulo de días en los que se aglutina la eventualidad de vivir. El doctor Oliver Sack, célebre por su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, comentaba que cada persona se narra a sí misma la historia de su vida todo el tiempo. En Experimentos con la verdad, ese cazador de coincidencias que es el gran Paul Auster repasa su trayectoria y alude a sus primeros años de escritor recordando que en aquella época «me analizaba a mí mismo como si fuera un animal de laboratorio». Rimbaud resumió este malabarismo de recursividad mental con un tan contundente como enigmático «yo es otro». Dentro de nosotros se aloja un huésped con el que nos encanta hablar. En mis ensayos aparece repetida de forma totalmente deliberada mi definición acientífica de alma que conexa con esta imagen verborreica. «El alma es esa conversación que mantenemos con nosotros mismos a todas horas contándonos lo que nos ocurre a cada segundo». Lledó de nuevo susurra con su prosa envolvente que «en las palabras sabemos decirnos aquellos momentos en los que hemos sido algo más que el aire que se llevan los días». Las palabras dan vida a la vida vivida. En las palabras resucita el ayer digno de resurrección. La invención de la forma verbal del futuro logra que las palabras den ensoñadora morfología a lo que está por venir.

El lenguaje no solo describe el mundo, también lo crea. En la dilucidación y discriminación de la palabra que vamos a emplear y en cómo vamos a pronunciarla se encapsula el ser en cuya transitoriedad habitamos. Gozamos de plena soberanía para escoger qué palabras serán las que nos expliquen quiénes somos y en qué consiste nuestra instalación en el mundo. Se minusvalora la impregnación de nuestro lenguaje en la volatilidad anímica y afectiva, pero cada palabra que sale para afuera nos revela indicios de quién habita y cómo de la piel para dentro, y cada palabra que se adentra al interior desde fuera provoca mutaciones allí donde se aposenta. Es aquí donde el verbo alberga capacidad medicinal. El término medicina lingüística se lo leí hace tiempo a Dylan Evans en su obra Emoción. La ciencia del sentimiento.  «Hablar acerca de nuestros sentimientos funciona como una válvula de seguridad que permite la salida del vapor excedente de una tubería obstruida». Las palabras confieren efectos medicinales cuando son compartidas. Como apunta el propio Evans, «desahogarse significa hablar de emociones (sic) desagradables con el fin de hacerlas desaparecer». El lenguaje es una herramienta muy poderosa para inducir sentimientos, pero también lo es para contrarrestar aquellos que nos ulceran. El autosabotaje o la estabilidad de la autoestima se labran en el armamentario verbal con el que nos indagamos, nos retratamos y nos pronosticamos. Hay palabras hirientes, lesivas, vejatorias, lancinantes, jibarizadoras, pero asimismo las hay redentoras, lenitivas, analgésicas, energizantes, reparadoras, ansiolíticas. Podemos encontrar todo un repertorio lingüístico que correlaciona con la farmacopea destinada a la sanación del alma.

Siendo niño me llamaba mucho la atención el bálsamo bíblico en el que se demandaba la llegada del lenguaje porque «una palabra tuya bastará para sanarme». Entonces no lo entendía, pero ahora sé que la palabra permite la intersubjetividad, y es esa intersubjetividad la que acaricia y ayuda a sanar la subjetividad cuando está enferma o afligida. Los sentimientos fecundados por una situación adversa, una expectativa derrumbada, un momento de flaqueza en el que nos desencuadernamos, o la irrupción de un acontecimiento aciago (un acontecimiento es un suceso que interrumpe la cadencia de lo ordinario), pueden ser transformados o revertidos gracias al poder restaurador del lenguaje. Los sentimientos se elicitan pero también se derogan con la presencia de los argumentos. Aunque en el título de este artículo afirmo que las palabras sanan, no es exactamente así. No nos curan las palabras, sino los argumentos cuya argamasa está hecha de ellas. Los argumentos poseen capacidad sanadora, como si en su interior semántico llevaran un ungüento milagroso. Oyente y hablante se ensamblan curativamente a través de una siderurgia discursiva.  El ser que estamos siendo conecta con el otro, que es un ser que también está siendo, merced a la palabra, que es la síntesis en donde palpita la vida compartida. Sanan las palabras eslabonadas en el zigzagueo de los argumentos con los que acompañamos a nuestro interlocutor, o él nos acompaña a nosotros. A pesar de que llevo muchos años estudiando su mecanismo, me sigue maravillando la evidencia empírica de cómo la publicidad de la pena atenúa la pena. Es obvio que para publicitarla no nos queda más remedio que encajonarla en un léxico y en una sintaxis. De repente, el oyente deviene en una especie de curandero lingüístico. Cura la palabra expresada, pero sobre todo cuando es palabra escuchada. Hay algo rotundamente contradictorio en este apoteósico dinamismo. La pena al verbalizarse y compartirse se encoge, pero la alegría empalabrada y compartida se expande. Sentimentalmente, hablar siempre sale a cuenta.

Extraido de espaciosumanocero.blogspot.com

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Foto portada: Obra de Alyssa Monks

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Los lenguajes del amor, ¿cuál es el de tu hij@?

  • “Maria está rara, la siento enojada y distante. Ella dice que no la queremos. No entiendo que le pasa porque le he comprado la muñeca que tanto quería y le digo que la amo todo el tiempo”.

Eso me dijo una mami que solicito una consulta conmigo hace unos meses. Luego de hablar con ella e indagar sobre posibles cambios de importancia en la dinámica familiar o si había sucedido algún acontecimiento que pudiera haber herido a Maria me di cuenta que el problema era que la mamá  había tomado un trabajo extra ese mes y por lo tanto en lugar de pasar las mañanas con Maria la llevaba a la casa de su abuela para que esta la cuidara. Lo que a la nena le pasaba era que extrañaba tiempo de calidad con su madre, esos momentos de juego y conexión que no necesariamente debían ser salidas costosas ni planes muy elaborados. Le expliqué a esta mami que según todo lo que me habia contado el lenguaje de amor principal de Maria era el tiempo de calidad, entonces aunque la llenara de juguetes y de “te quiero” Maria no se sentía amada.

Qué es esto de los lenguajes del amor?

El Dr. Gary Chapman ha escrito una serie de libros sobre los lenguajes del amor enfocados en primera instancia a mejorar y fortalecer las relaciones de pareja y hace muy poco publicó una versión adaptada para los niños. Los enlaces de los libros los encontraras al final del articulo.

Según Chapman, existirían 5 lenguajes del amor. Reconocer y tomar conciencia de cual es el predominante en nuestros hijos será de gran utilidad para mejorar y afianzar las relaciones con ellos, ya que según este autor cada persona tiende a expresar su amor y prefiere recibirlo de maneras concretas y diferentes.

Los cinco lenguajes de amor que existen según Chapman son:

1. Palabras

Cuando del amor se trata las palabras si que tienen gran poder para hacernos sentir amados. Aunque quizás seas de los que piensan que a las palabras se las lleva el viento y que las acciones son mas importante tienes que saber que para muchas personas recibir estas afirmaciones positivas es elemental para sentirse amados. Estas palabras o frases verbalizadas (“te quiero”, “eres importante para mi”, “tu opinión es valiosa”, “me encanta estar contigo”, “siempre te voy a amar”) nutren el sentido interno de valía y seguridad del niño y aunque sean fugaces, no se olvidan pronto y algunas nunca se olvidaran que los beneficios de las afirmaciones positivas en los niños pueden durar toda una vida.  El autor recomienda usar frases directas y simples pero que sean creíbles para la persona que lo recibe y para ello es indispensable sentirlo de verdad

2. Tiempo de Calidad

Vivimos a las apuradas, con mil pendientes y a veces llegamos tan agotados a casa que nos quedamos como zombies frente al móvil  y mientras los niños comparten sus ideas o inquietudes los miramos de reojo y contestamos con monosílabos. Esto muchas veces genera desconexiones y, como en el caso de Maria, sentirse poco querido. Es importante saber que si el lenguaje predominante de tu hijo o hija es este, el compartir tiempo de calidad no tiene que ver con grandes salidas o planes muy lujoso sino con el disfrute y la plena consciencia de compartir un espacio y un acontecimiento con nuestro retorno sin prisas ni apuros y escuchando con verdadera atención, sin distracciones. El tiempo de calidad es uno de los regalos mas valiosos que un padre puede darle a sus hijos.

3. Regalos

Hay regalos que expresan mucho amor, dedicación y cariño por ser creados a mano o comprado con esfuerzo, pero lamentablemente este simbolismo de expresar amor mediante un regalo se ha perdido en nuestra sociedad consumista. Por eso no debemos confundirnos aquí: un niño cuyo lenguaje de amor predominante es este no se sentirá amado si le compramos juguetes y regalos todo el tiempo porque estos regalos tienen que ver con la forma en la que ellos se sienten cuando uno les hace un obsequio y no con el regalo en si, por ejemplo: regalarles un collar que usamos mucho y a ellos también o regalarles una espada de pirata hecha a mano. Para muchos padres los dibujos de los hijos o las fotos son los regalos mas preciados, memorables y hermosos que podamos recibir y de eso se trata este lenguaje de amor.

4. Actos de servicio

El masajito que nos piden cuando están cansados, o acercarles el vasito de agua por la noche o que los ayudemos a arreglar algún playmobil son los actos de servicio que tendrán gran valor si tu hijo o hija presenta este lenguaje del amor como el mas sobresaliente. Ellos no están buscando que seamos sus sirvientas o hagamos sus tareas sino que es la forma en la que ellos piden reafirmar el amor. Si el lenguaje de amor principal de tu hij@ son actos de servicio, no quiere decir vivir esclava de sus peticiones sino el estar extremadamente atenta y sensible a esas solicitudes y para darnos cuenta cuando detrás de estas hay un pedido de cariño.

5. Contacto físico

La manera por excelencia de comunicar amor es por medio de abrazos, besos y caricias. Sobre todo en bebés y niños pequeños que se muestran especialmente abiertos a darlos y recibirlos. Si tu hijo presenta este lenguaje de amor como el más predominante, el contacto físico comunicará de manera  más profundamente el amor que sientes por ellos que las palabras, los regalos o el tiempo de calidad y aunque el amor se recibe de diferentes formas el medio que mas les llega son los abrazos, besos, mimos y otras formas de contacto más lúdicas que si faltan provocarán una bajada en el nivel de combustible de amor de estos pequeños.

Sin embargo hay muchos detalles que tenemos que tener en cuenta para poner en practica lo que Chapman nos enseña y que tienen que ver, por ejemplo, con la edad del niño y con aspectos como el tipo de palabras, regalos y actividades que deberíamos escoger. Por eso recomiendo ampliamente su libro del que les dejo un enlace a continuación. Honestamente para esta pieza literaria la relación precio/calidad es espectacular (esta en promoción a 3,60) y como saben nunca recomendaría algo que no he leído o que no considero que se enmarque dentro de la crianza respetuosa y consciente. A disfrutar esta lectura!

Accede al libro en Amazon haciendo click en la siguiente imagen:

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Si quieres afianzar los lazos con tu pareja en estos momentos en los que la maternidad y la paternidad pueden distanciarnos un poco te recomiendo su otro libro (haz click en la imagen a continuación):

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Ana Acosta Rodriguez, Mama Minimalista

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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Carta de amor para sanar heridas emocionales

Comencemos por las reglas básicas de las que depende llevar una buena relación. Para muchos de ustedes es un conjunto de varias, sobre todo, unas más complejas que otras, pero partamos de las básicas. Ante todo, el respeto y la confianza. Qué difíciles palabras, aún más llevarlas a la realidad y convertirlas en el estandarte de toda relación.

Ahora bien, es un problema luchar contra las personalidades de cada uno, los gustos y desacuerdos. Es ahí cuando deben entrar tanto el respeto, como la confianza, para que los acuerdos trasciendan. Esto aplicado, de la mano de la constante comunicación.

¿Qué hacer cuando todo este conjunto de reglas, sumado a las que cada cual considere, falla? Pues, aunque el orgullo a veces ciegue y no lo permita, hay que ofrecer y recibir perdón. De allí parten los cambios, porque con el perdón deben venir transformaciones que demuestren resarcimiento. Entonces, el camino es reconocer, pedir perdón y, por supuesto, de errores que no se pueden volver a cometer.

“Pero… ¿Si no tengo las agallas para decírselo?” Si aún hay amor y quieres reconsiderar muchos aspectos de la relación, por eso estás acá. Entonces, ¿qué más sincero que una carta de tu puño y letra que contenga el pasado, presente y lo que será el futuro entre ustedes?

¿Cómo debes hacer esta carta?

Comienza por descargar aquello que no te gusta, que te impide continuar, que altera tu paz. Escribe eso que te molestó, que en ese momento preferiste guardarlo, pero que, ahora, es necesario él o ella lo sepa. Cómo es que pudo pasar lo que pasó, por qué sucedió, si sentiste o sientes ira, díselo.

Luego, escribe lo que esa tristeza te llevó a hacer, aunque no quisiste, pero que fuiste consciente de hacerlo. Lo que la ira generó en ti, derivó en también haber maltratado al otro y te escudaste aquella vez en una razón. Acuérdate muy bien de lo que haya pasado, para que luego tu propia conciencia no te pese.

Después, describe a qué comportamientos de esa persona les temes. Seguramente, han habido hechos que los han marcado a ambos y que han permitido se pierda la confianza. Recuerda esas palabras o esos gestos que en ningún momento esperaste recibir, pero que al fin sucedieron. Será momento de sacar a flote esas inseguridades que te generaron heridas.

Pasa ahora a reconocer tus propias responsabilidades, ya que también habrán recalcado en la otra persona y creado inseguridades en sí. Así como tú esperas que te entiendan, también debes arrepentirte por lo que hayas hecho o dejado de hacer. Reconoce que tú quisieras cosas distintas a las ya vividas, entendiendo la labor que cumplen ambos.

Ahora, firmemente plasma tus buenas nuevas intenciones dentro de la relación. Soluciones hay muchas, y habiendo dejado atrás el orgullo, debes imaginar actos para resarcir los cometidos en el pasado. Escribe qué deseas de ahora en más, qué esperas, y augura solo buenos deseos. Además, comprométete mayormente con una promesa, la cual sabes que no debes fallar y generará mayor confianza.

Haz el acto más sincero de amor…

Por último, pide perdón; no hay acto más sincero que reparar por medio de esta palabra. Estarás demostrando que quieres cambiar y sientes lo sucedido. También, demuestra ese sentimiento que siempre ha estado en ti, pero que el orgullo ha querido ocultar. Vuelve a decir “te amo” y parte de ahora en adelante desde esas palabras. Dile cuánto vale esa persona para ti y los valores que le caracterizan en su papel en la sociedad y la relación.

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Estoy cansada (o)

Esta debe ser una de las frases que más escuchamos todos los días y quizás es la que más decimos cuando nos encontramos con alguien.

Pero lo que los quiero invitar a reflexionar es que decimos, cuando decimos “ estoy cansada(o)». O mejor dicho la pregunta que debiéramos hacernos es ¿ que es lo que nos cansa?.

Cuando he realizado esa pregunta, después de un momento de reflexión, empiezan a aparecer situaciones que sorprenden incluso al que fue preguntado.

Aparece por ejemplo que el trabajo no me cansa, si el metro o la micro. Que mis hijos e hijas tampoco pero si me cansa no tener tiempo para mi.

Lo que quiero decir con esta invitación es que estamos llenas de frases hechas que en lo profundo no significan lo que decimos.

A veces incluso ni siquiera estamos cansados, pero estamos tan acostumbrados a decirlo que terminamos sintiéndonos así; es como la profecía autocumplida en el entendimiento de que las palabras generan realidades y qué hay que tener cuidado con ellas.

Quizás lo que más saben nuestros hijos e hijas de nosotros como papás y mamás es que estamos cansados y rápidamente ellos y ellas empiezan a repetirlo y usan esa palabra incluso para reemplazar otras como tengo pena, estoy aburrida, me siento angustiada y como nos damos poco permiso para mostrar esas partes de nosotros, decimos como si fuera una bolsa de gatos, estoy cansada para resumir un montón de emociones que no sabemos modificar.

Estamos en el último trimestre del año y hoy más que nunca se válida esa palabra, y con esto no estoy diciendo que no nos permitamos decirla y mucho menos a sentirla pero lo que pido en esta reflexión a que por lo menos sepamos lo que estamos diciendo y podamos meternos dentro de nosotros y sepamos cómo nos sentimos y sea eso lo que decimos y no otra cosa.

Es tanta la dificultad que en el mundo hispano tenemos para entender que la fortaleza pasa por la vulnerabilidad, que buscamos como palabras tipo que nos permitan seguir funcionando todo el tiempo.

Otro ejemplo es cuando decimos “estoy bien” como una respuesta automática sin tener idea de cómo estamos realmente.

Es muy probable que si aumentáramos la cantidad de preguntas diarias a nuestro mundo interno sería más fácil ser honestos y usar las palabras que sentimos y no aquellas que estamos pautados para decir y así seguir funcionando, sintiéndonos validados por todos y sin mucho espacio para el mundo interno.

Quiero desde el corazón invitarles a que se pregunten ¿estoy cansada en serio?, o lo que siento como cansancio es otra cosa que no he logrado descubrir o lo que es más grave aún es que ni siquiera me sienta tan cansada pero este acostumbrada a decirlo todos los días como una respuesta automática.

Lo que sea que te canse, intenta solucionarlo y cambiemos el lenguaje para que cambien las realidades.

Hasta el próximo mes.

Ha sido tan lindo hablar en los talleres de este concepto que a nombre de esa gente y del mío propio, pido permiso para permitirme estar mal un rato.

 

pilar_sordoEscrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

 

 

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El Poder De Tus Palabras

Uno de los grandes descubrimientos de mi vida,  fue cuando conocí la “magia de las palabras”. Está demostrado que nuestras palabras están estrechamente relacionadas con nuestra actitud, y esta a su vez con nuestras creencias. La pregunta sería, ¿qué fue primero el huevo o la gallina? ¿es mi actitud la que da lugar a mis palabras o son mis palabras las que condicionan mi actitud?

El Poder de tus palabras Pon a trabajSinceramente, creo que la influencia se da en las dos direcciones. La manera en que nos expresamos y como nos comunicamos está afectando a nuestra actitud, de igual forma la actitud que tenemos ante algo origina nuestra manera particular de comunicarnos.

El cuidado en el uso de nuestro lenguaje es una herramienta poderosísima para condicionar nuestros resultados en la vida, de la misma manera que observar como habla una persona, nos está dando muchas pistas sobre su sistema de creencias, muchas veces asentado a nivel subconsciente.

El uso que hacemos de nuestro lenguaje es una herramienta poderosísima para crear nuestros resultados en la vida

Aquí y ahora, no voy a hablarte del poder de la comunicación, que es algo mucho más amplio. Saber comunicarse correctamente implica aspectos como, hacerse entender, entender a otros, comprender mejor lo que sucede, saber influenciar, crear conexión con tu interlocutor, fomentar el respeto, ganarse la confianza de los demás, etc.

Básicamente, el arte de la comunicación implica dominar tres aspectos: lo que decimos (palabras), como lo decimos (tono, etc.) y como actuamos (expresión corporal y facial). Hoy solo quiero centrarme en lo que decimos, en nuestras palabras, en como hablamos, en definitiva, en el uso que hacemos de nuestro lenguaje.

Lo primero que aprendí es que si quieres algo, debes pedirlo. ¿A que suena de evidente? Pues aunque te parezca extraño, muchas veces sucede todo lo contrario. Nos dedicamos a quejarnos y a decir lo que no queremos, y es entonces cuando nuestro cerebro se enfoca, precisamente en eso (en lo que NO queremos) y abandona cualquier opción de centrarse en lo que realmente deseamos, perdiendo así muchos de los recursos que tenemos y podríamos utilizar para alcanzar nuestros deseos. Así de simple.

Neurológicamente, nuestro cerebro tiene unos mecanismos de funcionamiento muy claros, por ejemplo, no entiende los mensajes en negativo.

¿Qué quiero decirte con esto?

Si yo te digo que pienses en una galleta de chocolate, inmediatamente tu cerebro acudirá a los archivos donde tiene guardada su representación de lo que es una galleta de chocolate y la visualizarás. Pero si te digo que no pienses en un pastel de nata, tu cerebro prescinde del no, y busca es su archivo la representación que tú tienes de lo que es un pastel de nata y eso es precisamente lo que visualizarás. Ha omitido el no completamente. Se hizo un estudio con niños en un colegio y se vio que sustituir los carteles que indicaban no grites, por otros que decían habla en voz baja, era mucho más efectivo.

Cuando nos expresamos tenemos que poner especial cuidado en hablar en positivo, manifestando lo que realmente queremos y salir de la “actitud de la queja”, si lo que deseamos es que nuestra vida empiece a manifestar unos resultados positivos …. Y tú, ¿cómo te expresas habitualmente? ¿sabes lo que, realmente, quieres para poder pedirlo?

Con cariño,

Firma Esther Aranda

Esther Aranda

The mind coach y facilitadora de Misión de Vida
**Creadora del Entrenamiento Intensivo Misión de Vida

www.ponatrabajartupasion.com
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Acerca de la Autora:

Esther Aranda,  The mind coach & facilitadora de Misión de Vida. Fundadora de la plataforma www.ponatrabajartupasion.com.  Su misión: ayudar a otras personas a descubrir su misión de vida, y a que realicen el trabajo que aman, viviendo una vida con propósito y sentido para ellas, eliminando la desorientación y frustración vital.  Creadora del curso gratuito “Taller de Autoestima: Las 9 Claves del Éxito Profesional, puedes solicitarlo en www.ponatrabajartupasion.com.  “Cada uno de nosotros podemos vivir una vida plena y con sentido,  haciendo un trabajo que amemos y realizando nuestra misión de vida, lo que nos permitirá así cambiar el mundo desde nuestro lugar”.   Esther Aranda

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