El pecado de sentirnos buenos

America latina entera está en un proceso que creo, no tiene retorno. Estamos invitados y mandatados a cambiar estructuras sociales que devuelvan o entreguen por primera vez, creo que eso es más exacto, la dignidad a todos y todas y esto no sea un privilegio de unos pocos.

A mi nadie me ha regalado nada en la vida, pero si tuve la posibilidad de trabajar y estudiar para llegar a ser psicóloga . De ahí en adelante, solo ha sido esfuerzo y mucho sacrificio para escuchar hacia dónde me ha llevado la vida. Obviamente me siento privilegiada, pero eso no me impide ver en mis caminatas las injusticias y el dolor de muchos por demasiados años.

Sin embargo está apareciendo un fenómeno que me preocupa y es que frente a este estallido social, aparece al mostrarse distintas realidades, la solidaridad del ser humano y eso va desde el ámbito laboral hasta el familiar, donde hemos visto estos días como a través de la televisión aparece gente buena ayudando a adultos mayores, enfermos etc.

La bondad es una virtud escasa en estos tiempos y muy necesaria de desarrollar, pero no soluciona el problema.
Aquí no se necesita sólo gente solidaria que desde la bondad “ ayude” a los demás, se necesita un cambio de mirada y de estructura que lleve a entender y sentir que los cambios son en la base y de dos principios que hoy se gritan en todas las esquinas: justicia y dignidad.

Es una invitación a mirarnos de verdad como iguales, que recibir un sueldo justo y beneficios sociales para los que lo necesitan es justicia y no solo bondad.

Me preocupa esa exquisita sensación que produce en el alma, el sentirme bueno o buena porque “ ayudo” , sin entender que esa colaboración no es suficiente, sino hay una profunda transformación en él como nos vemos como sociedad.

El sentirnos buenos, nos coloca en un extremo frente a los llamados “malos”, y ya he dicho muchas veces lo mal que nos hace el pensamiento binario en nuestras vidas.

El sentirnos buenos, nos deja quietos, tranquilos y sin ganas de modificar cosas de fondo, el sentirnos así nos paraliza, a no querer o no poder mirar al otro como un otro, en el que si yo estoy bien, todos los que están a mi alrededor debieran estarlo conmigo por convicción y no solo por bondad. Esta última, produce en el fondo del alma una sensación de jerarquía frente al que se le da, que genera más sensación de verticalidad social.

El estado no puede descansar como lo ha hecho con la Teletón en la bondad de un pueblo.

Cuantos bingos, fiestas y completadas se hacen para hacer tratamientos que debieran ser cubiertos por el gobierno de turno y no estar solo supeditados a la ayuda solidaria de muchos, que nos hace bien, pero que no soluciona el problema.

Dentro de los desafíos a los que estamos invitados en estos tiempos es a salir de la comodidad que da la bondad y raspar nuestra alma para un convencimiento más profundo de justicia y equidad. Que lo que tengo para mi, lo debieran tener la mayoría de las personas y si la vida me coloca en lugar de carencia, espero lo mismo de los que están pasando un buen momento.

Todo lo que se da se devuelve, es un principio básico espiritual y no religioso que debiera gobernar nuestra forma de ser y actuar y que debemos tratar a los otros como nos gustaría que nos traten. Si esto hubiese estado claro, esta crisis no estaría ocurriendo.

Por eso es que la bondad puede ser condición necesaria y no suficiente para La Paz social y la dignidad de las personas.

Requiere una nueva definición de trato y de respeto que tenga a la empatía como centro.
Cuidado con creernos solo buenos, sin cambiar la mirada de fondo.

 

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La libertad de ser quien soy

Trabajar en este camino implica tener momentos de silencio para mirarnos, romper y preguntarnos por los mandatos que gobiernan nuestra vida y que nos limitan, evaluar cómo está nuestra expresión de emociones y analizar todas aquellas situaciones que nos quitan paz.

Quizás todo se resume en la palabra conciencia, y sobre todo conciencia de presente, de estar donde estamos y no con el cuerpo en un lado y la cabeza y el corazón en otro.

Este es un camino hermoso que yo he empezado a caminar después de mucho dolor y aprendizajes que espero hayan dejado huella en mi alma para ir todos los días acercándome a mi mejor versión.

Además de invitarlos a leer mi más reciente caminata, quiero desearles que seamos capaces de ganarle a los miedos, las culpas y todas aquellas cosas que igual que una cebolla van generando capas que cubren nuestra esencia y que nos impiden ser lo que somos. Algunos podrán hacer este camino solos , otros como yo hemos necesitado ayuda pero la aventura de sacarnos todo aquello que nos quita La Paz es algo que le da sentido a este hermoso proceso de vivir.

 

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Lo que nos muestra el Otoño

El Otoño, como un árbol lo podría explicar, diciendo qué hay que eliminar todo lo que está malo y se muere dentro de nosotros. Es una invitación a quedar desnudos del alma para observar ese silencio del cual hablamos la semana pasada. Es un repliegue hacia adentro.

El frío invita a quedarse en casa, pero no solo la física, sino que también la interna, esa que nos invita a hacernos preguntas y probablemente a tomar decisiones que nos lleven a lugares de plenitud y a sacar nuestra mejor versión.

Si hay algo que me impresiona es la tremenda capacidad que tenemos para acostumbrarnos a estar mal, a vivir con la panza apretada, con la garganta hecha nudo, con la respiración cortita y tantos otros estados que son el reflejo corporal de situaciones emocionales que no hemos sabido enfrentar.

Los invito a este Otoño a mirarnos adentro, a eliminar como los árboles , las “hojas” muertas para entender que vinimos a tener paz y armonía en nuestras vidas.

 

 

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Escuchemos el Silencio

Si pudiera desear algo para todos y todas es que recuperáramos la capacidad de colocar silencio en nuestra vida cotidiana. Es urgente que el silencio vuelva a nuestras vidas por lo menos de acuerdo a la última caminata una hora diaria como mínimo.

Pero es importante entender que el silencio no es siempre ausencia de ruido, de hecho la mayoría de las veces yo puedo estar en silencio con ruido afuera. Al final este espacio es un viaje que uno hace dentro de uno donde toca literalmente la puerta del alma.

Está claro que hoy más que nunca evitamos el silencio porque nos da miedo lo que puede aparecer ya que al quedarnos en este estado aparecen en forma inexorable miles de preguntas y emociones de las cuales nos tendremos que hacer cargo, porque seguramente nos mostrarán caminos de cambio y de progreso personal.

Estar o buscar espacios de silencios, implica poder conseguir paz, desde esa paz, ecuanimidad para tomar buenas decisiones y eso se parece mucho a un trabajo que apunta a la anhelada felicidad .

El silencio nos conecta con nosotros, nos enciende y nos hace conscientes de las emociones y desde ahí nos abre muchos espacios de reflexión, que como pocos espacios humanos, nos llevarán a la salud y a la mejor versión de nosotros mismos (as)

 

 

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Hablemos de Seducción

Cuando hace mucho tiempo empecé a estudiar el tema de la seducción, no pensé cuánto cambiaría y para bien nuestra manera de mirarla.

Mi gatillante para empezar a meterme en este tema fueron muchos pacientes de cáncer de mi fundación que me decían todo el tiempo que se habían salido del ámbito seductor por la calvicie y las heridas propias de este tratamiento. Lo mismo me pasó con gente quemada o discapacitada.

En ese momento, y con mucha rabia, pensaba porque hemos como sociedad excluído a muchísima gente de este tema por los parámetros mediáticos y publicitarios de la belleza, donde lo central es pensar que la seducción pasaría solo por el cuerpo y no por cualquiera, sino por aquellos en los que estúpidamente hemos programado nuestras cabezas para llamarlos bellos.

Creo que al hablar de este tema tenemos que entender que la seducción es un proceso interno primero, yo me tengo que seducir en primera instancia a mí mismo o a mi misma.

Para hacer este acto de auto-seducción, tengo que conocerme, aceptarme y quererme. Este es el proceso necesario para desarrollar una autoestima básica que permita que me cuide, y que desde ahí salga hacia afuera a seducir, pero entendiendo que la seducción no pasa por el cuerpo, sino que tiene que ver con mis características de funcionamiento en el mundo. Está más cerca de mi sentido del humor, de la sonrisa, de mi inteligencia, de mi capacidad de esfuerzo y perseverancia con mis sueños que con mis medidas anatómicas o mis músculos circulantes.

Además creo que es importante reflexionar que yo no seduzco igual ahora a mis 53 años, a como lo hacía a los 30 o a los 20 años. Este espacio va cambiando así como cambia mi vida, mis seguridades o inseguridades y voy reduciendo miedos, atributo que solo mejora con el paso del calendario.

Evidentemente la adolescencia es un proceso por ejemplo donde la seducción pasa por el cuerpo, por mostrar, y desde ahí relacionarse con el otro porque con eso se configura identidad, pero con el paso de los años este camino se va metiendo dentro del alma y uno va entendiendo que seducir tiene que ver con el encantar desde lo interno y no desde el exterior.

Otra asociación errada de este concepto, que es en nuestro inconsciente, esta palabra está asociada a lo sexual o a lo erótico, quizás es lo primero que ustedes pensaron al ver este título, pero esto no es así. Todos tenemos que ser seductores siempre. El diario tiene que seducir desde la información que entrega para ser leído, una madre tiene que seducir a sus hijos para que le hagan caso, yo tengo que seducir a la gente cuando le doy una charla, un feriante tiene que seducir a sus clientes para que le compren etc.

Todos tenemos que trabajar la seducción y esto siempre pasa por el autoconocimiento para ver desde qué lugar dentro mío saldrá este acto de cautivar.

En una sociedad tan hedonista ( que busca el placer en todo) y tan erotizada se nos ha convencido que se seduce al otro desde lo sexual y desde lo corporal y eso nos ha hecho mucho daño, no solo porque hace sufrir a mucha gente que se siente fuera del circuito en forma injusta y discriminatoria, sino por que nos reduce la posibilidad de entender que este concepto es hermoso y nos llama a todos y todas a desarrollarlo.

Un buen ejercicio para desarrollar o empezar este camino es en la investigación de “Lecciones de Seducción”, es sentarse frente a nuestra ropa o nuestro closet. Es importante para esto no hacer juicios, ni retarse, solo observar.

Observaremos colores, a lo mejor sólo negro, en el caso de las mujeres podrán ver solo pantalones o faldas dependiendo de la evaluación que tengo de mi cuerpo. En una de esas veo mucha ropa o estilo de ropa que pertenecieron a otra época de mi vida y que ya no uso, tallas que no corresponden y tanta otra información que solo registra el cómo somos y cómo nos sentimos con nosotros mismos (as) y cómo desde esa revisión salimos al mundo a encantar a los otros.

Seguramente algunos esperaban que al hablar de este tema yo diera tips de cómo seducen los chilenos y chilenas pero creo que para llegar a eso primero hay que cambiar el sentido de esta palabra que algunos, los menos, ayuda y a otros les genera mucho ruido interno y a veces dolor por no sentirse dentro de los cánones patriarcales de belleza que todavía, aunque menos, existen.

En general los chilenos y chilenas seducimos desde la preocupación por el otro, por el encanto y por el sentido del humor. Hemos ido entendiendo que lo importante es cómo nos sentimos por dentro y que desde ahí sale hacia afuera lo que queremos entregar. Hoy seducimos desde la salud más que desde la belleza (definida por el marketing), para encontrarnos con una belleza personal y creo que la clave es trabajar por encontrar un “ estilo propio” que me lleve a construir una identidad que cambia a cada rato con las cosas de la vida pero que me debe llevar a construir esta maravillosa libertad de ser quien soy en lo más profundo de esta frase.

Los invito y las invito a seducirse a ustedes, a quererse, a darse tiempo, a mimarse, a descubrirse todos los días, lo que pase con lo de afuera será una consecuencia de este trabajo interno.

 

 

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Hablemos de Vocación

Vocación significa “ llamada”, e invita a un ser humano a mirarse hacia adentro y descubrir cuáles son esos fuegos internos que te podrían llevar a trabajar en algo que amas durante toda la vida.

Seguramente si eres un alumno de enseñanza media y diste la PSU este año , te preguntaron todo el tiempo ¿ que vas a hacer, que vas a estudiar, y donde? Y esta pregunta más que invitarte a reflexionar, seguramente generaba una coraza y solo producía resistencia para analizar el tema.

Estamos en un mundo que nos orienta todo el tiempo hacia afuera y cada día tenemos todos y todas menos espacios para mirar a nuestro interior.

Por lo tanto la primera invitación , es al silencio,a buscar espacios donde puedas “hacer un viaje” hacia tu mundo interno. Como requisito para esto es fundamental dejarte un espacio para apagar todo lo que tengas prendido en tu casa, y llamo a esto televisor , radio, computador y por supuesto teléfono .

Seguramente este silencio no te queda cómodo , y hasta te puede generar angustia por lo que puedas empezar a sentir. No te preocupes es el poco hábito a la ausencia de ruido y estás empezando algo maravilloso y que es a conocerte y entrar en tu alma y tus afectos . El silencio es la puerta de entrada a tu mundo interior.

Después de eso cuando te hayas permitido estar en silencio en este estado, pueden pasar dos cosas principalmente; una es que naturalmente salgan y aparezcan contenidos con imágenes y sensaciones o no haya nada que sentir y que ver.

En cualquiera de las dos situaciones lo que sigue es empezar a preguntarte cosas , lo que quieras. Pregúntate de todo pero enfocado a la vocación , es importante que te preguntes por tus sueños, esos de Niño o niña , eso que te puede hacer palpitar tu corazón y pensar que podrías dedicarle tu vida a aquello.

Esos sueños pueden o no tener que ver con tus habilidades y en términos simples para lo que eres bueno o no para hacer, porque muchas veces pasa y en estos tiempos mucho , que los y las jóvenes me dicen que no saben que sueños tienen porque lamentablemente los adultos no se los enseñamos a construir .

Al preguntarte ¿ Donde te ves como adulto(a), y haciendo que ?, aparece como fundamental que te puedas imaginar sonriendo la mayor parte del día.

Este acto que muchos podrían evaluar hoy en un mundo extremadamente realista , como muy ingenuo, es muy complejo ,pero sin embargo termina siendo la pregunta esencial en esta etapa de la vida.

En mi vida he cometido muchos errores y tenido muchos dolores , pero he ido adquiriendo algunas certezas que creo que es el momento de compartir.

Una de ellas es que si toda decisión tiene costos, es preferible pagar esos costos por algo que se ama hacer que por algo que solo me dará dinero.

Otra certeza es que el hace lo que ama , siempre tendrá lo necesario para vivir, adecuando las expectativas y la definición de lo que es “vivir bien” hoy día.

Y la última es que no existe el quehacer perfecto, ya sea un oficio , los cuales creo hay que volver a valorar,   o sea cualquier desempeño técnico o profesional, en todos se produce mucho cansancio, frustraciones y momentos maravillosos y otros y no pocos, injustos. Entonces estoy segura que cuando uno hace lo que ama, lo que le apasiona, aquello donde el tiempo se pasa rápido , es más fácil vivirlos y saberlos sobrellevar.

Quiero dedicar un espacio a los padres y madres o tutores de esos jóvenes. Evidentemente parto de la base que los papás y mamás queremos lo mejor para nuestros hijos e hijas; quizás el problema esté en la definición de que ¿ es lo mejor para ellos y ellas?.

Desde mi humilde lugar les pido que los acompañen en sus sueños, que les pregunten qué quieren hacer con sus vidas, que los escuchen desde lo que ellos y ellas quieren y no desde lo que ustedes quisieran que ellos les contaran .

Dejemos los adultos de ser tan pero tan realistas, que estamos preparando muchas veces a nuestros hijos e hijas para el fracaso y no para tener grandes éxitos .

Creo qué hay que enseñarles a ellos y ellas a buscar sus sueños, a decirles que no será fácil nada en la vida pero que confiamos en lo que les hemos entregado para que sean capaces de enfrentar todo lo que venga y a sobre todo a que la pasión es algo a lo que no se puede renunciar ni transar en la vida, cueste lo que cueste.

 

 

pilar_sordoEscrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

Foto portada: Photo by bruce mars from Pexels

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Evaluación 2018

Hace muchos años que en este mes de Noviembre, he escrito que por favor me dejen vivir este mes que se nos fue. Noviembre ya es un mes que dejo de existir para dar paso a un Diciembre loco, estresante y casi sin sentido. Por eso quiero invitarlos a empezar a evaluar este año que tan rápido se nos fue como viene siendo la costumbre.

Hacer una evaluación debiera incluir un sin número de factores como los económicos, salud , y por supuesto las emocionales.

¿Cómo nos fue este año? Siempre he dicho que no hay años buenos ni malos sino que años en los que se aprende o años en los que no se aprende tanto.

Sin embargo, tengo que reconocer que este fue un año muy duro para muchísima gente y no estoy excluida de ese grupo, lamentablemente.

Conversando con alguna gente sabia a la cual escucho mucho, llegábamos a la conclusión que este año fue un año para “ver”. Este Ver fue una invitación a correr un velo de los ojos para poder mirar aquello que dolía pero nos invitaba a hacernos cargo. Es como correr el telón de un escenario y que al abrirlo aparecen escenas que nos muestran aspectos de la vida.

A algunas personas esa escena les mostró temas de salud, a otros sus propias sombras, infidelidades, miedos, autocuidado y tantas cosas que todos los seres humanos tenemos que enfrentar en muchos momentos de nuestras vidas.

Frente a esto que se “vio”, algunos decidimos hacernos cargo y vivir el dolor y la desilusión que generalmente traen los duelos y transitamos por este proceso casi todo el 2018. El resto de las personas que “vieron” y no se hicieron cargo probablemente tendrán que volver a procesar el 2019.

Sin embargo, con todo lo doloroso que pudo ser en el mundo interno y externo este 2018 y de mi decreto de no querer aprender nada más del dolor, sino que sólo voy a aprender desde la alegría y del gozo, tengo que reconocer que la pelea con los enemigos internos es una pelea apasionante en la que seguramente tendré que seguir batallando con ellos por mucho tiempo .

Todo el resto de lo que debiera ser la evaluación de este año se los dejo a ustedes para que lo revisen desde la más absoluta libertad y se hagan todas las preguntas que quieran y mientras mas mejor.

Ojalá no formen parte de este enorme grupo que acabo de describir donde este año fue muy duro, sino que hayan tenido un año lleno de abundancia en todo sentido y de sabiduría para vivir lo que les tocó .

Dejemos de desear un año “sin novedades”, sino que nos traiga muchas. Que aprendamos a decir “ de lo bueno, mucho”, y nunca más de “ de lo bueno, poco”.

Ojalá pidamos que nos “sobre” y no que “ahorremos” dinero para centrarnos en la abundancia y no en el miedo para cuando falte.

Evalúen lo quieran, pero los invito a hacerlo para limpiar, soltar, perdonar, cerrar y poder empezar de nuevo.

Al final cuando llegue el nuevo año , lo único que debiéramos pedir es sabiduría. Pedirla para vivir lo malo que va a venir igual y poder agradecer lo bueno que sin duda nos inundará y que seamos capaz de verlo.

 

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Estoy cansada (o)

Esta debe ser una de las frases que más escuchamos todos los días y quizás es la que más decimos cuando nos encontramos con alguien.

Pero lo que los quiero invitar a reflexionar es que decimos, cuando decimos “ estoy cansada(o)». O mejor dicho la pregunta que debiéramos hacernos es ¿ que es lo que nos cansa?.

Cuando he realizado esa pregunta, después de un momento de reflexión, empiezan a aparecer situaciones que sorprenden incluso al que fue preguntado.

Aparece por ejemplo que el trabajo no me cansa, si el metro o la micro. Que mis hijos e hijas tampoco pero si me cansa no tener tiempo para mi.

Lo que quiero decir con esta invitación es que estamos llenas de frases hechas que en lo profundo no significan lo que decimos.

A veces incluso ni siquiera estamos cansados, pero estamos tan acostumbrados a decirlo que terminamos sintiéndonos así; es como la profecía autocumplida en el entendimiento de que las palabras generan realidades y qué hay que tener cuidado con ellas.

Quizás lo que más saben nuestros hijos e hijas de nosotros como papás y mamás es que estamos cansados y rápidamente ellos y ellas empiezan a repetirlo y usan esa palabra incluso para reemplazar otras como tengo pena, estoy aburrida, me siento angustiada y como nos damos poco permiso para mostrar esas partes de nosotros, decimos como si fuera una bolsa de gatos, estoy cansada para resumir un montón de emociones que no sabemos modificar.

Estamos en el último trimestre del año y hoy más que nunca se válida esa palabra, y con esto no estoy diciendo que no nos permitamos decirla y mucho menos a sentirla pero lo que pido en esta reflexión a que por lo menos sepamos lo que estamos diciendo y podamos meternos dentro de nosotros y sepamos cómo nos sentimos y sea eso lo que decimos y no otra cosa.

Es tanta la dificultad que en el mundo hispano tenemos para entender que la fortaleza pasa por la vulnerabilidad, que buscamos como palabras tipo que nos permitan seguir funcionando todo el tiempo.

Otro ejemplo es cuando decimos “estoy bien” como una respuesta automática sin tener idea de cómo estamos realmente.

Es muy probable que si aumentáramos la cantidad de preguntas diarias a nuestro mundo interno sería más fácil ser honestos y usar las palabras que sentimos y no aquellas que estamos pautados para decir y así seguir funcionando, sintiéndonos validados por todos y sin mucho espacio para el mundo interno.

Quiero desde el corazón invitarles a que se pregunten ¿estoy cansada en serio?, o lo que siento como cansancio es otra cosa que no he logrado descubrir o lo que es más grave aún es que ni siquiera me sienta tan cansada pero este acostumbrada a decirlo todos los días como una respuesta automática.

Lo que sea que te canse, intenta solucionarlo y cambiemos el lenguaje para que cambien las realidades.

Hasta el próximo mes.

Ha sido tan lindo hablar en los talleres de este concepto que a nombre de esa gente y del mío propio, pido permiso para permitirme estar mal un rato.

 

pilar_sordoEscrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

 

 

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¿Se puede decir, estoy mal?

En este último mes me han pasado muchas cosas o tal vez no tantas pero se han acumulado varias que me han hecho estar muy sensible, cansada y a ratos muy triste.
Esto me ha llevado a observar con asombro, cómo nadie o casi nadie para no generalizar te permite poder transitar por estados de cansancio o melancolía o mejor dicho de tristeza.

Creo que lo único que nos permitimos decir y somos contenidos por otros es cuando decimos que estamos cansados, ahí nos sentimos como en un colectivo donde todos y todas pareciera que estamos en lo mismo y con permiso para decirlo.

El problema aparece cuando decimos “ estoy triste”, “ no doy más “ y tantas otras que muestran nuestra vulnerabilidad.

Es como lo qué pasa con el llanto, que ya lo hemos reflexionado en otras ocasiones, no se puede llorar y tampoco se puede decir “ estoy mal”.

Todo el mundo o la mayoría de ella te dicen, ponle onda, tu puedes, todo pasa, vas a poder y muchas frases más como tienes que ser positivo (a), darle para adelante etc.

Estoy segura que todos y todas las que escuchamos estas frases sabemos que son verdad, que tienen sentido y hay que ajustar todos los motores para salir adelante. Sin embargo el escuchar, el entender y estar de acuerdo con cada uno de esos planteamientos no es incompatible con permitirnos estar frágiles que a la larga es nuestra gran fortaleza.

Tengo la impresión que el aceptar que estamos mal, nos deja pegados ahí y nos lleva a una depresión casi seguro. Es como que todo el rato hay que negar el estar mal y ser optimista y agradecida todo el tiempo.

También estoy de acuerdo con esa frase pero ser extremadamente positivo es primo hermano de ser negador. El verdadero positivismo es el que avanza pero asumiendo la vulnerabilidad.

Claramente hay que cambiar de una vez por todas el concepto de fortaleza; ser fuerte significa ser vulnerable y expresar lo que se siente cuando se siente y esto no es incompatible con la honestidad privada y pública de reconocer que uno está atravesando un momento difícil en la vida. Si no, con los duelos no se puede decir al poco tiempo de la pérdida que uno está desvastado, mucho menos lo pueden decir todos los seres humanos que se sienten frágiles, tristes y a ratos con los brazos caídos.

De verdad, pido permiso para que todos los que estamos o podemos estar en momentos difíciles lo podamos decir y en vez de llevarnos a negarlo, nos contengan, nos acepten así y desde ahí seguro que sacaremos fuerzas para salir y avanzar. Sabemos que tenemos que salir adelante, sabemos que tenemos que ser positivos y agradecidos de lo mucho o de lo poco que tenemos, pero en el camino queremos y la gente quiere poder sentirse frágil, sentir y poder decir no estoy bien.

Que podría tener de malo poder decirlo y permitírselo, incluido el llanto y la sensación tantas veces repetidas de no poder más. Siempre se puede más y estoy segura que si me permito una pausa, seguramente la fuerza con la que saldré adelante será potente y sobre todo más sana.

Me impresiona como negamos nuestros estados de fragilidad, como nos mentimos y le mentimos al resto para ser “fuertes” siendo que así somos mucho más débiles.

Ha sido tan lindo hablar en los talleres de este concepto que a nombre de esa gente y del mío propio, pido permiso para permitirme estar mal un rato.

 

pilar_sordoEscrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

 

 

 

 

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