Felicidad potencial

 

La felicidad está dentro de uno. No es necesario salir a buscarla afuera.

No está en el príncipe azul, en la pareja adecuada, el trabajo deseado, en la belleza, la juventud, el consumo, el poder, la imagen ni el reconocimiento. Lo exterior y extrínseco puede provocar placer, satisfacción momentánea o fortalecer el ego competitivo, pero dificulta conectar con la sustancia interior de la que mana la felicidad.

Felicidad es un estado interior potencial que está esperando ser activado. No hay que hacer nada para crear felicidad. Es un regalo generosamente donado que está esperando ser abierto dentro de cada uno. Lo que necesitamos hacer es saber esto y encontrar una vía, método, práctica o actividad que nos haga conectar con esa felicidad regalada que hay dentro.

Si alguno se considera infeliz, poco feliz o ni feliz ni infeliz es porque no descubrió aún esas actividades conectoras con la felicidad. Cuando se conecta con esa sustancia interior constatamos que la felicidad potencial ya está completa. Nada de lo que hagamos aumentará o disminuirá esa felicidad total, pues es íntegra y una en sí misma.

La felicidad es una característica natural y originaria del ser humano, por derecho de nacimiento, radicalmente democrática y radicalmente liberadora. Lo “extraño” es no beneficiarnos de la dulzura, placidez, amor y luminosidad de esta sustancia y energía interior. Sólo tiene ventajas y no existe ningún costo real.

Esta felicidad completa y potencial es afectiva y cognitiva. Para ser inundado por los beneficios de ese amor interior es necesario corregir las ideas mentales erradas de felicidad. Muchas personas infelices lo son por sus pensamientos limitantes, por ejemplo, asociar felicidad a las circunstancias o el destino, creer que está afuera, que es un bien comprable o que es necesario buscarla. Cuanto daño involuntario han producido los títulos de la película y el libro “En busca de la felicidad”. Instalaron una idea colectiva errada que nos hace sufrir y abordar el bienestar subjetivo con una mirada centrífuga y no centrípeta.

Para ser feliz hay que derribar el mito Disney de la felicidad exterior y las creencias limitantes que derivan de esos cuentos y películas: que para ser feliz hay que ser bello, principesco, delgado, con buenas condiciones materiales, y en pareja, para “vivir felices para siempre”.

No requerimos de una media naranja que nos complete. Somos originariamente completos. El otro podrá facilitarme condiciones para manifestar mi integralidad, pero no lo necesito a él o ella para completarme. El camino de automaestría significa estar consciente que mi actual estado incompleto se comienza a diluir cuando permito que mi yo exterior se subordine al gobierno y las decisiones de mi yo interior.

La felicidad está en el Uno, total, indivisible, invariante, invulnerable y plena. Es imposible mellarla. Se puede irradiar, compartir y expandir. Es completa en sí misma, potencial, totalizante y nos cambia la perspectiva de la vida. Es un modo de pensar, vivir, relacionarnos, trabajar y afrontar las dificultades.

Quienes se orientan en la vida por motivaciones intrínsecas tienen mayor probabilidad de conectar y desplegar el torrente de luz de la felicidad. Cuando consolidamos prácticas y actividades de conexión diaria con esa felicidad intrínseca, la felicidad duradera se comienza a desplegar, haciéndonos cada día menos permeables y vulnerables a la negatividad externa.

Cuidar mi felicidad como si mi interior fuera un santuario, conservando la paz a pesar de las circunstancias, permite sostener el Uno que somos.

Como dice Brahma Kumaris, “realizo todo con felicidad. Sentirme feliz depende en gran parte de mi disposición frente a la vida y de mis ganas de que todo y todos funcionen bien. Para que este río fluya con fuerza y abundantemente es necesario estar por sobre los sucesos temporales y triviales. Me sitúo en mi esencia y hago uso del tesoro de la felicidad como un derecho».

 

Extraído del Blog de Ignacio Fernandez

Psicólogo, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Coach Ontológico Empresarial, Newfield Consulting.

Director Departamento de Psicología Organizacional, Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez.

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Psicología y emociones positivas

 

La psicología positiva surgió hace más de 10 años por iniciativa de Martin Seligman y su creación respondió al interés por fomentar el estudio de los aspectos psicológicos positivos del ser humano, lo que hasta ese momento dentro de la historia y desarrollo de la psicología había sido muy desatendido.

Uno de los temas esenciales de la psicología positiva es el estudio de las emociones positivas área que ha estado muy abandonada, ya que mientras que se han estudiado durante años emociones como el miedo o la ira, tenemos poca información sobre el funcionamiento de emociones positivas como el agradecimiento o el amor.

Las emociones positivas son etiquetadas como positivas porque generan una sensación placentera –frente a las negativas que generan malestar– y presentan una gran cantidad de efectos positivos en diversas áreas del funcionamiento psicológico tales como mejoras en la capacidad para resolver problemas, aumento de la creatividad, mejora en la capacidad para resistir el dolor, es decir que tienen como efecto la potenciación de habilidades diversas.

Más allá de todo el desarrollo que hay de este tema, las invito a explorar entonces, lo que quiero poner el centro es la importancia de cultivar las emociones positivas, de ponerlas al centro y abordar con ellas las dificultades o problemas que podamos estar viviendo. No se trata como dice el eterno ejemplo de mirar la mitad del vaso lleno y no el vacío, sino que mirar el vaso con lo lleno y lo vacío, pero haciéndolo desde la emoción de la aceptación por ejemplo (que no es lo mismo que la resignación) porque la valoración de lo que vivo y la emoción que la acompaña es lo central de nuestros actos y en suma de nuestra vida.

Y para ello el mejor centro desde donde puedo hacerlo es el corazón y no la mente ni las ideas, porque seguro que desde aquí todo se confunde.  Cuando digo el centro del corazón me refiero literalmente al chakra del corazón, el más importante y más poderoso de nuestro cuerpo. Por algo está al centro y es el motor. Este centro es donde sentimos y expresamos amor y esta es la emoción que tiene una de las más altas frecuencias vibratorias.

Cultiva emociones positivas, agradece, sonríe, ama, comprende, acepta y verás cómo todo se potencia, especialmente tu vida, tu salud y bienestar. Abrazo a todas!

 

MARIA PILAR VERA MONTOYA

Psicóloga de la Universidad Diego Portales

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