Amar es para valientes

Hace algunos meses les conté por mi página de Instagram @hoy.me.toca que me había llegado la saga Crossfire de Sylvia Day y estaba ansiosa por leerla. Y de toda la literatura erótica que he leído debo decir que este es uno de los libros que menos me ha enganchado, nunca sentí esa necesidad de leer y leer sin parar hasta poder terminar y seguir con el otro (eso sí me pasó con los de Megan Maxwell y con las 50 sombras de Grey).

Pero me quedo con una pregunta que está al inicio del capítulo 15 que dice ¿Cómo se puede profundizar en una relación amorosa si no se conocen los secretos del alma de la persona que amas?

Esta pregunta tiene respuesta en las charlas de Brené Brown que se las mega recomiendo que pueden encontrar en Netflix o Youtube, pero para quienes no la conocen les intentaré responder desde mi interpretación.

Amar a alguien es un riesgo que no todos están dispuestos a tomar, porque cuando decides amar, al mismo tiempo decides voluntariamente exponerte al sufrimiento y al fracaso. Nos cuesta quedarnos en el aquí y ahora y vivir cada momento, bueno o malo, con pasión, con amor y ternura y entender que todas las relaciones (pareja, amistades, hijos, etc) tienen altos y bajos. Nuestra cabeza rápidamente nos muestra todos los posibles escenarios donde pudiera terminar esta relación, muchas veces el fatalista es el que gana el primer lugar.

¿Qué pasa si me deja? ¿Qué pasa si no le gusto tanto? ¿Qué pasa si me hace sufrir? Miles de preguntas que te atormentan y te hacen planear una y otra vez la salida de emergencia en caso de desastre. Preguntas que lo único que hacen es desconectarte de tu corazón y hacer funcionar la cabeza, donde el capitán del barco es el EGO, a mil por hora.

El ego solo sabe moverse en una zona, si lo sacas de ahí se enciende una alarma de alerta que dice “en este terreno donde me estás llevando, yo no te voy a poder salvar, asi que rápidamente toma todas tus cosas y volvamos a la zona de confort, volvamos a la comodidad de nuestra vida donde no tomamos riesgos y sabemos predecir y controlar todas las variables que se presenten”. Y así es como volvemos a construir este gran muro de piedra que nos protege del sufrimiento, que nos hace ver como un hombre o mujer fuerte, que nada le afecta y que si se cae, ni le duele.

La pregunta es: ¿cómo voy a esperar que alguien me ame si me escondo? Nadie puede encontrar tu esencia detrás de tanto disfraz. Finalmente si alguien te encuentra, tal vez ni siquiera te encuentra a ti, más bien encuentra una versión de ti que tú te has contado que existe pero que realmente no eres tú.

Hacer el ejercicio de saber quién soy y qué quiero, cuáles son mis miedos más grandes, mis penas más profundas, mis sueños, etc. es salir de mi escondite, es arriesgarme a vivir, es atreverme a amarme y amar, es poder ser vulnerable, aprender a caerse, fracasar, sufrir. Amar es atreverse a ser vulnerables, es una elección que debemos hacer todos los días y NUNCA es fácil.

Esas conversaciones incómodas que quieres tener con tu pareja pero no te atreves, por miedo a perderlo/a, a que se enoje, a discutir, a generar una tensión. Esas son las conversaciones que tenemos que aprender a tener, porque evitarlas sólo te salva de la situación por un tiempo, pero eventualmente volverán a aparecer y tendrás que hacerte cargo.

Elegir la valentía por sobre la comodidad es como elegir comer sano, están previniendo futuras complicaciones en la salud de tu cuerpo, y en la salud de tu relación. Tener la valentía para actuar aun cuando sabes que no puedes controlar el resultado, es salir de tu zona de confort; como decir ‘te amo’ primero, sin saber si el otro te va a decir ‘yo también’. La vulnerabilidad es el camino hacia el otro, pero nos da tanto miedo quedar expuestos, que muchas veces preferimos (inconscientemente) quedarnos detrás de ese gran muro, donde nadie nos puede encontrar.

Preferimos no amar para no sufrir y terminamos lastimándonos demasiado, porque estamos programados para amar y pertenecer, está en nuestro ADN.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

Imagen portada de Sasin Tipchai en Pixabay

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10 mitos y realidades de la vacuna contra la influenza

Este año se adelantó la campaña de vacunación contra la influenza debido al fuerte brote que cobró la vida de más de 10 mil personas en EE.UU. Así, desde el 7 de marzo comenzaron a inocularse personal de salud y adultos mayores, para luego extenderse a los otros grupos de riesgo. Aunque el proceso está en marcha y ya se logró inmunizar al 50% de la población objetivo, aún existen unaserie de mitos que rodean tanto a la vacunación como a la misma enfermedad. La microbiólogade Centros MédicosVidaintegra, Dra. Cecilia Tapia, aclara varios de ellos.

Mito 1. Basta vacunarse una vez en la vida para estar protegido.

Falso. “El virus de la influenza varía año a año, ya que su estructura tiene una parte conservada y una parte variable. Esta última cambia cada año, por lo que la vacuna es diferente cada temporada”, explica la especialista. Por esta razón, la vacuna administrada solo nos protegerá para la cepa particular para la que fue diseñada, no para las nuevas.

Mito 2. Las medidas de higiene sirven para prevenir contagios.

Verdadero. La Dra. Tapia señala que “las medidas de higiene como lavarse las manos de manera frecuente, toser o estornudar tapándose nariz y boca con el antebrazo, sirven para disminuir la dispersión del virus. Ayudan, pero no evita en un 100% la dispersión del virus ni los contagios”.

Mito 3. “No me vacuno porque me enfermo”

Falso.Este es quizás uno de los mitos más frecuentes, sin embargo, la especialista de Vidaintegra es clara: “La vacunación no hace que uno se resfríe. El único efecto adverso que puede tener la vacunación se produce si eres alérgico al huevo, porque las vacunas se generan deellos, también es posible sentir algún malestar o una reacción febril local”. Si después de la vacunación una persona se enferma, la Dra. Tapia señala que es simplemente azar, ya que “en este tiempo, con el frío, somos más susceptibles de adquirir algún virus”.

Mito 4. La gripe, el resfrío y la influenza son lo mismo.

Falso. La gripe es una enfermedad sistémica que “afecta todo cuerpo: los músculos y no siempre tiene los síntomas respiratorios clásicos. Puede haber un cuadro febril, dolor muscular y vómitos, si se trata de niños. El resfrío común se da por un virus llamado rinovirus y que produce una infección más leve, generalmente solo nasal, con ganas de estornudar, sin embargo, puede dar mayor sintomatología en pacientes susceptibles. La influenza es una enfermedad viral que puede llegar a ser grave, por eso es importante vacunarse, sobre todo los adultos mayores”, advierte.

Mito 5. Las personas pueden morir a causa de la influenza

Verdadero. “Una persona sí puede morir por la influenza. Probablemente no los adultos o personas jóvenes en buen estado físico, pero sí los adultos mayores. La influenza ha producido pandemia a nivel mundial y han muerto millones de personas porque tiene una diseminación muy rápida”, añade la profesional. Por eso, el llamado de la especialista es a vacunarse antes de que bajen las temperaturas y comience el peak del virus.

Mito 6. Solo deben vacunarse los grupos de riesgo: embarazadas a partir de la semana 13 de gestación, adultos mayores, niños y niñas entre 6 meses y 5 años y enfermos crónicos.

Falso. “Lo ideal es que todos pudiéramos vacunarnos. En los grupos de riesgo el impacto es mayor porque si se enferman pueden tener un cuadro más grave”, señala la facultativa, y agrega que al estar todos vacunados, o buena parte de la población, existe una acción grupal de barrera que permite que el virus no se disemine con facilidad.

Mito 7. Para que las vacunas actúen, debe pasar un periodo de 10 a 14 días.

Verdadero. Tal como sucedió con la vacuna de la fiebre amarilla, en la que el llamado era a ponérsela al menos 10 días antes de viajar a Brasil, en este caso es lo mismo. “La respuesta inmunitaria requiere de 10 días a dos semanas, y de ahí queda en permanencia”, afirma.

Mito 8. “Aunque me vacune de todas formas me puedo enfermar”

Verdadero. La posibilidad de contagio disminuye bastante, sin embargo, de todos modos puede existir el contagio. “Pero en general, lo que pasa en estos casos es que la enfermedad cursará más leve, con menos malestar”, señala la especialista.

Mito 9. El resfrío, la influenza y la gripe se tratan de la misma forma: con analgésicos, descanso y líquido.

Falso. La influenza, en gran parte de los casos, requiere un tratamiento antiviral, sobre todo en enfermos crónicos, asmáticos, etc. En el caso del rinovirus o resfrío, basta en muchos casos con analgésicos, líquido y descanso. La asesora médica señala que “lo importante es identificar de qué virus estamos hablando para seguir el tratamiento adecuado”.

Mito 10. El mejor momento para vacunarse es antes del peak del brote de influenza

Verdadero. “No hay que esperar a que empiecen los contagios, mucho menos que sea el peak de la enfermedad para vacunarse. La campaña ya comenzó y la vacuna está disponible. Vacunarse ahora permite al organismo prepararse de buena forma para prevenir y así enfrentar la influenza de mejor forma”, señala la Dra. Tapia.

 

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