Preso de un “amor”

Para mí, ella era la mujer ideal: inteligente, agraciada, físicamente hermosa, sentimentalmente encantadora; la veía como una de esas personas que siempre quisieras tener a tu lado, de esas que alegran tu día con solo estar presente. Conquistarla fue difícil pero con algo de romanticismo a la antigua lo pude lograr.

Era la relación más increíble que haya existido; la gente podía sentir el amor que derrochábamos cuando estábamos juntos.

Misteriosamente, empezó a cambiar su forma de ser conmigo. No soportaba verme con alguien más; ya fueran amigos, compañeros de trabajo e incluso familiares. Sus reclamos me parecieron inocentes en un principio: los aceptaba sumisamente porque realmente estaba enamorado de ella y no quería perder a tan maravillosa mujer. Con el tiempo, todo fue empeorando, pues no le gustaba que hiciera planes con personas diferentes a ella y en varias ocasiones, tuve que recurrir a mentiras para no discutir con ella. Me sentía decepcionado de la persona que más amaba y el poco interés en cambiar. ¿Por qué no puedo dejarla si ya no es como antes? Esa pregunta me rondaba día y noche. Analizaba una y otra vez si yo había fallado en algo pero todo estaba en orden. Cuando más inmerso estaba en la monotonía, me recomendaron una herramienta que me ayudó a entender que no debía permitir que el amor me ganara. El amor propio siempre debe estar por encima de cualquier cosa y situación; aunque mi amor por ella era inmenso, debía prevalecer el bienestar propio. Luego de hablar en muchas ocasiones sobre el tema y no ver ningún resultado positivo, decirle adiós no fue lo más fácil pero sí  lo más sano para mí.

Para finalizar, quiero compartir una frase que aparece en la guía que llamó mucho mi atención, pues describe la forma adecuada de llevar una relación amorosa: «Si suponemos que la vida es más llevadera entre dos, el otro no puede ser una carga. El amor de pareja saludable es liviano, no hay que arrastrarlo, no es una cruz, ni una tortura socialmente aceptada; una buena relación no está hecha a base de sangre, sudor, lágrimas, como todavía piensan ciertas personas». 

Y tú, ¿permitirías que tu pareja te dijera qué hacer?

 

Extraido de: Editorial Phronesis

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