Buscar la felicidad en el lugar equivocado
Es dudoso que el sentido de la pareja sea proveer de felicidad a sus miembros pero es común soñar que la felicidad llegará con la unión perfecta con el otro, como si ésta se tratara del calmante de todos los males, una suerte de elixir que nos hace invulnerables y realiza la esperanza de reposar confiados en el añorado seno materno.
Que la pareja nos dará la felicidad es una creencia tan extendida que si uno la cuestiona se arriesga a hacerse enemigo de los ilusionados. Sin embargo, si preguntamos a parejas consolidadas suelen contestar que la pareja no les ha dado estrictamente felicidad tal como la esperaban, sino una ardua, agria y dulce tarea interior y de crecimiento, y la compensación es más bien un sentimiento de dulzura, alegría, unión y compromiso en el camino común. Proporciona con suerte la alegría y la dulzura de saberse juntos y confiables en un camino común.
Sabiendo que la progresión de la pareja exige un buen número de penosos ajustes en el ego personal resulta un tanto infantil mantener intacta la creencia de que debe proporcionar la felicidad. Según palabras de San Agustín la felicidad consiste en tomar con alegría lo que la vida nos trae y en soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita. Seguramente la felicidad tiene más que ver con una actitud ante la realidad que vivimos que con la realidad misma. Somos felices cuando conseguimos apreciar y fluir con lo que nos toca vivir en lugar de hacerlo depender del estricto cumplimiento de nuestros deseos y nuestros cambiantes pensamientos y sentimientos.
Sería un gran paso liberar a nuestras parejas del peso de tener que hacernos felices y liberarnos a nosotros mismos del peso de hacerlas felices para que paradójicamente la felicidad pueda ser mayor. Sería más prudente y sabio tener simplemente la expectativa y el ofrecimiento de un cierto bienestar y realización en el intercambio y en la relación.
Una buena orientación para abordar una nueva relación es liberarla de la expectativa de que nos haga felices asumiendo la tan proclamada idea llena de sentido común de que nada ajeno nos hará felices. Que la felicidad empieza en uno mismo y entonces, como el aceite, se extiende hacia los demás.
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Continuando con el artículo «Demasiadas expectativas en la pareja» de Joan Garriga
Consejos prácticos
LOS SENTIMIENTOS EXCESIVOS SOLO EMPEORAN LAS RELACIONES. Aprende a controlar los sentimientos muy intensos como la rabia o la tristeza… Acostumbran a ser un avisador de asuntos pendientes del pasado, como el abandono por parte de los padres o la invasión de los mismos. Los sentimientos de este tipo están relacionados con los que tienen los niños cuando les falta algo muy importante.
EL DAR Y EL RECIBIR TIENE QUE ESTAR COMPENSADO. Cuando estamos en una relación de pareja que funciona uno de sus características es que lo que yo le doy al otro, el otro lo recibe y lo agradece. Y lo que yo obtengo de la relación, es decir lo que el otro me da, compensa lo que yo he dado. No porque sea lo mismo, ya que cada uno aporta cosas diferentes, sino porque es algo que yo quiero.
ESPERAR QUE LA PAREJA SOLUCIONE TUS TEMAS PENDIENTES ES PEDIRLE DEMASIADO. Haz las paces con el niño que fuiste. No esperes de la pareja que te solucione los temas pendientes. Las situaciones inconclusas que uno tiene sólo las puede arreglar uno mismo. El intentar que otro se haga cargo de ellas nos convierte en desvalidos y una carga para los demás, ya que el otro no puede resolverlas.
DESARROLLA TU ADULTO. El análisis de las situaciones es una capacidad que todos los seres humanos adultos tenemos. Usarla en la relación de pareja puede ayudar a salir de los conflictos emocionales. Poder ver en la pareja las cosas que si te da y qué características positivas tiene es una manera de alimentar la relación y hacerla florecer. Haz una lista enumerando las cosas positivas que tiene tu pareja.
PREOCUPATE MÁS POR SER UNA BUENA PAREJA QUE POR TENER UNA BUENA PAREJA. El prepararse para ser un buen compañero y poder compartir la vida con otra persona puede ayudar a que la relación funcione. Si estás muy preocupado por encontrar un buen compañero estás poniendo la solución al problema fuera de ti. En cambio si tú te preocupas por aprender a ser una buena pareja estás trabajando para tener una buena relación.
BUSCA QUE LA RELACIÓN SEA FÁCIL. No sirve estar enganchado relaciones conflictivas, el disfrute y la felicidad van asociados a la facilidad de las cosas. Esta se consigue cuando eres capaz de recibir lo que si te puede dar tu pareja y tomarlo como un regalo y saber agradecerlo. Seguro que hay cosas que tu pareja no te puede dar, también puedes buscarlo en otras relaciones, una sola persona no nos lo puede dar todo.
SI ME QUISIERAS HARIAS TAL COSA… Todos tenemos creencias sobre lo que es el amor y qué hacen las personas cuando quieren y para cada uno estas creencias son diferentes. Todos tenemos maneras de querer diferentes y no son unas mejores que las otras. Poder valorar la manera que tiene mi pareja de quererme, aunque sea diferente de lo que espero, ayuda a la relación de pareja.
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Empiezas por sentir que no haces alguna cosa bien, acaban pensando que haces las cosas mal, crees que no sabes o que has olvidado lo que ya sabías, te sientes inútil, incapaz… ¡Cualquiera lo hace todo mejor que tú! ¿Te suena? Quizás no te gustas. Ni lo que ves frente al espejo ni tu forma de ser. No te creer los halagos de los demás, piensas que te lo dicen porque les das pena, y eso refuerza tu sensación de que eres alguien con poco valor… ¿Te sientes identificado?
He de confesarte algo: tus expectativas y tus creencias influyen directamente en el resultado. Si lo aplicamos a la autoestima, pensar que no vas a ser capaz o que no tienes valor, es un pensamiento que puede acabar cumpliéndose. ¿Qué puedes hacer, entonces, al respecto?
1. Toma conciencia
El primer paso es tomar conciencia de lo que nos está pasando. Párate un instante a reflexionar. A menudo no dedicamos ni un solo instante al día en chequear cómo nos sentimos, observar qué pensamientos ocupan nuestra mente y cómo actuamos con los demás. Si eres capaz de identificar en ti mismo alguna de las manifestaciones comentadas al inicio de este artículo, ya has iniciado el camino. Ya estás preparado para dar los siguientes pasos.
2. Identifica las causas.
Parece fácil, pero no lo es. Tampoco es algo evidente. Quizás últimamente te sientes estresado en tu trabajo, o existe un ser querido enfermo que te preocupe. A lo mejor estás pasando por un mal momento con tu pareja o estás preocupado por el comportamiento de tus hijos. En estos casos: ¡enhorabuena! Tienes una visión clara de donde vienen tus problemas y esto te va a permitir en orientar tus energías en su resolución.
Pero en otras ocasiones, muchas, no podemos sentir mal pero no sabemos por qué. No pasa nada, es habitual que esto suceda. En este caso, tenemos que dedicar un poco de energía en autoobservarme y chequearme, para descubrir su origen.
3. Actúa sobre el síntoma
Además de actuar sobre la causa, una vez la hemos identificado, es igualmente interesante actuar sobre el síntoma. De la misma manera que cuando tienes fiebre, además de descubrir el foco de origen de la misma, nos tomamos un paracetamol para que ésta disminuya.
Por ejemplo, si la ansiedad te gana la partida, ponla a raya con técnicas de respiración consciente, relajación o mindfulness; también puedes evitar el estímulo que provoca tu ansiedad, depende del caso. Las técnicas de distracción o parada del pensamiento, nos ayudarán aliviar los síntomas más obsesivos; también el deporte o una actividad física placentera. Técnicas de reestructuración cognitiva pueden ayudarnos con nuestra autoestima o síntomas depresivos; además de restablecer unos buenos hábitos de alimentación e higiene del sueño.
4. Pide ayuda
No necesariamente estoy hablando de ayuda profesional. Quizás necesitas contárselo a esa persona de confianza que está a tu alrededor. Díselo a esa persona que te quiere y que además te haya notado que no te sientes bien de un tiempo a esta parte. Verbalízalo de una vez por todas: “Necesito ayuda para dejar de pasarlo mal con esto que me sucede o me preocupa”. Y si es necesario…
5. Pide ayuda a un experto.
De la misma manera que vas al dentista cuando tienes un dolor de muelas. Un experto te ayudará a observar cómo te saboteas a ti mismo, qué falla en tus relaciones y dónde se originan esos molestos síntomas. Te proporcionará perspectiva sobre lo que sucede y herramientas para solventar y prevenir futuros problemas. Dejarás de estar atascado en esa misma situación, con la que chocas una y otra vez.
Los síntomas emocionales son alertas que nos dan nuestro cuerpo, y que debemos escuchar. Pedir ayuda puede ser el inicio de un verdadero cambio, no sólo para librarte de tu malestar, sino para aprender a disfrutar de la vida y a sentirte feliz con lo que haces. ¿A qué esperas?
Irene Morales
Psicóloga Clínica y de la Salud
Extraido de www.institutodraco.com/es
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