Ya te dejé, ¿ahora cómo te olvido?

Pasos para afrontar un duelo amoroso

Luego de romper cualquier relación llega un momento donde las dudas y el temor nos invaden. Queremos que el sufrimiento y los malos recuerdos no perturben nuestra mente y nuestros pensamientos. Lastimosamente no existe una píldora que nos haga olvidar o una amnesia impuesta por nosotros mismos para dejar de querer a esa persona que fue tan importante. Entre más nos empeñamos en olvidar a alguien, más se impregnarán nuestros pensamientos en los recuerdos de ese amor que ya no es.

Quizá no exista la medicina para dejar de sufrir por amor o para olvidar a esa persona de la noche a la mañana. Pero en este artículo, y gracias a Walter Riso, explicamos un proceso para afrontar un duelo. Este proceso consta de unas fases que pueden aplicarse no solo a relaciones amorosas sino también a la pérdida de un familiar querido. Naturalmente, estamos programados a resignarnos obligatoriamente para evitar que malgastemos nuestras energías en esperar algo que ya es imposible.

El duelo es la manera natural en que nos despojamos de toda esperanza para aceptar los hechos y hacer que el principio de realidad se imponga al principio del placer”, Walter Riso.

A continuación, enseñamos las diferentes fases para poder afrontar el duelo de la mejor manera y hacer que nuestra vida retome el mejor rumbo:

1. Fase de aturdimiento:

En esta fase no hay percepción sensorial de lo que está pasando. Se puede creer que lo sucedido no es real o como si nada estuviese pasando. Muchas personas en esta fase pueden ser insensibles y reaccionar de la peor manera frente a lo acontecido. Suelen ocultar lo que sienten mientras en su interior todo se está derrumbando poco a poco. Esto puede ser contraproducente, pues se van acumulando pensamientos de todo tipo, al punto que un día pueden llegar a explotar de manera muy negativa.

2. Fase del “todavía se puede”:

¿Te ha pasado que en algún momento luego de una pérdida o ruptura, buscas la forma de que esa persona vuelva? En esta fase, los pensamientos obsesivos se apoderan de nuestra cabeza, el llanto es incontrolable, el insomnio y muchos otros males aparecen, porque deseamos profundamente y a toda costa que ese vínculo que se rompió vuelva a unirse. Estamos cegados por la desesperación y la ansiedad al no querer darse por vencido en su deseo de volver.

3. Fase de aceptación:

Después de tanto sufrimiento, el sujeto empieza a ver todo claramente y acepta la pérdida. La tristeza empieza a notarse y puede durar varios meses. Es una fase peligrosa porque muchas personas se quedan en este estado llamado “duelo crónico” donde la depresión se apodera de su vida. Cuando se sufre de este trastorno lo más recomendable es acudir a la ayuda de un profesional.

4. Fase de “Volver a comenzar”:

¡A la basura esos recuerdos que te tenían apegado a ese amor que ya no está! Las cartas de amor, los regalos y las canciones que te dedicaba ya hacen parte del pasado. Es aquí donde tomas fuerza y las ganas de vivir inundan tu ser nuevamente y la iniciativa para ser feliz se apodera de ti. La única esperanza que te queda es la de salir adelante y saber que en un futuro: “Es posible amar sin sufrir y podrás amar sin apego”.

¿Y si aparece alguien cuando aún no he culminado con las fases de mi duelo? La respuesta más certera es: “No hay que apresurarse”. Es posible que una buena persona llegue a tu vida mientras estás atravesando por este duelo, solamente debes ir despacio. No hay porqué enrollarse sentimentalmente con alguien de un momento a otro. “Una buena compañía, un soporte afectivo, puede ayudarte a fluir mejor y a sufrir menos”, pero no puedes apresurar las cosas.

Nada mejor que asociar lo que nos pasa con el pensamiento y los consejos de un profesional. Walter Riso ha recopilado un sinfín de testimonios que hablan sobre este tema y los ha analizado en su nuevo libro: “Las mayores estupideces que hacemos por amor”. Encontrarás consejos maravillosos para los más grandes disparates hechos por amor.

Extraido de: Editorial Phronesis

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Los desafíos de ser mechón y dejar atrás el colegio

En marzo millones de jóvenes empiezan una etapa diferente: la universidad. Más allá de qué carrera o institución eligieron, las libertades, flexibilidad de horarios, los nuevos compañeros, las expectativas personales y de quienes los rodean, entre otros factores, pueden representar un desafío para muchos. La psicóloga de Clínica Vespucio, Karen Kiblisky, se refiere a los conflictos emocionales que enfrentan los alumnos en su primer año de educación superior y entrega recomendaciones a los padres para acompañar a sus hijos en este proceso.

Al pasar del colegio a la universidad, los jóvenes atraviesan un trastorno adaptativo que es prácticamente inevitable. Tienen que ajustarse a nuevas normas que muchas veces desafían su capacidad de organización, disciplina y responsabilidad, lo cual puede derivar en diferentes conflictos emocionales.“Pueden sentir que no logran encajar en este sistema educativo o, en ocasiones, consideran que son poco acogidos, ya quealgunos profesores no tienen el mismo trato cercano quemuchas vecesexiste en los colegios”, explica la psicóloga de Clínica Vespucio, Karen Kiblisky.

A algunos “mechones” les cuesta trabajo adecuarse a una mayor flexibilidad, ya que están acostumbrados a regirse y funcionar bajo normas establecidas. Otros, por ejemplo, deben aprender a organizar sus tiempos, a priorizar y a ser responsables con sus tareas sin la supervisión de los profesores. “Esto puede causar ciertos desajustes en la estabilidad emocional de los jóvenes, provocando estrés, ansiedad y/o angustia al sentirse sobrepasados por el nuevo ritmo o sistema de estudios”, aclara la especialista.

Por otra parte, es posible que las expectativas y fantasías de los jóvenes en cuanto al desempeño académico que tendrán,también los afecte, ya que en la mayoría de los casos en nuestro país, “no tienen cerca a una persona que haya vivido la misma experiencia, con quienpuedan compartir aquellas ansiedades, sintiéndose escuchados, comprendidos y contenidos”, afirma la psicóloga.

En cuanto al área social, el nuevo grupo de pares que conocen al entrar a la universidad también implica un importante desafío. Ahora, los jóvenes deben relacionarse con un mundo social diferente, enfrentándose directamente con la diversidad. “Tienen la oportunidad de reinventarse socialmente, creando nuevos lazos y ocupando un rol distinto al que ocupaban en el grupo de amigos del colegio.” expone Karen Kiblisky.

Si los jóvenes no logran lidiar bien con estos cambios y vemos que sus comportamientos, gustos, apetito, sueño (cantidad y/o calidad) se ven afectados, la psicóloga advierte que es importanteconsultar con un profesional a la brevedad, “para orientarlos y entregarlesel apoyo emocional que requieren en este proceso adaptativo que están viviendo”.

¿Cuáles son los riesgos?

Si el joven es susceptible, inseguro y sus padres no contribuyeron en el desarrollo de autonomía personal, puede existir mayor riesgo de desencadenar trastornos alimentarios o depresiones. “Sin embargo, dependerá absolutamente del caso particular y de los antecedentes personales, familiares, sociales y emocionales del alumno”, especifica la especialista.

Las inseguridades, una baja autoestima y ser muy introvertido son factores psicológicos que también pueden jugar en contra en este proceso de cambios. Lo anterior, ya que aumentan los sentimientos de pesimismo ante el logro de sus metas en el ambiente universitarioy pueden aparecer miedos o angustias frente a lo que están viviendo. “No obstante, todos estos factores pueden ser trabajados con altas posibilidades de éxito, logrando así, una buena, sana y agradable inserción al mundo universitario”, afirma Kiblisky.

Cómo enfrentarlo

Es positivo para los jóvenes continuar desarrollándose y vivenciar esta nueva etapa en un ambiente familiar sano, respetuoso, comprensivo y contenedor. “Para un universitario que se desenvuelve en un hogar carente de estas características, será más complejo lidiar exitosamente con los cambios que conlleva el paso del colegio a la universidad, y ahí, la resiliencia y redes de apoyo que existan,juegan un rol fundamental”, dice la psicóloga.

Con el fin de amenizar este período de adaptación, la especialista entrega las siguientes recomendaciones a los padres:

  • Escuchar sin juzgar, dialogar, generar un ambiente de confianza y contener a su hijo.
  • Entregarles tiempo de calidad, aunque ya sean adolescentes o jóvenes, valoraránque sus padres se preocupen de buscar momentos únicamente para estar y compartir con ellos.
  • Priorizar la calidad por sobre la cantidad de tiempo que pasan juntos.
  • En el caso de que existan, recordarsus tiempos universitarios con ellos y compartir anécdotas.De lo contrario, conversar sobre las fantasías, sueños y metas que tenían los padres a la edad del joven, lo cual ayudará a afianzar la relación.
  • Consultar a un especialista en el caso de que fuese necesaria una ayuda externa.
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