ADOLESCENTES: CARRETES … LA DISTORSIÓN TOTAL

“Fuimos a una fiesta donde iban todas mis amigas y un grupo de amigos de otro colegio. Llegamos y partió como siempre… todos previando. Ese día tenía ganas de tomar y de curarme para poder pasarlo bien. Fueron varias piscolas, algunos fumaban mota y la cosa empezó a prender. Sin darme mucha cuenta cruce el límite…..y me borré.  Solo me acuerdo que antes de estar borrada estaba coqueteando con un mino de los del grupo. Bailamos un par de canciones y de ahí no me acuerdo más. Solo flashbacks, vomite varias veces mientras una amiga me cuidaba y no sé cómo llegue a estar sola con él en el estacionamiento de la casa donde estábamos. Yo no entendía nada, no podía hablar, recuerdo que me desvestía, sentí que él estaba arriba mío y al otro día solo se me venía a la mente la imagen de su cuerpo sin ropa, encima mío….sin tener claridad de lo que pasó. No se que hicimos, solo se que no pude hablar. Al otro día me sentí abusada, transgredida, no pude decir que no….pero tampoco le dije que sí. Lo tuve que llamar para preguntarle que había pasado realmente. No me podía quedar con la duda. Cuando le pregunté, el me dijo “si pos, tiramos, si tu no dijiste nada” y ahora no se como avanzar. Me siento fea, vulnerada y no confío en nadie…ni siquiera en mi misma”

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Esta semana fue dura, escuché vivencias de adolescentes realmente demoledoras… de esas que rompen el alma y te hacen cuestionarte dónde estamos parados y qué estamos haciendo mal.  Al comentar el tema , me pidieron  que por favor escribiera de esto, porque es algo que uno ni siquiera se imagina. Jóvenes en descontrol total frente a carretes sin memoria. Consumo de droga, alcohol en exceso, abuso sexual entre compañeros o conocidos y la extraña manera de compartir esta distorsión a través de Stories en Instagram mostrando a “amigas” o “amigos” tomando en exceso o dándose besos en una fiesta. Un abismo al riesgo y vulnerabilidad extrema, de la que ni siquiera tienen consciencia.

¿Qué ha ido pasando con nuestra sociedad que los carretes de los adolescentes han virado al descontrol absoluto? No digo TODOS los carretes y con esto no quiero crear una especie de pánico colectivo, al mirar a lo que nuestros jóvenes se ven expuestos cada fin de semana. Lo que quiero es que nos demos el espacio y tiempo de pensar ¿qué está pasando? ¿por qué se ha perdido el respeto por el otro y por mí mismo? ¿qué pasa que el exceso de alcohol se ha normalizado y no tomar representa a los valientes? ¿Qué pasa que mujeres adolescentes toman hasta quedar borradas y sus mismo amigos, conocidos o compañeros abusan sexualmente de ellas?

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Sé que suena duro, incluso irreal. Sé que piensan que esto no pasa con sus hijos, que pasa en otros lados, otros colegios, con otro tipo de personas. Pero por un segundo necesito que piensen ¿qué pasaría si fuese tú hijo el que abusó de una compañera de colegio? ¿Qué pasaría si tu hija llega a contarte (si tienes la suerte de que lo haga) que sin acordarse bien de la noche anterior, tiene flashbacks de que la desvistieron y amaneció sin saber lo que había pasado? Sé que tu mundo se derrumbaría, y probablemente pensarías qué hice mal, o quizás desvariarías en preguntas como: ¿qué hago a ahora? ¿Es real? ¿cómo pasó algo así? o simplemente seguirías negando bajándole el perfil como si nunca hubiera pasado o fuera algo normal de estos tiempos.

Lamentablemente esto es algo que está pasando, carretes sin control en los que nuestros adolescentes quedan absolutamente vulnerables frente a la vida. Hoy ya no solo existe el peligro del asalto, que le peguen, que se pierda borracho caminando por ahí o que choquen curados….hoy lamentablemente el peligro está entre ellos mismos, hoy son ellos los que han perdido la mirada del otro por estar inconscientes  por el alcohol y a ratos las drogas. Los pololos pelean a niveles desorbitantes y los jóvenes que se coquetean a veces termina en un abuso sin memoria, con niñas tiradas intentando recordar lo que pasó.

 

¿Qué hacemos? Lo primero es intentar no caer en el juicio o crítica, porque esto no construye y no ayuda a acercarnos a la realidad que están viviendo nuestros hijos. Tampoco se trata de no dejarlos salir nunca más o sobreprotegerlos llenándolos de mensajes para que se reporten de cómo, dónde y con quién están. Quizás simplemente se trata de poder sentarse a tener conversaciones sinceras y pensar CON ellos ¿cómo se están cuidando? ¿Qué pasa con el cuidado de su cuerpo, el valor por ellos mismos y el respeto a su vida? ¿Hasta qué punto se permiten tomar y pasar al abismo del sin memoria? ¿Cuánto están dispuestos a transar al estar en ese abismo? ¿Qué pasa que adolescentes leen un sí como respuesta  a una propuesta sexual cuando tienen a una persona sin consciencia al frente que simplemente no puede decir que no?

A mí me genera una profunda tristeza ver como adolescentes llenos de recursos y sueños se van transformando por el abuso de alcohol y drogas, en personas que no se respetan, ni a ellos mismos, se transforman a ratos en jóvenes sin sentido común… lo más desesperanzador es ver como lo que va pasando en estos carretes descontrolados y distorsionados, va lamentablemente definiendo su vida y muchas veces haciéndolos cada vez más frágiles emocionalmente “no me acuerdo de lo que pasó anoche” “no puedo pasarlo bien si no tomo” “me quedé borrada” “me fui a dar la pala” “peleamos muy fuerte porque estábamos los dos muy mal, habíamos tomado mucho”.

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¿Cómo volver a que tengan consciencia de su cuerpo y de sus límites? ¿Cómo hacer que puedan elegirse a ellos y cuidarse porque su cuerpo y su alma son lo más preciado y único que realmente tienen? Como papás necesitamos abrir los ojos: son nuestros hijos los que están frente a esta realidad, tenemos que acompañarlos, preguntarles qué pasa en los carretes y definitivamente acercarnos mucho más. No pasa por prohibir porque lo harán escondidos, en eso tienen un máster. Saben cómo ocultar borracheras, Uber  a solas, Stories de carretes en sus Instagram…..definitivamente si no hay confianza sabrán como hacerlo para que ustedes no se enteren. Y entonces los dejamos solos frente a un mundo de riesgos.

Muchos podrán decirme que nosotros cuando fuimos adolescentes pasamos por ahí, que peco de exagerada y que estoy sobredimensionando la realidad. Pero la verdad es que no es la misma adolescencia, nuestros jóvenes hoy viven mucho más expuestos frente la arremetida de las redes sociales, mucho más solos frente a papás más ocupados, mucho más exigidos frente a un sistema educacional que los estrangula con estándares por cumplir, mucho más aislados de sus amigos y con una extraña necesidad de compararse con aquel que es “mejor” que ellos. Pareciera que estuvieran en un mundo donde las relaciones profundas son mucho más difíciles de construir, donde lo importante es como te ves, que notas tienes o cuantos followers o likes tienes en Instagram. Se ha perdido profundidad, valores, respeto y ellos sin decirlo los añoran. Porque cada adolescente que conozco padece del mismo mal: la necesidad de sentirse querido, viviendo en un mundo que pareciera perfecto, pero que dista mucho de ser vivido por ellos como tal. Carencias y más carencias.

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NO, definitivamente no es nuestra misma adolescencia. Necesitamos hacer algo y lo primero y más importante es poder construir un lazo profundo de confianza donde exista la certeza de que sin importar lo que tengan para contar o hasta donde metieron las patas  pueden llegar a pedir auxilio. No basta con ser controladores, y estar encima… necesitamos estar cerca, pero de corazón. Reflexionar con ellos, preguntar, preguntar y preguntar. Abrir espacios de conexión donde exista hablar de valores, respeto, amor, autocuidado y como aprendemos a través del error.

Si queremos que nuestra hija no sea abusada por estar borracha, o que nuestro hijo NO sea el que abusó sin siquiera mirarlo como un abuso. Si queremos que nuestros jóvenes no estén comprando droga a través de Grinder, o que no se tomen una botella de pisco en un carrete para terminar en la ambulancia, dispuestas por los organizadores de las mismas fiestas necesitamos ACERCARNOS, CONSTRUIR, HABLAR.

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Y no digo que esto les asegure no pasar por estas vivencias… porque lamentablemente nuestros jóvenes están expuestos a muchos más riesgos de lo que nosotros estuvimos…pero si les aseguro que si han construido esa relación, al menos tendrán la oportunidad de saber por lo que están pasando, serán de los pocos padres a los que les pedirán rescate y por lo tanto de los pocos que podrán ayudar a sus hijos a aprender de eso que ocurrió: PROTEGERLOS DE VERDAD. Si no hemos construido esta relación ni siquiera podremos estar ahí para cuando lo necesiten, porque como ellos bien saben hacerlo lo ocultarán por miedo al castigo o a la decepción que pueda traerles.

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Si queremos formar, necesitamos estar!!! Estar de corazón: cerca y abiertos a abrazarlos en cada descontrol, en cada riesgo y en cada situación de vulnerabilidad… esto solo podrá pasar si abrimos los ojos y nos transformamos en papás cercanos y abiertos al error, todos nos equivocamos cuando fuimos adolescentes, esperemos y soñemos por ser esos padres a los que nuestros hijos recurren.

Crea, construye, acompaña, habla, pregunta, norma… no juzgues, critiques, niegues, o des por perdida esta relación. Solo de ella construirás hijos sanos, conscientes y respetuosos del otro y de ellos mismos. Y lo más importante: EMPIEZA HOY…..incluso si son chicos.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

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Amar es para valientes

Hace algunos meses les conté por mi página de Instagram @hoy.me.toca que me había llegado la saga Crossfire de Sylvia Day y estaba ansiosa por leerla. Y de toda la literatura erótica que he leído debo decir que este es uno de los libros que menos me ha enganchado, nunca sentí esa necesidad de leer y leer sin parar hasta poder terminar y seguir con el otro (eso sí me pasó con los de Megan Maxwell y con las 50 sombras de Grey).

Pero me quedo con una pregunta que está al inicio del capítulo 15 que dice ¿Cómo se puede profundizar en una relación amorosa si no se conocen los secretos del alma de la persona que amas?

Esta pregunta tiene respuesta en las charlas de Brené Brown que se las mega recomiendo que pueden encontrar en Netflix o Youtube, pero para quienes no la conocen les intentaré responder desde mi interpretación.

Amar a alguien es un riesgo que no todos están dispuestos a tomar, porque cuando decides amar, al mismo tiempo decides voluntariamente exponerte al sufrimiento y al fracaso. Nos cuesta quedarnos en el aquí y ahora y vivir cada momento, bueno o malo, con pasión, con amor y ternura y entender que todas las relaciones (pareja, amistades, hijos, etc) tienen altos y bajos. Nuestra cabeza rápidamente nos muestra todos los posibles escenarios donde pudiera terminar esta relación, muchas veces el fatalista es el que gana el primer lugar.

¿Qué pasa si me deja? ¿Qué pasa si no le gusto tanto? ¿Qué pasa si me hace sufrir? Miles de preguntas que te atormentan y te hacen planear una y otra vez la salida de emergencia en caso de desastre. Preguntas que lo único que hacen es desconectarte de tu corazón y hacer funcionar la cabeza, donde el capitán del barco es el EGO, a mil por hora.

El ego solo sabe moverse en una zona, si lo sacas de ahí se enciende una alarma de alerta que dice “en este terreno donde me estás llevando, yo no te voy a poder salvar, asi que rápidamente toma todas tus cosas y volvamos a la zona de confort, volvamos a la comodidad de nuestra vida donde no tomamos riesgos y sabemos predecir y controlar todas las variables que se presenten”. Y así es como volvemos a construir este gran muro de piedra que nos protege del sufrimiento, que nos hace ver como un hombre o mujer fuerte, que nada le afecta y que si se cae, ni le duele.

La pregunta es: ¿cómo voy a esperar que alguien me ame si me escondo? Nadie puede encontrar tu esencia detrás de tanto disfraz. Finalmente si alguien te encuentra, tal vez ni siquiera te encuentra a ti, más bien encuentra una versión de ti que tú te has contado que existe pero que realmente no eres tú.

Hacer el ejercicio de saber quién soy y qué quiero, cuáles son mis miedos más grandes, mis penas más profundas, mis sueños, etc. es salir de mi escondite, es arriesgarme a vivir, es atreverme a amarme y amar, es poder ser vulnerable, aprender a caerse, fracasar, sufrir. Amar es atreverse a ser vulnerables, es una elección que debemos hacer todos los días y NUNCA es fácil.

Esas conversaciones incómodas que quieres tener con tu pareja pero no te atreves, por miedo a perderlo/a, a que se enoje, a discutir, a generar una tensión. Esas son las conversaciones que tenemos que aprender a tener, porque evitarlas sólo te salva de la situación por un tiempo, pero eventualmente volverán a aparecer y tendrás que hacerte cargo.

Elegir la valentía por sobre la comodidad es como elegir comer sano, están previniendo futuras complicaciones en la salud de tu cuerpo, y en la salud de tu relación. Tener la valentía para actuar aun cuando sabes que no puedes controlar el resultado, es salir de tu zona de confort; como decir ‘te amo’ primero, sin saber si el otro te va a decir ‘yo también’. La vulnerabilidad es el camino hacia el otro, pero nos da tanto miedo quedar expuestos, que muchas veces preferimos (inconscientemente) quedarnos detrás de ese gran muro, donde nadie nos puede encontrar.

Preferimos no amar para no sufrir y terminamos lastimándonos demasiado, porque estamos programados para amar y pertenecer, está en nuestro ADN.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

Imagen portada de Sasin Tipchai en Pixabay

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Cómo las redes sociales manipulan nuestras vulnerabilidades

En estos momentos nos encontramos ante una situación mucho más preocupante de lo que la gente cree. Los propios ingenieros y diseñadores que desarrollaron los elementos característicos de Facebook, Twiter, Google o Snapchat empiezan a desmarcarse y a alzar su voz alertando de los peligros reales de adicción a los móviles y a las redes sociales.

Es lo que se empieza a llamar la DISTOPÍA de los móviles. Es decir, la Utopía negativa. Lo cual implica una sociedad futura peor que la actual de lo que ya nos alertaba George Orwell y Adolf Huxley por ejemplo. Antes parecía pura ciencia ficción. Ahora empieza a dibujarse como una realidad en la que las personas tienen la mente atrapada y absorbida por la tecnología.

En los últimos años en Silicon Valley se ha desencadenado una verdadera competición en pos de la atención de las personas, y detrás de cada diseño aparentemente inocuo de las redes sociales, desde el puño hacia arriba de los “me gusta” hasta el globito rojo que te avisa de la llegada de algún tipo de mensaje o actualización están pensados con sumo cuidado para atraer nuestra atención, son como un ring brillante y seductor, pero a la vez completamente vacío.

Es una maquinación muy reflexionada con el fin de engancharte al sistema. Lo que empezó como un regalito de positivismo en Facebook, ese “me gusta” fue copiado por todas las redes sociales, apps y sitios web, ya que ese estímulo de corto plazo gracias a la reafirmación social engancha, y mucho.

Actualmente tiene lugar en San Francisco incluso una conferencia anual para diseñadores, programadores y emprendedores que acuden desde todo el mundo (cuesta 1,700$ asistir) en la que se enseña a manipular a la gente para que utilice de forma habitual sus productos. Es decir, se busca que la tecnología sea usada de forma compulsiva, que es lo que han logrado los gigantes como Facebook, Instagram, Twiter o Google.

Tienes el impulso de ojear cualquiera de ellos, y sin darte cuenta después de una hora te encuentras aún mirando. Todo esto está muy pensado y articulado para que así sea. Muchos programadores estudian con psicólogos especializados en maneras de diseñar tecnología para persuadir a los que la utilizan. Se emplean trucos psicológicos sutiles que saben que desarrollan hábitos. Por ejemplo, cuando tenemos emociones tales como el aburrimiento, la soledad, frustración o confusión, surge una molestia o irritación que nos lleva a caer en acciones inconscientes para poder calmar esas sensaciones incómodas.

No hay ningún tipo de ética detrás, las empresas tecnológicas explotan las vulnerabilidades humanas —entre las que se encuentran la necesidad de aprobación ajena y el tapar a toda costa el aburrimiento— para empujar sutilmente a la persona a dar al “me gusta” (algo en apariencia inocente) pero fundamental para acumular y almacenar esa información y venderla la mejor postor, lo cual se traduce en ganancias millonarias a través de publicidad excepcionalmente personalizada.

Se experimenta con diferentes técnicas para manejar la atención del usuario y conseguir suculentos beneficios con la venta de esos datos, además de potenciar la adicción, claro. De hecho los diseños más seductores se basan en los mismos principios que hacen el juego tan compulsivo: recompensas variables, tener que actualizar cada vez que te avisan de que hay un nueva notificación y deslizar la pantalla como las máquinas tragaperras. Nuestras tendencias perjudiciales son así aprovechadas.

Ha aparecido recientemente un estudio que demuestra que la gente toca, desliza o teclea en su teléfono 2,617 veces al día de media (el estudio se realizó con 100.000 personas con un seguimiento de varios días, 24 horas al día), y dedicamos de media 2h 40 a mirar la pantalla del móvil. Y esto sin contar las veces que miramos el móvil para visualizar notificaciones, saltar una canción o lo que sea sin meter nuestro código o sin poner la huella digital para activar la contraseña.

¿A vosotros os parece normal? ¿Os parece que es la mejor manera de utilizar nuestro foco y nuestra energía? Por si fuera poco, también hay investigaciones que indican que nuestras capacidades cognitivas en general se ven menoscabadas y que la utilización excesiva del teléfono afecta negativamente a la inteligencia. Básicamente estamos distraídos todo el tiempo.

Como no podemos depender de que desaparezcan todas esas seducciones de nuestra vista y de no tener tentaciones para no caer en ellas, debemos ser conscientes de lo que realmente ocurre para poder gestionarnos mejor. Algunas veces hay que simplemente cortar las horas o momentos de acceso a nuestro teléfono, y otras tenemos que entrenar nuestra mente para no caer en las trampas que tan bien han urdido estas multinacionales de la tecnología. Debemos recordar que al final el control sobre lo que entre en nuestra mente y sobre nuestros comportamientos está en nuestras manos.

Autora del artículo: Mónica Esgueva

Fuente: El Huffington Post

 

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