Tu hijo mayor también te necesita

Desde que nació mi hija más pequeña siento que tuve que empujar un poquito al mayor para madurar más rápido. El todavía era un bebé de 20 meses y yo le decía cosas como: “no grites que la bebe duerme”, “habla más despacio que la bebe llora”, “ahora no puedo porque tu hermanita está en la teta”, “camina solito porque tengo que cargar a tu hermana que es más chiquita” y cosas por el estilo. 

Ahora ella tiene dos años pero todavía es complicado porque sigue muy pegada a la teta y porque se pone muy celosa cuando mi hijo más grande me abraza o quiere estar encima mío y aún es muy pequeña para entender algunas cosas, entonces el pobre se frustra bastante por momentos y yo lo entiendo.

A mi me parte el alma la mirada de mi hijo en esos momentos porque en lugar de quejarse o llorar él, resignado, se mueve de mi regazo y se sienta a mi lado siempre compartiendo a mamá. 

Me di cuenta que injusta estaba siendo. La pequeña ahora tiene la misma edad que él tenía cuando ella nació y eso me movilizó porque a ella la veo y la trato como a un bebé pero cuando él tenía esa edad lo trataba como un niño más grande.

Entonces quise hacer algo para compensar un poco las cosas y decidí priorizar tiempo con mi hijo a solas, tiempo especial entre él y yo para conectar sin interrupciones y para que no tenga que compartir a mamá siempre. Resulta que desde hace unos meses tenemos una cita una tarde por semana, solos él y yo. Planificamos, vamos a donde quiere ir, nos abrazamos y nos damos besos “a demanda” sin que la más chica nos interrumpa. Ella se queda con papá y no hay ningún problema. 

A mi gordo le encantan nuestras “citas especiales” (y, hasta orgullosos, se las cuenta a sus amigos) pero debo decir que a mi me gustan más, porque tengo la oportunidad de darle todos los besos y abrazos que no le pude dar estos últimos dos años y me reconforta el corazón. 

 

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Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

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Instagram: Nutri_mama

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¿Cómo nos define nuestro rol en la familia?

Dentro de un grupo familiar, cada persona tiene características únicas y genera relaciones diferentes con su entorno. De hecho, los vínculos que se crean desde la infancia con los padres y hermanos, determinan la forma de entender el mundo y enfrentarse a las oportunidades y dificultades de la vida. Así lo explica el psicólogo de Clínica Vespucio, Daniel Holloway, quien además se refiere a la importancia de dedicar tiempo de calidad a los hijos para promover su desarrollo.

Es común sentir que el lugar que cada hermano ocupa en la familia define algunos aspectos de su personalidad. Ya sea regalón, independiente, responsable o carismático, en muchos casos lo atribuimos a su condición de hermano mayor, de al medio o menor. “Efectivamente hay ciertos patrones de relaciones familiares que van generando esquemas o roles que luego utilizamos para enfrentarnos al mundo fuera de la casa”, afirma el psicólogo de Clínica Vespucio, Daniel Holloway.

De hecho, entre los hermanos se va generando un sistema propio en el que surgen lazos fraternos de cooperación y competencia, donde la atención de los padres es uno de los factores de mayor relevancia. Por otra parte, el especialista destaca que los primeros ensayos por alcanzar cierta autonomía ocurre también en estas relaciones, donde los hermanos “forman acuerdos entre ellos para ‘deshacerse’ un rato de los papás o dejarlos ajenos a sus actividades”.

Así, dentro de la familia se generan pautas relacionales que configuran los roles. Estos son verdaderos esquemas internos que determinan nuestra forma de pensar, sentir y actuar, incluso en la vida adulta. “Es un esquema práctico, simple y convencional desde el cual le damos sentido a lo que somos, y que comienza a construirse desde nuestro nacimiento”, afirma el psicólogo.

El lugar de los hermanos

Las características de personalidad de los hermanos tienen relación con la forma en que los padres van asumiendo la paternidad con cada uno de sus hijos. Por ejemplo, en muchos casos, los mayores son los que reciben más atención y, a su vez, también son los receptáculos de toda la ansiedad de los padres primerizos que no saben cómo enfrentar esta nueva etapa. “Generalmente son los que tienen las normas más definidas, considerando que mientras van llegando los otros hermanos, los papás tienden a relajarse con ciertas conductas”, destaca Daniel Holloway.

Uno de los aspectos más importantes respecto a la relación que se genera con los papás, es que debe existir cierta seguridad básica para los niños. Esto implica reconocer que ellos están presentes y destacar las habilidades propias de cada uno, ya que “si esto no está incluido a lo largo del desarrollo de los hijos, aunque sea con palabras o gestos pequeños, no les permitirá desenvolverse de manera fluida con su entorno”, asevera el especialista.

¿Cómo mejorar estos vínculos?

Considerando cómo nos definen los primeros vínculos que generamos dentro de la familia, existen medidas que los padres pueden adoptar para mejorar el desarrollo de sus hijos y las relaciones que ellos crean con el exterior:

  1. Tiempo de calidad

Es importante dedicarle a cada hijo un tiempo de calidad y cantidad suficiente. “Aunque sea media hora, estos momentos deben ser libres de celulares y televisión, priorizando lo que el hijo o hija quiere expresar, con el objetivo de conocerlos, saber qué está pasando con ellos, orientarlos, recibir su afecto y entregarles afecto”, asegura el psicólogo.

No existe un tiempo específico recomendado, ya que depende de la rutina de cada familia y el número de hijos. La idea es atender no sólo de forma grupal, sino que a su vez individual a cada niño como persona que tiene características distintas y únicas.

  1. Límites

Dedicar tiempo a los hijos es también una instancia para establecer límites, que son fundamentales para el desarrollo integral de los niños y su preparación para la vida adulta. Lo anterior, los ayuda a reconocer sus capacidades y posibilidades mientras desarrollan autorregulación, el manejo de las frustraciones y la autonomía. “Es inevitable que los niños demanden de los padres toda su atención y les exijan de forma inmediata la satisfacción de antojos y caprichos, lo importante es no ceder ante esto”, dice el profesional.

Además, los padres requieren tiempos de descanso y los niños deben aprender a reconocer y respetar esos espacios. Así, fijar límites ayuda a desarrollar creatividad ya que obliga al niño a buscar otras alternativas. “En la vida fuera de casa, muchas veces uno tiene que aceptar que existen cosas que no podrá tener o que quizás con esfuerzo alcanzará más adelante. Si uno les entrega todo a los hijos, no permite que ellos aprendan a manejar esa realidad por sí mismos”, advierte Daniel Holloway.

Además, si no existen límites, la satisfacción siempre es inmediata, por lo tanto los niños no aprenden a valorar lo que tienen. “Se fomenta la conducta del consumo, en la que todo se vuelve desechable, desde los objetos materiales hasta las relaciones”, concluye el especialista.

 

Foto portada: by Victoria Borodinova from Pexels

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