El Cansancio y la Fatiga Crónica en la BioEmoción

El Síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad que causa mucho agotamiento o cansancio a todas horas a la persona que la padece.

Suele aparecer tras una enfermedad o infección dejando a la persona en un estado de debilidad constante.

Sus síntomas principales son: Fatiga, dolor de cabeza, sueño excesivo, pérdida de memoria, dolor en las articulaciones, mareos, mucho cansancio al despertar, pies hinchados, trastornos alimenticios, apatía, cambios de humor, sensación de no poder hacer nada ya que todo implica un gran esfuerzo, tanto mental como físico, etc..

La suelen padecer personas de 40 a 50 años, pero también hay casos de menor y mayor edad.

Muchas veces esta enfermedad se relaciona o se puede confundir con la Fibromialgia, Depresión o con problemas de Tiroides, pues los síntomas  son muy parecidos. Las causas que la desencadenan tampoco están muy claras pero se cree que el sistema inmunitario débil es más propenso a este tipo de enfermedad.

Según la BioEmoción:

Hay una anclaje a sentimientos negativos y de angustia sobre el pasado o el presente. También una falta de seguridad y una facilidad por dejarse llevar por los miedos y preocupaciones.

Las personas con agotamiento intentan luchar contra el sistema y contra algo que es mucho más grande que ellas. Sienten que no han sido reconocidos por sus padres y se sienten impotentes. Siendo niños deseaban impresionar a sus padres (del mismo género), deseaban complacerles en todo y que se sintiesen orgullosos de ellos pero no se sintieron reconocidos y se convirtieron en personas que solo desean hacer cosas para demostrar lo que son o lo que valen.

Se sienten atrapados en sus propias obras o acciones ya que nadie les reconoce y terminan desanimándose y abandonado todo lo que hacen. . Se sienten decepcionados y piensan que da igual lo que hagan pues al final no logran lo que desean: “ser reconocidos y valorados”

Si deseas eliminar tus malestares deberás empezar a reconocerte primero a ti mismo para que luego otros puedan hacerlo.

Acepta que tomaste la decisión de impresionar a tu padre o madre y de la misma manera puedes decidir que ya no es necesario tener su aprobación ni sentir que te exigían mucho. Desde el principio fuiste tú el que tuvo esa percepción incorrecta. Ellos te sirvieron de espejo para mostrarte tu propia exigencia.

Deberás empezar por amarte a ti mismo, aceptando tus virtudes, tus defectos y tus limitaciones. No temas decir que no sabes hacer algo o incluso fallar pues tienes todo el derecho a ello.

Si eres capaz de  respetar tus límites serás capaz de recuperar tu energía vital y tu capacidad de amar, que no es más que la causa de tu agotamiento o fatiga.

Fatiga crónica:

Las personas con fatiga les falta energía y fuerza muscular. Les falta una meta concreta en su vida y en vez de actuar para realizar sus objetivos la persona se encuentra atrapada en pensamientos negativos y miedos que le bloquean y le consumen la energía.

Creen que no merecen lo que tienen y su actividad mental ocupa mucho más tiempo que la actividad física.

Deberás apreciar y mostrar gratitud por  lo que tienes. También puedes hacer una lista de todo lo que te gustaría hacer en el período de un año y empezar a realizar pequeñas acciones para que se vayan cumpliendo cada una de las cosas que quieras. Si un año te parece mucho tiempo puedes reducir el tiempo en un mes, tres meses o seis, lo importante es que se despierte en ti el deseo de hacer cosas y recuperar la ilusión y las ganas de vivir.

Nota: Es importante destacar que es normal sentir una gran fatiga después de la resolución de un conflicto importante. También puede ser el principio de un estado de agotamiento.

 

Redacción Instituto Draco

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Extraido de Instituto Draco

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Los 3 Principios para la Sanación

Hace un tiempo llegó a mis manos “por casualidad” el libro de Caroline Myss, Anatomía del espíritu. Al principio lo tomé con ciertas reticencias, pero enseguida me enganchó. Ahora he tenido la necesidad de releerlo, y no deja de fascinarme, como lo hizo en la primera lectura.

Seguramente, la pregunta más importante que nos hacemos y que la gente se ha hecho a lo largo de la historia es ¿Cuál es mi finalidad en la vida?. La autora la responde de una forma sencilla y también profunda: “Nuestra finalidad es vivir de modo coherente con nuestros ideales espirituales, vivir la regla de oro en cada momento de la vida y vivir los pensamientos como oración sagrada. Es así de sencillo, pero dista mucho de ser fácil.”

Una de las propuestas del libro son sus 3 principios para la sanación, que me encantará compartir en este artículo, y analizar cada uno de ellos:

 

Primer principio: La biografía se convierte en biología 

Según la medicina energética, todos somos libros vivos de historia. Nuestro cuerpo contiene nuestra historia, todos los capítulos, párrafos, estrofas y versos, línea a línea, de todos los acontecimientos y relaciones de nuestra vida. A medida que avanza la vida, nuestra salud biológica se va convirtiendo en un relato biográfico vivo que expresa nuestras fuerzas, debilidades, esperanzas y temores.

Todos los pensamientos que ha tenido una persona han viajado por su organismo biológico y activado una reacción fisiológica. Algunos pensamientos son como descargas intensas que causan una reacción en todo el cuerpo. Un miedo, por ejemplo, activa todos los sistemas corporales; el estómago se tensa, el ritmo cardíaco se acelera y tal vez el cuerpo comienza a sudar. Un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Algunos pensamientos son más sutiles, y otros son incluso inconscientes. Muchos no tienen ningún sentido y pasan por el cuerpo como el aire a través de un visillo; no precisan atención consciente y su influencia en la salud es mínima. Sin embargo, cada pensamiento consciente, y muchos inconscientes, sí generan una reacción fisiológica.

Todos los pensamientos, al margen de su contenido, entran primero en los sistemas corporales en forma de energía. Aquellos que llevan energía emocional, mental, psíquica o espiritual producen reacciones biológicas que luego se almacenan en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en nuestro sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día…

 

Segundo principio: El poder personal es necesario para la salud 

El poder media entre nuestros mundos interno y externo, y al hacerlo se comunica en un lenguaje de mito, símbolos y metáforas. Piensa, por ejemplo, en el símbolo más común del poder: el dinero. Cuando una persona interioriza el dinero como símbolo de poder, su adquisición y control se convierten en símbolo de su salud: cuando adquiere dinero, su sistema biológico recibe el mensaje de que está entrando poder en su cuerpo. Su mente transmite el mensaje inconsciente: «Tengo dinero, por lo tanto estoy a salvo, estoy seguro. Tengo poder y todo está bien.» Este mensaje positivo transmitido al sistema biológico genera salud.

Nuestra vida está estructurada en torno a símbolos de poder: dinero, autoridad, títulos, belleza, seguridad. Las personas que llenan nuestra vida y las decisiones que tomamos en cada momento son expresiones y símbolos de nuestro poder personal. Solemos vacilar a la hora de desafiar a una persona a la que creemos más poderosa que nosotros, y con frecuencia accedemos a hacer cosas porque creemos que no tenemos el poder para negarnos. En incontables situaciones y relaciones, la dinámica que funciona por debajo es la negociación del poder: quien lo tiene y cómo podemos mantener nuestra participación en él.

Aprender el lenguaje simbólico de la energía significa aprender a evaluar la dinámica del poder en nosotros mismos y los demás. La información energética es siempre veraz. Aunque una persona acepte verbalmente algo en público, su energía dirá cómo se siente en realidad, y sus verdaderos sentimientos encontrarán la manera de expresarse mediante una declaración simbólica. Nuestros sistemas biológico y espiritual siempre intentan expresar la verdad, y siempre encuentran la manera de hacerlo.

Es necesario tomar conciencia de lo que nos da poder. La curación de cualquier enfermedad se facilita identificando nuestros símbolos de poder y nuestra relación simbólica y física con esos símbolos, y escuchando los mensajes que el cuerpo y las intuiciones nos envían acerca de ellos.

 

Tercer principio: La persona puede sanarse sola 

La medicina energética es una filosofía holística que enseña lo siguiente: “Yo soy responsable de la creación de mi salud; por lo tanto, en cierto sentido yo participé en la creación de esta enfermedad. Puedo participar en la curación de la enfermedad sanándome yo, lo que significa sanar al mismo tiempo mi ser emocional, psíquico, físico y espiritual.”

Curación total y cura no son lo mismo. Se produce una “cura” cuando la persona ha logrado controlar o detener el avance físico de una enfermedad. Curar una enfermedad física, sin embargo, no significa necesariamente que se haya aliviado también el estrés emocional y psíquico que formaba parte de ella. En este caso es posible que la enfermedad reaparezca.

El proceso de la cura es pasivo, es decir, el paciente se inclina a ceder su autoridad al médico y al tratamiento prescrito, en lugar de desafiar activamente la enfermedad y recuperar la salud. La curación total, en cambio, es un proceso activo e interno que implica investigar las actitudes, los recuerdos y las creencias con el deseo de liberarse de todas las pautas negativas que impiden la total recuperación emocional y espiritual. Esta revisión interna conduce inevitablemente a la revisión de las circunstancias externas, con el fin de recrear la vida de modo que active la voluntad: la voluntad de ver y aceptar las verdades de la propia vida y de la forma en que se han utilizado las energías, y la voluntad de utilizar la energía para crear amor, autoestima y salud.

Las medicinas holística y oficial adoptan dos actitudes diferentes respecto al poder: activa y pasiva. Los tratamientos con sustancias químicas de la medicina oficial no requieren ninguna participación del paciente; en cambio una técnica holística es mejorada por un paciente activo e implicado. Es decir, se produce una conexión entre la conciencia del paciente y la capacidad curativa de la terapia y a veces incluso del terapeuta. Cuando la persona es pasiva, es decir, adopta la actitud de «hágamelo», no sana totalmente; puede recuperarse, pero es posible que jamás trate realmente el origen de la enfermedad.

Afortunadamente, cada vez más profesionales de la salud toman consciencia de la importancia del papel activo de la persona que recibe un tratamiento o terapia, de la importancia de ceder el poder de la curación y asumir la parte correspondiente en el proceso de sanación, siendo capaz de tomar la responsabilidad que le corresponda y dar respuesta. Al fin al cabo la etimología de las palabras ya nos dan una pista: responsabilidad significa ser capaz de dar respuesta. ¿Qué respuesta das tú?

 

Irene Morales

Coach Espiritual 

www.IrenePsicoBio.com

Extraido de www.institutodraco.com/es

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