En vez de volver a la normalidad, construir otra mejor

Hace dos días me escribió una lectora preguntándome algo que me sorprendió. En un mensaje privado me confesaba que estaba muy cansada del aislamiento social y me interpelaba con la siguiente pregunta: «¿Tú crees que aprenderemos algo?». No pude por menos de contestarle con un timbre de sorpresa en mi voz hecha escritura: «¡¿Cómo que si aprenderemos algo?! La pregunta formulada en futuro cancela el aprendizaje, que siempre se da en presente continuo. En una pandemia como la del coronavirus estamos aprendiendo a cada instante porque la situación es tan inédita, tan global y tan voluble que no ceja en enseñarnos novedades que nos obligan a instruirnos en ejercicios valorativos permanentes». Al enviar la contestación caí en la cuenta de forma súbita de que hace justo un mes escribí y publiqué aquí un artículo con el mismo título que la pregunta que me acababa de punzar. El viernes 27 de marzo compartí en este Espacio Suma NO Cero el texto ¿Aprenderemos algo de todo esto? (ver). Quizá un mes más de confinamiento me ha hecho tomar sencilla conciencia de que hablar en futuro del aprendizaje de esta crisis sanitaria y su adosada crisis económica sea tener una muy mala consideración de nosotros mismos. Para evitar equívocos a mí me gusta recalcar la diferencia entre enseñar y aprender. Enseñar es brindar información útil con el propósito de entregar herramientas para que la persona que la recibe perfeccione su autonomía y su emancipación. Aprender es la acción personal con la que alguien adquiere esa información, la metaboliza y la convierte en conducta, luego en memoria, más tarde en hábito y finalmente en disposición afectiva para utilizarla de una u otra manera según la enorme variabilidad de las situaciones con las que el hecho de existir le confrontará. Con cada nuevo amanecer la vida reparte infinitas enseñanzas, pero aprender pertenece en exclusividad a cada uno de nosotros.

Las primeras semanas de la cuarentena se podía escuchar el suspiro de muchos confinados anhelando volver pronto a la normalidad. Aquellos ingenuos y ya lejanos días se viralizó una máxima que desde una mirada alternativa cuestionaba ese deseo: «No queremos volver a la misma normalidad que nos ha traído hasta aquí». Dicho de otro modo, pero en la misma dirección: «No queremos volver al mismo sitio como si no hubiésemos aprendido nada de todo lo que acerca de nosotros mismos nos está enseñando la pandemia». La normalidad no debería ser el regreso a un sistema productivo que ha ensamblado vida con empleo (cada vez más escaso y cada vez más precario), y que para sobrevivir necesita gente insatisfecha que consuma bulímicamente mercancías con las que contrarrestar esa insatisfacción y mantener intacta la pervivencia del propio sistema productivo, que además tiene el deber capitalistamente genético de incrementar los márgenes de beneficio con cada nuevo ejercicio. En La sociedad de la decepción, Gilles Lipovetsky explica muy bien esta lógica. Entenderla es comprender el papel del miedo y la frustración en los imaginarios sociales. La producción y la financiación como ejes de la vida humana necesitan sobreexcitar el deseo permanentemente, vincular ideas de bienestar a ideas de consumo, embeber la identidad del sujeto con la dimensión laboral, concatenar la felicidad con la acumulación de bienes y capital. Es un círculo que no se puede detener y que con cada nueva rotación se ve obligado a aumentar el frenesí del deseo y sus daños indisolubles para la extracción de plusvalía: la explotación, la deshumanización, el deterioro de los tiempos afectivos, la depredación del planeta y de todo de tipo de vida alojada en él, la decepción crónica de las personas. La enfermedad del covid-19 y su epidemiológica capacidad de contagio nos ha obligado a confinarnos y a detener esta rotación. No hacerse o no estar haciéndose preguntas nucleares durante este largo confinamiento es mucho más grave que no aprender algo. Es estar críticamente muerto.

Ayer leí el opúsculo En tiempos de contagio, de Paolo Giordano, el escritor que alcanzó notoriedad con su libro La soledad de los números primos. Debe de ser de las primeras publicaciones serias en torno a la enfermedad del covid-19. Frente a la exhortación de querer volver a la normalidad, Paolo Giordano sugiere en su ensayo todo lo contrario: «aprender a habitar la anomalía». Este aprendizaje supone aceptar varias cosas. El autor cita el salmo 90 para resumirlas: «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría». Nada más leer esta petición me acordé del lamento de Baltasar Gracián cuando en El arte de la prudencia se preguntaba de qué sirve que el entendimiento avance si el corazón se queda atrás.  En las reflexiones azuzadas por la pandemia hay varias formas de traer sabiduría al corazón. Aquí van unas cuantas: Pensarnos como comunidad. Repensarnos como sujetos interdependientes. Releernos bajo fines de vida nuevos. No olvidarnos nunca del por qué y para qué como preguntas insorteables para la construcción del sentido de lo humano. Sabernos tan vulnerables que es apremiante cuidar y ser cuidados. Aprovisionarnos de bondad para coordinar los gigantescos bucles de dependencia mutua que forman el espacio político en el que se despliega la convivencia. Sentimentalizarnos para que el otro me concierna y su sufrimiento me haga sufrir. Quizá la más importante de todas las medidas para acercar un poco de sabiduría a nuestro corazón es con la que Paolo Giordano concluye el opúsculo, que compendia todas las que he enumerado aquí: «No permitir tanto sufrimiento en vano». Volver a lo que el discurso hegemónico ha bautizado como normalidad sería contravenir por completo esta sensata invitación.

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Imagen portada : Obra de Ohgigue

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Los virus en la BioEmoción

Vivimos en una sociedad donde reina el estrés y todo se tiene que hacer con prisas. El problema viene cuando forzamos a nuestro cuerpo a vivir sin tranquilidad y atraemos los virus. ¿Sabías qué cuando estamos estresados bajan las defensas de nuestro cuerpo?

Desde Instituto Draco os queremos explicar las emociones que hay detrás de los virus y unos consejos para sentirnos mejor ante esta pandemia ¡Allá vamos!

Según el Dr. Hamer, gran médico y estudioso de la nueva medicina, los virus como el COVID-19, son los que reparan el daño que nosotros le hacemos al cuerpo cuando alteramos sus funciones. Con nuestras emociones modificamos el cuerpo, el cerebro tiene la capacidad de controlar los órganos y producir cambios en ellos.

Cuando estamos muy estresados o preocupados nuestras defensas bajan y es más fácil coger cualquier enfermedad, por eso es esencial mantener la calma y relajarnos ante cualquier situación desagradable o estresante.

 

Los síntomas: 

 

Los síntomas principales del Coronavirus son la gripe y la neumonía. Según la Biodescodificación, la emoción que existe detrás de la gripe es el estrés en términos de sospecha, estamos sospechando de la vida y no confiamos. En la fase de estrés de la enfermedad las fosas nasales se tapan y en la fase de reparación aparecerá la mucosidad para limpiarnos. La neumonía ataca a los pulmones y la emoción que predomina en el cuerpo es el miedo, el miedo a morir.

Si sufrimos estrés y miedo a sufrir el virus es posible que aparezca la gripe, ya que nuestras emociones la van a provocar para liberarnos de ese estrés. Nuestro cerebro no está preparado para sufrir tanto estrés, no es natural, tenemos que aprender a relajarnos y a confiar en nuestro cuerpo.

 

El bloqueo emocional: 

 

Según Lisa Bourbeau, el bloqueo emocional de toda infección representa un signo de fragilidad en el área relacionada con la parte del cuerpo afectada.

La persona enferma se deja invadir fácilmente por pensamientos, palabras o gestos provenientes de los demás, que no le convienen y que le queman. No reconoce su fuerza ni su capacidad de autoafirmación. La infección también puede producirse en la persona derrotista o pesimista que dice: «¿Qué más da?» y que no pelea. Se dice que algo o alguien infecto es especialmente repugnante. ¿Te acusas de ser repugnante o innoble en este momento?

 

¿Qué conflicto me niego a reconocer?

 

Las infecciones según Jacques Martel están relacionadas con la frustración frente a la vida. Estamos cansados, desesperanzados y nos sentimos faltos de amor. Con las infecciones la vida quiere mostrarte que tu vida ya es maravillosa y tienes que valorarla.

Según Louise Hay, las infecciones aparecen cuando estamos enfadados o fastidiados con la vida y la vida como es muy sabia, nos hace ver que no hay motivos para estar enfadados sino que tenemos que sentirnos felices por lo que tenemos.

 

Consejos para evitar los virus:

 

1- Mantén una actitud optimista ante el virus y piensa que puedes controlarlo, solo es miedo.

2- Mantén hábitos de limpieza para sentirte mejor, limpia la casa y tu cuerpo para atraer buenas energías.

3- Evita hablar del tema para que no te contagien el pánico

4- Distraete con tu familia y amigos

5- Ayuda a tus seres queridos a mantener la calma y a tener un pensamiento positivo

6- Practica tus aficiones para sentirte mejor

7- Olvídate de la ansiedad y el pánico por estar en casa, valora que tienes una casa maravillosa.

8- Realiza mindfulness para eliminar el estrés

9- Descansa y come adecuadamente

10- Agradece a tu cuerpo su fortaleza y valóralo

 

Así que ya sabes, mantén una actitud positiva, relájate y valora la vida tan maravillosa que tienes ¡Esto también pasará!

 

Redacción Instituto Draco

www.institutodraco.com

www.facebook.com/InstitutoDraco

Extraido de www.institutodraco.com

 

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El Poder Curativo de los Aceites Esenciales

Los aceites esenciales se han utilizado por miles de años en diferentes culturas. En la actualidad están ganando más importancia debido a sus grandes beneficios para la salud.

El aceite esencial se obtiene a través de la destilación o extracción de las diferentes partes de una planta. Se pueden utilizar la raíz, hojas, flores, resinas, cáscaras…. Al ser muy concentrados con muy pocas gotas podemos obtener grandes beneficios.

¿Cómo podemos usar los aceites esenciales?

De manera Tópica:

Los podemos usar para algunas afecciones de la piel como ezcema, psoriasis, acné, quemaduras, ampollas, manchas, caspa, celulitis, contusiones, etc…

La mayoría se utilizan mezclados con otros aceites, llamados conductores, para evitar dañar la piel, pues son muy potentes. Estos aceites de mezclas pueden ser: aceite de coco, de almendra, jojoba, argán, arnica, rosa mosqueta.

 

De manera Aromática:

Los aceites esenciales los podemos usar con difusores o sin ellos. En ambos casos te puedes beneficiar de sus propiedades. Con un difusor mezclados con agua o con un algodón y mezclados con un aceite (no aplicarlo directamente en la piel si no está mezclado)

 

De manera Interna:

Con una gota o dos añadida a un litro de agua de tu aceite esencial favorito ya puedes beneficiarte. Como máximo puedes añadir hasta 6 gotas de aceite esencial, dependiendo de tu tolerancia al sabor. Algunos pueden ser muy fuertes para tu gusto. Hazlo en un recipiente de cristal añadiendo primero el aceite esencial y luego el agua para que así se distribuya el aceite por toda el agua.

***Si padeces de alguna enfermedad deberás consultar a tu médico antes de ingerir cualquier aceite esencial.

 

Beneficios de los aceites Esenciales:

1-Aumentan los niveles de energía.

Algunos aceites tienen efectos estimulantes, aumentan el aporte de oxígeno al cerebro y las células, reducen la fatiga.

2-Incrementan la función cerebral:

Los aceites esenciales tienen propiedades neuro protectoras y mejoran el rendimiento cognitivo, el aprendizaje y la memoria. Son muy utilizados para combatir la demencia senil y el alzheimer.

3-Antioxidantes

Poseen propiedades antioxidantes reduciendo la cantidad de radicales libres que favorecen el envejecimiento.

4-Propiedades digestivas

El aceite esencial de menta y de jengibre tienen propiedades digestivas  ayudando a en la producción de bilis para una correcta digestión y alivian los síntomas del síndrome de intestino irritable.

5-Antibacterianos

Se ha demostrado el efecto de algunos aceites esenciales para combatir los virus, patógenos, bacterias y hongos.

6-Reducen el estrés y la ansiedad

La lavanda en aromaterapia es una de las más utilizadas por sus propiedades calmantes y relajantes. Puedes utilizarlos antes de dormir para promover un buen descanso.

7-Reducen las toxinas en el organismo

Gracias a su poder para eliminar patógenos y bacterias, ayudan a reducir la inflamación en el cuerpo, causante de muchas enfermedades.

8-Regulador hormonal

En el caso de la mujer, algunos aceites esenciales como el geranio promueve la producción de estrógenos favoreciendo el equilibrio hormonal

9-Combaten algunas afecciones de la piel

Las personas con psoriasis, eczemas, etc.. se pueden beneficiar del uso de algunos aceites esenciales para aliviar sus síntomas.

10-Incrementan el crecimiento del cabello

Los aceites esenciales de romero, lavanda, jengibre, son los más utilizados como estimulantes del crecimiento capilar y para fortalecer el cabello.

 

El uso de los aceites esenciales de manera regular te puede aportar muchísimos beneficios, lo que no quita que hagas un uso responsable de ellos. Intenta utilizar aquellos de producción natural, veganos, puros, y certificados para el consumo. Si padeces alguna enfermedad grave o crónica deberás consultar con tu médico antes de usarlos de forma oral.

 

Fuente: thechalkboardmag.com

Redacción Instituto Draco

Extraido de www.institutodraco.com

 

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