5 cosas que solo pasan en la familia (y que debemos cuidar)

Artículo publicado originalmente en El Definido

A raíz de la triste situación de tantos niños que han sido vulnerados en sus derechos en Chile, Mane Cárcamo nos recuerda las razones de por qué es tan importante la familia y por qué debemos velar por protegerla como sociedad.

Hace unos días leí una entrevista a la neuróloga infantil y directora de la Fundación para la Prevención de la Violencia infantil (Previf), Laura Germain, que aparte de confirmar todas las situaciones terribles y tristes que ocurren en el Sename, pone en la palestra la urgente necesidad de hacer visible, revitalizar y enaltecer a la familia.

Germain cree que lo que más daña a los niños del sistema actual es “que no son nada. Los niños no tienen identidad en ese tipo de instituciones. Todo esto que hablamos de la necesidad del vínculo del niño en una familia, de ser alguien, que tiene que tener a alguien que lo guíe, una persona que le dé afecto. Nada de eso existe en el sistema actual. Ese daño es para todos los niños”.

La crisis del Sename tal vez no es solo una crisis de recursos, de expertos, de gestión del Estado, tal vez es ante todo una crisis de amor, de afecto, de entender que los niños no necesitan “funcionarios acreditados a cargo”, sino ante todo personas que sean capaces de vincularse con cada niño en un ambiente cálido, acogedor… básicamente familiar.

Dicha entrevista me hizo pensar que no por nada la palabra “hogar” viene del latín “focus” que es de donde viene la palabra castellana “fuego”. En el hogar, en la familia, todo el calor y la bravura del fuego se hacen patentes. Y es en torno al fuego, que ocupaba un lugar central en la casa y por necesidades de luz y calor, donde los integrantes se congregaban. En la familia ocurren cosas que no pasan en ningún otro lugar, no es un modelo copiable, no acepta imitaciones. Tiene ese “qué se yo” que hace que la mayoría de los seres humanos anhelen una. Y no cualquiera, una feliz. Y feliz no quiere decir perfecta, porque evidentemente esa no existe. Feliz para mí quiere decir que todos los días ese grupo humano lucha por quererse más, por cuidarse con mayor detalle, por estar ahí para aplaudir los éxitos y abrazar sin decir nada cuando vengan fracasos. La definición que iré haciendo a continuación puede sonar al “decálogo” de tarjeta de cumpleaños o película de Disney. Algunos me leerán y dirán “pobre ave ilusa, no existen las familias así”.

Claro tal vez no existen las que cumplan con todos estos requisitos, pero podría apostar que tu familia al menos tiene algún ingrediente de lo que viene a continuación.

  • En la familia uno descansa, aunque el lugar físico no sea ni el más cómodo, ni el más lujoso, ni el más espacioso. Esa sensación de llegar al hogar y sentir que “ese es nuestro lugar” es tan misterioso como inexplicable.
  • En la familia las peleas pueden ser dantescas, explosivas, incluso hirientes, pero se dan en un contexto que cuando el amor es lo que la orienta, esas discusiones pasan al olvido, vuelven las risas, las tallas, aunque hayan significados llantos y desilusiones, incluso aunque sepamos que esas guerras peligrosas pueden volver a estallar. Pero es en familia y eso permite que el vínculo tenga una resistencia mayor a cualquiera que se le parezca.
  • En familia se da un perfecto matrimonio entre aceptación de la diferencia y la exigencia cariñosa. Habrán personajes que son centros de mesa, intelectuales, deportistas, sensibles, observadores, desordenados y detallistas. La familia es como un gran rompecabezas en donde cada pieza es distinta, pero necesaria. Y además de querernos tal cual somos, también nos invitan a mejorar lo que es corregible, lo que nos hace mejores personas, los que nos permitirá soñar en grande.
  • En familia aprendemos a leer el mundo como sólo esa familia sabe leerlo. No hay una familia igual a otra. La familia nos entrega un filtro particular (del cual después podemos desprendernos), para entender a nuestro entorno, establecer nuestros límites, definir el marco valórico que orientará nuestros actos, gozar la vida, entender aquellas cosas que nos mueven y motivan. Es en esa tropa donde recibimos nuestra primera carta de navegación, que muchas veces nos ha salvado del naufragio total.
  • En familia sabemos que nos pueden mostrar muchas tarjetas rojas frente a nuestros pastelazos, pero que nunca nos echarán del partido. Nos leerán la cartilla cuando estemos perdidos, nos quitarán el piso si es que estamos equivocados, pero por muy grande que sea el condoro ellos estarán ahí… pase lo que pase. Y eso la hace imprescindible.

La lamentable situación de tantos niños vulnerables en nuestro país debería abrir una reflexión acerca de cómo la sociedad apoya la formación de familias para que puedan tener las condiciones básicas para poder construir lo anteriormente descrito. Si el mundo que nos rodea generara redes de educación para pololeos sanos, trabajos que permitieran vivir dignamente a quienes se lanzan en esta aventura, no castigara la maternidad (e incluso la celebrara), permitiera la conciliación laboral y familia, otro gallo cantaría.

Y también en donde nosotros influimos cabe preguntarnos: ¿aporto a que aquellos con los que me relaciono puedan darle tiempo, amor y dedicación a sus familias? ¿Promuevo un estilo en donde los vínculos afectivos sean la prioridad por sobre los resultados de la pega, la productividad y el éxito?, ¿o soy de aquellos que critica el sistema con grandes posteos, quejas afiebradas en Twitter, extensas sobremesas, pero cuando tengo la posibilidad de cambiar el mundo en mi lugar de trabajo, en el lugar que influyo, mantengo sistemas abusivos en contra de la familia?

Grandes preguntas y desafíos que al menos a mí me dan mucho para pensar.

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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Diferencias generacionales que no cambian: cosas que los niños odian y nosotros amamos

Artículo publicado originalmente en El Definido

¿Cómo pueden odiar tanto los niños la ansiada ducha si uno la adora? Esta y otras grandes distancias que nos separan a kilómetros de los más pequeños y los adolescentes.

Se terminan las vacaciones de invierno y volveremos a la locura de los turnos, las tareas, los despertadores al alba, las loncheras y las circulares que debemos firmar. Hace rato que para mí estos días de descanso dejaron de ser como dijo un columnista por ahí “vacaciones de infierno” y disfruto que el cabrerío esté en la casa, descansando, jugando y muchas veces haciendo casi nada. Porque para ir a meterme a malls o entretenciones en donde las filas son como las de Servipag el último día del mes, ya no tengo paciencia.

Pero lo que sí he hecho es observarlos con detención y he confirmado eso de que hay cosas que los niños odian hacer y los adultos amamos. Peleas que damos entre generaciones y que probablemente se seguirán ando hasta el final de los tiempos. Porque pase lo que pase, la niñez podrá variar en estilo y hábitos de consumo, pero la esencia será siempre la mismaAquí algunas de esas diferencias irreconciliables entre grandes y chicos:

La ducha

Lo más normal es que un adulto sin ducha considere que no puede salir de su casa y mucho menos trabajar. Lo hemos visto estos días en que miles de santiaguinos tuvieron que lavarse por presas para aguantar con dignidad los días sin electricidad. Con la mayoría de los niños en cambio el tema de la ducha es una verdadera batalla campal. “Juanito ¡a ducharse!” Probablemente es una frase que uno repite al menos 8 veces en un intervalo de 5 minutos, seguido de argumentos de nuestra contraparte tales como: “¿Otra vez? Si me duche el viernes (estamos a lunes ojo)” y varios alegatos más que nos hacen invocar con fervor a Job, el santo de la paciencia.

Nunca olvidaré la historia de un amigo que contó que en su tierna adolescencia llegó al extremo de prender la ducha, dejarla correr, mojar el piso del baño con agua para simular humedad y mojarse el pelo para hacer creer a sus padres que se había bañado. Misterios sin resolver de la juventud y la tirria a la higiene personal.

La siesta

Una de mis principales interrogantes del universo es: ¿por qué los niños aborrecen la siesta si es uno de los mejores inventos de la historia después del scaldassono, la depilación láser y el ceviche? Muchas veces marcharía porque la siesta fuera un derecho obligatorio, irrenunciable y gratuito. ¿Y los niños? La odian tanto como Tiago a Alexis. Clásico es que para una fecha importante tipo Navidad o Año Nuevo uno les sugiere una siesta para que puedan resistir con dignidad el trasnoche y ellos te miran como si los obligaras a hacerse cargo de la Gerencia de Servicio al Cliente de Enel.

Los panoramas en la casa

Me doy cuenta que estoy entrando al team Corega, porque cada día disfruto y amo más esos días en que el máximo carrete es quedarse en la casa, con un rico picoteo, una buena película y sin tener que recomponerme la cara después de un viernes agotador. Mi casa = mi mejor panorama… y hace 20 años atrás encontraba que era un fracaso total no tener nada que hacer y quedarme en la casa acompañada de Video Loco, comiendo Traga Traga sentada en la cama de mis papás.

Pues bien, para los adolescentes la cosa se mantiene de manera similar. Odian al igual que nosotros a su edad cuando nuestras mamás nos decían: “¿Por qué no hacen un panorama mucho más choro que ir a esa fiesta? ¿Y si piden unas pizzas y se quedan jugando bachillerato?”. En verdad los viejos debemos asumir que la oferta es CERO atractiva y que NINGÚN panorama (y menos los ñoños que ofrecemos nosotros los papás), le competirán al fiestón donde supuestamente “irá todo el mundo”. Es hora de asumir esa realidad queridos compañeros de Caja de Compensación.

La buena gastronomía

Acá no me las daré de bloguera saludable, que goza con la leche de almendras, las hamburguesas de lentejas y los pie de mantequilla de maní no se con cual o tal semilla. Me como feliz un combo en el auto cada cierto tiempo y las papas fritas de la gran M siguen siendo mis favoritas con kétchup y mayonesa. Pero la vejez nos pone más exigentes cuando hablamos del placer gastronómico. Las ramitas en un carrete me ponen mal genio, los Chis Pop solo los consumo en caso de desesperación y cuando me ofrecen bilz concluyo que el que lo hace me desea la muerte.

En cambio los niños miran con asco los mariscos, el queso azul, las aceitunas amargas, las berenjenas, el ají de gallina y una rica cazuela. Todos manjares que aplaudo de pie y que me alegran el día. Igual acá creo que hay un desafío interesante para las familias. Así como debemos enseñarles el gusto por la naturaleza, la buna música y la belleza, también deberíamos promover una cultura gastronómica amplia en donde el puré en caja, las salchichas y los nuggets queden reducidos solo a la desesperación del domingo en la noche. Gran desafío… y caro también.

Obvio que en todos estos puntos hay excepciones. Tal vez tu hijo se levanta feliz a lavarse el pelo, le fascina ver ET en familia un viernes cuando tiene 15 años, celebra cuando hay zapallitos italianos con puré rústico de menú y su siesta es sagrada para poder estar descansado el 18 de septiembre. Si es así… agradécelo mucho. Si no, eres de los que como yo al menos sabes, con resignación, que esos extraños hábitos de la juventud gracias a Dios se mejoran con los años.

¿Qué otras diferencias generacionales agregarías?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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4 cosas que no debes ignorar en un pololeo (si quieres que sea sano)

Artículo publicado originalmente en El Definido

A raíz del triste y recurrente tema de la violencia en el pololeo, Mane Cárcamo apunta a esos temas que debemos tener en cuenta en una relación de pareja para que sea constructiva.

El caso de Tea Time y la violencia en el pololeo sin duda se ha tomado la agenda noticiosa esta semana. Y no es para menos. Lo visto y narrado debe hacernos reflexionar acerca del tipo de relaciones que estamos construyendo y el cómo todos (mujeres y hombres), debemos concebir y vivir esa palabra tan grande llamada AMOR.

Todos estos lamentables sucesos me hicieron preguntarme, ¿cómo se están viviendo los pololeos? ¿Cuáles son los códigos? ¿Las formas? Porque personalmente creo que en las relaciones humanas las formas sí importan, porque al descuidarlas también se comienza a diluir el fondo y todo aquello que hace que el vínculo con el otro nos lleve no sólo a quererlo mucho, sino que también a ser una mejor versión de uno mismo.

Y bueno, creo que qué hay materias revisables que podríamos sentarnos a pensar y mirar, porque tal vez las hemos normalizado y sin querer ser grave, son los primeros síntomas de actitudes que podrían hacer que una relación deje de ser sana y cuidada.

El pololeo emoticón

Soy seca para el uso del WhatsApp y nada más lejos de esas personas que condenan su uso a ultranza. Pero sí prendo las alertas cuando en una relación, todo pasa por la app. Los cabros ya no son capaces de tocar la puerta para avisarle a la conquista que llegaron (todo se resume en un “afuera”) el amor se declara con lindos y actualizados emoticones y los conflictos se resuelven a través de audios.

¿Y qué pasa con el cara a cara? ¿Con la mirada de perro San Bernardo enamorado, el rostro chato por la actitud del otro, el gesto de tocar la puerta y esperar un ratito haciéndole la pata al suegro? Mi punto no tiene que ver con una exaltación de la Edad Media, sino que con el real encuentro personal y toda la riqueza no verbal que eso implica. Una experiencia que nos habla mucho de la persona que tenemos al frente y que por ende nos hará tomar mejores decisiones también.

La ausencia de intimidad

En un mundo en donde se publica hasta el último Papanicolaou, la intimidad parece un concepto tan pasado de moda como el Axé. No solo la vida es un reality en las redes sociales, sino que además lo que nos pasa, lo que nos hace felices, lo que nos complica, lo sabe todo el mundo menos la persona de la que estamos enamorada/os. De un tiempo a esta parte parece normal que todas las amigas de la oficina sepan lo que ocurre con el pololo entre cuatro paredes (y no me refiero solo a lo físico) y el protagonista de la historia sea el último enterarse de aquellas cosas que no van bien. Lo mismo para los hombres que muchas veces se jactan frente a sus amigos exponiendo a la otra persona como la gaviota de Viña.

¿No debería ser el otro el primero en saber lo que me molesta, lo que me hace feliz, lo que complica o preocupa? ¿No debería existir una zona en la que nadie puede entrar y la que se resguarda bajo siete llaves? A veces me da la sensación que vivimos relaciones en donde toda la cuadra sabe nuestros conflictos, menos el que los está causando. Volver a cuidar lo de adentro, resolver lo que nos preocupa con quien corresponda y ponerle clave de seguridad a lo que tiene que tenerlo, es algo que deberíamos repensar.

Las cosas lateras también son parte del pololeo

Es así. El que solo quiera hacer las cosas que tiene ganas en una relación, lamentablemente le está poniendo fecha de vencimiento a la misma. Hay que apañar en esos panoramas que no nos pueden interesar menos como el cumpleaños de la ahijada que no conocemos, la comida de pega soporífera, la final del campeonato de ajedrez o el encuentro de jedis latinoamericanos. Simplemente porque para el otro es importante y como alguien me dijo por ahí “se debe aprender a ser feliz con la felicidad del que quiero”. Podré sonar cliché y tíldenme de anticuada, pero el amor profundo sí requiere de sacrificios. El que quiera lo contrario y el que no esté dispuesto hacerlo, tiene menos posibilidades que MEO en las próximas elecciones.

¡Abajo los negociantes!

Queridas y queridos, ojo cuando en la relación todo se transa y se negocia. Los pololeos con cupones van directo al abismo. “Te fuiste con tus amigas a un pub… OK yo hoy me desbando con los cabros”, “Si te sumas a ese viaje con tus compañeros de U, voy al matrimonio donde va a estar mi ex polola”. Ese tipo de amenazas en las que el canje es la manera de “castigar “a la pareja, puede ser una manera muy sutil de dominación. El respeto a la libertad en el pololeo es simplemente un mandamiento. Eso no quiere decir que uno no pueda manifestar la molestia frente a algo que no le parece, pero utilizar la transa, la manipulación sicológica o la culpa, es una tarjeta amarilla que nos debe hacer reflexionar acerca de cómo quiero vivir una relación.

La violencia no parte con el combo en seco, como todo en la vida los pequeños y sutiles detalles, comienzan a revelar signos que nos deben hacer tomar conciencia.

Una vez mi papá me dijo en mi tierna juventud “el pololeo es para ser feliz, para pasarlo bien, para conocerse, para madurar. Si es una tragedia venezolana, por mucho que te duela, como diría el vocalista de Magneto ‘vuela vuela’”. ¡Y sí que tenía razón! Y obvio que se lo copiaré y diré a mis hijos. Porque cuando se elige a alguien para ser tu compañero de vida, o construir un proyecto familiar, la capacidad de resolver conflictos con serenidad, el respeto por los intereses y pasiones del otro, la posibilidad de enfrentar marejadas juntos sin naufragar, y ante todo la admiración y la complementariedad con el otro, serán la claves para alcanzar esa felicidad que tanto buscamos los seres humanos.

¿Qué otras cosas agregarías a la lista?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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4 asignaturas que todo estudiante debería tener (sin importar su carrera)

Artículo publicado originalmente en El Definido

Porque no solo de técnica especializada vivimos los seres humanos, Mane Cárcamo rescata esas asignaturas que deberían estar en toda malla curricular de cualquier carrera de Educación Superior. ¿Por qué? Nos harían tanto más fácil la vida.

Llegar a la universidad o instituto y lograr el tan ansiado cartón (con esos timbres más caros que pasaporte chileno), ha sido para varios de nosotros una verdadera cruzada. Cumplir con las expectativas de nuestros padres, alcanzar esa meta que tanto esfuerzo y renuncias significó, experimentar en carne propia esa agradable sensación de haber logrado algo grande, es un camino que vale la pena recorrer. Y claramente ES un punto de inflexión en nuestra vida estudiar algo a lo que, ojalá con amor y pasión, nos dedicaremos toda nuestra vida.

Personalmente la universidad fue una etapa de mi vida espectacular en donde conocí nuevas maneras de mirar el mundo, grandes personas que hasta el día de hoy son mis amigos y obtuve además el título de periodista (inserte acá su crítica gratuita a la profesión). Una vocación que me fascina e inspira.

Obviamente fue importante aprender reporteo, ética periodística, tener talleres de radio y TV, más todas esas asignaturas fundamentales para aprender “a hacer”. El tema es que creo que aparte de las obvias, hay materias que TODA carrera (ya sea universitaria o técnica) debería contemplar en su malla. Conocimientos transversales a los que debería acceder desde un bailarín hasta un físico nuclear. Materias que nos harían trabajadores más completos, más útiles y también más libres y responsables cuando hay que tomar decisiones.

Tal vez las instituciones educativas deberían considerarlo. Darse el tiempo para mirarlo como una oportunidad y ayudar a que sus alumnos sean hombres y mujeres que van más allá de la técnica. Aquí mi propuesta de ramos obligatorios que todo pobrecito mortal debería aprobar:

1. Primeros Auxilios

Es impactante que haya gente que fue capaz de inventar internet, construir el Costanera Center (los pueden odiar pero convengamos que fácil no debe haber sido), diseñar una aspiradora que se mueve sola (googleen “Roomba”, en verdad la añoro con todo mi ser), imaginar la depilación definitiva (existe desde 1994 para felicidad de todas) y que esa misma gente no tenga idea de reanimar a una persona, hacerle respiración boca a boca o evitar que se atore con una bolita. Los primeros auxilios deberían ser parte de la cultura general. Y si me apuran más, ramo obligatorio desde el Colegio.

2. Negociación de Sueldo

Temón de temones. Cualquier tipo de negociación es un verdadero arte que muy pocos manejan. Para varios de nosotros, hablar de lucas implica varias noches de insomnio, alto consumo de sicotrópicos con más estrellas que el firmamento, transpiración helada e incluso pérdida del apetito (síntoma que debo reconocer que NUNCA se me ha manifestado).

En general este talento lo manejan mejor los profesionales ligado a las ciencias económicas, pero para nosotros los humanistas, o lo artistas es un verdadero calvario. Podemos entrar ultra empoderados a negociar más cláusulas que la Raquel Argandoña para un estelar y ¿lo peor? Salimos trabajando mayor cantidad de horas y por menos plata.

Pues bien, esta habilidad se debería enseñar de manera rigurosa. Cómo plantear nuestras aspiraciones, cómo mantenernos firmes cuando nos están tratando de doblegar y cómo lograr además que aun así, el jefe te siga queriendo.

3. Ventas y Marketing

La palabra venta está demonizada y goza de pésima fama. Incluso cuando alguien define a una persona como “vendedor” se puede oler cierto tufillo despectivo en el ambiente. Pues bien, todos deberíamos saber vender. Es clave.

Tal vez no vendamos un producto concreto nunca, pero alguna vez en la vida tendremos que ofrecer un proyecto, una idea e incluso “vendernos” a nosotros mismos en una entrevista de pega. Dejarlo todo al azar y dependiendo de las propios talentos es tan riesgoso como poner a Sebastián Piñera en el bloque humorístico de El Festival.

Deberían haber cátedras transversales a todas las disciplinas, en donde nos enseñen a llegar a nuestro objetivo con estrategias eficaces, ser atractivos para presentar nuestro “producto”, saber hacer seguimiento sin transformarnos en sicópatas ansiosos y finalmente cerrar el tan preciado negocio. Piénsenlo… cuanta gente más realizada en el mundo existiría, si alguien les hubiese dicho cómo hacerlo.

4. Finanzas Personales

Volvería a la universidad solo para inscribirme en este curso. Porque, por Dios que común es la gimnasia financiera en nuestro país. Según un estudio de Adimark de este año, el 47% de los chilenos asegura estar endeudado. Y en verdad conozco a muy poca gente que pertenezca al 53% restante. ¡¿Dónde están?!

Me parece fundamental estar al tanto nuestra capacidad de endeudamiento (una deuda sana no es problema), tener una visión realista de nuestra cuenta corriente y el presupuesto que podemos manejar, saber que los negocios milagrosos no existen (¿cierto Garay?) y básicamente ordenar nuestro estilo de vida. Más cuando el grupo que más crédito ha contraído está entre los 25 y los 34 años, lo que nos debería hacer reflexionar acerca de que se normalice que generaciones completas vivan en rojo. Rectores, Decanos, Directores de carrera y demases, este curso les llora en su malla. Habrá gente menos angustiada y probablemente a ustedes también les pagarán las mensualidades cuando corresponda. Win-win.

¿Qué otros ramos útiles para la vida agregarías?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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¿Cómo acompañar al que sufre?

Artículo publicado originalmente en El Definido

¿Qué hacer con el amigo bajoneado? Mane Cárcamo nos ofrece su visión personal respecto a un incómodo pero necesario momento que ocurre en toda relación de amistad.

Nadie está libre. Alguna vez nos tocará pasarlo mal, sufrir y tener una pena. A algunos unas muy grandes, a otros en cambio la vida se les hará más fácil. Pero el dolor es algo de lo que probablemente nadie puede escapar. Y por eso es, bajo mi punto de vista, tan importante no sólo estar preparado para experimentarlo en carne propia, sino también para acompañar al que lo está pasando mal. Todo lo que escribiré acá es como siempre mi propia visión, la de una mujer totalmente común y corriente, para nada una experta, que solo le ha dado vueltas al tema un buen rato.

Hacer un Chino Ríos invertido: “estar ahí”

El acompañar a alguien que sufre es un tema delicado, porque no es fácil equilibrar el estar ahí sin invadir, con la ausencia o la aparente despreocupación. Cuando uno está complicado con cómo actuar cuando aquel que queremos está pasando una temporada en el infierno, considero que el mejor consejo es pensar en cómo nos gustaría que nos acompañaran a nosotros… lo que básicamente se reduce en ponernos en el lugar del otro. Personalmente creo que hay que aparecer y que el otro sepa que estamos ahí. Tal vez es una llamada que el otro no quiso contestar, pero que quedó registrada y que para el que lo está pasando mal es un gesto de cariño. Puede ser un audio o simplemente un emoticón con un beso que le haga saber que también abrazamos su dolor. Estar de las maneras más diversas posibles, pero jamás desaparecer por timidez, miedo o pudor.

Otras veces solo hay que ser una oreja con RUT y AFP. Nada más que una simple oreja. Sentarnos a escuchar, sin dar el más mínimo consejo y dejar que la persona querida vomite todo aquello que la tiene tan angustiada. Hay una gran tentación por caer en los clichés de “todo pasa por algo”, “Dios le manda las cosas a quien puede soportarlas” o lo que a veces es peor, pautear al otro en cómo tiene que vivir su dolor “lo que tú tienes que hace es bla bla bla”. Todas tentaciones que surgen del más infinito amor, pero que a veces en vez de ayudar provocan absolutamente todo lo contrario. Hay momentos en los que uno simplemente quiere hablar, desahogarse y por último llorar con esa amiga que su único aporte va a ser pagarte el café (gran aporte en todo caso). A veces lo único que se necesita es una oreja, para seguir adelante y pelearla.

En otras ocasiones la ayuda puede ser simplemente a través del “ejecutar”. No son necesarios ni los audios, ni los emoticones, ni los cafés y menos los consejos. A veces la ayuda más valiosa es hacerle la compra del supermercado a esa amiga que tiene al hijo enfermo, pagarle las cuentas a esa mamá que está con un bajón importante, reemplazar en el turno a esa compañera de trabajo que está en shock por que el marido se fue de la casa o pedirle la hora a ese primo que necesita ver urgente al psicólogo. Hay veces que, en silencio, solo hay que gestionar una ayuda real y dejar los mensajes Village para otro día.

La comida, las películas y los panoramas superficiales muchas veces también son una buena opción. O una buena pichanga, tal vez salir a correr como si nos estuvieran persiguiendo “Los Vengadores” (guglear la noticia) o un asado en donde el único objetivo sea reírse hasta terminar con calambres. También funciona juntarnos con amigas a pasar un momento difícil viendo por novena vez “La boda de mi mejor amigo” acompañadas de un pote de helado y eligiendo el color con el que nos pintaremos las uñas. Todo muy light. Porque algunas veces esa distracción banal es una buena aliada para pasar un momento amargo. Al menos por un rato.

Y aquí me mandaré mi opinión más personal. Algunos le dicen pensar, mandar energías o buenas vibras, yo lo llamo rezar por el otro. Creo que es una manera súper valida y reconfortante para acompañar a los que queremos en sus momentos más oscuros. La fe es un gran bálsamo para cuando de verdad queremos cerrar por fuera. Y el saber que otro reza por mí y mis preocupaciones a mí me ha ayudado mucho en la vida. Y me he sentido más acompañada que nunca.

Y tú ¿cómo acompañas a quien está pasando por un mal momento?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

 

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Esas nuevas modas que admiramos (pero que pocos somos capaces de seguir)

Artículo publicado originalmente en El Definido

Mane Cárcamo realmente celebra a todos los hombres y mujeres que siguen estas positivas tendencias. Pero unirse, ufff, es ya otro tema.

En las redes sociales, en la vida cotidiana, en el aire se respiran nuevos hábitos que se han convertido en modas, estilos de vida y que me encantaría poder seguir. Son nuevas tendencias innovadoras y positivas que la están rompiendo y que cuando me veo enfrentada a ellas pongo la misma cara del burro de Shrek porque sé con casi (el casi es para no perder la esperanza) total certeza que son modas que JAMÁS podré seguir. Porque no me sale, porque soy fatigada, ñurda y/o inconstante. Pero bueno, eso no impide que manifieste mi pública admiración por varias de ellas y que los invite a ustedes a compartir esas modas y estilos de vida que la están llevando y que a ustedes también les gustaría seguir.

Los runners

Mi corazón envidioso me hace pensar que nadie puede ser tan feliz corriendo. Mi corazón real se asombra con lo que ha despertado esta “nueva“ práctica. Verdaderos club de amigos, que vibran con sus tiempos alcanzados, los nuevos desafíos, juntan la misma plata que juntaría yo para ir a echarme como una orca a la playa, pero ellos lo hacen para pasar la meta de una nueva maratón. Se ven espléndidas en las fotos (yo estaría perfecta para rostro de la Unidad Coronaria Móvil) y se nota que el afán no es tener un cuerpo perfecto ni una cintura de avispa. Los mueve superarse a sí mismos y se les nota la alegría que da cumplir un objetivo después de haber trabajado con perseverancia y rigor, venciendo las ganas. Mi total admiración para ellos y ellas. A los que me han invitado alguna vez, sigan haciéndolo. Capaz que se produzca el milagro. El mismo día que Luis Miguel se vea pálido, Donald Trump obtenga el Nobel de la Paz y Piñera tenga que pedir un crédito de consumo.

Las mamá multimujer

Probablemente la figura icono en esta tendencia es Virginia Demaría. Es capaz de hacer un desayuno perfecto con panqueques caseros, hacerle una trenza francesa a su hija, ir a dejar a sus niños en bicicleta al colegio, llegar a la casa pintar tres cuadros, bordar nueve manteles y tejerse un cintillo de lana para después irse a clases de tenis, tomarse un café con la amigas, invitar a su familia a almorzar con candelabros y velas, después hacer las tareas con los niños, pintar una pared de la casa, asistir a un evento de alguna marca y jugar a la pinta con los vecinos. Todo esto obviamente vestida de Rapsodia y SIEMPRE feliz. Lo escribo y me tengo que tomar un armonyl. En cambio una, quema los panes al desayuno, pelea con la cabra chica para que se peine, se sube al auto gritando para llegar a la hora al colegio, se pinta en el semáforo, corre al supermercado a comprar pan porque obviamente se acabó, tiene la bicicleta estática como un adorno en la casa, pega el botón del delantal con cero talento, almuerza sentada en el escritorio de la oficina un atún con lechuga, corre para llegar a la psicopedagoga, mientras pasa a pagar las cuentas y con suerte vitrinear ropa en el supermercado porque obviamente tuvimos que volver a comprar ese cartón piedra que olvidamos. ¿Lo impactante? Es que verdaderamente existen muchas mujeres tipo Virginia Demaría. Que en verdad les resulta cocinar en familia, cantando por las praderas cual Novicia Rebelde y son secas en todos los ámbitos de sus vidas. Las envidio/admiro/amo/odio al mismo tiempo. Porque a esa repartición de talentos claramente NO llegué.

Los saludables

Esta nueva moda la aplaudo y celebro de pie (siempre destacando que escribo esto con una bolsa de Cheetos al lado). Pero me ha maravillado como la tendencia de la comida saludable se ha ido tomando las plataformas, los medios de comunicación, las nuevas formas de disfrutar y las conversas. La Connie Achurra es una buena exponente de lo que hablo. Se nota que goza con lo que hace, más que una moda propone un cambio de vida y sus recetas se ven apetecibles. Porque seamos sinceros, si me dan a elegir entre un queso crema con tocino y un budín de puerros tengo muy, pero muy clara mi elección. Pero hoy me he dado cuenta que la cocina saludable no tiene porqué ser sinónimo de fomedad y una vida al vapor. Aparentemente se puede elegir vivir sano sin tener que ceder en sabor. Como dije, lo celebro y aplaudo más que fanática de Maluma, pero creo que jamás podría lograrlo. Si se me quema hasta el agua… ¿cómo seré capaz de hacer una “galette” de manzanas y berries?

Bonus track

Esto no es un estilo de vida ni un hábito. Es solo una prenda de vestir que volvió a la palestra 25 años después de alguna vez haber tenido la osadía de tener uno. El body. Con asombro he visto que han vuelto y espero que no para quedarse. Porque seamos sinceras… ¿a quien le queda bien un body? Con suerte al 2% de la población femenina. La famosa Kendall Jenner no nos representa ni lo hará. Amigas, sean autocríticas, no sean víctimas de la moda. Si con tal de usar un body parecerán un calefón humano caminando por la calles y tendrán que llamar a los bomberos para volver a abrochárselo después de hacer pipí, más vale que te digan anticuada. Dignidad ante todo chiquillas.

¿Qué otras modas agregarías a la lista?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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4 frases que usas a menudo y deberías eliminar para siempre

Artículo publicado originalmente en El Definido

Las repetimos en muchas situaciones de nuestra vida, pero sin darnos cuenta están influyendo nuestra manera de ver las cosas para mal. ¿Cuáles son? Aquí el ranking de Mane Cárcamo.

Ese cliché que dice que los hombres somos animales de costumbre tiene mucho de cierto. Nos acostumbramos a casi todo y podemos perder la capacidad de asombro y análisis sin mucho esfuerzo. Por lo mismo, creo que debemos ser lateros y cada cierto tiempo mirarnos con autocrítica y revisar cómo vivimos y qué decimos.

Porque hay frases que están tan instaladas que ya no nos hacen ni cosquillas, pero que poco a poco van haciendo daño y normalizando visiones de vida que no nos hacen para nada mejores como sociedad. Las repetimos como loros, las integramos en nuestras conversas y así sutilmente las vamos transformando en realidades.

Aquí algunas que humildemente considero que deberíamos revisar:

No es mamá, por lo tanto no puede opinar

Como varios han leído, tengo 4 hijos y no comparto para nada esta frase que deja fuera a toda mujer que no sea mamá de hablar libremente de lo que se le cante. ¡Viva la posibilidad de opinar sobre todo! La frase anterior es solo un ejemplo que se aplica para muchos temas de conversación y/o reflexión. ¿Solo se puede opinar de algo que hemos vivido? ¿Para hablar de lo devastadora de la guerra tengo que haber pasado una temporada en Siria? ¿Para criticar una dictadura tengo que haberla sufrido en carne propia? Personalmente pienso que no. Creo que todos podemos opinar de todo mientras tengamos argumentos serios y fundados para hacerlo.

No hay nada que me enerve más, que una chiquilla no pueda opinar de temas de maternidad porque no tienen que sonar mocos, pagar matriculas o llevar a alguien al pediatra. Es más, creo que su visión con cierta distancia puede enriquecer mucho el debate y la mirada de las cosas. O lo mismo en el tema del aborto, ¿por qué un hombre no puede levantar la voz? ¿Quiénes somos nosotros para autorizar quién sí o quién no puede dar su punto de vista? Hay que dominar el pequeño censor autoritario que llevamos dentro y darnos cuenta que invalidar sin anestesia la opinión de otro/a, es la manera más básica de terminar con ese fascinante acto que nos enaltece y nos abre la mente: la posibilidad de dialogar de verdad.

Soy así y no voy a cambiar

Esta frase es LA definición de soberbia. Onda me tienen que aguantar así y punto. Está bien que nos aceptemos con nuestros defectos y virtudes, pero otra cosa muy distinta es creer que somos el último durazno del tarro y que el resto nos tiene que padecer sin chistar. Creo firmemente que todos podemos cambiar, es más creo que tenemos la obligación de hacerlo.

Asumir que el resto tiene que acostumbrarse a mi mala onda en la mañana, obligar a mis vecinos a experimentar mis arranques de ira en el chat del barrio, torturar a tu pareja con el desorden personal y no pretender hacer nada a cambio, está tan pasado de moda como el ICQ y los mensajes de texto juntos.

¿Pagan?

Aquí seré cuidadosa para no morir a trolleos y ser acusada de explotadora o winner. Entiéndanme bien, claro que considero que hay muchas pegas que uno hace y que deben ser pagadas con un monto digno y justo. Pero también me parece que hoy, cada gesto que realizamos por el otro se ha transformado en una transacción y se espera que siempre recibamos algo a cambio.

Los niños quieren que les paguemos cuando les pedimos que ordenen su pieza, los voluntariados son cada días más escasos y si alguien pide un simple favor la pregunta refleja es “¿pagan?”. “¿Me ayudas a cambiarme de casa? = ¿pagan?”, “¿Me revisas un texto? = ¿pagan?”, “¿Me puedes traer los jueves a Juanito? = ¿pagan?” Son lógicas cada vez más frecuentes entre AMIGOS. Esto no quiere decir que pretendamos que las personas con las que tenemos lazos de afecto no nos cobren por su trabajo, pero querer recibir lucas por todo me parece mucho y desolador. Hay acciones que se hacen por simple cariño. Punto final.

No es mi problema

Está quedando la hecatombe en la casa colindante, echaron a tu partner de la pega por una injusticia, al compañero de tu hijo no lo invitan a ningún cumpleaños, fuiste testigo de un acto deshonesto en tu grupo de amigos y la tendencia natural es pensar “para que me voy a meter si no es mi problema”, y rápidamente correr hasta Tierra del Fuego sin siquiera parar a hacer pipí.

Eso es lo que nos nace de la guata, el primer instinto. Pero, ¿qué pasaría si todos los seres humanos pensaran así? Claramente habría que cerrar por fuera y decir “hasta la vista baby”. Pero como soy una convencida que siempre hay más gente buena que mala, y que los pequeños gestos que cambian la vida de los otros se hacen de manera piola y sin fuegos artificiales, tengo mucha fe. Fe en que hay más que quieren asumir el problema de otro como propio, empatizar con lo que sufre el que está sentado a 30 centímetros mío y levantar la mano para decir que lo que está sucediendo no es correcto. Hay mucha gente dispuesta a meterse en problemas (en el buen sentido de la palabra, no a lo Pablo Escobar), a salir de su acogedor y cómodo metro cuadrado, a jugársela por lo que cree y piensa. Y te aseguro que si piensas en la gente que te ha marcado en la vida te darás cuenta que pertenecen a ese grupo de valientes que son capaces con pequeños actos hacer de este mundo un lugar mejor.

¿Estás de acuerdo? ¿Qué frases te gustaría que se dejaran de usar?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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Temas complicados con tus hijos: mejor sí hablar de ciertas cosas

Artículo publicado originalmente en El Definido

Hay situaciones incómodas de la vida que nos toca enfrentar de cara a nuestros hijos. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Ocultar las dificultades o hablar “al pan pan y al vino vino”? Mane Cárcamo propone una salida.

Hay temas que no sabemos ni queremos hablar en familia. Que el solo hecho de pronunciar la letra inicial de la palabra nos da urticaria y que esas “cuestiones difíciles” las evadimos más que Penta y sus impuestos.

Al estar recién criando (hace 11 años en verdad), me he planteado el cómo abordar algunos temas que me parecen relevantes. No tengo las respuestas. Sólo sé que quiero y debo buscar la manera de enfrentarlos, sin miedo y con naturalidad. Porque soy una convencida que no hay mejor fórmula que aquella donde los padres nos adelantemos a las dudas de nuestros cabros y les entreguemos nuestra visión de mundo. Ya llegará un minuto en que con libertad ellos podrán abrazar lo que les inculcamos o no. Mientras, bajo mi punto de vista, los niños valoran que los padres les entreguen certezas. Que sientan confianza en que los papás saben para donde va la micro y eso implica que antes, paremos la locura de la cotidianidad y nos sentemos a pensar “¿Cómo trataremos esto?”

La muerte

Es muy loco que lo único seguro que sabemos, que nos vamos a morir, sea un tema tan temido. Vivimos en una cultura anti muerte. Negadora, en la que nos enojamos cuando ocurre algo que es inminente y obligatorio… MORIR. Entonces ¿por qué al menos no tratamos de amigarnos con la idea?

Nunca olvidaré que cuando chica, si se llegaba a poner el tema de alguna enfermedad grave, un tío se incomodaba tanto y decía al segundo “Ay, no hablemos de eso por favor”. Entonces mis fantasías terroríficas frente a la muerte crecieron aún más, porque siendo una niñita que no alcanzaba los dos dígitos, el sólo hecho que se evitara hablar del tema, lo envolvía en un halo prohibido y misterioso que le daba rienda suelta a mis miedos más oscuros.

Nos vamos a morir. Todos y debemos enfrentarlo. No es un castigo de Dios, ni por “acumular odio” como dijo alguien con ideas muy desafortunadas por ahí. Nuestro cuerpo tiene un tiempo finito y es así. Por lo mismo hablarles a los niños antes de que suceda la muerte de alguien querido, puede ser una buena manera de amortiguar el innegable sentimiento de miedo y dolor que vendrá. No mentir nunca también me parece una regla de oro en este tema. A la pregunta tan natural y obvia de “¿Mamá te vas a morir?” debemos responder con la verdad. A los que tenemos fe, la respuesta va acompañada de la esperanza e ilusión de ir a un lugar bacán, en donde nos encontraremos con Dios y nuestros seres queridos. Y los que no, buscarán otras respuestas que sean coherentes con el estilo de cada familia. Pero alguna tenemos que dar, porque la pregunta en algún minuto del camino vendrá sí o sí.

En este link, un artículo muy claro respecto al tema y que puede ayudar.

Los despidos

Como dice mi mamá, a cualquier persona común y corriente la despedirán alguna vez en la vida. Y no siempre por flojera o hacer mal la pega, puede ser por reducción de costos, una injusticia, el cierre de una empresa, caerle mal a una jefa insoportable y muchas razones justificadas, que no por eso hacen menos doloroso el proceso.

En mi casa nos han echado a los dos. Y en vez de andar cantando como Barney por el living de la casa, nuestra postura ha sido el contar la verdad de la milanesa a los niños. También ha sido una oportunidad para enseñarles que fracasar es un proceso necesario (e incluso si se mira con sentido… positivo) para convertirnos en personas que saben capear la adversidad con fortaleza y alegría. Otra ventaja es que se puede inculcar el valor de la autocrítica y promover los beneficios de mirar con sinceridad nuestro actuar y revisar qué podríamos haber hecho distinto o mejor.

La primera reacción de los niños es decir “¡Qué malo es tu jefe!” y uno para sus adentros no piensa de manera tan protocolar, el traductor interno dice “Mi EX JEFE no es malo, es un &#@@@##”. Entonces hay dos opciones; enseñarles a los niños a culpar al resto y a andar de víctima por la vida o conversar con altura de miras acerca de la situación y buscarle el lado amable al que tengamos que subir con urgencia nuestro CV a Laborum (u otras tantas webs). Porque si algo me ha enseñado la cesantía, es que de ese momento angustioso han aparecido oportunidades increíbles y grandes aprendizajes (y deudas también, para que voy a decir que no, si sí).

Las peleas familiares o con amigos

Otro ítem doloroso y con muchas posibilidades que suceda alguna vez en nuestras vidas. ¿Cómo se le explica a un niño que ese amigo que siempre estaba en nuestras casas de un día para otro desapareció del mapa? ¿Por qué esos primos con los que nos íbamos de vacaciones, celebrábamos Navidad, compartíamos asados domingueros y de los cuales heredábamos los uniformes, ahora no los vemos ni para los temblores?

Perdonen lo reiterativa, pero la verdad (aunque suene cursi y predicador) libera. Los seres humanos somos complejos y también eso hay que explicárselo a los niños. Que los desencuentros existen, que nos peleamos con pasión italiana, que ocurren actos decepcionantes, que a veces no nos podemos reconciliar y que los distanciamientos, aunque sean tristes, muchas veces son necesarios.

Lo mismo frente a matrimonios que se rompieron… el hecho de que haya sucedido no se contrapone a animarlos a buscar el anhelo de construir la vida con alguien para toda la vida. El que una amiga nos haya traicionado, no implica que ya no se pueda volver a confiar en nadie nunca más.

Ojo, que también puede ocurrir algo impensado en estas conversas. Que los niños, con su mentalidad sana y poco rencorosa, nos planteen olvidar nuestros orgullos y reconstruir los vínculos. Ellos muchas veces sin saberlo nos exigen ser mejores personas. Y eso aunque cueste, aunque nos haga mover esa reversa que no queremos, sirve y enriquece.

¿Te ha tocado enfrentar temas complicados con tus hijos? ¿Qué recomendarías?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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¿De qué depende la calidad de vida? Una propuesta diferente

Artículo publicado originalmente en El Definido

Mane Cárcamo reflexiona acerca de nuestra felicidad y las metas que nos ponemos hoy en día los chilenos. ¿Qué estamos anhelando? ¿De qué depende, a fin de cuentas, la calidad de vida?

Hace pocos días se reveló el resultado de un estudio que ubica a nuestro país como uno de los 20 más felices del mundo. Mi reacción fue la misma de ustedes… un gran y sorpresivo ¿WHATTT?, pero tras leer un poco más me di cuenta que, no es que seamos la familia Von Trapp del barrio y andemos cantando por las colinas, lo que pasa es que nuestros vecinos no lo están pasando nada de bien y eso explicaría nuestro sorprendente lugar en el ranking.

¿Ustedes consideran que viven en un país feliz? Es una pregunta interesante para reflexionar.

El concepto de “calidad de vida” lo escuchamos como el correr diario (espero) de la ducha. No nos llama la atención esa frase, pero sí nos inquieta poder alcanzarla en nuestra cotidianidad y, queramos o no, está relacionada con la felicidad. ¿Será normal vivir enrejados, sin tiempo para ver a los amigos, con la línea de crédito más exigida que asesora comunicacional de la Presidenta? ¿Nos tenemos que acostumbrar a que el auto sea nuestro segundo hogar, a descargar nuestras penas y frustraciones en Facebook, a considerar el silencio como un lujo inaccesible?

Según la OMS, la calidad de vida se trata de la “percepción del individuo de su posición en la vida en el contexto de la cultura y sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones” (1994, hace tiempo ya).

Esta definición me invita a pensar acerca de lo que se instala en nuestros círculos como el “deber ser” (maternal, amoroso, laboral, etc.) que muchas veces nos sitúa en una posición que nos obliga a mostrarnos como “superhéroes”, pero no como personas plenas.

En nuestra sociedad, es bien visto decir que estamos colapsados, con mucha pega, agotados y con mil actividades que no nos dejan ni un minuto para nada más que no sea el trabajo, las infinitas actividades extraprogramáticas de los niños y las horas de gimnasio para alcanzar un cuerpo “perfecto”. Se desconfía del que tiene tiempo libre y vive más despacio. En serio pienso…Dios me libre.

Para mí, la calidad de vida es poder trabajar en lo que me apasiona y aprender a cerrar el computador cuando la hora lo indica. Sin que nadie te mire feo, porque tus jefes lo hicieron a la misma hora que tú.

Para mí, la calidad de vida es incluir el silencio dentro de mi horario y no ansiarlo como el cartón premiado del Kino. Todos tenemos el derecho (y ante todo la necesidad) de tener un momento a solas. Sin niños, sin marido, sin Waze. Silencio gratuito y de calidad.

Para mí, calidad de vida es poder tocar la puerta de la oficina de mis jefes y hablar con ellos sin tener que agendar como si lo hiciera con alguien de la realeza. Tener autoridades a las que se les ve con la misma periodicidad que el cometa Halley es más frustrante que la multa al Costanera Norte por el desborde del Mapocho.

Para mí, la calidad de vida es estar lo suficiente con mis hijos no sólo para abrazarlos, sino que también para retarlos cuando sea necesario, conversar acerca de su día y también mirar juntos como Peppa Pig salta los charcos de lodo.

Para mí, calidad de vida es conocer a mis vecinos, saber que me pueden salvar cuando me da miedo un temblor, me falta un huevo o necesito 5 lucas para pagar una deuda (las pago, ellos lo saben). Porque, ¿de qué me sirve vivir en una casa más grande que la de la Anita Alvarado si conozco más de la vida de Maluma que la de la familia con la que comparto la vereda? Personalmente creo que esa es la definición de soledad.

Para mí, calidad de vida es poder invitar a amigos sin tener que llamar a Tomás Cox para que produzca el evento, y no tener pudor en hacer un malón en donde lo importante sea juntarse, tener largas sobremesas y ser capaces de gozar con un hotdog sin palta (está impagable).

Para mí, calidad de vida es saber decir que no, sin remordimientos ni quiebres. Y que el otro acepte que la libertad pasa por priorizar los tiempos, valores y miradas de mundo que cada uno en libertad eligió.

Para mí, calidad de vida es vivir en una sociedad colaborativa, en donde ayudemos al otro sin sacar beneficio político de las carencias de Estado y nos preocupemos genuinamente de tenderle la mano al que lo necesita. La Teletón es un ejemplo maravilloso de eso.

Para mí, la calidad de vida es tener alguien a quien escuchar y que me escuche. Que ambos nos interesemos por las alegrías y los dolores del otro, y que no tengamos que recurrir a un posteo de facebook para poder desahogarnos o contar lo que nos aflige. Las redes sociales nunca podrán reemplazar a esa amiga que, sin nada a cambio, se interesa por ese pésimo día que acabas de tener.

Hay sin duda alguna muchos factores externos que determinan el estilo de vida que llevamos. Si alguien está en la extrema pobreza, todo lo que acabo de describir es realmente inútil, y es por eso que quien gobierne durante los próximos años, debe de corazón tratar de revertir la profunda desigualdad en la que viven muchos chilenos. Pero para los que afortunadamente hemos tenido más oportunidades,la calidad de vida también es una opción que depende de nosotros… de liberarnos de vivir para afuera, y de estar cumpliendo estándares que lo único que nos hacen es ser esclavos de la tiranía del consumo y la opinión ajena.

¿Qué es calidad de vida para ustedes?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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5 frases que nunca deberíamos decirle a nuestros hijos

Artículo publicado originalmente en El Definido

Estamos acostumbrados a ciertas frases y conceptos, que si pensamos más de una vez, son bastante incoherentes con el mundo que queremos, o que al menos predicamos. ¿Cuáles son? Mane Cárcamo nos presenta su selección.

Educar sin embarrarla no es una tarea fácil. Más aún cuando el vertiginoso mundo en el que vivimos, entre tacos, colegios, pega, redes sociales, exigencias económicas y mil pendientes, nos lleva muchas veces a decir cosas sin pensar, como si fueran leyes o decretos establecidos. Muchas veces hay frases en el ambiente que ya son parte de nuestra cultura popular y que se han transformado en un hábito al que no le metemos mucha cabeza. Un mal hábito.

No soy sicóloga ni experta en educación. Solo me baso en mi instinto maternal y en el modo que quiero (junto a mi marido) que mis niños perciban el mundo. Acá solo plantearé bajo mi total subjetividad algunas frases que considero desafortunadas cuando nos vinculamos con nuestros hijos. Detractores, los invito a plantear todos su puntos de vista con total libertad. Y a los que les haga sentido esta columna, también los invito a aportar.

“Los tontos se aburren”

Me acuso públicamente de haberlo dicho. Y hace un tiempo me pareció que era una frase muy poco empática. Uno, ¿no podemos darles el espacio a los niños para que se aburran? ¿Tienen que siempre estar en una montaña rusa de emociones? Del aburrimiento han nacido grandes genialidades, pensamientos y obras de arte. Tal vez deberíamos liderar una campaña pro respeto del aburrimiento y en vez de promover escaparnos de él, deberíamos hacernos cargo, abrazarlo y esperar que pase… como una ola. Además eso de los tontos me hace ruido. ¿O deberíamos pensar que Einstein, Mozart, Bill Gates y los más grande genios de la historia nunca se aburrieron?

Soy una convencida que esos estados, como la pena o el aburrimiento, no deben desesperar a nuestros niños. Ni deben sentirse alérgicos a ellos. Para mi es parte de la vida humana y por ende debemos aprender a convivir en armonía con aprender a mirar el techo… en un perfecto estado de aburrimiento.

“Cuélate en la fila”

Alguna vez escribí acerca de la cultura “winner” y como esos pequeños gestos son la primera semilla de la corrupción. Más de alguna vez vi a un adulto usando a un niño para saltarse la fila del supermercado y ahorrar tiempo. U otro papá quebrándose delante de sus hijos, porque están colgados al cable del vecino o celebrando porque alguien olvido cobrarles una cuota. Ya es muy detestable que nuestros niños nos vean “winneando”, muchísimo peor es que los incitemos a ellos a hacerlo por el beneficio propio. Dudo que alguien acá piense distinto. O eso espero.

“No prestes la peineta”

Esto probablemente se reduce al mundo femenino. Como ustedes saben, tengo un TOC con los piojos porque en algún minuto me faltó meterlos en mi plan de isapre e incluirlos en la libreta de familia. Pero aun así creo que la generosidad está por sobre el contagio de esos bicharracos. Cuando era chica a varias amigas mías les tenían prohibido prestar la peineta por miedo a pegarse los piojos. Yo, aunque he sufrido ese flagelo multiplicado por cuatro cabros, defiendo a morir la solidaridad entre los amigos. Dar hasta que duela… en este caso hasta que pique. Porque si los amigos no estamos para prestarnos las cosas, ¿quiénes estarán para eso entonces?

“No seas niñita”

Cuando un niño llora, manifiesta sus sentimientos, penas o temores la manera de abordar esa situación puede ser muy variada. En mi inconsciente está la imagen de un papá (o incluso mamá) diciéndole a su hijo “ayyy relájate, no seas niñita”. Y aunque me acusen de exagerada encuentro que es bien fuerte. Primero, porque se asocia los sentimientos con algo netamente femenino y que además tiene un carácter negativo.

En definitiva le estamos diciendo a los niños que mostrar sus sentimientos “es de niñita” y por ende se está comportando como un “afeminado”, como débil, y por eso carece de respeto o es un exagerado. Como si sentirse poco querido, considerado o nostálgico fuese solo permitido para nosotras. Ridiculizar las emociones de los hijos es tal vez una de esas actitudes que pueden marcar tristemente para toda la vida a una persona. Eso de “el lenguaje construye realidades “es una verdad tan cierta como seria.

“Si te pega, pégale de vuelta”

Cuando uno de nuestros cabros se transforma en el pushing ball de otro, la ira de nosotros, los padres, comienza a surgir como una lava explosiva que sería capaz de arrasar con todo. Más de alguna vez me he visto en una plaza, picada al nivel de un preescolar con un cabro que se pasea con un tuto y chupete, porque ha sido matón con algunos de mis cachorros. Ese sentimiento nadie lo puede negar. Pero el tan utilizado “si te pega, pégale de vuelta” me parece poco coherente con un mundo en el que los padres supuestamente no debemos promover la violencia.

Le decimos a los niños que la guerra no es buena, que no debe jugar juegos violentos, que el diálogo todo lo puede, hasta que… se llegan a meter con uno de los nuestros. Porque ahí aparece el Terminator que llevamos dentro y los lindos discursos que dijimos solo están para decorar nuestro muro de Facebook. Soy una convencida que se puede recorrer un camino más largo, en donde se promueva la conversa, el pedir ayuda a los adultos y el poder ganarse el respeto sin tener que mandar un combo. Es ahí justamente donde podemos comenzar a cambiar el mundo. Aunque parezca inocente y mínimo, lo creo de verdad.

Pero si todos nos alineáramos por cambiar el discurso del ojo por ojo, estoy segura que podríamos construir una sociedad más conciliadora y amorosa.

¿Están de acuerdo? ¿Qué otras frases agregarían?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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