¿Qué son las constelaciones familiares?

Las constelaciones familiares son una de las más recientes y originales aportaciones al mundo de la ayuda y la terapia. Se enmarcan dentro del ámbito de las terapias sistémicas, humanistas y fenomenológicas. Trabajan con una metodología escénica a veces difícil de explicar y de comprender. Se escenifican familias y vínculos y se observa que las personas que representan a otras personas (padres, hijos, parejas, socios, colaboradores, etcétera, del cliente, que ha planteado su problema y busca soluciones) que no conocen, son capaces de acceder y captar, sentir y experimentar sus vivencias y sentimientos más profundos, con lo cual una constelación ayuda a revelar y comprender nítidamente las dinámicas afectivas, ya sean familiares o profesionales, que determinan los problemas, y reorientarlas hacia soluciones. La hipótesis de trabajo es que no estamos solos, que en cada persona viven muchos y que nuestra conexión y lugar con las personas que queremos y nos relacionamos, influye grandemente en como nos va y nuestros guiones de vida.

Una constelación es capaz también de generar movimientos emocionales, de reubicar personas en lugares distintos, de modo que podamos interiorizar una imagen o unos movimientos de solución que nos permitan caminar hacia el objetivo que tenemos o hacia lo que deseamos.

Se trata de una metodología muy visual, y ya que una imagen vale más que mis palabras, y se pueden trabajar temas muy complejos de una forma muy simple. Se accede de manera fácil a un campo inconsciente, donde se ponen en evidencia los movimientos ocultos más difíciles que existen en las vidas de las personas. Por ejemplo, cuando hay movimientos de vida o de muerte, o cuando hay sentimientos complicados y ocultos, o dinámicas de sacrificios o lealtades escondidas, potencialmente pueden salir a la luz para poderlos manejar con más conciencia y atención. Como decía Rilke, el desarrollo personal consiste en “aguzar el oído”, lo que en Terapia Gestalt llamamos el darse cuenta, tener una intuición o una comprensión clara de cómo son las cosas. Lo cual permite reorientar las cosas en la dirección de un mayor bienestar, y a menudo este bienestar se logra ordenando nuestros vínculos y asumiendo el lugar que nos corresponde en ellos.

¿Qué tipo de trastornos se trabajan?

Cualquier problemática se puede abordar a través de las Constelaciones Familiares. Por ejemplo, ahora estoy llegando de Valencia, donde he desarrollado de manera novedosa un taller de Constelaciones para temas de nuevas maternidades y paternidades y asuntos de reproducción asistida. Pero podríamos decir que en el trasfondo de los problemas casi siempre encontramos tres tipos de trastornos. Un porcentaje muy alto de trastornos son trastornos de lugar, es decir cuando no estamos en el lugar que nos corresponde, por ejemplo, cuando tú, siendo hijo te elevas por encima de tu madre, en un intento heroico de ayudarla porque por ejemplo perdió a su padre cuando era pequeña, entonces has perdido tu lugar de hijo. O cuando en la pareja uno toma el rol de padre o de madre, en lugar de compañero o compañera. O por ejemplo, cuando una madre está más en sintonía con la muerte porque perdió a una hermana en la infancia, y siente el movimiento profundo de ir con la hermana, y se desubica internamente respecto a su lugar de madre y está poco sujeta en la vida. O sea que muchos de los trastornos tienen que ver con no estar en el lugar que nos corresponde, y lo que hacen las constelaciones es detectar donde están estos trastornos y generar recursos para que cada persona asuma su lugar y rol, por ejemplo que esta madre pueda interiorizar a esta hermana que murió y resistir este movimiento sutil, a veces oculto e inconsciente, de ir con su hermana a la muerte. De este modo podrá encontrar su lugar de madre y podrá hacer que la hija o el hijo puedan experimentar: “hijos, yo estoy aquí en la vida con vosotros”, y también retomar su lugar claramente al lado del marido. Resumiendo: las constelaciones trabajan mucho con esta idea de los trastornos de lugar.

En segundo lugar encontramos los trastornos de sentido, lo cual viene a ser una desconexión del sentido vital, del principio creativo de la existencia. Sería como una especie de enfermedad espiritual en la que nos desconectamos de la fuente, y de una fuerza mayor que nos trasciende. En el plano humano esta fuente está simbolizada, plasmada y expresada por los padres. Los padres plasman el principio vital que actúo a través de ellos para dar vida y por tanto simbolizan la vida. Por eso es tan importante la conexión con los padres porque a través de los padres podemos sentir la conexión con la vida, la conexión con las raíces de la existencia, y de este modo sentir la conexión con la confianza en que la vida vale la pena y el principio vital y trascendente que la sostiene. Padecemos una cierta depresión espiritual, por la fragilidad actual de las raíces, la perdida del sentido de comunidad y la desconexión de la naturaleza.

Cuando estamos en sintonía con la madre y el padre y la fuerza creativa que los junto para darnos la vida, y lo sentimos en el cuerpo y está integrado, no hay trastornos del sentido, o los trastornos que hay son mucho más leves y poco duraderos.

Un trastorno de sentido sano también nos incentiva a una aspiración a buscar mas allá de lo humano, porque buscamos el principio vital del ser, la esencia o la conciencia. Y nos estimula a aceptar e integrar la muerte.

En tercer lugar encontramos los trastornos de la necesidad o del deseo. Esto se ve más en términos gestálticos, cuando por ejemplo nos mentimos a nosotros mismos, o cuando tenemos dificultades para generar la atención suficiente para reconocer aquello que necesitamos, o bien nos cuesta generar la energía necesaria para lograrlo.

En mi libro “La Llave de la buena vida. Saber ganar y saber perder”, explico que en la vida hay tres grandes errores de los que conviene no abusar. El primero es: no darle a la vida lo que tenemos. Cedemos a la cobardía y al miedo en lugar de desarrollar audacia para ser movidos por lo que nos mueve y somos y tenemos para entregar. ¿Podríamos imaginar a un Mozart que por miedo no hubiera compuesto su música? ¿Cuánto desperdicio de talentos y dones se habrá producido por cobardía? ¿Cuánto con potencial de ser se habrá quedado como potencialidad?.

El segundo es: pretender darle a la vida lo que no tenemos. Es un error de falsedad y pretensión, por estar identificados con un personaje idealizado, imaginando que a través de este personaje la vida nos irá mejor. Pero si vivimos demasiado tiempo alejados de nuestra verdad ya sea en nuestra pareja o en nuestro trabajo o en lo que sea, lo acabamos pagando, enfermando incluso. Necesitamos ser honestos y verdaderos. Atrevernos a ser lo que somos, a cada momento.

Y el tercer error es el de la falta de atención, la falta de darse cuenta, de no tomarse el trabajo de distinguir bien lo que sí tenemos de lo que no tenemos, lo que si somos de lo que no somos. Es decir, atención, atención, y atención. O si se prefiere, escucha interior atenta.

En definitiva las constelaciones familiares es una metodología escénica representacional, que permite en muy poco tiempo clarificar dinámicas complicadas que viven en nuestro corazón y en nuestros vínculos y reorientarlas en la dirección del bienestar y la vida y la audacia de vivir.

La parte creativa y al mismo tiempo, como decía, un tanto inexplicable por ahora, es: ¿qué hace que algunas personas que no conocen a otras, sean capaces de representarles y mostrar sus sentimientos?. Para esto yo no tengo respuesta clara. Nadie la tiene. Se aproxima la idea de los campos mórficos del biólogo inglés Rupert Sheldrake, el cual afirma que la memoria está en “campos de resonancia”. También está la idea de la física cuántica que determina un universo subatómico donde todo está conectado con todo en un campo energético, o la idea de los fractales, pero ninguna de estas ideas complace todavía lo que mi hijo menor, estudiante de Física, llamaría los fundamentos adecuadamente científicos del asunto.

Pero bueno, tampoco yo me vería capaz de explicarle a mi tatarabuelo, si fuera posible, que estoy hablando por Skype con alguien de Australia. Simplemente no lo entendería. Yo creo que el futuro nos va a brindar explicaciones de cómo la información está en el campo y salta a las personas, y esto tiene mucho que ver con lo que tratáis en este número que es la intuición, porque hay fenómenos perceptivos que son inexplicables si nos reducimos a la transmisión verbal y a nuestra percepción cognitiva. Dicho esto, la falta de explicación de porque algo ocurre no invalida que ocurra y, en este caso, pueda ser útil. Y las constelaciones suelen ayudar y mucho.

Volviendo al tema de la información me gusta decir que el gran tabú de nuestra sociedad y cultura, es el tabú perceptivo. Por ejemplo, un niño pequeño o bebé vive en un campo perceptivo que es energético, osmótico, corporal y emocional; no es un campo perceptivo reducido a los parámetros de los modelos mentales. Sin embargo, a medida que crecemos la percepción se va reduciendo para encajar en aquello que está permitido y consensuado percibir. La percepción tiene algo de social. No somos libres ni siquiera en aquello que podemos percibir. Sesgamos el conocimiento. En otro sentido, estrechar el campo perceptivo nos facilita la vida, porque si lo percibiéramos todo estaríamos abrumados y sufriríamos mucho más. Miraríamos a la señora que está ahí y veríamos mucho más de lo que la cultura nos aconseja ver, probablemente veríamos toda su historia, todo su sufrimiento, toda su alegría, dónde están sus frustraciones, lo que consiguió y lo que no consiguió, todo nos saltaría a la vista y sería abrumador, entraríamos en un mundo psicótico. No obstante, hay espacios donde esta percepción está permitida que son los espacios de ayuda y los espacios terapéuticos donde esta percepción se puede incentivar y ampliar o favorecer porque trata de buscar soluciones a través de una comprensión más amplia de lo que nos pasa y sus trasfondos. Las constelaciones tienen la ventaja de que el propio campo, el propio marco, sugiere una percepción mucho más amplia por parte del cliente, y esto propicia que algunos fenómenos salgan a la luz y puedan ser encarados y resueltos.

Mucha gente se pregunta ¿Y esto basta para resolver un problema?

Como también decía Rilke, además de “aguzar el oído” (darse cuenta, comprender) se necesita “darle al martillo noche y día”. Hay gente que tiene una idea un poco mágica sobre las constelaciones. Es decir: hago una constelación y mis males serán curados por arte de magia, pero en la práctica es más complejo. Se trata siempre de un proceso en el tiempo. Luego hay que picar piedra, estar atentos a lo cotidiano, seguir trabajando con ayuda terapéutica o sin ella. Tomar responsabilidad por los propios asuntos y despedirse del anhelo infantil de que alguien grande se hará cargo de nosotros. Tomar decisiones, asumir el dolor cuando nos visita, la culpa cuando la sentimos, asumir las frustraciones, abrirse a los sentimientos, es decir, un trabajo que es el trabajo real de la vida y que consiste en acompañarse a uno mismo en todo lo que la vida nos trae, tenga el color y la forma que tenga. Aunque a veces el color y la forma de lo que nos trae la vida tiene poco que ver con el color y la forma que nos gustaría que tuviera.

En el trasfondo filosófico del trabajo de constelaciones hay unas cuantas dialécticas, la dialéctica más importante es la dialéctica entre el yo personal y la vida. Siempre estamos dialogando con la Vida. A veces la vida complace al yo personal y le da lo que quiere, pero otras veces nos despedaza sin que logramos entender porqué, como por ejemplo con una muerte inesperada.

El gran proceso que está en el trabajo terapéutico en general y en las constelaciones, es como logramos con el tiempo asentir y sintonizarnos con aquello que la vida quiso, aunque fuera diferente de lo que nosotros hubiéramos querido. Ahí aparecen dos grandes tareas, que el yo se lance con todas sus fuerzas a la vida en la dirección de lo que quiere y que se arriesgue y no se reserve, y la otra gran tarea es saber sintonizarse para sentir e integrar aquello que la vida quiere aunque sea distinto de aquello que nosotros queremos. Porque siempre es lo mismo: detrás de todo problema (y este es el trasfondo filosófico del trabajo terapéutico de las constelaciones, tal como explico en mi libro “Vivir en el Alma”), siempre hay algún lugar donde la persona o la familia dijo: esto no debería de haber sucedido, este hijo no debería haber muerto, este hombre no debería haberme dejado, mi madre debería haber sido mas amorosa, y mil etcéteras. Todos los problemas toman la forma del debería haber sido, que es una oposición a lo que ha sido y es. Y todas las soluciones pasan por hacer el proceso de decir ¿y porqué no?, de abrir el corazón a lo que fue aunque fuera difícil, de abrir el corazón al sufrimiento, no porque el sufrimiento en sí mismo sea sanador, sino porque abrir el corazón si lo es. Se trata de integrar aquellas cosas que no fueron resueltas, y que encontramos en las constelaciones, como que una criatura abortada no fue mirada, o que un padre mujeriego no fue amado, o que la madre no se siente con fuerza en la vida porque ocultamente sigue el destino de un hermano que murió y hay que aceptar este hecho y darle un lugar.

Existe otro principio importante en las constelaciones que es el de la inclusión y el derecho a la pertenencia. El alma colectivo anhela estar completa y tolera mal las exclusiones. Se evitan mejor los trastornos del lugar, cuando todos los que forman parte tienen derecho a formar parte y están reconocidos y dignificados. Bajo un principio existencial básico: la vida, y las personas (también las cercanas y queridas especialmente) tienen derecho a ser tal y como son, y no tal y como nosotros queremos que sean. Siempre hay esta dialéctica: la mente dice mi padre no tiene derecho a mi amor porque me abandonó, o porque trataba mal a mi madre, así que lo aparto de mi corazón, pero ese apartar del corazón es un movimiento de la mente no es un movimiento de la realidad. La realidad está fabricada de la manera exacta en la que está fabricada y no puede ser burlada con las maniobras de la mente. La realidad es inclusiva y se acepta a sí misma. La realidad no dice a este no lo quiero y a este lo quiero. La vida nos acoge a todos de la manera exacta en la que somos, y un sistema familiar saludable invita a las personas a ponerse en alianza con la realidad y a retirarse de estos movimientos rechazantes de la mente, de manera tal que incluso aquellos que hicieron cosas feas o difíciles tengan un buen lugar en el corazón de las familias. Ya que, como decía, el alma familiar anhela estar completa y colmada, y cuando todos pueden tener un buen lugar entonces nos experimentamos crecidos, expansivos, fuertes y liberados. Entonces no ocurre que otros tienen que representar a los excluidos a través de sacrificios y trastornos del lugar. Cuando hay excluidos alguien se sintoniza con el excluido repitiendo su patrón de vida y su destino. Estas son cosas muy misteriosas pero suceden, y que salen a la luz en las constelaciones.

Las constelaciones nos permiten solucionar problemas que a veces nos han creado sufrimiento durante décadas.

Joan Garriga
www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

 

Extraido de www.joangarriga.com

Entrevista a Joan Garriga  publicada en la Revista Kundalini (2016).

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Los 3 Principios para la Sanación

Hace un tiempo llegó a mis manos “por casualidad” el libro de Caroline Myss, Anatomía del espíritu. Al principio lo tomé con ciertas reticencias, pero enseguida me enganchó. Ahora he tenido la necesidad de releerlo, y no deja de fascinarme, como lo hizo en la primera lectura.

Seguramente, la pregunta más importante que nos hacemos y que la gente se ha hecho a lo largo de la historia es ¿Cuál es mi finalidad en la vida?. La autora la responde de una forma sencilla y también profunda: “Nuestra finalidad es vivir de modo coherente con nuestros ideales espirituales, vivir la regla de oro en cada momento de la vida y vivir los pensamientos como oración sagrada. Es así de sencillo, pero dista mucho de ser fácil.”

Una de las propuestas del libro son sus 3 principios para la sanación, que me encantará compartir en este artículo, y analizar cada uno de ellos:

 

Primer principio: La biografía se convierte en biología 

Según la medicina energética, todos somos libros vivos de historia. Nuestro cuerpo contiene nuestra historia, todos los capítulos, párrafos, estrofas y versos, línea a línea, de todos los acontecimientos y relaciones de nuestra vida. A medida que avanza la vida, nuestra salud biológica se va convirtiendo en un relato biográfico vivo que expresa nuestras fuerzas, debilidades, esperanzas y temores.

Todos los pensamientos que ha tenido una persona han viajado por su organismo biológico y activado una reacción fisiológica. Algunos pensamientos son como descargas intensas que causan una reacción en todo el cuerpo. Un miedo, por ejemplo, activa todos los sistemas corporales; el estómago se tensa, el ritmo cardíaco se acelera y tal vez el cuerpo comienza a sudar. Un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Algunos pensamientos son más sutiles, y otros son incluso inconscientes. Muchos no tienen ningún sentido y pasan por el cuerpo como el aire a través de un visillo; no precisan atención consciente y su influencia en la salud es mínima. Sin embargo, cada pensamiento consciente, y muchos inconscientes, sí generan una reacción fisiológica.

Todos los pensamientos, al margen de su contenido, entran primero en los sistemas corporales en forma de energía. Aquellos que llevan energía emocional, mental, psíquica o espiritual producen reacciones biológicas que luego se almacenan en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en nuestro sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día…

 

Segundo principio: El poder personal es necesario para la salud 

El poder media entre nuestros mundos interno y externo, y al hacerlo se comunica en un lenguaje de mito, símbolos y metáforas. Piensa, por ejemplo, en el símbolo más común del poder: el dinero. Cuando una persona interioriza el dinero como símbolo de poder, su adquisición y control se convierten en símbolo de su salud: cuando adquiere dinero, su sistema biológico recibe el mensaje de que está entrando poder en su cuerpo. Su mente transmite el mensaje inconsciente: «Tengo dinero, por lo tanto estoy a salvo, estoy seguro. Tengo poder y todo está bien.» Este mensaje positivo transmitido al sistema biológico genera salud.

Nuestra vida está estructurada en torno a símbolos de poder: dinero, autoridad, títulos, belleza, seguridad. Las personas que llenan nuestra vida y las decisiones que tomamos en cada momento son expresiones y símbolos de nuestro poder personal. Solemos vacilar a la hora de desafiar a una persona a la que creemos más poderosa que nosotros, y con frecuencia accedemos a hacer cosas porque creemos que no tenemos el poder para negarnos. En incontables situaciones y relaciones, la dinámica que funciona por debajo es la negociación del poder: quien lo tiene y cómo podemos mantener nuestra participación en él.

Aprender el lenguaje simbólico de la energía significa aprender a evaluar la dinámica del poder en nosotros mismos y los demás. La información energética es siempre veraz. Aunque una persona acepte verbalmente algo en público, su energía dirá cómo se siente en realidad, y sus verdaderos sentimientos encontrarán la manera de expresarse mediante una declaración simbólica. Nuestros sistemas biológico y espiritual siempre intentan expresar la verdad, y siempre encuentran la manera de hacerlo.

Es necesario tomar conciencia de lo que nos da poder. La curación de cualquier enfermedad se facilita identificando nuestros símbolos de poder y nuestra relación simbólica y física con esos símbolos, y escuchando los mensajes que el cuerpo y las intuiciones nos envían acerca de ellos.

 

Tercer principio: La persona puede sanarse sola 

La medicina energética es una filosofía holística que enseña lo siguiente: “Yo soy responsable de la creación de mi salud; por lo tanto, en cierto sentido yo participé en la creación de esta enfermedad. Puedo participar en la curación de la enfermedad sanándome yo, lo que significa sanar al mismo tiempo mi ser emocional, psíquico, físico y espiritual.”

Curación total y cura no son lo mismo. Se produce una “cura” cuando la persona ha logrado controlar o detener el avance físico de una enfermedad. Curar una enfermedad física, sin embargo, no significa necesariamente que se haya aliviado también el estrés emocional y psíquico que formaba parte de ella. En este caso es posible que la enfermedad reaparezca.

El proceso de la cura es pasivo, es decir, el paciente se inclina a ceder su autoridad al médico y al tratamiento prescrito, en lugar de desafiar activamente la enfermedad y recuperar la salud. La curación total, en cambio, es un proceso activo e interno que implica investigar las actitudes, los recuerdos y las creencias con el deseo de liberarse de todas las pautas negativas que impiden la total recuperación emocional y espiritual. Esta revisión interna conduce inevitablemente a la revisión de las circunstancias externas, con el fin de recrear la vida de modo que active la voluntad: la voluntad de ver y aceptar las verdades de la propia vida y de la forma en que se han utilizado las energías, y la voluntad de utilizar la energía para crear amor, autoestima y salud.

Las medicinas holística y oficial adoptan dos actitudes diferentes respecto al poder: activa y pasiva. Los tratamientos con sustancias químicas de la medicina oficial no requieren ninguna participación del paciente; en cambio una técnica holística es mejorada por un paciente activo e implicado. Es decir, se produce una conexión entre la conciencia del paciente y la capacidad curativa de la terapia y a veces incluso del terapeuta. Cuando la persona es pasiva, es decir, adopta la actitud de «hágamelo», no sana totalmente; puede recuperarse, pero es posible que jamás trate realmente el origen de la enfermedad.

Afortunadamente, cada vez más profesionales de la salud toman consciencia de la importancia del papel activo de la persona que recibe un tratamiento o terapia, de la importancia de ceder el poder de la curación y asumir la parte correspondiente en el proceso de sanación, siendo capaz de tomar la responsabilidad que le corresponda y dar respuesta. Al fin al cabo la etimología de las palabras ya nos dan una pista: responsabilidad significa ser capaz de dar respuesta. ¿Qué respuesta das tú?

 

Irene Morales

Coach Espiritual 

www.IrenePsicoBio.com

Extraido de www.institutodraco.com/es

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Mandalas: una invitación al silencio

Cuando me enfermé hace dos años, una de las cosas que me enseñaron fue a meditar, cosa que nunca aprendí por completo y nunca fui constante para seguirlo aunque tengo que reconocer que sigo intentando todo el tiempo para poder lograrlo.

De repente en algún momento aparecen ante mí los mandalas, aquellos “ círculos sagrados” que me invitaban a un espacio distinto. Era una forma de recuperar espacios de niña, me encantan los artículos de librerías y tener lápices de muchos colores me apasionaba.

Compré un libro y empecé a pintar y junto con ello a descubrir un mundo de sensaciones que me hacían interpretar cada mandala de acuerdo al tiempo que estaba viviendo. Ha sido un año intenso, no malo pero muy movilizador y los espacios dados por los mandalas me permitían meterme dentro de mi para ver que pasaba mas alla de lo que podía o quería controlar.

Descubría la interpretación de los colores, mi forma de partir y de terminar y la comunicación que se establece con ellos una vez terminados, dan información que genera mas espacios de crecimiento de los que se puedan imaginar.

Junto con eso aparece la propuesta de la editorial, de hacer un libro de mandalas, otra vez la vida me demostraba que era sincrónica y que todo tenia sentido. Algo que yo empecé a practicar como una forma de sanación frente a mis ‘oídos sordos’, empezaba a hacer algo que podía compartir con todos.

Además se daba la propuesta de mezclar mi propia sanación con mi primera investigación que es el ‘viva la diferencia’, que es la que me cambio la vida, todo terminaba por cerrarse en otro circulo sagrado que me comprobaba que todo lo que me pasa en la vida termina siendo algo esta puesto al servicio de los otros.

No hay que elegir colores, hay que dejarse llevar; solo se requiere silencio, tiempo para vivir el proceso y un lugar cómodo y confortable que permita hacer ese viaje hacia adentro que termina reflejado en ese circulo que aparentemente nada tiene que decir pero que comunica mas allá de lo que pensamos.

Anoten lo que les pase cuando lo pinten, mírenlo días después y verán que les informa cosas nuevas. No es lo mismo mirarlo desde dentro o del centro que desde las orillas, no da igual que colores escojan y si tienen o no movimiento.

Partan con ustedes y después lo pueden regalar para navidad o cuando quieran, pero que sea algo que regalen después de experimentarlo desde su propio mundo interior.

Ya que estamos a fin de año, les propongo este espacio como un lugar de meditación, de silencio y de crecimiento para el 2017. Para mi ha sido una aventura , que empieza por el último o mas reciente libro como dicen los mexicanos, y termina volviendo a traer a mi conciencia mi primera aventura psicológica, investigadora y literaria. A veces para avanzar hay que retroceder un poco.

Felices fiestas y que disfruten el placer de pintar, placer que para muchos solo se encuentra en el recuerdo de ser niños y que hoy vuelve a ser un espacio para los adultos.

 

Extraído de www.pilarsordo.cl

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