Enamorados – En amor de a dos (*)

Todos quienes hayan tenido alguna relación duradera en su vida, ya sea convivencia o matrimonio, saben que en todas las relaciones uno pasa por etapas críticas en las que le gustaría mandar todo a la punta del cerro. Momentos en los que el miedo te invade y te haces miles de preguntas por segundo para lograr responderte si es que debes seguir con esa persona o no.

Lo cierto es que en el amor hay que saber vivir siempre con la incertidumbre, ya que nunca sabrás si existe alguien mejor. Sería ideal que existiera una especie de “test del enamoramiento” tal como el test de embarazo, donde uno pueda poner un poco de saliva y te indique si estás o no enamorada. Nos ahorraríamos un montón de problemas por el simple hecho de que un aparato marcó positivo en el test de amor.

Pero como no existe porque no se puede medir el amor, tenemos que hacer un trabajo un poco más profundo y conectarnos con nuestro ser esencial. Poder atravesar la barrera mental y conectarnos con el corazón para poder escuchar qué nos dice el cuerpo. Poder ser tú misma, sentirse bien, feliz, amada, respetada y reconocida la mayor parte del tiempo, independiente de los problemas, son algunos de las preguntas que debes hacerte a ti misma para saber si lo que sientes es amor real y del bueno.

Este es el camino consciente del cual no muchos se hacen cargo porque hay un fenómeno bien raro cuando elegimos a nuestras parejas. Resulta que al principio todo es adrenalina y oxitocina al cuadrado. Recibes un mensaje y todas las hormonas de tu cuerpo están bailando. Te llaman y tus mejillas se tornan de color rojo automáticamente. Lo ves (o vas a un lugar donde sabes que va a estar) y los niveles de endorfina en el cuerpo aumentan. Y no lo digo por decirlo, en Estados Unidos se han realizado estudios donde se ha demostrado que el período de enamoramiento (en términos biológicos, es decir mayor producción y liberación de las hormonas mencionadas) dura sólo 100 días (3 meses y medio aproximadamente).

Luego todo va volviendo a la normalidad lentamente hasta que llega un período de estancamiento donde vienen las primeras peleas, porque lo que antes no nos molestaba (porque nuestro cuerpo estaba invadido de amor) ahora nos molesta. Acá por lo general vienen los primeros enfrentamientos y se activan los patrones relacionales en torno a las discusiones: cómo discutimos, cómo nos comunicamos, cómo escuchamos, subimos el tono, gritamos, nos insultamos, etc.

Y acá comienza la prueba de fuego para todas las parejas porque sin saberlo se activan nuestros mecanismos de defensa que hemos ido incorporando a lo largo de nuestras vidas y todas las alternativas son posibles. Evitar el conflicto, reprimirlo, disociarnos (desde mi punto de vista creo que acá entra la infidelidad), proyectarlo en el otro, racionalizarlo, etc.

Poder ir superando estas crisis desde el amor, la conversación, la paciencia (PAZ y CIENCIA), respetar los tiempos y entender que el otro procesa de distinta manera, permitirle su espacio y exigir el tuyo, poder decantar, no hablar con rabia, no herir para alimentar el ego, sino que habitar un espacio de vulnerabilidad donde abro mi corazón y desde ahí acepto mis errores y puedo plantear mi molestia con dulzura. Suena utópico, sí. Pero se puede. Para mí acá reside la clave de todas las parejas, aprender a pelear bonito para crecer y brillar luego de cada tormenta.

Si esto no te nace, si sientes que haces o te hacen más daño del amor que te entregan, si no logras conectar, si dejas de ser tú y te ves convertida en una persona que no te gusta ser, creo que hay que hacerse nuevamente las preguntas.

Es tan delgada la línea entre comodidad, enamoramiento, calentura y obsesión que cuesta diferenciar en cual de esos 4 estados uno se encuentra. Si ese es tu caso, no dudes en conversar con tus amigas o pedir hora a un terapeuta. Tenemos que abrirnos a la cultura de la terapia, entender que no hay que esperar a estar mal, herida, decepcionada o deprimida para pedir ayuda de un profesional. A veces puedes ir unas cuantas sesiones si estas confundida y luego seguir caminando sola. O ir con tu pareja cuando sientan que no logran llegar a acuerdo respecto de un tema en particular, no significa que están mal como pareja, simplemente decidieron exponerse ante otro que actúa como traductor del síntoma de la pareja y el malestar de cada uno.

No es fácil estar en pareja. No es fácil atravesar crisis. No es fácil diferenciar cuando una relación te hace daño. No, no es fácil y es por esto mismo que debemos perderle el miedo a la terapia, y abrirnos a la posibilidad de que un tercero nos ayude a entender en el lugar en el que estamos y los caminos que tenemos por delante.

 

(*) Juego de palabras original de Alfonso Casas

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

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La ansiedad: el peor enemigo de los amores a distancia

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

Quienes se embarcan en la travesía de amar a alguien desafiando las brechas del tiempo y el espacio, ven en la distancia al enemigo indiscutible de su amor, un temor que sin duda disminuye a medida que se cultiva la intimidad emocional y se reafirman los vínculos de confianza.

Sentir que las mentes se acercan y se cierran como lo harían dos amantes en la oscuridad se convierte en una necesidad cuando la mayor amenaza parece ser que los espacios sobran y el deseo más grande — la cercanía — se pierde en el camino.

Pero no siempre la altura y la anchura son lo único que puede hacer que una relación a distancia fracase. Las parejas en estas circunstancias han de hacer frente a un elemento que perjudica, en igual medida, las relaciones donde la proximidad física es permanente: la ansiedad.  

En términos psicológicos, la ansiedad se define como un estado de incertidumbre o inseguridad permanente. En el ámbito de las relaciones de pareja, la ansiedad se produce cuando existe falta de comunicación, baja autoestima o problemas de aceptaciónmiedo a ser abandonado y un historial de relaciones conflictivas.    

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Purdue, las personas que experimentan altos niveles de ansiedad en una relación a distancia son “dolorosamente más conscientes de la ausencia de su pareja”.

Las repercusiones varían en función de si se trata de una relación a larga distancia o a corta distancia. Cuando la pareja se encuentra geográficamente cerca, las visitas ocasionales pueden reducir considerablemente la ansiedad al funcionar como mecanismos de reafirmación, es decir: indicativos de que todo marcha bien en la relación.  Sin embargo, en las relaciones a larga distancia, niveles altos de ansiedad solo conducen a comportamientos más críticos de lo normal en torno a la pareja y a niveles más bajos de satisfacción.

La ansiedad puede llevar a un grado de desesperación tal que quien la experimenta llega a encontrar dificultades para funcionar correctamente en su vida diaria, sintiendo la urgencia de contar con la presencia (tanto emocional como física) de la pareja. Eventualmente, esto puede derivar en la manifestación de conductas que van creando poco a poco grietas emocionales en la relación, entre ellas:

  • Dependencia, la cual surge cuando el deseo de garantizar un vínculo emocional sólido con la pareja se torna obsesivo, al punto de perder la propia libertad y atentar contra la libertad ajena.
  • Comportamiento controlador, a través del cual se intenta dominar al ser amado estableciendo normas con el fin de aliviar la angustia.

Desde luego, la ansiedad puede verse empeorada por la ausencia de hábitos de pareja orientados a enriquecer la conexión emocional y sostener la confianza. Para la psicóloga Susan Krauss Whitbourne, es importante que las personas en una relación a distancia procuren mantener un flujo de comunicación constante y enfocarse en los aspectos positivos en lugar de dramatizar el hecho de estar separadas.

No obstante, la naturaleza de las relaciones a distancia hace que sea inevitable tener que lidiar tarde o temprano (en mayor o menor grado) con los celos y la desconfianza, algo que puede dificultar la tarea de enfocarse únicamente en los aspectos positivos.

La psicóloga Susan Heitler considera que la clave está en no caer en patrones de pensamiento negativos que solo agravan los efectos de la ansiedad, principalmente:

  • Pensar que nuestra idea de lo que sucede es, realmente, lo que sucede 

    “Las adivinanzas suelen estar basadas en nuestros peores miedos, y la mayoría de las interpretaciones que hacemos del pensar y sentir de otros son malinterpretaciones”, explica Heitler.Es importante mantenernos siempre abiertos a la posibilidad de que, incluso nuestras mayores sospechas o preocupaciones, pueden resultar siendo producto de nuestra imaginación, y recordar en todo momento que la distancia no es pronóstico de infidelidadfalta de compromiso o un fracaso inminente en la relación, sino que se trata de una condición temporal, una circunstancia que no tiene porqué durar toda la vida y que incluso puede ser vista como una oportunidad para crecer de manera individual y reafirmar la decisión de llevar adelante un proyecto de vida conjunto.

    • Evitar hablar de nuestros miedos e inseguridades

    La ansiedad aumenta cuando hay un asunto o problema que no ha sido atendido, cuando la tensión — en lugar de ser liberada — se acumula de manera enfermiza. De ahí la importancia de establecer siempre un diálogo en torno a las dudas e incomodidades que puedan asomar en la relación (planes de visita poco formales o flujo de comunicación insatisfactorio) en lugar de evitarlas por temor a parecer inmaduro, desconsiderado o generar molestia en la pareja.

    • Dedicar nuestro tiempo y energía a tratar crisis que aún no existen

    Uno de los métodos que las parejas utilizan para sobrellevar la distancia es la visualización a futuro. Desde luego, esta es una estrategia muy positiva a la hora de establecer metas en común y planificar una vida compartida, sin embargo, la anticipación mal llevada puede desembocar en episodios de ansiedad a causa de problemas que ni siquiera son parte de un futuro cercano, lo que supone una pérdida total de tiempo y energía.

    Enfocarse de manera obsesiva en concretar proyectos que siguen estando en fase de planificación, al igual que asumir o atribuir responsabilidades fuera de tiempo, genera dosis de tensión enormes que pueden afectar tanto a nivel individual como a nivel de pareja.

    Mantenerse enfocado en el aquí y el ahora y asimilar que el proceso de reunirse de manera definitiva con el ser amado amerita cumplir metas a corto plazo, es la única manera de evitar que la ansiedad estrangule el amor.

    Como bien dijera el filósofo oriental Lao Tsé: “Si vives en el pasado, vivirás deprimido. Si vives en el futuro, vivirás angustiado. Si vives en el presente, vivirás en paz”.

     

    Escrito por: Editorial Phronesis

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    Referencias:

    Love from Afar: Staying Close While You Live Apart. (2012). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/fulfillment-any-age/201210/love-afar-staying-close-while-you-live-apart

    Worrying in Relationships: 3 Habits That Invite Anxiety. (2016). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/resolution-not-conflict/201204/worrying-in-relationships-3-habits-invite-anxiety

    Relationship Anxiety – Anxiety House Brisbane (2016). Disponible en http://www.anxietyhouse.com.au/anxiety/anxiety-over-the-end-of-a-relationship

    Por: Editorial Phrònesis

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Saber perder – Segundas relaciones (última parte)

El indicador de que una separación ha concluido en un sentido interior viene dado por el hecho de que, en las profundidades, logramos aceptar todo lo que ha pasado, tal como ha pasado y nos entregamos a la vivencia de la pérdida y a las punzadas de dolor que progresivamente se vuelve más sereno. Por fin podemos rendirnos a la realidad de lo vivido y lo perdido y tomarlo tal cual. Para eso abandonamos las culpas y los reproches por las heridas y las frustraciones, tanto los que dirigimos hacia nosotros mismos como hacia la ex pareja. También dejamos atrás los intentos de explicar y entender que nos han servido como consuelo y asidero para sostener las tormentas emocionales y renunciamos a la explicación correcta y soltamos. Liberamos la necesidad de tener razón y todos los argumentos que la sostienen al igual que dejamos de prestar oídos a los argumentos de nuestra ex pareja. Lo habitual es que mientras le inventamos porqués a la realidad nos negamos a rendirnos a ella y ser sus humildes discípulos. A veces ni siquiera hay porqués claros… sólo la vida generando formas cambiantes. Saber perder requiere en un última estancia la capacidad de entregarse al dolor de la pérdida sin camuflarla con otras emociones parásitas como la rabia, la lastima, la culpa, etc. Por fin, y esto es lo más importante, una separación ha concluido cuando nos retiramos de tratar de encontrar buenos y malos y dejamos que cada uno asuma su responsabilidad. Pasase lo que pasase, y sean las que sean las medidas y los límites necesarios para encauzar la relación posterior –especialmente si hay hijos- salimos íntegros si aquellos a los que amamos en su día conservan un lugar digno e íntegro en nuestro corazón; con más motivo cuando se tienen hijos en común. Es bueno para los hijos percibir que, en ellos, los padres se siguen queriendo, por la simple razón de que los hicieron en común como fruto del amor que se tuvieron en su momento. Es necesario al final que cada uno retome en sus manos el impulso de la vida y la propia responsabilidad por la vida que sigue sin el otro.

Ana está con su nueva pareja desde hace diez años. Sufre intensamente por el hecho de que, aún queriéndolo, no logra sentirse comprometida y profundamente vinculada. Más bien se siente aún vinculada con su pareja anterior con la que vivió hechos cruciales y de la que se separo sintiéndose ahogada pero de la que no logra desprenderse en un sentido interior. Los hechos cruciales consisten en que ella atravesó un peligroso cáncer durante dos años que la tuvo muy enferma y al borde de la muerte y él la cuido con total abnegación. Cuando ella superó su enfermedad una fuerza incomprensible la llevó a separarse como si tratará de escapar de una cárcel. Lo que a nivel racional es incomprensible se entiende muy bien mirando detenidamente la dinámica y los equilibrios en el intercambio en la pareja. Ella recibió tanto durante estos dos años de enfermedad que se sintió con una gran deuda y ante lo insoportable de no poder zanjarla abandonó la relación. Una deuda puede compensarse de muchas maneras pero también con la gratitud y la humildad de saber recibir algo bueno y, a veces, la compensación ya se encuentra en la capacidad y belleza de saber recibir. Pero esto requiere humildad. Sea como sea lo importante es cuidar el equilibrio en el balance de cuentas. Una separación se logra cuando el saldo se acerca a cero y no hay más deudas ni obligaciones.

 

Volver a empezar

Como dice el protagonista de una historia que cuenta Jorge Bucay, “fui a comprar un final feliz, y busqué y busqué, pero no lo pude encontrar, y viendo que no lo podía encontrar preferí invertir en un nuevo comienzo”. Cuando un amor se va, hace espacio para otro nuevo y muchas personas que quedaron heridas y vulnerables renuevan su esperanza en un camino de amor y se invierte en un nuevo comienzo, el cual aunque no se logre un final anterior feliz –y un final es más a menudo traumático, doloroso y frustrante- puede edificarse sobre el respeto y la gratitud a lo anterior, la integración de las heridas, los límites necesarios para canalizar los desacuerdos, especialmente cuando hay hijos, y la despedida en el dolor y el amor. Lo nuevo se construye sobre lo viejo cuando lo viejo no son ruinas y cadáveres, sino buenos cimientos de amor, respeto y gratitud. Por tanto, una relación concluye sanamente cuando, con el tiempo necesario, el amor en un sentido interior puede volver a fluir y los límites en un sentido exterior.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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7 señales de que tu relación de pareja va en la dirección correcta

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

No cabe duda de que el mejor “termómetro” en el terreno del amor serán siempre las emociones. Cuando, en una pareja, ambos integrantes crecen y aportan al crecimiento personal del otro, cuando existe confianza, comprensión, solidaridad, respeto, entendimiento físico y la complicidad de los mejores amigos, la presencia del ser amado se convierte en un “as bajo la manga” que promueve nuestra felicidad individual al tiempo que nos revela la magia de una felicidad mutua, una alegría compartida lúdicamente como comparten dos niños la danza del juego.

Sentirse a gusto siendo uno mismo y porque el otro es quien es, sentirse respaldado y valorado son per sé las señales más fidedignas de que hemos establecido una relación de pareja propicia para el enriquecimiento y el disfrute de la vida. No obstante, existen indicadores adicionales que quizás, en medio del día y día y de aquello que a lo interno de las parejas se vuelve habitual, pasa desapercibido u olvidamos poner sobre la balanza al momento de evaluar la madurez de nuestras relaciones. Después de todo, el “romanticismo” — contrario a lo que nos han enseñado — no lo es todo.

Cómo saber si estás en una buena relación de pareja

Toma nota de las siguientes siete señales que, según los psicólogos, se presentan en toda relación de pareja sana y estable.

¿Cuáles reconoces en tu relación?

Sé que estoy en una buena relación si…

  1.  Mi pareja y yo expresamos libremente nuestras opiniones y sentimientos

No se trata de compartir pensamientos o discrepancias en torno a la mejor salsa para acompañar las comidas, sino de un vínculo donde revelar nuestras angustias, miedos y fantasmas sea posible, porque contamos con el apoyo y acogida del ser amado.

La Asociación Americana de Psicología (APA) recomienda a las parejas, en especial a las que llevan un estilo de vida muy ajetreado o están casadas, apartar unos minutos al día para conversar acerca de temas de índole más personal, de manera que puedan mantenerse siempre en sintonía con la vida interna del otro.

  1. Tanto mi pareja como yo tenemos una vida fuera de la relación

La dependencia emocional es una de las problemáticas comunes que más afecta las relaciones de pareja.

La necesidad de estar cerca del compañero sentimental, emocional o físicamente, da lugar a los celos, la posesión y la manipulación, es debido a eso que las parejas integradas por personas independientes que no experimentan ansiedad al estar separadas del ser amado para atender las obligaciones personales tienden a ser más estables, sanas y duraderas.

El psicólogo y escritor Walter Riso hace énfasis, en este aspecto, en el requisito indispensable de no dejarse absorber por la vida en pareja, sino conservarse como un individuo libre que participa voluntariamente en una relación, pero que no pertenece a ella.

  1. Mi pareja y yo nos inspiramos mutuamente para crecer en el plano personal

Una relación de pareja donde ambos miembros se motivan y apoyan para crecer en el ámbito personal o profesional es una relación de camaradería donde no existe el egoísmo y, por tanto, es un vínculo sano.

Si, por el contrario, sientes que tu pareja te retiene de algún modo o que sabotea tu crecimiento individual, podrías estar en medio de una relación perniciosa que ocasione, a mediano o largo plazo, heridas de consideración sobre tu autoestima.

  1. Mi pareja y yo sentimos admiración por las cualidades del otro

La admiración (reconocimiento y valoración) no debe ser confundida con la idolatría (reconocimiento, exageración y valoración obsesiva).

Que tu pareja te admire implica que es capaz de ver más allá de la superficialidad y apreciar tus virtudes y cualidades positivas, incluso aquellas que tú mismo desestimas. A veces, es el reflejo en los ojos del ser amado, donde se nos muestra más fuertes y rebosantes, lo que nos contagia de valentía para emprender nuevos caminos y abrirnos paso hacia nuestros sueños.

  1. Existe solidaridad y comprensión entre ambos

“Si te duele, me duele”.

Puede parecer una premisa demasiado drástica, pero en lo absoluto sugiere que debamos fusionarnos con nuestra pareja hasta perder la separatidad de las propias emociones. Se trata, más bien, de desarrollar una empatía amorosa que nos permita estar en conexión con los sentimientos de la persona que amamos, que despierte cada fibra de nuestra sensibilidad y nos motive a tomar acción, a reconfortar al ser amado, a ofrecer lo mejor de nosotros para el alivio de alguien más.

Las relaciones de pareja son un equipo de dos unidades donde los vaivenes de la vida pueden hacer tambalear un par de piernas en cualquier momento, pero jamás derrumbarlas ni aplastar el espíritu ante la mirada indiferente del otro.

  1. Cada uno aporta a la relación con igual interés y dedicación

Es cierto que cada persona posee una forma característica de expresar afecto, y que esta forma puede ser singularmente distinta de las demás. Sin embargo, la diversidad de recursos y maneras de expresar amor no debe ser excusa para fenómenos como los “amores a medio tiempo” o los “amores clandestinos”, donde uno de los miembros de la relación integra y hace partícipe al otro en su vida, mientras el otro parece ir y venir de vez en cuando, medir su tiempo con la pareja o esperar que sea ella quien tome siempre la iniciativa.

Como dejó en papel Julio Cortázar: “Me atormenta tu amor que no me sirve de puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado”.

  1. Tanto mi pareja como yo reconocemos y respetamos nuestras diferencias

Una de las razones esenciales para definir y conservar la idea de una relación de pareja formada por dos personas y no por una “unión metafísica” es que los gustos, la filosofía de vida, las prioridades y los esquemas de valores difieren enormemente de un individuo a otro, incluso si existen puntos de coincidencia en ciertos aspectos.

Un refrán muy popular dice que cuando dos personas piensan exactamente lo mismo es porque una de las dos no está pensando. Una relación constructiva y madura es aquella donde la pareja fomenta el libre pensamiento y la libertad emocional del otro, donde no se aspira a suprimir las preferencias individuales ni a imponer las propias.

“Ser y dejar ser”, dicen los sabios.

Escrito por: Editorial Phronesis

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Relaciones de Pareja – Segundas relaciones (5ta parte)

Rendirse a lo que separa

Para lograr el bienestar y la estabilidad en la pareja no basta con el amor. En casi todas las parejas podemos rastrear la presencia del amor en alguna o todas sus manifestaciones: pasión, ternura, amistad, decisión, compromiso, etc. Sin embargo puede no ser suficiente y, a pesar del amor, algunas parejas no logran superar los grandes temas que los acechan y deben rendirse a la tenaza de las dificultades o buscar soluciones para ellas.

Apreciar nuestros orígenes y tomar a nuestros padres, allana el camino de la pareja.

Una persona soñó una noche que se acercaban sus padres y depositaban unas monedas en sus manos, no sabemos si muchas o pocas, si de oro, de plata o de hierro. La persona durmió feliz el resto de la noche y al día siguiente fue a la casa de los padres y les dijo: – he soñado que me entregabais unas cuantas monedas y he venido a agradeceros y deciros que las tomo con gusto. Los padres que, como todos los padres, encuentran su grandeza en el reconocimiento y capacidad de recibirlos de los hijos contestaron: – como eres tan buen hijo, puedes quedarte con todas las monedas, y puedes gastarlas como quieras y no es necesario que las devuelvas. El hijo se fue de la casa de los padres y para siempre se sintió pleno y enraizado y el día que encontró una pareja podía sentir en su interior “tengo padre y madre así que me bastara con que él o ella sea mi compañero y yo el suyo”.

Esta historia ilustra en el lado inverso el hecho de que a veces algunos hijos no toman sus monedas que representan la herencia de nuestros padres porque entre ellas también están envueltos las heridas y los sucesos dolorosos y prefieren decir: “no me sirven o no son suficientes o son demasiadas, etc.” y entonces, en algún nivel, caminan huérfanos sosteniéndose en los falsos poderes del resentimiento, el victimismo, la enfermedad, la iracundia, etc. en lugar del verdadero poder de tomar a los padres y su historia y su realidad. Entonces, cuando no toman a sus padres, se acercan a su pareja e incluso a sus hijos con la idea de que la pareja o sus pequeños tendrán las buenas monedas que no recibieron de sus padres, lo cual trastorna el orden entre el dar y el tomar.

La pareja no es una relación materno filial sino una relación entre adultos y aunque la pareja tome el lugar materno o filial en ciertos momentos y aunque con suerte algunas parejas logran balsamizar y reparar viejas heridas con los padres, en general cuando esperamos de la pareja lo que no pudimos tomar de los padres y éste se convierte en el patrón de trasfondo de la relación es demasiado y la pareja fracasa en medio de grandes dolores y desgarros emocionales. Al contrario de lo que es usual en las canciones románticas podríamos decir que funcionamos mejor en la pareja cuando somos más autónomos y reconocemos que sin él o ella también estaríamos bien, que también seríamos capaces de vivir.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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4 cosas que no debes ignorar en un pololeo (si quieres que sea sano)

Artículo publicado originalmente en El Definido

A raíz del triste y recurrente tema de la violencia en el pololeo, Mane Cárcamo apunta a esos temas que debemos tener en cuenta en una relación de pareja para que sea constructiva.

El caso de Tea Time y la violencia en el pololeo sin duda se ha tomado la agenda noticiosa esta semana. Y no es para menos. Lo visto y narrado debe hacernos reflexionar acerca del tipo de relaciones que estamos construyendo y el cómo todos (mujeres y hombres), debemos concebir y vivir esa palabra tan grande llamada AMOR.

Todos estos lamentables sucesos me hicieron preguntarme, ¿cómo se están viviendo los pololeos? ¿Cuáles son los códigos? ¿Las formas? Porque personalmente creo que en las relaciones humanas las formas sí importan, porque al descuidarlas también se comienza a diluir el fondo y todo aquello que hace que el vínculo con el otro nos lleve no sólo a quererlo mucho, sino que también a ser una mejor versión de uno mismo.

Y bueno, creo que qué hay materias revisables que podríamos sentarnos a pensar y mirar, porque tal vez las hemos normalizado y sin querer ser grave, son los primeros síntomas de actitudes que podrían hacer que una relación deje de ser sana y cuidada.

El pololeo emoticón

Soy seca para el uso del WhatsApp y nada más lejos de esas personas que condenan su uso a ultranza. Pero sí prendo las alertas cuando en una relación, todo pasa por la app. Los cabros ya no son capaces de tocar la puerta para avisarle a la conquista que llegaron (todo se resume en un “afuera”) el amor se declara con lindos y actualizados emoticones y los conflictos se resuelven a través de audios.

¿Y qué pasa con el cara a cara? ¿Con la mirada de perro San Bernardo enamorado, el rostro chato por la actitud del otro, el gesto de tocar la puerta y esperar un ratito haciéndole la pata al suegro? Mi punto no tiene que ver con una exaltación de la Edad Media, sino que con el real encuentro personal y toda la riqueza no verbal que eso implica. Una experiencia que nos habla mucho de la persona que tenemos al frente y que por ende nos hará tomar mejores decisiones también.

La ausencia de intimidad

En un mundo en donde se publica hasta el último Papanicolaou, la intimidad parece un concepto tan pasado de moda como el Axé. No solo la vida es un reality en las redes sociales, sino que además lo que nos pasa, lo que nos hace felices, lo que nos complica, lo sabe todo el mundo menos la persona de la que estamos enamorada/os. De un tiempo a esta parte parece normal que todas las amigas de la oficina sepan lo que ocurre con el pololo entre cuatro paredes (y no me refiero solo a lo físico) y el protagonista de la historia sea el último enterarse de aquellas cosas que no van bien. Lo mismo para los hombres que muchas veces se jactan frente a sus amigos exponiendo a la otra persona como la gaviota de Viña.

¿No debería ser el otro el primero en saber lo que me molesta, lo que me hace feliz, lo que complica o preocupa? ¿No debería existir una zona en la que nadie puede entrar y la que se resguarda bajo siete llaves? A veces me da la sensación que vivimos relaciones en donde toda la cuadra sabe nuestros conflictos, menos el que los está causando. Volver a cuidar lo de adentro, resolver lo que nos preocupa con quien corresponda y ponerle clave de seguridad a lo que tiene que tenerlo, es algo que deberíamos repensar.

Las cosas lateras también son parte del pololeo

Es así. El que solo quiera hacer las cosas que tiene ganas en una relación, lamentablemente le está poniendo fecha de vencimiento a la misma. Hay que apañar en esos panoramas que no nos pueden interesar menos como el cumpleaños de la ahijada que no conocemos, la comida de pega soporífera, la final del campeonato de ajedrez o el encuentro de jedis latinoamericanos. Simplemente porque para el otro es importante y como alguien me dijo por ahí “se debe aprender a ser feliz con la felicidad del que quiero”. Podré sonar cliché y tíldenme de anticuada, pero el amor profundo sí requiere de sacrificios. El que quiera lo contrario y el que no esté dispuesto hacerlo, tiene menos posibilidades que MEO en las próximas elecciones.

¡Abajo los negociantes!

Queridas y queridos, ojo cuando en la relación todo se transa y se negocia. Los pololeos con cupones van directo al abismo. “Te fuiste con tus amigas a un pub… OK yo hoy me desbando con los cabros”, “Si te sumas a ese viaje con tus compañeros de U, voy al matrimonio donde va a estar mi ex polola”. Ese tipo de amenazas en las que el canje es la manera de “castigar “a la pareja, puede ser una manera muy sutil de dominación. El respeto a la libertad en el pololeo es simplemente un mandamiento. Eso no quiere decir que uno no pueda manifestar la molestia frente a algo que no le parece, pero utilizar la transa, la manipulación sicológica o la culpa, es una tarjeta amarilla que nos debe hacer reflexionar acerca de cómo quiero vivir una relación.

La violencia no parte con el combo en seco, como todo en la vida los pequeños y sutiles detalles, comienzan a revelar signos que nos deben hacer tomar conciencia.

Una vez mi papá me dijo en mi tierna juventud “el pololeo es para ser feliz, para pasarlo bien, para conocerse, para madurar. Si es una tragedia venezolana, por mucho que te duela, como diría el vocalista de Magneto ‘vuela vuela’”. ¡Y sí que tenía razón! Y obvio que se lo copiaré y diré a mis hijos. Porque cuando se elige a alguien para ser tu compañero de vida, o construir un proyecto familiar, la capacidad de resolver conflictos con serenidad, el respeto por los intereses y pasiones del otro, la posibilidad de enfrentar marejadas juntos sin naufragar, y ante todo la admiración y la complementariedad con el otro, serán la claves para alcanzar esa felicidad que tanto buscamos los seres humanos.

¿Qué otras cosas agregarías a la lista?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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Nueve principios para un matrimonio feliz

Redacción Editorial Phrònesiswww.elartedesabervivir.com

En el pasado, las personas contraían nupcias tomando en consideración factores como una estabilidad económica favorable a largo plazo. Hoy en día, el matrimonio se vincula más al amor y el romanticismo que a una figura política meramente racional.

Para la terapeuta de pareja Esther Perel, cuando el matrimonio era una empresa económica, la infidelidad era tratada desde la perspectiva de la seguridad financiera, por ejemplo. Pero ahora que el matrimonio es un arreglo romántico, la infidelidad es tratada desde la seguridad emocional.

El hecho de que decidamos casarnos por amor y no exclusivamente por conveniencia social ha cambiado no sólo las implicaciones que trae consigo la unión entre dos personas, también los aspectos que influyen en que un matrimonio prospere en armonía.

La Asociación Americana de Psicología (APA), ha recopilado una serie de consejos con base en estudios psicológicos que han demostrado estar vinculados con matrimonios plenos y estables.

Ya sea que lleves años con tu pareja o que estés considerando el matrimonio como una posibilidad futura, la siguiente lista de principios te ayudará a conocer las bases de una relación fundamentada en el compañerismo y la alegría.

      1. Sepárate emocionalmente (y a tu pareja) del entorno en el que creciste

No es que el matrimonio exija desentenderte de tu familia o comportarte como un completo extraño, pero sí es importante separar tu identidad de pareja de la identidad de tus padres, tus hermanos o tus abuelos.

Unirte a alguien en matrimonio significa construir una nueva familia, no una réplica de la tuya.

Asentar una distancia emocional prudente evita, además, conflictos de pareja innecesarios que puedan tener origen en prejuicios, costumbres o creencias exclusivamente de tu entorno familiar y las cuales deberás aprender a dejar de lado para comenzar de cero.

Después de todo, si esperas que tu pareja cocine como tu madre o conduzca como tu padre, vivirás un matrimonio muy por debajo de tus expectativas, que serán, de cualquier modo, irreales.

  1. Construye con tu pareja lazos basados en una intimidad e identidad compartidas

El nosotros es más trascendental en el matrimonio que el y el yo.

La conformación de una identidad compartida significa alcanzar un punto de compenetración en el que ambos miembros de la relación sean capaces de pensar acertadamente en lugar del otro, de experimentar una empatía plácida donde el bienestar del ser amado encarne el propio bienestar.

Esto no debe confundirse con una pérdida de autonomía o derechos individuales. La unión emocional de la pareja debe promover de tal modo la confianza y el respeto mutuo que la libertad del otro sea un tesoro inviolable fuera de las garras del egoísmo y la dependencia.

       3. Establece una relación sexual rica y placentera y protégela de intrusiones externas

La conexión sexual no compensa la desconexión emocional, pero un buen entendimiento físico en la cama sí puede reforzar un matrimonio donde exista previamente un lazo de amor sólido.

Cuídate además de exponerte conscientemente a situaciones que puedan perjudicar la integridad de tu matrimonio y destruir la confianza de tu pareja. La fidelidad no debe ser el resultado de los sentimientos, sino una decisión arraigada a una intención y que, de ser necesario, implique acciones formales.

  1. Para las parejas con hijos: intercambien los roles de la paternidad y el efecto de absorción que la llegada de un bebé tiene en el matrimonio

Si la filosofía de los roles de género predomina por encima de la idea de una paternidad con tareas equitativamente repartidas, el resultado será que uno de los miembros de la pareja (por cultura, la madre), será la principal afectada por los efectos de absorción de tiempo y energía que implica el nacimiento de un hijo.

Esto no repercute solo en la salud de la madre, también puede influir en la acumulación de sentimientos negativos hacia el padre, de quien podría percibirse falta de entrega y compromiso.

  1. Protege la privacidad de tu relación

El mundo interno de una pareja es un espacio importantes donde la confianza y la intimidad emocional se refuerzan. Proteger la privacidad de este universo exclusivo significa reservar tiempo para pasar a solas con tu pareja y guardar discreción acerca de sus planes, sueños o inconvenientes.

Lo que tu pareja y tú piensen o hagan es parte de su construcción personal; mantenerlo en privado conserva la magia de la dinámica y una debida sensación de seguridad.

  1. Confronta las crisis y mantén fuerte el vínculo marital ante las adversidades

Los matrimonios mueren muchas veces antes de sufrir un fallecimiento definitivo. Esto no significa que la última muerte (el divorcio) sea inevitable; en realidad, asumir que las crisis son parte del ciclo de vida de toda relación y que son una oportunidad para emprender cambios positivos podría evitar el rompimiento de muchos matrimonios.

Cuando un problema drástico se presente en tu matrimonio, no lo ignores ni lo minimices, plántale cara y explora sentimientos y opciones con tu pareja. Estás en una barca de dos guardianes, no temas a las tormentas.

  1. El matrimonio debe ser un espacio de expresión, no de represión

La plenitud de una relación depende del grado de comodidad que ambas partes sientan al momento de compartir con el ser amado todo lo que son, todo lo que han sido y la ilusión de lo que esperan ser.

Esta libertad de expresión no aplica solo para los buenos momentos, las diferencias y las emociones negativas deben poder compartirse con la misma tranquilidad y fe ciega en que el otro estará ahí para servir de apoyo incondicional.

  1. Utiliza el humor y la risa, y no permitas que la monotonía apague la llama

El humor nos ayuda a poner las cosas en perspectiva sin importar lo gris que luzca el panorama.

Para evitar que la monotonía devore tu matrimonio, debes estar abierto a la espontaneidad y a la diversión no planeada de convertir un momento incómodo en la mejor broma jamás contada.

Si tu pareja y tú aprenden a desenvolverse en esta dinámica ocasional de niños traviesos, siempre tendrán algo nuevo por hacer y un lugar maravilloso al cual ir juntos.

  1. No abandones los detalles que hicieron que tu pareja se enamorara de ti

Las consideraciones iniciales que alimentaron el fuego del romanticismo y dieron forma al amor deben permanecer durante el matrimonio.

De hecho, es el olvido de los detalles y las expresiones de afecto lo que hace que los amores más profundos pierdan el brillo y se marchiten.

Bien lo dijo Mario Benedetti: “Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor”.

Fuente: APA

Escrito por: Editorial Phronesis

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Detalles

Este último tiempo entre las semanas previas al parto de mi hija y el mes posterior que ya lleva de vida, ha sido revolución en casa y en mi vida, ha habido cansancio y también ha sido hermoso conocernos entre las dos cada dia más y mejor; sin embargo el costo ha sido alto al pensar en los días y minutos alejada de mis otros dos hijos pequeños.

Mi círculo cercano me ha brindado una incondicional ayuda, pero los abrazos de la mamá son irremplazables especialmente cuando se es pequeño, para qué decir los abrazos de un hijo, ay como se extrañan…, las risas y los juegos y acercarme a todo ese mundo de gritos, amigos, tierra, autitos y juegos inventados entre los 3.

Pero me he dado cuenta este tiempo que toda esa ausencia afortunadamente puede ser recompensada por los siempre bien ponderados detalles.

Los detalles hacen la diferencia como dice el conocido dicho popular, y más aun si son detalles que provienen de mamá.

Cada noche les doy de cenar, les cocino, les alisto su ropa del día siguiente y les preparo el pijama antes de dormir, como si fuera un mantra para que la casa, y la familia, pase a fase noche..

Cada noche de la vida los beso y arropo antes de irme a dormir sin que ellos siquiera se den cuenta.

Cada mañana les preparo su colación y los despido al desayuno antes de que partan al colegio.

Nadie mas que yo sabe cómo y cuánto se mueven por las noches porque sé perfectamente cómo se quedaron dormidos, también conozco los horarios en que sienten necesidad de ir al baño y por las noches soy la primera en oír sus llantos cuando tiene pesadillas y ahí estoy de pie a veces antes de que me llamen..

A pesar de esos detalles que practico casi religiosamente les he parecido de alguna manera ausente este mes…y continúa.

Nadie mas que su mamá les compra en silencio esas cremas “mágicas” para las boqueras, picaduras, tos, insomnio, ansiedad, etc… encargadas a lugares lejanos para que se sientan mejor.

Nadie mas que yo sabe lo bien que les hace dormir, el hecho de leer un cuento que se los remuevo de lugar cada cierto tiempo, para que no se lo repitan, para qué decir el efecto amoroso que les provoca un cuento leído por su papá o su mamá, terminado con un beso y envuelto en spray de eucaliptus para que los haga soñar plácidamente….

Y así son infinitos los detalles que podría seguir anotando en esta lista, y que me hacen feliz de sólo recordarlos.

Hoy entendí que los detalles incondicionales fueron hechos cuando un hijo llega a la vida de una. Gracias por darme la oportunidad de poder hacerlos diariamente!

Esa y mil cosas más, mis hijos han venido a enseñarme, bastó esa lección para dejar de sentirnos distanciados…

Hijos míos, los atesoro con toda mi alma.

 

Claudia Pastene Gorigoitía

Mamá de tres hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

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Sufrir “no” es tan fácil. Visiones de la Terapia Gestalt

Sufrir no es tan fácil. Requiere saber cómo. Como regalo, anterior a la racionalidad, el sufrimiento no forma parte de nuestra naturaleza profunda. En ella practicamos la adhesión incondicional a lo que es, tal y como es, a cada momento. Así es nuestro ser íntimo y nuestra genuina naturaleza.

¿Tienes recuerdos de este paraíso cuando eras muy niño/a?

¿Deseas progresar de nuevo hacia este centro olvidado?

Conste que no hablamos de dolor, que lógicamente forma parte del paisaje de la vida, y requiere nuestra adhesión para no convertirlo en sufrimiento.

Si tuviéramos que decir en muy pocas palabras en qué consiste la Terapia Gestalt podríamos responder en este sentido: la práctica de la adhesión a lo que la vida nos trae a cada momento, tanto afuera como en forma de vivencias y sentimientos internos. Tomados por una actitud y un espíritu que sortea los rechazos de la mente y lo abraza todo. ¿Dónde? Ahora. ¿En qué lugar? Aquí.

Viene la confusión. La abrazamos. Llega la claridad y también la abrazamos. Ahí va la tristeza, la alegría, la ternura, el miedo, el enojo, éste pensamiento u otro, la envidia, la venganza, el deseo de apartar algo, y muy especialmente todo aquello que nos resulta desagradable, y lo abrazamos todo, incluso nuestra sensación o idea de que algo es desagradable. No hay bueno y malo, ni positivo ni negativo, que son únicamente creaciones y categorías de la racionalidad. Todo es experiencia. Somos una fiesta sagrada, un carrusel, lleno de formas y colores, en movimiento constante.

Pero en verdad, tanto como la fiesta, somos los festejadores. Y el festejador ama porque es su don.

He aquí la fórmula para sufrir: algo ocurre y no lo quiero, y algo no ocurre y lo quiero. Sencillo. En palabras de Buda: “Estar lejos de lo que amo o cerca de lo que desprecio es sufrimiento“. Es decir, me opongo a lo que está ocurriendo, ahora dentro de mí, ahora fuera de mí, en mi trabajo, en mi pareja, en mis hijos, en mi vida. Ahora. Sin embargo es lógico y nos hace fuertes querer cambiar lo posible que está por venir, y que sea distinto mañana. También abrazaremos nuestro deseo de modificar la realidad para que se acerque a nuestros deseos y valores. ¿Porqué no? Es un invitado maravilloso a la fiesta sagrada de nuestra vida.

Pero para sufrir se requiere la presencia de un personaje y una voz dentro de nosotros que martillea a lo que ya está siendo: -Debería de ser de otra manera, proclama. Y a continuación necesitamos creerla como una verdad (ya que el personaje siempre encuentra un sólido argumento), no como una experiencia más. Y torturarnos por ello. Me gusta pensar que la realidad nos desea como discípulos, y parece que le gusta vengarse de nuestras ilusiones. Entonces, todo sufrimiento comienza con la palabra: “Debería”, “Tendría que”, “Podría”, etcétera. Por esto en Terapia Gestalt, tratamos de confrontar los “deberías” y contrastarlos con los “quiero y siento y soy”.

La Terapia Gestalt es una invitación a pasar de nuestras ilusiones e ideologías a la realidad y a la verdad de cada momento, a cuestionar nuestras falsedades y artificios, a pasar de ser personas ideales a personas reales. Eso es, perfectamente imperfectas. Ahí reside el superhombre nietzscheano.

Abre los ojos y festeja la vida, y si los personajes que crees ser no te dejan, tómate el privilegio de no considerarlos tan en serio, y a cambio trata de sentir un silencio vibrante en el centro de tu pecho. Ahí vive el festejador, que no se opone a nada, ni se adhiere a nada más allá de lo que es. ¿Cuando? Ahora. ¿Cómo? Con amor.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

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Me cuido porque me quiero

Cada día me llegan más niños más pequeños con problemas alimenticios y temor a engordar. Hace poco vi a una niña de 9 años recién cumplidos que sabía más tips para bajar de peso que yo. En sus juegos los personajes salían a correr después de comer y tomaban té para ir al baño. Terrible.

Me pregunté porqué niños de esa edad pueden tener ese tipo de preocupaciones y conocimientos. Sin duda los medios de comunicación y los actuales estándares de belleza influyen. Pero creo que más importante que eso, es nuestro ejemplo y los mensajes que les transmitimos de manera directa (cuando hablamos con ellos) e indirecta (cuando hablamos con otras personas o hacemos comentarios en relación a nosotros mismos). Si contamos calorías delante de ellos, no esperemos que ellos no lo hagan. Si nos miramos en el espejo y nos tocamos la guata, no esperamos que ellos no lo hagan.

No se trata de dejarlos comer lo que quieran y cuánto quieran. Los niños necesitan límites y aprender a comer sano. Lo importante es cómo lo hacemos y el mensaje que les entregamos. Comer sano no es sinónimo de no engordar. Comer sano significa nutrir y cuidar nuestro cuerpo. Independiente del peso que uno tenga.

Enséñales que mucha azúcar, sal y grasa le hacen mal al cuerpo. Que el cuerpo necesita vitaminas y minerales para crecer, estar bien y combatir enfermedades. Enséñales que comer sano es cuidar nuestro cuerpo. Que comer sano es amar nuestro cuerpo.

Evita comentarios del tipo “no comas eso que engorda” o “vas a engordar si sigues comiendo eso”. Cámbialos por “eso tienen mucha azúcar, trata de no comer mucho que le hace mal a tu cuerpo” “sé que quieres una galleta, pero no has comido fruta en todo el día, alimenta tu cuerpo”. Si te preguntan porqué compras productos light, no digas “porque no engordan”, diles “porque tienen menos grasa y mucha grasa le hace mal al cuerpo”.

Lo mismo para el deporte. Evita comentarios del tipo “voy a salir a correr para quemar el pedazo de torta que me comí ayer” o “voy al gimnasio para no engordar”. Di “voy a salir a correr porque me gusta” “voy a salir a correr porque le hace bien a mi cuerpo”. Enséñales que hacer deporte es entretenido y le hace bien a nuestro cuerpo, especialmente a nuestro corazón. 

Si ya le has enseñado a tu hijo a comer sano y hacer deporte “porque hace bien”, agrégale el factor “porque me quiero”. Aunque no lo creas esto marca una diferencia importante. Instala el concepto de autocuidado y le agrega un valor afectivo especial. 

Incluso te ayudará a fomentar una buena alimentación. A mis hijas les cuesta comer sano. De colación, siempre prefieren comer cereales que fruta. Pero cuando les pregunto “¿Amas tu cuerpo?” y me responden que sí, les digo “entonces come fruta que le hace bien”. Cuando hago esto, aceptan comer fruta.  

El concepto “me cuido porque me quiero” permite además enseñarles a los niños a cuidarse de otras cosas nocivas. Como por ejemplo no permitir ser mal tratados o que les hagan o digan cosas que no les gustan. Este es aprendizaje es esencial para evitar bullying y abuso sexual.

Así que ya sabes. El mensaje es “me cuido porque me quiero”.

Andrea Cardemil Ricke

Mamá de 3

Psicóloga Infanto Juvenil

Magíster en Psicoterapia Integrativa

Diplomado en Terapia de Juego

Diplomado en Manejo Interdisciplinario de las Dificultades del Escolar

Autora del libro “Apego Seguro: Cómo relacionarte con tu hijo a partir de los 2 años”“Separarse con niños pequeños: cómo seguir nutriendo tras la ruptuta” de Ediciones B.

 

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