Cuándo decir “NO MÁS” en una relación

Síntomas que indican que no debes seguir en una relación

¿Cuándo pierde el amor su importante finalidad? Quizá esta sea una de las preguntas más difíciles de responder cuando estamos atravesando por una crisis en la relación. Determinar el momento y las circunstancias que pueden llevar a decir: “NO MÁS”, nos permitirá darle prioridad al amor propio, dejar el sufrimiento y romper ese apego que tanto daño hace.

El amor empieza a verse afectado cuando nuestra pareja no siente amor, no permite que crezcamos en nuestros ámbitos personales o profesionales y vulnera los principios que nos definen como personas. Cuando una de estas o las tres se ven perjudicadas, es preciso que empieces a analizar tu relación.

Para Walter Riso es importante definir límites que formen una relación constructiva, saludable y duradera. Ahora veremos qué hay más allá de esos límites y cómo se pueden definir:

No hay amor

“Ya no me abraza, no me besa”, “ya no se preocupa por mí”, “nunca he sentido que esto sea amor”. Como dice Walter Riso en su conferencia “Es posible amar sin sufrir, el arte de amar sin apego”: ¿por qué quedarnos con alguien que no nos ama?, ¿qué esperas entonces, si es una relación insana y perjudicial? Mendigar amor es una de las experiencias más humillantes que se pueden vivir por alguien. Estás a merced de las migajas y la limosna que el otro puede darte, alguien así, no te merece.

¡Qué mala consejera puede ser a veces la esperanza! En ocasiones, la crudeza de la realidad o la más dolorosa esperanza nos quita la carga de un futuro inconveniente”, Walter Riso.

Cuándo decir “NO MÁS” en una relación - Síntomas que indican que no debes seguir en una relación

Le molesta tu crecimiento personal

¿Por qué en una relación de pareja se sacrifican los sueños y las metas solo por “pertenecerle a alguien”? Las motivaciones, los deseos y lo que quieres ser, siempre y cuando no sea destructivo para los demás, deben llevarse a cabo por el hecho de sentirse completo en la vida. Un amor que impida el crecimiento personal del otro para que la relación funcione, no se llama amor sino esclavitud.

¿Quieres aprender a cocinar, emprender un negocio, practicar algún deporte o entrar a la orden religiosa? Si hace parte de tus necesidades básicas, no dudes en hacerlo, no lo descartes:

“Lo que te hace evolucionar es un regalo, lo que te lleva a involucionar es un estorbo”, Walter Riso.

No hay nada mejor que una pareja con la que se pueda alzar vuelo a la par y luchar codo a codo, una persona con la que puedan desarrollar juntos la naturaleza humana de mejorar, realizar y mantener el propio ser que anda en constante experimentación. Si sientes que tu relación no es así, ¿qué haces ahí?

Traicionar nuestros principios

Entre los pensadores existe un acuerdo sobre los valores en el que se promulga que el límite de lo negociable es la dignidad personal, es decir, la opción de ser valorado, respetado y honrado. La dignidad es aquello que nos hace resistir la humillación, el autocastigo y la condena injusta.

¿Cómo saber cuándo alguien afecta tu dignidad? Para alguien que se observa a sí mismo, es fácil de determinar. La dignidad se ve afectada cuando sentimos que nuestros intereses más profundos se ven maltratados. El ideal siempre será conservar el ser moral y negarse a ser un objeto. Por eso, cuando negocias tus principios y fundamentos en nombre del amor lo único que estás haciendo es dejarte de querer a ti mismo y negando tu condición personal.

En su conferencia: “Es posible amar sin sufrir, el arte de amar sin apego”, Walter Riso aborda por lo menos dos factores importantes que afectan la dignidad personal en las relaciones afectivas. No te puedes perder la ampliación de este tema, ingresa a este enlace para que puedas adquirir ese conocimiento y las herramientas ideales para vencer el apego y dar un NO definitivo a una relación insana y tóxica.

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El arte del buen amor en las familias. Las Constelaciones Familiares (V Parte)

Los Órdenes del Amor
El primer orden del amor nos dice que, en esta red de vínculos, todos sin excepción, con independencia de si se les juzga positiva o negativamente, tienen el mismo derecho a pertenecer y a ser incluidos y dignificados, permitiendo y exigiendo que asuman su destino y sus culpas y las consecuencias de las mismas, cuando así fuera el caso. En la práctica ocurre que los sistemas familiares excluyen o apartan a algunos de sus miembros porque condenan su comportamiento, o porque su recuerdo es demasiado hiriente, vergonzoso o doloroso. A veces, hay personas que murieron pronto, o personas que se suicidaron, y esto ocasiona dolor o vergüenza en los descendientes, o bien incluso padres a los que se juzga por no haber hecho lo adecuado o por irresponsables, malos, maltratadores, abandonadores, alcohólicos, etc. En realidad, excluir es un movimiento de la mente personal que trata de protegerse de lo que le genera dolor. Pero la Mente Colectiva, el Alma común, no entiende el lenguaje de la exclusión y sigue un principio existencial que reza que “todo lo que es tiene derecho a ser tal como ha sido, y a ser reconocido de esta manera”. Cuando este principio es respetado, como fruto de cavar en el propio proceso emocional y asentir a los asuntos familiares, el pasado queda liberado y el futuro puede ser fuerte y real. Cuando hay exclusiones, la Mente Colectiva impone la consecuencia inevitable de que lo excluido será encarnado de nuevo por personas posteriores, que no tienen nada que ver con el asunto, y que muchas veces inconscientemente, sin saberlo, siguen el destino del excluido. Es el efecto de las habitaciones prohibidas que atraen inevitablemente a algunos en un intento fallido de elaborar y cerrar capítulos dolorosos de los sistemas. ¿Cuántos se hacen alcohólicos siguiendo a un padre despreciado por su alcoholismo? ¿Cuántos padecen un apego frágil a la vida cuando en el corazón de la familia se les vive como miembros que reemplazaron a alguien perdido por muerte temprana, por ejemplo, o se sienten atados a la persona que falleció, y con dificultades para tomar la vida en plenitud? ¿Cuántos sienten impulsos suicidas cuando otros, anteriores, también se quitaron la vida o bien se hicieron culpables de la muerte o la desgracia de otras personas?

El segundo orden del amor es de una simplicidad extraordinaria: las personas están mejor cuando ocupan el lugar que les corresponde y no otro, lo que, traducido a los sistemas familiares, significa que los hijos sean hijos y los padres sean padres, y que en la pareja ambos sean adultos, iguales en rango, y caminen lado a lado. Si enunciarlo es fácil, que se cumpla no lo es tanto. ¿Cuántos hijos no se ven llevados a tomar la posición invisible de padres de sus padres, especialmente cuando éstos los perdieron pronto o los rechazaron (y entonces, sin darse cuenta, buscan en los hijos lo que les falto de sus padres), y los hijos lo asumen por amor, al precio a veces de llevar mochilas y fardos que dificultan su propia vida y expansión? ¿Cuántos hijos se encuentran implicados con uno de sus padres en contra del otro, o se sienten la pareja invisible de uno de ellos, o están demasiado cerca de uno de sus progenitores y en contra del otro, o hacen malabarismos emocionales y enferman en un intento heroico de preservar un buen lugar a sus padres en su corazón? No debemos olvidar que el anhelo genuino de los hijos es aunar a ambos padres en su interior, con independencia de lo que pase o haya pasado entre ellos. Demasiados padres se comportan como pequeños y demasiados hijos se comportan como grandes y especiales, transgrediendo la regla del bienestar en las familias: cada quien en el lugar que le corresponde. Y esto significa también que los posteriores se apoyan en los anteriores y orientan su mirada hacia el futuro. Es lo que en sociedades más tribales se vive como apoyo en los ancestros, a los cuales se honra y venera.

El tercer orden del amor refiere reglas de intercambio entre el dar y el recibir, lo cual riega y sostiene la vida de todos. En lo que respecta al vínculo con los padres, por ejemplo, no podemos devolver lo mucho recibido y lo compensamos y equilibramos dando a nuestros hijos o sirviendo y cuidando a la vida con nuestros dones. El mandamiento bíblico reza: “honrarás a tu padre y a tu madre y de este modo tendrás una larga y buena vida sobre la tierra”, lo cual significa que hacemos justicia a lo recibido logrando una vida buena y, a ser posible, larga. También compensamos cuidándolos dentro de nuestras posibilidades cuando lo necesitan en el declive de su vida.

Al trabajar con los problemas de las personas, encontramos que muchas no están asentadas en lo que viene de los padres (que simbolizan la vida) y más bien se niegan a tomar lo que recibieron, para preservarse de lo negativo. Sin embargo, de este modo raramente se ponen en paz con ellos mismos y con la vida, entregándole lo que tienen para darle. Más bien se empobrecen y se escatiman, posicionándose en el victimismo o el resentimiento u otros lugares de sufrimiento. Tomar lo que viene de los padres, aunque incluya heridas dolorosas, y trabajar emocionalmente en ello parece ser una suerte de salvoconducto para el buen amor y un antídoto contra muchos males, que nos induce a tomar responsabilidad por la propia vida y la renuncia a jugar juegos psicológicos invalidantes, llenos de sufrimiento, por ejemplo con la pareja o con los hijos o en entornos profesionales.

Respecto a los iguales, la regla del intercambio es mantenerlo equilibrado, para asegurar la paridad y la igualdad de rango. Damos, tomamos, compensamos, equilibramos, y estamos libres, y si seguimos juntos es usando nuestra libertad, no por sentido de deuda o de ser acreedores. Es un clásico en conflictos de pareja que suela haber desequilibrios en este intercambio de manera tal que uno se siente deudor y acreedor y ya no son capaces de mirarse a los ojos con confianza y apertura de corazón.

En resumen, ayuda en mucho a las personas y las familias que haya un orden, ordenar el amor, plasmarlo en una buena geometría de las relaciones humanas, en la que estén todos sin excepciones e igualmente dignos de respeto y de consideración, cada uno en el lugar exacto que le corresponde y nutriéndose los unos a los otros de manera tal que logren crecer en lugar de padecer. He aquí, pues, el buen amor.

Quién mejor que un poeta podría explicar ideas tan evasivas para la mente y tan certeras para el corazón. Miguel Hernández, en un fragmento del poema “Hijo de la luz y de la sombra”, escribió:
No te quiero en ti sola, te quiero en tu ascendencia
Y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
La familia del hijo será la especie humana.
Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
Seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo, se besan nuestros muertos,
Se besan los primeros pobladores del mundo.

Joan Garriga
www.joangarriga.com/

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Extraido de www.joangarriga.com

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¡COSAS DE HERMANOS!: NUESTRO NÚCLEO DE AMOR

No sé si es la edad o que cada día estoy más abierta a maravillarme y disfrutar las cosas pequeñas. En este minuto veo como mis tres hijos juegan fútbol entre ellos, la de 5, el de 9 y el de 11, me encanta porque es algo que pasa, sin embargo, a ratos se desarma. Nuestra relación con los hermanos es tan especial que se hace difícil de describir, por ese camino transitan un sin fin de emociones: cariño, enojo, amor incondicional, celos, frustración, rabia y alegrías. Es nuestro núcleo que nos ayuda más adelante a desenvolvernos en la vida, porque sin duda es aquí donde aprendemos y quizás, es sólo cuando crecemos y nos hacemos adultos, que valoramos a cada uno de nuestros hermanos, a esos que a ratos odiábamos en nuestra infancia, con los que quizás nunca conectamos y a esos con los que éramos más cercanos.  Es que la vida nos va enseñando que los hermanos son sólo una fuente de amor infinito, pero cuesta y requiere de tiempo para que esto pase. A veces incluso, nunca ocurre y las rencillas nos persiguen de por vida.

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Hoy miro a mis hijos y me pregunto ¿cómo logró fortalecer está hermandad? ¿cómo logró hacerlos mirarse y descubrirse a través de la relación que van construyendo entre ellos? Es un desafío diario que logren jugar y pasarlo bien los tres, sin dramas. Por eso hoy al verlos me maravillo y al mismo tiempo pienso si tendrán que llegar a la adultez para darse cuenta y vivir este amor incondicional o hay algo que yo pueda hacer para que eso ocurra. Como papás siempre queremos o deseamos profundamente que nuestros hijos se quieran, respeten y lleven bien. La realidad es que pelean, se excluyen y a veces se dicen cosas hirientes, para que al poco tiempo después se vuelvan a amar y jugar. Entonces ¿habrá una manera de hacer que está relación a pesar de las peleas y vaivenes de la vida sea una relación de amor y cariño infinito vivido y sentido por ellos? ¿lo sentirán así a pesar del sube y baja de esa relación? Quizás los mejor será enseñarles que esa es la base de toda relación y que el amor traspasa las peleas, los celos o las envidias. Además, que estas disminuyen en la medida que aprendemos a ver como el otro me suma y se hace indispensable en mi día a día. Tal vez enseñarles que no existe una relación perfecta es lo mejor que podemos entregarles como aprendizaje. Todos nos queremos y amamos a pesar de nuestras diferencias, tiempos y manera de querer.

Qué difícil es lidiar a ratos con sus peleas, sus emociones y conversarlas, intentar no caer en ser el árbitro del partido sino la mediadora de las emociones. La mayoría de las veces uno detiene estas peleas con un solo grito y los obliga a pedirse perdón y abrazarse, aunque sea forzado. Pensamos que es “lo que se debe hacer” “lo necesario”. Otras veces, con el cansancio del día en nuestras espaldas, solo optamos por un simple “que se maten”. No es fácil hacer algo distinto, mirar estas peleas como algo que quizás es mucho más profundo, y que ellos en su inmensa franqueza están tratando de transmitirnos y nosotros simplemente no logramos escuchar.  Lograr conectar para ver realmente cuál es el conflicto que existe entre ellos, es un desafío y se necesita de poder estar conectados con su mundo para que exista la oportunidad de poder hablar que es lo que les está pasando.

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Hace poco una amiga me contaba como su hija mayor, luego de varias peleas con su hermano pequeño, le había confesado que desde que él empezó a jugar con su otra hermana, se había sentido excluida, que le daba pena, que no lo quería y que deseaba que otro hermano naciera para que así todo volviera a ser como antes y pudiera jugar sin interrupciones con ella. Básicamente la solución para ella era simplemente sacar a su “hermano metido y hinchón” del medio. Se requiere de una gran conexión y relación para que nuestros hijos puedan abrir sus corazones y contarnos qué es lo que pasa realmente. Por sobre todo, se necesita poder uno como padres mirarlos como portadores de sus respuestas, su realidad y de todos esos sentimientos que los acompañan día a día y que nosotros en nuestro correr diario ni siquiera llegamos a dimensionarlo.

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Los hermanos son un “mini mundo” de aquello que nos tocará enfrentar en la vida y entonces ayudar a lidiar a nuestros hijos con estos conflictos es ayudarlos para la vida. No podemos arreglar un conflicto borrando a alguien o trayendo a un externo pensando que eso lo mejorará, como la increíble solución que había encontrado esta hija mayor. La solución está en poder generar diálogos entre ellos, en los que puedan pedirle explícitamente qué necesitan del otro y uno como mamá estar ahí atenta para velar porque esto vaya ocurriendo. En esta ocasión mi amiga los reunió a los tres, con el permiso de su hija mayor de abrir el tema. Ella pudo decirle a sus hermanos que necesitaba que no la excluyeran de los juegos, la del medio prometió a ayudar al “metido e hinchón” a dejarlo entrar y el chico prometió intentar siempre “llenar su corazoncito de amor al decirle que sí en cada juego”. Pudieron jugar esos días que vinieron los tres sin peleas, mientras mi amiga iba viendo cómo se sentía la mayor.

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Probablemente esto no es algo que podamos hacer en cada pelea, pero abramos los ojos y paremos las antenas. Si siempre son los mismos conflictos, algo están tratando de resolver nuestros hijos que no está resultando y entonces nosotros tendremos que ayudarlos a buscar nuevas soluciones o miradas.

Entonces vuelvo a maravillarme al verlos a los tres jugar juntos ¿cuánto durará? No sé ¿cuál es el mensaje que les quiero entregar como hermanos? Las relaciones son así: hay días buenos, malos, más o menos o muy buenos y en la base de esa unión siempre hay un amor incondicional de saber que el otro me quiere y estará ahí SIEMPRE. Somos distintos y eso no nos separa si nos respetamos en nuestras diferencias. Y por sobre todo quiero que sepan y entiendan que el amor no es exclusivo, “si tengo a un hermano sólo lo quiero a él y a los otros los dejo de lado” o  “mi mejor amiga es la única y exclusiva para mi”. Las relaciones son mucho más verdaderas y profundas en la medida que compartimos a esas personas que para nosotros son maravillosas. El amor alcanza para todos y permite que ese otro al que amo, pueda ser  feliz y nutrirse también de otras relaciones importantes. Cuidemos este “mini mundo” donde aprenden a relacionarse practicando una y mil veces en este núcleo central e incondicional, para poder luego volar al mundo real y generar lazos profundos, respetuosos y llenos de amor.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

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La honestidad en la pareja: por una relación de pareja emocionalmente ecológica

“Érase una mujer que vivía disfrazada de mujer y un hombre que vivía disfrazado de hombre. Cuando se encontraron creyeron esa comedia y formaron pareja. El hombre falso y la mujer falsa, haciendo esfuerzos tremendos, alcanzaron una modorra que llamaron felicidad. El hombre y la mujer verdaderos nunca llegaron a conocerse.”

Con este relato de Alejandro Jodorowsky introducimos este artículo en el que nos planteamos la honestidad de nuestras relaciones de pareja. ¿Nos mostramos como realmente somos o bien nos valemos de máscaras para esconder una realidad que consideramos arriesgado mostrar? El miedo al rechazo, la falta de reconocimiento de nuestro valor, el buscar en la pareja la solución a una vida incompleta, el uso del otro para nuestros propios fines; son algunos de los contaminantes que impiden la construcción de un buen amor. Solo la honestidad hará posible un clima emocional donde nacerá una confianza, que será la base para lograr una pareja emocionalmente ecológica.

Un amor libre de contaminación

Busco a la persona que sea capaz de amar al otro sin castigarlo por ello, sin hacerlo prisionero o desangrarlo; esa persona del futuro que sepa llevar a cabo un amor independiente de ventajas o desventajas sociales, para que el amor sea siempre un fin en sí mismo y no siempre el amor con vistas a un fin.”

Carl Jung expresaba su deseo de hallar una persona honesta capaz de dar un amor en estado puro no contaminado por otras finalidades, en una de las cartas que forma parte de su correspondencia con Sigmund Freud. Después de casi un siglo, ¿en qué punto estamos? ¿Nos hemos acercado o alejado del ideal de Jung? ¿Somos honestos con nuestra pareja?

Lo que se puede prometer y lo que no

En uno de sus viajes por los pequeños planetas, el Principito se encontró con un geógrafo que anotaba en un gran libro de registro montañas, ríos y estrellas.

El Principito quiso registrar su flor, pero el geógrafo le dijo:

—No registramos flores, porque no se puede tomar a las cosas efímeras como referencia.

— ¿Qué significa efímero? —preguntó el Principito.

—Efímero significa amenazado de desaparición rápida.

Cuando el Principito oyó esto, se entristeció mucho. Se había dado cuenta de que su rosa era efímera.”

Antoine de Saint Exupery

El amor perdura mientras no «demos nada por supuesto», no nos dejemos llevar por la rutina y lo cuidemos como la planta delicada que es. Prometemos amarnos toda la vida, pero es poco realista prometer sentimientos ya que estos no dependen de nuestra voluntad. Sí que podemos, en cambio, prometer conductas: Te prometo que alimentaré cada día este amor que hoy siento por ti. Te prometo que si un día no siento amor por ti, te seguiré respetando como persona y procuraré tu bienestar. O en otra línea: Seguiré conviviendo contigo aunque mi corazón y mi deseo estén en otra parte. Te prometo compartir mi salario, mi cuenta corriente y mis posesiones, pasar mis vacaciones contigo, dormir en tu mismo lecho…. Y si bien también es posible faltar a dichas promesas, puede ser más honesto hacerlas que la actual fórmula matrimonial: “Te amaré hasta que la muerte nos separe.

«Lo que Dios ha unido que no lo desate el hombre», la fórmula con la que se cierra el ritual religioso del contrato matrimonial pierde sentido. Hombres y mujeres pueden decidir libremente separar sus caminos cuando estos divergen, se llega a un conflicto irreconciliable o cuando el hecho de continuar juntos sea un atentado para la propia integridad o dignidad. Salvar la relación como sea deja de ser el objetivo porque la relación de pareja no debería ser una finalidad por sí misma sino una elección de crecimiento personal y conjunto. Cuando se convierte en una fuente de sufrimiento y desequilibrio, será preciso «desatarla». Dos personas con el alma rota nunca formarán una pareja amorosa, por más casados que estén. Salvar una pareja a costa de uno mismo es una elección destructiva. El éxito de la fórmula «pareja» no depende del contrato matrimonial sino de la capacidad de mejora personal, generosidad y conductas amorosas de las personas que la forman.

El matrimonio es un contrato que firmamos, el amor es un sentimiento que sentimos y que no cabe en ningún tipo de contrato ni seguro. En la actualidad vivir en pareja ya no supone la obligación de llegar al límite a la hora de resolver los problemas de convivencia, ni tampoco tener que «aguantar» determinadas actitudes deshonestas, egoístas, faltas de respeto o violentas. Sin  amor ni crecimiento personal ¿Qué justifica vivir en pareja?

Cuestión de confianza

La confianza es un sentimiento imposible de imponer. Exigir: Tienes que confiar en mí, es algo absurdo por imposible. ¿Qué idea tenemos sobre la confianza? ¿Qué acciones nos generan confianza y cuáles desconfianza? La confianza es una construcción difícil de levantar y muy fácil de hundir pero, al mismo tiempo, es la llave que permite acceder al otro. No nace por lo que decimos sino por lo que se desprende de la acción coherente. Una persona que mantiene equilibrado su eje mente-emoción-acción genera confianza.

— ¿Confías en tu pareja? —se preguntó en un curso a varios participantes.

—Totalmente —dijeron la mayoría.

— ¿Tenéis alguna posesión en común?

—Una casa, un apartamento, una cuenta bancaria… —fueron algunas respuestas.

—Entonces, si confiáis plenamente en ellos, mañana vais al notario y ponéis todas vuestras posesiones comunes a su nombre.

— ¡Ni hablar! —fue la reacción general.

Lo curioso es que confían a su pareja todo su capital emocional y comparten con ella la responsabilidad de la educación y cuidado de sus hijos, pero no la consideran lo suficientemente íntegra y honesta como para que sea justa a la hora de repartir los bienes comunes en caso de separación. La desconfianza surge del desconocimiento de uno mismo y del otro. Esta ignorancia genera inseguridad en el propio criterio en la elección de la pareja con la que se comparte la vida.

Sobre la fidelidad, la lealtad y la honestidad

Mi táctica es ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos simulacros

para que entre los dos

no haya telón ni abismos. Mario Benedetti”

Fiel: persona que es capaz de respetar un compromiso realizado en libertad. El compromiso es una obligación contraída por una promesa o por la palabra dada. La fidelidad no es un sentimiento, sino la actitud y la conducta que tomamos ante una realidad, a partir de un compromiso previo.

Fidelidad no significa amor aunque lo acompaña. Significa coherencia con uno mismo, honestidad hacia el otro, respeto y lealtad. Solo si somos capaces de ser fieles a nosotros mismos podremos serlo con nuestra pareja.

En la órbita de la fidelidad se mueven la confianza, la lealtad, la honestidad, la honradez, la coherencia y la sinceridad. Ser leal significa guardar la fidelidad debida, ser incapaz de traición. Ser honesto y honrado significa evitar acciones desleales y engaños. Ser sincero significa evitar la simulación y mostrar nuestro pensar y sentir centrándonos en la coherencia con nuestra realidad.

¿A qué y a quién somos fieles? ¿Se debe guardar fidelidad a cualquier precio? ¿Es posible ser fiel a otra persona si, para serlo, dejamos de ser fieles a nosotros mismos y a lo que sentimos?

Fidelidad, ¿a qué y a quién?

En una comunidad espiritual, el maestro hizo llamar a uno de sus discípulos y le anunció:

—Con todo el cariño debo decirte que he decidido pedirte que te vayas de aquí.

—Pero ¿por qué? —preguntó el joven extrañado.

—Por fidelidad.

— ¿Por fidelidad?

—Sí, por haber sido extraordinariamente fiel —explicó el mentor.

Indignado y dando gritos, el discípulo protestó:

— ¡Esto es increíble! Es la primera vez en el mundo que expulsan a alguien por fidelidad.

—Por tu fidelidad —dijo el maestro— durante muchos años. Tu fidelidad al embuste, la holgazanería, la irritabilidad, la descortesía, la negligencia y la vanidad. Nadie ha sido tan fiel como tú, amigo mío.

Relacionamos ser infiel con la infidelidad sexual, con el incumplimiento de la cláusula de exclusividad y menos con el hecho de ir «a escondidas», mentir o engañar.

«Mi pareja me ha engañado» -dice alguien. Y todos interpretan que el engaño se refiere a una infidelidad sexual. En pocos casos se interpreta engaño como falta de sinceridad o de honestidad en la relación. Pero el engaño no existe si el marco de relación está bien definido y se respeta. Tampoco lo habrá si la comunicación es sincera. Si existe el compromiso de guardarse mutuamente fidelidad sexual y uno desea cambiar esta cláusula relacional, así debe expresarlo al otro, con sinceridad y claridad. Así actúa de forma honesta y permite que su pareja pueda elegir libremente aceptarlo o no. Siempre habrá algún precio a pagar pero, en todo caso, no habrá engaño.

El problema surge cuando, a fin de evitar pérdidas que no se quieren asumir, se engaña al otro en un intento de poseer «lo mejor de ambos mundos». Ahí empieza la deshonestidad, el sufrimiento y la infidelidad. No es lo mismo ser fiel a alguien porque se elige serlo, que serle fiel por miedo a ser castigado o a pagar el precio de ser descubierto. En el primer caso la conducta es coherente y supone fidelidad a uno mismo; en el segundo caso, se es infiel a uno mismo y deshonesto con la pareja.

 Nadie es dueño de nadie

El quid de la cuestión no era que Alice no confiase en Eric, sino que no se consideraba a sí misma una persona capaz de inspirar la lealtad del afecto de otra persona por lo menos durante un período dilatado de tiempo.” Alain de Botton.

Nadie es dueño de nadie. La pretensión de diluirse o mezclarse con el otro está encaminada al fracaso o a la autodestrucción. Ante todo, uno debe ser fiel a sí mismo. ¿Podemos ser fieles si renunciamos a ser quienes somos por comodidad o para evitarnos problemas o dolor? Ser fieles significa actuar de acuerdo a nuestro más profundo sentir y a nuestra ética personal. Y para ser fieles debemos ser valientes y vivir de forma coherente. Alice no puede confiar en su pareja porque es incapaz de confiar en sí misma, su autoestima es baja e ignora su valor como ser humano. Esta relación fracasará si Alice no crece y madura.

De la teoría a la práctica

La exigencia de renunciar a los engaños sobre la propia situación es la exigencia de renunciar a una situación que necesita del engaño.” –  Karl Marx

Curiosamente muchas personas sexualmente infieles no son capaces de aceptar la misma conducta en su pareja. Si bien se sienten libres de mentirle, no aceptan, en ningún caso, ser ellas las excluidas o engañadas.

La experiencia nos dice que puede provocar mayor dolor el engaño emocional continuado que una infidelidad sexual puntual. Esta se puede entender y aceptar mejor que el hecho de que, durante muchos años la pareja haya mantenido una vida emocional paralela y escondida, mostrándose como realmente no era, por miedo a perder su status quo.

Lo que más se recrimina a sí mismo quien ha padecido una infidelidad, es su propia incapacidad para darse cuenta del engaño. Entonces, cuando toma conciencia de ello, puede dirigir la agresividad que siente hacia sí mismo. Al dolor de la infidelidad de la pareja se añade el sufrimiento provocado por su ignorancia, candidez y descuido. Puede sentir que se ha fallado al no haber sido capaz de protegerse y culparse por no haber sabido conservar su relación. Hay quien se odia a sí mismo por haberlo  “hecho tan mal”.

Cuando el espejo se rompe

Cuando el espejo se rompe no sirve de nada pegar los pedacitos. Un espejo así va a dar una imagen totalmente distorsionada del que se ponga delante. Si comparamos la relación de pareja basada en el amor y la confianza, a un espejo, la infidelidad —en todas sus gamas: engaño, traición, deshonestidad, deslealtad— es la ruptura del mismo. Reunir los pedazos de una relación que ha quedado hecha añicos y pegarlos no dará un buen resultado. El espejo queda con tara, nunca más será el mismo.

Ante una infidelidad es preciso tomarnos tiempo para poner orden al caos emocional que se produce y valorar qué sentimos, qué pensamos y qué deseamos realmente en nuestra vida y plantearnos nuestra libertad a la luz del conocimiento interior. Libertad es la diferencia entre dos monosílabos: Sí y NO, dijo Octavio Paz. Si decimos SÍ a nuestra relación de pareja, después de una infidelidad, debemos ser conscientes que el trabajo que nos espera será arduo. Ya no se tratará de pegar los trocitos que queden de la relación, sino de refundir los pedazos rotos con mucho amor. El buen amor tiene la capacidad de volver a alisar la superficie del espejo. Gracias a su poder la imagen que nos devolverá podrá volver a ser nítida y perfecta. Pero esto no es gratis.

Opciones emocionalmente ecológicas 

Nuestro problema más complicado es vivir y nuestra creación más eficaz, inteligente y ecológica es hallar como vivir de forma más sabia y armónica. Actuar de forma honesta y emocionalmente ecológica previene la confusión y el caos amoroso. Algunos  aspectos que proponemos tener en cuenta nuestra cartografía emocional de la vida en pareja:

—Para confiar en otro ser humano primero debemos ser capaces de confiar en nosotros mismos.

—La confianza se asienta en el conocimiento propio y en el de la persona que nos acompaña.

—La fidelidad no es, por sí misma, un valor a defender. Se puede ser fiel a muchas cosas: al embuste, a la irritabilidad, a la descortesía, a la negligencia… cuando nos pidan fidelidad debemos concretar fidelidad a qué y a quién.

—El compromiso y la lealtad es esencial para construir una relación de pareja.

—Hay muchos tipos de engaño, no solo el sexual. El peor de todos es el engaño y la infidelidad hacia uno mismo, fruto de nuestra incoherencia y de nuestra incompetencia para cuidarnos.

—Nadie nos pertenece. Relacionarnos en libertad es la única posibilidad para crecer juntos.

—No hay fórmulas de relación únicas. Cada pareja puede pactar y crear los marcos en los que ambos van a crecer. El diálogo y la negociación constantes mantendrán activa y viva la relación.

—Tenemos el derecho a elegir continuar o cerrar una relación. Elegir lo que nos abre en lugar de lo que nos cierra o nos entierra, elegir caminos abiertos en lugar de lo que nos pone contra la pared es nuestra responsabilidad indelegable. Sabremos que nuestra elección es emocionalmente ecológica cuando la alegría esté presente en nuestra relación.

La pareja no se justifica si no es un espacio donde podemos ser nosotros mismos sin ser penalizados, Porqué al final del camino, de nuestro corazón saldrán todos los nombres que justificarán nuestro paso por el mundo: los de todas las personas que hemos amado de forma honesta, libre y responsablemente. Y esta será nuestra obra.

 Por Maria Mercè Conangla

www.ecologiaemocional.org

www.fundacioambit.org

@EcoEmocional

Extraido de: Editorial Phronesis

www.elartedesabervivir.com

www.facebook.com/elartedesabervivir.ph

Bibliografia:

Juntos pero no atados. Jaume Soler i Maria Mercè Conangla. RBA bolsillo

La ecologia emocional. Jaume Soler i Maria Mercè Conangla. RBA bolsillo

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Hacerte las uñas no sirve. El verdadero ingrediente del autocuidado

¿Se han dado cuenta que cuando uno le cuenta a otros que está estresada el único consejo que te dan es que te regales tiempo para hacer algo que te guste o relaje (y la mayoría de las veces te dan como ejemplo ir a la peluquería o tomarse un café con una amiga)?

Si bien salir de la rutina y hacer algo que nos gusta hace bien, es solo una solución parche. Porque nos genera calma en el momento, pero al llegar a casa nos esperan las mismas cosas que nos tenían estresadas al salir. Y las pilas que cargaste, tarde o temprano se vuelven a desgastar.

Si lo vemos desde este prisma, la solución no está en hacer una actividad pasajera, sino en nuestro interior. Un cambio en nuestro estilo de vida. Especialmente en la forma en que enfrentamos los estresores y desafíos del día a día.

A mi parecer, la clave está en el autocuidado y amor propio. Si nos queremos, sabremos buscar la forma de satisfacer nuestras necesidades. Sabremos cuándo postergarnos y cuando ponernos como prioridad. Sabremos ponernos límites. Y lo más importante, sabremos ser compasivas con nosotras mismas. Nuestra voz interna nos acompaña en todo momento y depende de nosotras que nos hable y contenga como lo haría nuestra mejor amiga, o que nos devalué y agobie como lo haría nuestra peor enemiga.

A continuación te voy a dar cinco consejos para que practiques el autocuidado y la autocompasión:

  1. Sé descriptiva y usa adjetivos neutros cuando te hables a ti misma de ti misma: No es lo mismo decir «soy agresiva», que «siento la rabia muy intensa y a veces me cuesta mantener el control». El primero ataca y merma nuestra autoestima, mientras que el segundo nos invita y motiva al cambio y al crecimiento.

Cuando te equivocas, no es lo mismo decirte «eres la peor madre del mundo», que «te equivocaste, no estuvo bien cómo actuaste, tranquilízate y pide perdón».

Juzgarse y autodevaluarse no sirve de nada. Mírate con cariño y compasión, trata de entender de dónde vienen tus dificultades y qué podrías hacer para manejarlas mejor.

  1. Aprende a manejar la culpa: Todas las emociones son postitivas en tanto tienen un propósito adaptativo: comunicarte lo que te pasa y qué necesitas. La culpa tiene la importante misión de mostrarte que te equivocaste, ayudarte a aprender del error y motivarte a reparar cuando es necesario.

 

Al igual que todas las otras emociones, una vez que cumple con la misión para la cual fue creada, debes dejarla ir. Quedarte pegada criticándote a ti misma no sirve de nada. Cuando haces eso la culpa se vuelve patológica. No hay aprendizaje ni reparación.

 

  1. Esfuérzate por estar consciente de tus sensaciones, emociones y necesidades: El cuerpo es el primero en darse cuenta que algo nos pasa. Por lo mismo, es muy importante prestarle atención cuando nos habla y tratar de decifrar qué es lo que nos quiere decir. Te doy un ejemplo. Yo me doy cuenta que me estoy empezando a estresar cuando empiezo a respirar profundo, o que me siento pasada a llevar cuando se me aprieta el estómago. Al darme cuenta de esto, me pregunto qué me pasa y qué necesito.

 

  1. Dale importancia a tus necesidades: Además de estar atenta a tus sensaciones, emociones y necesidades, es importante que te preocupes de <<atenderte>> de manera oportuna. Es como cuando vas manejando y se prende el aviso de que queda poca bencina. Si no le haces caso, tarde o temprano te quedas en pana.

 

  1. Pregúntate qué hay detrás de tus autoexigencias: No sirve bajar nuestros niveles de exigencia si no trabajamos la fuente que los sube. Si eres muy crítica contigo misma, quizás sería bueno que te preguntes porqué eres así. ¿Será que sustentas tu valor como madre en el éxito y por tanto al equivocarte te sientes la peor madre del mundo? ¿Será que detrás de esta autoexigencia hay pensamientos irracionales como «tengo que ser perfecta» o «si me equivoco voy a dañar a mi hijo»? ¿Será que eres dura contigo misma porque te falta trabajar el amor propio? (Cardemil, 2019).

 

Para terminar, recuerda que el autocuidado y el amor propio es algo que se trabaja todos los días. Y de ahora en adelante, cuando te sientas agobiada, la solución no está en ir a hacerte las uñas, sino en ser tu mejor amiga.

 

Andrea Cardemil Ricke

Psicóloga Infanto Juvenil

Autora de <<Apego Seguro: cómo relacionarte con tu hijo a partir de los dos años >> y <<Separarse con niños pequeños: cómo seguir nutriendo tras la ruptura>>

Instagram: @andreacardemil

 

 

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Ser fiel es una opción, no una obligación

Hace pocos días hice una encuesta en mi cuenta de Instagram @hoy.me.toca respecto de la infidelidad, quería saber el porcentaje de personas que había perdonado una infidelidad y que me contaran un poco más de su historia.

De 1.166 personas que vieron la pregunta, sólo 437 la respondieron, es decir un 37,5% (me pregunto qué le habrá pasado al resto que no quiso responder). El 59% de las personas no había perdonado la infidelidad y el otro 41% sí.

A pesar de que las historias eran bien variadas, el factor común para quienes perdonaron la infidelidad (y contaban que se había arrepentido de hacerlo, con excepción de un par), fue que la conducta se repitió en el tiempo no una, sino varias veces hasta que finalmente la relación terminó de pésima manera. Y para quienes no perdonaron, el factor común de todas las historias fue que en las futuras relaciones de su ex se enteraron que también lo hacía, por lo que jamás se arrepintieron de la decisión que tomaron, inclusive en los casos que había mucho amor de por medio.

En mi opinión, y como siempre lo digo, creo que no hay reglas establecidas ni un manual de cómo actuar frente a una situación así. He acompañado procesos de mucho dolor, desilusión, desamor, rabia y frustración seguidos de un perdón genuino y real, de un perdón que nace del amor y que se construye todos los días. No es fácil, creo que es el camino más difícil y desafiante que una pareja puede optar y creo que sólo es posible si va acompañado de una terapia.

No lo digo por ser terapeuta, lo digo porque a veces las voces de las personas en general toman fuerza y te ves inmerso en una situación que está controlada por tu cabeza y por la gente que te rodea y no logras escuchar tu corazón y conectarte con lo que realmente sientes. Es casi instintivo decir que no perdones, que nadie te puede hacer algo así, por lo general es una forma de cuidarte y protegerte.

Perdonar una infidelidad no es olvidar que paso, no es hacer cómo si nada ha pasado y seguir adelante, no es fingir un bienestar para el mundo mientras estás muriendo por dentro. Perdonar una infidelidad requiere de mucho coraje, fuerza y valentía. Es una apuesta, es confiar en algo que está quebrado en mil pedazos, es volver a confiar en quien te traicionó, es apostar por quien no apostó por ti. Perdonar una infidelidad es un acto de amor profundo que creo que pocas personas pueden lograr.

Yo siempre digo que hay tipos y tipos de infidelidad, otros podrán decir que no importa lo que haya sido, es traición igual. Estoy de acuerdo, pero creo que somos humanos y todos podemos cometer errores en la vida, unos en lo económico, otros en el amor, otros se caen a la drogas, otros al alcohol y así. No quiero justificar, sólo quiero que ampliemos la mirada.

Está lo que pasa solo una noche (o un día), en una oportunidad y que no vuelve a haber contacto ni se vuelve a repetir la situación, puede ser sólo un beso o sexo, da igual. En el mejor de los casos quien fue infiel se le da vuelta el mundo y logra pedir ayuda para entender qué fue lo que le pasó y cómo llegó hacer lo que hizo. Se da cuenta de que al parecer la relación perfecta que él o ella creía que tenía no era tan así y decide iniciar un proceso de cambios tanto individuales como de pareja. No siempre se confiesa la infidelidad y esto hace que el proceso sea difícil porque finalmente quien fue infiel es quién lleva la parte más pesada, él debe cargar solo con lo que pasó. A veces confesarlo es simplemente para poder sacarse esta carga y sentirse más aliviado, sin considerar el daño que puedo causar con la confesión. En otra encuesta que hice hace un par de meses, muchas personas respondieron que si fue algo de una noche y nunca más va a ocurrir, mejor no enterarse.

Luego está la infidelidad que ocurrió una vez pero sigue habiendo contacto y muchas ganas de volver a repetirlo, pero un sentimiento de culpa tremendo que no permite una nueva reunión pero sí hay una intención. En la mayoría de los casos la pareja intuye algo, revisa celulares, correos, redes sociales o sencillamente enfrente a la persona hasta que hay una confesión, seguida por un quiebre. Algunos perdonan y ahí viene el trabajo como pareja. Otros tantos (leía en las historias que me mandaban por DM) prefieren pagar con la misma moneda para sentir que están iguales y poder volver a construir la relación, con muy poco éxito.

Y el tercer caso y el más grave a mi juicio es mantener encuentros esporádicos o de frentón una relación paralela. Desde mi visión creo que es muy patológico ya que es vivir en un mundo de mentiras, de traiciones, de planificar todo, coordinar encuentros, no estar ni aquí ni allá, vivir sin conexión emocional, perseguidos todo el tiempo sin lograr disfrutar de la vida, y si lo logran creo que la patología es aún más grave.

Por lo general, para que ocurra una infidelidad es porque hay algo que no está funcionando en la relación y que ninguno de los dos lo había visto o si alguien tenía alguna idea, no había sido capaz de hablarlo, por el motivo que sea. Y por eso es que insisto tanto en que apenas tengan ideas o fantasías rondando en la cabeza pueda hablarlo, tal vez no con la pareja pero con alguien (amigo, primo, hermano, psicólogo, etc). Porque si se lo guardan, les puedo garantizar que eso terminará creciendo y creciendo hasta que llegue a ser insostenible.

Ser fiel es una opción y para mantener esa opción viva hay que trabajar en la relación todo el tiempo, hay que hablar, hay que compartir momentos, hay que buscar apoyo cuando lo necesites, hay que procesar y elaborar situaciones de la vida que han sido complicadas y que fácilmente invitan a escapar para no contactarse con las heridas del pasado. Ser fiel contigo, con tus valores, con tus ideales, con tu familia, con lo que alguna vez prometiste frente a la gente que querías y por sobre todo con el hombre o la mujer que elegiste para que te acompañe el resto de la vida.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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El arte del buen amor en las familias. Las Constelaciones Familiares.

En tiempos en los que las coordenadas sociales y religiosas no definen claramente como debemos vivir, nos sentimos más libres, y por tanto podemos escribir el guión de nuestros pasos con la pluma soberana, pero también inestable, de nuestra propia mano. Gozamos de muchas opciones pero esto también nos causa mayor inseguridad. Ante este panorama, somos muchos los que buscamos alforjas, mentores, apoyos, vislumbres y, en fin, sabiduría para encarar las angustias e incertidumbres del vivir y, con suerte, acertar en el blanco de nuestra realización personal y de una vida que nos sea digna de ser vivida. Puesto que no elegimos las cartas que nos tocan, sí podremos al menos jugarlas a nuestra creativa manera.

Es en este contexto donde encuentran espacio y sentido las terapias y enfoques profesionales de ayuda, métodos de asesoramiento filosófico o existencial capaces de reconectarnos con un centro interior, a menudo olvidado por la espesura de nuestra cotidianidad. Es decir, técnicas que satisfacen la necesidad de sentirnos centrados, congruentes, reales, dignos, respetuosos con nosotros y con los demás y con la vida, orientados y con sentido, en lugar de perdidos en la velocidad y lo volátil de la modernidad, con su sequedad afectiva. Son técnicas también eficaces a la hora de desmadejar las enredadas tramas de nuestros afectos —el nudo gordiano de nuestras vidas— para que nos volvamos más alegres, más amorosos, más humanos y más íntegros, lo que no significa volvernos más débiles. Nietzsche, que fue un gran defensor de lo dionisiaco, habló de liberarnos del estadio del camello, con su joroba llena de obligaciones impuestas por valores ajenos, ya sean sociales o familiares, para pasar al estadio del león, en el cual podemos comenzar a hablar con nuestra verdadera voz y afirmar nuestra genuina voluntad, para desembocar luego en el bienaventurado estadio de niños, en el que recuperamos por fin la inocencia y la dulzura del corazón, y nos reencontramos con el placer de cooperar —nuestro verdadero paraíso perdido—.

Entre estas técnicas, Las Constelaciones Familiares han destacado e impactado fuertemente en la cultura y la praxis de la ayuda terapéutica, en esta última década, por su misterio, intensidad y eficacia. Como abordaje se enmarca en principios sistémicos, transgeneracionales y existenciales.

Joan Garriga
www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

Extraido de www.joangarriga.com

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Los lenguajes del amor, ¿cuál es el de tu hij@?

  • “Maria está rara, la siento enojada y distante. Ella dice que no la queremos. No entiendo que le pasa porque le he comprado la muñeca que tanto quería y le digo que la amo todo el tiempo”.

Eso me dijo una mami que solicito una consulta conmigo hace unos meses. Luego de hablar con ella e indagar sobre posibles cambios de importancia en la dinámica familiar o si había sucedido algún acontecimiento que pudiera haber herido a Maria me di cuenta que el problema era que la mamá  había tomado un trabajo extra ese mes y por lo tanto en lugar de pasar las mañanas con Maria la llevaba a la casa de su abuela para que esta la cuidara. Lo que a la nena le pasaba era que extrañaba tiempo de calidad con su madre, esos momentos de juego y conexión que no necesariamente debían ser salidas costosas ni planes muy elaborados. Le expliqué a esta mami que según todo lo que me habia contado el lenguaje de amor principal de Maria era el tiempo de calidad, entonces aunque la llenara de juguetes y de “te quiero” Maria no se sentía amada.

Qué es esto de los lenguajes del amor?

El Dr. Gary Chapman ha escrito una serie de libros sobre los lenguajes del amor enfocados en primera instancia a mejorar y fortalecer las relaciones de pareja y hace muy poco publicó una versión adaptada para los niños. Los enlaces de los libros los encontraras al final del articulo.

Según Chapman, existirían 5 lenguajes del amor. Reconocer y tomar conciencia de cual es el predominante en nuestros hijos será de gran utilidad para mejorar y afianzar las relaciones con ellos, ya que según este autor cada persona tiende a expresar su amor y prefiere recibirlo de maneras concretas y diferentes.

Los cinco lenguajes de amor que existen según Chapman son:

1. Palabras

Cuando del amor se trata las palabras si que tienen gran poder para hacernos sentir amados. Aunque quizás seas de los que piensan que a las palabras se las lleva el viento y que las acciones son mas importante tienes que saber que para muchas personas recibir estas afirmaciones positivas es elemental para sentirse amados. Estas palabras o frases verbalizadas (“te quiero”, “eres importante para mi”, “tu opinión es valiosa”, “me encanta estar contigo”, “siempre te voy a amar”) nutren el sentido interno de valía y seguridad del niño y aunque sean fugaces, no se olvidan pronto y algunas nunca se olvidaran que los beneficios de las afirmaciones positivas en los niños pueden durar toda una vida.  El autor recomienda usar frases directas y simples pero que sean creíbles para la persona que lo recibe y para ello es indispensable sentirlo de verdad

2. Tiempo de Calidad

Vivimos a las apuradas, con mil pendientes y a veces llegamos tan agotados a casa que nos quedamos como zombies frente al móvil  y mientras los niños comparten sus ideas o inquietudes los miramos de reojo y contestamos con monosílabos. Esto muchas veces genera desconexiones y, como en el caso de Maria, sentirse poco querido. Es importante saber que si el lenguaje predominante de tu hijo o hija es este, el compartir tiempo de calidad no tiene que ver con grandes salidas o planes muy lujoso sino con el disfrute y la plena consciencia de compartir un espacio y un acontecimiento con nuestro retorno sin prisas ni apuros y escuchando con verdadera atención, sin distracciones. El tiempo de calidad es uno de los regalos mas valiosos que un padre puede darle a sus hijos.

3. Regalos

Hay regalos que expresan mucho amor, dedicación y cariño por ser creados a mano o comprado con esfuerzo, pero lamentablemente este simbolismo de expresar amor mediante un regalo se ha perdido en nuestra sociedad consumista. Por eso no debemos confundirnos aquí: un niño cuyo lenguaje de amor predominante es este no se sentirá amado si le compramos juguetes y regalos todo el tiempo porque estos regalos tienen que ver con la forma en la que ellos se sienten cuando uno les hace un obsequio y no con el regalo en si, por ejemplo: regalarles un collar que usamos mucho y a ellos también o regalarles una espada de pirata hecha a mano. Para muchos padres los dibujos de los hijos o las fotos son los regalos mas preciados, memorables y hermosos que podamos recibir y de eso se trata este lenguaje de amor.

4. Actos de servicio

El masajito que nos piden cuando están cansados, o acercarles el vasito de agua por la noche o que los ayudemos a arreglar algún playmobil son los actos de servicio que tendrán gran valor si tu hijo o hija presenta este lenguaje del amor como el mas sobresaliente. Ellos no están buscando que seamos sus sirvientas o hagamos sus tareas sino que es la forma en la que ellos piden reafirmar el amor. Si el lenguaje de amor principal de tu hij@ son actos de servicio, no quiere decir vivir esclava de sus peticiones sino el estar extremadamente atenta y sensible a esas solicitudes y para darnos cuenta cuando detrás de estas hay un pedido de cariño.

5. Contacto físico

La manera por excelencia de comunicar amor es por medio de abrazos, besos y caricias. Sobre todo en bebés y niños pequeños que se muestran especialmente abiertos a darlos y recibirlos. Si tu hijo presenta este lenguaje de amor como el más predominante, el contacto físico comunicará de manera  más profundamente el amor que sientes por ellos que las palabras, los regalos o el tiempo de calidad y aunque el amor se recibe de diferentes formas el medio que mas les llega son los abrazos, besos, mimos y otras formas de contacto más lúdicas que si faltan provocarán una bajada en el nivel de combustible de amor de estos pequeños.

Sin embargo hay muchos detalles que tenemos que tener en cuenta para poner en practica lo que Chapman nos enseña y que tienen que ver, por ejemplo, con la edad del niño y con aspectos como el tipo de palabras, regalos y actividades que deberíamos escoger. Por eso recomiendo ampliamente su libro del que les dejo un enlace a continuación. Honestamente para esta pieza literaria la relación precio/calidad es espectacular (esta en promoción a 3,60) y como saben nunca recomendaría algo que no he leído o que no considero que se enmarque dentro de la crianza respetuosa y consciente. A disfrutar esta lectura!

Accede al libro en Amazon haciendo click en la siguiente imagen:

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Si quieres afianzar los lazos con tu pareja en estos momentos en los que la maternidad y la paternidad pueden distanciarnos un poco te recomiendo su otro libro (haz click en la imagen a continuación):

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Ana Acosta Rodriguez, Mama Minimalista

Facebook: @mamaminimalista

Fuente: mamaminimalista.net

Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

www.nutrimama.com

mamaminimalista.net/

Instagram: Nutri_mama

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Diez datos científicos que comprueban el amor

Desde tiempos inmemoriales algunas manifestaciones sobre el amor han terminado por ser una alusión poética a lo que se entiende por enamorarse, sin embargo, la ciencia lo explica con base en estudios. Las famosas mariposas en el estómago, el corazón acelerado, el rubor en la cara, las manos temblorosas y la sensación de felicidad que nos embarga ante la presencia o el solo recuerdo del ser amado, se corresponden con datos científicos sobre el amor.

Sí, según datos de la ciencia, el amor se manifiesta en hormonas, sustancias bioquímicas y expresiones físicas que ocurren cuando nos sentimos enamorados, no obstante, hay quienes piensan que el amor no es más que un impulso básico y determinativo en la vida de las personas.

¿Qué dice la ciencia al respecto? Hay datos que demuestran científicamente su existencia y sus variaciones.

Hay diferentes posturas científicas, aunque todas coinciden en que el amor encierra una serie de manifestaciones, medibles y objetivas.

1. El vínculo del amor surge a partir de la secreción de ciertas sustancias.

Helen Fisher, antropóloga e investigadora del tema, afirma que hablar del amor no es más que referirse a un impulso básico. Es posible identificar en el cerebro de la persona enamorada gran cantidad de feniletilamina, sustancia responsable de los cambios fisiológicos como taquicardia, sudoración y mejillas sonrosadas.

2. El amor es una especie de droga, capaz de generar adicción a quien la experimenta.

Al enamorarse y segregar dopamina se produce excitación, placer y sensación de plenitud. Enamorarse activa las mismas áreas que cuando la persona ingiere alcohol o fuma tabaco.

3. El amor a primera vista existe.

La atracción física es la liberación de dopamina que en el caso de los hombres activa las áreas visuales y en el caso de las mujeres las auditivas, de modo que ellas se enamoran según lo que escuchen y ellos según lo que vean.

4. El ser amado es objeto de obsesión.

El efecto de los neurotransmisores como la dopamina y la norepinefrina que se activan con el enamoramiento nos lleva a focalizar nuestra atención en el ser amado. Se activan áreas de la memoria que nos permiten recordar hasta detalles ínfimos, el amor se intensifica y nos volvemos obsesivos con esa persona, objeto de nuestro amor.

5. El amor es ciego.

Las regiones del cerebro del lóbulo frontal, implicadas en el razonamiento y la lógica se desactivan en la fase de la pasión inicial, por ello se habla de la ceguera de quien está enamorado.

6. Los amores contrariados se vuelven los más arraigados.

La dosis de dopamina, la hormona del amor, aumenta con la adversidad, lo que se conoce como el efecto Romeo y Julieta, por eso cuando hay obstáculos el amor se robustece. Los amantes sienten más intensamente la atracción, debido a que la dopamina es también la hormona de los logros y al no alcanzarse el objeto amado se segrega con más intensidad, por ello muchas veces las pasiones se desbordan.

7. La llama del amor se desvanece.

Con el transcurrir del tiempo, la secreción de dopamina empieza a disminuir, esa embriaguez que produce la química del amor deja el paso a lazos de afecto, que se originan en calma y sosiego. Es el amor maduro el que surge, por ello si sentimos que se acabó la magia, es el amor que está evolucionando.

8. El dolor de la ruptura.

Al separarse o experimentar la ruptura, esos primeros días lo sentimos como un dolor físico, nos falta el aire y tenemos una gran ansiedad. Es la caída de la feniletilamina, y esto es literalmente un síndrome de abstinencia. ¿La recomendación? Manejarse como con las adicciones, cero contactos, suprimir cualquier estímulo que le recuerde al ex y comer chocolate. Sí, leíste bien, este alimento es rico en feniletilamina, por eso te sentirás mejor.

9. Del amor al odio solo hay un paso.

Según estudios, el amor y el odio, cuando se trata de parejas, están íntimamente ligados porque producen las mismas sustancias, de ahí que solo baste un detonante para pasar de un sentimiento al otro con relativa facilidad.

10 La experiencia sexual en la mujer aumenta las posibilidades de enamorarse.

Durante el sexo se activan las áreas de liberación de dopamina, lo que resulta considerablemente más extensa en la mujer, 70 por ciento más grande que en el hombre, esto explicaría que la mujer se involucre afectivamente con mayor frecuencia después de un encuentro sexual.

¿Y tú, qué piensas de esos datos?

Extraido de: Editorial Phronesis

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