Medicina lingüística: las palabras sanan

En un mundo que aconseja reiteradamente el cuidado de la imagen, yo abogo por el cuidado de las palabras en sus tres grandes disposiciones: las palabras que decimos, nos decimos y nos dicen. Deberíamos acentuar un escrúpulo más acendrado a la hora de decantarnos en la elección de palabras, puesto que literalmente nos va la vida en ello. Somos seres narrativos, nuestra biografía son eventos esparcidos por los días que hilvanamos a través de un relato que nos vamos contando a nosotros mismos para introducir sentido y memoria en esa amalgama de sucesos. A Ulrich Beck le leí que no siempre coincide la historia de nuestra vida, entendida como cadena de acontecimientos reales, con nuestra biografía, que es la forma narrativa con la que escribimos esos acontecimientos en nuestro entramado afectivo.  Me alío junto a Emilio Lledó cuando en Elogio de la infelicidad postula que «en el habla se coagula nuestra intimidad, la mismidad que buscamos». La trama literaria en la que nuestra historia muda a biografía y nos va configurando como una entidad empalabrada modula nuestro estilo cognitivo y afectivo, y ambos el repertorio de nuestras accciones y omisiones, que nos van esculpiendo una existencia con su buril invisible.  Somos una corporeidad amenizada de palabras.

En su libro, hasta hace unos meses inédito, Extravíos, el atribulado aunque cáustico Emil Cioran afirma en uno de sus brillantes aforismos que «en cada uno de nosotros yace un profeta. La obsesión del futuro, que nos lleva a intervenir en la realidad para alterarla, vierte un falso contenido en las sensaciones del presente». Opino más bien que en cada uno de nosotros habita un novelista con el cometido de anotar lo que nos acontece para que nuestro pasado, presente y futuro respiren al unísono. Nos pasamos la vida relatándonos a nosotros mismos, contándonos nuestras peripecias y otorgando un sentido al cúmulo de días en los que se aglutina la eventualidad de vivir. El doctor Oliver Sack, célebre por su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, comentaba que cada persona se narra a sí misma la historia de su vida todo el tiempo. En Experimentos con la verdad, ese cazador de coincidencias que es el gran Paul Auster repasa su trayectoria y alude a sus primeros años de escritor recordando que en aquella época «me analizaba a mí mismo como si fuera un animal de laboratorio». Rimbaud resumió este malabarismo de recursividad mental con un tan contundente como enigmático «yo es otro». Dentro de nosotros se aloja un huésped con el que nos encanta hablar. En mis ensayos aparece repetida de forma totalmente deliberada mi definición acientífica de alma que conexa con esta imagen verborreica. «El alma es esa conversación que mantenemos con nosotros mismos a todas horas contándonos lo que nos ocurre a cada segundo». Lledó de nuevo susurra con su prosa envolvente que «en las palabras sabemos decirnos aquellos momentos en los que hemos sido algo más que el aire que se llevan los días». Las palabras dan vida a la vida vivida. En las palabras resucita el ayer digno de resurrección. La invención de la forma verbal del futuro logra que las palabras den ensoñadora morfología a lo que está por venir.

El lenguaje no solo describe el mundo, también lo crea. En la dilucidación y discriminación de la palabra que vamos a emplear y en cómo vamos a pronunciarla se encapsula el ser en cuya transitoriedad habitamos. Gozamos de plena soberanía para escoger qué palabras serán las que nos expliquen quiénes somos y en qué consiste nuestra instalación en el mundo. Se minusvalora la impregnación de nuestro lenguaje en la volatilidad anímica y afectiva, pero cada palabra que sale para afuera nos revela indicios de quién habita y cómo de la piel para dentro, y cada palabra que se adentra al interior desde fuera provoca mutaciones allí donde se aposenta. Es aquí donde el verbo alberga capacidad medicinal. El término medicina lingüística se lo leí hace tiempo a Dylan Evans en su obra Emoción. La ciencia del sentimiento.  «Hablar acerca de nuestros sentimientos funciona como una válvula de seguridad que permite la salida del vapor excedente de una tubería obstruida». Las palabras confieren efectos medicinales cuando son compartidas. Como apunta el propio Evans, «desahogarse significa hablar de emociones (sic) desagradables con el fin de hacerlas desaparecer». El lenguaje es una herramienta muy poderosa para inducir sentimientos, pero también lo es para contrarrestar aquellos que nos ulceran. El autosabotaje o la estabilidad de la autoestima se labran en el armamentario verbal con el que nos indagamos, nos retratamos y nos pronosticamos. Hay palabras hirientes, lesivas, vejatorias, lancinantes, jibarizadoras, pero asimismo las hay redentoras, lenitivas, analgésicas, energizantes, reparadoras, ansiolíticas. Podemos encontrar todo un repertorio lingüístico que correlaciona con la farmacopea destinada a la sanación del alma.

Siendo niño me llamaba mucho la atención el bálsamo bíblico en el que se demandaba la llegada del lenguaje porque «una palabra tuya bastará para sanarme». Entonces no lo entendía, pero ahora sé que la palabra permite la intersubjetividad, y es esa intersubjetividad la que acaricia y ayuda a sanar la subjetividad cuando está enferma o afligida. Los sentimientos fecundados por una situación adversa, una expectativa derrumbada, un momento de flaqueza en el que nos desencuadernamos, o la irrupción de un acontecimiento aciago (un acontecimiento es un suceso que interrumpe la cadencia de lo ordinario), pueden ser transformados o revertidos gracias al poder restaurador del lenguaje. Los sentimientos se elicitan pero también se derogan con la presencia de los argumentos. Aunque en el título de este artículo afirmo que las palabras sanan, no es exactamente así. No nos curan las palabras, sino los argumentos cuya argamasa está hecha de ellas. Los argumentos poseen capacidad sanadora, como si en su interior semántico llevaran un ungüento milagroso. Oyente y hablante se ensamblan curativamente a través de una siderurgia discursiva.  El ser que estamos siendo conecta con el otro, que es un ser que también está siendo, merced a la palabra, que es la síntesis en donde palpita la vida compartida. Sanan las palabras eslabonadas en el zigzagueo de los argumentos con los que acompañamos a nuestro interlocutor, o él nos acompaña a nosotros. A pesar de que llevo muchos años estudiando su mecanismo, me sigue maravillando la evidencia empírica de cómo la publicidad de la pena atenúa la pena. Es obvio que para publicitarla no nos queda más remedio que encajonarla en un léxico y en una sintaxis. De repente, el oyente deviene en una especie de curandero lingüístico. Cura la palabra expresada, pero sobre todo cuando es palabra escuchada. Hay algo rotundamente contradictorio en este apoteósico dinamismo. La pena al verbalizarse y compartirse se encoge, pero la alegría empalabrada y compartida se expande. Sentimentalmente, hablar siempre sale a cuenta.

Extraido de espaciosumanocero.blogspot.com

José Miguel Valle.  Escritor y filósofo

Foto portada: Obra de Alyssa Monks

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Un cuento para detectar más oportunidades en tu negocio o profesión

Hoy tengo una historia para ti. Léela con atención porque te dirá cosas muy importantes acerca de cómo detectar más oportunidades en tu vida ahora mismo…

Es una historia que pertenece a un clásico de desarrollo personal “Lead the field” de Earl Nightingale.

Una de las cosas que dice y que me encanta es:

Si el jardín de tu vecino parece más verde…

Es porque seguramente lo está cuidando mejor.

Que las cosas funcionen no es cuestión de suerte o circunstancias, aunque algo puedan influir. Es cuestión de actitud y acción.

Y un jardín verde requiere muchos cuidados.

Ahora sustituye “jardín” por carrera, negocio, desarrollo profesional, lo que tú quieras.

Las cosas no se consiguen solas, hay que tener dedicación, compromiso y cuidado.

Y muy relacionado con eso tenemos esta historia: Acres de diamantes.

Te hago un resumen:

Un granjero africano escuchó algunas historias de otros granjeros que se habían hecho millonarios descubriendo minas de diamantes.

Estas historias le emocionaron tanto que estaba impaciente por vender su granja y salir a buscar diamantes él mismo.

Vendió su granja y pasó el resto de su vida viajando por África buscando diamantes sin éxito.

Al final, desesperado y frustrado, se tiró a un río y murió ahogado.

Mientras tanto, el hombre que compró su granja encontró un diamante en un arroyo del terreno. Y esto le llevó a descubrir una de las minas de diamantes más productivas de África.

Sin saberlo, el primer granjero poseía gratis y en su terreno…acres de diamantes“.

La moraleja está clara, ¿verdad?

Antes de buscar algo en en cualquier otra parte, busca en lo que ya tienes, porque siempre hay diamantes esperando ser encontrados.

Pero a veces la impaciencia no nos deja darnos cuenta de eso.

A veces vemos el jardín de otro más verde, la granja más rica y nos olvidamos de que nosotros también tenemos nuestros recursos.

Busca dentro y fuera de ti.

¿Dónde puedes conseguir más clientes? ¿Dónde tienes recursos para cambiar de carrera, para decidir qué quieres hacer, para ganar más confianza en ti misma?

Elige qué estás buscando y mira cerca de ti antes de volverte loca mirando en otras partes…

 

Espero que te ayude esta historia y te haga reflexionar : )

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La Dra. Aida Baida Gil, coach certificada y fundadora de www.coachdelaprofesional.com se dedica a ayudar a las mujeres profesionales que se sienten estancadas o insatisfechas y que están listas para avanzar profesionalmente, establecerse por su cuenta o redirigir su carrera.

 

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Como mantener tu energía vital

Si queremos que el vehículo del que disponemos en nuestra vida, el cuerpo, llegue a todas sus metas, llevar un estilo de vida saludable resulta básico e imprescindible.

Este punto no es negociable. Disponer de un alto nivel de energía vital es un requisito, si no indispensable, sí muy deseable para lograr hacernos cargo de nosotros mismos y nuestras elecciones. Para conseguir esos alto niveles de energía, debemos tener claro que todo aquello que hacemos en nuestro día a día cuenta: ya sea para sumar o para restar, pero debes saber que no existe “estado neutral” en lo que repercute a nuestra salud:o sumas, o restas. Entre los factores que inciden directamente en nuestra salud y bienestar, quiero destacar los que considero los imprescindibles:

1. ALIMENTACIÓN

Los alimentos procesados nos roban energía, además de “doparnos” a través de una sobre estimulación de los circuitos de recompensa que operan en nuestro cerebro y mediante los cuales sentimos placer, debido a los altos niveles de azúcares. Cuanto más natural, mejor.

2. ACTIVIDAD FÍSICA

Nuestra naturaleza física es animal, por lo que nuestros genes esperan de nosotros un comportamiento coherente con nuestra propia naturaleza. Esto significa que necesita movimiento para el correcto funcionamiento de nuestros sistemas orgánicos y crear un entorno hormonal favorable. Si bien es cierto que hay deportes y actividades concretas cuya exigencia metabólica y participación muscular son más coherentes con nuestra naturaleza, lo más importante es practicar alguna disciplina que nos exija el esfuerzo mínimo que nuestro cuerpo considera necesario. Lo importante es poner en movimiento nuestro corazoncito y darle un poco de marcha: elige un deporte (o varios) que te guste y practícalo. Y, sobretodo, disfrútalo.

3. DESCANSO

Tan necesario como ausente en nuestro día a día actual. Descansar no es sólo descansar, sino descansar bien. Concibe tu vida como ese punto de equilibrio en el que por un lado tenemos la acción y por otro, su contrapuesto, la relajación. Y ya no sólo hablamos de tener un sueño suficiente y reparador por la noche, sino que resulta prácticamente imprescindible integrar activamente hábitos que sirvan para inducirnos estados de relajación más profundos. Es decir, aprender a no hacer nada y devolver al cuerpo ese estado de homeóstasis en el que compensamos el excesivo “ruido sensorial” que hay fuera con nuestros propios mecanismos de relajación. De esta forma, la meditación, las técnicas de relajación, el mindfulness, la contemplación y otros muchos más, se erigen como estrategias de descanso activo.

4. RELACIONES SOCIALES

Imprescindible, pues somos seres sociales que necesitamos contacto con nuestros semejantes. Así, debemos aprender a proporcionarnos esas relaciones sanas que tan necesarias y gratificantes son. Tener un buen círculo (no necesariamente extenso en cantidad, pero sí en calidad) de amistades y, más allá de eso, aprender la capacidad de establecer relaciones satisfactorias es crucial para gozar de un buen nivel de energía y bienestar. También es interesante destacar la importancia de nuestra gestión emocional en relación a las mismas, aprendiendo a vivirlas desde el amor y no desde la dependencia. Familia, pareja y amigos pueden llegar a ser, si así deseamos verlos, grandes “maestros” con los que aprender a amar incondicionalmente y emanciparnos emocionalmente.
A enormes rasgos, podemos ver que son muchos los factores y hábitos de vida que influyen (en mayor o menor grado, según la persona) en nuestro nivel de energía y bienestar físico y emocional.

5. CONTACTO CON LA NATURALEZA

Como no podría ser de otra forma para cualquier ser que ha nacido en este mundo. Realmente, nuestro hogarno es nuestro piso en la ciudad o nuestro apartamento de verano en la playa. Más bien se trata de esanaturaleza de la que todos formamos parte. No olvides, siempre que puedas, volver a un espacio natural y ponerte en contacto con el lugar del que prácticamente todos nos hemos emancipado.

6. CRECIMIENTO PERSONAL

Eliminar todas las resistencias mentales instaladas en nuestra psique mediante la aceptación, nos libera de cualquier tormento autoimpuesto y nos acerca a nuestro verdadero estado de plenitud y paz interna. Pero si bien parece sencillo, nadie dijo que fuera fácil. Recobrar nuestra paz interna sobreviene tras la ruptura de todos y cada uno de los deseos y anhelos de nuestra mente. Liberarnos poco a poco de la mente esclava que todo quiere controlar nos acerca, inevitablemente, al tranquilo poso oceánico que somos todos en esencia.

El primer paso para lograrlo es identificar todo aquello que no hemos sido capaces de aceptar en el presente, tanto si se está dando ahora como si fue en el pasado. Para ello, no hay más que ver los miedos y las inseguridades que se nos ponen de manifiesto a la hora de abordar las situaciones diarias. Como dijo Carl Gustav Jung: “Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”.

 

Irene Morales

Psicóloga y facilitadora de técnicas Mindfulness

www.facebook.com/IreneMoralesPsicologia 

Extraido de www.institutodraco.com/es

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