CUERPO FEMENINO EN LA MUJER

Así como existe en cada mujer, un cuerpo mental, físico y energético, también hay un cuerpo femenino y uno masculino, los cuales deberían estar compenetrados formando un solo cuerpo en equilibrio femeninomasculino, sin la lucha de uno sobre el otro.

El cuerpo femenino, es la representación concreta de la esencia de mujer y la evidencia de que provenimos de una mujermadre.

Es el cuerpo el que recuerda a diario a la hija que es un reflejo de su madre, en tanto su cuerpo lo manifiesta.

En la medida que la mujer rechaza su cuerpo, ya sea descuidándolo, abusando de él por medio de la comida o sustancias toxicas, exponiéndolo a situaciones extremas, dándole pocas horas de sueño, restringiéndole la experiencia del placer, entre otras, más rechaza a su madre, ya que es una forma de negar su existencia (de la madre) dentro de ella, y la madre, quiéralo o no se cuela en nuestra corporalidad.

Si miramos nuestro cuerpo, veremos en él la huella de lo femenino heredada de nuestra madre, y este es justamente una de los caminos, o mejor dicho la gran puerta para sanar la herida materna, reparar el lugar por donde entramos al mundo, el cuerpo de nuestra mujer madre, que ahora se representa, en nuestro propio cuerpo, así podremos reparar el dolor vivido y construir una nueva historia (si, si se puede) y esto sucede cuando le damos permiso a nuestro cuerpo femenino para vivir activo en nosotras, es dejar que ese cuerpo femenino respire su femineidad, que reconozca su fuente de poder, su capacidad alquímica que reside en él, despertando toda la magia y sabiduría aún por descubrir.

TIPS PARA DESPERTAR TU CUERPO FEMENINO

Pueden ser varios los caminos, todos se conectan profundamente desde distintos lugares internos, aquí te dejare algunos que he vivido yo, abriéndole camino a mi cuerpo de mujer.

Pero antes, hazte estas preguntas (y date permiso para responder)

¿Qué es el placer para ti?

¿Qué te da placer?

¿Qué haces para vivir ese placer?

¿Con que vinculas el placer?

¿Has sentido restringido el acceso a tu placer?

¡Has una lista de todo lo que te genera placer!, y luego responde:

¿Cuál depende solo de ti?

¿Qué necesitas para ejecutar esta lista?

¿Podrías al menos enumeras 3 ideas de tu lista para realizarlas esta semana?

¿Cuáles? ó

¿Por qué no?

El placer es una de las puertas para habitar tu cuerpo femenino, como mujeres estamos diseñadas para el gozo y a través de él conectamos con el universo accediendo así a toda la información de la vida, convirtiéndonos en una reales brujasmagas.

Renacer a tu cuerpo femenino requiere conexión con el placer, este puede ser o no sexual (aunque todo es sexual), así abrirás tus canales sensoriales bloqueados por un sistema que pretende opresión de la mujer, convirtiendo a la mujer madre en un arquetipo de rechazo, negación y sufrimiento para muchas mujeres hijas, resultado del cual, esta última evita reproducir aquella imagen de mujermadre, rechazando su cuerpo femenino.

MI LISTA PERSONAL DE PLACER (puedes inspirarte en estas o bien crear la tuya)

Leer un buen libro

Comer una comida deliciosa (sola o acompañada)

Contemplar la naturaleza

Sexo sin rollos (mentales)

Expresarme creativamente

Conversaciones profundas y con risas

Acariciar mi cuerpo (ir por un masaje quincenalmente)

Orgasmos autogestionados o en pareja

Estar con las manos en la tierra (plantando)

Bailar sin estructura (normalmente sola o conmigo misma)

¿Cuál es tu lista? ¡Y cuales eliges para hacer esta semana!

 

Irina Duran MartinezIrina Duran Martínez Psicóloga de Mujeres

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La hija llega al padre por la madre

Es ella quien abre la puerta a la hija para que se vincule con el padre, la forma en como la madre ve al padre, es como la hija aprende a verlo.

Muchas veces existen crisis entre madre y padre, algunas veces, es parte del proceso de ajuste luego que llega la ma/paternidad, otras veces, son crisis más profundas.

En cualquier caso, la madre le permitirá a su hija, o no, construir un vínculo sano con su padre.

Es decir, la madre deberá permitir que el vínculo se establezca, acá claramente existen casos al margen, como cuando el padre que no quiere vincularse, pues acá, de igual modo, la madre deberá cuidar la imagen del padre, no con el propósito de cubrirle la espalda, la hija crecerá, y sola se dará cuenta de cómo ha sido la historia, sino de cuidar la imagen que integre de padre, y que ésta sea positiva, de nada le sirve a una niña saber que su padre la abandonó, o que se fue con otra mujer, la hija necesita saber que ella proviene de una fuente sagrada, que honre su origen, pues así podrá crecer honrándose a sí misma, y por lo demás, tendrá una imagen masculina positiva integrada en su inconsciente, y créeme, que eso, cuando sea adulta, si es heterosexual, será una gran ventaja, pues evitarás que caiga en relaciones de pareja tóxicas y si no lo es, para que sus vínculos con hombres, sean siempre desde el respeto.

SÍ HA INTEGRADO QUE SU PADRE ES TÓXICO, POR LO QUE SU MADRE LE HA TRANSMITIDO, PARTE DE ELLA SENTIRÁ QUE ES TÓXICA TAMBIÉN, DE FORMA INCONSCIENTE.

Puede ser un gran desafío, lo sé, yo cuando me enojo con mí pareja, papá de mis hijas, quisiera decir mil cosas, más de alguna vez lo he hecho, sin embargo, este es un patrón, que igual he aprendido a transformar, y he reparado de inmediato, retractándome y explicándoles a ellas, “que solo es mí rabia la que hizo decir eso, y que no es cierto, que papá es el mejor del mundo para ellas (aunque yo, esté hirviendo en ira, sí, también me pasa) y él las ama muchísimo y eso jamás cambiará.” o cuando me ven enojada con él, y me dicen; mamá, yo amo a mi papa, tú lo amas? (sé, que para ellas en ese momento es fundamental mi respuesta y aprendí a responder lo que ellas necesitan oír, sin mentir) les digo; “Yo lo quiero, porque es tu papá, pero no lo amo como tú, porque no soy su hija, son amores diferentes” y ella se queda tranquila. Es cierto, en alguna oportunidad no he podido responder así, y me he desbordado, pero entonces, reparo, y les explico, que fue un error, que “papá siempre será el mejor papá para ellas”, y así cuido esa imagen masculina que están construyendo en sus corazones.

Poner a las hijas e hijos en contra del padre, por alguna pelea, es lo peor que podemos hacer, a la hija le cerramos la puerta para acceder al mundo que representa su padre (y al niño, le reprimimos la necesidad de ir hacia el padre, para tener un referente para construirse, y queda perdido en el encuentro de su identidad)

Separemos las aguas, y dejemos que nuestras hijas vayan al padre, sea que esté disponible o no (recuerda, si el padre no está disponible, le podemos decir, “hija tu padre por temas de él, tuvo que irse, nada tiene que ver contigo”, o resaltar cualidades del padre en ella, “eres tan creativa como tú padre”) luego, cuando tenga la madurez suficiente y ya una imagen masculina sana instalada en su inconsciente, podrá ver los hechos, sin embargo, los verá desde otra vereda.

Ella, la Madre da permiso para amar al padre.

Démosles permiso a nuestras hijas para amar a sus padres, finalmente, sin ese aporte masculino, esa hija maravillosa que nos mira a los ojos y nos derretimos, no existiría, y eso tenemos que honrarlo, SIEMPRE.

ESTA ES UNA FORMA EFICAZ DE EVITAR PERPETUAR LA HERIDA MATERNA.

Quizás, puede ser difícil verlo, sin embargo, al hacerlo, nos aseguramos de criar hijas seguras, empoderadas de su energía femenina y masculina, que no estén en lucha interior por rechazar parte de su origen, eso les dará una protección al momento en que construyan sus propias relaciones.

 

Irina Duran MartinezIrina Duran Martínez Psicóloga de Mujeres

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Eres el reflejo de tu madre y ella de su abuela

La mujer hija puede reconocer si tiene que sanar algo en su relación con su madre en su propio vínculo con su hija o bien observando su alejamiento con lo femenino, ésta brecha la compensa integrando una identidad más masculinizada, necesaria para cumplir expectativas maternas y familiares.

Este alejamiento es transgéneracional, además vivimos en una sociedad patriarcal que mira lo femenino como frágil, insuficiente y no le otorga el real valor que tiene, esto hace que desde pequeñas sintamos la necesidad de alejarnos también de lo femenino para no habitar esta visión frágil y vulnerable, haciendo más profunda la brecha manifestada en el vínculo con la madre.

Es importante saber que el amor propio que te tienes, (si es que no has trabajado este tema) es proporcional al amor propio que tu madre sentía por ella y que fue ese mismo amor hacia lo femenino el que modeló su vínculo contigo.

Entonces, lo anterior es lo que de algún modo hace que la mujer hija repita patrones o se sienta atrapada en las formas maternas poco saludables, ya que intenta en sus experiencias de vidas re-editar la vivencia con la madre, buscando sanar los abusos o integrar las carencias que pudo tener.

Se considera abuso también el maltrato de cualquier índole, físico, sexual, emocional y energético, cómo también lo es el abandono emocional, entendiendo el descuido hacia la menor.

Ver esto con ojos de mujer hija adulta, puede resultar complejo, duro, y muchas veces con resistencias, pero verlo y aceptarlo, es el primer paso para sanar.

Sanar necesita también de un espacio de contención, escucha, un útero, donde la mujer hija pueda sentirse libre de expresar sus emociones sin la culpa asociada por pensar mal de la madre.

Para luego iniciar su búsqueda interior, la búsqueda de su identidad femenina perdida en su alejamiento con el arquetipo de la madre.

Y re-nacer a su mujer madre interior.

Todo este proceso resulta intenso, con altos y bajos emocionales, y se hace necesario transitarlo responsablemente de forma acompañada en terapia.

Puedes buscar la terapia que más haga sentido en tu corazón, para mí la psicoterapia femenina es lo mejor, sobretodo si integra visiones transpersonales, sistémicas y genealógicas.

 

Eres el reflejo de tu madre, y tu madre de tu abuela, y serás o eres el reflejo de tu hija, y si no tienes o no quieres tener hijas, lo serás de tu femenino interior, manifestado en tus relaciones o proyectos.

 

Irina Duran MartinezIrina Duran Martínez Psicóloga de Mujeres

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LA IMPORTANCIA DE SANAR EL VÍNCULO MATERNO

Tu madre te conecta con la vida, es el puente para acceder a mayoría de tus experiencias como mujer adulta.

Míralo de este modo; en tu inconsciente está el vivo recuerdo de haber tenido la relación más simbiótica que jamás volverás a tener con otro ser humano en tu vida, ni con tu pareja, hijos o amigas, lo vivirás. Es el vínculo que viviste con tu madre cuando habitaste su vientre, donde tenías todo lo que necesitabas y querías a libre disposición.

Ahí conociste la incondicionalidad, y luego por situaciones de la vida, la olvidaste, quizás tu madre no fue quien deseaste o necesitaste, aun así, ella estuvo para ti de la única forma que podía según sus recursos internos y su propia historia.

Hoy te toca aceptar que tu madre te abrió la puerta a la vida, y que la relación que puedas tener con ella ahora, es el reflejo de cómo está tu vida, ya que la madre representa:

-tu éxito,

-tu relación con el dinero,

-tu pareja y

-tu cuerpo.

Cómo miras a tu madre es cómo miras tu vida, por eso, es fundamental sanar este vínculo, sanar la herida materna, que aparece cuando:

-tú madre no tiene recursos internos para acompañarte en tu desarrollo,

-no te proporciona protección,

-no te guía emocionalmente,

-aparece más bien como una enemiga en tu vida, intenta controlarte, a través de la culpa o criticando tus decisiones y despierta en ti el deseo de no verla más o vivir lo más lejos posible.

Esto último lejos de ser una solución, solo trae más dolor y resentimiento, pues no logras llevar a tu madre a tu corazón, tomar la vida que ella te traspaso y hacerte responsable de tu experiencia, en alegría y libertad.

Como mujer adulta, tu puedes decidir seguir luchando contra tu madre y todo lo que representa para ti, o aprender a llevar una relación con límites saludables y aceptar que ella, ya te dio lo máximo que tenía para ti, la vida, y del resto, ahora te encargas tú.

Irina Duran MartinezIrina Duran Martínez Psicóloga de Mujeres

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Foto Portada : Photo by Wayne Evans from Pexels

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Manifiesto materno: así fuimos, son y serán la mayoría de las madres primerizas

La llegada del primer hijo es un período extraño y bien lo saben quienes lo han vivido. Mane revive los clásicos momentos iniciales de una madre primeriza. ¿Cuáles te identifican mejor?

Ser mamá primeriza es toda una aventura. Cercano a un reality extremo incluso. Aparecen actitudes que jamás habríamos pensado y miedos que no sabíamos que podríamos llegar a sentir. Es una mezcla entre una felicidad inexplicable, una locura temporal, a veces una sensación de encierro, con rasgos sicópatas que hacen que durante ese periodo todo sea infinitamente extraño, amoroso y angustiante. O sea como verán, mil emociones a la vez.

Mientras se está con la guagua recién nacida en la clínica, la maternidad parece perfecta y el primogénito ídem. La verdadera historia parte el día del alta.

Primero, a la pobre criatura se le abriga como si fuese siberiano, importando cero que haya nacido en pleno verano. Vamos poniéndole mantas, chalcitos y tutos arriba del famoso “huevito” haciendo de ese clima a lo más parecido a un sauna infantil. Al llegar a la casa como madre novata, pero no por eso menos dominante, exigimos que hasta el poste de la luz esté desinfectado y que todo aquel que ose a entrar a nuestra “casa-estudio” debe sanitizar su humanidad como si fuese a ingresar a un pabellón quirúrgico. Esa medida, y después de cuatro partos, la apoyo hasta el día de hoy. Porque la persona que nos tacha de exageradas, después no va a estar sentada en el hospital con los ojos cuadrados rezando rosarios completos para ganarle al sincicial. Así es que cabras sigan aleonadas en ese ítem #todassomosprimerizas.

Ya se fue la abuela, el padrino y la vecina que con ansiedad fueron a ver a la novedad de 60 centímetros y 3 kilos de peso. Les diste torta, convidaste jugo, entremedio sacaste chanchitos, diste papa, te tupiste con el pilucho, pensaste que le habrías quebrado un brazo a la guagua, te tiró un chorrito de pipí a la cara mientras lo mudaste y rápidamente comienza a acercarse lo más temido para una primeriza: LA NOCHE.

Empieza a oscurecer y uno mira al techo para ver si te están filmando porque realmente crees que es una cámara indiscreta. La guagua ya no se porta TAN bien como en la clínica y uno piensa: “¿Este niñito podrá sobrevivirme a mí, que con suerte me puedo hacer cargo de mi misma?”

Y ahí vamos. Pásate la guagua de un lado para otro con el marido. Vamos recordando “La Cuncuna Amarilla”, el “Caballito Blanco” y todas esas canciones que escuchamos hace promedio 20 años atrás. Caminamos por el living, andamos a saltitos por el pasillo para ver si concilia el sueño, nos balanceamos en la mecedora y cuando al fin lo logramos… ¡¡queda media hora para la siguiente papa!! Se vuelve a dormir, pero nosotras sicopateadas por este cargo en el que somos debutantes le ponemos un dedo frente a la nariz sólo para confirmar que respira. Es verdad ese cliché que recién ahí uno viene a entender a las propias madres.

Al día siguiente, hasta el Negro Piñera un 1 de enero se ve mejor que nosotras. El marido por primera vez sale corriendo a la pega y nosotras no nos metemos a la ducha hasta que certificamos frente a notario que una persona no va a pestañear mirándolo/a mientras nos lavamos el pelo. Y descubrimos que es ahí por primera vez que estamos solas, y dejamos que el agua corra sin ningún sentido ecológico, por el sólo hecho de ser nuestro recreo maternal. Despejamos la cabeza, lloramos un poco de cansancio y nos reseteamos para seguir adelante.

Otro ítem que surge en esta etapa es la gran cantidad de accesorios infantiles que comenzamos a usar como verdaderos imprescindibles. Monitores con cámara, hervidores de mamaderas, calentador de la misma, peritas saca mocos, vitaminas calmadoras de llantos, saca leche con mas motor que un 4×4, termómetros digitales ultra modernos, cojines de lactancia, cepillos limpia chupetes, cremas curativas y tantos otros artículos que hacen de nuestra casa una verdadera sala cuna. Y aun así, sentimos que la guagua nunca estará lo suficientemente segura, resguardada y cómoda. Ir a un almuerzo por el día parece una verdadera mudanza en la que casi hay que conseguir un salvoconducto para poder transitar por las calles.

¿Y qué hacemos con las fotos? Parecemos verdaderos orientales registrando CADA momento e hito del hijo en cuestión. Peor aún con los smartphones y los chats de whatsapp. Foto del primer baño, del ombligo caído, del primer corte de uñas, del primer viaje en auto, de la primera sonrisa, del primer grito, de la siesta de la tarde y de la mañana, etc., etc., etc. CERO CAPACIDAD DE EDICIÓN… así es este primer amor.

Y ni hablar de la ida al pediatra al control del mes… eso es como ir a Disney. Una ansiedad incontrolable. Saber cuánto subió de peso y los centímetros que creció nos interesa más que si alguien nos diera los números ganadores del Kino. Queremos que el doctor nos dedique ojalá 2 horas seguidas para hablar de los avances de nuestro hijo y cuando por simpatía nos dice que lo encuentra súper “vivaracho” lo damos por seguro: CONFIRMADO… SOY LA MADRE DEL NUEVO ALBERT EINSTEIN DE ESTE SIGLO. Y le contamos a nuestra familia y amigos esa información con más emoción que el día que nos titulamos.

Así fuimos, son y serán la mayoría de las madres primerizas. Eso es un dato matemático. Y cuando miramos para atrás y nos damos cuenta de todas esas locuras que hicimos por amor, nos reímos, avergonzamos y admiramos de lo que somos capaces por ese niño que nos mira como el burrito de Shrek.

En un mundo donde todo está normado, donde nos encanta juzgar la manera de criar, de enseñar y de mirar la vida, hay una frase de la escritora norteamericana Jill Churchill que me encanta y dejo para cerrar: “No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”.

¿Cómo fue tu experiencia de madre primeriza, o de amiga o pareja de una de ellas?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

 

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Mamás, invitación a relajarse

Día de la madre, que lindo día!!! No sólo nos atienden como reinas todo el día, sino que por todos lados se respira un ambiente de gratitud, femeneidad, amor y goce.

¡Madres, es nuestro día! ¡Que emoción! Pues, cuan necesario es poder descansar de nuestras responsabilidades por un día y además ser atendidas!!!! Estamos cansadas, horror, a veces agotadas y cada vez más me convenzo que incluso más agotadas que las madres de generaciones atrás. Las ciudades han crecido y hay que trasladarse largos períodos de tiempo con críos a nuestras espaldas…, las cosas están cada vez más caras, ya quedan muy pocas cosas públicas y gratuitas! Y eso nos estresa y nos demanda más horas de trabajo y por ende, en la mayoría de los casos con más horas con el padre fuera de la casa, lo que hace que recaiga aún más trabajo doméstico y de crianza sobre nosotras. Los niños hasta están más gordos que antes! Es tanta la oferta de dulces a nuestro alrededor que es complicado negar un jugo o un helado. Los niños van de visitas donde los amigos con más soltura que antes, y ahí tenemos que llevarlos, bolso y hermano incluído, por lo que cada panorama al final es trabajo para nosotras. El fin de semana el trabajo sigue, pues hay que ordenar y lavar, tengas o no ayuda de alguien en casa, una siempre querrá decidir y llevar adelante al hogar. A estas alturas dudo sea la única con tortícolis, nudos en la espalda, faldas y blusas que no están en su lugar por tanto tironeo, ropa manchada con helados, mocos, pisadas o barro. Pelos enredados, y para qué seguir…

Podrás estar pensado para qué traje niños al mundo si ahora despotrico por todo el laburo que me dan! Pero todo ese cansancio tiene nombre y apellido y amo estar cansada al final del día por esas manos, voces y bocas que me rodean sin cesar. Estoy enamorada de mis amorcitos que me hacen reir incluso cuando me molestan… Hoy daría todo lo que tengo por hacer durar eternamente esta etapa de estar con ellos, ayudarlos, entretenerlos, educarlos, acompañarlos, curarlos y ser mejor persona para ellos, aunque sea con torticolis…, cansada pero feliz de tenerlos. Son las alegrias de mi mundo, ellos son amor.

Pero mamás, yo estoy aquí para decirles otra cosa, quiero hacerles una invitación, invitarlas a que nos RELAJEMOS!
Quién dijo que había que ser la mejor mamá? No tenemos que saberlo todo! No tenemos que leer de todo ni asistir a todas las charlas. No! Tratemos de vivir cansadas, pero contentas y agradecidas, porque de otro modo no vale. CON TEN TAS. Cuando llegue la angustia, suelta! Intenta dejar alguna responsabilidad o preocupación de lado. No tienes que hacer las tareas para tu hijo, cómo harás un powerpoint para un chico de primero básico si el colegio aún no se lo ha enseñado a él! No tienes que darle una dieta saludable 24/7! Es casi imposible.

Mujeres, el mejor ejemplo que podemos darle a nuestros hijos es ser una madre que tiene autocontrol, que sabe parar, hacer el time out y volar cuando va a explotar… Eso no sólo le será útil a nuestros hijos para imitarlo frente a sus propios colapsos, sino que hará que te relaciones con ellos (y con los demás) sólo cuando estás más tranquila. Hagámosle más caso a nuestra intuición y menos caso al entorno, a los especialistas, revistas o links de crianza, nadie conoce mejor a tu hijo que tú mamá! Ya está. Los niños van diciendo todo lo que necesitan y para tener esa intuición a flor de piel hay que estar conectada con ellos y en un estado de apertura, serena.

Tenemos que gozar y dejarnos tratar como reinas todo el tiempo, y no un sólo día al año. Sin culpas. Esa ”imperfección” de no preocuparnos por todo, nos tendrá de mejor humor. Nunca olvidemos que somos la reina de la casa, y una reina siempre debe mostrar su mejor sonrisa, una reina se siente feliz porque sabe que sus hijos son su mayor felicidad y los tiene cerca!, una reina no tiene nudos en la espalda, una reina no se agota, una reina habla con sus hijos calmadamente, una reina es bella siempre pues su corona la hace sentir la mejor. Y esa corona la llevas puesta cada vez que te dicen MAMÁ.

Claudia Pastene Gorigoitía

Mamá de dos hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

 

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Maternidad no siempre implica ser madre

En el día de la madre, siempre me pongo a pensar en tantas mujeres que luchan todos los meses por serlo y en otras que han decidido libremente no tener hijos en su vida. Siempre me pregunto cómo vivirán este día con tanta realidad mediática que les hace sentir en falta sin tener porque.

El ejercer la maternidad no tiene que ver con ser madre, tiene que ver con una fuerza natural de lo femenino que hace que naturalmente cuidemos a otros, y formemos redes sociales afectivas que valoren el proceso y no solo los objetivos. La maternidad tiene que ver con generar vida desde donde se esté y se ejerza el valor de la fuerza de los elementos femeninos en la sociedad.

Para las que somos madres, hay que colocar diversos tipos de mamás. Mamás solteras, las que tenemos hijos biológicos y las que son privilegiadas por haber adoptado. Religiosas que sienten que los niños por los que trabajan son sus hijos. Tías que quieren y aman a sus sobrinos como si fueran sus hijos, parejas de lesbianas que están educando en el amor maternal a sus niños, etc. Es tan diversa y tan maravillosa la maternidad que sólo merece un homenaje, porque en ese acto maternal y diverso se configura sociedad y se educa al pueblo.

Creo, sin embargo que hay algo en lo que estamos en deuda y tiene que ver con el verbalizar mas seguido el placer de ser madres. Nos quejamos demasiado, incluso frente a nuestros niños y se nos nota poco el privilegio de estar formando seres humanos desde el amor y la voluntad.

Es muy fuerte para mi escuchar a los niños y niñas en todo Chile diciendo, mi mamá se queja todo el día y siempre está cansada.

Ejercer la maternidad es un privilegio desde el lugar que se haga y desde ahí solo debemos agradecer la posibilidad de amar y formar personas.

No quiero hablar de los distintos tipos de madres porque odio las categorías y creo tanto en las diferencias que prefiero en estas líneas homenajear a todas aquellas mujeres que sienten que ejercen la maternidad no siempre es lo mismo que ser madres.

Disfrutemos del día, sin tener que gastar tanto, sin tener que estar obligadas a salir del nido, donde a veces con un dejo machista se dice que “nos sacan a almorzar” y se nos regalan cosas que sólo tienen que ver con nuestro “hacer”, y no con el “ser”.

Feliz día a todas, saquemos toda nuestra esencia femenina, cálida, guerrera, llena de fortaleza pero agreguemos la verbalización de estar felices y plenas con el trabajo de formar ojalá con los hombres seres humanos que se consoliden en la bondad y no en la astucia.

 

Extraído de www.pilarsordo.cl

 

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