Qué es el éxito y cómo conseguirlo sin perderte en el camino

“¿Qué es el éxito?” Me preguntan a menudo. Como si hubiera una sola respuesta simple que sirviera para todos. No la hay. Por eso hoy te invito a explorar qué es el éxito para ti para que lo logres sin perderte en el camino.

Qué es el éxito para la mujer

En los últimos años la definición de qué es el éxito ha ido cambiando, en particular para la mujer. La presión para lograrlo todo al mismo tiempo es cada vez mayor. Estar casada, tener hijos exitosos, tener un puesto de alta responsabilidad, viajar, estar hermosa, delgada y saludable.  Si te dejas llevar por lo que ves en los medios y en redes sociales parece que la vara nunca deja de subir.

Sin embargo, no todo lo que reluce es oro y es bueno distinguir la realidad de la fantasía. Nadie te cuenta que antes de tomarse la foto con su perfecta familia al hijo le había dado un ataque de furia en medio de una tienda. O que el evento VIP que subió tu colega a Instagram es lo único bueno que le ocurrió esa semana. O que el evento era súper aburrido y sólo fue para tomarse la foto y que todos vieran que ella estaba entre las invitadas exclusivas. Con frecuencia, la seguidilla de efectos que se desencadenan a partir de una foto como ésta es algo así:

  • Sientes envidia (aunque sea de “la buena”) porque ella fue al evento y tú no
  • Te enoja que no te hayan invitado. Quizá incluso te enoja que ni exista la posibilidad de que te hubieran invitado
  • Te planteas por qué no tienes el éxito que mereces a pesar de todos tus esfuerzos
  • Entras en un círculo de autocrítica improductivo que te enoja cada vez más
  • Dejas de disfrutar quién eres, y lo que tienes. Nada es suficiente
  • Decides no mirar más las redes sociales por un tiempo

Editando tu vida como si fuera una película

Las redes sociales tienen la gran ventaja de permitirte proyectar la imagen de ti y de tu vida que más te guste. Puedes aparecer glamorosa, solidaria, generosa o aventurera. Es decir, puedes destacar cada día otro aspecto tuyo ya sea real o imaginario. La desventaja es que el resto del mundo hace lo mismo y nunca sabes cuánto de lo que ves es real y cuánto es producto de una cuidadosa edición con filtros y Photoshop incluidos. Es importante recordar esto cuando visitas las redes para no dejarte vender un modelo de éxito que no es del todo real.

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Cosas que la gente oculta

Cuando alguien pierde el trabajo o un cliente (si eres emprendedora) difícilmente lo vaya a publicar online. Intentará dar la impresión de que sigue trabajando o que las cosas van bien. De la misma manera la mayoría desaparecemos de la comunidad virtual cuando estamos frustrados porque no nos salen las cosas en las que hemos invertido tiempo y esfuerzo, cuando un amigo nos hiere, o cuando sufrimos cualquier tipo de rechazo.  Y en algún punto esto es adecuado porque sabemos que no todos quienes ven tus redes sociales son tus amigos cercanos. No hay necesidad de estar viviendo cada aspecto de tu vida de manera pública.

Claro, existen quienes aprovechan estos reveses para ventilar su ira contra el mundo, pero si te fijas, pocas veces son las personas a las que tú consideras exitosas. ¿No te parece raro? ¿Qué quiere decir esto, que a esas personas todo les sale bien todo el tiempo? Obvio que no. La diferencia es que las personas que viven una vida de cuentos de hadas suelen editar lo que sacan a relucir y nunca te enteras de sus malos momentos. El resultado es que los resientes como si vivieran realmente en un cuento de hadas.

¿Qué te hace feliz? ¿Qué es lo que te da mayor satisfacción? Preguntas que te ayudan a llegar a tu propia definición de qué es el éxito.

¿Crees que se nace predestinado a tener éxito?

Pero además aquí hay otro factor en juego. Es bastante probable que aquellos a quienes consideras exitosos tengan una mentalidad de crecimiento (growth mindset). Es decir, que consideren que trabajando duro pueden lograr lo que se propongan. Personas que usan sus fracasos como momentos de aprendizaje necesarios para seguir  adelante. En la otra punta del espectro están quienes tienen una mentalidad fija, (fixed mindset). Es decir, personas que consideran que se nace con talento o sin él y por lo tanto hay poco que puedan hacer para cambiar su “destino”. Si estás en este grupo, difícilmente puedas sentirte exitosa. Continuarás mirando el éxito como algo que les pasa a los que nacieron con talento o en cierto grupo social, etc.

En este video sobre éxito y fracaso ves más sobre este tema

Qué es el éxito para ti

Sin duda, el primer paso para no seguir mirando con envidia las fabulosas fotos de tus amigos en Instagram, es preguntarte qué es el éxito para ti. Porque si lo tienes claro, ya no tendrás nada más que envidiar. Por ejemplo: si para ti tener un trabajo estable con un horario fijo y vacaciones pagas es parte de esa respuesta, ver a tu amiga viajando por las Galápagos a mitad de año te arrancará una sonrisa en lugar de un ceño fruncido.

Para mi el éxito es vivir de lo que me da mayor placer: escribir, presentar, ayudar a la gente a encontrar su propio éxito. ¿Y para ti?

(Por supuesto que hay situaciones complejas como una mujer que siempre quiso ser madre y por una razón u otra no lo logró. Es probable que ver foto tras foto de hermosos bebés en los feeds de sus amigas no la haga sentir particularmente exitosa. Pero si ese es tu caso, es hora de crear un nuevo guión para tu vida. De encontrar nuevas respuestas a “qué es el éxito para ti” ya que esa primera definición ya perimió.)

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Qué es el éxito en la sociedad en la que vives

En cada país (y en cada comunidad, grupo social y familia) la definición de éxito es ligeramente distinta. En Estados Unidos los marcadores de éxito están dados por posesiones materiales. “Cuanto tienes = cuanto eres.” Esta definición se va actualizando todo el tiempo. Por ejemplo, en los últimos años, los dueños de startups que logran financiación o que venden sus emprendimientos a grandes empresas de tecnología son un nuevo símbolo de éxito.

El problema es que ni tú ni yo hemos tenido nada que ver en establecer los parámetros de éxito a los que aspiramos casi por inercia.

Entonces, pregúntate: ¿A quién se considera una persona de éxito en tu familia? ¿En tu grupo social? ¿Cuán alineada está la definición social de éxito con la tuya personal? Esta última pregunta es la que te permitirá redefinir qué es el éxito para ti y de esa manera tomar distancia respecto de lo que otros proyectan como éxito para acercarte a lo que para ti es verdaderamente relevante.


El éxito reside en definirlo para ti y vivir tu vida de acuerdo a tus propia definición.

Mi papá, un exitoso cirujano, me dijo el otro día: “A mi nunca me dio envidia el éxito de los demás. Nunca envidié ni lo que tienen ni cuán lejos han llegado en la vida. Para mi lo importante siempre fue desafiarme y superarme a mi mismo”.

Me parecen palabras sabias para guiarnos en esta jornada en la que transitamos todos juntos lado a lado. Entendiendo que cada uno tiene su propia definición de éxito nos permite vivir mejor y dejar vivir mejor a los demás. ¿Probamos?

 

mariela_dabbahMariela Dabbah es escritora, conferencista y coach. Como Coach por más de 20 años ha apoyado el desarrollo de carrera de hombres y mujeres latinos en USA , Mariela como integrante de la Red de Profesionales de Mundo Mujer comparte en esta web un material muy interesante para ti, todo basado en su experiencia.

Autora del libro “Poder de Mujer”

Extraido de http://redshoemovement.es/como-se-desarrolla-la-presencia-ejecutiva/

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Cómo vivir el qué

La mayoría de nosotros configura su vida en función de qué hacer. Nos desvela conseguir nuestros logros, alcanzar reconocimiento y ser exitosos en nuestros emprendimientos y tareas, con la expectativa que ello nos traerá felicidad y paz.

Destinamos muchas horas de nuestra vida a pensar cada detalle de qué hacer con la vida, ya sea en los estudios, la pareja, el trabajo, la familia, donde vivir, en una suerte de planificación estratégica de la vida personal. Este diseño de posibles logros se hace basado en las ideas valoradas socio-culturalmente, es decir, lo que otros dicen que debemos hacer. Casi todos asumimos mansamente ese camino, pues al momento de las primeras decisiones, en la adolescencia, nuestra seguridad emocional y pertenencia socio-afectiva aún depende de hacer lo que nuestros padres y nuestro grupo de referencia consideran adecuado.

En la etapa de configuración de la identidad establecemos las metas vitales, el qué queremos lograr. Lo interesante es que la forma para lograr esas metas, cómo hacerlo, opera por obviedad: hacer lo que hacen casi todos. Se abre un camino automático tras el supuesto que si a otros les ha ido bien haciendo “lo obvio”, a mí también me irá bien. Son escasas las personas que tienen la lucidez y la fortaleza emocional para evaluar la efectividad de los medios a través de los cuales se buscará el qué, y optar por caminos diferentes del estándar socio-cultural.

Cuando se estudia a personas “exitosas”, aquellas que hicieron el camino tradicional para alcanzar sus logros, es frecuente observar un gran desbalance entre el yo exterior y su yo interior. En el “afuera” les ha ido bien y “el interior” suele estar despoblado, mustio y con una profunda carencia de sentido. Todos conocemos el arquetipo del “millonario pero solo y detestado”. Esa caricatura extrema es aplicable al desbalance de la vida de muchos de nosotros.

El logro del qué está lejos de asegurar felicidad, cariño y tranquilidad. El bienestar personal no está en los resultados, en los logros ni en los aplausos de los otros. Los logros suelen ser efímeros y cambiantes, por lo que sujetar la felicidad propia a lo que es volátil es un error humano básico.

El qué da lo mismo, es irrelevante. Podrá ser evaluado por nuestro ego como mejor o peor, pero no es significativo en el proceso evolutivo personal de conectar y sostener felicidad. La clave es cómo se vive el qué. Lo relevante es el fundamento y la causa que me mueven y no lo que hago, pues cualquier quehacer puede ser puesto bajo la inspiración de una causa originaria.

La clave no es el resultado, son los pasos del camino, el paradigma desde el cual opero en la vida, sus fundamentos y la actitud con la que habito la existencia. Esta idea parece tan simple y tan conocida por nuestra mente, no obstante algo sucede que no se ancla en nuestra convicción ni nuestro actuar cotidiano.

¿Cuáles son las características de ese “cómo vivir la vida” que asegura paz, armonía y felicidad? Existe abundante literatura científica y espiritual al respecto, desde diferentes perspectivas y con énfasis muy variados. Dentro de esa diversidad de miradas y caminos, existe un núcleo compartido de unicidad, una suerte de acuerdo implícito de aquello esencialmente importante. Algunos lo llaman la Fuente, la sustancia universal, la gran inteligencia directora, Dios o la luz, entre muchas denominaciones para nombrar lo inabarcable, inmutable y eterno. Como dicen los apofáticos, eso Superior es innombrable. Se puede decir lo que no es y no se puede nombrar lo que es.

“Eso”, existe. Es. Sus características son el amor, la guía perfecta, la paz, el compartir su esencia con todo ser viviente, la impermeabilidad a lo humano y el cambio, la inmutabilidad, lo eterno.

“Eso” está dentro de cada uno, lo creamos o no. No importa si te declaras espiritual, creyente, agnóstico o ateo. Da lo mismo y es parte del propio proceso de consciencia. Esa sustancia universal está dentro de todos. Para acelerar el camino evolutivo, lo esencial es conectar con ese fundamento. Y eso es simple: con meditación.

Lo difícil es que la mente egocéntrica, que se cree más creadora que El Creador, entienda que existe “Eso” superior que lo abarca todo y que conduce inevitablemente a la paz. El ego tiene montado un sistema cerrado de pensamiento para desacreditar estas ideas, pues la solo presencia de “Lo Superior” deshace el ego. Y el ego lo sabe. Por eso existen tantas trampas de la propia mente en el camino espiritual.

Una vez que se conecta con “Eso” superior que vive dentro de mí es necesario dejar que haga su trabajo. Casi todos sabemos sobre el poder del ahora o el vivir viviendo cada instante, sin preocuparse del pasado, del futuro ni el presente. Este vivir es en flow, sin pensar, pues la sola intelectualización nos saca del instante conectado.

Conectar, aceptar, vivir el instante conectado, fluir en la paz y no juzgar. Poner como fundamento de la propia vida a “Eso”. Este cómo se puede vivir con cualquier qué. Lo esencial es poner la propia vida en sintonía con “Eso” y sostenerlo mediante el cómo.

Extraido del Blog de Ignacio Fernandez

Psicólogo, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Coach Ontológico Empresarial, Newfield Consulting.

Director Departamento de Psicología Organizacional, Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez.

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¡Atención con las comparaciones!

El escritor portugués José Saramago publicó en 1947 su primera novela, pero su gran éxito lo logró en 1980 con su novela “Alzado del Suelo’, cuando cumplía sus 58 años de edad. A partir de esta obra, Saramago publica sin descanso consiguiendo así consolidarse como un escritor de referencia. Es decir, pasaron más de 30 años para que el mundo tomara conciencia que existía como escritor. Pero sus inicios fueron difíciles: Aunque Saramago era buen alumno, no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela. Tuvo diversos oficios, pero mientras era administrativo en la seguridad social publicó la citada primera novela, sin ningún éxito. Prosiguieron más fracasos, por años, mientras trabajaba entre otros en una compañía de seguros, colaboraba como periodista en un periódico, como crítico literario en una revista, pudiendo recién desde 1976 dedicarse por completo a su trabajo literario.

¿Se puede decir entonces, que Saramago fue un escritor casi aficionado por más de 30 años y que desde 1980 recién se transformó en un escritor de verdad?  Claro, se podría decir que tener éxito recién tras más de tres décadas, es como si a un empleado nunca le suban el sueldo en unos 15 años trabajando para la misma empresa. Comparable con alguien que estudió teatro y pasó esperando una década hasta obtener un primer rol en una obra; con aquel que entrena para el maratón por largos años para correr la primera vez en unas seis horas. ¿Son éxitos o son fracasos?

En definitiva depende con qué y quienes te compares. Es un hecho, siempre existirá alguien más rápido, conocido, querido, capaz, lúcido, contactado que tú. Son muchos que ganan más dinero, que tienen más vacaciones, que poseen más beneficios en el trabajo, que manejan el auto que tú quisieras, que poseen una casa más grande, que tienen más seguidores en Instagram… Da igual qué y cómo lo midas o compares: siempre habrá quienes tendrán más.

Pero si ello es así: ¿cuál es entonces el sentido más profundo de la comparación? El solo hecho de compararlo, midiendo de alguna forma, no significa que realmente deba ser relevante para ti, o que sea justo o injusto. Mucho más importante debiera ser primero, que logres dilucidar qué es realmente importante en tu vida en general, en tu trabajo, en tu relación de pareja…  Definir qué quisieras cambiar o qué anhelas alcanzar, ignorando las comparaciones que no tengan estricta relación con ello. Muchas personas caen en comparaciones odiosas, resentidas, oportunistas, injustas, inapropiadas, descontextualizadas, etc., no sólo haciéndose daño a sí mismas, sino también a su entorno inmediato. Pero no sólo caen en ello, peor aún, se ponen en el rol de víctima, esperando que otros lo resuelvan por ellos.  La única comparación realmente importante es aquella, donde comparamos lo que hacemos, con lo que soñamos realizar, pero teniendo a la vez en la mira nuestras verdaderas capacidades para lograrlo.

No opino que dejemos de lado las comparaciones, eso es imposible y también absurdo. Por el contrario: digo que compares, pero sólo aquellas que te apoyen y sean útiles para seguir el camino hacia tu meta. Las demás comparaciones son distractoras, inútiles e incluso dañinas.

A propósito: en 1998 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura a José Saramago.

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

texto extraído de www.gevert.com

 

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